Capítulo 13 - A Traves de Mil Oscuridades
Era igual que antes.
Ese día, también, todo comenzó con una poderosa explosión. Ese fatídico día que proclamó el comienzo de la calamidad.
× × ×
Sacudidas sin fin. El sonido de los escombros cayendo en la distancia. Ryuu se sentó con esos sonidos aún resonando en sus oídos.
--¿¡Eh…!?
La habitación estaba en ruinas. Se habían abierto enormes agujeros en las paredes y el suelo estaba lleno de cráteres. Fisuras llenaban las paredes, apagando la fosforescencia y hundiendo el laberinto en una oscuridad profunda como la noche.
--Hey, ¿¡Están todas bien!?
--¡Eso estuvo cerca!
--¡Así que era una trampa después de todo… aunque tengo que reírme de un plan tan tosco como enterrarnos vivas con bombas…!
Las voces de Alise, Lyra, Kaguya y las otras miembros de la <Familia Astrea> resonaron alrededor de Ryuu. Mientras trepaban por los escombros para ponerse de pie, las chicas vieron que algunos de sus compañeras habían resultado heridas, pero no era nada fatal.
Ese día, habían descendido a los Pisos Inferiores en busca de su antiguo enemigo, la <Familia Rudra>, y habían sido atraídas a una trampa. Explosiones indiscriminadas en una gran área, desencadenadas por masas de
<Kaenseki>, casi las había atrapado.
Pero gracias a la Hobbit Lyra, quien olfateó la trampa y les advirtió a todas, escaparon del desastre por un pelo.
--¿¡Por qué siguen vivas, perras de la <Familia Astrea>!? ¿¡Cuántos <Kaenseki> creen que desperdiciamos con ustedes!?
Al otro lado del remolino de chispas y humo, Jura Halmer estaba chillando.
El Domador aún era joven entonces, con ambas orejas y ambos brazos intactos, y lleno de odio al ver a sus odiadas enemigas. Pero el terror también se filtraba en los bordes de su ira.
Teniendo en cuenta los eventos inesperados, habían dispersado más de cien explosivos en el Calabozo. A juzgar por la escala de la detonación, esa había sido la trampa final de la <Familia Rudra>.
Jura y el resto de su <Familia> estaban claramente intimidados por el hecho de que incluso eso no había logrado aniquilar a la <Familia> de la justicia.
--Muchas gracias, Jura. Pero este será el último de tus planes malvados.
--¿¡…!?
--Vamos a ponerle fin. A <Evilus> y a esta era malvada.
Las elocuentes palabras de Alise sonaron como si estuviera acusando a los hombres en la corte. Ryuu y los otros miembros de la <Familia Astrea> se pararon detrás de ella, perforando a Jura y sus cómplices con los ojos mientras estos se alejaban.
La <Familia Astrea> estaba a punto de derribar el martillo de la justicia sobre la acorralada <Familia Rudra>— cuando eso sucedió.
El calabozo lloró.
--“ “ “ “ “ “——” “ “ “ “ “
Ese no era el crujido de un monstruo engendrado, ni el temblor que predecía la llegada de un <Irregular>. Era un sonido penetrante e inorgánico, como una cuchilla tallándose sobre una cuerda plateada estirada. Los instintos de cada Aventurero presente brillaron en rojo ante ese inconfundible lamento del Calabozo.
Ryuu no fue el única inmovilizada por esta situación desconocida. Los otros miembros de la <Familia Astrea> y la <Familia Rudra> se congelaron. Y entonces vino.
Un fuerte crujido.
Una fisura profunda, ancha y larga corrió por una de las masivas paredes derrumbándose. Un extraño líquido púrpura brotó de la grieta vertical.
La abertura exhaló vapor hirviendo y algo se retorció, como si se estuviera liberando de un útero. Los ojos de Ryuu se encontraron con los penetrantes ojos carmesí ubicados dentro de la fisura.
Al momento siguiente, un corte feroz cortó a traves del aire, y una miembro de la <Familia Astrea> fue dividida en pedazos.
-- —¿Huh?
Antes de que nadie se diera cuenta, ni siquiera la propia Aventurera, una vida terminó.
Las garras púrpuras de la destrucción brillaron sin piedad, y el cuerpo de una chica fue cortada en tres partes. Alguien susurró algo. El sonido de carne fresca desgarrándose.
Como si de repente recordaran lo que tenían que hacer, la cabeza y el torso que bailaban en el aire comenzaron a vomitar sangre, luego cayeron al suelo donde la mitad inferior de la chica se había derrumbado.
Se había levantado el telón sobre su tragedia.
--¿¡No-Noin!?—¿¡Uuuooo!? Número dos.
Tan pronto como Neze llamó el nombre de la chica muerta, su torso de Beastman voló en al aire. Eso también fue obra de las brillantes garras de destrucción color púrpura oscuro.
Número tres.
La Enana Asta empujó su escudo hacia adelante, solo para ser aplastada por la enorme forma que saltó en el aire y se abalanzó sobre ella.
Las tres muertes tuvieron lugar en el lapso de unos pocos segundos.
-- —
*¡Splash!*
Un fluido tibio roció la mejilla y la oreja larga y puntiaguda de Ryuu.
La sangre noble que debería haber estado fluyendo a través del cuerpo de su amiga ahora se aferraba a Ryuu.
Le tomó un momento aceptar que eso realmente estaba sucediendo—un momento para darse cuenta de que sus compañeras no volverían.
El rostro de Ryuu se puso blanco, luego tan rojo como la sangre de su amiga por la ira.
-- —¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Salvaje de rabia por la muerte de sus compañeras, Ryuu se lanzó hacia el monstruo.
--¡Lyon, no!
Las palabras de Alise no pudieron detenerla mientras blandía su espada con frenesí.
Garras ominosas mojadas con la sangre de sus amigas, ojos carmesí brillando en la oscuridad y un cuerpo enorme y huesudo que parecía un fósil de dinosaurio cubierto con una armadura.
Esa era la encarnación de la calamidad llamada Juggernaut.
Ryuu dejó escapar un rugido irreflexivo y lanzó su espada de madera a este apóstol de la muerte enviado a masacrar cuerpos extraños en el Calabozo.
--¿¡…!?
Su feroz ataque no cortó nada más que aire.
Las articulaciones inversas del monstruo crujieron cuando saltó hacia arriba, aplastando el suelo bajo sus pies y desaparecieron. Había aterrizado en el techo varias docenas de metros por encima de la cabeza de Ryuu. Esa fue solo la primera de una serie de saltos tan increíblemente rápidos que Ryuu ni siquiera tuvo tiempo de quedar en shock.
Todos los Aventureros en la habitación se quedaron clavados en el suelo mientras rebotaba en las paredes y los techos como un rayo interminable. Ryuu miraba aturdida esa demostración de velocidad imposible para un monstruo de gran tamaño.
Después de haber desorientado completamente a su presa, el monstruo aterrizó detrás de Ryuu.
--¡¡…!!
Cuando el terror reemplazó a la furia, Ryuu se dio cuenta al ver cómo murieron sus amigas que tenía que evitar esas garras a toda costa. Esquivó rápidamente a los heraldos de la destrucción, solo para encontrar al monstruo amenazándola con un ataque aún más increíble.
--¡Aaah!
Como un tercer brazo, la cola del monstruo se abalanzo sobre Ryuu, quien apenas había podido evitar el golpe anterior.
La extremidad parecida a un garrote del Juggernaut era capaz de dar un golpe mortal. Aterrizó directamente en Ryuu, enviando fisuras a través de cada hueso de su cuerpo. La sangre pintó sus labios de rojo.
Cuando su espalda se estrelló contra una pila de escombros, Ryuu vio una luz destellar ante sus ojos y luego arremolinarse en un remolino que aplastó su voluntad de continuar. Tirada al suelo con tanta fuerza que casi perdió el conocimiento, vio al monstruo acercarse causalmente y luego, sin piedad, comenzó a balancear sus garras hacia ella.
-- —¡Idiota!
Fue Kaguya quien la salvó.
El precio fue un brazo.
Mientras el brazo derecho de su amiga volaba por el aire, lloviendo sangre sobre el rostro aturdido de Ryuu, las garras de la destrucción se estrellaron contra el suelo, haciendo que ambas chicas volaran hacia atrás.
--¡Celty, ataca! ¡¡Juntas!!
Ryuu, la miembro más belicosa de la <Familia>, había sido derribada por su objetivo previsto, y Kaguya había perdido un brazo. Pero el espíritu de la <Familia Astrea> estaba lejos de romperse. En todo caso, sus miembros restantes se llenaron de un ardiente deseo de vengarse de sus compañeras asesinadas, así que Cantaron y activaron su Magia.
Pero, por supuesto, solo sirvió como más forraje para la tragedia.
--¿¡…!?
--¿¡…!?
Reflexión Mágica.
Los hechizos que las dos Magos de la <Familia>, Lyana y Celty, le habían disparado al monstruo fueron arrojados hacia ellas por su escudo—la capacidad de reflejar cualquier Magia. Ambas estallaron en llamas horriblemente.
El Juggernaut estaba dotado no solo de garras que podían matar a un Aventurero de Clase Alta de un solo golpe, sino también con una movilidad inaudita en monstruos y un caparazón que podía repeler la Magia. Cuando la imagen completa de ese monstruo especializado por completo en el asesinato se desarrolló ante las chicas de la
<Familia Astrea>, la desesperación las invadió.
¡¡———!!
Su rugido era más aterrador y siniestro que el de cualquier otro monstruo. Este fue el grito de una bestia que sobresalía en matar a primera vista.
Su increíble movilidad no permitía el combate cuerpo a cuerpo, y la Magia era insuficiente para derrotarlo. El potencial de este monstruo era suficiente para aniquilar incluso a un grupo de Aventureros de Primera Clase. El Juggernaut era realmente un símbolo de la muerte.
Los cinco minutos que les llevó evadir la primera ronda de ataques y reunir el equipo defensivo que necesitaban para defenderse de las garras de la destrucción parecían interminables.
Ninguna de ellas tenía lo necesario para derrotar esta pesadilla.
--¡NOOOOOOOOOOOOO!
--¡¡NO ME COMAAAAAAS!!
Masacre, abuso, depredación.
Aquellas que revelaron grietas en su voluntad de luchar fueron las primeros en ser cruelmente masacradas.
--¿¡Iska, Maryu!?
La voz de Alise resonó. Estaba cubierta de lágrimas que nunca había mostrado antes.
¿Y qué pasaba con Ryuu?
Estaba parada al lado de la gimiente Kaguya y fue testigo de cada segundo de la muerte de sus amigas.
--Ah, aaah…
La elegante Amazona fue hecha pedazos.
La fraternal humana que era tan buena cocinera fue devorada de la cabeza hacia abajo. Esas chicas nobles y amables fueron asesinadas tan cruelmente.
Mientras Ryuu observaba, sintió que algo se rompía dentro de ella.
Sus miserables gritos de muerte, los crueles cadáveres de esas amigas con quienes había compartido tantas alegrías y penas, ese símbolo de la calamidad que mató a todas—todo eso rompió su corazón.
Y cuando el corazón de un orgulloso y recto Elfo se rompía, se volvía frágil. Por lo menos, más que otras razas. Ryuu ciertamente encajaba en ese molde. Era una de las razones por las que Kaguya la había llamado “débil”.
Más que nada, la <Familia Astrea> era lo que le deba fuerza.
Ellas habían sido sus primeras amigas no Elfos, y lo eran todo para ella.
--¡Aaaaaaah…!
Cuando sus compañeras de batalla colapsaron, o explotaron dejando atrás solo sus armas, o fueron comidas vivas mientras gritaban, el corazón de Ryuu quedó profundamente marcado.
Por primera vez se sintió impotente.
Por primera vez sintió una pérdida abrumadora.
La desesperación aplastó su orgullosa sensación de autoestima de Elfo. Por primera vez, sintió miedo.
Esa Elfa que nunca había cedido, sin importar cuán brutal o malvado fuera su oponente, ahora conocía el terror debido a un solo monstruo.
En ese momento, una herida profunda fue tallada en su corazón.
--¡Gyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Finalmente, el daño se extendió a la <Familia Rudra>.
Los cómplices de Jura se convirtieron en trozos de carne, y en un lapso demasiado corto para permitir la comprensión, innumerables miembros de su <Familia> sucumbieron a las garras y la cola.
Después de girar la punta de su lanza hacia esa gran <Familia>, el monstruo procedió a eliminarlos mecánicamente como si fuera detestable dejar escapar a un solo sobreviviente.
--… Kaguya, ¿Estás bien?
--Si te parezco bien, Capitana, debes estar ciega.
Quedaban cuatro miembros de la <Familia Astrea>. Estaban heridas de pies a cabeza. Alise había sufrido ataques junto con sus compañeras asesinadas, pero todo lo que podía hacer era seguir viviendo. Kaguya, por supuesto, había perdido su brazo. Había usado sus dientes para rasgar su ropa de batalla y vendar la herida, pero su rostro estaba terriblemente resbaladizo por el sudor.
La Hobbit Lyra también estaba allí.
--… Lo siento, Alise y Kaguya. Mis ojos fueron…
--Lyra…
--No puedo ver nada…
Golpeados por la Magia que se había reflejado en el duro caparazón del monstruo, ambos ojos estaban cerrados detrás de su flequillo. No había esperanza de recuperación. Tanto sus globos oculares como la piel alrededor de sus ojos se habían derretido. Le temblaban las manos, tal vez por el terrible dolor de tener sus terminaciones nerviosas quemadas.
--¿Qué demonios es esa cosa…? Mierda, supongo que mi mala suerte termina aquí… Las maldiciones de la Hobbit resonaron en la oscuridad.
Ryuu, que yacía boca abajo en el suelo, aturdida registró su conversación. La tos la hacía convulsionar. Escupió sangre, entonces temblorosamente levantó la mirada.
-- —
Sus ojos se encontraron.
Cuando las tres chicas se pararon frente a ella, un par de ojos verdes la miraron rápidamente. Aunque deseó lo contrario, su mirada se encontró con la transitoria pero hermosa mirada de Alise, totalmente llena de decisión.
--Lo siento—Kaguya, Lyra. Por favor, denme sus vidas. Alise giro su mirada a las otras dos chicas.
Los propios ojos de Ryuu se abrieron de par en par.
--Quiero salvar a Lyon.
Era imposible describir su desesperación en ese momento.
Una emoción mucho mayor que la que sentía hacia el monstruo calamitoso se retorció dentro de ella, deteniendo su aliento.
--… Desde el principio, esta ha sido una batalla en la que debemos elegir quién sobrevivirá. Las tres ya somos como muñecas rotas listas para morir aquí.
Ignorando a la congelada Ryuu, Kaguya confirmó lo que Alise había dicho.
--Ustedes me conocen. Pongo mi propia vida primero. Pero soy la más débil de todas nosotras. Probablemente moriré primero de todos modos… así que podría seguir tu plan.
Lyra sonrió resueltamente. Después de todo, ella no era alguien que hiciera una apuesta perdedora.
--Pero Capitana… debes vivir. Mientras tú y Astrea-sama permanezcan, la justicia seguirá viva.
--No, Kaguya. Es como dije antes. Hay tantos tipos de justicia como personas en el mundo. No existe una definición correcta de justicia.
Alise sonrió.
--Pero sé que Lyon tomará las decisiones correctas.
¡¡No!!
La conciencia de Ryuu estaba llorando.
Desde fuera de este recuerdo, la Ryuu actual que estaba en cuclillas en la oscuridad contradijo las palabras de Alise.
¡Estás equivocada, Alise!
¡Ryuu será consumida por las llamas de la venganza! ¡Ella perderá su justicia!
¡¡Tú eres quien debería vivir!!
Con el rostro retorcido, se señaló a sí misma desde ese trágico día que yacía miserable e inmovilizada en el suelo. Pero Alise no escuchó sus gritos desesperados. Se arrodilló junto a la Ryuu de la memoria.
--Lyon… ¿Puedes oírme? Necesitamos tu Magia para derrotar a ese monstruo. Su mirada final era pura amabilidad.
--Necesito que te quedes aquí y Cantes.
Sus últimas palabras susurradas fueron pura crueldad.
--Vamos a eliminar su caparazón.
Porque Ryuu ya no podía luchar. Porque una Elfa con el corazón roto las retendría. Sobre todo, porque ella era Alise Lovell.
Para salvar la vida de su amiga en lugar de la suya, esa noble chica alejó a Ryuu.
--Por favor… prométemelo, Lyon. Esas palabras fueron una maldición.
Eran un juramento que inmovilizó a Ryuu en el suelo y le robó la oportunidad de levantarse. Eran una promesa que obligaba a Ryuu a vivir.
Eran una súplica para no desperdiciar su sacrificio. Ryuu tembló, incapaz incluso de llorar.
--Lyon, ¿Estás ahí? ¡Tu… vivirás!
Esperen.
--Te daré mis Espadas Cortas. No las guardes como un recuerdo—úsalas sin descanso. Sé fuerte, mi primer rival digna.
No se vayan.
--Adiós, Lyon.
Por favor.
Las chicas sonrieron brillantemente, como si ofrecieran flores como despedida. Las lágrimas de la Ryuu de entonces y la Ryuu de ahora se mezclaron.
¡¡—————!!
Habiendo acabado con la <Familia Rudra>, el Juggernaut anunció la reanudación de la batalla. Alise, Kaguya y Lyra corrieron hacia él sin mirar atrás.
--<… Cielo distante por encima del bosque…>
Ryuu comenzó a Cantar con voz temblorosa.
Cantó hacia sus figuras alejándose, aterrorizada y desesperada. Lyra fue la primera en renunciar a su vida.
Cegada e incapaz de moverse bien, cayó de un solo golpe de las garras del Juggernaut.
--<Estrellas sin límites fijadas en una noche eterna.>
Justo antes de morir, Lyra activó el explosivo que sostenía en su espalda. Era una de las mejores bombas que la chica de ágiles dedos había hecho.
Voló el brazo derecho del Juggernaut.
--<Escucha mi débil voz y otorga la protección de la luz estelar.> Mientras el monstruo aullaba, Kaguya se abalanzo con su Espada Larga.
Aprovechando la momentánea apertura que Lyra había creado, oscilo su arma contra su pecho a gran velocidad.
Rugiendo de furia, el Juggernaut balanceó sus garras horizontalmente a través del cuerpo de Kaguya, enviándola a volar por los aires en pedazos.
--<Otorga la luz de la piedad sobre los que te han abandonado.> Todo lo que Ryuu pudo hacer fue Cantar.
Incapaz de recoger los pedazos de su corazón destrozado, incapaz de ponerse de pie, todavía gimiendo, dejó que la imagen de sus amigas destrozadas se grabara en sus ojos.
Un hombre la estaba mirando.
Jura había tenido la suerte de escapar de la matanza de su <Familia>. Sonrió burlonamente mientras la Elfa que odiaba lloraba y Cantaba y dejaba a sus compañeras a su suerte. En su rostro había una sonrisa oscura y aterrorizada.
--<Ven, viento de los vientos, errante viajero de las edades.> Alise fue la última.
--<¡Agaris Alvesynth!>
Cuando pronuncio el nombre de su Magia, llamas surgieron de su cuerpo. Alise Lovell.
Tenía una Habilidad inusual que le daba una fuerza igual a la de un Aventurero de Primera Clase a pesar de que era de Segunda Clase. Los Dioses le habían dado el apodo de <Flor Carmesí> porque podía usar un poderoso encantamiento de fuego que envainaba sus brazos, piernas y espada en una armadura de llamas.
Esta vez, las llamas habían convergido en sus botas y destrozaron el suelo cuando la princesa de la espada escarlata se lanzó hacia adelante con una velocidad feroz.
--<A traves de los cielos, a traves de los campos, más rápido que cualquiera, más lejos que todos.>
Kaguya había pagado con su vida para destruir la rodilla de su enemigo y su articulación inversa, robándole su insana movilidad. Mientras el Juggernaut se tambaleaba confundido, Alise se acercó a su oponente por última vez en su vida.
--<Luz de polvo de estrellas, desgarra a mi enemigo en pedazos.>
El Juggernaut respondió con un golpe salvaje.
Lo que Ryuu vio fue la espalda de su querida amiga empalada por las garras. Por un instante, el tiempo se congeló.
Mientras Ryuu estaba sumida en la desesperación, Alise estaba quemando su vida.
--¡¡…!!
Había atraído a propósito al monstruo para que la perforara e inmovilizar su mano. Con un rugido, ella respondió hundiendo su espada en su cuerpo.
--<¡¡Arvellia!!>
Esa era la clave de hechizo para su encantamiento. La flor de llamas ardió tan roja como su cabello.
No envió las llamas a la superficie del caparazón del monstruo, sino más bien debajo, de modo que el río de llamas agrietara la cubierta de armadura desde adentro hacia afuera, haciendo que explotara en una lluvia de fragmentos.
Mezclado con el estruendoso grito del Juggernaut había un grito propio.
Aunque no se giró—no podía, porque la habían atravesado—pronunció el nombre con una voz que casi desapareció en el infierno de llamas.
-- —¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
Con lágrimas corriendo por su rostro y su garganta temblando, Ryuu lanzó su Magia.
--<¡Viento luminoso!>
Hubo una inundación de luz, una tormenta de enormes orbes brillantes. La luz iluminó el rostro de Jura y brilló en las lágrimas de Ryuu.
El viento brillante se tragó al asombrado Juggernaut junto con la chica clavada en sus garras. Violentas oleadas de detonaciones sacudieron la habitación.
En el instante en que la luz se lo tragó todo, Ryuu lo vio. El monstruo estaba huyendo.
Habiendo perdido su caparazón y, por lo tanto, la capacidad de defenderse, el Juggernaut eligió retirarse ante el masivo ataque Mágico. Con el resto de su articulación inversa crujiendo, el monstruo aceleró. Incluso cuando un orbe de luz tras otro lo golpeaba, destrozando varias partes de su cuerpo, el monstruo huyó de la habitación con aullidos de dolor y resentimiento.
Después de que los retumbos y temblores habían disminuido, Ryuu miró a su alrededor, con su respiración entrecortada. Todo lo que quedaba donde el monstruo había estado un momento antes era el piso muy dañado.
--Aa, aa… aaaaah…
Ryuu no sintió asombro ni alivio por haber expulsado al monstruo.
Los cadáveres de sus amigas y los miembros de la malvada <Familia> yacían a su alrededor. Alise no estaba allí. Ryuu la había borrado.
Ryuu se había llevado a esa amiga que ardió intensamente hasta el último momento de su vida y la desterró más allá de la luz. La había enterrado en la luz.
--¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah…! Lamentos se derramaron de ella como si la estuvieran destrozando.
Cientos de emociones se mezclaron en perfecta armonía, marcando a Ryuu como algo sin valor. Los aullidos ni siquiera le permitieron a Ryuu sentir remordimiento o arrepentimiento.
Eran sinónimos de la destrucción de su creencia en la justicia.
Para entonces, Jura ya se había ido. Esto no la molestó. Estaba agitándose en el mar de sus emociones.
Los cadáveres de Lyra y Kaguya tendidos tan despiadadamente en el suelo no le permitirían morir de una muerte sin sentido.
Arrastrando su cuerpo maltratado, incapaz incluso de recoger los restos de sus compañeras, con lágrimas brotando de sus ojos azul cielo, Ryuu huyó de ese lugar de tragedia.
× × ×
Esa era la historia completa.
Ryuu había sacrificado a sus amigas para que ella pudiera vivir. Había enviado a Alise más allá de la luz a su muerte.
Esa era la verdadera esencia de la oscuridad que aún habitaba en lo profundo de su corazón.
× × ×
Después del incidente, Ryuu fue atormentada constantemente por la pérdida y la culpa. No regresó a Astrea, sino que sanó sus heridas en la superficie y luego regresó al Calabozo lo más rápido posible.
Los cuerpos de sus amigas ya no permanecían en la habitación donde se había desarrollado la tragedia. En cambio, encontró signos de que habían sido devorados por monstruos. Sus armas empapadas de sangre clavadas en el suelo le contaron todo. De nuevo, Ryuu aulló y lloró.
Temblando como un bebé, luchando desesperadamente contra el trauma que había sido grabado profundamente en ella, buscó al monstruo. Quería matar al monstruo que había asesinado a sus amigas, pero en realidad también era un acto suicida. Tenía que poner fin a las cosas—tanto para reclamar venganza por sus amigas como para juzgarse a sí misma.
Pero al final, no pudo cumplir su deseo.
En lo profundo del Calabozo, encontró una montaña de ceniza azul violáceo que pensó que debían ser los restos del Juggernaut, como si alguien lo hubiera aplastado para pulverizar su Piedra Mágica.
Una vez más, perdió toda esperanza.
Su Magia no había matado al monstruo. Algo sin conexión con ella había ocurrido. Ahora no había nada en lo que su terror y sus furiosas emociones y esperanzas pudieran establecerse. Negando incluso la oportunidad de encontrar una solución, Ryuu sujeto su cabeza con ambas manos y cayó al suelo. Era una Elfa rota, su espíritu y su cuerpo estaban divididos por mil grietas.
Después, Ryuu trajo de vuelta los recuerdos que sus amigas habían dejado en los Pisos Inferiores. Hizo una tumba para ellas en el 18° Piso, un lugar que habían amado. Parecía que sus lágrimas nunca se secarían. Una vez habían bromeado diciendo que, si morían, les gustaría ser enterradas ahí en el paraíso del Calabozo.
