Capítulo 03 – Canción de Amor para Cierta Diosa de la Herrería
--Por fin, todo está en orden.
La luz de una Lámpara de Piedra Mágica parpadeaba en la oscuridad.
Dos sombras encapuchadas estaban paradas frente a frente en una pequeña habitación y susurraban en voz baja.
--Nuestros soldados han entrado con seguridad. Una vez que hayamos terminado, podrán desplegarse en cualquier momento.
--Está bien…
Una voz era la de un hombre lleno hasta el borde de entusiasmo; la otra, una voz severa y solemne de alguien muchos años más viejo. Su conversación privada continuó.
--Ya sabemos dónde está. Me pondré en contacto en un día o dos.
--…
El joven dio un paso más cerca de su silencioso compañero.
--No me digas que tienes miedo.
--…
--Es demasiado tarde para comenzar a vacilar ahora. Hemos recibido una importante tarea que llevara directamente a una promoción de nuestro señor. Esta puede ser nuestra última oportunidad.
--Soy consciente.
El anciano asintió mientras el joven se inclinaba hacia él.
El hombre estaba muy contento con esa respuesta. Sin perder un instante, canalizó en palabras las numerosas emociones que corrían por sus venas.
--Tenemos que llevarlo de vuelta. Ese poder nos pertenece, y este lugar no es digno de él.
--…
--La gloria perdida está otra vez a nuestro alcance.
El anciano se mantuvo en silencio durante el apasionado discurso de su compañero más joven. La luz de la lámpara proyectaba dos largas y parpadeantes sombras sobre la pared.
× × ×
Brillantes llamas llenaban el interior de la fragua.
Hefesto observaba atentamente el fuego rojo oscuro, del mismo color que su cabello, que subía y bajaba.
Estaba parada en un taller donde la gran fragua, un yunque y otras herramientas grandes estaban listas para usar en la esquina.
Hefesto, vestida con ropas de trabajo, se detuvo con un martillo en la mano. El eje de una espada plateada ya había tomado forma en la parte superior del yunque debajo de ella, el metal todavía brillaba con calor.
Las llamas de la fragua iluminaban la mitad de su rostro, incluyendo el prominente parche negro en su ojo similar a un vendaje.
Los pesados golpes de martillo sobre metal cesaron, dejando sólo el crujido del fuego.
--¿Adónde fueron tus agallas?
La puerta principal del taller crujió y fue seguida de cerca por una nueva voz.
Una ráfaga de aire frío entró desde fuera, haciendo que las llamas parpadearan y arruinando las condiciones perfectas dentro del taller. Hefesto se giró hacia su visitante.
--Tsubaki.
--Ahora, escuche rumores de que te encerraste en este taller. Vine a ver como estabas, y ni siquiera estás balanceando ese martillo. Entonces, ¿Qué estás haciendo?
La mujer que entró en el taller de herrería tenía largo cabello negro atado hacia atrás detrás de sus hombros y piel color trigo.
Así como Hefesto tenía un parche en su ojo derecho, esta mujer tenía un parche sobre su ojo izquierdo.
Usando un par de pantalones de estilo del Lejano Oriente parecidos a una falda llamados hakama, Tsubaki reprendió a Hefesto por la falta de trabajo de su martillo.
Estaban en la tienda de la <Familia Hefesto>, ubicada en la Calle Principal Noroeste. No muy lejos de la sede del Gremio en la calle conocida como Calle de los Aventureros, la tienda estaba equipada con un taller en el primer piso.
--No mucho.
Hefesto le respondió a su dependiente.
--Has pasado mucho más tiempo en tu cabeza desde que Welfy-kun se fue, ¿No es así, Mi Señora? Te sientes sola, ¿Verdad?
--… Siempre estoy triste cuando un niño deja el nido. Eso va para cualquiera, no sólo para Welf.
Tsubaki, obviamente desanimada por la condición de su Diosa, no mostró ninguna restricción o temor al transmitir su descontento. Hefesto sabía que no tenía sentido intentar engañarla y confirmo sus sospechas sin irse por las ramas.
La mujer observó cómo la Diosa le daba los toques finales al arma en un instante antes de comenzar a limpiar el espacio de trabajo.
--Bueno entonces, ¿Alguna noticia?
Liberando su cabello carmesí de sus restricciones y quitándose su ropa de trabajo ajustada, Hefesto se dirigió a su dependiente. La mujer asintió, con su largo cabello negro revoloteando detrás de su cabeza.
--Un mensaje del Gremio y de la <Familia Loki>. Rakia tiene un plan en curso esta vez, por como suena. La Diosa entrecerró su ojo izquierdo mientras escuchaba a Tsubaki explicar los detalles más finos.
--Así que los niños de Hestia serán el cebo…
La Diosa parecia sumida en sus pensamientos mientras el nombre de una amiga salía de sus labios.
--Muy bien entonces.
Dijo con un asentimiento.
--Haz lo que dice el Gremio. Tsubaki, toma el mando por mí.
--Estaba pensando en encerrarme en el taller un poco, pero esto podría ser divertido. Lo tengo, tomare el timón. Con eso, la mujer salió del taller con una sonrisa en su rostro.
Hefesto la observó marcharse, luego volvió a mirar a la esquina del taller. Las llamas aún brillaban intensamente dentro de la gran fragua.
× × ×
El calor de la fragua golpeaba el lado del rostro de Welf.
Las llamas ardían con una intensidad parecida a su propia pasión. El rostro del joven estaba cubierto de sudor a pesar de la toalla envuelta alrededor de su frente. Con sólo el rugido del horno a su lado en el tenue taller, Welf golpeaba repetidamente su martillo en el metal al rojo vivo en la parte superior de su yunque.
Agudos ecos metálicos resonaban en el aire. Lluvias de chispas se esparcían por el suelo. Era una batalla entre él y su oficio.
Su mirada no se movía de lo que estaba directamente debajo de él. Completamente enfocado en darle forma al metal, nada podía distraerlo de la tarea en cuestión. Con su martillo carmesí en la mano, simplemente lo guiaba hacia el objetivo con su mirada.
Cada oscilación de su martillo dejaba un fino rastro de luz rojo oscuro a través del aire, generado por su
<Habilidad de Desarrollo>, <Herrería>. Le permitía infundir un poder sublime en cada una de sus armas y armaduras, haciéndolas más fuertes y más nítidas a medida que ascendían a niveles de impresionante calidad.
*¡Slam! ¡Slam!*
Sus oídos habían llegado a amar el sonido de metal sobre metal. Cada impacto tenía un anillo ligeramente diferente, y podía escuchar cada detalle.
Era como si el metal estuviera hablando con él, guiando la próxima caída del martillo. Una sonrisa creció en sus labios antes de que lo supiera.
—Escucha las palabras del metal, presta tus oídos a sus ecos, vierte tu corazón en tu martillo.
De vuelta a un rincón olvidado de su memoria, la voz de un anciano de hace muchos años pasó por encima de toda la herrumbre y a sus pensamientos otra vez. Había escuchado el mantra en un taller tan oscuro como éste. Con el olor a metal en su nariz, Welf había sido un niño y nada más que un ayudante.
Brillantes imágenes de aquellos días pasaron por su mente mientras Welf le daba vida a la melodía de la forja. El metal caliente se doblaba a la voluntad de su martillo, tomando la forma de una espada afilada mientras su pasión ardía tan caliente como las llamas que ardían a su lado.
× × ×
--Perdón por la espera. Terminé tu orden, una Katana.
Una suave luz roja emergió de las persianas de hierro abiertas del taller.
Siendo una pequeña estructura de piedra construida detrás de su sede, el taller estaba tranquilo bajo el cielo nocturno.
El sol casi se había ocultado en el momento en que Welf terminó lo que se dispuso a terminar. Había ido a saludar a sus aliados, regresando a casa desde el Calabozo, en el edificio principal mientras todavía llevaba su chaqueta empapada de sudor.
Welf había permanecido fuera del Calabozo hoy para terminar algunas tareas. “¡Ooo!” se escucharon las voces colectivas de Lili, Haruhime y Mikoto con sus bocas abiertas por la sorpresa y emoción.
--Me asegure de que las medidas coincidieran con la anterior tanto como fuera posible. Es un metal sintetizado a partir de un diente de Liger Fang y Acero Noh extraído del 27º Piso. Debe ser capaz de tomar una gran cantidad de castigo.
--¡Muchas gracias, Welf-dono! ¡Es espectacular…!
La espada curvada de noventa centímetros era negra y plateada.
Mikoto tomo la espada forjada de Adamantita y un mineral extraído de los Pisos Inferiores del Calabozo, con sus brazos temblando con una mezcla de alegría y gratitud. No sólo era la belleza del arma lo que hizo que su corazón de Aventurera se enamorara de ella a primera vista. Podía notar que un Herrero de Case Alta había forjado a mano el arma de Tercera Clase debido a las características de la espada.
Había pospuesto pedirle que hiciera esta arma a favor del equipo que necesitaba—una Lanza y una Armadura Ligera—para llenar su papel en el centro de su formación. Una vez más, las mejillas de Mikoto brillaron.
--Es muy conveniente tener un herrero en la <Familia>.
--No hables de las personas como si fueran algún tipo de producto de Piedra Mágica, Lili-enana.
Lili lo miró desde el rabillo de su ojo, comentando como cada sede por lo menos debería tener a una persona que pudiera restaurar las armas gastadas de nuevo a su estado original e incluso crear nuevas cuando fuera necesario. Welf, sin embargo, no iba a dejarlo pasar.
Haciendo su refutación con los ojos entrecerrados, el joven se giró hacia Mikoto. Ella seguía sosteniendo su nueva Katana, con su mente en algún lugar alrededor de la novena nube. Estaba ligeramente intimidado por Chizan—la Daga firmemente sujetada a su cintura, un regalo de despedida de Takemikazuchi que era una de un par de Dagas de una calidad extremadamente alta forjadas por la <Familia Goibniu>—porque era difícil competir. Sin embargo, estaba bastante orgulloso de cómo había resultado la Katana.
Extremadamente satisfecho con la espada y la vaina, esta última decorada con un patrón de rayas negras y plateadas, Welf dio un paso más cerca de Mikoto e intentó mantener su orgullo en secreto mientras hacía una sugerencia.
--Bueno, ahora necesita un nombre… <Iron Tiger, Kotetsu>… No, <Stripey3, Shimajirou>.
--¡Welf-dono, por favor esperaaaaaaaaaa!
Welf puso su mano derecha en su barbilla, con una sonrisa en sus labios. Mikoto expresó vigorosamente sus objeciones.
Estallando en un sudor nervioso, y con su sangre hirviendo en sus venas, hizo todo lo posible para evitar que le pusiera ese nombre.
--¿N-No es un nombre maravilloso? Stripey-sama. Es bastante lindo…
--¿¡Eso piensas!?
--¡Su futuro pende de un hilo, Haruhime-sama, así que por favor permanece en silencio!
Haruhime hablo como la chica protegida que era, mientras Welf estaba encantado de encontrar a alguien que pudiera entender sus gustos. Mikoto le gritó a su amiga de la infancia en desesperación.
Su animada discusión pasó por muchos giros y vueltas con una Lili poco divertida mirando desde un lado. Terminó con Mikoto, mendigando con sus manos y rodillas en el suelo y derramando lágrimas, finalmente ganando la batalla para darle a la nueva Katana el nombre de <Kotetsu>.
Welf se rascó su cabello rojo con una mirada de total decepción en su rostro mientras Mikoto apretaba el arma contra su pecho aliviada después de su ardua victoria.
--… Y estas son para ustedes dos. Para la defensa.
--¿Esto es… una túnica?
--Welf-sama, ¿Podría ser esto…?
Welf les entregó a Haruhime y a Lili una túnica negra con capucha. Asintió con la cabeza ante la sorpresa de Lili.
3 Literalmente “A rayas” o “Rayado”, este Welf y sus nombres, Xp
--Así es. Los hice del Botín que conseguimos de ese Goliat. Bell y Hestia-sama me lo dieron.
Se refería a la batalla contra el monstruo anormalmente poderoso, un <Irregular>, en el 18º Piso: el Goliat Negro.
Bell había recibido el Botín cuando todo fue dicho y hecho después de la batalla. Welf utilizó la mitad para fabricar equipo de protección para Lili y Haruhime. El Botín, por cierto, tuvo que ser recuperado de los restos de la vieja habitación de Bell y Hestia debajo de la iglesia porque no habían tenido tiempo de venderla.
La piel de ese monstruo era tan fuerte que había anulado completamente los ataques de cientos de Aventureros de Clase Alta sin siquiera un rasguño.
Por lo tanto, Welf había utilizado su increíble atributo defensivo para ayudar a las dos Ayudantes que eran vulnerables al ataque. Había hecho algunas elecciones personales en su diseño, pero las túnicas eran, sin lugar a dudas, Ítems Defensivos de Primera Clase.
--Es muy pesada, ¿Verdad?
--Sí, pero trata de pasarlo por alto. ¿Recuerdas lo estúpidamente fuerte que era la piel del Goliat? Ninguna cuchilla o Magia pasara atraves de ellas.
Lili se puso la túnica sobre sus hombros enseguida y comentó mientras lo miraba.
Mientras que Lili tenía su Habilidad, <Héroe Anónimo>, para ayudar a llevar la carga, Haruhime estaba por su cuenta. “¡Ah, uwaah!” luchaba para mantenerse de pie bajo el peso de su túnica.
El alboroto del Goliat dependía de su fuerza bruta, así que su piel tenía que ser lo suficientemente fuerte como para rechazar ataques físicos y mágicos. Las túnicas creadas de su Botín sin duda eran lo suficientemente fuertes para soportar ataques de monstruos en los Pisos Intermedios y los Pisos Inferiores del Calabozo sin muchos problemas en absoluto. Ahora le tocaba a Lili sentirse agradecida.
--Pero no lo olvides, esto no hace nada para amortiguar el golpe. Un golpe duro y todo habrá terminado. Welf le explicó a Lili que era exactamente lo mismo que una armadura.
Una placa de hierro podría evitar el corte de una cuchilla, pero la carne por debajo todavía sentiría el impacto completo.
Lili y Haruhime eran ambas Lv. 1, lo que significaba que no se necesitaba mucho para derribarlas.
Si tomaban toda la fuerza del ataque de un monstruo, existía una posibilidad real de que pudieran morir con el manto en perfecto estado alrededor de sus cuerpos.
Expresiones mansas crecieron en los rostros de Lili y Haruhime después de escuchar la advertencia de Welf.
--… Pero si esto es tan bueno, ¿No sería mejor dárselo a Bell-sama en la línea del frente? Estaría expuesto a ataques mucho más feroces que Lili.
El riesgo de sufrir daños se reduciría considerablemente si usara este tipo de Equipo Defensivo.
¿No debería Bell usar una túnica de Goliat en lugar del estilo de armadura que llevaba puesto desde el principio? Ella hizo la sugerencia muy clara.
Welf apartó la mirada de ellas, con su boca formando una línea recta en su rostro.
--… Me siento muy orgulloso de forjar su armadura con estas manos. Darle un Botín para llevarlo a la batalla simplemente no se siente bien.
Sin importar cuán impresionantes fueran las propiedades del Botín, su orgullo como herrero tomaría un duro golpe si solo lo pasara justo como estaba.
Era su trabajo como herrero personal de Bell forjar todo su equipo a mano, y no estaba dispuesto a cambiar de opinión.
El joven cruzó los brazos y se apartó de las chicas. Lili estaba un poco cansada de su terquedad, pero Mikoto y Haruhime se rieron.
Lo último de la luz del día que venía desde fuera de las persianas tiño el rostro de Welf de un tono de rojo.
--… Eso debería cubrirlo—ahora salgan de aquí. Tengo que terminar.
--Welf-sama—mañana es el día en el que entraremos al Calabozo con la <Familia Takemikazuchi>, así que no olvides preparar tu propio equipo—
--¡Lo sé, ahora lárguense!
Welf sacó a las chicas de su taller como una forma de ocultar su vergüenza.
Las tres jóvenes mujeres cruzaron el jardín, sonriendo entre sí con su voz resonando detrás de ellas.
× × ×
Dos días antes, la <Familia Hestia> y la <Familia Takemikazuchi> habían decidido viajar hasta el 17º Piso.
Ambos grupos habían trabajado juntos muchas veces antes, así que nadie estaba preocupado por su trabajo en equipo en combate. Ahora estaban cambiando su atención a los objetivos a largo plazo, yendo aún más lejos en el Calabozo. Por lo tanto, lo mejor para ellos era hacer su propia mini-expedición como práctica.
Profundizando en el Calabozo aún más de lo que habían hecho, su siguiente objetivo era llegar al 20º Piso, lo que significaba que no habría suficientes horas en el día para que regresaran a sus hogares en la superficie por la noche. Tratar de hacerlo reduciría su tiempo en el Calabozo drásticamente y no valdría la pena el viaje.
La solución era acampar dentro del Calabozo. El plan era simple. Pasarían un día entero en el Calabozo, y los dos grupos se turnarían para hacer guardia cuando necesitaran descansar.
Podrían haberlo bautizado con el grandioso título de “mini-expedición”, pero ya que pasar más tiempo en el Calabozo se estaba convirtiendo rápidamente en una realidad, este era su primer intento importante.
Veinticuatro horas. Después de empacar suficientes alimentos y mantas, se despidieron de una reacia Hestia y de un sonriente Takemikazuchi, quien les dijo que tuvieran cuidado. La <Familia Miach>, a quienes le habían pedido que cuidaran de su sede durante su ausencia, los vio salir junto con los otros Dioses cuando el gran equipo de batalla partió de la <Mansión de la Chimenea>.
El grupo, que sumaban diez en total, pasó la mitad del día viajando más profundamente en el Calabozo hasta finalmente llegar al 17º Piso, y luego se prepararon para medio día de descanso.
—Al menos eso era lo que se suponía que debía suceder.
× × ×
--¡Todoooooooos ustedes vagos en la pared de escudos! ¡Aprieten esos sucios traseros y manténganse firmes!
El furioso rugido de un comando logró romper a través del caos de incesantes aullidos y sonidos metálicos de batalla.
Una línea de masivos escudos sostenidos uno al lado del otro sin ningún espacio entre ellos logró absorber un puño gigante, pero el impacto de la onda de choque hizo que sus brazos quedaran entumecidos.
Los Enanos y Beastman que sostenían los escudos hicieron muecas de dolor mientras sus talones se deslizaban por el suelo del Calabozo. Gritos de ayuda y llamadas a cargar giraban a su alrededor. Las voces de los Magos en medio de sus encantamientos llenaban el aire.
Un gran grupo de Aventureros estaba luchando contra un monstruo gigante que se elevaba sobre sus cabezas.