Con sus compañeras habiéndose ido, y su corazón hundido en las profundidades de la decepción y la desesperación, se paró frente a las armas que había clavado en el suelo como lápidas y se cuestionó a sí misma.
Era la única que quedaba viva.
¿Qué debería hacer?
Si tan solo pudiera desaparecer.
Quería dar la bienvenida a la muerte y desaparecer de este mundo. Pero había pocas posibilidades de que pudiera terminar con su vida.
¿Cómo podía tirar la vida que Alise y todas las demás le habían dado? Eso sería lo mismo que dejar sin sentido sus muertes.
Su misión era vivir. Su deseo más ardiente era morir.
En el espacio estrecho entre esas emociones ferozmente competitivas, surgió una llama negra.
--¡Nunca lo perdonaré!
El mundo se distorsionó como un caramelo derretido.
Sus emociones acumuladas se congelaron en la venganza que había olvidado hasta ahora, y una voz tan oscura que apenas reconoció como suya se derramó de sus labios.
Jura. <Familia Rudra>. <Evilus>.
Habían provocado un desastre y llevaron a Alise y a las demás a la muerte. Eran detestables. No debían ser perdonados. Si tan solo nunca hubieran existido. Los pensamientos de Ryuu convergieron de esa manera muy rápidamente. Su ira negra ardía como el fuego del infierno.
Todo en nombre de la venganza.
Ryuu justificó todo entregándose a la ira y al odio. No se les debía permitir vivir. Si los dejaba vivir, podrían provocar otra calamidad. Dejarlos correr libres no tenía sentido. Pasar por alto sus crímenes ni siquiera era una opción. Decidió que usaría su vida para destruir el mal.
Esto no era por el bien de la ciudad, ni por los ciudadanos que sufrían allí. Esta no era una misión noble para proteger a personas que nunca había conocido.
Era para ella misma.
Los haría pagar por la trágica muerte de sus compañeras.
En ese momento, Ryuu había sido incapaz de pensar en otra forma de usar la vida que le habían dado. O más bien, fingió que no podía pensar en otra forma.
Llevó a cabo su último acto de justicia.
De todas las justicias de las que Alise había hablado, esa era quizás la más fea. En realidad, probablemente no era justicia en absoluto.
Ese fue el final del hada que gimió incansablemente, con su cuerpo roto y sus alas podridas.
Las llamas negras consumieron la espada y las alas de la justicia de Ryuu, quemándolas hasta que no quedó nada.
× × ×
Después de que decidió caminar por el camino de la destrucción, Ryuu le suplico a Astrea que se fuera.
Entregada por completo a sus furiosas emociones, ya no podía verse a sí misma claramente. Incapaz de comprender su propio corazón, no quería que su Diosa viera a traves de ella. Sin embargo, más que eso, no quería que le impidiera vengarse.
No sabía lo que Astrea pensaba de ella cuando acudió a ella mendigando desesperadamente, tallando su frente en el suelo y negándose a mirarla a los ojos. Tal vez estaba agotada por la cadena interminable de tragedia y odio, o tal vez estaba decepcionada por la incapacidad de los niños para dejar de luchar.
Ryuu no podía recordar la expresión en el rostro de Astrea ese día. Sus propios ojos estaban nublados por la ira, la tristeza, el odio y el resentimiento.
Antes de que su Diosa se fuera, había hablado con tristeza en su voz.
--Ryuu… por favor olvídate de la justicia.
× × ×
Ryuu realizó su venganza rápidamente.
Primero apuntó a personas, luego a edificios y finalmente a instalaciones completas. No les dio tiempo de intervenir a las <Familias> que estaban del lado de su enemigo. Atacó por la noche, usando ataques sorpresa y trampas. Elimino a aquellos asociados con <Evilus> usando métodos que no le convenían a un Elfo.
No había ninguna técnica a la que no recurriera. Ataco a los que eran parte de <Evilus> junto con los que eran sospechosos de serlo. No importaba si eran comerciantes o empleados del Gremio. Esas fueron represalias llevadas demasiado lejos, pero también un juicio emitido sobre sí misma.
“Si ibas a matar a tus enemigos, deberías haber sido más inteligente al respecto.”
No mucho después de que todo eso sucedió, Chloe le había dicho esas palabras.
Ryuu no tuvo respuesta. En cambio, las profundidades de su corazón sonrieron burlonamente. Por supuesto, no podía decirle a la Catman que quería morir desde el principio.
No podía perdonar a Jura y sus cómplices por provocar ese desastre. No se perdonaría por dejar morir a sus amigas.
Fue un momento oscuro e imprudente para Ryuu.
Sinceramente buscaba la muerte.
× × ×
La venganza casi había llegado a su fin. Ryuu se estaba preparando para atacar el escondite de la <Familia Rudra>.
Muchos miembros de la <Familia> aún permanecían allí. Jura también estaba allí, atormentado por el miedo.
Ryuu recordaba esos eventos solo vagamente. Recordaba rugir como un animal y atacar una y otra vez al Domador. Había desechado la frialdad y había seguido las órdenes de sus furiosas emociones mientras le cortaba el brazo y luego la oreja, con su espada destellando innumerables veces.
No dejó vivo ni a un solo miembro de la <Familia>. Después de matar a su líder, usó su Magia para quemar su escondite hasta el suelo con todos sus cadáveres aún dentro.
Inmediatamente después de que terminó, mientras el humo seguía saliendo de las ruinas, el Dios Rudra apareció ante Ryuu desde donde se había estado escondiendo.
Incluso en ese momento de su vida, Ryuu no podía obligarse a matar a un Dios. Pero no quedaba nadie para protegerlo, y después de que Ryuu se fue, el Gremio decidió capturarlo y exiliarlo. Ese marginado del reino de los mortales se situó ante Ryuu rodeada de furiosas llamas rojas y rió a carcajadas.
Y luego habló con Ryuu.
--Cuando te vi hace un momento, quería invitarte a nuestra <Familia>.
El rostro reflejado en sus ojos era el de un demonio de venganza muy gastado.
× × ×
Ryuu destruyó veintisiete organizaciones, incluidas empresas y grupos de mercenarios proscritos. Las acciones de Ryuu llevaron a que cuatro columnas sagradas perforaran los cielos.
Los oscuros impulsos de Ryuu atrajeron a muchos otros junto con ella. Irónicamente, desencadenaron el final de los días oscuros de la ciudad. Pero contrario a sus deseos, Ryuu misma sobrevivió.
Cuando su venganza estuvo completa, había terminado todo lo que quería hacer.
Lo que logró al aplastar a quienes le habían robado a sus amigas y a quienes se pusieron del lado de ellos no fue una sensación de logro, sino un terrible vacío.
No podía recordar ni las sonrisas de sus amigas ni sus rostros miserables cuando se encontraron con su final. Las lágrimas que habían brotado de sus ojos y los lamentos que habían surgido de su garganta se desvanecieron.
Se dirigió a un callejón que nadie pisaba nunca. Vacía y drenada de toda energía, Ryuu esperaba la muerte.
“¿Estás bien?”
Después de eso, fue como le dijo a Bell.
Ryuu fue sacada del callejón lluvioso por Seal, salvada contra su voluntad. La empujó hacia el camino de los vivos.
“Gracias por luchar por nosotros.”
Cuando Seal le dijo esas palabras, sintió como si hubiera sido perdonada. Al mismo tiempo, sintió que tenía que vivir—vivir para Alise y sus otras compañeras. Todo esto fue gracias a Seal y <La Señora de la Abundancia>.
Pero no fue capaz de borrar los viejos sentimientos de las profundidades de su corazón. La sed de ser condenada por sus pecados continuaba ardiendo.
No confesó sus crímenes a Seal ni a las demás.
El dolor y la pérdida de perder a sus irremplazables amigas nunca podrían sanar.
Incluso si las heridas se hubieran cerrado, de repente comenzarían a latir cuando menos lo esperaba, invocando una terrible soledad.
La culpa que nunca desapareció acosaba su corazón por haber elegido el camino de la vida. Siempre lo hizo, y todavía lo hacía.
× × ×
Ryuu salió del bosque de reminiscencias y permaneció completamente inmóvil en la oscuridad. De repente, hubo una luz cegadora, y se giró hacia ella.
Era la misma escena que había presenciado muchas veces antes.
Más allá de la luz blanca, sus amigas estaban de espaldas a ella. Entre ellas estaba la chica de cabello rojo.
Estaban en la orilla lejana de la luz, a donde Ryuu las había conducido. La orilla lejana, donde estaban los muertos.
Podía llamarlas hasta que se volviera ronca y anhelarlas desde el fondo de su corazón, pero nunca mirarían hacia ella.
Como si dijeran, Este es tu castigo.
Solo cuando llegara a su lado y fuera recibida en su redil, sería verdaderamente perdonada.
Ryuu creía eso, y estaba triste porque una vez más no había podido alcanzarlas. Cuando la tristeza la invadió, la luz blanca borró el mundo y la tragó.
× × ×
Su conciencia volvió.
Pero Ryuu no sabía si era ella misma en realidad o una continuación de su sueño.
Solo era consciente de una oscuridad como un pantano. Sus otros sentidos no funcionaban correctamente. Con su capacidad para interpretar su entorno robado por vestigios del pasado, sus párpados palpitaron. Abrió los ojos—y vio un par de ojos inyectados en sangre justo delante de los suyos.
--¡…!
El asombro la devolvió instantáneamente a sus sentidos. El dueño de los ojos se retorcía en la oscuridad. Escucho un sonido de raspado proveniente de todo a su alrededor.
Le tomó un momento darse cuenta de que alguien la estaba sacando de un montón de escombros. Y otro para reconocer que los ojos inyectados en sangre eran de color rojo rubí.
Finalmente, una corriente fría sopló sobre su piel cubierta de heridas y un par de manos ensangrentadas la agarraron. Sin permitirle una palabra sobre el asunto, las manos tiraron de su cuerpo sobre una delgada espalda.
--… ¿Cra… nel-san…?
--… Si.
La voz del chico que había regresado por ella era tan débil y mezclada con el aliento exhalado que casi desapareció.
De repente, todo volvió a Ryuu a toda prisa, y miró a su alrededor con los ojos muy abiertos.
El camino recto por delante se había convertido en una montaña de tierra y escombros. El camino estaba completamente bloqueado detrás de ellos, dejando solo la opción de avanzar.
Levantó la vista y vio que la roca madre se estaba reparando. Los agujeros ya estaban casi cerrados. Por un breve momento, vio la vasta oscuridad que cubría el techo y se desplegaba por el Coliseo.
¿Se derrumbó el suelo del Coliseo… y caí con Cranel-san?
Como para confirmar su suposición, partes de los cuerpos de los monstruos muertos sobresalían aquí y allá de la montaña de escombros. Había un Hombre Lagarto aplastado por una roca, un Loup Garou con el cuello roto y un Spartoi desmembrado. Debieron haber quedado atrapados en el derrumbe del suelo. Los cadáveres yacían por todas partes.
Al igual que la <Capital del Agua>, el 37° Piso tenía una estructura de varios niveles.
El poder de la bomba totalmente cargada de Bell había provocado la caída del suelo, hundiendo a Ryuu, Bell y los monstruos en un pasillo que aparentemente existía directamente debajo.
¿Había un pasillo como este debajo del Coliseo…? De todos modos, necesito concentrarme en otras cosas ahora…
Ryuu devolvió su mirada sobresaltada al chico que todavía la llevaba sobre su espalda. Bell estaba al borde de la muerte.
Su respiración era tan irregular que era extraño que aún pudiera moverse.
Sus jadeos irregulares hacían que Ryuu quisiera cubrir sus oídos. Parecía un instrumento roto o un animal moribundo. Pequeñas burbujas rojas brotaban de los bordes de su boca, y luego, como si recordara hacer algo, escupía un coagulo rojo.
Su cuerpo estaba lleno de agujeros.
Las gotas de su vida se drenaban en este mismo momento. Cálido líquido rojo humedecía el pecho de Ryuu mientras se presionaba contra su espalda.
Debió de haberla protegido cuando la carga masiva reverberó y cayeron a traves del suelo. Todo su cuerpo estaba manchado de sangre, y el equipo de protección que había obtenido de los Aventureros muertos estaba deformado más allá del reconocimiento.
La mayoría de las uñas en los dedos que cargaban a Ryuu estaban rotas o faltaban.
--Idiota… ¡¡Idiota!!
Ryuu le gritó mientras la llevaba balanceándose sobre su espalda.
--Cranel-san, ¿¡Por qué me salvaste!? ¿¡Por qué no me abandonaste!?
Estaba tan enojada con él por haber regresado al Coliseo. Su cabello estaba justo en frente de su nariz—ese cabello blanco como la nieve virgen que tanto le había gustado mirar desde lejos—ahora estaba ensuciado con el color de la sangre. Mientras lo miraba, sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas ilógicas.
--¡Respóndeme!
--… Ryuu-san, quiero decir…
Los ojos de Ryuu se cerraron mientras le gritaba. Apenas logró exprimir algunas palabras en respuesta entre sus respiraciones superficiales.
--Ryuu-san… tú… seguramente harías lo mismo.
Ryuu estaba sin palabras. Sus labios temblaron ante la certeza en la voz del chico, la convicción de que ella tomaría el mismo riesgo en su lugar.
--… No, no lo haría. ¡Yo no… te salvaría!
--… Mentirosa.
Bell rechazó las palabras que escupió con tanta pena y dolor. Ella podía decir por su voz que sus labios estaban ligeramente curvados. En una sonrisa
Ryuu odiaba las mentiras. Ryuu era una Elfa que no toleraba las mentiras.
Bell estaba sonriendo porque esa Elfa que odiaba las mentiras había mentido por su bien. El rostro de Ryuu se distorsionó como un bebé a punto de llorar.
--¡Suficiente! ¡Bájame de una vez…!
--… No quiero.
Bell se negó rotundamente.
--No te dejaré morir…
--¡Morirás tú mismo!
Ella respondió a su susurro con un chillido. Quería liberarse de sus brazos.
Pero no pudo obligarse a hacerlo.
Eso se debía a que sabía por quién luchaba tan duro y por tanto tiempo—por la misma persona que Alise y las demás habían luchado por salvar.
No había fuerza en las piernas que caminaban hacia adelante.
Tropezó muchas veces, Ryuu ni siquiera estaba segura de sí estaba consciente.
Sin embargo, Bell siguió caminando hacia delante con Ryuu en la espalda como si estuviera poseído. Bell estaba luchando por Ryuu. Estaba quemando su vida por ella.
--¡Por favor detente…!
Basta.
¡Detente!
¿Por qué tienes que salvarme como hicieron Alise y las demás?
¡No lo valgo!
¡No pude salvar a nadie!
--… Cranel-san.
Careciendo de la fuerza para gritar más, Ryuu apoyó su rostro contra el cuello de Bell. Era como un cadáver viviente que había perdido la esperanza y todo lo demás.
--Yo… dejé que mis amigas murieran ante mis ojos…
--… ¡…!
--Es como dijo Jura… para salvar mi preciosa vida, yo… maté a mi amiga Alise con estas manos… Ryuu susurró su confesión al oído de Bell.
Finalmente le estaba revelando sobre lo que le había preguntado antes. Lo hizo para que la abandonara.
Por primera vez, el cuerpo tembloroso de Bell mostró signos de estar perturbado.
--No soy la Elfa pura que crees que soy… Soy una criminal, sucia más allá de lo creíble…
Dejó al descubierto sus verdaderos sentimientos. Esos eran los residuos en el fondo de su alma. Esa era la marca del fracaso marcada en su corazón.
--La Elfa que estás tratando de salvar… no vale la pena… Ese era el verdadero contenido del corazón de Ryuu.
Si cerraba los ojos, podía verlo.
Los momentos de muerte de sus amigas. Su miserable yo. Alise, asesinada por sus propias manos. La pena y desesperación interminables que había visto en su sueño la estaban carcomiendo.
--No tengo derecho a hablar de justicia… la justicia se ha perdido para mí… Ryuu se dio cuenta de que estaba murmurando delirantemente.
Pensó en los preceptos de su <Familia> que habían significado todo para ella, y los lazos con sus amigas que nunca podrían ser reemplazados. Durante los cinco años transcurridos desde ese día, había habido un lugar vacío dentro de Ryuu. El agujero no se pudo llenar con todas las palabras de consuelo de Seal o con el abrazo de bienvenida de <La Señora de la Abundancia>. Esa era la pérdida en su núcleo que había intentado tanto mantener oculta.
Incluso ahora, la “bendición” de la justicia tallada en su espalda palpitaba como una maldición.
“No tienes derecho a llevar la carga de la justicia.”
Su mente delirante le habló con la voz de Astrea. El rostro de Ryuu estaba en blanco.
En su lugar, su corazón helado lloraba en voz baja. Miró hacia abajo mientras decía sus siguientes palabras.
--Para mí… la justicia ya no existe.
Sus palabras abatidas resonaron en la oscuridad.
Los pasos de Bell se volvieron lentos. La fuerza se drenó de las manos que apoyaban a Ryuu, como si hubieran alcanzado su límite. Tosió unas gotas de sangre, que cayeron sobre el brazo flácido de Ryuu.
--Yo… no sé nada sobre la justicia. Pero.
--Pero… me has dado mucho.
Sus piernas casi rotas pisaron una vez más el suelo. Sus temblorosos brazos no soltaron a Ryuu. Apretó los dientes dentro de su boca manchada de sangre.
--Entonces…
Habló como para probar la existencia de Ryuu—como para quitarle la oscuridad.
--Tienes justicia dentro de ti.
-- ——
Los ojos de Ryuu se abrieron de par en par.
--Has salvado a otros Aventureros.
Eso fue en el 18° Piso. La Elfa se había parado ante el Goliat y había salvado muchas vidas.
--Salvaste a Kami-sama… y a Lili, y a Welf…
Eso fue en el <Juego de Guerra>. Ryuu había corrido en su ayuda ante la absurda voluntad de Apolo.
--¡Me salvaste…!
Eso fue en tantos momentos difíciles que no podía contar.
Las manos de Ryuu habían llevado a Bell hacia adelante tantas veces cuando estaba herido, perdido o congelado. Los consejos de Ryuu, sus palabras, siempre le habían dado coraje.
--¡Siempre fuiste como un Héroe… siempre correcta, siempre del lado de la justicia…!
Las simples palabras de Bell sacudieron profundamente a Ryuu. Sus ojos azul cielo vacilaron y se calentaron. Su voz honesta y sin adornos atravesó su corazón, al igual que las palabras de Alise.
--¡No, estas equivocado! ¡Estaba equivocada! ¡Perdí mi justicia…!
Ella no podía permitir que le ofreciera afirmación a su yo que había abandonado a Alise y a las demás en su momento de necesidad, así que lo contradijo desesperadamente.
Pero…
--¿Tú, equivocada? ¡No dejaré que nadie niegue tu valor…!
--¡…!
--¡Ni siquiera tú misma…!
Bell contradijo la contradicción de Ryuu.
Gotas de líquido rojo se acumulaban a sus pies. A pesar de eso, los pasos de Bell eran cada vez más contundentes y sus palabras más apasionadas.
--… No conozco a la vieja tú… pero…
Sus palabras evocaron a la Elfa poseída por llamas de venganza. De todos modos, argumentó que la justicia aún habitaba en ella.
--… Conozco a la tú que es más justa que nadie…
Bell había cambiado. Como Ryuu había sentido varias veces antes, había crecido más allá del reconocimiento. Conocer a los Xenos lo había cambiado. Necedad e hipocresía. Bueno y malo. Atrapado entre esos polos, había sufrido heridas y angustia mental. Ahora estaba tratando de enseñarle algo a Ryuu. Intentaba devolverle algo a la Elfa que lo había salvado tantas veces.
--Ah…
Ryuu ya lo había entendido.
Había tres personas a las que había permitido tomar su mano.
Tres personas a quienes su corazón había aceptado y respetado como justos. Alise la había guiado.
Seal la había curado.
Y Bell—
--La justicia… está viva dentro de ti.
Como un espejo, reflejó la justicia que ella le había dado.
Si Bell era justo, entonces Ryuu, que le había dado tanto, también debería serlo.
--¡Si…! ¡Hay justicia! ¡Dentro de ti! Una lágrima cayó del ojo de Ryuu.
Era un vestigio de la justicia que permanecía dentro de ella, que Bell le había mostrado. Ryuu se había apartado del camino una vez. Eso era seguro.
Las llamas de la venganza habían carbonizado su cuerpo y alma.
Aun así, dentro de la espada y las alas quemadas, las cenizas de la justicia permanecían.
Ese era el punto de partida para la Ryuu que no les había dado la espalda a todas esas personas, sino que las había salvado.
“Pero sé que Lyon tomará las decisiones correctas.”
Las palabras de Alise volvieron a ella.
Bell y muchos otros podrían dar fe de lo mismo. Si miraba hacia atrás, debería poder verlo.
Muchas sonrisas florecieron en las huellas que había dejado atrás. Ese era el logro de Ryuu.
Ese era el logro de la justicia que había seguido existiendo incluso como cenizas.
Las cenizas en el fondo de su corazón se arremolinaron para llenar el agujero dentro de ella. Su corazón de Elfo ya no estaba vacío.
Las lágrimas se derramaban sin cesar de los ojos que habían estado vacilando como charcos de agua.
--¡Yo… yo…!
Incapaz de negar la verdad por más tiempo, incapaz incluso de secarse las lágrimas, Ryuu se aferró a las palabras. No sabía qué era ese sentimiento desbordando su corazón. No tenía idea de lo que el chico, que miraba al frente, con su cuerpo cálido tan cerca del suyo, estaba tratando de darle.
--Para mí en este momento, la justicia es… volver vivo contigo. No había nada bueno o malo en el Calabozo.
Solo había vida y muerte, solo los fuertes devorando a los débiles. Si existía justicia en el Calabozo, entonces era volver con vida.
Regresar vivo de este laberinto infinito era el camino real del Aventurero y su justicia.
--¡Volver a la Superficie… a donde está Kami-sama, a donde están Seal-san y nuestros otros amigos…! Hablemos de justicia.
Hagamos lo que es justo.
La única justicia que existía para ellos, y solo para ellos en este momento.
--¡Así que… nunca te abandonaré!
Como el rocío que caía de una hoja golpeada por la lluvia, una gota cayó en el corazón una vez seco de Ryuu, extendiendo ondas a través de él.
Con toda probabilidad, esos horrendos Pisos Profundos no los dejarían libres. Ryuu lo sabía. Pero quería vivir—aunque fuera un poco, aunque solo fuera por unos segundos más.
Quería regresar viva con Bell a Seal y todos los demás. No pudo evitarlo.
¡Uuu…!
Y entonces, como para aplastar ese sentimiento—una forma negra apareció ante ellos, burlándose de sus esperanzas.
--… ¿¡…!?¡Un Barbarian…!
Tanto Bell como Ryuu quedaron atónitos al encontrar un monstruo jadeante y resoplando bloqueándoles el paso. El Barbarian estaba herido. Lo más probable era que había sobrevivido a la caída del Coliseo, como Bell y Ryuu. Fragmentos de piedra sobresalían de los músculos abultados sobre sus hombros y brazos como escamas.
Un cuerno de su cabeza también estaba doblado. La rabia coloreó los ojos del monstruo bañado en sangre mientras miraba a los Aventureros con algo parecido al deseo de venganza.
--¡Oh, no…!
Estaban parados en un pasillo estrecho y recto. No había lugar para correr. Los ojos del Barbarian destellaron de manera viscosa hacia Bell mientras permanecía clavado en el suelo.
¡GAAAAA!
--¡Ah!
La forma masiva levantó su garrote y cargó hacia ellos. Bell no tenía forma de detener el ataque. Tiró a Ryuu a un lado un instante antes de que el demoledor golpe lo lanzara hacia atrás como un pedazo de papel.
--¡Ugh…! ¡Cranel-san!
Cuando Ryuu tocó el suelo, Bell había sido mandado a volar a través del aire, rebotando en el suelo, rodó un par de metros y se detuvo.
Estaba completamente quieto. No quedaba ni una gota de fuerza en sus maltratados brazos y piernas. La sombra de su flequillo ocultaba sus ojos, y Ryuu ni siquiera podía ver su pecho subiendo y bajando con la respiración. La tristeza se extendió por su rostro mientras una vez más estaba al borde de la desesperación.
-- —¡Cranel-san! ¡Por favor, levántate! Gritó ella.
Trató de reunir la fuerza para levantarse, pero su cuerpo no se movía. Su pierna derecha herida se resbalaba repetidamente, derribándola. No podía despegarse del suelo.
Ignorando a esa Hada despojada de sus alas, el Barbarian se giró hacia Bell.
--Cranel-san… ¡¡Bell!! ¡Respóndeme!
Ryuu no notó el cambio en su voz mientras lo llamaba. No se dio cuenta de lo perturbada que estaba.
Simplemente siguió gritando su nombre, habiendo desechado su serena compostura habitual. Pero Bell, quien yacía boca abajo en el suelo, no respondió.
El monstruo caminó lentamente, pero sin piedad hacia él, con la intención de dar el golpe final.
--¡Bell, Bell! … Por favor… respóndeme…
Su voz se volvió débil. En el cuerpo colapsado de Bell, vio las formas de sus viejas amigas.
No, no.
No quiero perder nada más.
No quería dejar ir el sentimiento en su corazón.
Podría perder cualquier cosa… cualquier cosa excepto a él.
Qué irónico que esto sucediera justo cuando algo dentro de ella había estado a punto de cambiar. Sin embargo, sus deseos fueron en vano. El Barbarian se detuvo sobre Bell.
Probablemente pretendía morderlo directamente. Le agarró la cabeza con una mano y lo levantó.