--¿¡Cómo termino así…!?
--¡L-Lo siento, Lili…!
Gritos de hombres y bestias surgían de todo el campo de batalla. Lili estaba parada en el centro de todo, disparando una corriente de flechas de su Pequeña Ballesta mientras Bell eliminaba a los Hellhounds y Liger Fang abalanzándose sobre ellos mientras se disculpaba en medio de un ataque.
El equipo de batalla conjunto había sido arrastrado a una escaramuza de gran escala que tenía lugar en una gran caverna al final del 17º Piso.
La masa de Aventureros estaba frente a la puerta de entrada a la Zona Segura, el 18º Piso.
Extendiéndose a más de un centenar de metros de derecha a izquierda y de delante hacia atrás, el caos de la batalla resonaba a lo lejos con gritos y rugidos colisionando tanto como el acero y los colmillos. Bajo la inminente vista de <La Gran Muralla de las Angustias>, el monstruo más prominente por mucho en el campo de batalla era un gigante color ceniza de siete metros de altura.
—¡¡OUUOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
El Monstruo Rex del 17º Piso oscilo ambos brazos hacia afuera, intimidando a los Aventureros de abajo con un amenazador aullido. El suelo se hacía añicos dondequiera que cayera uno de sus puños como roca, enviando ondas de choque a través del suelo. Welf, Lili, Mikoto, Haruhime y toda la <Familia Takemikazuchi> luchaban por mantener el equilibrio.
Todo había comenzado cuando llegaron al 17º Piso y escucharon los sonidos de la batalla resonando en la distancia, seguidos por el inconfundible rugido del monstruo Goliat. El grupo había intercambiado miradas, decidieron poner su plan en espera, y tomaron la ruta más rápida por el Piso… sólo para encontrar una batalla masiva entre el Goliat y un gran grupo de Aventureros esperando por ellos.
Ambas <Familias> habían hecho una extensa investigación y preparación sobre el terreno para asegurarse de que eligieron el momento más seguro para ir a su mini-expedición—pero el hecho de que la ciudad subterránea de Rivira planeaba exterminar al Jefe de Piso en este día los había eludido. Simplemente sucedió que el tiempo de sus planes había coincidido.
El Goliat siempre renacía en un intervalo de dos semanas, lo que hacía difícil para los Aventureros de Clase Alta pasar a través del relativamente pacífico 18º Piso. Eso, a su vez, tenía un efecto en las ganancias de los propietarios de negocios que residían en la ciudad construida en la Zona Segura, ya que no habría casi nadie a quien estafarle dinero. Por lo tanto, estaba en su mejor interés formar una alianza temporal y viajar hasta el 17º Piso para exterminar al Goliat.
Eso era lo que Bell y su equipo habían encontrado—la fuerza colectiva de Rivira chocando contra el gigante color ceniza.
Welf y los demás no tenían el corazón para ignorar los gritos de sus compañeros Aventureros que resonaban de la vibración constante de los pasos del gigante. Lo más importante, su líder de cabello blanco no podía abandonarlos después de escuchar “¡¡GEHHAAAAAAAH!!” resonando a través de los túneles.
El grupo de Aventureros ligeramente turbios había venido en su ayuda en el pasado, así que Bell llevó al equipo conjunto a la batalla contra el Jefe de Piso.
--¡¡UOAAAAAAAAAAAAH!! ¡¡<Pequeño novato>, AYUDAMEEEEEEEEE!!
--¡Whoa!
El Aventurero de Tercera Clase Mord Latro estaba en la batalla cuando la Gran Muralla detuvo otro de los ataques del gigante, cuando los Magos estaban terminando sus hechizos y cuando los atacantes salieron a correr hacia las piernas del gigante.
Mord había considerado a Bell como un enemigo desde el momento en que se conocieron, a pesar de que el chico no sentía lo mismo. Mord había unido fuerzas con unos pillos igualmente malvados y lo había hecho pasar por el bautismo de fuego de un Aventurero, pero llegó a reconocer el verdadero carácter de Bell a través de los acontecimientos en el 18º Piso. Su opinión sobre el humano de cabello blanco había mejorado tanto que verlo traía una sonrisa a su rostro lleno de cicatrices. Al igual que los otros Aventureros de Rivira, Mord había llegado a aceptar a Bell como un compañero Aventurero después de ver sus hazañas en la batalla contra el Goliat Negro.
El hombre había pasado muchos años como Lv. 2, contento de vivir su vida como un Aventurero de Tercera Clase. Pero ahora había comenzado a empujarse a sí mismo, a seguir aventurándose una vez más, como lo demostraba su presencia aquí en el equipo de exterminio. Sin embargo, esa resolución aventurera desapareció en el momento en que puso su orgullo a un lado y pidió ayuda con todas sus fuerzas.
Un grupo de monstruos de gran tamaño, Minotauros, había aparecido desde el pasillo principal que conectaba con la caverna. Bell cargó pasando al aterrorizado Aventurero y enfrento a los monstruos con la <Daga de Hestia> y una Espada Corta recientemente forjada por Welf.
--¿Desde cuándo los equipos de exterminio se encuentran con tantos problemas…?
--¡Hay muchos más monstruos esta vez! ¡No hay personas suficientes para atacar al grandote!
--¿Acaso no entienden cómo trabajar juntos…?
Mikoto cortó a un monstruo que cargaba y llamó al Aventurero más cercano de Rivira. Él le gritó una respuesta mientras Chigusa murmuraba en voz baja y apuñalaba a un Hellhound con su lanza.
Las paredes de escudos se habían establecido en varios puntos alrededor del gigante gris para proteger a los atacantes entre los intentos de incursión. El pequeño arco de Aventureros que sostenían la pared de escudos se plantó justo delante de la entrada al 18º Piso.
Comparado con el Goliat Negro en la memoria de Bell—una versión mucho más poderosa de la misma especie—éste era bastante débil. Sin embargo, el Goliat promedio todavía era clasificado como un monstruo Lv. 4 por el Gremio. La bestia tenía brillante cabello negro que llegaba hasta sus hombros que parecían tallados en piedra sólida. El gigante color ceniza golpeó sus puños en una pared tras otra.
Los musculosos hombres detrás de los escudos lograron mantenerse firmes, pero no había atacantes para aprovechar la oportunidad. Los que deberían haber estado sacando de equilibrio a la bestia y tratando de derribarla estaban demasiado ocupados enfrentando a los monstruos más pequeños.
Lo mismo era cierto para los Magos. Algunos de ellos se vieron obligados a detener sus encantamientos a la mitad, algunos perdieron la oportunidad de lanzar su Magia a pesar de haber terminado debido a los monstruos que se acercaban, y otros no tuvieron más remedio que liberar el Poder Mágico acumulado sin un objetivo. La ocasional bola de fuego o lluvia de flechas de luz pasaban por el campo de batalla de vez en cuando.
Todo se reducía a esto: Los habitantes de la ciudad de Rivira no estaban en la misma <Familia>. Era de esperar de un grupo de pillos. El trabajo en equipo no estaba en su vocabulario.
Chigusa quien recientemente había alcanzado el Lv. 2 luchaba lado a lado con Mikoto, sus movimientos se mezclaban tan bien que parecían imágenes posteriores de la otra. Las enseñanzas de Takemikazuchi, un Dios de la Guerra, les servían bien mientras una pila de cadáveres de monstruos se construía a sus pies. Por otro lado, los otros Aventureros de Clase Alta seguían luchando como individuos en el caos.
--¡No sé qué otra cosa se puede esperar de los Aventureros, pero…!
Una línea de batalla se desarrolló entre amigo y enemigo. Nadie en el equipo de exterminio le prestaba ayuda a alguien más mientras seguían luchando en sus propias batallas.
Ouka se había unido voluntariamente a la batalla como uno de los recién llegados, pero una mirada a sus desordenados equipos le hizo suspirar mientras cortaba a un Liger Fang en dos con el Hacha de Batalla en sus manos. Sus esfuerzos salvaron a una Amazona en el grupo de atacantes de una muerte segura.
-- —¡Esta bestia tiene un poco más de vitalidad que los habituales!
Un Aventurero gritó desde el campo de batalla principal después de tratar de enfrentar al gigante de frente.
Así como las muchas especies de monstruos que vagaban por los pasillos del Calabozo variaban en fuerza entre individuos, era lo mismo con el Monstruo Rex. El Goliat generado esta vez definitivamente era uno de los más fuertes, o así afirmaba un Beastman salpicado de sangre en el grupo atacante.
El equipo de batalla conjunto se desanimó por esta aterradora noticia. Aun así, se unieron valientemente a los veteranos de exterminio de Rivira y cargaron al campo de batalla una y otra vez.
--¡Tch! Necesitamos más… ¡Tú! ¡Vuelve a la ciudad y busca ayuda! ¡Tienes diez minutos!
--¿¡Cómo demonios voy a hacer eso, Boris!?
El comandante provisional de esta fuerza de exterminio de Rivira rugió la orden, pero el humano en el otro extremo gritó su propia queja. Aun así se dio la vuelta para correr hacia el túnel que conectaba los pisos, pero su despedida equivalía a Boris gritando, “¡Cállate y hazlo!” detrás de él.
Incluyendo a los miembros adicionales del equipo de batalla de Bell, había cuarenta Aventureros luchando en la caverna.
Ya sea si habían sido reacios a añadir a más personas en el equipo de exterminio o no lo habían tomado en serio, ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto ahora.
También tenía que tenerse en cuanta la invasión de Rakia.
Un gran número de Aventureros de Clase Alta que habitualmente residían en Rivira habían sido llamados a la superficie para unirse a la Alianza y actualmente estaban fuera de la muralla de la ciudad. El hecho de que ninguno de los miembros de los equipos de exterminio superaba el Lv. 4 era prueba de ello. Incluso los Lv. 3 se podían contar con una mano. Los Aventureros de Segunda Clase eran necesarios en todo el campo de batalla como apoyo. Bell corría de un lado a otro como un conejo blanco rápido y no tenía tiempo para cargar su Habilidad que podría revertir la situación—incluso la poderosa Magia de Gravedad que Mikoto tenía a su disposición no sería de mucha ayuda debido al bajo techo y el número de sus aliados que quedarían atrapados en ella junto con los monstruos.
Su única esperanza radicaba en los refuerzos que llegaran del 18º Piso. Sin embargo, teniendo en cuenta la distancia que tenían que viajar, así como el tiempo que tardarían en equiparse armaduras y armas, sus salvadores no llegarían por algún tiempo.
Todos podían sentir que estaban luchando una batalla perdida, y la moral comenzaba a drenarse de los Aventureros.
Sin la ayuda de una explosión concentrada de los Magos, los Aventureros manejando la pared de escudos tomaron demasiado castigo. Una patada del pie del gigante mando a volar a todo un grupo.
--“ “ “ “ “ “¡GYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!” ” ” ” ” ”
--¡Maldita sea…!
Muchas voces gritaron de dolor mientras escudos y cuerpos daban vueltas a través del aire. Welf maldijo para sí mismo mientras se defendía de un monstruo con su Gran Espada.
Después, extendió su mano libre detrás de su hombro.
Otra Espada Larga estaba atada a su espalda, justo debajo de la vaina de su Gran Espada. La había forjado en caso de que las cosas salieran mal durante su mini expedición, una <Espada Mágica Crosso>.
Envolviendo sus dedos alrededor de su empuñadura, la liberó.
Hablando honestamente, no le importaba si alguno de estos pillos sin nombre vivía o moría. Pero a este ritmo, debido al poder abrumador del gigante sus amigos estarían en peligro. No pondría a sus aliados en peligro por su orgullo.
--¡Maldita sea, maldita sea!
Escupió entre dientes mientras levantaba la brillante espada color rojo oscuro por encima de su cabeza. Esta espada sería una exageración, pero apuntó al Goliat y se preparó para derribarlo, cuando de repente—
-- —<Crece.>
--¡¡…!!
Una elegante voz cantante llegó a sus oídos.
Se giró hacia el seductor sonido y vio a alguien solo en un rincón de la caverna que estaba desprovisto de Aventureros y monstruos—la Ayudante Haruhime.
Mikoto y Lili luchaban valientemente para proteger a la chica. La capucha de su túnica estaba extremadamente baja sobre su rostro mientras continuaba cantando.
--<Este cuerpo que come las ofrendas divinas. Esta luz dorada otorgada desde arriba. Alcanza el martillo y regresa a la tierra, por favor dale una bendición—Crece.>
Welf casi saltó de sus botas cuando se dio cuenta de que la magnífica melodía que emanaba de ella estaba a punto de terminar. El nombre de la Magia escapó de sus labios un segundo más tarde.
--<Uchide no Kozuchi.>
Mikoto, quien había retrocedido para proteger a las Ayudantes, fue envuelta por un pilar de luz que tomó la forma de un martillo desde arriba.
Ella fue el objetivo del <Impulso de Nivel> de Haruhime. El martillo de luz desapareció, dejando tras de sí un residuo brillante en su cuerpo.
Lili se apresuró a quitarse su propia capucha negra—la Túnica de Goliat—y la arrojó sobre los hombros de la chica cubierta por las luces parpadeantes.
Mikoto se puso la capucha sobre su rostro tan baja como Haruhime y envolvió su cuerpo en la tela oscura antes de correr hacia el caos.
--¡¡…!!
Una flecha negra atravesó el campo de batalla, cortando todo a su paso.
La Daga Chizan desgarró a los monstruos lo bastante desafortunados como para estar en su camino, con sus miembros y torsos volando a izquierda y derecha. Luego pasó por delante de los propietarios de negocios de Rivira y la banda de pillos de Mord y se dirigió hacia el gigante que todavía se abría camino pateando las paredes de escudos.
De manera muy similar a los juegos de mesa tradicionales del Lejano Oriente, Mikoto se había convertido en una pieza más poderosa. Ahora, en igualdad de condiciones con los Aventureros Lv. 3, no perdió tiempo en ir en su ayuda.
Los atacantes se movieron para cubrir a los miembros de la pared de escudos recientemente destruida. Llamaron la atención de la bestia mientras los otros se retiraban. Mikoto, sin embargo, era libre de usar esa oportunidad para atacar y rápidamente saltó para acortar la distancia. Sus brillantes brazos envainaron a Chizan y desenvaino a Kotetsu con un rápido movimiento.
-- —¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
La Katana salió de su vaina a una velocidad vertiginosa y lanzo una cuchillada a la pierna del Goliat con un destello de luz.
A partir de ahí, la bestia que había permitido a Mikoto acercarse tan rápidamente recibió más cuchilladas en todo su cuerpo.
¿¡…!?
Un chorro de sangre brotó de la gruesa y regordeta pierna izquierda del gigante.
La robusta piel gris ceniza había sido perforada. La profunda herida estaba derramando sangre, un golpe que marcaba un cambio en el flujo de la batalla.
Perdiendo fuerza en su rodilla, el Goliat cayó al suelo con un fuerte ruido sordo y una onda de choque.
Los otros Aventureros de Segunda Clase, incluyendo a Bell, así como a los que estaban bajo el mando de Ouka, observaron con asombro como la figura de la túnica negra usando una Katana evitaba hábilmente la caída del gigante y se abría camino a través de otra área del campo de batalla, como una flecha negra disparada de un arco
--¡Eso tiene que ser trampa…!
Ver la increíble cuchillada de Mikoto—no, el impresionante poder del <Impulso de Nivel> de Haruhime—dejó a Welf sin palabras. El shock fue tan poderoso que olvidó sentirse orgulloso de que una de sus armas había asestado el golpe que literalmente había derribado al gigante.
--¡Santa mierda!
--¿¡A quién pertenece ese tipo!?
Saludos y alabanzas para el misterioso Aventurero encapuchado surgieron de las filas de los Aventureros de Rivira mientras realizaba una perfecta maniobra de golpear y correr. Mientras se las arreglaba para mantener su identidad en secreto, Mikoto podía sentir todos los ojos en ella desde debajo de la Túnica de Goliat. Se dio la vuelta para desatar otro ataque contra el Jefe de Piso. Era la misma técnica que había visto con sus propios ojos ser usada contra el Goliat Negro, movimientos que reflejaban sus vívidos recuerdos de <Tempestad>.
Detrás de todos los espectadores emocionados, Welf, Lili y Haruhime se distanciaron rápidamente del punto de partida de Mikoto para evitar cualquier atención no deseada.
--¡Todos ustedes perezosos atacantes, adelante! ¡Córtenlo! ¡AHORAAAAAAAA!
Era la oportunidad que habían estado esperando. Con sus espíritus encendiéndose repentinamente, una ola de Aventureros cargó hacia adelante mientras gritaban a todo pulmón.
Había una estrategia para enfrentar a monstruos de gran tamaño y Jefes de Piso: derribarlos, y abatirlos. Los atacantes prácticamente estaban babeando al ver que su objetivo se retorcía de dolor en el suelo.
Grandes Espadas, Martillos de Guerra y Hachas de Batalla brillaban amenazadoramente en la penumbra, la ola de Aventureros llegó al Goliat y levantaron sus armas.
Entonces—
-- —Déjenme hacer un intento.
Una sombra surgió de la nada, cruzando el campo de batalla en un abrir y cerrar de ojos y cortando el brazo derecho del gigante.
¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
--¿Wha…?
Welf se congeló tan pronto como le dio un buen vistazo a la persona que había aterrizado al lado de la bestia.
Una gruesa Katana, un hakama carmesí y largo cabello negro que se balanceaba por el impulso de su repentina parada. Sus labios se movieron por su cuenta.
--Tsubaki…
Casi como si lo hubiera escuchado, la recién llegada se giró hacia Welf y sonrió.
El brazo del Goliat dibujo un arco a través del aire y aterrizó a corta distancia, aplastando todos los monstruos lo bastante desafortunados como para estar debajo de él. Bell, Mikoto, Ouka y todos los demás Aventureros presentes pasaron el momento en un silencio atónito.
Piel color trigo y cabello negro atado en una cola de caballo. Su diminuta armadura sólo eran guanteletes y unas cuantas otras placas ligeras alrededor de su cuerpo. Con la gran Katana en su mano y su elección de ropa, tenía la atmosfera de un espadachín de una nación insular en el Lejano Oriente.
Pero la única característica que se destacaba por encima de todo era la venda que cubría su ojo izquierdo.
--<Ci-Ciclope>…
--… Lv. 5.
Varios Aventureros tragaron saliva mientras contemplaban a la guerrera que tenía tantas semejanzas con la Diosa de la Herrería, Hefesto.
--¡¡G-GANAMOS, BASTARDOOOOOOOOOS!!
La llegada de la líder de los herreros—parte herrera, parte Aventurera de Primera Clase—Tsubaki, vigorizó aún más a los Aventureros y aclamaron en celebración.
Ese fue el golpe final.
Su presencia en el campo de batalla disparó la moral al nivel más alto de todos los tiempos, y el flujo de la batalla cambio completamente a su favor. Las aclamaciones y gritos de alegría llamaron la atención de los otros Aventureros que estaban eliminando a lo último de los monstruos más pequeños, y llegaron corriendo hacia el gigante caído. Incluso el equipo de batalla conjunto se unió a la carga una vez que recuperaron sus posiciones.
La misión del equipo de exterminio se completó en cuestión de segundos con la ayuda de la herrera Lv. 5. La gran caverna cayó en silencio poco después.
× × ×
Una disputa por el botín se produjo poco después de que el Jefe de Piso fue asesinado.
Todos trataron de reclamar no sólo la Piedra Mágica del Monstruo Rex más grande de lo habitual, sino tambien el <Colmillo de Goliat> que apareció en las cenizas de la bestia. La pequeña montaña de Piedras Mágicas de los monstruos más pequeños también estaba en juego.
Aquellos en el exterior del embrollo—como extras que entraron más tarde, no se les permitió hacer ningún reclamo—estaban ya sea abrumados por los propietarios de negocios de Rivira tratando de vender algunas de las Piedras Mágicas más pequeñas o parados, atemorizados del espectáculo en su conjunto.
--Somos Aventureros, ¿Qué más hay que decir?
Mord dijo con una sonrisa forzada mientras él y sus pillos pasaban con su parte del botín firmemente en sus brazos carnosos.
Dado que no tenía sentido ver cómo resultaba la batalla por los restantes objetos de valor, el equipo de batalla conjunto de la <Familia Hestia> y la <Familia Takemikazuchi> decidieron bajar al 18º Piso ya que de todos modos estaban muy cerca.
Una <Zona Segura> llena de exuberantes verdes y hermosos cristales donde no nacían monstruos.
Una masa de cristales azules y blancos, parecido a un crisantemo, estaba asentada en medio del “cielo” azul de cristales sobre el Piso conocido como el <Resort Subterráneo>. Bell y el resto del equipo finalmente tuvieron la oportunidad de descansar sus cuerpos cansados.
--Una vez más, llegamos al 18º Piso sin planearlo…
Lili murmuró mientras protegía sus ojos de la brillante luz de la flor de cristal que brillaba en lo alto como el sol del mediodía.
Los miembros del equipo que participaron en los acontecimientos que tuvieron lugar hace un mes y medio reflejaban su experiencia mientras que los miembros restantes de la <Familia Takemikazuchi> admiraban el paisaje con una mezcla de temor y admiración. Haruhime, quien acababa de pasar recientemente por la
<Conversión>, agitaba ansiosamente su gruesa cola de zorro de un lado a otro mientras sonreía junto a Mikoto y Chigusa. Las tres chicas estaban recordando lo mismo: el paisaje donde jugaban juntas como niñas.
--Es como si hubiéramos retrocedido en el tiempo.
Ouka dijo con una sonrisa forzada mientras observaba a su pequeño grupo desde lejos. Sin embargo, Bell y Welf podían escuchar la emoción en su voz que su estoica expresión no mostraba.
Varios ríos atravesaban el bosque en la región meridional del 18º Piso. Algunos de los Aventureros cansados se arrodillaron en sus orillas y bebieron un poco de agua clara, mientras los demás se tendían en el suelo cubierto de hierba. El equipo de batalla conjunto estaba recién comenzando a recuperarse de la lucha contra el Jefe de Piso cuando el resto de los Aventureros de Rivira finalmente lograron atravesar el túnel de conexión.
--¿Por qué no vienen a la ciudad?
Gritó uno de ellos mientras agitaba la mano. Algunos más hablaron, diciendo que iban a celebrar su victoria, y los invitaron a participar.
Parte de su motivación era la culpabilidad por dejarlos fuera del saqueo del botín. Estaban de gran humor y se ofrecieron a invitarlos a un festín como una disculpa. Su oferta era difícil de rechazar. El equipo de batalla conjunto estaba así de cansado.
Por lo tanto, se unieron al grupo de Aventureros viajando hacia el oeste hacia la isla rocosa en medio de un lago. Cruzando el árbol puente hasta la isla, no pasó mucho tiempo antes de que llegaran a la ciudad en el acantilado y pasaran a través de la puerta de madera en su entrada.
--¡Oh, wow…! ¿Esta es la ciudad de Rivira?
--Um, ¿Es tu primera vez aquí, Haruhime-san?
--Sí, lo es. Participé en muchas aventuras durante mi tiempo con Ishtar-sama y así que he pasado por este Piso muchas veces… pero nunca se me permitió entrar en la ciudad.
El <Impulso de Nivel> de Haruhime y su propia existencia tenían que mantenerse en secreto, así que había sido ocultada de la vista lo más a menudo posible. Ahora estaba caminando entre las diversas tiendas de campaña y tiendas de trapo, mirando los cristales y sonrojándose de alegría. La cola y orejas de zorro de la Renart se movían de un lado a otro con entusiasmo, ya que no podía decidir a dónde mirar. Bell podía sentir la emoción que emanaba de ella y se sonrojó cuando ambos hicieron contacto visual por un momento.
La ciudad de Rivira tenía una gran vista del lago directamente abajo así como del extenso bosque al sur y al este. También se estaba haciendo una gran cantidad de dinero del mercado negro dentro de las carpas y tiendas que bordeaban las calles de la ciudad. Un bar había sido construido directamente en el terreno del Calabozo.
Muchas voces felices y borrachas resonaban desde el otro lado de la puerta en el acantilado.
Las calles estaban mucho menos concurridas que la última vez que estuvieron aquí, debido al ataque de Rakia. Aun así, las edificantes melodías de cuerdas e instrumentos de viento llenaban la ciudad. Todo estaba tranquilo bajo el cielo de cristal subterráneo.
--¡Ese fue un buen trabajo allá arriba, <Pequeño Novato>! ¡Habría sido jodido sin ti! Dijo el “líder” de Rivira, Boris Elder.
Extremadamente musculoso, el Aventurero era aún más alto que Ouka.
La mayoría de los miembros del equipo de batalla de Bell lo habían visto muchas veces durante la lucha a gran escala contra el Goliat Negro y lo reconocieron de inmediato.
No era alguien fácil de olvidar, con su intimidante figura y su aura brusca.
--Que estés aquí, significa que la <Familia Hestia> ira a los Pisos Inferiores, ¿Verdad?
--Uh, sí… Eventualmente.
--¡Bien hecho! ¡Seremos tu área de preparación para el ataque a los Pisos Inferiores! ¡Me aseguraré de que todos te den un descuento, compañero Aventurero!
Al igual que Mord, el líder de Rivira había visto lo que Bell hizo contra el Goliat Negro Irregular, y era relativamente amistoso con el chico humano de cabello blanco.
--¡Sí, sigue viniendo! ¡Muchas veces!
Dijo el hombre que reconoció el poder de Bell con una sonrisa poderosa; envolviendo su musculoso brazo alrededor de los hombros del chico. Sin embargo, Lili lo miraba sospechosamente mientras caminaba detrás de ellos.
--… Oh, sí, <Pequeño Novato>. Hay algo que quería pedirte.
--¿Y-Y eso es?
Ligeramente intimidado por el carnoso tronco de árbol alrededor de sus hombros, Bell forzó una sonrisa temblorosa y miró al líder. El hombre hizo todo lo posible para parecer dócil y bajó la voz para preguntar.
--Ese herrero de Espadas Mágicas está contigo, ¿Verdad? ¿Puedes presentarme con él?
× × ×
-- —¡Vamos, por favor! ¡Hazme una Espada Mágica! Arrugas aparecieron en medio de la frente de Welf.
Sucedió en medio del festín, de forma gratuita como se había prometido, cuando Bell había dejado el grupo para ir a hablar con el líder y Welf se había ido por su cuenta para encontrar un lugar cómodo en la base de unos cristales gemelos, uno azul y uno blanco.
La Gran Espada y la Espada Mágica todavía estaban atadas a su espalda cuando una pequeña horda de Aventureros se precipitó hacia él, gritando tan fuerte como podían.
--¡Una poderosa, como esas asombrosas Espadas Mágicas que vi en el <Juego de Guerra>!
--Eres uno de los Crosso, ¿No?
--Escuché que fueron maldecidos y que ya no podían forjar Espadas Mágicas. Toda era una mentira, ¿No?
¡Liberan un infierno de un golpe!
--¡Pagare cualquier cantidad, sólo da tu precio! ¡Así que vamos!
Formaron un anillo alrededor de él, envistiendo y empujando su camino hacia el frente con exactamente la misma petición: “¡Hazme una <Espada Mágica Crosso>!”
La mayor parte de Orario había presenciado el <Juego de Guerra> a través de los Espejos Divinos que habían sido colocados por todas partes la ciudad. La noticia de que las legendarias Espadas Mágicas—las de la leyenda actual—eran el trabajo de Welf se había extendido entre las filas de Aventureros como un reguero de pólvora. Todos querían Espadas Mágicas lo suficientemente poderosas como para convertir instantáneamente gruesos muros de castillo en montones de escombros. Fue fácil para ellos averiguar que el herrero en cuestión era miembro de la <Familia Hestia>.
--Bastardos…
Tuvo muchos visitantes después del <Juego de Guerra> que hicieron peticiones similares… pero ninguno de ellos fue tan insistente o agresivo como los de hoy.
La <Familia Hestia> había llegado a Rivira—el fabricante de esas espadas estaba aquí. Los únicos residentes de Rivira eran Aventureros, y todos sabían cómo obtener información. Se rego la voz, y prácticamente todos en la ciudad querían tener unas palabras con el herrero de Espada Mágicas.
Llenos de codicia, vinieron tras Welf en masa, todos rogándole que hiciera una Espada Mágica para ellos. El joven ya había tenido suficiente.
-- —¡¡Cállense, todos ustedes!! ¡Nunca venderé ni entregaré ninguna Espada Mágica! ¡Ahora cuéntenles a sus amigos y déjenme en paz!
Apartó a los Aventureros, rugiendo de ira.
Las peticiones serias y respuestas groseras se dispararon de un lado a otro, pero Welf no cedió. Escupiendo con disgusto y vomitando quejas, los Aventureros finalmente se rindieron cuando se dieron cuenta de que su voluntad era tan fuerte como el acero, y el miedo genuino a las armas atadas a su espalda comenzaba a inundarlos.
Haruhime y Chigusa también retrocedieron asustadas.
--Bastardos…
Susurró de nuevo, masticando las palabras mientras su mal humor continuaba empeorando.
--…
--… ¿Qué pasa con esa mirada, grandulón?
--Nada… ¿Quieres algo de esta Nube de Miel?
--¿Por qué demonios querría?
Ouka tuvo compasión de Welf y amablemente le ofreció una fruta dulce en un esfuerzo por animarlo, pero el hombre pelirrojo no quería nada de eso. Las chicas ahora estaban definitivamente asustadas, lo que lo hizo sentir peor, así que Welf se separó del grupo y partió para encontrar un lugar para calmarse.
Su habitual personalidad de hermano mayor había desaparecido. Ahora era el lobo solitario, merodeando por su cuenta.
--¡Welf!
--… Bell.
Bell lo encontró una vez que Welf había alcanzado uno de los puntos más pintorescos de toda Rivira.
El herrero había encontrado un lugar aislado de la multitud. El chico se acercó a él, con una expresión de disculpa y rascándose su cabello blanco.
--Lo siento, Welf. Parece que todos en la ciudad vinieron a buscarte… El líder me preguntó si podía hablar contigo, y traté de rechazarlo, pero…
--… No, nada de esto es culpa tuya. Sabía que esto pasaría mucho antes de cruzar esa puerta.
Había estado listo para ello en el momento en que eligió usar una Espada Mágica en lugar de dejar que las vidas de sus amigos pendieran de un hilo. Aun así, su orgullo como herrero y su obstinación se habían convertido en una de las principales causas de su muy furiosa reacción.
--No te disculpes.
Le dijo con una sonrisa forzada al chico que aún no sabía qué decir. Luego cerró los ojos y respiró hondo.
--Pero maldita sea, ¿Qué no conocen otras palabras además de “Espada mágica”…? ¿Tienen algún fragmento de autoestima? Las únicas cosas que un Aventurero necesita es un arma confiable en un brazo fuerte, eso es todo.
--Ahahaha…
El rostro de Bell se relajó en cuanto Welf se recuperó lo suficiente como para unir palabras.
--Hablando de eso—de espadas, de todos modos—¿Todo bien con esa Espada Corta que hice?
--Bastante bien. No es tan difícil de usar, y ayudo mucho en la batalla de hoy.
Bell retiró la Espada Corta de su vaina. El arma en su mano izquierda tenía un alcance más largo que las Dagas que llevaba, así que era genial para encargarse de los monstruos desde una distancia más segura. La cuchilla brillaba bajo la luz de los cristales de arriba.
--Me alegra escucharlo.
Dijo Welf con un gesto de satisfacción.
Justo cuando finalmente apareció una sonrisa en su rostro… Un conjunto de pasos salió de las sombras. Ambos se dieron la vuelta. Los ojos de Welf se abrieron por la sorpresa.
--Hahaha, eres popular, ¿No es así, Welfy-kun?
Podían ver un hakama carmesí y equipo de batalla al estilo del continente. Una gruesa Katana colgaba de su cintura. Una herrera con largo cabello negro atado en una cola de caballo. La líder de la <Familia Hefesto> y quien había saltado para salvar al equipo de exterminio, Tsubaki, se acercó.
--Tu—¿¡Qué es lo que quieres…!? ¿¡Por qué estás aquí!?
--¿Qué te pasa, Welfy-kun? ¿Esa es forma de saludar a un ex-jefe y compañera herrera? Que decepcionante.
¿No te cuidé mucho hasta que te fuiste?
--¡Sólo respóndeme, maldita sea!
--Hmph. Bien entonces, pero responderé a la segunda primero. Quise estirar mis piernas en el Calabozo después de demasiado tiempo. En cuanto a la primera… vine para hacerte retorcer.
Ella sonrió con un brillo en su ojo.
--¡Vete al infierno!
Welf replicó, apretando los dientes ante los recuerdos que inundaban su mente. Líder de la <Familia Hefesto>, Tsubaki Collbrande.
Con una altura de 170 centímetros, a menudo era confundida como humana. Aunque su madre realmente era una humana del Lejano Oriente, su padre era un Enano del continente, haciéndola semi-enana. Su piel color trigo tenía un brillo saludable, y sus pechos eran bastante grandes a pesar de estar atados debajo de su ropa de batalla. Tenía todas las cualidades físicas para ser una mujer muy atractiva, pero su espíritu libre y su deseo de divertirse significaba que pasaba poco tiempo tratando de actuar como una dama perfecta. Siempre parecía estar alrededor de Welf desde el día que entró en la <Familia>, pero eso sólo fue porque era muy divertido burlarse de él.
Todavía le gustaba burlarse del joven herrero Crosso, pero en esos días lo trataba más como un niño, ayudándolo de vez en cuando y dándole consejos, pero sobre todo utilizándolo como blanco de sus bromas.
Sucedía tan a menudo que Welf no podía recordar cada vez. Sin embargo, sabía que los otros herreros de la
<Familia> se referían a él como “juguete de Tsubaki” a sus espaldas.
Incluso el momento en que él, Bell y Lili se habían visto obligados a tomar la decisión de vida o muerte de viajar al 18º Piso hasta hace poco y la <Familia Loki> había venido en su ayuda, Tsubaki había sido parte de la expedición de la <Familia Loki>. Por supuesto, ella lo buscó, preguntándole si estaba solo sin ella en el taller. No había duda de que Welf no la quería mucho.
Al mismo tiempo, Tsubaki era reconocida en todo Orario, tanto como herrera como Aventurera de Primera Clase.
El hecho de que ella había alcanzado el rango de Maestra Herrera frotaba a Welf por el camino equivocado. Teniendo en cuenta cómo lo había tratado diariamente, el joven hizo todo lo posible por evitarla.
Welf frunció el ceño e intentó ocultar su rostro mientras Tsubaki le daba a Bell un breve saludo, ya que ambos ya se habían cruzado en el campo de batalla. Luego se giró de nuevo hacia él.
--Nuestra Diosa ha estado atrapada en una infernal rutina desde que te fuiste, Welfy-kun. Está sola.
--… Eso es una mentira.
En verdad, Welf se sorprendió al escuchar eso. Pero rápidamente oculto cualquier reacción.
--Oh, pero es verdad.
Respondió Tsubaki con un asentimiento generoso. El brillo regreso de nuevo a su ojo y otra sonrisa apareció en sus labios.
Bell observaba su conversación, no muy seguro de si debía intervenir mientras hablaba.
--¿Huh? ¿Qué está pasando?
--No es tan difícil de entender. Esos dos tienen una conexión especial… o algo así. Por lo menos, Welfy-kun está enamorado de esa Diosa. ¿No es así?
--¡Oi, ya basta! ¿Por qué estaría—?
La sonrisa de Tsubaki se ampliaba mientras más frustrado estaba Welf. Sin embargo, el rostro del joven se ruborizó y su voz temblaba mientras le gritaba que no hiciera suposiciones.
En cuanto a Bell, nunca había visto ese lado de Welf. Nunca sospechó que el joven sintiera algo más que la reverencia habitual que los dependientes tenían por sus Dioses. La súbita revelación lo tomo por sorpresa.
Welf, por el contrario, apartó la vista del chico, incapaz de resistir la visible sorpresa de Bell.
--Maldita sea…
Murmuró con la mano sobre su mejilla.
Entonces el joven dijo unas cuantas cosas como, “Ya basta”, y algunas otras expresiones más duras. Tsubaki se rió para sí misma, con sus hombros saltando hacia arriba y hacia abajo—entonces su aura repentinamente cambio por completo.
--Así es, cualquier viejo herrero podría enamorarse de esa tonta Diosa. Su ojo derecho rojo, el que no tenía vendaje, se estrechó hacia Welf.
--Como Diosa, como mujer… y por su habilidad con un martillo.
Las mandíbulas de Bell y Welf cayeron mientras Tsubaki continuaba.
--Welfy-kun, ¿Por qué demonios no usaste esa Espada Mágica desde el principio en la batalla? ¿Por qué te niegas a hacerlas?
--Tú—¿¡Estuviste allí todo el tiempo…!?
--Pensé que habías dejado de soltar toda esa basura de “no querer” hacer Espadas Mágicas.