--No, no lo hagas, espera…
Ella sacudió la cabeza lentamente, con lágrimas en los ojos y extendió sus temblorosas manos. Burlada por la desesperación, la máscara de <Tempestad> se rompió y se cayó.
El verdadero yo de Ryuu quedó al descubierto.
Esa no era la temida Elfa <Tempestad>. Esa era una chica débil que lloraba cuando alguien importante estaba a punto de ser robado de ella. Esa era la verdadera Ryuu quien había estado escondida debajo de la armadura y la máscara del Aventurero.
Olvidando su forma habitual de hablar, suplicó en vano con las palabras de una niña impotente.
--Por favor… detente…
El cuerpo de Bell se balanceaba sin fuerzas mientras colgaba suspendido sobre el suelo. Las fauces del monstruo se abrieron de par en par, revelando sus horribles dientes.
--¡¡Bell!!
Justo cuando las lágrimas comenzaron a derramarse de sus ojos—
-- —¡¡…!!
Los ojos rojo rubí cubiertos por su flequillo se abrieron de golpe y desenvainó la Daga de su cadera. Apuñalo la brillante cuchilla blanca de <Hakugen> en el pecho del monstruo.
¿¡GAAA!?
Apuñalado a corta distancia, con su Piedra Mágica perforada, el gruñido de asombro del Barbarian se convirtió en su expresión final.
Bell cayó al suelo en medio de un espeso remolino de cenizas. Para Ryuu, el tiempo se detuvo.
--¿Eh…?
Más allá del remolino de cenizas y escaso humo, vio al chico levantarse temblorosamente. Antes de que pudiera comprender lo que había sucedido, él caminó lentamente hacia ella.
--Lo siento, Ryuu-san… tuve que atraer al monstruo hacia mí…
--Ah…
Ante esas palabras, Ryuu entendió.
Todo había sido una estrategia para matar al monstruo.
Ryuu le había enseñado a dar un solo golpe letal dirigido a la Piedra Mágica. Sin la energía suficiente para levantar el brazo, Bell había esperado a que el Barbarian se acercara a él. Para asestar un golpe en el pecho, había jugado el papel de presa indefensa.
Fue literalmente su apuesta final.
--Te escuché, pero… lo siento.
Se arrodilló frente a ella y la levantó. Ella se sentó aturdida a la altura de los ojos de Bell… sonrojándose mucho más de lo que las circunstancias merecían.
La había escuchado suplicar como una niña pequeña. Había escuchado esa voz lamentable.
Bell parecía algo incómodo.
Ayudada por su vergüenza, Ryuu obligó a sus ojos llorosos a mirarlo ferozmente y levantó la mano. Bell cerró los ojos y ella estaba a punto de abofetearle la mejilla… pero al final, bajó la mano sin hacer nada.
Aliviada, enterró su rostro en el pecho de Bell como si estuviera a punto de disolverse en lágrimas.
--Te lo ruego… nunca vuelvas a hacer eso… Murmuró, presionando su frente contra su pecho.
--… Lo siento.
La disculpa de Bell por preocupar a Ryuu cayó sobre su cabello. El latido del corazón que llegó a su oído le dijo que realmente estaba vivo, y por eso, ella lo perdonó todo.
Después de unos momentos, Bell cargó a Ryuu sobre su espalda. Comenzaron a avanzar por el oscuro pasillo.
Los pasos de Bell eran tan poco confiables como un bote hecho de arena, pero para ella eran increíblemente tranquilizadores—incluso si fueran la extensión de una misión que podría costarles la vida.
… No siento ningún monstruo. ¿No hay ninguno por aquí…?
Aunque el pasillo tenuemente iluminado estaba lleno de escombros y cadáveres de monstruos, ningún ojo los miraba y ninguna animosidad sedienta de sangre acechaba en las sombras. El Barbarian de unos minutos antes había venido del Coliseo. La mente exhausta de Ryuu concluyó que debía ser pura suerte que los monstruos no estuvieran apareciendo cerca.
Justo entonces, Bell se detuvo.
En la profunda oscuridad delante de ellos, el pasillo se curvaba. Una tenue luz azul se derramaba desde la esquina.
En el Calabozo, los cambios en el escenario indicaban peligro. No era como si regresar fuera una opción, por supuesto. El camino detrás de ellos estaba bloqueado por escombros. Bell y Ryuu continuaron nerviosamente hacia la curva.
-- —¡¡…!!!
Ryuu jadeó ante la escena que repentinamente se reveló. Aunque el pasillo seguía siendo del mismo ancho, agua corría por el centro.
--¿Un rio…?
Bell tenía razón. Un rio azul puro comenzaba justo delante de sus ojos.
El agua brotaba como un pedestal desde el lecho de roca y continuaba tan lejos como podían ver por el recto pasillo.
--¿Un manantial en el 37° Piso…?
Ryuu nunca había escuchado de tal cosa.
Adquirir comida y agua en el Palacio del Demonio Blanco de piedra blanca lechosa era extremadamente difícil. Esa era una de las razones por las que se consideraba que escapar de los Pisos Profundos era de suma importancia. Incluso Ryuu, quien había llegado hasta el 41° Piso con la <Familia Astrea>, no sabía que existía un lugar como este.
--Pensar que esto estaba aquí debajo del Coliseo… Supongo que nunca se descubrió porque nadie se atrevió a acercarse a él…
Mientras Ryuu murmuraba dubitativa, Bell avanzó. Cualquiera que fuera el significado de ello, era el agua que habían estado deseando. Dio un paso hacia la orilla del río, planeando calmar su garganta reseca.
--… ¡…!
Sin embargo, repentinamente sus piernas se doblaron debajo de él. Con su fuerza drenándose extrañamente de sus piernas, perdió el equilibrio, lanzándose hacia el agua con Ryuu todavía en su espalda. El impacto de la caída hizo que su Espada Larga verde se soltara y bailara a través del aire.
--… ¡B-Bell!
Ryuu plantó sus manos en la orilla y levantó la vista. Bell estaba bajo el agua a su lado y no respondía. A través del agua clara pudo ver que sus ojos estaban cerrados como si se hubiera agotado su fuerza final. Burbujas rompían la superficie del agua.
Afortunadamente, el río era poco profundo. Sin embargo, Bell estaba sangrando, y el agua azul pronto se volvió rosa. Ryuu se acercó a él en pánico.
Incapaz de ponerse de pie gracias a su pierna lesionada, ella permaneció sentada en el rio y envolvió sus brazos alrededor de su cintura para sacar su cabeza del agua.
--<Canto de un ahora distante bosque. ¡Canto nostálgico de la vida!¡Por favor trae la misericordia de la curación a aquellos que te buscan!>
Comenzó a Cantar, aferrándose al chico con el rostro blanco. Eso era lo último de su fuerza mental, su última apuesta. Sabía muy bien que podría sufrir un Mente Cero y terminar cayendo al agua con él, pero activó su Magia de Curación de todos modos.
--<¡Noa Heal…!>
Un cálido color verde envolvió el cuerpo de Bell.
Ryuu sintió que la fuerza se le escapaba de las puntas de los dedos mientras su conciencia parpadeaba, pero se mordió el labio. La curación era muy lenta. Sus heridas no se cerraban. La vida se filtraba de su cuerpo segundo a segundo.
Eso no era bueno. Tenía que detener el sangrado. Se negaba a dejarlo morir.
Exprimió hasta la última gota de Magia de cada rincón de su cuerpo, medio maldiciéndose a sí misma mientras lo hacía, y la canalizaba hacia él.
El borde de la luz verde se extendió hacia afuera, llevando una calidez como la luz del sol filtrándose a través de los árboles.
Finalmente, la luz convergió.
Las heridas de Bell estaban todas cerradas.
--… Bell.
Susurró su nombre tan débilmente que su voz podría haber sido apagada como una vela.
Aferrándose desesperadamente a la conciencia, recogió agua en su mano y se la llevó a los labios. Solo después de confirmar que era segura para beber, recogió un poco para Bell.
--Por favor, bebe… bebe.
Susurro de nuevo, para que él pudiera vivir.
Apoyando su cabeza con su mano izquierda, llevó su mano derecha a su boca.
El agua clara recogida en su palma temblaba. Sus dedos tocaron sus labios, que estaban pegados con sangre. Como si estuviera rezando, continuó humedeciéndole los labios. Una y otra vez.
Aunque la oscuridad los envolviera desde arriba, el agua pura y brillante iluminaba su rostro. Parecía efímera, silenciosa y noble como una estatua de la piedad.
Solo el silencioso Calabozo vigilaba a la Elfa en su vigilia. Finalmente, Bell tosió y abrió los ojos ligeramente.
× × ×
El río fluia en silencio.
El sonido del solitario manantial del 37° Piso era una canción ajena a los campos de batalla. No había fosforescencia ni en las paredes ni en el techo.
Pero la corriente pura que corría por el centro del pasillo brillaba, una fuente de luz que iluminaba el pasillo con una misteriosa luz azul. La orilla a cada lado tenía unos cuatro metros de ancho. No era rocoso, sino tan liso como hielo.
Ryuu y Bell estaban sentados en una orilla, descansando con la espalda contra la pared como lo habían hecho hasta este punto.
--… ¿Cómo se siente tu cuerpo?
Ryuu susurró, un sonido crujido provino de su forma casi inmóvil.
--Bien. Dormí bastante tiempo… y bebí esa agua.
Para Bell y Ryuu, encontrar agua les salvó la vida. La combinación del ambiente hostil y la serie de batallas despiadadas había llevado a Bell al borde de la deshidratación. El río era el agua de la vida.
Ya habían pasado casi una hora junto al río.
Sin ningún monstruo contra el que luchar, fueron capaces de obtener un descanso completo. Eso no tenía precedentes dados sus descansos de cinco minutos hasta este punto.
--…
--…
Tanto Ryuu como Bell se quedaron en silencio.
Hablando apropiadamente, de lo que sea que hablaran, el intercambio terminaba rápidamente, así que la conversación se convirtió en una sucesión de breves charlas. Miraban al río, evitando que sus ojos se encontraran con los del otro.
Para dejarlo claro, estaban semidesnudos.
--…
--…
Su ropa y equipo empapados habían estado despojándolos despiadadamente del calor corporal—sobre todo porque estaban muy cansados. En consecuencia, habían decidido quitarse la ropa. Era la elección obvia.
Sin importar cuánto entendieran la lógica, sin embargo, sus emociones eran otra cuestión.
La sería y recta Elfa y el humano inexperto entraron en pánico. Se sonrojaron, cada uno incapaz de ignorar la presencia del otro, mientras trataban desesperadamente de calmar sus palpitantes corazones.
Esa era la situación.
--…
--…
Ryuu estaba desnuda en la parte superior, pero llevaba su larga capa, que había escapado de mojarse. De la cintura para abajo, vestía solo un par de delgada ropa interior.
Bell también estaba desnudo en la parte superior y solo llevaba sus pantalones negros enrollados hasta las rodillas. La repetida curación inadecuada había pegado la ropa a las heridas de sus piernas, y quitarlo por la fuerza las habría abierto nuevamente. Se había comprometido a dejarlos. Sin embargo, a fin de cuentas, estaba aún más expuesto que Ryuu.
Al principio, Ryuu se cubrió el pecho con los brazos e insistió, con los ojos desviados y las mejillas ardiendo, que se envolviera en su capa, pero Bell había logrado convencerla de que la mantuviera con ella.
--…
Incapaz de luchar contra los sentimientos que brotaban en su pecho, Ryuu se retorcía sutil pero repetidamente, y la capa crujía contra su piel. Cada vez que lo hacía, Bell contenía el aliento y se ponía rígido.
Esto es muy vergonzoso… aunque sé que no debería importarme en este momento.
Ryuu murmuró en voz baja para sí misma, con sus piernas satinadas abrazadas cerca de su pecho. Si le echaba una mirada a Bell, podía ver incluso en la tenue luz que su rostro estaba sonrojado. Así estaba el suyo. Podía sentir el calor en las puntas de sus largas orejas.
Su ropa y equipo estaban esparcidos por el suelo. No había doblado su ropa de batalla porque quería que se secaran, y sus largas botas estaban dobladas desordenadamente.
Por alguna razón que no comprendía en absoluto, la escena la pareció levemente inmoral. No podía tolerarlo, tal vez porque esas cosas le pertenecían a ella, un Elfo. Bell, también evitaba mirarlas meticulosamente.
Ryuu siendo quién era, tampoco podía obligarse a mirar la ropa que Bell se había quitado. Estaban atrapados en un ciclo negativo de tensión contagiosa.
La brecha entre sus hombros hablaba vívidamente de su vergüenza.
¿Por qué soy tan consiente de él?
No hubo respuesta a la simple pregunta que le hizo a su corazón. ¿Era porque la había salvado? ¿Porque habían quedado atrapados juntos? ¿Porque la había consolado diciendo que ella era justa? ¿Porque la había abrazado y le había dicho que nunca la abandonaría?
Continuó preguntándose, pero no encontró respuestas. Su corazón simplemente seguía latiendo tan irregularmente como antes.
En primer lugar, no me sentí así cuando me vio bañándome esa vez—
--… ¡¡…!!
Cortó sus pensamientos allí. La sangre se había precipitado a su rostro al recordar lo que sucedió en el 18° Piso. Miró hacia abajo, decidida a no dejar que Bell viera su aspecto tan horrible.
Logró evitar que se diera cuenta, pero él retrocedió.
Nunca pensé que terminaría en esta situación en el Calabozo… en los Pisos Profundos, de todos los lugares…
No tenía tiempo para una farsa como esta.
No era solo que estaba medio desnuda. Tampoco le quedaba mucha energía. Si un monstruo atacara en este punto, estarían acabados. Tenía que olvidar su vergüenza y hacer lo que pudiera.
Pero por alguna razón… tenía la sensación de que no aparecerían monstruos. Supuso que Bell pensaba lo mismo.
No podía expresarlo con palabras, pero toda esta área alrededor del rio carecía de la tensa atmósfera habitual del Calabozo. No sentía ningún monstruo ni escuchaba ningún aliento, ni siquiera sentía ningún ojo sobre ellos.
Todo lo que escuchaba era al gorgoteante río.
El hecho de que hubieran podido descansar durante una hora completa respaldaba lo que le decían sus instintos. Incluso sentía que el tiempo se movía más lentamente en este lugar.
--…
Pero la situación actual no podía continuar.
Ahí estaban desperdiciando un buen descanso al estar tan nerviosos que no podían recuperar su fuerza, se dijo Ryuu.
--… Hay algo que tengo que preguntarte.
--Uh… oh, por supuesto. ¿Qué es?
Ryuu quería aliviar la tensión, pero también se había estado preguntando sobre eso sin cesar. Lo miró mientras hacía la pregunta.
--¿Por qué regresaste esa vez?
Por “esa vez”, se refería a cuando estaba en el Coliseo.
Su decisión no estaba equivocada. No estaba tratando de glorificar el sacrificio personal—esa situación había exigido una elección. Las opciones tenían que colocarse en una balanza. No había forma de saber de antemano que las cosas saldrían como habían sucedido.
--Si hubieras dado un paso equivocado—o incluso si no lo hubieras hecho—ambos podríamos haber muerto. Continuó Ryuu.
--…
--¿Sabías que este espacio existía bajo el Coliseo?
--No…
--Entonces, ¿Por qué lo hiciste?
Había dejado de lado sus emociones y preguntaba como Aventurera. Bell le devolvió la mirada seria a Ryuu sin pestañear.
--No quería dejar morir a nadie más… por eso lo hice.
Sus palabras fueron simples. El sentimiento que motivaba su comportamiento era inmaculado y directo.
¿Pero realmente no había nada más que eso? ¿Esa era la única razón por la que había salvado a Ryuu?
Eso parecía claro. No había habido cálculo u objetivo en sus acciones distintas de salvarle la vida. Había destruido la balanza que los obligaba a elegir por el bien de sus propios ideales. Había usado toda su fuerza e ingenio, pagado con su propia sangre y luchado contra el mundo.
--…
Había dejado todo al azar.
Fueron más que afortunados de que el suelo del Coliseo se había derrumbado; si no hubiera sido así—
… Si no hubiera sido así, probablemente habría luchado contra los monstruos supervivientes, me habría cargado y me habría salvado de todos modos. Conociendo a Bell, no lo dudo.
En este punto, Ryuu no pudo evitar llegar a esa conclusión.
--Bell… ¿Me escucharías?
Estaba preguntando sin realmente tener la intención de hacerlo. Pero al igual que ese día en el resort del Calabozo, le contó todo al chico que estaba a su lado. Le contó lo que le había sucedido a ella y al resto de la
<Familia Astrea>—todos los detalles de la historia que siempre les había ocultado a todos.
-- —Eso es lo que Jura quiso decir con “sacrificio”.
--…
Habiendo terminado su historia, Ryuu miró al suelo como para escapar. Las heridas que había revelado por su propia elección le palpitaban. Estaba aterrorizada de lo que Bell diría a continuación.
Él lentamente separó los labios.
--En ese caso… parece que tienes que seguir viviendo… Dijo, sonriendo.
--Las personas que se preocupaban por ti lucharon porque querían que vivieras.
--Ah…
--Incluso un idiota como yo puede ver eso. Si murieras ahora… Alise-san y el resto definitivamente se enojarían.
Habló lentamente, como si le estuviera explicando algo a un niño pequeño. No la estaba menospreciando ni la reprendía. Pero parecía un poco enojado, como si no la perdonaría si volviera a hacer lo mismo. Sonaba como Seal, y la mirada en sus ojos le recordó a Alise.
Él arqueó las cejas como si fuera a sonreír cínicamente de nuevo. Atraída por sus ojos rojo rubí, Ryuu colocó sus manos sobre su pecho. Su corazón latía con fuerza.
Al menos, sentía que así era. Obviamente, era solo un sentimiento.
Y ese impulso de alcanzarlo y tocarlo definitivamente era solo su imaginación. Miró hacia abajo y apretó los puños.
--B-Bell.
--… ¿…?
--C-Creo que deberíamos… acercarnos un poco más.
--¿Qué?
Bell ya le había estado dando una mirada extraña, y ahora se quedó en silencio. Después de una larga pausa, durante la cual debió haber entendido lo que ella estaba tratando de decir, sus mejillas comenzaron a sonrojarse. Ryuu, cuyo rostro también estaba rojo hasta la punta de las orejas, tropezó con sus siguientes palabras.
--L-Lo qué estamos haciendo en este momento… no es e-eficiente. ¡Si realmente quieres que regrese viva… tenemos que calentarnos piel a piel…!
--Uh, um, ¡¡Pero…!!
Bell tartamudeó.
--Ahora no es momento de ser tímido… ¿No puedes sentir lo fría que estoy?
Los ojos de Bell se abrieron cuando Ryuu agarró su mano. Su mano estaba blanca y fría como el hielo. En cuanto a Bell, había perdido mucha sangre. Ahora no había tiempo para superar la situación haciendo una demostración de la fuerza de un Aventurero de Clase Alta.
Ryuu también estaba avergonzada, pero su punto era muy claro. Estaba realmente preocupada por su bienestar.
--P-Pero eres una Elfa, Ryuu-san…
--No te preocupes por eso. En situaciones de emergencia… un Elfo incluso estaría dispuesto a abrazar a un Enano…
Rápidamente desestimo la preocupación de Bell sobre los problemas raciales. Estaba sin argumentos.
--P-Pero, Bell… será mejor que no tengas ideas impropias.
--… ¿Qué?
--Si lo haces, n-no podré evitar abofetearte.
Ryuu se estaba muriendo de vergüenza a pesar de que fue quien comenzó a enumerar las reglas en primer lugar. Bell tenía una mirada en blanco en su rostro.
--Q-Quiero decir, dado mi tipo de cuerpo, dudo que estés interesado en el de todos modos… ¡Quiero decir…! Ahora estaba más nerviosa y más roja que nunca, incapaz de escapar de su naturaleza recta de Elfo.
--Uh… Ahahaha. O-Owww…
--¿¡D-De qué te ríes…!?
Bell se echó a reír. Verlo sosteniendo su estómago dolorido, aparentemente por la tensión de la risa, molestó a Ryuu aún más. Mientras estaba molesta por el hecho de que él no la estaba tomando en serio, Bell continuó con una sonrisa.
--Lo siento mucho. Por favor, no te preocupes… es porque sigues siendo tú, después de todo.
En otras palabras, podría estar actuando de manera extraña, pero todavía era la Elfa que él conocía y le gustaba. Ryuu lo miró boquiabierta por un momento, luego apretó los labios. Sintió que aún más sangre caliente se precipitaba hacia su rostro, y le estaba empezando a picar.
Bell, quien todavía estaba doblado por el dolor de la risa, la miró con cautela.
--Um, entonces… ¿Qué debemos hacer…?
--…
--Creo que abrazarnos sería incómodo ya que no estamos usando ropa, así que, um…
Ryuu se congelo y guardó silencio durante unos segundos antes de ponerse de pie. Arrastrando su pierna herida, se movió frente a Bell y le dio la espalda. Luego se quitó la capa.
-- —
La prenda cayó al suelo con un *Swoosh*.
Debajo de la nuca blanca de su cuello, su espalda desnuda era fresca y juvenil. Gotas de agua trazaron un camino desde su cuello hasta su delgada cintura, donde fueron absorbidas por su única prenda—su ropa interior.
Bell tragó saliva. Todo su cuerpo estaba extremadamente tenso. Incluso de espaldas a él, Ryuu se había sonrojado. Lógicamente, él no podía ver nada desde atrás, pero ella abrazó sus brazos contra su pecho de todos modos mientras se sentaba en el suelo.
El silencio solo duró unos segundos, pero a Ryuu le pareció una eternidad. Miró hacia abajo y lo que quería que hiciera debió de haberse entendido de alguna manera, porque podía sentir que Bell reunía su determinación tras ella.
Se agachó.
El corazón de Ryuu dio un vuelco.
Muy tímidamente, la rodeó con sus brazos desde detrás. Sus hombros temblaron.
El espacio entre ellos desapareció.
--…
--…
Bell abrazó a Ryuu contra su pecho desde atrás. Podía sentir su espalda y su delgado pecho. Él cruzó los brazos frente a la parte superior de su cuerpo, que estaba tan desnuda como el día en que había nacido.
La ardiente vergüenza solo duró unos segundos. Sus cuerpos comenzaron a calentarse mutuamente. La piel fría perdió su frío y la calidez se extendió dentro de Ryuu. El corazón de Bell que latía furiosamente se desaceleró y se calmó, golpeando su espalda. El reconfortante ritmo la sacudió como una cuna, relajando su corazón.
La rigidez se derritió de sus cuerpos.
El sonido de sus latidos se fundió en uno.
Se relajaron ante esa sensacion como si fuera completamente natural.
Bell se apoyó contra la espalda de Ryuu mientras ella descansaba contra su pecho.
--¿Estás caliente ahora?
--Sí, mucho…
--Bien…
--Si…
--…
--…
Como de costumbre, su conversación no duró mucho. Pero el silencio esta vez no era incómodo. El gorgoteo del rio se sumó a la sensación de paz. Bell abrió un poco las piernas para que Ryuu pudiera encajar completamente entre ellas. Ryuu estaba muy cálida, pero pensó que Bell debía tener frío. Le dijo que se pusiera la capa y él la envolvió alrededor de ambos. Su rostro estaba justo al lado del suyo. Su comoda respiración le hizo cosquillas en la oreja y el cuello, acariciando su delgada oreja una y otra vez.
--No me di cuenta…
--… ¿…?
--No me di cuenta de que eras tan pequeña…
--No soy mucho más baja que tú.
--Lo sé, pero… no puedo explicarlo.
--¿Qué?
--… Nada.
--… Dime.
--No es nada. Um—
--Date prisa.
--… Eres tan delgada y suave… me hace darme cuenta de que eres una mujer.
--…
--Es como si entendiera esa sensación que tienen los hombres… de querer proteger a las mujeres.
--… Eres muy astuto.
Murmuró Ryuu suavemente.
Se reposicionó para que su espalda se presionase más firmemente contra él, como si lo estuviera buscando. Él respondió reafirmando los músculos de su pecho.
Soltó un suspiro tembloroso. Por alguna razón, le pareció dulce.
… No es justo.
Ryuu estaba tratando de no pensar en la chica de cabello gris claro. La Elfa en la esquina de su corazón la criticaba por ser despreciable.
Quería ser perdonada.
Solo por este breve momento.
No sabía por qué pedía perdón. No entendía con quién se estaba disculpando. Simplemente estaba obedeciendo sus emociones.
Su corazón le susurró que quería que se diera la vuelta.
Su pecho ardía para que se encontrara con la mirada de los hermosos ojos rojo rubí detrás de ella. Quería mirar a ese chico cuyo rostro estaba tan cerca que prácticamente tocaba el suyo.
Pero tenía miedo.
Tenía miedo de que algo cambiara irreversiblemente entre ellos. Sentía que no sería capaz de regresar.
Y entonces resistió el deseo.
Apretó sus delgados brazos y dejó que la recta Elfa dentro de ella viniera al rescate. Regañó a su yo que no era ni Elfa ni mesera del bar ni <Tempestad>, sino simplemente Ryuu.
Era triste y doloroso, pero la tranquilizó.
--Ryuu-san …
--Si…
--¿Qué quieres hacer cuando regreses…?
--… Quiero comer una comida caliente hecha por Mama Mia.
--Ah, también yo… Vayamos juntos, entonces.
--Pero antes de hacer eso, estoy segura de que recibiré un regaño de Seal y las demás…
--Hahaha…
--… ¿Que hay de ti?
--Quiero volver a casa con Welf y el resto de mi equipo, entrar a mi casa y decir “¡Estoy de vuelta!” a Kami- sama…
--Ese es un buen plan. Debes valorar a tu <Familia>…
--Lo valorare. Los valoraré para siempre, justo como tu…
--… Gracias.
Se apoyaron entre si mientras susurraban de un lado a otro.
Eran como amantes que compartían palabras de almohada.
Al mismo tiempo, sin embargo, había una sensación fugaz en el momento de la que no se podían deshacer.
Había un peligro pacífico en sus débiles sonrisas y en sus voces tan suaves que la más leve brisa podía volarlas, como la llama de una vela a punto de apagarse.
Cerraron los ojos y durmieron como viajeros por el espacio.
Se abrazaron, acercándose cada vez más en su propio mundo privado.
A su lado, el rio transparente brillaba de azul, como si les estuviera dando este momento tranquilo.
× × ×
Habían pasado varias horas desde que comenzó el descanso de Ryuu y Bell. Su sueño profundo los había restaurado tanto en la mente como en el cuerpo.
Dejando de lado sus heridas físicas, la recuperación de su fuerza mental era increíblemente importante. Sus obstinados dolores de cabeza y letargo habían desaparecido. Comparado con su condición anterior al descanso, era como la noche y el día.
Tan pronto como abrieron los ojos, entraron en acción.
--Gracias, Bell, por usar tu preciosa fuerza mental para iniciar una fogata.
--Está bien, descansé bien… puedo manejar ese nivel de potencia de fuego.
El sonido de una crepitante fogata se mezclaba con el del rio corriendo. La fogata iluminaba sus rostros. Ryuu, algo revitalizada ahora, había recogido la “leña” y Bell le había disparado un rayo de fuego. Comenzar una fogata en un lugar tan húmedo sin el combustible o las herramientas adecuadas era extremadamente difícil.
Habían usado Botín como leña. Ryuu había regresado a lo largo del pasillo hacia la pila de escombros y cadáveres del Coliseo para recoger pieles de monstruos—especialmente el cabello graso de los Barbarian. Al igual que el Barbarian Xenos que Bell y los niños del orfanato habían encontrado en el pasadizo secreto debajo de la Calle Dedalo, el cabello ardía extremadamente bien.
--Bell, ¿Qué tan fuerte te sientes?
--Mucho mejor, pero mis manos todavía tiemblan de esta forma si no estoy prestando atención…
Ya que habían encendido una fogata, Bell y Ryuu ya no se abrazaban. En cambio, estaban sentados uno al lado del otro frente a las llamas. Ryuu miró la mano temblorosa de Bell, que sostenía frente a su pecho.
El rio era una Zona Segura. Ryuu estaba segura de eso.
Como si el agua azul brillante fuera un amuleto protegiéndolos, ningún monstruo había atacado. Probablemente era el único “paraíso” en el 37° Piso. Mientras permanecieran ahí, no derramarían sangre y podrían descansar tanto como quisieran.
Encerrarnos aquí es una opción… pero no tenemos lo más importante, raciones, para eso.
Había mucha agua. Sin embargo, no había una migaja para comer.
Los Aventureros de Segunda Clase podrían estar muy lejos de las personas comunes, pero aún dependían de la nutrición para funcionar. Por eso nunca se recuperarían por completo, sin importar cuánto tiempo descansaran en ese lugar.
Todo lo que les esperaba en ese pasillo era una muerte apacible. Ese era el mensaje tácito de las manos temblorosas de Bell.
Incluso si se hubiera enviado un equipo de rescate, nunca llegaría antes de que murieran. Estaba segura de eso.
Para empezar, las posibilidades de que el equipo de rescate se topara con Ryuu y Bell en un Piso tan grande como Orario eran escasas. Los Aventureros que perdían su camino en los Pisos Profundos eran tan buenos como muertos. Al menos, así es como el Gremio los trataba.
El Calabozo no permite que aquellos que dejan de moverse regresen vivos a la superficie.
Nadie quería sufrir más brutalidad.
Pero aceptar el anhelo de paz del corazón era lo mismo que perder ante el Calabozo.
La imagen de los Aventureros convertidos en esqueletos parpadeó en la mente de Ryuu. Si se quedaban en ese paraíso pacífico, Ryuu y Bell se encontrarían con el mismo fin.
Tenían que seguir adelante.
Tenían que arriesgarse a otra aventura—si eran Aventureros. Ryuu tomó su decisión.
--Bell… descansemos un poco más y luego salgamos de este lugar.
--… Okay.
Bell asintió en respuesta a la voz baja de Ryuu. Aprovechando su fuerza mental revivida, usó <Noa Heal> para restaurar completamente el bienestar físico de Bell. Es decir, con la excepción de su brazo izquierdo y sangre perdida, ninguna de las cuales podría recuperarse con una curación instantánea.
Ryuu también curó su propia pierna derecha. Cuando tenía suficiente fuerza mental, su Magia podía arreglar huesos rotos. El único problema era que, a pesar de haber estabilizado la fractura con la empuñadura de sus espadas, se había estado moviendo tanto que los huesos no volvieron a encajar bien. Ese fue el precio que pagó por no ser una verdadera Sanadora.
Sus movimientos aún podrían estar algo comprometidos, pero al menos podría moverse sola ahora. No había duda de que la carga de Bell se aliviaría, ya que la había estado apoyando todo este tiempo. Cuando volviera a la superficie, podría pedirle a un verdadero Sanador que se la arreglara.
Después de que Ryuu terminó con la curación y tomó otro breve descanso para reponer su Mente, ella y Bell recogieron sus ropas. Gracias a la fogata, su ropa de batalla estaba casi seca. Dándose la espalda el uno al otro, comenzaron a volver a ponerse el equipo. A estas alturas no estaban demasiado nerviosos por la situación, pero aún no estaban acostumbrados al sonido de la ropa crujiendo.
Terminaron de vestirse y apagaron el fuego.
Justo antes de partir, Ryuu se dio cuenta de que se sentía reacia a irse.
… Es solo una debilidad temporal. El agotamiento debe haberme afectado.
Envuelta en la calidez de Bell, había experimentado la ilusión de que su mente y su cuerpo eran uno. Nunca antes había experimentado una paz así.
Sin embargo, no se permitiría ahogarse en ese sentimiento. Era una noble Elfo de principio a fin. Fingió no notar los sentimientos brotando en su corazón, diciéndose a sí misma que eran un mero apego falso.
--¿Nos vamos?
--Sí, estoy listo.
Ella y Bell salieron caminando lado a lado. Dándole la espalda al lugar que les había permitido un breve respiro, comenzaron a avanzar una vez más.
× × ×
Caminaron por el pasillo con el rio por lo que pareció una eternidad.
Como sospechaban, parecía estar libre de monstruos, y pudieron avanzar con seguridad.
--¿Esta es una “área inexplorada”?
--Sí, en el sentido de que no ha sido mapeado. Pero… siento que este es un lugar especial.
Bell miró alrededor mientras hablaba con Ryuu. Como en otros lugares, las paredes eran de piedra blanca lechosa, pero debido a la luz emitida por el rio que corría por el centro del piso, el pasillo parecía tener un tinte azul. Gracias al agua, se sentía húmedo y fresco. Diminutas flores en forma de lirio habían florecido a lo largo del límite entre las paredes y el suelo. Algunas de las pequeñas flores blancas se mecían con el paso del agua del río.
Esas flores no descubiertas, ausentes en las guías ilustradas que detallaban el Calabozo guardadas en el Gremio, probablemente eran las únicas plantas en el Palacio del Demonio Blanco. Ryuu se detuvo a sugerencia de Bell y arrancó una flor, luego la probó.
Era dulce. Le ofreció una a Belll para que la probara. Tenía razón—tenía un tenue sabor a néctar que se derretía en su lengua. Incluso si se rellenara la boca con ellas, sospechaba que recuperaría muy poco de su resistencia.
Aun así, eran un consuelo temporal, y mejor que nada. De hecho, para alguien como Bell que no era muy fanático del azúcar, era una delicia.
Luego levantó la vista y notó que el techo era más bajo que en cualquier otro lugar del 37° Piso. Podía ver la superficie irregular claramente. Le recordaba a una cueva rocosa.
El lugar parecía una veta de agua subterránea, o un barranco con el cielo bloqueado en lo alto. Esas fueron las impresiones que le dio el pasillo.
--Este pasillo continúa para siempre… todo lo que puedo escuchar es el agua… El pasillo y su rio se extendían ante ellos como un camino azul.
En comparación con el <Resort Subterráneo> en el 18° Piso o la <Capital del Agua> en el 25° Piso, la escena era increíblemente sosa. Pero para Bell y Ryuu, que habían estado vagando por el mundo oscuro de los Pisos Profundos, el rio azul brillante era más precioso y misterioso que cualquier cosa que pudieran imaginar.
Eso también era el Calabozo.
Les mostraba sus crueles colmillos a los Aventureros, pero también les mostraba paisajes fantásticos como este. Ese era el único acto de misericordia del Calabozo dentro de su infinita oscuridad, o eso le pareció a Bell.
--…
--…
El camino azul se extendía interminablemente.
Inevitablemente, la conversación se había secado entre Bell y Ryuu. El viaje era largo. ¿Dónde terminaría?
¿Qué les esperaba por delante? De vez en cuando Bell tropezaba, el precio de su pérdida de sangre. ¿Sería capaz de escapar de los Pisos Profundos en esa condición? La ansiedad siempre estaba con él.
Pero él y Ryuu se aferraron a la esperanza mientras continuaban por el camino azul. Entonces—
--Un callejón sin salida…
Más allá del final del camino había un pequeño manantial. Un espacio circular irregular anunciaba el final del pasillo. A diferencia del manantial claro en el centro del pasillo donde el agua brotaba, aquí el agua era absorbida por el fondo del manantial, como si completara un ciclo en el Calabozo.
No había túneles ni escaleras a la vista. Cuando Ryuu miró a su alrededor preguntándose si realmente tendrían que volver sobre sus pasos, notó algo.
--Esa piedra… su composición es diferente de las demás.
El mineral blanco puro le recordó a cuarzo más que a piedra.
Con una mirada tensa en su rostro, Bell sacó la <Daga Hestia> y lo clavo en la roca que Ryuu estaba señalando. Tan pronto como una grieta se extendió por su superficie, todo el trozo de mineral se rompió. Más allá había una cueva y una escalera que subía.
Bell y Ryuu intercambiaron miradas, asintieron y se arrastraron a traves de la cueva. Podían escuchar el mineral reparándose detrás de ellos. La cueva era lo suficientemente ancha como para acomodar a dos personas hombro con hombro y completamente negra. Ryuu sacó uno de los viales que había llenado con agua del arroyo. Emitía un tenue resplandor azul. Utilizándolo como una linterna, avanzaron paso a paso.
Cuando habían subido unos cien escalones, llegaron a un techo bloqueado por el mismo mineral que había estado en la boca de la cueva. Bell lo atravesó audazmente.
--Esto es…
Estaban mirando hacia una habitación en el 37° Piso.
Era un callejón sin salida con una sola entrada. El suelo estaba cubierto de rocas tan altas como Bell. El trozo de mineral que conducía al pasillo con el rio estaba oculto entre esas rocas.
Podían sentir monstruos en el laberinto más allá.
Ajustándose al hecho de que ahora estaban de vuelta en la cruel realidad del Calabozo, salieron de la habitación con todos los nervios en alerta máxima.
Contrariamente a sus expectativas, sin embargo, no se encontraron con ningún monstruo en el pasillo recto y sin ramificaciones delante de ellos.
En poco tiempo llegaron a un pasillo más grande. Inmediatamente, un enorme muro apareció a la vista.
--… Ryuu-san, eso no es…
--Sí… una Pared Anillo.
Cuando Bell estiró el cuello para mirar la pared que se avecinaba, Ryuu confirmó su suposición. No había dudas al respecto, la enorme superficie lisa era una de las cinco Paredes Anillo del Palacio del Demonio Blanco.
Estaba tal vez a cien metros más allá del punto donde Ryuu y Bell habían salido del pasillo lateral al pasillo más grande.
Además de eso—
--Este pasillo… sí, estoy segura de ello. Es la ruta principal.
--¡…!
--Esta Pared Anillo es gris. En otras palabras, es la Cuarta Pared.
Mientras hablaba, Ryuu miró a su alrededor como si estuviera armando un rompecabezas hecho de recuerdos. Cuando la <Familia Astrea> todavía estaba viva y bien, Ryuu había llegado a los Pisos Profundos varias veces. Aunque no tenía una imagen completa del extenso Piso en su mente, su cuerpo conocía la ruta principal instintivamente porque la había recorrido con tanta frecuencia en su camino hacia y desde la superficie.
El Coliseo estaba situado en el interior de la Tercer Pared, lo que significaba que el rio directamente debajo de él—el <Camino Azul>—conducía directamente a la Cuarta Pared.
Bell y Ryuu habían sufrido mucho, pero su sufrimiento les había traído una buena fortuna increíble.
--¡E-Entonces si pasamos más allá de esa pared…!
--Sí, solo quedará la Quinta Pared. Y si superamos eso, no hay un laberinto entre ella y el pasaje de conexión al 36° Piso.
Más allá de la Quinta Pared yacía un vasto páramo. Estaba bastante lejos del extremo sur del Piso, donde se encontraba el pasillo, pero si llegaban tan lejos no habría posibilidad de perder el rumbo. Solo el Palacio del Demonio Blanco dentro de las Paredes Anillo tenía una estructura de laberinto.
Por primera vez desde que Bell se había sumergido en los Pisos Profundos, verdadera esperanza iluminó su rostro. La expresión de Ryuu era severa, pero también sentía lo mismo.
Era como si el rayo de luz de un faro hubiera iluminado un barco golpeado por las fuertes olas de una tormenta. Ese único rayo de luz era más que suficiente para que se aferraran.
--¡Vamos! ¡Mientras no haya monstruos alrededor!
--… ¡Si!
Como dijo Bell, no se veían monstruos. Esa era una oportunidad perfecta.
La oscuridad los miraba desde muy arriba mientras se dirigían directamente hacia la Pared Anillo.
¡Seguro que tenemos suerte …! No—¡Arrebatamos la suerte porque no nos dimos por vencidos!
Bell no cometió el error tonto de hacer un escándalo en su apuro. Avanzando con más precaución de lo que lo habían hecho hasta ahora, dio un paso valientemente hacia adelante. Un paso detrás de él, Ryuu también miraba a su alrededor con cautela mientras avanzaba enérgicamente hacia adelante.
El laberinto entre la Cuarta y la Quinta Pared se llama la Zona de la Bestia… ¡Si podemos pasar por aquí…!
La región entre la Segunda y la Tercer Pared, donde estaba el Coliseo, era la Zona del Guerrero. El área que atravesaban actualmente era la Zona del Soldado. Aparte de algunos lugares, la ruta principal en el 37° Piso tenía varias docenas de metros de ancho. Una vez que llegaran ahi, era probable que no se perdieran, a menos que encontraran algún <Irregular>.
Mientras Bell atormentaba a su cerebro en busca de fragmentos de información que Eina le había enseñado, apretó los dientes como para extraer una o dos gotas adicionales de energía.
Puedo ir a casa… ¡Iré a casa! ¡A la Superficie! ¡A donde están mis amigos! ¡Con Ryuu-san…!
Bell corría hacia el futuro. Se mezcló en la profunda oscuridad, alejándose cada vez más de los monstruos que acechaban cerca.
No bajó la guardia.
Tampoco Ryuu.
Aun así, deberían haberse dado cuenta.
Mientras intentaban frenéticamente aprovechar su buena fortuna, deberían haber pensado en esa suerte más profundamente.
¿Por qué no se habían encontrado con ningún monstruo?
¿Por qué todavía no los habían encontrado los monstruos que habían sentido al salir del <Camino Azul>?
¿Por qué se escondían como si temieran algo?
--¡La Cuarta Pared…! ¡Lo hicimos!
Al llegar a la imponente pared, Bell y Ryuu se metieron en el agujero cuadrado en su base. Avanzaron sin dudar hacia la débil fosforescencia más allá del túnel negro.
Ellos salieron.
Estaban al otro lado de la Cuarta Pared.
Estaban en el último laberinto entre ellos y el pasaje de conexión a los Pisos Inferiores. Estaban en la Zona de la Bestia, el campo de batalla final.
-- ——
Bell lo sintió.
Tan pronto como salió de la Pared Anillo, lo supo. Lo notó en el momento en que entró en esa zona.
Un trozo de roca cayó con un suave golpeteo desde arriba. Una mirada atravesó su cabeza.
La mirada carmesí y asesina de la calamidad.
——
El monstruo estaba allí.
Muy por encima de la cabeza de Bell.
Aferrándose con esas terribles garras a la imponente Pared Anillo. Esperando a que su único objetivo se acercara caminando debajo de él.
Esperando a que su presa—es decir, Bell y Ryuu—pasaran a través de la Cuarta Pared y entraran en la Zona de la Bestia.
La forma grotesca sacó sus garras de la pared y descendió en silencio.
Dando poco tiempo a los Aventureros para rastrear sus movimientos, pateó la pared.
Mientras las garras de la destrucción se acercaban, Bell agarró la mano de Ryuu y saltó con todas sus fuerzas.
¿¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Una explosión.
Como si hubiera sido golpeado por un meteorito, el suelo donde Ryuu y Bell habían estado un instante antes se hizo añicos. El lecho de roca se fracturó, fragmentos de piedra volaron y una brutal nube de polvo se arremolinó. Cayeron torpemente sobre el suelo. Cuando finalmente dejaron de rodar, Bell levantó la cabeza, atónito.
¡Ooo…!
El caparazón azul violáceo brillaba débilmente.
Había esa forma distintiva, que recordaba a un fósil de dinosaurio con armadura. El monstruo de la calamidad había vagado en busca de la presa que se había escapado y finalmente se posiciono en ese lugar para esperarla.
--¡El Jugger… naut…!
Mirando una vez más esa pesadilla inolvidable, Bell pronunció su nombre por primera vez. Como si respondiera a su llamada, el monstruo giró su lado izquierdo, que estaba envuelto en la oscuridad, hacia Bell y sacó sus brillantes garras de color negro violáceo del suelo. Su presencia era aún más abrumadora desde que había resultado herido—no podría haber mayor símbolo de muerte para Ryuu y Bell.
--¡Aaa…!
El trauma que habitaba en Ryuu volvió a surgir ante la impresionante escena. Mientras luchaba ferozmente contra el terror, Bell hizo una mueca.
¡De todos los tiempos…!
Surgieron emociones en su pecho mientras su brazo izquierdo recordaba el infierno por el que había pasado. Con la carne palpitante de dolor caliente debajo de la bufanda que la envolvía, Bell desenvaino la <Daga Hestia>.
No cedió a una ira absurda ni gimió inútilmente, sino que se preparó para defenderse para poder vivir.
El Juggernaut entrecerró los ojos ante esa presa que aún no había perdido la voluntad de luchar, sus ojos penetrantes brillaban en la oscuridad. Con las garras en sus pies chirriando por el suelo del laberinto, giró lentamente su cuerpo para que se enfrentara a Bell.
--¿Wha—?
Bell no podía creer lo que veía.
--¿¡Tiene su brazo derecho!?
La mitad derecha de su cuerpo se giró hacia Bell.
A través del velo de la profunda oscuridad, la silueta de su brazo derecho era claramente visible.
¿¡Que está pasando!?
Durante su batalla mortal en el 27° Piso, Bell había arriesgado su vida para tomar ese brazo. Había usado <Argo Vesta>, su habilidad letal, para destruir el brazo junto con sus garras de destrucción—o eso pensaba.
Pero ahora que miraba de cerca, vio que la cola del Juggernaut también había vuelto a su longitud original, a pesar de haber sido cortada durante la batalla.
¿Se había auto regenerado? ¿Tenía la misma habilidad que el Goliat Negro?
Mientras Bell estaba perdido en la confusión por la regeneración del brazo que había robado a tan alto costo, escuchó un ruido.
--… ¿…?
Algo se retorcía en la oscuridad.
Provenía de donde estaba el brazo derecho del monstruo, desde el hombro hacia abajo.
Quizás el Juggernaut estaba haciendo que el crujido desagradable sonara intencionalmente. Le recordó a Bell a los insectos devorándose entre sí dentro de un frasco. Eso, o dos engranajes que no encajaban al verse obligados a girar con un trozo de carne atrapado entre ellos.
Una campana de alarma subconsciente comenzó a sonar en la mente de Bell. Finalmente, el monstruo llamado calamidad dio un paso atronador hacia adelante. Debajo de la fosforescencia, se sacudió la oscuridad.
-- ——
-- ——
El tiempo se detuvo para Bell. Ryuu también se congeló.
El brazo derecho ahora expuesto—estaba hecho de innumerables máscaras de hueso.
--… ¿Ovejas Calavera….?
Desde los hombros del monstruo hasta el costado de su cuerpo, los cráneos de las ovejas estaban apretados. La oveja de la muerte con la que Bell había luchado tantas veces en este Piso se había convertido en parte del cuerpo del Juggernaut.
--De ninguna manera. Se…
Los labios de Ryuu temblaron mientras se estremecía incontrolablemente. Bell pronunció las abominables palabras que ella no pudo.
--… ¿Se comió a esos monstruos…? Esa era la respuesta.
Era diferente de una Especie Mejorada. No solo había comido Piedras Mágicas.
Se había comido a esos monstruos vivos completamente. Y al comerlos, había absorbido sus cuerpos.
No debería haber sido posible. Era incomprensible.
Pero no había otra forma de explicar al monstruo que tenía delante. Era un <Irregular> como ninguno antes.
Era un ser desconocido imprevisto incluso para el Calabozo mismo. Aventureros, monstruos, laberintos.
Cuando habló, Ryuu expresó el horror que poseía todo lo que existía en ese lugar.
--¡Es imposible… no puede ser…!
El Juggernaut simplemente levantó su grotesco brazo como para mostrarlo. El brazo derecho hecho de hueso blanco contrastaba misteriosamente con la armadura azul violáceo que cubría el resto del cuerpo del monstruo. Innumerables costillas de oveja, fémures y cuernos retorcidos encajan entre sí como un rompecabezas en una curva deformada. Trozos de músculo rosa aparecían por aquí y por allá.
Lo más probable era que los tendones grandes, todavía brillantes de sangre, vinieran de los Barbarian.
Los esqueletos parecidos a los humanos mezclados entre la variedad de partes óseas sin duda eran Spartoi. Las grandes escamas que cubrían la larga y curva cola pertenecían a los Hombres Lagarto.
Los trozos de piedra que reforzaban el caparazón reflector de magia severamente agrietado provenían de Soldados de Obsidiana.
Las Ovejas Calavera no fueron los únicos monstruos que el Juggernaut había incorporado. Careciendo de una Piedra Mágica propia, había absorbido a todo tipo de monstruos que habitaban en los Pisos Profundos e hizo suyos sus cuerpos.
La horrible forma había crecido aún más que antes.
Cada monstruo contra el que Bell había luchado en este Piso se había convertido en un solo ser que ahora se alzaba frente a él.
Una quimera.
Bell no pudo evitar pensar en ese monstruo que solo aparecía en historias inventadas—ese monstruo de cuento de hadas que contenía los cuerpos de cien bestias, ese poderoso duende que creía que era solo un producto de imaginaciones inventivas.
Pero ahora esa pesadilla había tomado la forma del Juggernaut y había aparecido ante él.
¡Haaa…!
El Juggernaut exhaló una ráfaga de niebla blanca que podría haberse confundido con vapor, como si el monstruo no pudiera contener el ondulante volumen de calor que se generaba dentro de su cuerpo.
Con un siseo, algunos de los huesos que formaban el brazo derecho se derritieron. Los rostros de Bell y Ryuu se crisparon cuando cabezas de Ovejas Calaveras cubiertas de líquido pegajoso rodaron hacia ellos.
Era como un cuerpo humano rechazando un trasplante. Los monstruos resistían su fusión antinatural.
Para Bell, el sonido de las diversas partes rozándose unas con otras con crujidos y gemidos terribles sonaba como gritos—como monstruos vivos sollozando de dolor.
El Juggernaut, también, probablemente sufría de esta armadura de persistencia. Al devorar a sus compañeros monstruos y usar sus cuerpos en lugar del suyo, había ganado una nueva arma.
El único propósito de esa arma era matar a la presa blanca—es decir, Bell.
¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
El Juggernaut marcó el comienzo de la batalla, destrozando el estremecimiento de terror de Bell y Ryuu. Doblando su articulación inversa izquierda, saltó abruptamente hacia Bell.
--¡Whoa!
Mientras el Juggernaut aceleraba por el aire como una flecha, Bell protegió a Ryuu a sus espaldas y repelió las garras de la destrucción justo a tiempo. Había usado la <Bufanda de Goliat>. Volaron chispas y el dolor atravesó su cerebro, pero en este punto no podía quejarse.
La movilidad de su enemigo había disminuido. Estaba bastante seguro de ello.
Además de aplastar la articulación inversa de su rodilla, <Argo Vesta> había dañado severamente toda la parte inferior de su cuerpo, reduciendo su velocidad de salto hasta el punto de que, incluso en su estado agotado, Bell podía seguir al monstruo con sus ojos y detener sus ataques.
Pero—
¡HAA!
El Juggernaut aterrizó en la pared del pasillo y extendió su brazo derecho compuesto. Como si imitara el
<Firebolt> de Bell, disparó varios huesos blancos puntiagudos.