Sabiendo que Tsubaki lo había estado observando desde el momento en que se unieron a la batalla del equipo de exterminio hizo que Welf rechinara sus molares. Ella ignoró la ira que apareció en su rostro y siguió hablando en voz baja y fría. El tiempo de juego había terminado.
La burla terminó y el interrogatorio estaba en marcha.
--Ya se trate de talento o sangre, nosotros como mortales no podemos acercarnos a forjar un arma suprema sin verter todo lo que tenemos en nuestro oficio. La tonta a quien tienes en el corazón está en otro nivel. Ni siquiera en tus sueños llegarás a ella de esa manera.
Las duras palabras de la mujer herrera dejaron a Bell sin palabras. Welf, sin embargo, estaba furioso.
El objetivo que impulsaba a todos los herreros a través de sus pruebas y tribulaciones, forjar un arma suprema…
Hefesto le había enseñado cómo era el reino de los Dioses, pero se negó a aprovechar la sangre en sus venas para llegar allí. Que Tsubaki tocara ese nervio era mucho peor que cualquier otro insulto y lo hizo tomar represalias.
--¡No me digas lo que puedo y no puedo hacer! ¡No tengo un fragmento de interés en alcanzar el reino supremo forjando Espadas Mágicas! ¡Odio esas cosas!
--…
--¡Llegare ahí haciéndolo a mi manera, ya lo verás!
La declaración de Welf de que llegaría a esa altura en sus propios términos sin confiar en las Espadas Mágicas hizo que el ojo derecho de Tsubaki se entrecerrara en nada más que una línea.
Su mirada entonces se movió a Bell—ella estaba dentro de su rango antes de que él supiera lo que estaba sucediendo.
Tsubaki se movió tan rápido que el sorprendido Welf no pudo verla. Bell se olvidó de respirar.
Todo lo que vio fue un destello, pero ese destello era ella sujetando la empuñadura de su Katana—con un destello de intención asesina en sus ojos. El cuerpo del chico reaccionó por reflejo, moviendo la Espada Corta todavía en su mano izquierda para protegerse.
Se acabó en un instante. La Katana de Tsubaki salió gritando de su vaina y chocó con la Espada Corta, rompiéndola por la mitad.
-- ————
*¡Snap!*
El tiempo se detuvo para Welf, el agudo tono metálico resonaba en sus oídos mientras observaba cómo la espada que había forjado se separaba.
No se rompió; se dividió.
Una simple cuchillada ascendente. No había técnica ni nada extravagante en su ataque, sólo un simple impacto de espada en espada. Y en ese momento en que las cuchillas chocaron, su habilidad como herrero había perdido.
La espada plateada rota giro a través del aire frente a ambos chicos. Bell se quedó sin habla. Welf estaba en estado de shock.
Ahora fue el turno de Tsubaki para atacar mientras el pedazo de la espada golpeaba el suelo.
--¿Se suponía que era un palillo de dientes?
Un brillante cielo azul estaba arriba; la ciudad de Rivira estaba en paz.
Pero todo eso podría haber sido completamente otro mundo. La mujer que estaba en lo más alto del mundo de la herrería mantuvo su tono frío mientras su voz resonaba en el Piso.
--¿A tu manera? Idiota, a esa velocidad morirás mucho antes de acercarte al reino de los Dioses.
--…¿¡…!?
--¿Convertirte en un Herrero de Clase Alta se te subió a la cabeza? La realidad en sus palabras atravesó su alma.
No tenía intención de actuar pomposamente. Sin embargo, no podía negar que el logro y orgullo que sentía al llevar el título de Herrero de Clase Alta le había hecho dejarse llevar un poco.
El ojo derecho de la mujer ardía con una mirada acusadora.
--Herreros que hacen espadas como esa hay a montones.
La voz de Tsubaki bajó de rabia mientras le daba el golpe final.
--No te sobreestimes, Welf Crosso.
Debajo de su ira, sus palabras tambien parecían una advertencia.
Pasó un pesado momento antes de que le diera la espalda, con su cola de caballo azotándose a un lado. Welf y Bell se quedaron parados en su lugar mientras ella daba su primer paso lejos de ellos.
--Mañana te pagare por el arma rota.
Sin molestarse en mirar por encima de su hombro, Tsubaki los dejó atrás.
Welf todavía no se movía. Pasaron otros varios segundos antes de que se desplomara en el suelo junto a la espada arruinada. No podía quitarle los ojos de encima.
--W-Welf…
No había manera de que las palabras del chico pudieran llegar a él ahora.
Todos los retos y dificultades que había superado hasta ahora palidecieron en comparación con el shock que acababa de recibir. Welf cayó en los pozos más profundos y oscuros de la desesperación.
× × ×
La luz de los cristales de arriba desapareció mientras la “noche” descendía en el 18º Piso. El equipo conjunto había decidido pasar la noche en Rivira.
Sus armas estaban en mal estado y habían usado una gran cantidad de sus Ítems durante la batalla contra el Goliat—en realidad, casi se les habían agotado—así que en lugar de acampar en el bosque donde la amenaza de monstruos al azar era real, optaron por la seguridad de la ciudad. Decidiendo tener su mini-expedición en otra ocasión, el grupo buscó un lugar para dormir.
Aunque se quejaron de que todos sus preparativos se habían ido a la basura, el grupo se estableció en una posada que fue construida en una cueva natural.
Todo en la ciudad de Rivira era caro porque los propietarios de negocios sabían exactamente lo que los Aventureros necesitarían y que estarían dispuestos a pagar más para conseguirlo. A pesar de todo eso, esta posada era notablemente razonable. No había problemas obvios en el interior; todo lo contrario. Con alfombras de pieles de Liger Fang en el piso, candelabros de Piedra Mágica, y habitaciones con camas, todo parecía estar en buena forma. Teniendo en cuenta las otras opciones, este lugar sin duda era una de las posadas de mejor calidad en Rivira.
Y, sin embargo, el precio era mucho menor…
--… Se dice que esta es la misma posada donde se descubrió el cadáver sin cabeza de un Aventurero…
--¿¡E-Estamos absolutamente seguras de que alojarse aquí es la mejor idea!?
--L-Lili-dono, ¿Por qué no miramos en un lugar diferente…?
--No, no es posible. Todos los otros lugares son demasiado caros. A Lili no le importa lo que ocurrió o no ocurrió aquí, el precio supera todo. ¡No es como si el Aventurero asesinado persiguiera estos pasillos…!
—Ese horrible incidente era la razón por la que no llegaban clientes a esta posada.
Haruhime, Mikoto y Chigusa estaban visiblemente temblorosas mientras planteaban sus objeciones, pero no lograron convencer a la frugal Hobbit de reconsiderar. Lili puso una cara valiente y fue a registrarse en la recepción. El recepcionista Beastman casi lloró de alegría al ver a sus primeros clientes en mucho tiempo.
Tan feliz, de hecho, que les otorgo aperitivos ligeros y vino de forma gratuita. Una vez que terminaron, todos tomaron caminos separados para ir a la cama. Habían reservado dos habitaciones, una para los hombres y otra para las mujeres. Las chicas se amontonaron en su habitación, haciendo todo lo posible para superar el miedo de lo que no se podía ver acostado de lado a lado en el suelo y tratando de dormir un poco.
Las luces se desvanecieron en las carpas y tiendas alrededor de la ciudad.
Solamente los bares permanecían iluminados. Voces borrachas y jubilosas llenaron Rivira mientras la noche descendía.
--…
Welf dejó la posada por sí mismo y regresó al mismo punto de vista donde todo había sucedido esa “tarde”.
Podía ver los muchos cristales brillantes que salpicaban el paisaje urbano al otro lado de la barandilla, así como el paisaje en su estado original del 18º Piso incluso más allá. El tenue resplandor de los cristales, muy por encima, se reflejaba en la superficie del lago debajo de él como estrellas.
No había vuelto exactamente aquí para admitir la vista, que era como ninguna otra cosa en la superficie, pero lo admiró durante unos momentos hasta que se dio cuenta de que tenía compañía y se dio la vuelta lentamente.
Bell había salido de la posada después de darse cuenta de que el joven había desaparecido. Permaneciendo fuera de la vista, lo había seguido hasta el punto de observación.
--¿Qué pasa, Bell?
Welf hizo todo lo posible para sonar amigable.
--Welf… yo, um…
--…
--Yo… Desde entonces… Incluso ahora, prefiero tu…
El chico tenía dificultad para hablar, su boca se abría y se cerraba torpemente mientras desesperadamente intentaba transmitir lo que sentía.
Pero no pudo, después de ver la mirada en los ojos de Welf. Sus propios ojos rojo rubí desviaron la vista y se quedó en silencio.
De alguna manera, comprendió cómo se estaba sintiendo el herrero, como si hubiera pasado por algo parecido antes. También sabía que, en ese estado, ninguna palabra lo confortaría.
Después de mirar a la izquierda y a la derecha por unos momentos, se acercó a Welf.
Ambos permanecieron parados en silencio, escuchando las pesadas voces que salían de los bares y mirando por encima de la ciudad de Rivira.
Estaban en el mismo lugar donde la espada que Welf había forjado se había roto con tanta facilidad.
--… Hey, Bell. ¿Puedo echarle un vistazo a la Daga de Hestia-sama por un momento?
--¿Huh?
--Por favor.
Welf habló después de unos minutos, haciendo una petición.
El chico se quedó allí un momento antes de asentir y sacar la Daga negra de la vaina en su cintura. Welf tomó la <Daga de Hestia> de su mano extendida.
--Ahhh, maldición… Realmente es una cosa de belleza…
Sus ojos siguieron el Texto Sagrado tallado en la superficie de la cuchilla mientras una mezcla de admiración y dolor se arremolinaba dentro de él. Una triste expresión se apoderó de su rostro.
La cuchilla divina casi le había quitado el aliento la primera vez que la vio.
El arma en sí misma pareció oscurecerse en el momento en que dejó la mano de Bell. Welf nunca había sido capaz de averiguar por qué hasta que se enteró de que fue Hefesto misma quien forjó la Daga.
Ese era su verdadero valor. La habilidad de un Dios había entrado en su creación. Una habilidad que estaba en un propio reino.
Una nueva oleada de admiración por la Diosa de la Herrería se elevó dentro de él mientras sostenía el arma en su mano.
--… Todos los herreros pasan por un rito de iniciación antes de unirse a la <Familia Hefesto>.
--… ¿Como una ceremonia?
--Sí. Cada uno de nosotros, sin excepciones.
Devolviendo la Daga a su dueño, Welf reflexionó sobre sus propios comienzos y explicó cómo había conocido por primera vez a Hefesto. Había huido de su lugar de nacimiento, el Reino de Rakia, y estaba buscando un nuevo país al cual llamar hogar. Había tropezado con un pequeño pueblo que se especializaba en metalistería y consiguió ser contratado como aprendiz, fue entonces cuando quien entro en su tienda fue Hefesto misma. No sólo eso, sino que él llamó su atención. Después de aceptar su invitación, lo llevó a una habitación en la sede de su <Familia> y comenzó su rito de iniciación.
--A todos se nos muestra una espada. Entonces decidimos si nos unimos o no.
Sólo ambos, solos en la habitación. Hefesto le había dicho: “Si no lo sientes, ve a otro lugar.”
Luego abrió la puerta de una habitación trasera. Eso estaba allí. Una sola espada estaba sobre un pedestal. Ver esa arma había enviado escalofríos por la espalda de Welf.
-- —Yo estaba temblando. Difícilmente podía creer que algún herrero humano pudiera hacer un arma así.
Recordar la visión de la espada forjada por las manos de Hefesto todavía le daba la piel de gallina. Con el poder del <Arcanum> sellado y sin otras habilidades especiales de las que hablar, la Diosa había utilizado técnicas puras y refinadas para forjar esa espada. Era la espada contra la que se juzgaba a todas las espadas, la original, forjada por el equivalente de las manos humanas. El ápice absoluto de lo que las personas del Mundo Inferior podrían lograr. Era un trabajo divino, una pieza que realmente pertenecía al reino de los Dioses.
--Es lo absoluto. Lo mejor que un humano sin ninguna habilidad especial podría esperar lograr.
Welf no miraba a Bell. En su lugar, su mirada fue lanzada sobre la ciudad mientras sus palabras reflejaban la pasión que todavía ardía dentro de su corazón.
No pudo evitar sonreír mientras los recuerdos de lo que vio ese día brillaban en su mente.
--Quiero hacer un arma que la supere.
Welf apretó su puño derecho justo delante de su pecho.
Cualquier persona que vio esa hoja al instante sintió una conexión con Hefesto, una especie de amor por ella para hacer que quieran aprender de ella y, finalmente, superarla. Despertando en ellos el deseo de llegar a la imponente Diosa. Los hacia querer verse a sí mismos llegando a su reino y descubrir lo que estaba más allá.
Era un camino mucho más difícil de lo que cualquiera podría imaginar.
En comparación, su viaje era mucho más extenuante y desafiante que el deseo de Bell de alcanzar a Aizu Wallenstein.
El objetivo del chico era la <Princesa de la Espada>—también conocida como <Valkyria>—una mortal que estaba en el lugar donde todos los Aventureros querían estar, entre los mejores de los mejores. El lugar donde Welf quería estar estaba entre el reino de los Dioses.
Era una altura que requería mucho más esfuerzo y devoción para llegar.
Sorpresa comenzó a aparecer en el rostro de Bell cuando comenzó a comprender la profundidad de la ambición de Welf.
La mirada del herrero pelirrojo estaba clavada en su puño cerrado.
--... Quiero hacerlo… o al menos quería.
Una sombra cubrió su rostro mientras su cabeza se inclinaba.
— “Nosotros como mortales no podemos acercarnos a forjar un arma suprema sin verter todo lo que tenemos en nuestro oficio.”
—“La tonta a quien tienes en el corazón está en otro nivel. Ni siquiera en tus sueños llegaras a ella de esa manera.”
La Herrera de Clase Alta conocía los límites de su habilidad.
Ella, quien estaba en la cima del mundo herrero, era un monstruo en su propio derecho reconocido como el líder por Hefesto.
Ella, quien sabía que su meta estaba aún más allá, entendía.
Pero hoy, ella había demostrado ese punto a un grado doloroso, así como dejaba en claro lo mucho que no era necesario.
Después de todo, él no era más que un herrero tratando de desafiar a un Dios, soñando un sueño legendario.
¿Era absurdo?
¿Era como dijo Tsubaki, y nunca alcanzaría su meta sin sacar provecho de la detestable sangre en sus venas? Sin ser un herrero de Espadas Mágicas, ¿Alguna vez estaría en el mismo reino que Hefesto?
--Yo…
Bell miró a Welf mirar hacia el cielo azul oscuro del Calabozo.
× × ×
El día siguiente.
La <Familia Hestia> y la <Familia Takemikazuchi> abandonaron el 18º Piso.
Después de pasar un poco de tiempo en los Pisos Intermedios recuperando sus pérdidas financieras de la lucha contra el Jefe de Piso y por pasar la noche en Rivira, el equipo de batalla conjunto regreso a la superficie justo antes del anochecer.
Algunos de ellos fueron al Intercambio; otros regresaron directamente con sus Dioses para informarles de lo que había sucedido en el Calabozo. Todos tomaron caminos separados en el Parque Central. Welf se fue por su cuenta, caminando por las calles de la ciudad bajo el cielo rojo oscuro.
Los edificios a ambos lados de la calle estaban llenos de voces bulliciosas y bien iluminados por Lámparas de Piedra Mágica. Los Aventureros, recién regresando del Calabozo, compartieron sus historias de valentía con otros clientes, meseros, o cualquier persona que quisiera escuchar. Los bardos utilizaban una serie de instrumentos para llenar los bares con melodías optimistas mientras los oyentes cantaban con tarros de cerveza en sus manos. Incluso las mujeres más bellas que trabajaban en los bares entraron en el acto bailando junto con la música. Todos estaban sonriendo, riendo, y pasando un buen rato.
Welf pasó por la animada multitud sin decir una palabra. Nadie le saludó mientras pasaba por el borde de la calle. Era como si nadie se diera cuenta de que estaba allí.
No había visto a Tsubaki desde su acalorada conversación.
Sus palabras, sin embargo, nunca se habían ido. Todavía persistían en sus oídos, arrastrándolo a un torbellino de angustia cada vez que bajaba la guardia.
--Maldita sea.
Gruñó y sacudió la cabeza. Había estado haciéndose las mismas preguntas una y otra vez desde la noche anterior, pero aún no había llegado a ninguna conclusión.
A pesar de que, al final, sólo había una respuesta.
Con su frustración aumentando a medida que su espíritu se hundía, Welf miraba sus pies mientras caminaba. Sus ojos no hacían más que trazar el patrón de piedra del pavimento mientras pasaba por debajo de él.
Se alejó hacia el oeste, con los últimos rayos de sol iluminando su chaqueta, cuando de repente—
-- —Welf.
Escucho una voz que no podía creer.
-- ——
Welf se congeló en el acto. Con sus ojos ensanchándose, rápidamente giro su cabeza hacia la voz.
Por un breve instante, estaba seguro de que algo estaba mal en su cabeza, que estaba alucinando y que sólo era un producto de su imaginación. Pero efectivamente, podía ver un contorno débil en las sombras de un callejón a su lado.
Las sombras se arremolinaron como si estuvieran sacudiendo una capa delante del inmóvil Welf y se movieran más lejos en el callejón. Una invitación, sin duda.
Welf la siguió sin vacilar.
Oi, no puede ser, ¿Por qué—?
Se abrió camino a través del estrecho callejón.
Más y más nuevas preguntas llenaban su mente a cada momento, enviando sus pensamientos al caos.
¿Por qué estaría el aquí?
Su pulso se aceleró. El golpeteo de su corazón contra sus costillas era demasiado fuerte para ignorarlo. La ansiedad amenazaba con abrumarlo mientras seguía a la figura envuelta aún más profundo en los sinuosos callejones de la ciudad—hasta que, finalmente, la sombra se detuvo.
Estaban en algún lugar en los callejones. La basura estaba esparcida por el camino; animadas voces flotaban desde los bares en la distancia.
La figura encubierta se giró hacia Welf mientras permanecía parado en un camino completamente desierto y estrecho. Luego se quitó la capucha.
--Ha pasado mucho tiempo, Welf.
El rostro de un hombre de mediana edad que parecía mucho más viejo salió de la capucha. El número inusualmente grande de arrugas que cubrían su rostro hacia que su edad fuera difícil de determinar. Su cabello castaño, largo para un hombre, estaba atado detrás de su cabeza. Sus ojos hablaban de años de dificultades, pruebas y tribulaciones. No había brillo, ni fuerza en su mirada.