-- ——
Un total de cuatro estacas blancas volaron desde varias secciones de su brazo derecho. Bell se quedó boquiabierto cuando los proyectiles afilados se dispararon en un arco hacia él.
--¿¡Estacas—!?
Él y Ryuu lograron por poco evadir las armas mortales.
*¡¡Bam-bam-bam-bam!!*
Las cuatro estacas golpearon ruidosamente el suelo.
Bell, cuyo hombro derecho había sido rozado, no pudo ocultar su agitación.
--¿¡Esas son estacas de las Ovejas Calavera…!?
Bell estaba en shock. Parecía que su enemigo había adquirido los métodos de ataque de los monstruos que había absorbido, incluida la estaca con la que la Oveja Calavera lo había atormentado.
Bel le devolvió la mirada al monstruo con su propia mirada temblorosa.
¡¡…!!
La feroz ofensiva del Juggernaut había comenzado.
Con un estruendo, disparando estacas desde su lugar en la pared del pasillo. Dieciséis de ellas. Cada una tenía un tamaño diferente y dibujó su propio arco a traves del aire mientras volaban hacia la presa del Juggernaut. Cuando Bell y Ryuu retorcieron sus cuerpos para escapar del daño, el aluvión de proyectiles afilados se estrelló contra el suelo y lanzó una lluvia de piedra.
Los ojos carmesí siguieron a los dos Aventureros al otro lado de la nube de polvo mientras corrían frenéticamente de un lado a otro. De repente, el Juggernaut dobló su rodilla y voló hacia adelante.
--¿¡…!?
Cambiando de disparar a atacar directamente, el monstruo se convirtió en un proyectil lanzándose hacia adelante.
Bell se movió para defenderse de la enorme forma que se acercaba rápidamente. Aunque logró evadir por poco el ataque sorpresa con habilidad y táctica, el monstruo comenzó a disparar estacas nuevamente en el instante en que aterrizó.
Bell no tuvo tiempo de recuperar el aliento, y mucho menos sentirse conmocionado.
Las alargadas estacas venían tanto del suelo como desde el aire después de los saltos. Volaban hacia Bell como una falange corriendo hacia adelante con la fuerza de una ola enojada. Bell fue forzado a ponerse a la defensiva por la amenaza constante de un golpe mortal de las terribles garras combinado con la insistencia del Juggernaut en perforarlo como un trozo de pollo a la parrilla.
No podía usar un <Firebolt> porque temía el reflejo mágico del monstruo.
--¡Está usando proyectiles…!
Ryuu entrecerró los ojos ante el espectáculo ante ella.
En circunstancias normales, las estacas serían peor que inútiles para el Juggernaut. Proyectiles que se movían más lentamente que sus patas no serían más que una carga. Pero ya que Bell había aplastado su articulación inversa, eran el arma ideal para compensar la deficiencia.
Aunque era difícil de creer, el monstruo estaba realizando una táctica de golpear y correr compuesta por repetidos ataques con proyectiles seguidos de embestidas hacia Bell. Se le ocurrió una estrategia para vencer a los Aventureros en su propio juego.
El cuerpo masivo del Juggernaut zigzagueaba a través de su campo de visión junto con innumerables estacas voladoras.
¡Son demasiado rápidas!
¡¡No puedo seguirlas—!!
Mientras los brillantes ojos rojos recorrían la oscuridad arrastrando una cola de luz, Bell y Ryuu gritaron en silencio. Las estacas venían de todas direcciones, incluso por encima de sus cabezas, en un feroz ataque tridimensional. Forzado a interceptarlos, Bell era arrojado de izquierda a derecha, arriba y abajo.
El terreno también era desfavorable para ellos.
El pasillo era ancho y sin obstáculos. El Juggernaut podía saltar libremente en todas las direcciones alrededor del espacio tan ancho como una habitación, generando caos. Incluso si su asombrosa velocidad de salto se había reducido de alguna manera, un espacio cerrado le habría permitido a Bell seguirlo más fácilmente.
Los ataques en forma de onda se acercaban a los Aventureros con cada segundo que pasaba. Aunque esparcía fragmentos de su caparazón con cada salto y arrojaba partes de monstruos derretidos, el Juggernaut no disminuyo su ataque. Con sus horribles rugidos y sus garras centelleantes, su inflexible determinación de matar era clara.
Incluso sin su increíble movilidad, el Juggernaut era un asesino. Vestido con una “armadura de persistencia” hecha de innumerables monstruos, realizaba una nueva campaña de destrucción sin precedentes.
Ante esa calamidad mortal, los Aventureros recordaron su desesperación. El apóstol de la muerte había borrado la luz de la esperanza.
Mis manos están temblando. ¡Esta calamidad es aterradora…!
El espíritu de Ryuu fue el primero en desgastarse. Aunque la situación ahora era diferente, el insano comportamiento del Juggernaut, tan diferente al de cualquier monstruo ordinario, invoco una escena gris en su mente—la <Familia Astrea>, pisoteada, despojada de ella, perdida. Ese mismo trauma todavía la torturaba.
El pasado la acosaba. La pesadilla estaba tratando de levantarse de las cenizas.
No podía soportarlo. Podría perder cualquier cosa menos a Bell. Decidida a evitar el regreso de la tragedia, trató desesperadamente de infundirle la voluntad de luchar a sus aterrorizadas extremidades.
¡¡HAAA!!
Pero el Juggernaut no esperó a que sus miembros respondieran. Empujo su crueldad hasta el límite en un intento por matar al enemigo que antes había escapado de su alcance.
--¡¡Ah!!
Cuando cayó al suelo, oscilo su cola cubierta de escamas, arrojando a Ryuu y Bell hacia atrás. Cuando la postura del conejo blanco se derrumbó, el monstruo rugió triunfante.
Su huesudo brazo derecho se estrelló contra el suelo. Su palma golpeó hacia abajo.
El suelo tembló.
Fisuras profundas corrieron por el suelo a la velocidad del rayo.
En el instante en que las grietas llegaron a los pies de Bell y Ryuu, explotaron.
-- ——
-- ——
Una gran maraña de estacas de huesos se levantó desde el suelo directamente debajo de ellos.
Los ojos rojo rubí y los ojos azul cielo estaban pegados a la montaña de enormes estacas que estallaron del suelo.
El Juggernaut había disparado sus huesudas estacas a traves del suelo. Había tantos de esos tipos de estacas—o más bien estacas inversas—que no podían contarlas.
Las miradas de Bell y Ryuu se habían enfocado hacia arriba debido a la lluvia de estacas lanzada un minuto antes. Ahora venían desde abajo. Fue un ataque sorpresa destinado a tomados desprevenidos. Se habían acostumbrado a buscar ataques entrantes cuando perdieron el equilibrio, asi que no pudieron esquivar este.
--¡Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeaa!
Era como una mina terrestre de gran tamaño. El tsunami de estacas retumbo ominosamente mientras explotaba a su alrededor.
Cortaron tiras de la armadura lateral, el brazo y las mejillas de Bell. Arrancaron trozos de la capa, la pierna derecha y la oreja de Ryuu. La horrible montaña de estacas se tragó a ambos Aventureros.
¡Maldición—este es el ataque del Jefe de Piso Udaeus—!
Ryuu se estremeció cuando el tiempo llegó a su límite como una linterna giratoria.
Un nuevo nivel de desesperación descendió sobre ella mientras se preguntaba si su enemigo era igual al Monstruo Rex del 37° Piso. Mientras pensaba eso, las estacas continuaron disparándose hacia arriba como lapidas, rasgando su piel mientras formaban una montaña cada vez más densa.
¡¡—————————!!
El Juggernaut libero su terrible rugido, sin aligerar su ataque en lo más mínimo. Disparó una andanada de estacas tras otra en un ataque continuo.
Dentro de la horrible armadura, “él” pronunció un monólogo.
—Mira.
La presa está luchando inútilmente, usando el equipo de protección que le queda, rociando sudor rojo. No sucumbirá voluntariamente a las estacas. Luchará hasta el final.
Lo sé, lo sé. Eso es lo que son.
Son presas supremas, se niegan a morir, sin importar cómo los aplaste. Con más razón, con más razón—
El monstruo de la calamidad rugió y continuó produciendo sus estacas mortales.
Continúo disparando hacia arriba tan estruendosamente que hizo que los oídos carecieran de sentido. Continúo lanzando las estacas que hacían llover su sangre y carne.
Finalmente—
-- —Rgh.
La última “estaca inversa” golpeó a Bell.
Debajo de la armadura lateral hecha jirones con los broches rotos, encontró su estómago. El puntiagudo proyectil carmesí atravesó su carne.
Los disparos se habían concentrado en él.
La maraña de estacas dirigida a la presa blanca que había robado el brazo derecho del Juggernaut no dejó escapar a esa presa.
El tiempo se congeló para Ryuu, quien también estaba cubierta de heridas.
Mientras Bell era levantado en el aire antinaturalmente y la estaca cayó al suelo, ella se acercó a él. Pero no podía rebobinar el tiempo.
En cambio, como para romper el flujo congelado de minutos, sangre comenzó a filtrarse por el agujero en su estómago.
Sangre broto de su boca, manchando sus labios de rojo. Era una herida perfectamente letal.
Un golpe irreversible y decisivo.
-- ——
Bell respondió correctamente a esa peor de todas las situaciones posibles. Antes de que sus entrañas se derramaran lastimosamente del agujero, actuó. Tomó la decisión inmediata de cerrar la herida.
-- —¡¡<Firebolt>!!
Cuando presionó su mano izquierda contra la abertura, estalló una pequeña explosión.
Su estómago estaba ardiendo.
El dolor era infernal, un destello de luz atravesó su campo de visión seguido de la sensación de su interior en llamas.
Tenía los ojos tan inyectados en sangre que parecía que se habían convertido en granadas. Ryuu se quedó boquiabierta y el monstruo se puso rígido.
Con el estómago humeante, Bell levantó su mano izquierda y disparó salvajemente.
--¡¡GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
El primer y el segundo disparo impactaron el suelo.
El tercer disparo salió al aire directamente en frente de él.
Una oleada de calor y viento se agitó cuando el suelo explotó. Abandonando su costumbre habitual de mantenerse firme para resistir el retroceso, agarró la mano extendida de Ryuu y ambos salieron volando hacia atrás.
Tirando de la sorprendida Elfa junto con él, voló lejos de la montaña de estacas, como si ese hubiera sido su plan desde el principio.
¡¡…!!
Por un segundo, el Juggernaut fue tomado por sorpresa.
Columnas de humo se arremolinaban en el aire, una cortina que ocultaba a la presa. Desde más allá de ese velo, rayos de llamas volaban salvajemente hacia el monstruo. La reflexión mágica no tenía sentido si no sabía dónde estaba la presa. Peor aún, sus intentos de reflejar los disparos clavaron al monstruo en su lugar.
El espacio entre el monstruo y su presa se amplió.
--¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
Bell disparaba <Firebolts> indiscriminadamente mientras volaba a traves del aire.
El precio de quemar su estómago era la incapacidad de apuntar correctamente. Chispas llenaron su campo de visión. Era como si estuviera roto, simplemente liberando su Magia con la ciega esperanza de que mantendría alejado a su enemigo, ganando tiempo y distancia.
Después de un segundo o dos, él y Ryuu se estrellaron contra el suelo y rodaron una y otra vez.
--¿¡Bell!?
Habían volado hasta el borde del gran pasillo. Ryuu gritó mientras se levantaba. Convulsionando por el dolor extremo, Bell perdía y recuperaba la conciencia.
--… ¡Hrk!
Ryuu solo se detuvo por un instante.
Vio el humo arremolinándose detrás de ellos y entendió su escape de alto riesgo. Arrastrando a Bell detrás de ella, corrió hacia un pasillo lateral que podía ver en la distancia.
—¡¡…!!
En el instante en que los rayos de fuego se detuvieron, el Juggernaut rugió con furia. La enorme forma purpura oscuro se lanzó hacia los Aventureros.
Ryuu pateó el suelo aún más fuerte cuando el monstruo a travesó el humo y se precipito hacia ellos. Justo cuando las garras alcanzaron su larga capa y la rasgaron, se zambulló en el pasillo lateral.
Tenía unos dos metros de ancho, suficiente para dos Aventureros, pero no para un monstruo de tamaño extra grande. El Juggernaut de tres metros de altura no pudo meterse en el túnel. En términos de anchura, las partes que había absorbido de otros monstruos resultaron ser su maldición.
¡OOOOOOO!
--… ¿¡…!?
De todos modos, se retorcía una y otra vez tratando de atrapar a los Aventureros. Su brazo izquierdo se extendió hacia adelante, anhelando destrozar a Bell y Ryuu, donde yacían colapsados en el suelo. Pero no podía alcanzarlos. Era como un gigante desbocado que intenta sacar a un Enano desde el agujero en el que había huido. Ryuu sentía las garras purpura oscuro rascando persistentemente las puntas de sus botas.
Temblando ante el tremendo ruido de las garras que intentaban atravesar las paredes y el suelo, se obligó a levantarse. Ahora era ella quien apoyaba a Bell. Sudando de pies a cabeza y respirando irregularmente, a punto de tropezar y caer en cualquier momento, huyó más profundamente en el túnel, lejos de los ojos carmesí que seguían cada uno de sus movimientos.
El camino era recto y sin ramificaciones. Sentía como si las paredes a ambos lados se cerraban sobre ella. Sin embargo, el techo era tan alto que no podía verlo, asi que el pasillo se sentía como un callejón por la noche.
¡GAAAAAA!
¡OOU, OOOUN!
Hombres Lagarto de Elite, Loup Garou y Spartoi les bloquearon el camino.
Los monstruos podrían haberse estado encogiendo mientras se escondían instintivamente de su pariente de la calamidad, pero si un Aventurero aterrizaba a sus pies no mostrarían piedad. Ryuu y Bell no podían regresar— el único camino a la salvación estaba por delante. Ryuu desenvaino su espada corta, haciendo una mueca.
—¡¡…!!
En ese mismo momento, sin embargo, el Juggernaut, cuyo brazo izquierdo había estado sondeando el túnel, dio un paso atrás y golpeó la pared adyacente con su huesudo brazo derecho. El pasillo se estremeció mientras profundas fisuras se extendían a través de él.
Docenas de estacas atravesaron la pared a la derecha de Ryuu y Bell.
“ “ “¿¡…!?” ” ”
--¡Ahh!
Las infernales estacas apuntaban a Aventureros y monstruos por igual.
Los Hombres Lagarto, Loup Garou y Spartoi estaban hechos trizas. La pierna y la mano derecha de Ryuu, que estaba agarrando la Espada Corta, fueron perforadas y cortaron su nuca. Manchas rojas nadaban ante sus ojos mientras se desplomaba en el suelo junto a los cuerpos de monstruos desgarrados.
Sangre fresca salpico las paredes del túnel y se acumulaba como manantiales en el suelo. Ryuu y Bell estaban tan rojos como si se hubieran bañado en sangre. El pasillo parecía la escena de un brutal asesinato. Los cuerpos de los monstruos apestaban terriblemente. Bell y Ryuu se estaban ahogando en un repugnante mar de intestinos y carne—como si ellos mismos fueran cadáveres.
… ¡…!
Estacas seguían disparándose a través de la pared a su derecha y golpeando la pared a su izquierda. Sin embargo, no llegaban a Bell y Ryuu donde yacían. El ángulo no era el correcto.
Finalmente, el Juggernaut detuvo su bombardeo, como si se hubiera dado cuenta de que los proyectiles no estaban alcanzando su objetivo.
Los ojos carmesí miraron por el túnel.
Después de observar el lago de sangre perfectamente inmóvil durante varios momentos, el monstruo desapareció silenciosamente en la oscuridad.
--…… Ugh, ahh.
Ryuu, quien no se había movido en absoluto, exhaló con un suave gemido. Todavía estaba viva.
Irónicamente, la horda de monstruos que pretendía matarlos se había convertido en un muro que los protegió de las heridas letales.
Ryuu dejó de hacerse la muerta y abrió los ojos. Todo lo que vio fue rojo. Los tibios y nauseabundos fluidos corporales y los suaves bultos violaron sus sentidos. El poderoso hedor la hacía querer vomitar a pesar de que su estómago estaba vacío.
Sus heridas estaban abiertas nuevamente. Señales parpadeaban de todo su cuerpo, diciéndole que, si no hacía algo, moriría.
Tenía que usar su Magia de Curación—no, era inútil.
Había perdido demasiada sangre. Su Magia no podía devolver eso. Incluso si habían sobrevivido a este momento en particular, estaban—
--… Bell…
Armándose de valor contra la imagen del infierno que la rodeaba, Ryuu giro la cabeza. Sus ojos se posaron en Bell, quien yacía boca arriba a su lado. Debió haberla escuchado, porque su dedo se movió ligeramente.
--*¡Cough, cough…!* … ¿Ryuu-san?
Comenzó a convulsionarse nuevamente, como si se hubiera olvidado por un momento y luego lo recordara nuevamente, y tosió violentamente varias veces. Dejo caer su cabeza hacia un lado y miró a Ryuu, quien estaba acostada sobre su estómago.
--… ¿El Juggernaut…?
--Se ha ido… no está aquí…
Sus voces en este mundo rojo eran tan débiles que casi desaparecían.
Con la mirada todavía fija en la de Ryuu, Bell levantó las comisuras de su boca ligeramente. Su sonrisa ni siquiera parecía una sonrisa.
--Así que se ha dado por vencido con nosotros…
--… Si.
No.
Con toda probabilidad, no se había rendido, sino que estaba buscando su próxima oportunidad. El Juggernaut no dejaría de perseguirlos hasta que los matara con sus propias manos. Ryuu percibió su persistencia y entendió esa terrible verdad.
--Entonces… podemos ir a casa ahora, ¿Verdad…?
Probablemente Bell también lo entendía. Pero estaba fingiendo que no para poder mentirle a Ryuu.
Estaba fingiendo que podían regresar a la Superficie—que podían superar la oscuridad del laberinto y disfrutar de la cálida luz del sol.
--Puedes volver… a Seal-san y a tus otros amigos…
Sus probabilidades de regresar a casa eran peores que terribles.
Mientras el Juggernaut permaneciera, Ryuu y Bell nunca podrían abandonar el 37° Piso. Bell lo entendía, pero le dijo a Ryuu una mentira de buen corazón.
Le prometió un futuro en el que entrarían juntos por la puerta de <La Señora de la Abundancia>, serían recibidos por una enojada Seal, castigados levemente y luego pasarían la noche riendo y hablando juntos.
Le prometió que no tendría miedo a pesar de que había perdido a la <Familia Astrea>. Qué mentira tan amable era.
Que sueño tan feliz. Ryuu sonrió.
Un ligero brillo de lágrimas se reunió en las esquinas de sus ojos mientras sonreía pacíficamente.
--Sí… podemos ir a casa ahora… La mentira la engañó.
Mientras yacía en el límite de la vida y la muerte, hundiéndose en un charco de sangre bajo la mirada de la oscuridad, se ahogó en un sueño feliz.
El chico y la Elfa se sonrieron el uno al otro.
--Bell…
--Si…
--… ¿Me abrazarías?
Al final, muy, muy al final, se había vuelto honesta. Finalmente pudo dejar al descubierto sus sentimientos por su amigo, su orgullo de Elfo y el corazón que había mantenido oculto durante tanto tiempo.
Bell pareció sorprendido al principio, pero luego extendió una mano temblorosa hacia ella. Ryuu extendió su propia mano hacia él y Bell la tomo en sus brazos.
Es tan cálido…
Sonrió mientras rezaban y se abrazaban el uno al otro.
Se deleitó con su calidez y dejó que las lágrimas se derramaran de sus ojos. El mundo realmente era cruel.
De todas las personas en el mundo, Bell era la persona con la que esperaba vivir, y, sin embargo, el Calabozo lo había convertido en su compañero en este viaje. Su corazón se había roto, sus esperanzas habían sido devoradas por ese monstruo. No podía luchar más.
No podía dejar ir esa calidez.
Presionó su mejilla contra su sangriento pecho. Olía a hierro. Tuvo una visión de nieve color blanco puro. Los vio ambos abrazados mientras la nieve los enterraba.
Cuando apartó su rostro, el hermoso campo nevado desapareció y todo lo que quedaba era que ambos estaban mojados con la sangre del otro.
No pude hacer nada y, sin embargo, estos últimos momentos… son tan tiernos.
Ryuu no pudo evitar sentirse así.
En este momento, estaba más cerca de él que nadie.
Sin importar lo que dijeran, podría decirles eso con confianza.
En este momento, por este breve momento, Bell y Ryuu estaban más unidos que nadie en el mundo. Estaba tan contenta y muy triste.
Tan feliz y tan sola.
--Bell… voy a dormir, solo un poco… Lentamente, cerró sus pesados párpados.
¿Se despedía de la vida?
O cuando abriera los ojos, ¿Estaría todavía aquí en esta fría y oscura realidad, con la calidez habiéndose desvaneció de su lado?
¿O se encontraría con Bell una vez más, en la orilla opuesta de la luz, junto a Alise y las demás?
--Okay… te despertaré pronto.
La voz de Bell le acarició suavemente la oreja.
Acercó sus manos a su pecho para que no olvidara la calidez y se durmió como un bebé.
× × ×
…
Ryuu se durmió.
Bell sonrió levemente mientras la observaba quedarse dormida. Lo había dejado engañarla.
De esa manera, estaba seguro de que no tendría pesadillas.
Eso era todo lo que deseaba.
Quería que tuviera dulces sueños hasta que todo terminara. Ya ha sufrido mucho…
Como sospechaba, él le había mentido.
Pero no era una mentira amable. Por el contrario, era una traición terrible provocada por el egoísmo hipócrita. Bell no había renunciado a regresar con vida.
Recuerdo la expresión de su rostro cuando me contó todo…
No había olvidado la expresión del dolor sufrido en el rostro de esta Elfa que había perdido a sus compañeras. Por eso lo hizo.
--… ¡…!
Los miserables espasmos ya estaban disminuyendo. En su lugar llego un dolor increíble. Tocó la herida de su estómago que había cerrado herméticamente.
Chispas bailaron ante sus ojos. Dolor. Dolor. Dolor.
Quería gritar y gemir y romperse en cientos de pedazos. Quería aullar hasta que toda su energía se hubiera ido. Pero si podía sentir dolor, entonces podía moverse.
Si su cuerpo gritaba que moriría, entonces tenía la energía que necesitaba para aferrarse a la vida.
Si su corazón insistía con su latido rápido en que huyera de la muerte, entonces tenía fuerzas para escapar. No usaría esa fuerza para escapar de la muerte—la usaría para derrotar a la muerte.
--¡¡…!!
Escuchó sus instintos gritar. Los ignoró.
Escuchó su cuerpo gritar una advertencia. Lo ignoró. Escuchó a su corazón sollozar que era imposible. Lo ignoró.
Todo su ser, cada elemento que componía ese humano llamado Bell Cranel, estaba luchando contra su decisión. Lo ignoró.
Escuchó su alma llorar para que se pusiera de pie. Le asintió.
--¡¡Aaaaaaaaaaaaaa…!!
Dejo escapar el grito de un animal.
El Aventurero se convirtió en una bestia y masticó los fragmentos de la vida para que pudiera resistir.
A medida que la luz brillaba ante sus ojos, lo que quedaba de su racionalidad humana recordó una historia. Era la historia de Belius el Guardián.
El guardián Elfo era un caballero triste e inflexible amado por una Elfa del lago. Como un mártir de amor hasta el final, murió en sus brazos.
Bell le rogó al Héroe Elfo que le diera la fuerza para proteger lo que era importante para él.
… No tengo luz para concentrar. Lo más probable es que solo me quede una Carga. No puedo usar
<Argonaut>.
Pero el deseo de ser un Héroe está aquí en mi corazón. Acarició el cabello de Ryuu suavemente, su sonrisa desapareció. El hombre se puso de pie, solo.
× × ×
El Juggernaut se estaba moviendo.
Habiendo renunciado a penetrar el pasillo en el que se encontraban Ryuu y Bell desde su entrada, dio la vuelta a la salida. El Juggernaut tenía sentidos exquisitamente refinados. Esta habilidad inmunológica era un regalo de su madre, el Calabozo, para permitirle exterminar virus extraños. Era capaz de rastrear rápidamente a cualquier Aventurero en el mismo Piso. Esta era una de las razones por las que el “banquete de la calamidad” se había desarrollado con tanta velocidad en el 27° Piso.
Aquí, en el 37° Piso, sabía dónde estaban Bell y Ryuu. La razón por la que eligió esperar en la Zona de la Bestia fue porque no le gustaban los pasillos más estrechos y no quería arriesgarse a dejar escapar a su presa.
El Juggernaut—él—también sabía que Bell y Ryuu todavía estaban vivos.
Los aplastaría cuando salieran por la salida pensando que había desaparecido. Este era el plan que había inventado con su instinto de cazador. Con una velocidad desproporcionada a su gran tamaño, corrió hacia una habitación grande adyacente a la ruta principal. Había cuatro entradas en la habitación, y se colocó sobre la que conducía al pasillo al que su presa había huido.
Todavía sentía vida adentro. Desde su posición, podría enviar estacas a través de las paredes a donde estaban, lo que significaba que podría hacerlos salir. Exhaló un aliento cálido y miró por el pasillo con sus ojos rojos.
-- —<¡Firebolt!>
Al instante siguiente, un rayo de llamas surgió de la oscuridad.
¡¡…!!