Welf no podía creer lo que estaba viendo mientras miraba al anciano humano que era un espejo de sí mismo, mostrando cómo sería en unas pocas décadas. Entonces le habló.
--¿Viejo…?
La persona delante de él no era otro que su verdadero padre. Tenían la misma sangre corriendo por sus venas. Wil Crosso.
Welf había cortado todos los lazos con él hace siete años. Este hombre no debería ser más que una parte de su pasado.
Un ciudadano de Rakia, él era el jefe actual de la caída familia noble de herreros, los Crosso.
--¿Por qué estás aquí…? ¿¡Por qué tú estarías aquí!?
--¿Necesitas una respuesta, chico tonto?
Welf luchaba por controlar su temblorosa voz. Wil le lanzó su mirada cansada al joven. El apretó su mandíbula.
Justo como el hombre había dicho, la respuesta obvia estaba justo afuera de la muralla de la ciudad. Pensar no era necesario.
Todos sabían de los 30.000 soldados que actualmente luchaban contra la Alianza de Orario. El hombre frente a él pertenecía al ejército del rey divino que vino de Occidente.
La sangre de Welf hervía mientras reconstruía todo. Este hombre se había escabullido en la Ciudad Laberinto como parte de la invasión Rakiana.
¿¡No me digas…!?
La razón por la que Wil llegó a la ciudad, la razón por la que lo había buscado, la razón por la que Rakia quería atacar en primer lugar—
El padre del joven observo las expresiones pasando sobre el rostro de su hijo y declaro su propósito.
--Welf. Forja Espadas Mágicas para nosotros.
--… ¡¡…!!
--El Reino de Rakia, el propio Ares-sama, ha reconocido el poder de tus Espadas Mágicas. Las que forjaste para esa batalla sin sentido entre Dioses usando el regalo de nuestra familia.
La batalla entre Dioses—el <Juego de Guerra>.
Así como su habilidad había atraído la atención de los Aventureros dentro de Orario, la palabra de la increíble fuerza de las Espadas Mágicas de Welf se había extendido al Reino de Rakia. Y ahora Ares había lanzado un ataque en un esfuerzo por asegurar las poderosas <Espadas Mágicas Crosso> de Welf para él mismo.
--La única razón por la que esta guerra se prolonga es gracias a ti.
Esa dura verdad golpeó a Welf como un puñetazo en el estómago, el shock recorrió todo su cuerpo y lo dejo sin palabras.
Esas Espadas Mágicas habían elevado al ejército de Rakia a la invencibilidad, permitiéndoles obtener inimaginables niveles de gloria en los días de antaño. Ahora querían recuperar ese estatus legendario invadiendo a Orario para reclamarlo.
Welf se quedó sin habla por el nivel de obsesión de Rakia con las <Espadas Mágicas Crosso>.
--Por supuesto, nos habíamos estado preparando para atacar a Orario desde hace algún tiempo. Sin embargo, una vez que llegaron las noticias del <Juego de Guerra>, Ares-sama y nuestro rey decidieron cambiar nuestros planes.
--… ¡…!
--Entonces se volvió mi papel recuperarte… Ven conmigo, Welf. Contigo y las <Espadas Mágicas Crosso> a nuestro lado una vez más, Rakia recuperará su antigua gloria.
Su Dios tenía sed de batalla. Welf pensó que probablemente no era el único objetivo de Rakia.
Sin embargo, el hecho de que el Reino de Rakia había levantado un ejército de 30.000 hombres e iniciado una guerra total sólo por <Espadas Mágicas>, y luego envió a este hombre a recogerlo, sólo añadió combustible al fuego ardiendo en su corazón.
--¿¡Eres estúpido!?
Welf prácticamente escupió las palabras de su boca.
El Gremio era muy estricto cuando se trataba de vigilar el flujo de guerreros capaces, de modo que atraer a un Aventurero de Clase Alta fuera de la ciudad era casi imposible—y escalar la gran muralla de la ciudad no era tarea fácil. Incluso si Wil logró ponerse en contacto con Welf, la fuerza total e indignante de los Aventureros de Orario estaría allí para impedir su retirada.
La solución era traer a los 30.000 soldados y sacar a tantos Aventureros como fuera posible.
Lo más probable es que la razón por la que todavía luchaban ahora era para comprar suficiente tiempo para sacar a Welf de Orario.
El Reino de Rakia estaba dispuesto a ir a tan lejos para recuperar el poder perdido de las <Espadas Mágicas Crosso>.
--¡Vete al infierno! ¿¡Yo, unirse a ti!? ¡Sigue soñando! ¡Le dije adiós a la familia y a Rakia hace mucho tiempo!
¡No hay razón para que vaya junto con tu jodidamente loco plan!
--Chico tonto, te estaba dando la oportunidad de venir pacíficamente por piedad paterna… Padre e hijo, estaban encerrados en una intensa mirada desafiante.
La atmosfera era tensa, pero Welf no se dejó intimidar por las amenazadoras palabras de Wil. Alcanzando las espadas atadas a su espalda, curvó sus labios en una sonrisa.
--¿Entonces me vas a secuestrar? ¿Arrastrarme por la fuerza?
Welf ahora era consciente de las otras figuras que intentaban ocultarse en la oscuridad. Miró hacia los callejones, sonriendo como si quisiera luchar.
--Podríamos estar fuera del camino aquí, pero no lo suficientemente lejos para que las personas no escuchen una batalla. Éste es Orario—no habrá escape una vez que sepan que estás aquí.
Welf era Lv. 2. Era más fuerte que la mayoría de las personas que vivían fuera de la ciudad, incluyendo a los miembros promedio del ejército de Rakia. Sus oponentes tendrían que emplear otras estrategias. Aunque el joven se sorprendió genuinamente de que llegaran tan lejos sin ser descubiertos por el Gremio, eso también significaba que no podía haber muchos de ellos. Se necesitarían más que unos cuantos soldados para dominarlo.
Welf tenía la ventaja, así como la empuñadura de su Gran Espada. Sin embargo, la expresión de Wil se mantuvo sin cambios mientras le decía a su hijo:
--Si te niegas a venir en silencio, mis camaradas dentro de la ciudad la harán arder en llamas con Espadas Mágicas. Auténticas Crosso, además.
-- ——
El resplandor de la espada estaba unos pocos centímetros fuera de su vaina cuando la mano de Welf se detuvo bruscamente.
Sus ojos temblaban en estado de shock mientras gritaba.
--¡No me vengas con esa mierda! ¡No puede haber más <Espadas Mágicas Crosso> en Rakia!
--En realidad, sí, hay. Cincuenta de ellas se salvaron en el momento de la maldición de los Espíritus.
Continuó agregando que Welf no había sido lo bastante mayor para aprender ese secreto familiar antes de que se fuera.
Una sonrisa apareció en el rostro de Wil por primera vez.
En los días de antaño, cuando las <Espadas Mágicas Crosso> pavimentaron el avance del Reino de Rakia con una destrucción total, cualquier cosa cercana al campo de batalla—ya sea lagos, montañas o bosques Elficos— se convirtieron en nada más que montones de ceniza carbonizada. Eso atrajo la ira de los Elfos y otros Espíritus, que rompieron todas las Espadas Mágicas en fragmentos inútiles. Su último acto fue poner una maldición sobre la familia de herreros que las crearon. Ahora, Welf era el único miembro de la familia capaz de forjar Espadas Mágicas.
Sin embargo, no había incertidumbre en la voz de Wil cuando afirmó que varias de las Espadas Mágicas habían sobrevivido a la purga de los Espíritus y la maldición.
--Los comandantes tenían miedo de perderlas, así que estuvieron acumulando polvo durante todos estos años… Con su sonrisa todavía pegada a su rostro arrugado, Wil extendió su dentro de su capa y retiró una espada.
--Esto debería ser prueba suficiente.
-- ——¡…!
El arma firmemente en manos de su padre era, sin duda, una Espada Mágica.
Welf supo en un instante lo que significaba la energía roja arremolinada en el interior de su hoja, y se quedó sin habla. La sangre Crosso en sus venas sabía reconocer a una de las suyas. Eso no era un engaño.
--Mis compatriotas también tienen una. Si doy la señal o no vuelvo a su debido tiempo, desatarán el fuego del infierno en Orario.
Si las <Espadas Mágicas Crosso> fueran usadas dentro de las paredes de Orario, los resultados serían catastróficos.
Justo como el bosque Elfico y los hogares de los Espíritus, está tranquila ciudad se convertiría en un mar de llamas, sus edificios serian reducidos a escombros. Incontables vidas civiles se perderían si eso llegara a suceder.
Wil pudo ver que su hijo entendía la situación y entrecerró los ojos.
--Vienes con nosotros y nada de eso sucede. Nada en absoluto.
El anciano Crosso observó el fuego desaparecer del rostro de su hijo, y su sonrisa se convirtió en una sonrisa siniestra.
Entonces comenzó a hablar con una alegría desenfrenada, liberándose gradualmente de años de supresión con cada palabra.
--¡Welf, el Reino de Rakia se levantará una vez más a tu regreso! ¡Y nosotros, la familia Crosso, podremos disfrutar de nuevo de la gloria de los viejos tiempos! ¡Dinero, estatus, fama—todo nuestro!
--… ¡…!
--¡Ares-sama dio su palabra de que restaurará a nuestra familia al lugar que le corresponde si accedes a forjar Espadas Mágicas una vez más! ¡Nuestro nombre de familia será anunciado como lo fue una vez! ¡Los máximos deseos de la familia Crosso se convertirán en realidad, y yo lo llevare a cabo!
Wil dejó que sus emociones se apoderaran de él, una nueva luz que brillaba en sus ojos muertos mientras su largo cabello se agitaba debajo de la atadura detrás de su cabeza.
El vigor en sus ojos estaba muy cerca del borde de la locura. Parpadeaban con un brillo anormal en la penumbra.
Welf se sintió abrumado por la devoción de un hombre atrapado por la obsesión de su familia. Las muchas arrugas en el rostro de Wil se torcieron y curvaron mientras sonreía en la dirección de su hijo.
--Haz tus preparativos para salir de Orario esta noche. Trae todas las Espadas Mágicas que tengas en tu posesión a las instalaciones de almacenamiento ubicadas en el borde suroeste de la ciudad a medianoche… No debo recordarte lo que pasará si le cuentas a alguien, ¿Verdad?
Wil terminó de darle órdenes a su hijo antes de regresar a las sombras.
Las otras figuras en los callejones también se retiraron, pero algunos se mantuvieron lo suficientemente cerca como para que Welf pudiera sentir su presencia. Estaba siendo observado.
Welf se quedó allí, mirando a su padre hasta que desapareció. Sus manos se apretaron en puños temblorosos.
× × ×
Después de volver a casa, Welf inventó una excusa para pasar la noche en su taller para evitar hablar con alguien.
No estaba seguro de su capacidad para mantener una expresión tranquila. Lo último que quería era que Hestia se diera cuenta de que algo estaba mal.
Solo en el edificio de piedra en el jardín trasero de su sede, a la luz de las llamas rojas que iluminaban su rostro, Welf miró fijamente el corazón del fuego en la fragua. Se sentó en su banco, sin mover un músculo.
Su mente comenzó a agitarse junto con la sutil danza de las llamas.
Cada cambio en el fuego producía un montón de recuerdos olvidados que habían sido despertados por la repentina reunión con su padre.
—“Escucha las palabras del metal, presta tus oídos a sus ecos, pon tu corazón en tu martillo.”
Antes de darse cuenta, había un martillo en su mano y un metal caliente sobre el yunque.
*¡Wham!* *¡Wham!*
Una lluvia de chispas caía al suelo con cada impacto, los ecos llenaban el taller. Su corazón escuchaba el canto del metal, sincronizándose con él para crear una calma en la tormenta. Welf estaba encontrando su centro.
*Crackle, crackle*
Los sonidos de la rugiente fragua se elevaron en la noche que se profundizaba. Había completado la espada en el momento en que tenía que partir.
No era una Espada Mágica, pero el arma plateada emanaba un resplandor claro. Un tipo de espada que él nunca había hecho antes estaba en sus manos.
Pasó varios momentos contemplando su reflejo en la superficie de espejo de la espada blanquecina. Luego la colocó suavemente sobre el yunque. Envolviendo varias armas en un grueso trozo de tela blanca, abandonó su taller.
El tiempo había pasado mucho más rápido de lo que había previsto.
El cielo nocturno estaba despejado y lleno de estrellas. No había luces en las ventanas de la <Mansión de la Chimenea>.
Welf contemplo su hogar durante algún tiempo antes de salir por la puerta trasera.
El tiempo designado se acercaba. Welf se dirigió silenciosamente por las calles hacia las afueras de la ciudad. Cuando de repente…
--Qué demo—¿¡Bell!?
Sintió la presencia de alguien que lo seguía y se movió para confrontar a quienquiera que fuera, sólo para encontrar al chico de cabello blanco.
Bell dio un pasó directamente a la luz de una Lámpara de Piedra Mágica y pasó varios segundos tratando de averiguar qué decir. Unos pocos segundos más tarde, dijo con una voz tranquila:
--Parecías molesto… Y estaba preocupado.
Bell fue el único que había notado que sucedía algo con el herrero durante su breve interacción en casa. Welf se sorprendió por el chico que se había escapado por la noche para seguirlo… Pero entonces sonrió.
Había ocurrido de nuevo, al igual que en el 18º Piso cuando Bell llego saltando tras él como un conejo solitario. Le hacía sentir calidez en el interior.
Extendió su mano derecha y sacudió el cabello del chico.
Ver la mirada en blanco en el rostro del chico rompió sus últimas defensas, y Welf sonrió en serio. Ver esa suave expresión hizo que Bell siguiera su ejemplo.
Welf había estado decidido a resolver este problema por su cuenta, pero ahora sentía como si pudiera compartir la carga. Le contó al chico todo lo que había ocurrido esa misma tarde.
--¿¡R-Rakia!? ¡No sólo eso, sino que tu padre…!
--Sí. A ese país realmente parecen gustarle las <Espadas Mágicas Crosso>. Bell se quedó atónito ante la noticia mientras ambos continuaban por las calles.
Welf todavía podía sentir la presencia de sus observadores manteniendo su distancia, ¿Pero qué podían hacer en este punto? Con Bell alrededor, no serían capaces de acercarse sigilosamente a él y se verían obligados a dejar que esta transgresión se deslice.
--… Entonces, ¿Qué vas a hacer?
Bell lo miro hacia arriba con ansiedad, visiblemente tembloroso.
Estaba legítimamente preocupado de que el herrero pelirrojo cediera a sus demandas. Welf rió secamente, mostrando una sonrisa.
--No voy a dejarte—a ninguno de ustedes—atrás. Así que no te preocupes. Le dijo al chico que se lo dejara todo a él.
Al mismo tiempo, la preocupación de Bell ayudó a Welf a relajarse. Ambos siguieron caminando bajo el cielo nocturno hacia su cita con el destino.
Había una estación de paso entre las instalaciones de almacenaje situadas en el borde sudoeste de la ciudad.
Servía de entrada para los envíos que llegaban a Orario por tierra y mar. Los productos de otras regiones y países eran traídos aquí y almacenados hasta que los comerciantes los distribuían a través de Orario. También servía como mercado, ya que muchas personas venían a comprar artículos inusuales de tierras extranjeras.
Bell y Welf se dirigieron a una parte de la instalación que albergaba muchos almacenes grandes y pequeños. Las Lámparas de Piedra Mágica eran pocas y distantes entre sí y no podían iluminar todos los caminos que se extendían a través de la instalación como una telaraña. Había muchos callejones oscuros y puntos ciegos para contar. La intimidante presencia de la imponente muralla de la ciudad también estaba cerca.
Ambos mantuvieron un ojo en su entorno hasta que finalmente apareció un hombre con capucha en un callejón. Él agitó su capa como una indicación para seguirlo. *Gulp* Welf escucho a Bell tragar saliva con fuerza mientras seguía al hombre, con el chico de cabello blanco a su lado.
El callejón estaba completamente desierto excepto por el sonido de tres pares de pisadas. El hombre encapuchado los condujo a un antiguo almacén rectángulo que había visto días mejores.
-- —Te dije que vinieras solo, Welf.
--Quise hacerlo, pero él me siguió por su cuenta. ¿Que se suponía que debía hacer?
Wil Crosso se encontraba en medio de la vieja unidad de almacenamiento, iluminado por la luz de la luna que venía a través de las ventanas de cristal en la parte superior de sus altos muros. Las cejas del hombre se hundieron en disgusto. Welf, sin embargo, extendió su mano y agitó el cabello de Bell con su mano derecha. Wil observo cómo el chico de cabello blanco se ruborizaba mientras su hijo se burlaba de él.
--No importa.
Dijo con una sonrisa forzada.
--Fue agradable conocerlo, pero aquí es donde ambos se despiden.
Wil metió su mano en la capa y retiró su Espada Mágica. Casi como si fuera una señal, otras figuras encapuchadas emergieron de las sombras del viejo almacén.
Había por lo menos cincuenta de ellos, mucho más de lo que Welf había esperado. Con Bell a su lado, el joven se preparó a si mismo ante los números abrumadores.
--¿Cómo demonios han entrado en Orario? ¿Los porteros estaban durmiendo?
--El Gremio puede ser poderoso, pero Orario no es una fortaleza. Comerciantes, <Familias>… Hay varias maneras de entrar y salir.
Wil dejó sus palabras abiertas a la interpretación, evocando ideas de un topo dentro de Orario o que la vigilancia del Gremio estaba lejos de ser perfecta. Sólo sirvió para empeorar el estado ánimo de Welf.
Los aliados de Wil comenzaron a entrar en la luz de la luna—los soldados de la <Familia Ares> habían ocultado sus identidades con un surtido de capas y túnicas con capucha, disfrazándose de viajeros. Desenvainando Cuchillos y Dagas de vainas ocultas en sus cinturas, los guerreros se movieron para rodear a Bell y Welf.
--Ahora, chico tonto. ¡Vendrás con nosotros!
Bell y Welf estaban listos. La voz de Wil crepitó con una alegre risa. Pero entonces…
Un sinnúmero de Lámparas de Piedra Mágica volvieron a la vida, inundando el almacén con una luz brillante.
--“ “ “ “ “ “¿¡…!?” ” ” ” ” ” ”
Wil, sus soldados, Bell y Welf quedaron atónitos.
Un círculo de demi-humanos que superaban en número a los soldados de Rakia tenía a todo el grupo rodeado. El almacén estaba bajo su control.
Welf entrecerró los ojos para proteger sus ojos de la súbita ráfaga de luz que emanaba de sus lámparas. Lo primero que vio cuando sus ojos se ajustaron fue el emblema grabado en la armadura de los recién llegados.