Saltó hacia atrás, su articulación inversa izquierda crujió. Los rayos de llamas surgieron del pasillo y tallaron un camino de fuego furioso hacia el centro de la habitación.
Lentamente, el chico avanzo por ese camino de llamas.
Arrastrando remolinos de chispas, con su cabello blanco balanceándose, apareció el Aventurero.
Se detuvo lo suficientemente cerca como para que el Juggernaut lo alcanzara de un salto. Entonces el Juggernaut dejó escapar un grito de guerra y se lanzó hacia adelante.
———
En medio de su embestida, se congeló. La presa levantó la vista y sonrió.
Una oscura y fugaz sonrisa.
Ese cuerpo tan maltratado que era difícil encontrar un lugar sin una herida mostraba una sonrisa que parecía lista para desvanecerse en cualquier momento.
La sombra de la muerte estaba sobre el chico.
El dios de la muerte se había acercado y le había dado su regalo al chico. En otras palabras, el fin prometido.
La victoria o la derrota le importaban poco a la presa ante el Juggernaut. Incluso si él, el monstruo, no diera el golpe final, este humano—
—¡¡OOOOOOOOOOOOOO!!
Pero no importaba.
Incluso si el chico estuviera destinado a morir de todos modos, lo mataría con toda su fuerza. La guadaña de la Parca no le quitaría la vida a la presa—sino sus propias garras de destrucción. Lanzaría todo lo que tenía contra ese humano.
Esa era la razón de ser del Juggernaut ahora que estaba libre del Calabozo.
--…Acabare contigo.
Pero el chico tampoco abrazaría una muerte sin sentido con los brazos abiertos.
--Volveré a la Superficie… con Ryuu-san…
Si no ganaba—si no volvía con ella—ella moriría. Entonces tenía que ganar. No podía perder.
Desenvainando su Daga negro azabache, su pecho estaba lleno de sentimientos no expresados. El monstruo no entendió ni sus palabras ni sus sentimientos.
Lo que entendió fue su voluntad.
El chico tenía la intención de matarlo. Intentaría vencerlo.
Convertiría el Juggernaut en una llama blanca y lo quemaría hasta cenizas. El pecho del monstruo se estremeció.
Un monstruo de la calamidad que extendía masacre mecánicamente donde quiera que fuera no debería haber sentido esa emoción.
Alegría.
El Juggernaut dio gracias por haber conocido a ese humano.
Se conmovió profundamente por el hecho de que este hombre se estaba ofreciendo.
--Hagámoslo.
El monstruo dio la bienvenida a las palabras del chico con un rugido de alegría que dividió los cielos.
× × ×
Cuando Ryuu despertó, estaba sentada en la oscuridad. Era una oscuridad familiar.
Esa era la oscuridad que la había atormentado durante los últimos cinco años. Ese era el límite entre la vida y la muerte donde se había estancado.
Nadie estaba a su lado. Esa persona se había ido. Sintió que era una pena.
No sabía por qué. No podía recordar nada. Pero sus manos frías le parecían tristes. De repente, la luz atravesó la oscuridad.
Más allá de la luz, vio a sus irremplazables compañeras. La <Familia Astrea>.
Alise, Kaguya, Lyra y todas las demás estaban de espaldas a ella.
Sin importar cómo gritara, no se girarían hacia ella. Ryuu lo sabía. El abismo entre ella en la oscuridad y ellas en la orilla opuesta de la luz era demasiado amplio.
De repente, se dio cuenta de que podía caminar hacia adelante.
Podía salir de la oscuridad. Podía caminar hacia la fuente de la luz, hacia el lugar donde estaban las compañeras que tanto deseaba.
Se llenó de alegría.
Sin importar cuánto las llamaba o cuán amargamente llorara, nunca se giraban hacia ella. Pero si Ryuu caminaba hacia ellas, la recibirían.
Al principio estarían enojadas. Kaguya la regañaría y Lyra podría tirar duramente de su oreja. Maryu y las demás probablemente la empujarían. Alise definitivamente metería su dedo en el aire y le daría un sermón a medias.
Y luego, estaba segura, estallarían en sonrisas.
Todas se reunirían para darle la bienvenida y alabarla por cómo se había esforzado durante estos cinco años. Le pasarían los brazos por los hombros y le acariciarían la cabeza.
Su deseo finalmente sería concedido. Sus pecados finalmente serían expiados. Finalmente podría morir.
Ryuu comenzó a caminar hacia la luz, buscando la salvación. Un paso, dos pasos, tres pasos.
Pasó el límite de la oscuridad. Solo un poco más lejos hasta que llegara a la orilla distante—
No puedes.
En ese mismo momento, una de las formas que nunca antes se había girado hacia ella finalmente mostró su rostro.
-- ——
El cabello rojo se balanceó y los ojos verdes perforaron a Ryuu. Había estado buscando la luz, pero ahora sus pies se detuvieron. Lyon, no puedes venir aquí. No te dejaremos.
Las cejas se alzaron en plano rechazo.
Los labios que siempre fueron tan justos la negaron.
Alise habló como si estuviera tratando de hacer que Ryuu se diera cuenta de algo.
No debes huir.
La mirada de Alise pasó de Ryuu hacia la oscuridad más allá.
El horrible rugido del monstruo golpeó la espalda de Ryuu. Era el mismo rugido de desesperación que la aterrorizó, le robó la máscara de viento y la convirtió en una miserable Elfa.
Pero dentro de ese rugido espeluznante estaba el sonido de resistencia—un valiente grito de guerra como llamas furiosas.
¡Si vienes aquí, te arrepentirás!
La poderosa voz de Alise hizo temblar las manos de Ryuu.
Finalmente era capaz de ir más allá de la luz a donde tanto había deseado ir, pero ahora estaba comenzando a cuestionar su decisión.
Su reseco corazón que anhelaba a sus amigas estaba compitiendo ferozmente con el loco deseo de buscar ese grito de batalla de fuego.
--No puedo hacerlo más…
La voz de Ryuu era tranquila ahora. Para detener la batalla en su corazón, para renunciar a todo, habló con la voz sincera de su corazón.
--Simplemente no puedo, Alise… ya no puedo luchar. No puedo resistir el pasado.
El Juggernaut. Era el comienzo de todo, la fuente de toda desgracia. Un símbolo del pasado que atormentaba a Ryuu. Sabía que, si volvía a la oscuridad, la dura realidad la esperaba. La aterrorizaba. Estaba paralizada por su miedo a enfrentar el pasado.
Ryuu dejó escapar un miserable gemido y bajó la cabeza.
Mentirosa.
Pero Alise respondió con una sola palabra.
-- ——
Ryuu abrió sus ojos azul cielo y levanto la mirada. El rostro de su amiga estaba delante de ella, con su mirada firme atravesándola.
Afirmas que perdiste la justicia.
Alise no explicó nada. No amonestó a Ryuu. No la guio. Simplemente le presentó la verdad.
Sus palabras sacudieron a Ryuu hasta el centro, enviando ondas en su corazón.
¡La justicia sigue viva dentro de ti!
¿Qué era la “justicia”? ¿Qué era “correcto”?
Ryuu nunca lo había sabido. Nunca había podido encontrar una respuesta.
Todo lo que sabía era que Astrea le había dicho que se olvidara de la justicia. Asumió que había perdido todo el derecho.
Pero Bell le había dicho algo diferente.
Él había dicho que todavía tenía justicia dentro de ella. Ahora Alise también estaba confirmando la justicia de Ryuu.
Las palabras del chico y la chica se unieron en su mente para que finalmente entendiera su significado.
¡Tú justicia—tu esperanza aún no ha muerto!
Eso era cierto.
La justicia que Ryuu había estado buscando desde el día en que murieron sus compañeras era la esperanza.
Cuando Seal la salvó, decidió vivir para asegurarse de que la justicia de sus compañeras se había cumplido. Quería creer que lo que la <Familia Astrea> le había legado se conectaría con la esperanza. Quería creer que traería orden y paz a Orario y sonrisas a los rostros de su gente. Ryuu había estado persiguiendo esa visión desde el día en que murieron.
Era como Bell había dicho:
Ryuu les había traído ayuda, salvación y esperanza.
Las acciones de Ryuu habían llevado a la esperanza de alguien. Eso es lo que Bell había estado diciendo todo el tiempo.
No existía la justicia universal. Pero esta era la justicia de Ryuu.
Una esperanza que iluminaba el futuro, no el pasado.
Finalmente, finalmente, Ryuu se dio cuenta de lo que significaba la justicia que vivía dentro de ella.
Mientras lo hacía, las otras miembros de la <Familia Astrea> se giraron hacia ella, como para festejar el cambio en su corazón.
Ve.
Junto a Alise, Kaguya empujó a Ryuu hacia la oscuridad.
¡No huyas!
Lyra sonrió con malicia, con sus manos entrelazadas detrás de su cabeza.
Haz tu mejor esfuerzo.
¡Golpéalos!
Cada una de las miembros de su <Familia> tenía sus propias palabras de aliento para Ryuu. Incapaz de soportar sus palabras y miradas amables, Ryuu frunció el ceño y les gritó.
--¡Yo… he querido disculparme por tanto tiempo! ¡Quería pedirles perdón a todas! Por fin pronunció las palabras que pesaban en su mente.
Este era el verdadero deseo que había albergado desde el día en que perdió todo.
--Me quedé parada y observé mientras morían, y no hice nada. ¡Quería que me juzgaran! ¡Quería que me culparan, me maldijeran y me condenaran!
En la orilla lejana de la luz, ni Kaguya ni ninguna de los otras hablaron una palabra. Simplemente la miraron amablemente como diciendo, ¡Pero lo sabías!
Sí, ella lo sabía.
Sabía que no la culparían.
Solo Ryuu no podía perdonarse a sí misma. No podía aceptar su pasado.
Al pensar en ello como un crimen, estaba tratando de castigarse a sí misma para poder dejar de sufrir. Los puños de Ryuu se relajaron y colgaron flácidos a sus costados.
¡Lyon!
La voz de la chica que tanto amaba sonó alta y clara.
¿Qué significa la justicia para ti?
La garganta de Ryuu se estremeció.
Antes de darse cuenta, estaba llorando incontrolablemente.
Reprimiendo desesperadamente sus lamentos, respondió con su verdadero deseo.
--Quiero… salvarlo…
No la suave luz en la orilla lejana, sino las profundidades de la oscuridad donde la crueldad la esperaba. No al lado de Alise y las demás, sino al lado del chico que estaba vivo ahora.
--¡Quiero volver al bar con él… a donde está Seal!
No al pasado donde estaba su <Familia>, sino al futuro. Alise sonrió.
Su sonrisa era como el sol diciéndole que lo había hecho bien.
¡Lyon, no debes huir! ¡No debes dejarlo ir!
Ryuu sonrió.
Lágrimas rodaron por sus mejillas.
No había tristeza en sus sollozos, ni oscuridad.
Les dio la espalda a sus compañeras y caminó hacia la oscuridad.
Nos veremos otro día, Lyon.
Sus palabras la enviaron suavemente en su camino. Ella iría y volvería algún día.
Las amaba, mis queridas amigas.
× × ×
-- —¡¡…!!
Ryuu abrió los ojos.
Las primeras sensaciones que sintió fueron un dolor ardiente y un letargo aplastante. Luego la soledad de haberse quedado sola. La calidez que la había envuelto se había ido.
Bell había desaparecido. En su lugar, en la oscuridad al final del pasillo, había una feroz canción de batalla. Bell no se había rendido en lo más mínimo.
Estaba pensando en Ryuu y tratando de cumplir sus esperanzas. No quería que se perdiera su justicia.
--¡Bell…!
Ryuu juntó su fuerza e hizo un puño. Sabía lo que tenía que hacer.
La visión se había ido. La alucinación había desaparecido. Alise y las demás no se encontraban en ninguna parte.
Quizás todo lo que había visto en la orilla lejana de la luz no era más que una ilusión que se adaptaba a su propia fantasía.
Aun así, le habían enseñado algo.
La justicia estaba viva dentro de ella.
No debía tirarla a un lado. Debía buscar la esperanza.
Ryuu plantó sus temblorosas manos en el suelo y se despegó del suelo.
--¡¡Aaaaaa…!!
En el charco de sangre, dejo escapar un grito de recién nacido.
Rompió con su yo que se había acurrucado a la sombra de sus compañeras fallecidas, encarcelada por el pasado, y dio a luz a una nueva yo.
Tenía que enfrentarlo.
Tenía que enfrentar ese pasado del que se había escondido por tanto tiempo. Tenía que luchar.
Tenía que luchar contra el símbolo de su pasado que había temido todos estos años. El Juggernaut—el monstruo de la calamidad—era su pasado personificado.
Si quería un futuro, tenía que superar ese pasado.
Si estaba decidida a no perder a nadie más y revivir su justicia y esperanza, entonces no tenía otra opción.
--¡¡Aaaaaaa!! Se levantó.
Tomó un arma del charco de sangre—la espada de hueso de un Spartoi—y la clavó en el suelo.
Alejando el dolor, dio un paso adelante. Ese paso dio a luz a otro paso más fuerte. Invocó la fuerza para seguir adelante.
Ignorando su cuerpo gritando, Ryuu caminó por el oscuro pasillo. Caminó hacia la canción de batalla.
Hacia el lugar donde resonaban los rugidos del monstruo y los gritos de guerra de un humano.
Debajo de la fosforescencia que iluminaba la oscuridad, Ryuu se arrojó hacia el lugar donde esperaban la calamidad y la crueldad.
-- ———
¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Más allá del pasillo, una lucha a muerte estaba en marcha.
En el centro de la habitación, el monstruo y el humano se enfrentaban, con la intención de matarse el uno al otro. Bell estaba cruzando espadas con el Juggernaut. ¿De dónde venía esa fuerza? Era como si literalmente estuviera vertiendo los últimos restos de su vida en su batalla.
Había llevado al monstruo a una competencia de fuerza pura.
Con la reluciente Daga blanca en su mano derecha, se defendía de cada estaca que el monstruo le disparaba mientras rebotaban implacablemente en las paredes, el piso y el techo.
Las estacas del enemigo eran más lentas que un Iguazu. Por supuesto, eso significaba que podía contrarrestarlas. Se había enfrentado a una tormenta de esas golondrinas asesinas antes, y ahora <Hakugen> derribaba el aluvión de malvadas estacas sin fallar una sola.
Cuando el Juggernaut, con sus rugidos odiosamente alegres, pasó al combate cuerpo a cuerpo, Bell lo cambió por la <Daga Hestia>. Era un arma de alta velocidad con doble filo. Alternando entre la cuchilla negro azabache y la blanca brillante en su mano derecha, Bell contrarresto con éxito la estrategia de golpear y correr del monstruo. Incluso encontró tiempo para cortarle la cola y cortar algunas de las escamas de Hombre Lagarto.
Había un patrón regular en los saltos de su enemigo ahora que no podía moverse con total libertad. Con sus instintos de Aventurero, Bell registró la relación entre el ángulo en el que aterrizaba y el tiempo necesario para prepararse para su próximo salto, y al hacerlo logró resistir los salvajes ataques.
Decidido a usar su pérdida anterior como base para la victoria esta vez, Bell rugió y lanzó un contraataque.
La Daga y las garras brillaban de color azul violáceo, dibujando incontables arcos a través del aire. Chispas se arremolinaban en medio del ruido ensordecedor. Era un baile circular de luz chocando ferozmente.
Para Ryuu, parecía una fuerza vital pura lanzada contra otra.
-- —¡…! ¿¡Ryuu-san!?
Bell había notado su presencia.
Al mismo tiempo, el Juggernaut se dio la vuelta y la miró directamente. Su pecho se estremeció. No podía ocultarlo. Su trauma crujió de miedo.
Pero ahora había algo que la asustaba más que tener sus heridas pasadas abiertas de nuevo. Esa era la posibilidad de perder una vez más algo irremplazable.
Por un breve segundo de tiempo concentrado, su corazón estaba tranquilo. A esta quietud perfecta le siguió una tempestuosa tempestad.
Ese era el viento de su voluntad que la impulsaba hacia adelante.
-- —¡¡…!!
Ryuu se inclinó hacia delante y salió corriendo.
Pateó el suelo, bailó por los aires y le dio un tremendo golpe al asombrado Juggernaut.
Hundió la espada de hueso blanco en el brazo derecho levantado del monstruo, por encima de su armadura protectora.
--¡Bell! Yo… no puedo ser la Elfa del lago.
Arrojada a un lado por el antebrazo de su enemigo, golpeó el suelo rodando y le gritó al aturdido Bell. Ya que le gustaban los cuentos de Héroes, estaba segura de que estaba familiarizado con el que ella había mencionado.
Los Elfos respetaban mucho la historia. Las jóvenes Elfas soñaban con vivir esa historia. Pero Ryuu la estaba rechazando.
Bell la miró fijamente.
--¡No permitiré que los que me importan me protejan mientras me siento y no hago nada! ¡No te dejaré entrar solo en las fauces de la muerte!
Bell sonrió cuando sus fuertes palabras lo alcanzaron. Asintió hacia ella con su cabeza ensangrentada y llena de cicatrices. El <Texto Sagrado> en la <Daga Hestia> sostenida en su mano pulsaban con luz, como si ardiera con una renovada pasión por luchar.
Parados lado a lado, el humano y la Elfa lanzaron su contraataque.
¡¡OOOOOOOOOOOOO!!
El Juggernaut estaba loco de ira.
Estaba terriblemente molesto porque su batalla a muerte con Bell había sido echada a perder.
El reloj seguía corriendo para este monstruo que había incorporado tantos de su propia especie y ahora llevaba su “armadura de persistencia” antinatural. Había decidido verter cada último segundo restante de su vida en la batalla contra ese hombre. Absolutamente debía matar al chico de cabello blanco.
Ese ser inútil estaba interfiriendo con su razón de existir a pesar de ser nada más que una distracción. Al capricho de su ira, el Juggernaut se preparó para aplastar al insecto ofensivo.
--¡¡…!!
¡…!
Pero Ryuu lo esquivó. Y eso no fue todo; se defendió.
Sus movimientos eran incomparables a los de unos momentos antes. Era difícil de creer que vinieran de la misma Aventurera. Sangre todavía fluía de su brazo derecho y pierna derecha, y de hecho de todo su cuerpo. Estaba herida de pies a cabeza, pero aun así había encontrado el coraje para enfrentar su pasado, su trauma.
<Tempestad> había vuelto a su sobresaliente antiguo yo. Más que eso, estaba decidida a superar sus límites pasados.
La belleza con la que luchaba la separó de la chusma que el Juggernaut había matado hasta ahora.
--¡¡Acabaré contigo!!
Gritó las mismas palabras que el chico de cabello blanco, con la misma mirada en los ojos y la misma voluntad.
El Juggernaut había reconocido esto antes. Como el chico, valía la pena cazar a la Elfa. Valía la pena entregarse en cuerpo y alma a la masacre.
Por lo tanto, los mataría a los dos juntos.
El Juggernaut lanzó un temible grito de batalla y dedicó cada onza de su ser a asesinarlos.
--¡Ahhh…!
El ataque acelerado que consistía en una serie de saltos y una tormenta de estacas llevó a Bell al límite.
Habían pasado cinco minutos desde que comenzó la batalla. Pero en su estado hecho jirones, no habría sido sorprendente que Bell o Ryuu perdieran el equilibrio en cualquier momento. Sus cuerpos estaban mucho más allá de su capacidad. Cuando las llamas de sus vidas se apagarán, el viaje terminaría. Aunque el Juggernaut estaba pagando por su transformación en una quimera a través del rechazo de partes del cuerpo, la fuerza física de este monstruo no estándar excedía la de los Aventureros. Cuando el juego de espera terminara, los destruiría.
Cuando Bell luchaba solo, había estado constantemente atento a la oportunidad de asestar su golpe mortal. El Juggernaut, sin embargo, pareció darse cuenta de eso. La evidencia radicaba en el hecho de que, si bien todavía usaba sus garras, las estacas eran ahora su arma principal.
En la etapa actual de la batalla, no había tal cosa como un golpe decisivo.
--<Cielo distante por encima del bosque. Estrellas sin límites fijadas en una noche eterna.> En este contexto, Ryuu comenzó a Cantar.
--¡…!
¡…!
Tanto Bell como el Juggernaut tuvieron la misma reacción hacia la Elfa cuando comenzó a Cantar en medio de correr y oscilar su espada.
<Canto Concurrente.>
Al realizar ataques, movimientos, evasión y Canto al mismo tiempo, el usuario creaba el momento necesario para un golpe letal.
--<Escucha mi débil voz y otorga la protección de la luz estelar.> También era una canción de arrepentimiento.
Ryuu había Cantado la misma canción cuando permitió que Alise y las demás la protegieran sin salvarlas a cambio. Sucumbiendo a la desesperación y al terror, se había congelado, capaz de mover solo sus labios.
--<Otorga la luz de la piedad sobre los que te han abandonado.> Ahora Cantaba esa detestable canción mientras luchaba.
Estaba decidida a no perder lo que más le importaba. Esta vez, no solo sería protegida, sino que protegería a cambio.
--… ¡…!
Bell sintió la intención detrás de sus acciones, así como su significado estratégico.
La eliminación del caparazón del Juggernaut.
El caparazón que aún permanecía en el lado izquierdo de su cuerpo estaba dotado no solo de reflejo mágico, sino también con el cuerpo de piedra de los Soldados de Obsidiana que había incorporado. El <Viento Luminoso> de Ryuu no podía dar un golpe mortal mientras su enemigo usara esta armadura pedregosa capaz de reducir la fuerza de la Magia. Y no le quedaba la fuerza mental para dos ataques.
… ¡…!
El Juggernaut interpretó la velocidad vertiginosa del Canto de Ryuu como una amenaza. Dado el estado comprometido de su armadura, había una pequeña posibilidad de que el ataque diera en el blanco. Había una pequeña posibilidad de que esto pudiera abrir la puerta a la derrota. Por lo tanto, el Juggernaut estaba decidido a destruir a Ryuu primero, antes de que su Magia reuniera toda su fuerza.
-- —<¡Firebolt!>
Bell disparó un rayo de fuego—no al monstruo, sino a su propia Daga negra.
¡…!
El rayo de fuego convergió en la cuchilla, seguido inmediatamente por el sonido de una campanilla. Se estaba preparando para activar <Argo Vesta>. Estaba invocando la fuerza que le quedaba por cargar por última vez.
El Juggernaut no pudo evitar reaccionar ante ese presagio que señalaba el mismo ataque que había arrancado su brazo derecho. No había forma de que pudiera ignorar el golpe letal que casi lo había matado.
Eso era a lo que Bell había estado apuntando.
Frente al monstruo había un humano realizando una <Carga Concurrente>; detrás de él había una Elfa Cantando mientras corría. El que estaba delante era claramente un señuelo, pero no podía ignorarlo. Su atención se dividió, el Juggernaut dejó de moverse por un segundo.
--<Ven, viento de los vientos, errante viajero de las edades.> Detrás del monstruo, Ryuu gritó su Canto.
Frente a él, Bell cargaba hacia adelante con su Daga en llamas.
Su plan era despojar al Juggernaut de su caparazón y luego explotarlo con Magia. El monstruo de la calamidad reaccionó golpeando su brazo derecho contra el suelo.
—¡¡…!!
Estacas estallaron desde abajo—pero no solo en un lugar. Formaron un círculo que medía diez metros en radio alrededor de los Aventureros.
--¡¡Mierda!!
--¡Ahh!
Al enviar las estacas de hueso bajo tierra, el monstruo había logrado atacar a Ryuu y Bell al mismo tiempo. La montaña de estacas se elevó con el monstruo en el centro, hiriendo a ambos Aventureros. El hombro de Ryuu fue desgarrado y al muslo de Bell se le arrancó un trozo de carne. Con un golpe, el Juggernaut había reducido la vida de ambos. Tenía la intención de acabar con ellos ensartándolos en otro lote de estacas.
--<A traves de los cielos, a traves de los campos—>
Pero Ryuu no dejó de Cantar. Con un espíritu indomable, mantuvo el control sobre su Magia y aprovechó la oportunidad de la victoria.
Debido a que ella lo hizo, Bell también lo hizo.
Incluso cuando sangre se derramaba de su boca, entrecerró los ojos y golpeó el suelo con su mano derecha.
--<¡¡Argo Vesta!!>
Había cargado durante siete segundos.
El golpe mortal no estaba dirigido al Juggernaut en sí, sino a las estacas que atravesaban la tierra.
¿¡…!?
El suelo explotó con un rugido atronador mientras las reverberaciones sacudían al mundo ante los ojos del Juggernaut. La llamarada subterránea hizo estallar cada una de las estacas en polvo. El suministro de estacas había sido cortado.
Sin embargo, eso no fue todo. El poder y el impacto del fuego sagrado se transmitieron a través de las estacas al brazo derecho del Juggernaut. La extremidad hecha de los cuerpos de innumerables monstruos se hizo añicos.
¿¡——————!?
El Juggernaut gritó cuando su brazo derecho explotó de adentro hacia afuera. Cuando <Argo Vesta> lanzó grietas por el suelo y toda la habitación tembló, el monstruo tropezó. Por un momento, bajó la guardia.
Bell no dejó pasar la oportunidad. Se precipitó hacia adelante.
Sin fuerza restante para sostener firmemente su arma, la <Daga Hestia> giró en el aire. En cambio, cerró la mano en un puño, con la intención de sumergirse en el pecho del monstruo.
--¡Maldición—!
Pero llegó demasiado tarde.
Usar <Argonaut> para realizar su última <Carga Concurrente> le había robado la fuerza mental y física que le quedaba. A pesar de que maldijo sus rodillas colapsando e intento embestirlo, la amenaza no era rival para un monstruo especializado en agilidad. En el momento final, los límites del cuerpo físico de Bell lo traicionaron.
Habiéndose recuperado del daño infligido en él, el Juggernaut giró sus ojos rojos indignados hacia Bell.
No anticipó problemas para interceptar al conejo harapiento lanzándose hacia su pecho. Levantó el brazo izquierdo, blandiendo sus seis garras de color azul violáceo.
Levantadas en un ángulo por encima de su cabeza, las garras de la destrucción sin duda tenían la intención de acabar con Bell ensartándolo. Sin duda, colorearían el mundo de rojo cuando perforaran su pecho y salieran por su espalda. Tal como Bell imaginó que lo harían. Al igual que el ataque que había robado a las amigas de Ryuu cinco años antes.
-- —¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
Recuperando su equilibrio por el daño de las estacas y el impacto del ataque de Bell, Ryuu rugió.
Para superar la tragedia que había sido grabado en sus ojos, se convirtió en el viento y voló por el espacio. Pateó su pie izquierdo contra el suelo y atravesó el aire como un destello de luz arqueándose hacia el monstruo.
Acercándose desde un lado, se elevó directamente hacia su brazo izquierdo levantado.
¿¡…!?
Con Kodachi Futaba ya desenvainadas, usó sus Espadas Cortas para diseccionar las garras de la destrucción. Las cuchillas cortaron las articulaciones de su muñeca y dedos.
El tiempo se detuvo para el Juggernaut cuando se dio cuenta de que Ryuu acababa de robar su arma más poderosa, esas garras tan afiladas que podrían confundirse con colmillos.
Si tan solo hubiera hecho lo mismo ese día—
Dentro del aún inmóvil tiempo, recuerdos del pasado surgieron en la mente de Ryuu.
Nuevamente vio a Alise, con su espalda perforada por esas garras que había recibido para proteger a Ryuu. Si tan solo Ryuu se hubiera puesto de pie.
Si tan solo hubiera luchado junto a ellas como estaba luchando ahora.
—¡Ella no habría sido asesinada!
El pesar y el dolor quemaron su cuerpo mientras su corazón dejaba escapar un grito que le atravesó el pecho. Sabía que no podía traer de vuelta el pasado.
Aun así, miró hacia atrás en ese momento cuando había sido salvada y gritó con un corazón lleno de cientos de emociones diferentes.
Todo esto mientras pasaba más allá del aturdido Juggernaut.
—¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Al siguiente instante, Bell se precipitó hacia el Juggernaut.
El apoyo de Ryuu le había permitido dar el salto final hacia el pecho del monstruo.
El enorme monstruo se congeló cuando el espacio entre Bell y él desapareció y el puño derecho del chico golpeó su lado derecho.
--<¡FIREBOOOOOOOOOOOOOOOOLT!>
El grito llegó un instante después. La Magia de Lanzamiento Rápido explotó en su cuerpo. Solo hubo un disparo.
Pero un disparo era suficiente.
Los restos finales de la Magia de Bell atravesaron el cuerpo pobremente defendido del Juggernaut, explotándolo despiadadamente desde el interior.
¿¡…!?
El cascarón restante en su lado izquierdo salió volando de su cuerpo cuando el rayo de fuego detonó. La armadura del Soldado de Obsidiana también se hizo añicos en el suelo en un remolino de chispas.
Un solo <Firebolt> débil no tenía la fuerza para derribar el Juggernaut por completo. Sin una Piedra Mágica para ser destruida, el monstruo único permaneció de pie. Sin embargo, la forma masiva ahora estaba completamente desnuda y sin armadura.
-- —<Más rápido que cualquiera, más lejos que todos.>
Se escuchó la canción de la Elfa, una hermosa melodía de viento.
Desde la perspectiva del Juggernaut, ella estaba sobre su lado derecho. Habiendo robado sus garras, ahora yacía en el suelo con ambas piernas pisando firmemente.
Empujó su mano derecha hacia el Juggernaut congelado y se preparó para lanzar un torrente de Magia.
--<Luz de polvo de estrellas, desgarra a mi enemigo en pedazos.> Esa era la última línea, la que anunciaba la finalización del hechizo.
Bell había sido arrojado hacia atrás por su propio ataque. El asombro llenó los ojos rojos del monstruo. Ryuu disparó.
--<¡Viento luminoso!> La Magia fue activada.
Enormes orbes de luz envueltos en viento verde se materializaron. Cuarenta y siete de ellos.
El ataque mágico en el que había vertido cada gota de su fuerza mental había comenzado.
¡¡———————!!
La corriente de orbes de luz voló hacia el monstruo. No había escapatoria de esa tormenta de destrucción. Sin embargo, el Juggernaut escapó.
--¿¡Qué!?
Bell lo miraba incrédulo.
El monstruo había saltado con tal poder que parecía que su rodilla derecha se rompería al doblarse. Los orbes de luz se tragaron su cola y volaron su pierna derecha desde la espinilla hacia abajo, pero aun así voló a traves del aire.
Habiendo perdido su objetivo, la tormenta de orbes brillantes pasó por encima de Bell mientras gritaba de frustración y choco contra la pared de la habitación.
El monstruo había evadido el golpe letal de Ryuu.
Bell hizo una mueca mientras las reverberaciones sacudían el aire. Pero no Ryuu.
--Conozco tu velocidad mejor que nadie en el mundo.
Había mantenido diez de los cuarenta y siete orbes a su lado. Había predicho esto.
Había adivinado que el monstruo de la calamidad probablemente evadiría incluso la Magia más poderosa lanzada en el momento ideal.
Incluso con el sacrificio de su amiga más cercana, no había podido eliminar completamente al Juggernaut anterior. Había mirado la situación actual con un realismo imperturbable y anticipó por completo la capacidad del monstruo para evadir su ataque.
Desde su posición en la pared más alejada de la habitación, el Juggernaut miraba junto con Bell debajo de él las diez esferas brillantes.
Diez.
Ese era un número especial para Ryuu.
El número de irremplazables compañeras de batalla que había perdido.
Estos orbes, más grandes que todos los demás que había producido, flotaban alrededor de su espalda.
-- —Vamos.
Con eso, se lanzó hacia adelante.
¿¡…!?
No disparó los orbes que había mantenido en reserva, sino que los empujó hacia adelante con ella hacia el Juggernaut.
Este no será un ataque de largo o medio alcance.
Justo antes de que Bell usara <Argo Vesta> en el 27° Piso, el monstruo había saltado al aire. Si Bell no hubiera usado la <Bufanda de Goliat> para tirar de él, su golpe no habría dado en el blanco. Del mismo modo, si Ryuu no lanzara su ataque desde muy cerca, el Juggernaut no sería destruido.
Ryuu había aprendido de sus repetidas batallas contra el Juggernaut, y eligió un “ataque de rango cero”.
Aunque no podía acelerar tan rápido como le hubiera gustado porque una estaca le había herido el muslo, saltó hacia adelante con un grito.
--¡Noin, Neze!
Como si respondieran a los nombres, dos de los orbes brillantes explotaron en las suelas de las botas de Ryuu.
--¿¡Huh!?
El sonido de la luz se deslizó en los oídos de Bell mientras Ryuu aceleraba con una velocidad explosiva. Los orbes de luz envueltos por el viento le habían dado un increíble impulso hacia adelante. Ryuu se convirtió en un viento huracanado que cortó a través del aire tan rápido que dejó al tembloroso Bell y al asombrado Juggernaut en el polvo. Como si se estuviera lanzando desde los dos orbes de luz, se precipito hacia el monstruo.
¿¡…!?
El Juggernaut se apresuró a empujar su brazo derecho, que ahora le faltaba la mitad inferior, hacia la Elfa voladora.
Una descarga de estacas surgió de la articulación entre su brazo y su cuerpo.
--¡Asta, Lyana!
Ryuu una vez más grito los nombres de sus compañeras y disparó dos grandes orbes de luz. Uno fue liberado desde su costado y aterrizó sobre su brazo izquierdo, que sostuvo cerca de ella, cambiando así su curso en medio del aire.
¿¡…!?
Se giró casi en ángulo recto, evadiendo la lluvia de estacas en el momento justo.
Inmediatamente, la segunda esfera brillante explotó en la suela de su zapato derecho, y una vez más voló hacia adelante.
El arco que dibujó en el aire era como un rayo.
Cuando el espacio entre Ryuu y el Juggernaut se desvaneció casi instantáneamente, el monstruo pateó la pared con el pie izquierdo en un intento de escapar.
--¡¡No escaparas!!
Ella siguió.
Ignorando el viento de frente y la ley de la inercia por igual, giró su cuerpo crujiente por pura fuerza de voluntad, aterrizó en la pared donde el monstruo había estado un segundo antes y volvió a volar.
La mirada del Juggernaut vaciló mientras miraba la forma rugiendo hacia él. Estaba usando su Magia como nunca antes para moverse a través del aire.
Su salto de alta velocidad había vencido al asombrado Juggernaut en su propio juego.
Por supuesto, su imprudente estrategia de transformar su Magia en fuerza propulsora probablemente no carecería de consecuencias. Los tacones de sus botas se desprendieron, dejando al descubierto las ardientes suelas rojas de sus pies. El brazo izquierdo en el que había lanzado un orbe para cambiar de dirección también estaba fracturado.
Sin embargo, su cuerpo no estaba roto.
Podría tomar todas las habilidades que tenía para resistir su poder maligno, pero no se permitiría morir hasta que matara a ese monstruo.
Se disparó a sí misma con su propia Magia, haciendo que su carne humeara y su piel ardiera, y aun así el “vuelo de la Elfa” continuó.
—Amigas mías, denme fuerzas.
Junto con su <Familia>, mataría a su enemigo.
¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Percibiendo correctamente la intención de Ryuu, el Juggernaut dejó escapar un estruendoso rugido. Lanzando la precaución al viento, disparó todas sus estacas restantes.
Habiendo perdido gran parte de su movilidad, estaba tratando desesperadamente de evitar que la Elfa se acercara.
--¡Celty, Iska, Maryu!
Como si le estuvieran prestando una mano, los tres orbes cuyos nombres habían sido llamados redirigieron a Ryuu diagonalmente y aplastaron las estacas que se precipitaban hacia ella.
Mientras Ryuu volaba por el aire sacudida por la poderosa presión del viento, vio los rostros de sus compañeras de batalla.
Sus diez hermanas en la justicia volaban a su lado, alzando sus voces con ella en un grito de batalla. Era una alucinación. Un mero engaño sentimental.
Un espejismo para satisfacer sus caprichos. Ella lo sabía.
Y entonces transformó esa visión en la fuerza que la impulsó hacia adelante.
-- —¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
El rugido de la Elfa sacudió el aire.
Curiosamente, esa era un combate aéreo entre dos oponentes sin alas.
Como arrastrado hacia arriba por esa escena que se desplegaba como polvo de estrellas cruzando el cielo nocturno, Bell se puso de pie. Con los ojos muy abiertos, era como un animal incapaz de hacer más que mirar las estrellas en los cielos.
El vio:
El rastro de la Elfa mientras danzaba por el aire guiada por diez orbes de luz.
Con su larga capa ondeando como alas extendidas, realmente era una visión de las alas de la justicia. La espada era la chica misma que se esforzaba por superar al monstruo.
Por fin, esa chica con el nombre de Astrea, la Diosa de la justicia, tallado en su espalda tenía el monstruo de la calamidad en sus manos.
¿¡AAAAAAAAAAAAAA!?
Por extraño que pareciera, todo esto se estaba desarrollando en medio del aire en el centro de la habitación.
Cuando el monstruo levantó su brazo derecho de hueso para interceptar esa persecución que no le había dejado ninguna ruta de escape, Ryuu liberó uno de los tres orbes restantes.
--¡Kaguya!
Como si respondiera al grito de una compañera de armas, el orbe se precipitó hacia adelante como un espadachín lanzando viento cortante.
El orbe pulverizó la última sección restante del brazo del monstruo, su última arma.
———
El impacto de la explosión envió el cuerpo del monstruo a volar por el aire.
Ryuu se elevó muy cerca de él y luego paso más allá de él, bailando sobre su cabeza. En el instante en que su poderoso impulso se desvaneció… su cuerpo giró lentamente, como si el tiempo se hubiera alejado de ese pedazo de aire.
Sus piernas estaban estiradas hacia el cielo, y su cabeza hacia el suelo.
El Juggernaut retorció su cuerpo masivo para mirarla hacia arriba directamente desde debajo de sus ojos.
--Lyra.
Invocó la esfera brillante tranquilamente y esta se acercó a sus pies mientras comenzaba a caer. Era como una hermana mayor empujándola hacia adelante con una sonrisa.
Las lágrimas se juntaron en los ojos de Ryuu, y al momento siguiente el impacto golpeó sus pies. Se convirtió en una estrella fugaz cayendo hacia abajo.
Y, por último—
--Alise.
El último orbe de luz voló a la palma de Ryuu. Había querido ser juzgada.
Había querido la redención.
Había querido morir y unirse a sus amigas. Había tenido miedo de superar el pasado. Había estado aterrorizada de olvidar el pasado.
Si hubiera podido, habría recuperado su pasado y hecho lo correcto. Pero ahora.
Ahora quería el futuro.
Por su bien—
El enorme cuerpo del monstruo se acercaba. Había perdido ambos brazos, pero sus ojos rojos todavía la miraban aturdidos.
Al igual que ella, este símbolo de su pasado estaba maltratado de arriba a abajo. Ryuu sostuvo el orbe de luz en su mano derecha y lo levantó.
Estaba segura de que, en la luz de la hermosa esfera brillante, vio la mano de su amiga encima de la suya. Una lágrima cayó de sus ojos azul cielo mientras hablaba con labios temblorosos.
-- —Adiós.
Adiós a la sombra persistente de sus amigas. Adiós a esos días pasados.
Adiós al pasado que debía superar.
Ryuu se despidió de todo y entonces rugió.
--<¡¡Luvia!!>
Una violenta explosión.
————
La enorme esfera brillante se estrelló contra el pecho del monstruo.
Como si estuviera recibiendo toda la habilidad de la chica que había protegido a Ryuu y la había salvado, floreció en un círculo de luz.
Incapaz de defenderse, sin siquiera un grito moribundo o un rugido de furia o resentimiento, el Juggernaut estalló silenciosamente en pedazos. Una melodía penetrante de luz y viento resonó cuando el cuerpo del monstruo se transformó en innumerables fragmentos.
Ryuu observó cómo los fragmentos que caían se convertían en cenizas como cualquier otro monstruo y luego cerró los ojos, sin energía.
Sus lágrimas se dispersaron en el aire.
--¿¡Ryuu-san!?
Ryuu y los restos del Juggernaut llegaron al centro de la habitación como una lluvia de meteoritos. Mientras las cenizas del monstruo se arremolinaba en una neblina humeante, Bell observaba, incapaz de lanzarse al lado de Ryuu en su estado herido. En cambio, se arrastró lentamente hacia el centro de la habitación y miró el humo púrpura que flotaba en el aire.
--¡Aah…!
Vio una la figura de una Elfa flotando a la distancia. Poco a poco, su silueta se enfocó y la figura salió del humo. Era la maltratada Ryuu.
Ella lo miró a los ojos y curvó sus labios ligeramente. Bell le devolvió la sonrisa aliviado. La habitación estaba completamente inmóvil aparte de los dos.
Habían derrotado la calamidad.
Todavía sonriendo, avanzaron lentamente, como si se estuvieran buscando el uno al otro. Pero antes de que se alcanzaran, Bell tropezó.
Su cuerpo se inclinó hacia adelante. Ryuu hizo lo mismo.
Aunque estaban a solo unos pasos de distancia, sus rodillas se doblaron y con un estruendo cayeron al suelo.
--……
--……
Sangre brotaba de sus cuerpos, que no eran más que heridas andantes. Su respiración era superficial.
Apenas podían sentir sus manos y pies. Apenas podían ver el mundo brumoso.
Estaban lo suficientemente cerca como para que Ryuu colocara su mano derecha sobre la mano derecha de Bell.
Se tumbaron boca abajo en el frío suelo del Calabozo
--… Ganamos, ¿No es asi?
--…Si.
--… Y ahora podemos ir a casa.
--…Si.
Sus voces eran débiles.
No se miraban el uno al otro mientras formaban sonrisas que en realidad no eran sonrisas.
Un futuro en el que regresaban a la superficie se había convertido en nada más que un sueño que compartían, con el límite con la realidad borrosa.
Ningún Aventurero permanecía en esa habitación. Solo había cenizas quemadas.
Eran como pájaros que habían volado al cielo y regresado solo para perder sus alas. Brasas blancas y los vestigios desvaneciéndose de una Elfa.
Eso era todo.
Los aullidos de los monstruos resonaron en la distancia. Como si la quietud que había presidido el monstruo de la calamidad fuera una mentira, la oscuridad retumbo. El golpeteo de innumerables pies entrelazados con rugidos dirigiéndose hacia la habitación donde yacían Bell y Ryuu.
No podían levantarse. No podían mover un músculo. La oscuridad los miraba fijamente.
--…Bell.
--…Si.
--… Yo… a ti…
--……
Ryuu no terminó sus palabras.
La luz se desvaneció de sus ojos mientras miraban a un lado. Como si se fueran a dormir, cerraron los ojos.
Para cuando los monstruos rugientes llegaron a la habitación, sus cuerpos habían dejado de moverse. Sus aventuras habían terminado.
Habían vencido la calamidad, pero habían perdido ante el Calabozo. No habían logrado escapar del laberinto.
Como muchos Aventureros antes que ellos, Ryuu y Bell fueron tragados por la oscuridad de los Pisos Profundos—
-- —, —chi, —¡¡llchi!! O al menos eso parecía.
-- —¡¡Bellchi!!
El torrente de rugidos de monstruos—los rugidos que sonaban exactamente como monstruos comunicándose con compañeros a cierta distancia—se convirtieron en palabras en lenguaje humano.
En la penumbra de su mundo, Bell sintió que una sombra caía sobre su cuerpo. Sus párpados se abrieron cuando su cuerpo fue levantado en los brazos de alguien.
--¡¡Está vivo, está vivo!!
--¡Díganle a los humanos!
Después de una explosión de rugidos alegres, voces familiares resonaron en sus oídos. Bell comprendió que lo habían volteado boca arriba y que un par de ojos lo miraban. Esos mismos ojos redondos color ámbar que había deseado ver por tanto tiempo.
--¡Bell, Bell!
Lágrimas se derramaron de los ojos ámbar y humedecieron las mejillas de Bell. La piedra roja brillante en la frente de la chica brillaba como si también estuviera llorando. Bell trató de quitar las lágrimas de su rostro, solo para recordar que no podía moverse en absoluto. Intentó al menos sonreír, pero también fracasó en eso.
Finalmente, se las arregló para mover los músculos de las mejillas y levantar las comisuras de su boca ligeramente. La chica con ojos color ámbar respondió con una gran sonrisa.
--¡Bell-sama!
--¡¡Bell!!
--¡Ryuu!
--¡Ella está por allí, nya!
Bell podía escuchar otras voces familiares en la distancia. Las voces de sus amigos que los habían encontrado.
El telón había caído en su aventura; habían perdido ante el Calabozo. Pero las esperanzas de Ryuu no habían sido aplastadas.
Ella y Bell no habían perdido la esperanza. En cambio, habían arriesgado la vida para luchar contra el monstruo, y esa batalla había llamado a sus compañeros a su lado. Los lazos de amistad que habían atraído hacia ellos habían vencido al Calabozo.
Moviéndose rápidamente, los monstruos que se habían reunido a su lado se alejaron rápidamente. Sus trabajos estaban terminados, aunque continuarían vigilando a la pareja desde las sombras. Su presencia permaneció cerca, como para susurrar sus palabras tranquilizadoras.
Los únicos dos Xenos que permanecieron con los Aventureros fueron la chica dragón y la Harpía disfrazadas con capuchas y túnicas. La Harpía levantó a Ryuu y la mantuvo cerca.
--… Bell.
--… Si.
Las voces llorosas y alegres de los amigos que habían llamado sus nombres se acercaban. Ryuu miró a Bell a los ojos y sonrió.
--Podemos… ir a casa.
Epílogo - Volverás II
Aún puedes volver.
Alguien me dijo eso una vez. Y tenían razón.
Superé el pasado—y ahora regresé a un lugar donde brilla la luz.
× × ×
--……
Ryuu sintió que las lágrimas se acumulaban debajo de sus párpados. Frunció el ceño, tratando de no dejar que se derramaran.
--¿Dónde estoy…?
Abrió los ojos un poco, pero los cerró de inmediato después de ver una luz cegadora.
Incluso una Linterna de Piedra Mágica era demasiado para esos ojos azul cielo que se habían acostumbrado demasiado a la oscuridad del laberinto. Mientras hacía una mueca, incapaz incluso de parpadear, escuchó una voz sorprendida viniendo inmediatamente desde un lado.
--Ryuu, ¿¡Estás bien!?
Levantó la vista hacia la figura que se inclinaba sobre ella.
La borrosa figura finalmente se enfocó y los colores se volvieron más claros. Distinguió cabello y ojos gris claro. Ryuu separó los labios mientras el exhausto rostro la miraba.
--Seal…
Su voz era terriblemente ronca, como si su garganta hubiera olvidado cómo hablar. Sin embargo, tan pronto como pronunció el nombre, el rostro sobre ella se iluminó de felicidad. Aparentemente abrumada por la emoción, la chica cayó sobre Ryuu.
--¡Ryuu! ¡¡Oh, Ryuu!! ¡Estoy tan feliz…!
Enterró su rostro en el cuello de Ryuu y la abrazó suavemente como una hermana o una madre. Ryuu podía sentir la familiar calidez y amabilidad de su cuerpo a través de la manta. Su corazón estaba tan lleno que no podía hablar.
--¡¡Nya!! ¡Ryuu abrió los ojos, nya!
--¡Ahora por favor dinos cómo te sientes al molestarnos durmiendo durante tres días seguidos!
--¡Maldición, estaba preocupada por ti!
De repente, Ryuu se vio rodeada por el caos. Anya levantó las manos y dio vueltas como una niña mientras Chloe la molestaba con una sonrisa y el rostro feliz de Runoa contradecía sus palabras.
Lágrimas se derramaron de los ojos de Ryuu mientras observaba las sonrisas que adornaban los rostros de sus amigas más preciadas.
--… Nunca te había visto llorar, nya.
Ryuu le devolvió la sonrisa débilmente a la sonriente Anya. Su mente todavía estaba en blanco como una hoja de papel intacta, pero susurró las únicas palabras que pudo pensar: “Gracias”.
--Estás tan aturdida que realmente deberíamos explicarte lo que está sucediendo. Estás en una clínica dirigida por el Gremio dentro de Babel, nya.
--Te trajeron aquí tan pronto como volviste a la superficie.
--Intentamos varios Ítems y Magia contigo mientras corríamos por el Calabozo, pero no te despertabas.
¡Estábamos tan preocupadas por ti, nya!
Mientras Chloe tiraba de la oreja envuelta en gasa de la Elfa, Runoa y Anya terminaron su explicación. A Ryuu le costó un poco entender todo, ya que se había despertado unos minutos antes, pero el olor distintivo de los antisépticos y la limpia habitación blanca la ayudaron a comprender.
Mientras Seal apartaba la mano de Chloe de la oreja de Ryuu, Anya se inclinó sobre ella.
--Ryuu, ¿Cuánto recuerdas, nya?
--… Escuché sus voces en los Pisos Profundos… y supe que podría regresar a casa, con él…
Sus palabras llegaron hasta ahí cuando la imagen del rostro de Bell apareció en su memoria y abrió mucho los ojos. Un segundo después, la visión blanca se desvaneció y ella saltó, completamente despierta.
--¿¡Qué paso con él!? ¿¡Qué paso con Bell!?
--¡Nya! ¡Cálmate, nya!
--¡Ryuu, te lastimarás!
Chloe entró en pánico cuando el rostro de Ryuu cambió de color y Seal intentó desesperadamente calmarla. Ryuu se dobló, su cuerpo gritó en protesta por el repentino movimiento, pero ignoró el dolor y agarró el hombro de Seal.
--¡Seal, dime! ¿¡Él está bien!?
--¡Bell-san está bien! ¡Se despertó antes que tú!
--¡Sí, sí, nya! ¡El chico de cabello blanco está vivo y bien en una habitación al final del pasillo! ¡Ahora cálmate y toma una siesta, nya!
--¡Idiota…!
Ignorando las palabras tranquilizadoras de Seal, Anya parloteó hasta que dio más información de la que debería, haciendo entrar en pánico a Runoa. Cómo temía, Ryuu saltó de la cama en el instante en que supo el paradero de Bell. Con una velocidad que tomo con la guardia baja a sus amigas dada su condición de herida, salió volando de su habitación de enfermo.
--¿¡R-Ryuu!? ¡No puedes ir vestida así!
Ignorando los intentos de Seal de detenerla, Ryuu corrió por el pasillo blanco. Vislumbrar a través de las ventanas el cielo azul que tanto había anhelado tampoco la detuvo. Una Beastman que caminaba hacia ella— muy probablemente la Sanadora de una <Familia> que servía en la clínica a pedido del Gremio—la miró sorprendida, pero Ryuu ni siquiera registró su presencia.
Bell… ¡Bell!
Lo único que le importaba en este momento era la seguridad de su compañero.