Martillos superpuestos delante de un volcán.
--¿¡L-La <Familia Hefesto>!?
La voz de Bell resonó a través del almacén al mismo tiempo que el anillo de demi-humanos se separaba para permitir que una mujer entrara.
--Bueno, parece que Finn dio justo en el clavo.
--¿¡Tsubaki!?
La mandíbula de Welf cayó al ver a la mujer herrera, con su larga cola de caballo negra moviéndose de un lado a otro y un ojo oculto por un parche.
Dirigiendo a una <Familia> conocida en todo el mundo, Tsubaki apareció junto a los muchos Herreros de Clase Alta que formaban a uno de los grupos más poderosos de Orario de Aventureros y artesanos. La voz de Wil se estremeció mientras gritaba tan fuerte como podía:
--¿¡P-Por qué, cómo nos encontraron!?
--Oh, hemos sabido de esta pequeña estratagema desde hace un tiempo. Así que hemos estado vigilando de cerca a tu objetivo.
El rostro de Wil se tensó en una mezcla de conmoción e incredulidad. Al mismo tiempo, los labios de Tsubaki retrocedieron en una sonrisa presumida mientras hablaba.
--La <Familia Loki>, al darse cuenta de que el ejército de Rakia había estado evitando una batalla decisiva, descubrió su verdadero objetivo. Trabajando junto con el Gremio, habían ordenado que la <Familia Hestia>— especialmente Welf—estuviera bajo vigilancia.
--Entonces yo era el cebo, ¿No es así…?
La ira de Welf era palpable mientras le gritaba a Tsubaki cuando terminó de explicarle a su padre y a los soldados Rakianos. Esa fue la razón por la que ella había estado apareciendo, incluso en el Calabozo—en los últimos días.
Tsubaki se encogió de hombros ante la feroz mirada de Welf mientras una Diosa aparecía junto a ella.
--Mis niños han capturado los refuerzos que habías estacionado fuera del almacén. Sean agradecidos.
--¿¡D-Diosa Hefesto…!?
Wil retrocedió ante la aparición de la Diosa que llevaba un parche en el ojo similar pero del lado opuesto que Tsubaki.
El parche ocular de Hefesto, belleza, ojo carmesí y cabello eran inmediatamente reconocibles en todo el mundo. Su repentina aparición sorprendió a los soldados de Rakia. Wil contraataco con un tono que bordeaba en la locura.
--¡Esto no ha terminado! ¡Todavía tenemos nuestras Espadas Mágicas—el poder de los Crosso está de nuestro lado!
Levantó la brillante espada roja en su mano—la <Espada Mágica Crosso—en el aire. Un ansioso escalofrío recorrió a Bell y a los miembros de la <Familia Hefesto>.
Era una de las últimas Espadas Mágicas legendarias que se decia que eran capaces de “quemar el mar”. La expresión de Tsubaki se volvió mucho más severa ante un arma perfectamente adaptada para asumir números superiores.
Hefesto permaneció tranquila y compuesta. Ella lanzo su mirada al todavía silencioso Welf.
Los soldados de Rakia fueron revigorados por el llamado de Wil; cada uno desenvaino sus propias Espadas Mágicas una por una.
--¡Welf, ven con nosotros si no quieres ver la ciudad convertirse en un océano de llamas!
Wil le grito a su hijo, con ojos que habían perdido su vigor pero que ahora ardían de una espantosa desesperación.
--Bueno, no planeé eso. Entonces, ¿Qué hacer…? ¿Huh, Welfy-kun?
--Todos ustedes manténganse fuera de esto.
--¡Welf!
--Tambien tú. Confía en mí.
Tsubaki llamó al hombre pelirrojo que caminaba hacia su padre. Pero Welf no levantó la mirada cuando respondió. Cuando Bell también dio unos pasos hacia él, Welf le lanzó una sonrisa por encima de su hombro.
Una expresión de alivio se extendió sobre el rostro de Wil cuando su hijo se acercó.
--¡Así es, Welf! ¡Ahora ven, entrega todas las Espadas Mágicas que trajiste!
Welf siguió caminando hacia su padre lleno de alegría, pero se detuvo a diez pasos delante de él.
Todos en el almacén observaban con la respiración contenida mientras Welf extendía su mano hacia el rollo de tela blanca que llevaba sobre su hombro. El joven sacó una sola Espada Larga de color carmesí oscuro de dentro de la masa de espadas contenidas dentro de la tela. Entonces la levantó.
--Esto es todo lo que tengo.
--¿Qué…?
--Sí. Esta es la única que hice.
Declaró que en su hogar y taller, esta era la única <Espada Mágica Crosso> que había. Fue entonces cuando Wil se dio cuenta de que Welf había traído todas las otras armas envueltas en la tela para ayudarle a escapar de sus garras. Su rostro cambió instantáneamente de sorpresa a rojo ardiente de rabia.
Welf simplemente dijo que no había manera de forjar una Espada Mágica en menos de medio día y se encogió de hombros.
--¿Ya olvidaste lo que te dije, chico tonto…? ¡Orario se convertirá en un paisaje del infierno…! Welf interrumpió las protestas de su padre.
--Esa espada en tu mano es la única verdadera Crosso, ¿Verdad?
-- ———
Bell, Tsubaki y toda la <Familia Hefesto> reflexivamente se acercaron más a los dos hombres en el centro del almacén después de escuchar esas palabras.
Sólo Hefesto no se vio afectada mientras contemplaba la tensa escena.
--Pasar algún tiempo encerrado en mi taller era justo lo que necesitaba para refrescarme. Incluso si esas Espadas Mágicas sobrevivieron a la purga, no hay manera de que Rakia dejara salir a todas al mismo tiempo.
Al igual que su familia, Welf sabía que el Reino de Rakia anhelaba sus días de gloria cuando las <Espadas Mágicas Crosso> reinaban supremamente, y por lo tanto estaban muy apegados a ellas. No se arriesgarían a perder las pocas Espadas Mágicas que quedaban en un plan que podría no tener éxito. Era muy improbable que esta fuerza expedicionaria tuviera acceso a las <Espadas Mágicas Crosso> restantes en primer lugar.
Había razonado que su plan original debía ser reunirse con sus aliados fuera de la muralla de la ciudad, armados con todas las nuevas <Espadas Mágicas Crosso> que supuestamente él había forjado y luego atrapar a las fuerzas de la Alianza en un mortal ataque de pinzas.
Welf había descubierto que su regreso a Rakia era la moneda de cambio, cómo su padre había negociado su manera de adquirir una de sus preciosas Espadas Mágicas restantes.
Wil permaneció allí en un conmocionado silencio, casi confirmando las sospechas de Welf. Sus aliados sí llevaban Espadas Mágicas, pero no eran <Espadas Mágicas Crosso>. Cada uno de ellos intercambió miradas nerviosas.
Welf se mantuvo de pie, confiado. Wil dio un paso atrás ante la mirada aguda de su hijo.
--Gah—¡GRHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Los ojos de Wil repentinamente destellaron mientras aullaba de rabia.
--¡Quédense atrás! ¡Sólo una es suficiente para quemarlos a todos hasta el olvido!
Otra oleada de energía nerviosa atravesó el almacén mientras el hombre que sostenía la brillante espada roja se tambaleaba a punto de perder la cabeza.
Su destino seria determinado por el movimiento de su muñeca. Bell extendió su brazo derecho para desatar su propia Magia en cualquier momento. Tsubaki se lamió los labios, con su mano descansando nerviosamente sobre la empuñadura de su gruesa Katana, desplazo su pie derecho para conseguir el mejor salto posible.
En medio de toda esta tensión, Welf dijo: “Hazlo”.
Su padre se congeló. El cabello rojo de Welf se deslizó hacia un lado mientras se burlaba fríamente del hombre.
--Sigue delante e inténtalo.
Él sonrió, mostrando los dientes.
Su padre debió haber superado el punto de ruptura porque ignoró los llamados de sus aliados para detenerse y dio un paso adelante con la <Espada Mágica Crosso> por encima de su cabeza.
--¡¡C-CHICO ESTUPIDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Entonces, antes de que la espada roja pudiera caer—antes de que Bell, los Herreros de Clase Alta e incluso Tsubaki pudieran reaccionar—los ojos de Welf se abrieron mientras oscilaba la Espada Larga carmesí oscuro y en sus manos con toda su fuerza.
-- —¡¡Inferno Furioso!!
Una explosión de llamas se precipitó hacia adelante.
Al mismo tiempo, una ola de fuego surgió de la Espada Mágica roja de Wil para enfrentarla.
Frente a todos los aliados actuales y antiguos de Welf, frente a la intensa mirada de un solo ojo de Hefesto, las llamas carmesí del joven herrero absorbieron y dominaron las llamas rojas—y las eliminaron. Un fuego rugiente y una pequeña montaña de chispas llenaron el almacén, con el calor volando en todas direcciones.
Quienes quedaron atrapados en ella fueron mandados a volar; otros cayeron a cuatro patas en un desesperado esfuerzo por resistir la onda de choque. Con su hakama rojo agitándose violentamente alrededor de sus piernas, Tsubaki se paró frente a su Diosa para protegerla.
Entonces, cuando los ojos de todos se habían recuperado de la luz roja lo suficiente para comprender sus alrededores…
Bell y los otros observadores lentamente levantaron la vista… y vieron a Welf, parado en ambos pies, y Wil, firmemente plantado en su trasero sobre el piso carbonizado del almacén.
El rostro de Wil se congelo de la incredulidad, cuando de repente—*¡CRACK!* la Espada Mágica roja en sus manos cayó en pedazos. La Espada Larga carmesí oscuro de Welf no sólo estaba en una sola pieza sino que brillaba con aún más Poder Mágico.
La diferencia entre el poder de las dos espadas, así como sus límites, era evidente para todos. No había comparación.
La Espada Mágica forjada por el chico, quien había escupido sangre trabajando tan duro como pudo para mejorar su <Estado>, era superior a la forjada por sus antepasados, quienes confiaban sólo en su talento innato. Eso era todo.
--… ¿¡Por qué!?
Wil, absolutamente aturdido mientras miraba los restos de la Espada Mágica, rugió contra su hijo.
Temblando de la cabeza a los pies, lo último de su autocontrol desapareció y cada emoción reprimida salió furiosamente de él al mismo tiempo.
--¿¡Por qué no forjas Espadas Mágicas cuando tienes todo ese poder!?
--…
--¿¡Por qué no usas ese poder para tu familia—para tu país!? Welf no respondió a los aullidos de su padre.
Con Bell, Hefesto y Tsubaki mirando, él apretó su agarre en la Espada Mágica en su mano.
--¿¡Por qué eres tú quien puede forjar Espadas Mágicas!? ¡Si fuera yo, si yo hubiera nacido con el regalo, a estas alturas…! ¡Maldito seas, chico inútil!
Wil se levantó mientras descargaba años de frustración hacia Welf. Los ojos del hombre estaban inyectados en sangre, no muy diferente de los de un animal feroz, mientras su manto se ondulaba alrededor de su cuerpo.
--¿Todavía estás escupiendo esa mierda, de que no puedes soportar ver un arma romperse? ¡Las armas son desechables! ¡Puedes hacer otra!
Eso llamó la atención de Welf. Fulmino a su padre. Pero Wil no se dio cuenta y continuó su discurso.
--“Hacer más espadas, disfrutar del honor interminable”—¿Has olvidado las enseñanzas de la Nobleza Herrera que obtuvieron gloria con las Espadas Mágicas?
Con esas palabras, Welf explotó.
--¿¡Qué Nobleza Herrera!? ¿¡Qué honor!?
La voz del joven cortó el aire dentro del almacén ennegrecido. Wil se quedó en silencio mientras Welf daba varios pasos exaltados hacia adelante. Un momento después, el puño cerrado de Welf se hundió profundamente en la mejilla de su padre.
--¡GEH!
Los soldados Rakianos vieron a su líder caer al suelo con incredulidad. Varios se adelantaron, sacando sus armas, pero…
--¡Quédense ahí!
La advertencia llena de furia de Welf los hizo congelar en el acto.
Mientras el aullido del Herrero de Clase Alta inculcaba miedo en los soldados, tambien estaba destinado a Bell y Tsubaki.
--¡Levántate! ¡En tus pies!
--… ¡…!
Desechando su Espada Mágica y su tela blanca llena de armas, Welf agarró el cuello de su padre con ambas manos.
Una vez que Wil volvió a ponerse de pie, con el labio partido y sangrante, el joven pelirrojo lanzó otro golpe.
--¡UGAH!
--¿El “orgullo de la nobleza”? ¿¡Has olvidado la necesidad que impulsa a todos los herreros!?
La ráfaga de golpes y ataques verbales hizo retroceder a Wil, pero levanto la cabeza, con sus mejillas ardiendo de rabia.
Wil canalizo esa ira en sus puños y lanzó un puñetazo en el momento en que el rostro de Welf quedó expuesto. Su golpe conecto con la mandíbula del joven.
--¡Comparados con el honor, nuestros deseos inútiles no son más que basura!
Wil desencadeno su mente y su puño al mismo tiempo, haciendo retroceder a Welf. Sin embargo, el joven se apresuró a atacar. Los embotados impactos de sus golpes resonaron en todo el almacén. Los nudillos se clavaron en sus mejillas.
Ambos hombres se tambalearon, luchando por mantener el equilibrio mientras intercambiaban poderosos golpes. Wil estaba claramente sorprendido por la fuerza de los golpes de su hijo. Welf lanzó otro ataque verbal.
--¿¡A qué demonios llamas basura!? ¡No puedo escucharte, viejo fracasado!
--Tú… tú… ¡¡CHICO ESTUPIDOOOOOOOOOOO!!
Superado por la furia, Wil golpeó los brazos de su hijo fuera del camino y acorto la distancia con su puño derecho en alto.
Sin embargo, cada vez que el puño de su padre golpeaba su rostro, Welf apresuraba a contraatacar con un codazo o un puñetazo propio.
Los espectadores, incluyendo a Bell, observaban atónitos en silencio, con los ojos atentos siguiendo cada movimiento.
Con la situación actual y su dolor físico olvidados hace mucho tiempo, el padre y el hijo continuaron intensificando su lucha. Nada más importaba para ellos.
--¡Un arma solo necesita ser fuerte! ¡Las palabras bonitas no cambian nada! Cabello castaño y cabello rojo se movían de un lado a otro con cada golpe.
Los rostros del padre y del hijo ya eran una mezcla hinchada de negro y azul, con rayas de sangre que escapaban de la piel lesionada. Gotas rojas se dispersaban cada vez que otro puñetazo conectaba.
Los puños de su padre golpeaban continuamente su rostro, pero Welf se mantuvo firme. El joven se negó a mostrar ningún dolor mientras se impulsaba a través de los impactos y tomaba represalias.
--¡GHA…!
Wil perdió el equilibrio y se tambaleó hacia atrás. Welf se secó la sangre de su rostro con su antebrazo.
--¡Ahora mismo, no soy diferente de cualquier tipo que balancea una Espada Mágica!
--… ¡…!
--¿Ese poder es real? ¿Es nuestro destino seguir haciendo estas cosas?
Por un lado, un Herrero de Clase Alta Lv. 2. Por otro, un descendiente de la Nobleza Herrera caída Lv. 1. A pesar de lo absurdo de todo esto, Welf puso todo su ser en cada golpe, su espíritu detrás de cada golpe.
--¡Por supuesto que no! ¡No puede ser!
Los ojos de su padre se abrieron de par en par cuando Welf condujo su puño directamente a la mandíbula del hombre.
--¡Un arma es parte de su portador! ¡Un valioso compañero que permanece a su lado en las buenas y en las malas, tallando un camino a seguir! ¡Un pedazo de su alma!
--Eso es… ¡Eso es una tontería…!
--¡Como herreros, tenemos que estar orgullosos de proporcionar esa clase de arma! Vislumbrando al chico de cabellos blancos por el rabillo de su ojo, Welf lanzó tres golpes más. Él vertió toda su alma en sus puños salpicados de sangre.
--… ¡No tendremos a dónde ir si nos quedamos sin el reino! ¡El nombre Crosso no puede sobrevivir sin la gloria de la nobleza! ¡No vamos a sobrevivir…! ¿¡Por qué no lo entiendes!?
La línea de sangre había perdido su estatus de noble, su orgullo. En el momento en que la familia fuera exiliada, perdería la única forma en que Wil sabía vivir y moriría pronto.
La única manera de salvar a su familia era con las Espadas Mágicas.
Wil insistió en que el poder que se escondía en su sangre, las Espadas Mágicas que podía producir, era el único camino para su salvación. Sus impotentes puñetazos apenas conectaban, pero su voz seguía siendo tan apasionada como siempre.
--Estás vivo, ¿No es así? ¡Tus manos todavía pueden mover un martillo, agarrar el metal!
--… ¡…!
Welf agarró el cuello de su padre y lo acercó a él.
Miró directamente a los ojos del anciano, con la garganta temblorosa mientras gritaba:
--¡Un martillo, un metal y un ardiente deseo! ¡Con ésos, puedes forjar un arma en cualquier lugar! Nobleza, reino—¡Esos valen una mierda!
Wil soportó el peso de la furia de su hijo mientras Welf intentaba desesperadamente hacer ver a su padre la verdad que estaba a la vista.
Hefesto observó como Welf repetía las palabras que estaban a punto de ser olvidadas.
-- —¡“Escucha las palabras del metal, presta tus oídos a sus ecos, pon tu corazón en tu martillo”! Tú y mi abuelo me enseñaron eso, ¿No es así?
Un taller maloliente cubierto de hollín.
Su juventud, cuando trabajaba junto a su padre y abuelo, golpeando el martillo en el metal.
Un tiempo antes de que las habilidades latentes en su sangre despertaran, cuando la familia en desgracia estaba decidida a hacerse un nuevo nombre sin Espadas Mágicas. Una época en la que tres generaciones de herreros se unieron para hacer de esto una realidad.
Días que alguna vez existieron en su pasado. Welf despertó esos recuerdos en su padre. Los ojos de Wil se estremecieron.
Flexionando los poderosos músculos de sus brazos y apretando su agarre en el cuello de su padre, Welf comenzó a llorar mientras su voz volvía a explotar.
--¿¡A dónde se fue ese orgullo!?
Esas palabras flotaron en el aire, resonando en todo el almacén.
Se quedaron en los oídos de los soldados de Rakia, de los Herreros de Clase Alta, y de Bell. Nadie se movió.
Con la respiración entrecortada, Welf se aferró al manto de su padre y rompió el contacto visual mirando al suelo.
El rostro de Wil era un lío absoluto. Los ojos del anciano se abrieron y dejó caer sus brazos. Todos estaban centrados en los dos herreros. Una espesa quietud descendió sobre el almacén.
--Suficiente.
La voz de un anciano rompió el pesado silencio.
Una figura dio un paso adelante desde el grupo de soldados Rakianos y retiró su capucha.
Los hombros de Welf temblaron en el momento en que vio los ojos de águila del hombre entre su cabello y su barba blancos.
--¿¡Abuelo…!?
--¡Padre…!
Welf siguió mirando a su abuelo mientras Wil se giraba hacia él. Garon Crosso.
Bastante musculoso a pesar de su avanzada edad, el hombre entró en la luz de la luna con la espalda recta y la cabeza en alto. Era incluso más alto que Welf, de más de 170 centímetros. El ex-jefe de la familia Crosso, él y su hijo Wil fueron los que habían dado a Welf sus bases como herrero.
No sería una exageración decir que Welf había aprendido lo que debería ser un herrero viendo cómo este hombre moldeaba el metal a su voluntad.
El joven pelirrojo hizo todo lo posible para ocultar el shock de saber que su abuelo tambien había venido a Orario.
--… Abuelo, viniste aquí por la misma razón que…
--Si. También fui llamado para asegurar tu regreso.
Welf se alejó de Wil, ganando cierta distancia antes de girarse hacia su abuelo con los puños listos. Sin embargo, el Crosso mayor miró a Wil, quien había caído de rodillas.
--Pero, es suficiente.
--… ¡…!
--Tu voluntad es demasiado fuerte, como el acero templado.
Las esquinas de los labios de Garon se curvaron hacia arriba, enviando una sacudida a lo largo de la espalda de Welf.
Ni una sola vez en toda su vida había visto a su abuelo sonreír.
--Cuando aún eras un niño, nunca estuve seguro de si forzarte a hacer Espadas Mágicas era la decisión correcta… Mirándote ahora, es mi mayor arrepentimiento.
Había mucho remordimiento en su voz baja.
Cuando su talento fue descubierto hace siete años, y Wil estaba decidido a forzarlo a forjar una Espada Mágica Crosso tras otra, Welf había buscado su ayuda. En su lugar, el Crosso mayor había mirado fijamente a su nieto con un rostro sin emoción y dijo: “Hazlo”, en términos inequívocos.
Para Welf, el propio Garon era la esencia misma de un herrero. Recibir esa orden directa fue un shock increíble y lo empujó al borde de la desesperación. Ese evento se había convertido en la principal razón por la que Welf huyó de su casa, del Reino de Rakia, para comenzar una nueva vida.
Escuchar los verdaderos sentimientos de su abuelo, sorprendió a Welf. Pero la expresión de Garon se afilo.
--Sin embargo, la sangre en tus venas nunca desaparecerá. La maldición de los Crosso te perseguirá durante el resto de tus días, llevándote sin fin al sendero de las Espadas Mágicas.
Garon continuó con sus ojos ardiendo con una pasión que el tiempo no había quitado.
--A pesar de este destino, ¿Estás seguro de que tu voluntad no se doblará?
Sus palabras tenían mucho en común con las de Tsubaki; su contenido era casi idéntico.
Ambos señalaban los elementos necesarios del herrero y si acudiría o no al poder oculto en su sangre.
No había podido decirle nada a Tsubaki. En ese momento, un sentimiento de impotencia había sacudido su voluntad.
Eso fue entonces—esto era ahora.
Parado ante su padre y su abuelo—su vínculo con la familia Crosso—le recordó una convicción que no podía permitirse doblar.
--¡No hay manera en el infierno!
Welf le respondió a Garon sin perder el ritmo.
Dejó que su nivel de devoción fuera conocido, especialmente a Tsubaki, quien estaba parada no muy lejos.
--¡Forjaré un arma que pondrá a las Espadas Mágicas en vergüenza! ¡Nuestra línea de sangre no significa nada, y lo probaré! No soy sólo un Crosso—¡Soy mi propio hombre!
Haría un arma a su manera, algo que no era una <Espada Mágica Crosso>. Puso palabras a la ambición que lo conducía a crear algo divino.
--… Jovencito atrevido.
Garon entrecerró los ojos después de que Welf dijera su parte.
Casi como si estuviera feliz de ver lo mucho que su nieto había crecido.
--No vamos a perseguir más.
--¡Pero, padre! ¡Si no lo hacemos… nuestro lugar en el reino, es tan bueno como perdido…! Wil levantó la vista de su posición agachada, expresando su objeción a la decisión de Garon.
Todos los músculos de su rostro arrugado se tensaron bajo su piel ensangrentada mientras le suplicaba al Crosso mayor. El anciano respondió con calma.
--Vamos a comenzar de nuevo. No como la Nobleza Herrera, sino como herreros.
Wil no pudo decir nada. Su mirada cayó lentamente al suelo mientras cerraba sus manos temblorosas en puños. Entonces Garon hizo contacto visual con su nieto.
--“Con un martillo, un metal y una pasión ardiente, se puede forjar un arma en cualquier lugar”… ¿Verdad? No podrías estar más en lo correcto.
Garon apartó la mirada de Welf y miro a la Diosa que le había enseñado esa valiosa lección.
Entrecerró los ojos hasta convertirlos en una línea, como si tratara de mirar directamente a través de ella, antes de hacer una profunda reverencia.
--Nos rendimos, oh Diosa. La responsabilidad es mía y solo mía. Por favor, ten misericordia de mis compañeros.
--… Bien entonces. Lo hare.
Hefesto asintió lentamente, aceptando su declaración de derrota. Ninguno de los soldados Rakianos expresó ninguna objeción. Su derrota había sido una conclusión inevitable en el momento en que la <Espada Mágica Crosso> de Wil se rompió. Completamente rodeados por los Herreros de Clase Alta, sabían que no estaban en condiciones de resistirse. Dejándose caer de rodillas y desechando sus armas, tendieron sus manos para que los miembros de la <Familia Hefesto> las ataran.
--Idiota.
--…
Tsubaki se ocupó de restringir a los soldados, pero aun así tuvo tiempo de lanzarle un ataque verbal incluso sin mirarlo.
Welf pudo escuchar la decepción en su voz mientras conducía a los prisioneros, pero no dijo nada.
Se paró en el centro del almacén carbonizado, golpeado y magullado mientras veía a los soldados de Rakia ser escoltados hacia la salida y hacia la sede del Gremio.
Su padre, Wil, y su abuelo, Garon, con las manos atadas a sus espaldas, estaban entre ellos.
En el último momento posible antes de salir por la puerta abierta, Garon le dirigió una sonrisa más. Welf quemó esa imagen en su memoria.
Incluso una vez que los miembros de su familia se habían ido, Welf siguió mirando la puerta abierta como una estatua.
--Welf…
Bell y Hefesto se habían quedado atrás.
Miraron al hombre pelirrojo, parado solo bajo la luz de la luna que brillaba desde arriba.
× × ×
La luz de las Lámparas de Piedra Mágica comenzó a desvanecerse de las calles de Orario a medida que la noche llegaba a su fin. La luna se desvaneció mientras el cielo del este se tornaba más claro.
Welf estaba sentado con las piernas cruzadas bajo lo último del cielo nocturno mientras se volvía cada vez más brillante a su alrededor. Estaba en el techo del almacén. En lo alto de la tierra y haciendo su mejor impresión de una estatua de piedra, se quedó sin decir una palabra.
--…
Bell estaba un poco detrás de él, sin saber qué hacer.
Con el enfrentamiento con la familia Crosso detrás de él, Welf quería estar solo. Así que había subido al tejado, tomo asiento cerca del borde, y no se había movido desde entonces. Bell comprendió que el joven quería un poco de espacio y mantuvo su distancia.
Había estado afuera en el aire frío de la noche durante varias horas y estaba muy frío. Sin embargo, el chico de cabello blanco no podía abandonar al joven.
Incapaz de encontrar las palabras correctas, se conformó con mirar fijamente la espalda del hombre todo el tiempo.
--Entonces, ambos estaban aquí arriba.
--Hefesto-sama…
El ruido de las botas de la Diosa contra el techo de acero anunció la llegada de Hefesto. Bell se dio la vuelta para mirarla mientras caminaba detrás de él.
Se detuvo hombro con hombro con el chico, entrecerrando su ojo izquierdo mientras observaba al joven bajo el cielo que se hacía más brillante a cada momento.
--Bell Cranel. ¿Puedes dejarme esto a mí?
La Diosa le preguntó si podía estar a solas con el herrero.
Bell abrió mucho los ojos por un momento, pero respondió con un breve asentimiento. Hizo una rápida reverencia y le dejó la situación a la Diosa antes de descender del techo.
Hefesto se acercó al joven mientras los pasos del chico se hacían más débiles a lo lejos.
--Los soldados Rakianos ahora están bajo la custodia del Gremio.
--…
--Su camino de entrada también ha sido revelado. Un informante los dejó entrar con la promesa de que comenzarían una guerra. Su principal objetivo era adquirirte, aunque aún queda por ver si hay otros…
Welf permaneció sentado con las piernas cruzadas incluso mientras Hefesto le daba una breve actualización sobre la situación actual.
Sin embargo, ella no lo estaba mirando. En su lugar, su mirada se centró en el horizonte abierto mientras continuaba su informe.
--El Gremio negociará con Rakia para pagar por su liberación. Incluso si las conversaciones fracasan, serán liberados fuera de la ciudad una vez que las cosas se calmen.
--… Ya veo.
Welf susurro después de escuchar el destino de su padre y su abuelo.
Había llegado la aurora. Ambos estaban al lado del otro, viendo el amanecer.
--… ¿Estoy fuera de quicio?
Welf finalmente dijo algo mientras los rayos de sol llegaban desde el cielo oriental.
Su decisión de dejar la sangre en sus venas en el pasado y encontrar una ruta diferente a un reino más alto ocupaba sus pensamientos.
La mirada del joven no salió de su regazo mientras hablaba con la Diosa.
--Tal vez. ¿Quién sabe?
--….
--Tsubaki no está equivocada. A los niños como tú solo se les asigna un breve espacio de tiempo. Para llegar a donde estamos los Dioses, debes comprometer todo lo que eres para lograr ese objetivo.
Hefesto expuso todo claramente.
--Pero…
Continuó la Diosa cuando Welf apretó sus labios,
--Has hecho un compromiso, ¿No es así, Welf?
--… Si.
--Entonces, nunca dudes de ti mismo. No hay nada más frágil que el acero hueco. Entonces la Diosa de la Herrería se giró hacia Welf y sonrió.
--Si hay algo que buscamos en los niños, es una voluntad lo suficientemente poderosa para hacer posible lo imposible. Queremos ser testigos de ese momento en que los niños llamados Héroes superan todos los pronósticos y luchan cuando se pierde toda esperanza.
Todas los Dioses querían mirar a los “niños” que desafiaban la lógica y la razón. La Diosa dijo con una voz suave y gentil que sabía del potencial que poseían aquellos como Welf.
--… Te alcanzaré—a mi manera.
Levantándose, Welf le reafirmó sus ambiciones a la Diosa.
No quedaba ninguna incertidumbre en su voz. Él la enfrento y miró directamente al ojo de Hefesto.
--¿Sólo alcanzarme es suficiente?
--… Te superaré.
El ojo al lado del vendaje negro se entrecerró, como si la Diosa estuviera disfrutando el momento. Welf también mostró una sonrisa.
La expresión de Hefesto era algo similar a una madre que se enorgullecía del crecimiento de su hijo. Luego extendió su mano derecha.
Ella comenzó a correr sus dedos por su cabello, acariciándolo suavemente en la cabeza.
-- —¿¡Q-Qué crees que estás haciendo!?
Welf se tensó, sonrojándose mientras golpeaba con fuerza la mano de la Diosa.
--Oh, ¿No te gusta esto?
--¡Y-Ya no soy un niño! ¡Hazle eso a alguien de la edad de Bell!
--Hehe. Es muy lindo cómo intentas actuar como un hermano mayor. Me gusta eso de ti, en realidad.
--¡¡¡¡¡¡¡¡…!!!!!!!!
Hefesto disfrutó de una alegre risita mientras las orejas de Welf ardían de rojo brillante.
De hecho, se ponía el aire del hermano mayor en torno a su nueva <Familia>, pero no podía mantenerlo delante de esta Diosa.
--Maldita sea.
Maldijo en voz baja y ocultó parte de su rostro ruborizado con su antebrazo. Por un momento, al ver que la sonrisa de la Diosa de color fuego casi le hizo enamorarse de ella. Se reprendió a si mismo por ello.
Pero más que eso, el hecho de que no podía decir nada en respuesta reafirmó los sentimientos que tenía por ella. Era lo que Tsubaki había dicho: admiraba a Hefesto como Diosa, como herrero—y como mujer.
Había comenzado como una ambición de hacer algo igual o mayor que la Diosa de la Herrera. Su objetivo era mostrarle que podía crear algo en su liga o incluso algo más allá.
Pero esa ambición cambiaba poco a poco cada vez que se ponía en su presencia.
Era igual que Bell, simple y llanamente. Un inmenso respeto y admiración se había convertido rápidamente en un anhelo por la persona que admiraba. Las armas que ella creó fueron lo que le llamó la atención, pero pronto se enamoró de la Diosa que las forjó.
No era lo suficientemente ingenuo como para llamarlo obsesión, ni era suficientemente formal para llamarlo amor.
Prefiero llamarlo… un riesgo ocupacional.
Continuó mirando el perfil del rostro de la Diosa, con su sonrisa y su mejilla ruborizada oculta por la palma de su mano.
--… O eso dices. ¿Pero es cierto?
--¿…?
El sol había salido casi por completo en el horizonte oriental. Welf, que había sido objeto de burlas todo este tiempo, cruzó los brazos sobre su pecho y dijo que algo no cuadraba.
--Escuche de esa mujer… de Tsubaki que has estado sola desde que me fui. Una mirada en blanco se apodero del rostro de Hefesto.
--Haaa…
Un largo suspiro lo siguió poco después.
--… Por dios, esa chica no puede guardar una cosa para sí misma.
No estaba nerviosa ni enojada. Sólo se quejaba de este desliz por parte de uno de los miembros más conocidos de su <Familia>.
Con Hefesto admitiendo la verdad de inmediato, Welf había perdido su única manera de tomar represalias. Pero al mismo tiempo también estaba un poco triste… Descubrir que ella no lo veía de esa manera envió una punzada de dolor a través de su corazón.
Es más, darse cuenta de que la elección de palabras de Tsubaki le había dado esperanzas en primer lugar ahora le hacía querer acurrucarse en un pequeño agujero y morir.
--Bueno, sí, ha sido demasiado tranquilo sin ti alrededor. “Haaa, otro de mis niños ha dejado el nido.” Ese tipo de sensación de vacío.
--Okay entonces…
Welf estaba demasiado avergonzado para mirarla a los ojos a pesar de su suave tono. En lugar de eso, estiro su hombro y apretó los músculos con la otra mano.
--Nunca le diría esto a alguno de mis dependientes… pero ya no estás en mi <Familia>, así que sí, lo diré. Tenía mis ojos en ti y no podía esperar a ver en qué te convertirías.
Escuchar los verdaderos pensamientos de su Diosa volvió a arrojar los sentimientos de Welf al caos.
Probablemente era el más alto elogio que podía darle como la Diosa de la Herrería. Como herrero, no había mayor honor. Hizo que su cuerpo temblara.
Ya sea si Hefesto sabía lo que estaba pasando por la mente de Welf o no, se giró hacia él con un brillo en su ojo y una malvada sonrisa en sus labios.
--E iba a recompensarte si alguna vez forjabas algo que me satisficiera… que mal.
Ella lo miró por el rabillo de su ojo izquierdo, obviamente burlándose. Al mismo tiempo, un interruptor se encendió dentro de la cabeza de Welf mientras miraba a la Diosa de cabello y ojos carmesí.
--¿Eso todavía sigue en pie?
--¿Qué es lo que sigue en pie?
--Si forjo un arma que haga caer tu mandíbula, ¿Me recompensaras?
Hefesto, tomada por sorpresa por una vez, tartamudeó, “S-Sí. Si, si puedes.” al joven cuyas mejillas ahora estaban tan rojas como su cabello.
Con su temerario intento de conseguir una promesa de la Diosa de otra <Familia> siendo un éxito, Welf dio un paso más allá, aprovechando la pasión que una vez más ardía dentro de él.
--Si lo hago… ¡Si hago un arma que te satisfaga, entonces quiero que seas mía! Él lo dijo.
Welf superó sus reservas, así como el rugido de su corazón golpeando en sus oídos, y observo a Hefesto cuidadosamente.
Después de escuchar su confesión de una vez en la vida, la aturdida Diosa… trató de esconder una risita detrás de las yemas de sus dedos.
--¡E-Estoy arriesgando mi cuello y tú…!
--¡Hehehehehee…! ¡L-Lo siento, pero yo… no puedo evitarlo…!
Con su mano libre sobre su estómago, el cuerpo de la Diosa se balanceaba mientras reía. De hecho, sus pulmones le dolían porque no podía respirar.
Finalmente calmándose lo suficiente para borrar las lágrimas que salían de su ojo izquierdo, Hefesto le sonrió.
--Ha pasado mucho tiempo desde que me dijeron esas palabras.
--¿Huh?
Welf se congeló en el acto. Hefesto continuó.
--Varios de mis dependientes hace mucho tiempo… herreros confesaron su amor por mí, igual que tú.
Welf se había convertido en nada más que una estatua que respiraba. La Diosa de la Herrería le sonrió con su ojo izquierdo.
--Estás siendo superado por tus predecesores. Ahora realmente quería morir.
Esta vez, la muerte sonaba muy, muy bien.
Un impulso de saltar del techo se disparó a través de su cuerpo.
¿¡Por qué todos somos así…!?
Excesivamente obstinados, parecía que los herreros solo podían confesarle sus sentimientos a alguien muy superior.
Welf agarró su cabeza roja remolacha y maldijo a cada herrero que había vivido, incluido él mismo.
Hefesto continuó riéndose para sí misma mientras el mortal experimentaba aún más agonía. Sin embargo, su expresión rápidamente se calmó.
--Sin embargo, ninguno de ellos tuvo éxito.
Las orejas de Welf reaccionaron. Levantó la cabeza de sus manos.
Había una sonrisa en los labios de la Diosa, la sonrisa de alguien que lanzaba un reto.
--¿Serás el primero?
Welf se olvidó de respirar. Ni siquiera podía parpadear mientras la Diosa carmesí lo miraba directamente. Una sonrisa de confianza apareció en su rostro unos instantes después. La miró a los ojos.
--Por supuesto que lo seré.
Haría un arma que sobrepasara a las Espadas Mágicas, que perteneciera al reino superior y superara las expectativas de esta Diosa.