Tropezando de vez en cuando, se estabilizó apoyando una mano envuelta en una gasa contra la pared y continuó hasta el final del pasillo. En el lugar donde el camino se cruzaba con otro pasillo, encontró la habitación de cuidados especiales a la que Anya se refería y entró por la puerta.
--¡Bell!
Efectivamente, él estaba allí.
Estaba sentado en una cama empujada contra la pared, usando una bata sin mangas mientras alguien palpaba su brazo izquierdo fuertemente envuelto.
Una hermosa chica de cabello plateado lo estaba examinando. Hestia y Lili estaban sentadas a ambos lados de la cama. Junto a ellas, el Dios Miach y su dependiente Naaza estaban parados observando.
Cuando Bell levantó la vista sorprendido, el alivio inundó el rostro de Ryuu.
--¡Ryuu-san! ¡Espera!
Bell había comenzado a devolverle la sonrisa a Ryuu, pero luego su rostro se sonrojó. Ella siguió su mirada y bajo la mirada a su propio cuerpo—y luego se dio cuenta.
No llevaba nada que pudiera llamarse correctamente ropa. Solo piezas muy finas de tela. Francamente hablando, ropa interior clínica.
Un par de pantalones cortos blancos en la parte inferior y una pequeña camiseta atada con correas en la parte superior.
Las vendas envueltas alrededor de sus brazos y un muslo hacían un mal trabajo al ocultar su piel flexible. Ryuu estaba parada con los ojos muy abiertos, con su rostro poniéndose cada vez más rojo, cuando otra tragedia le sucedió.
Quizás debido a su rápido movimiento, la delgada correa atada a su hombro se había deshecho. Cuando la parte superior cayó al suelo con un crujido, Ryuu grito como una niña pequeña.
--¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
--¡¡No mires!!
--¡¡No mires!!
--¡Ouch!
Ignorando a Ryuu mientras se hundía en el suelo con los brazos cruzados sobre su pecho, las sonrojadas Hestia y Lili golpearon la cabeza de Bell al mismo tiempo. Para aumentar el alboroto, Naaza reprendió a su Dios principal con un fuerte grito de “¡Tú tampoco puedes, Miach-sama!”. Él se quejó mientras ella le clavaba el codo en el costado.
--¿¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡CÓMO SE ATREVEN A GOLPEAR A UN PACIENTE GRAVEMENTE HERIDO!!!!!!!!!?
Con eso, la hermosa chica de cabello plateado—Airmid Teasanare, la Sanadora de la <Familia Dian Cecht>, reprendió fuertemente al grupo.
× × ×
Después de que el alboroto se calmó, Airmid envió a Ryuu de regreso a su habitación, donde fue relegada a un estricto reposo en cama. Poco a poco, escuchó toda la historia de los visitantes que entraban y salían.
--Escuché de los Xenos que era sorprendente que todavía estuvieran vivos. Eso aprendió de Welf.
--Ryuu-dono, estamos tan felices de que lo hayas logrado.
--Gracias por salvar a Bell-sama.
El Herrero, que fue acompañado en su visita por Mikoto y Haruhime completamente recuperadas, relató su conversación con el Hombre Lagarto Lyd.
--La idea de pasar días en un lugar así sin el equipo adecuado hace que incluso un monstruo como yo se estremezca.
Eso fue después de que habían recogido a Ryuu y Bell y corrieron de regreso a la Zona Segura de los Pisos Inferiores para refugiarse. Welf había escuchado a los Xenos decir cosas similares a lo que Lyd le había dicho.
Cuatro días.
Ese fue el tiempo que Bell y Ryuu habían pasado vagando por el 37° Piso después de que el Lambton los llevara allí. A Welf y al resto de su grupo les había llevado la misma cantidad de tiempo luchar contra el Amphisbaena, unirse a los Xenos y bajar al 37° Piso.
--Honestamente, pensé que estábamos en serios problemas cuando Fels nos dio el mensaje de Urano diciéndonos que nos dirigiéramos al 37° Piso.
Mientras descansaban brevemente en la Zona Segura y Lili, Anya y varios otros intentaban curar a Bell y Ryuu, Welf se reunió con los Xenos en un lugar donde Boris no los encontraría.
Habían podido determinar en qué Piso estaban Bell y Ryuu gracias a las instrucciones del Dios anciano, que les habló a través del <Occulus> de Lyd. Aunque incluso el Calabozo no podía controlar al Juggernaut, el Dios había percibido su comportamiento anormal, en particular sus gritos de batalla independientes, e inmediatamente envió al equipo de rescate al 37° Piso.
--Además del hecho de que no hay nada para comer allí, ese Piso es increíblemente grande y nuestros compañeros monstruos son muy violentos. Casi nunca pasamos tiempo allí. Además, no hay ningún cuidador de una aldea como Gryu o Mari allá abajo…
--No puedo creerlo. Los pasillos, las paredes y todo son tan grandes que me marearon. No tenía idea de cómo encontraríamos a Bell y a <Tempestad>.
--Podemos agradecer a Bellchi y la Elfa por llegar a lo que ustedes Aventureros llaman la “ruta principal”. No los habríamos encontrado si se hubieran perdido en ese laberinto impenetrable.
Ya que los Xenos no sabían dónde estaban Bell y Ryuu en el 37° Piso, todo lo que podían hacer era precipitarse frenéticamente por la ruta principal. Fue entonces cuando escucharon los sonidos de la titánica batalla contra el Juggernaut y finalmente pudieron localizarlos. En gran parte, su rescate fue el resultado de la negativa de Bell y Ryuu a renunciar a regresar a la superficie.
--Gracias a ustedes, pudimos salvar a Bell. Tambien transmítele nuestro agradecimiento a esa Sirena. Además de las pociones normales, habían usado <Sangre de Sirena>, un Botín, como medida de emergencia.
Mari, quien no podía salir del borde del agua, se cortó y reunió sangre para entregarla al grupo de Lyd. No había podido proporcionar mucha, ya que recientemente había usado su vital sangre para sanar a Bell durante la batalla en el 27° Piso—y, de hecho, Lyd tuvo que evitar que tercamente tratara de dar demasiada cuando casi se desmayó—pero sin embargo había jugado un papel clave en mantener vivos a los gravemente heridos Bell y Ryuu.
Lyd le había entregado furtivamente las botellas de vital sangre a Welf, y según Lili y Aisha, la vida de Ryuu y Bell habría estado en peligro si no la hubieran recibido durante su viaje a la superficie.
--No te preocupes por eso… ¿Pero estoy en lo cierto de que algunos de los humanos contigo no saben de nosotros? Quiero decir, ¿Está todo bien?
--Bueno, dejando a un lado al líder de Rivira y las meseras del bar, creo que el grandote y sus amigos probablemente lo descubrieron… Pero su Dios principal es un buen tipo. Dejaré que su <Familia> decida cómo lidiar con eso de aquí en adelante.
Con toda probabilidad, algunos miembros del grupo habían notado a los monstruos ayudando a la <Familia Hestia> comenzando con el gran enfrentamiento en el 27° Piso. Sin embargo, parecía que Ouka y los miembros de su <Familia> habían recibido algunas pistas incluso antes de eso, comenzando con el misterioso balbuceo de Casandra sobre su sueño profético en el momento de la batalla en la Calle Dedalo. Mientras tanto, Aisha y Tsubaki ya sabían sobre los Xenos. El principal problema sería explicarle las cosas a Daphne, pero Welf había decidido dejar esa tarea a Miach y Takemikazuchi.
En general, parecía poco probable que el público se enterara de los Xenos como resultado de los eventos más recientes, por lo que la <Familia Hestia> tenía pocos motivos para preocuparse de que los etiquetaran como “enemigos de la humanidad”.
--Um, Welf… la Elfa y Bell, ¿Estarán bien?
La <Vouivre> Wiene se había acercado a él con profunda preocupación justo antes de abandonar la Zona Segura.
--… Si. Me aseguraré de que estén curados y Bell pueda verte de nuevo. Y enviaré a la Elfa como guardaespaldas cuando lo haga.
Al parecer Welf no pudo resistirse a hacer una promesa a la gentil chica dragón.
Después de pasar el 25° Piso, que todavía estaba marcado por marcas de destrucción, los Aventureros se separaron de los Xenos y salieron a la superficie sin un solo descanso, según el joven Herrero.
--De todos modos, ella ya lo dijo, pero… gracias por cuidar de Bell.
Haciendo un gesto a Haruhime, Welf expresó su tímida gratitud a Ryuu, quien todavía estaba acostada en la cama. Hestia y Lili la habían visitado antes y habían dicho lo mismo. Trató de protestar que había sido ella quien lo había involucrado para empezar, y que fue él quien la había salvado, pero Welf no lo acepto.
--Has salvado su trasero más de una o dos veces. Nunca le he agradecido adecuadamente a alguien de esta forma… así que asume que he tomado todo eso en consideración y acepta mi gratitud.
Era como si estuviera ofreciendo pruebas de la “justicia” dentro de ella de la que Bell había hablado.
Y así, fue de esa forma como Welf y el resto de la <Familia Hestia> le expresaron su sincera gratitud a Ryuu.
× × ×
--Jura Halmer… y los otros sobrevivientes de la <Familia Rudra> finalmente murieron. Y <Tempestad> murió junto con ellos. Así es cómo va la historia.
Aisha visitó sola a Ryuu para contarle cómo se trató todo el incidente en la superficie.
--Has sido liberada de sospechas por el asesinato en Rivira. Parece que fue una acusación falsa para empezar… pero, de todos modos, todos parecen satisfechos con la explicación de que el <Irregular> en el 27° Piso también fue obra del Domador Jura Halmer. Puedes agradecerle a un zoquete de boca grande por eso.
Aparentemente, hubo una pelea en el Gremio después de que Ryuu y Bell fueron llevados a la clínica.
--¡Escucha, apareció <Tempestad>! ¡Pero ella trató de protegernos, y luego murió! ¡<Tempestad> realmente está muerta esta vez!
--Uh, um, ¿¡Podrías explicar eso más coherentemente…!?
--¿¡De qué diablos estás hablando!?
Al parecer, el medio curado Boris se había precipitado a la recepción del Gremio. Había atrapado a una empleada semielfo que simplemente quería confirmar la seguridad del Aventurero a su cargo, junto con su amiga recepcionista, y contó las noticias con tanta fuerza que otros Aventureros en el Gremio habían escuchado.
--Un loco número de mis compañeros Aventureros murieron esta vez. ¡Pero no fue culpa de <Tempestad>!
¡Fueron esos pedazos de mierda de la <Familia Rudra>! ¡La Elfa intentó protegernos hasta el final!
Boris azotó un trozo de la espada de madera rota de <Tempestad> sobre el mostrador y continuó con su diatriba.
Según Aisha, esta era su manera única de pagarle por salvarle la vida. Aparentemente, estaba tratando de proteger a Ryuu, quien todavía tenía una recompensa por su cabeza, así como el honor del nombre de
<Tempestad>. Sus palabras tenían más peso de lo que Aisha había esperado. Como Aventurero de Segunda Clase y jefe de Rivira, parecía haber convencido a la mayoría de los rufianes y delincuentes de que su historia era cierta. Al principio, los residentes de Rivira y los Aventureros en general sospechaban de su repentino cambio de opinión, especialmente porque él había dirigido el grupo de caza por la recompensa de Ryuu en primer lugar, pero al final le creyeron como uno de los pocos sobrevivientes del incidente.
Más aún, los Aventureros que intentaban pagar sus deudas no podían decir mucho sobre sus palabras o acciones, ya que insinuaban una resolución para todo el asunto. Además, parecía que se había corrido la voz en Rivira de que la Elfa que había ayudado a matar al Goliat Negro en realidad era <Tempestad>.
En este punto, <Tempestad> comenzaba a ser vista como una amiga de la justicia que había tratado de frustrar los planes de <Evilus>. Muchas personas pensaron que todo era una historia exagerada, pero otros creyeron las historias y estaban agradecidos.
Ryuu se encontró parpadeando sorprendida, pero de acuerdo con Aisha así fue como se desarrollaron las cosas. Sin embargo, ese no fue el final de la conmoción en el Gremio.
--Por cierto… ella tenía una recompensa por su cabeza, y tengo algunas de sus propiedades aquí. Si tomas en consideración el dinero de la recompensa por Jura Halmer, diría que un tercio sería justo. Hey, incluso estaría feliz con una décima parte…
--Um, diría que eso está fuera de discusión…
--Estoy de acuerdo. Tu lógica es una locura…
--¡¡¡MALDITA SEA TODO!!!
Curiosamente, Ryuu se sintió tranquilizada cuando escuchó sobre la discusión de Boris con la recepcionista sobre su intento de sacar disimuladamente algo de dinero de todo el asunto.
La Administración Superior del Gremio acepto el informe conveniente de la muerte de <Tempestad> con muy pocas preguntas, como si la voluntad del Dios a cargo de la organización estuviera detrás de todo. Se suponía que se haría un anuncio oficial pronto. El Gremio también estableció una estricta orden de silencio sobre cualquier cosa relacionada con el Juggernaut que había matado a tantos Aventureros de Clase Alta, así como al Amphisbaena que había aparecido sin tener en cuenta el intervalo de generación regular. En cuanto al Juggernaut, pocas personas sabían que existía, e incluso los Aventureros que habían estado en Rivira cuando ocurrió la tragedia aparentemente culparon de todo al Jefe de Piso.
En cualquier caso, esto marcó el final, en general, de los lazos de Ryuu con <Tempestad>.
--Todo salió bien, ¿Verdad, vieja amiga de la justicia? Cualquiera que todavía te odie es probable que renuncie de verdad esta vez, y tus actos violentos del pasado han sido blanqueados.
Ya que a Ryuu le habían ordenado que evitara todas las actividades extenuantes, todo lo que podía hacer en respuesta a la sonrisa burlona de la Amazona era tolerarlo con una expresión fría en su rostro.
× × ×
Y luego estaba <La Señora de la Abundancia>.
--Mama Mia está enojada con Anya, Chloe y Runoa por irse a rescatarte.
Otro día, Seal vino a verla. Aparentemente, el equipo de rescate no había tenido un día libre desde que regresaron, lo que explicaba por qué no habían venido a la clínica desde el día en que Ryuu se despertó. Ryuu se sintió un poco nerviosa por tener un destino similar no muy lejos en el futuro.
--Además, tengo un mensaje para ti.
La chica con cabello gris claro, que se había escapado mientras sus compañeros miserablemente con exceso de trabajo no estaban mirando, esbozó una sonrisa.
--Mama Mia dijo que te dijera, “hicimos demasiado risotto, así que será mejor que vengas a ayudarnos a comerlo pronto”.
Ryuu sintió una muy, muy pequeña necesidad de llorar.
× × ×
Caminar bajo el cielo azul.
Para Ryuu, ese simple acto parecía un increíble lujo y alegría. Simplemente para sentir la luz del sol caer sobre ella y el viento soplar contra su piel.
--La luz del sol…
--Sí, se siente increíble… y muy cálida.
Cuando Ryuu se cubrió los ojos con una mano y miró al cielo, su compañero respondió. El chico, que también estaba mirando al cielo, sonrió con timidez cuando se dio cuenta de que lo estaba mirando.
Ryuu estaba caminando a través de Orario al lado de Bell.
Sonaba divertido decir que habían sido dados de alta, pero ya que su tratamiento había terminado, se les permitió salir de Babel. Dado que habían pasado tantos días solos deambulando por el Calabozo, la <Familia> de Bell y las compañeras de trabajo de Ryuu decidieron deliberadamente darles un poco de espacio. Solo parecía correcto que la pareja que había superado tantas dificultades juntos volviera a caminar en la superficie por primera vez juntos.
Ryuu estaba muy feliz de haberlo hecho. Esperaba que Bell sintiera lo mismo.
--Ryuu-san, ¿Esa ropa es…?
--Sí, son de Seal… Se me ven extrañas, ¿Verdad?
--¡De ningún modo! Se te ven genial.
--P-Por supuesto que sí, porque son de Seal.
Seal tuvo la amabilidad de dejarle un cambio de ropa cuando vino a visitarla, ya que se dio cuenta de que Ryuu probablemente no querría salir de la clínica con su uniforme de mesera. El sencillo vestido blanco decorado con encaje de flores le quedaba bien a la Elfa Ryuu.
Ryuu presionó el dobladillo sobre sus rodillas mientras respondía bruscamente a Bell—aunque con una voz aguda y excitada.
--¿Está bien tu brazo izquierdo?
--Si. Me dijeron que no lo moviera bruscamente, pero tiene el mismo rango de movimiento que antes. Es como si nunca hubiera sido herido…
Bell miró su brazo mientras caminaba. Lo que antes había sido un desastre horrible ahora había vuelto a su forma original. Por lo menos, parecía haberse curado perfectamente por lo que Ryuu podía ver. El vendaje había desaparecido y en su lugar había restricciones de metal en las articulaciones del codo, la muñeca y los dedos. Le recordaba a un guantelete con partes cortadas, o un brazo artificial incompleto.
--En realidad, dijeron que no podían arreglarlo… así que prácticamente tuvieron que rehacer todo.
--… No sabía que podían hacer eso.
--Aparentemente pueden…
El personal médico solo había podido hacerlo porque todos los huesos y todo lo demás que formaba su brazo estaban preservados dentro de la bufanda que había envuelto en lugar de un vendaje. Si hubiera perdido algo de eso, habría tenido que reemplazarlo con un brazo artificial como Naaza.
--Mi brazo todavía tiene la misma longitud.
Dijo Bell, levantando ambos brazos juntos y comparándolos mientras los miraba. Ryuu recordó el rostro de Airmid y pensó que no era llamada la mejor Sanadora de la ciudad por nada.
--Por cierto, ¿Cuánto costó?
--Um… había alrededor de ocho ceros seguidos…
--… ¡¡….!!
--Oh, no, está bien. ¡El Gremio, o creo que probablemente Urano-sama, lo cubrió porque era una emergencia!
¡Y Hermes-sama hizo que su <Familia> reuniera los materiales para el soporte de mi brazo…!
Mientras Bell se apresuraba a explicarle la situación a la sorprendida Ryuu, continuaron caminando por la ciudad lado a lado.
El viento que soplaba contra sus mejillas se sentía encantador.
La luz del sol parecía estar limpiando sus cuerpos después de pasar tanto tiempo en la oscuridad. Las sonrisas de los niños que pasaban eran contagiosas.
Los ruidos pacíficos de la calle se mezclaban con el ambiente apacible de la superficie.
Lo asimilaron todo con todo su cuerpo, deambulando dondequiera que su imaginación los llevara. Pasando a traves de una maraña de calles, cruzaron un puente que atravesaba un canal y luego subieron la escalera de un callejón, finalmente emergieron en una colina que dominaba el oeste de Orario.
--Nunca supe que este lugar estaba aquí…
--Sí… solía venir aquí con Alise…
Alise Lovell disfrutaba de los lugares altos.
A menudo había llevado a Ryuu a colinas como esta o trepaba a los tejados de los edificios donde hablarían rodeadas del cielo azul. Justo como Bell y Ryuu estaban haciendo ahora.
--… Hace cinco años, Astrea-sama me dijo que me olvidara de la justicia.
Ryuu habló en voz baja mientras se paraba junto a la barandilla y contemplaba la ciudad. Estaba hablando tanto a Bell, que escuchaba en silencio, como al cielo azul interminable, donde su voz seguía al viento.
--Pensé que me estaba excomulgando. Pensé que había perdido la esperanza en mí después de ver lo consumida que estaba por la venganza… que solo me dejaba mantener la marca de su <Falna> en mi espalda por lástima.
Así fue como Ryuu lo había interpretado en ese momento, pensando que estaba aceptando la voluntad de su Diosa. Pensó que el hecho de que Astrea había desaparecido de la ciudad y solo le enviaba una breve carta ocasional significaba que ella, Ryuu, había sido despojada del derecho a actuar en nombre de la justicia.
Bell se inclinó hacia adelante como para decir algo, pero las siguientes palabras de Ryuu lo detuvieron.
--Pero estaba equivocada.
Ella miró a lo lejos, con una sonrisa en sus labios. Tenía razón.
Astrea no había abandonado a Ryuu.
Había estado cuidando su cuerpo y alma.
La venganza nunca podría ser justicia. Pero la voluntad de poner fin a la venganza y romper el ciclo del odio podría convertirse en justicia.
Sin embargo, si Astrea le hubiera dicho a Ryuu que la venganza nunca creaba nada, ¿Qué le habría pasado a Ryuu?
Ciertamente se habría desmoronado.
Incapaz de reclamar venganza, incapaz de perdonarse a sí misma, habría cedido al deseo de terminar con su miserable vida.
La Diosa debe haber sabido eso desde el principio. Ciertamente lo entendió mejor que Ryuu. Y entonces había ido tan lejos como para abandonar la justicia que presidía con el fin de proteger a Ryuu.
--Me dijo que me olvidara de la justicia por mi propio bien…
El pilar de la <Familia> se había vuelto contra su propia verdad por el bien de su dependiente. Había llevado la mitad de la carga de la venganza de Ryuu.
Pero eso no fue todo.
La Diosa había creído que cuando las llamas de la venganza se apagaran y se convirtieran en cenizas, Ryuu volvería a levantarse como un hada extendiendo sus alas mientras se levantaba de entre los muertos. Había creído que la justicia volvería a vivir una vez más en el pecho de Ryuu.
--Tengo que agradecerte por todo.
--¿Huh?
Ryuu se apartó lentamente de la barandilla y miró a Bell. Entrecerró los ojos al mirar a Bell quién tenía los ojos muy abiertos.
--Me dijiste que todavía tenía justicia dentro de mí. Me mostraste los lazos con Astrea-sama que aún permanecen dentro de mi… y me mostraste lo que mi <Familia> me dejó.
Bell la había ayudado a darse cuenta.
La justicia que persistía dentro de ella todavía la conectaba con Astrea y el resto de su <Familia>. La había ayudado a recordar.
Cuando la neblina de arrepentimiento desapareció de sus recuerdos, recordó que cierto día, cinco años antes, cuando se separaron, su Diosa había llorado y sonreído.
Así fue como Ryuu sabía que no estaba equivocada.
--Alise me protegió, Seal me salvó… y tú me abriste los ojos. Alise la había llevado hacia adelante.
Seal la había salvado cuando las llamas de la venganza la habían carbonizado y le había mostrado el futuro que los miembros de su <Familia> le habían dejado.
Y Bell… él le había dado el coraje de enfrentar el pasado que no había podido soltar. Él la había levantado y apoyado todo el tiempo.
Todo seguía en curso.
Las personas que habían tomado sus manos entre las suyas eran a quienes tenía que agradecer por su vida. Ya no trató de ocultar los sentimientos de gratitud que desbordaban su corazón.
--Hay algo que todavía no te he dicho.
Bajo la cálida luz del sol y el claro cielo azul, se giró hacia Bell.
--Gracias, Bell. Y luego sonrió.
--Eres un humano al que puedo respetar.
Una sonrisa floreció como una hermosa flor blanca en sus pequeños labios. Bell la miró mientras la sonrisa de la Elfa lo atraía.
Sopló un viento a su alrededor, haciendo crujir el dobladillo blanco puro de su vestido y revolviendo su cabello blanco. Una sonrisa se extendió por su rostro. Se sonrojó tímidamente mientras amabilidad llenaba sus ojos.
--Tu sonrisa es muy hermosa en este momento. Dijo Bell.
--¿Eh…?
--Más hermosa que nunca. Mucho más que esa otra vez.
Estaba pensando en el día en que Ryuu se paró frente a la tumba de la <Familia Astrea>, rodeados de bosque y cristal. Perdido en la memoria, sonrió como un niño inocente.
--Me hace muy feliz verte sonreír así.
Las palabras de Bell fueron tan puras como la nieve. Estaba tan feliz como si el cambio hubiera sido suyo.
Ryuu sintió que su corazón saltaba mientras lo miraba. Su rostro se puso caliente. Miró hacia abajo, aunque no estaba segura de por qué lo hizo.
--… ¿R-Ryuu-san…?
Al notar su extraño comportamiento, Bell se inclinó hacia ella y le habló con preocupación al oído. Eso fue suficiente para que su corazón saltara de nuevo.
Que extraño. Tengo palpitaciones. ¿Qué está pasando?
Aturdida por sus emociones rebeldes y sin poder pensar con claridad, soltó la honesta verdad.
--N-No puedo mirarte a la cara…
--¿Huh? ¿¡Por qué!?
--N-No sé…
Esa era la pura verdad.
¿Por qué le ardían las mejillas cuando lo miraba?
¿Por qué su corazón latía?
No tenía idea de por qué no podía mirar directamente esos ojos rojo rubí.
--¡B-Bell! ¡Te veré más tarde!
Incapaz de tolerarlo por más tiempo, salió corriendo. Dejado atrás sorprendido, Bell pronto también se fue. Eso no era bueno.
A pesar de que corrió y corrió, presionando ambas manos contra su pecho como una chica inocente, no pudo ocultar la emoción que retumbaba profundamente en su corazón.
--¿¡Qué demonios…!?
Ryuu no se había dado cuenta.
¿Cuándo habían comenzado sus labios a llamarlo por su nombre?
¿Cuándo había comenzado a enrojecerse su piel blanca?
¿Qué era ese sentimiento floreciendo en su corazón?
--Oh, Alise, ¿¡Qué demonios debería hacer…!?
Con el rostro rojo como una remolacha, corrió como el viento por las concurridas calles de la ciudad, rogándole consejo a su amada amiga.
“¡No lo dejes escapar!”
Desde más allá del cielo azul, le pareció escuchar la brillante voz de una chica sonriente y segura respondiéndole.





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