Ahora tenía más objetivos que lograr.
Con el sol de la mañana calentando el perfil de su rostro, intercambió miradas con la Diosa.
--Sin embargo… dejando de lado todo esto de yo siendo tuya, ya es hora de que encuentres una compañera propia.
Ella debió estar satisfecha con la recuperación mental de Welf porque cambió el tema mientras estiraba sus brazos bajo la luz de la madrugada.
Al mismo tiempo…
--¿Huh?
Welf se tensó de nuevo, aturdido por sus palabras.
--Eres muy terco, pero estoy segura de que podrás encontrar a una gran chica.
--¡E-Espera un segundo! ¡No estoy bromeando aquí…!
--Welf, no hay nada que ganar persiguiendo a una inmortal como yo. Nunca se creara una familia. Hefesto forzó una sonrisa para tratar de evitar el último avance de Welf.
--Por no mencionar que no cumplo los estándares de una verdadera mujer.
No había ninguna sensación de menosprecio o auto-desprecio en su voz. Las palabras salieron naturalmente de su boca mientras extendía su mano hacia su ojo derecho—y pasaba sus dedos por el vendaje negro.
--Hay un rostro debajo de esto que es tan horrible que te hará temblar.
--… ¡…!
--Es extraño, ¿No es así? Una Diosa como yo. Nunca he sido capaz de entenderlo, sin importar cuánto pensé en ello. Fui ridiculizada por los otros Dioses del Cielo, burlándose de mí constantemente.
Sus dedos bajaron suavemente el vendaje mientras hacía todo lo posible para sonreír. La Diosa de la Herrería, Hefesto.
Quien tenía poder sobre el fuego y la metalurgia poseía un rostro “horrible”, impropio de una Diosa.
Se suponía que los Dioses y Diosas eran la encarnación viviente de la perfección. Y sin embargo, incluso con sus poderes divinos de <Arcanum>, Hefesto había sido incapaz de hacer nada sobre el verdadero rostro que la convirtió en la Diosa de la Herrería.
Había evitado interactuar con su propia especie, había sido llamada “grotesca”, y había sido objeto de burla durante toda su existencia.
--Hasta el día de hoy, sólo ha habido una Diosa que no se rió ni se burló de mí después de ver mi verdadero rostro—Hestia.
Las mejillas de Hefesto se relajaron mientras explicaba por qué había una fuerte conexión entre ella y la joven Diosa. Por qué Hestia era su única amiga.
--Incluso los que me buscaron en el Mundo Inferior se asustaron. Así que por favor, no persigas esto más lejos. Mostro una sonrisa mansa antes de apartarse de Welf.
El joven la observó dar unos pasos, con su espalda volviéndose cada vez más pequeña.
Welf permaneció clavado en el lugar por un momento antes de que sus ojos se abrieran como platos y la alcanzara dando unos pocos pasos largos.
Aunque sabía que estaba al borde de la blasfemia para lo que iba a hacer, Welf extendió su mano y sujeto el hombro de Hefesto. Entonces tiro de ella hacia él una vez más.
Frente a frente con la conmocionada Diosa, extendió su mano izquierda hacia el vendaje negro.
--¿¡Q-Qué estás haciendo!?
Ignorando su voz sobresaltada, Welf retiro el vendaje de su rostro, con sus dedos deslizándose contra la franja del cabello carmesí de la Diosa.
Hefesto no se movió. Era la primera vez que el joven veía sus dos ojos. El verdadero rostro de la Diosa de la Herrería fue revelado.
Siendo ligeramente más baja que él, Hefesto sólo lo miró hacia arriba, son sus pupilas carmesí temblando. En cuanto a Welf—su expresión no cambió en lo más mínimo. “Meh”, dijo con un encogimiento de hombros.
Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa.
--Vamos, Hefesto-sama, eso no es nada. ¿Pensaste que me rendiría contigo por algo así? Puso suavemente el vendaje en las manos de la Diosa y le dirigió una sonrisa resuelta.
--Esto no es lo suficientemente cerca como para calmar las llamas que avivas en mi corazón.
La Diosa lo miró unos instantes antes de volver a colocar lentamente el vendaje negro que servía de parche en su ojo.
Con casi la mitad de su rostro ahora cubierto, sacudió ligeramente la cabeza, su cabello carmesí se balanceo bajo la luz de la mañana mientras miraba a su antiguo dependiente.
--Ciertamente sabes hablar.
--Ahora estamos a mano.
--¡Haaah! Herreros. Cada uno de ellos obstinado y odiando perder. Hefesto le devolvió la sonrisa y añadió su propio golpe verbal.
Welf sabía que finalmente había recuperado un punto de la Diosa. Una mirada a su expresión clara trajo una sombra de orgullo a su rostro.
Ambos estaban de parados bajo el amanecer. Rodeados por el aire fresco de la mañana, el joven y la Diosa intercambiaron sonrisas.
× × ×
Más tarde ese día.
Sólo aquellos directamente involucrados con la pequeña invasión Rakiana sabían lo que había ocurrido. Incluso la mayoría de los empleados del Gremio fueron mantenidos en la oscuridad.
Los altos mandos del Gremio creían que informar al público haría más daño que bien, así que se ocuparon de todo ellos mismos. Los soldados enemigos capturados fueron mantenidos en cámaras profundas en el Panteón, lejos de la vista.
La vida en Orario continuó como de costumbre, con los ciudadanos inconscientes de lo que pudo haber ocurrido si los acontecimientos hubieran sido diferentes.
En medio de todo eso…
--Y entonces Welf… ¿Sabes lo que hizo Welf?
En una oficina del taller, la voz de una Diosa excepcionalmente alegre resonó en las paredes.
--Me lo has dicho siete veces, Mi Señora…
Hefesto estaba sentada en una silla, con las mejillas en sus manos y los codos sobre el escritorio. Tsubaki sostenía una gran pila de papeles en sus brazos mientras le lanzaba a su Diosa una mirada molesta.
Desde su conversación, Hefesto había estado hablando sin parar sobre el momento en que Welf capturó su corazón. Simple y llanamente, sonaba como una adolescente enamorada. Por supuesto, cuando estaba delante de él, y delante de sus dependientes, mantenía el aire digno de una Diosa.
Sin embargo, ese no era el caso en sus habitaciones privadas.
Suavemente sonrojada, Hefesto comenzó a contar su historia con una sonrisa vertiginosa en su rostro. Tsubaki dejó escapar un largo suspiro y se preparó para la octava vez.
--Seguro te tomaste el tiempo suficiente para encontrar tu lado femenino… Murmuró Tsubaki con los dientes apretados.
Estaba claramente frustrada de que su alegre Diosa no había hecho ningún trabajo todo el día.
--Ahora lo has hecho…
Susurró por la ventanilla hacia el herrero que finalmente había encontrado la manera de volver a ella.
× × ×
Aún más tarde ese día.
Al igual que con Tsubaki, Hefesto fue incapaz de mantener su historia en secreto y difundió las noticias aún más.
Los otros Dioses y Diosas se enteraron de todos los detalles sobre su interacción con el hombre antes del anochecer. La línea que había robado su corazón se convirtió en un chiste.
--“ “ “ “ “ “¡Que malo4—!” ” ” ” ” ” ”
Todos tuvieron la misma reacción, y los Dioses hambrientos de entretenimiento tuvieron algo que les proporcionó risas durante mucho tiempo.
La Ceremonia de Nombramiento de la <Reunión de Dios> fue programada para el día siguiente. Con esa historia fresca en sus mentes, decidieron el título del joven de forma rápida y decisiva.
A partir de entonces, Welf Crosso llevaría el título de… <Ignis, el Siempre Ardiente>.
Y así fue que el joven se vio obligado a soportar a unas risueñas Lili y Hestia, unas conmovidas e inspiradas Mikoto y Haruhime, y la sonrisa forzada de Bell siempre que se mencionaba el origen de su título.
Tenía que ocultar sus mejillas ruborizadas cada vez.
4 Quieren decir que el chiste es malo.
Capitulo 04 – Amado Guardaespaldas
--Bienvenidos, valientes Aventureros. ¿Cómo podemos ayudarles hoy?
En caso de que los Aventureros pidan consejo sobre cómo mejorar la eficiencia de su exploración del Calabozo, las jóvenes mujeres responderían con brillantes y alegres voces.
--De inmediato, buenos señores. Informaré a su Asesor, así que por favor esperen en la sala de consulta.
Los ojos de las chicas brillaban con admiración cada vez que un Aventurero llegaba a reportar un <Aumento de Nivel>.
--Felicitaciones. Lv. 2… Tu ascenso a Aventurero de Tercera Clase ahora es oficial. Sigue con el buen trabajo y que la buena fortuna te sonría.
Si el verdadero motivo del Aventurero fuera invitar a una de las encantadoras señoritas a salir a cenar esa noche, sonreirían de oreja a oreja mientras lo rechazaban educadamente.
--Si no tienes una necesidad urgente, por favor permite que otros lleguen al mostrador.
Y cada vez que un Aventurero novato se paraba delante de la entrada del Calabozo por primera vez, las jóvenes mujeres los enviaban con una sonrisa.
--Bienvenido a la Ciudad Laberinto Orario. Nosotros, el Gremio, estamos aquí para ayudarte. Las recepcionistas de la sede del Gremio.
Respondiendo a las necesidades de los Aventureros, eran las “flores” del Gremio.
× × ×
La sede del Gremio estaba tan ocupada como siempre.
El vestíbulo de mármol blanco estaba tan lleno de personas que a veces era difícil respirar. Los Aventureros iban y venían sin parar, llevando armadura y armas de todo tipo atadas a sus espaldas y cintura, dándole al aire un inconfundible olor metálico. Los Elfos llevaban Báculos y Arcos; los Enanos sus hachas y martillos preferidos. Demi-humanos de todo tipo estaban equipados con las armas y armaduras que su raza era la más adecuada para manejar.
Los Aventureros se abrían paso a través del concurrido vestíbulo hacia uno de los muchos tablones de anuncios o hacia las recepcionistas que esperaban pacientemente al otro lado del mostrador.
--Buenos días, señor.
--Sí, con respecto a esa cuestión—
--La ley establece claramente que quien encuentre Ítems valiosos en el Calabozo tiene los derechos sobre ellos. Por lo tanto, es muy poco probable que sea devuelto…
Varias líneas estaban formadas delante de cada recepcionista. Cada una de ellas escuchaba atentamente los problemas del Aventurero frente a su ventana y trabajaba para resolverlos.
Cada una de las jóvenes mujeres, proveniente de una amplia variedad de razas, era extremadamente profesional.
Humanas, Dogman, Catman, e incluso algunas Elfas poblaban sus filas. Si las jóvenes tenían algo en común, era que cada una de ellas era increíblemente hermosa.
Las recepcionistas del Gremio cada una era una bomba en su propio derecho.
Los Aventureros que llegaban a la sede del Gremio casi siempre acudían primero al mostrador de recepción, así que decir que las recepcionistas eran su primera imagen del Gremio no sería una exageración. La opinión de un Aventurero sobre el Gremio, ya sea buena o mala, tenía un efecto directo sobre su eficiencia en el Calabozo— como cuántas Piedras Mágicas traían cada día. Por lo tanto, mientras que las habilidades y la personalidad eran consideradas durante el proceso de selección, el Gremio priorizaba la apariencia al contratar a sus recepcionistas.
Esto naturalmente creaba un ambiente donde los muchos Aventureros robustos y fuertes con un aire salvaje sobre ellos podrían dejar que su lado más suave se mostrara delante de la alineación de mujeres hermosas y jóvenes.
--La misión ha sido completada con éxito. Gracias por tu duro trabajo. El Gremio le informará al cliente que su solicitud se ha cumplido.
Eina, una semielfo, era una de las recepcionistas del Gremio.
Su cabello castaño era lo suficientemente largo como para sentarse sobre sus hombros. Sus ojos verde esmeralda miraban al mundo desde detrás de un par de gafas. Sus orejas puntiagudas, más cortas que las de un Elfo, pero más largas que las de un humano, eran el resultado directo de la delgada sangre Elfica que corría por sus venas.
Una mujer Beastman había completado una misión que había sido publicada en el tablón de anuncios del Gremio.
Eina le entregó la recompensa que había proporcionado el cliente.
--Aquí está tu recompensa. Por favor, tómala.
Eina sonrió mientras la caja de Ítems cambiaba de manos, y le dio a la Aventurera una cortés reverencia. La vio darse la vuelta para irse antes de volver al mostrador para ayudar a la siguiente persona en la fila.
Este era su quinto año trabajando en el Gremio.
Después de graduarse del Distrito de Educación, las circunstancias en su hogar habían dictado que encontrara trabajo inmediatamente. Ella había elegido una carrera en el Gremio, pero incluso ahora se sorprendió por lo bien que le convenía este trabajo. Por supuesto, no fue fácil, y hubo algunos tiempos difíciles, pero sentía que valió la pena. Siempre había sido una persona entrometida, pero ahora su naturaleza adicta al trabajo se estaba utilizando para los Aventureros que viajaban al Calabozo todos los días.
Hoy fue otro día agitado en el que trató con una solicitud de un Aventurero tras otro.
--¡Eina! Hey, Eina. ¡Vamos a buscar algo de comida!
--Seguro. Suena bien.
Por fin, llegó su hora de almuerzo.
La avalancha de Aventureros finalmente se había calmado, dándole al iluminado vestíbulo un momento de paz.
Las chicas, que habían trabajado diligentemente para resolver cada asunto que se les había señalado oportunamente, se levantaron de sus sillas y estiraron sus manos al aire. Eina se dejó relajar por un momento justo cuando una compañera de trabajo humana que estaba en la siguiente ventana la llamó.
Su cabeza llena de cabello rosado se movía de un lado a otro mientras la chica hacía señas. Con un rostro altamente expresivo y lindas características, era bastante encantadora.
Misha Flott, una amiga de Eina desde sus días escolares, no podía esperar para escapar de su lugar de trabajo y rápidamente llevó a la semielfo lejos del mostrador.
--Que hambreeeee. ¡Lo juro, mi estómago me va a comer de adentro hacia afuera!
--¡Misha! No me jales.
Eina les informó a sus compañeras de trabajo que ambas iban a salir mientras la humana de cabello rosa tiraba de su brazo.
--¡Disfruten de su almuerzo!
Dijo una de las otras recepcionistas con un gesto. Ambas chicas dejaron la estación en las capaces manos de su compañera de trabajo.
--¡Estás de suerte! ¡Encontré un lugar el otro día que tiene una comida reaaaalmente buena! Está en el Distrito Oeste.
--Misha, ¿Estás segura de que tendremos tiempo para comer y regresar antes de que termine nuestro almuerzo?
--Hmmm, probablemente esté bien.
--Oye…
La despreocupada falta de atención de Misha a los detalles hizo que Eina se encogiera y sonriera al mismo tiempo.
La alegre Misha y la seria y directa Eina habían estado juntas durante mucho tiempo. Ahora trabajando lado a lado, ambas eran casi como un conjunto.
Comenzaron a charlar como lo habían hecho durante sus días escolares y dejaron la sede del Gremio por la salida trasera. Salieron al lado del edificio opuesto a la Calle Principal.
--¡E-Eina!
--Ah… ¿Eres tú, Dormul?
Las puntiagudas orejas de Eina se contrajeron cuando una ruidosa voz rugió por el callejón. Un joven Enano la estaba esperando cuando se dio la vuelta.
Misha se sintió muy fuera de lugar mientras el Enano se acercaba a ellas, agitando excitadamente sus carnosos brazos.
--Q-Qué sorpresa, verte por aquí. Justo estaba pasando por aquí… Eina inmediatamente supo que era una mentira e hizo una mueca.
Como con la mayoría de los Enanos, Dormul era un hombre corpulento y fornido. Sin embargo, era más alto que la mayoría de sus parientes con 170 centímetros de altura. Sus brazos parecían robustas ramas que emergían de un torso similar a un sólido tronco de árbol.
Sin afeitarse, sonrió con sus largos y delgados ojos. Dormul parecia como si estaría más cómodo viviendo entre la naturaleza que en la gran ciudad, con un acento a juego.
Se rascó nerviosamente su pronunciada nariz mientras hacía todo lo posible para hablar con Eina.
--Hey, Eina, ¿Podría ser que te diriges a almorzar? Yo mismo me dirijo a tomar un bocado… ¿Q-Quieres venir conmigo? ¡Oh, por supuesto que yo pagare!
--No, um, hay necesidad de eso… Pero, Dormul, hoy estoy con una de mis compañeras de trabajo, así que…
Había perdido la cuenta de cuántas veces el Enano se había topado con ella “por casualidad” y la invitaba a almorzar. En este punto, Eina no sabía qué hacer al respecto.
Los abultados músculos debajo de su valiente armadura mostraban que Dormul era un Aventurero. Actualmente siendo Lv. 3, este Aventurero de Clase Alta que se había hecho un nombre por su fuerza en la batalla una vez había llamado a Eina su Asesora. Ambos se conocían desde hacía años.
Eina sabía que le gustaba al hombre.
No quería dar la impresión de ser presumida, pero tampoco quería lastimar sus sentimientos.
No es un mal chico, pero…
Estar en el extremo receptor de los avances de un Aventurero era una ocurrencia diaria para las recepcionistas del Gremio.
Pero Dormul no era como los otros Aventureros ligando a las lindas chicas. Siempre era sincero, tal vez demasiado, en sus intentos de invitarla a salir, así que Eina no podía simplemente rechazarlo. Ella siempre se había negado, pero se aseguraba de elegir sus palabras cuidadosamente para evitar herirlo. Sin embargo, Dormul todavía no había captado la indirecta.
--… Eina, puedo almorzar sola si estoy en el camino.
--¡E-Espera, Misha…!
--¡Dah! ¡Dahahaha! ¡Sólo porque somos perfectos el uno para el otro, no tienes que pensar que estás en el camino, señorita!
Una sonrisa complaciente apareció en los labios de Misha, y Eina rápidamente la reprendió. Dormul, por otra parte, lo tomó como un signo de las cosas buenas por venir y no pudo contener su alegre risa ni las lágrimas que se formaban en sus ojos.
Dado que el Enano también era mayor que ella, era más difícil que nunca que Eina rechazara su oferta.
--Para esto de inmediato, despreciable Enano. ¿No ves que Eina-san está angustiada?
--¿¡Uhm!?
Una aguda voz sonó como un látigo.
Dormul se dio la vuelta para encontrar a un guapo Aventurero Elfo que encarnaba la misma definición de la palabra elegante parado detrás de él.
Orejas más largas y puntiagudas que las de Eina sobresalían de su largo cabello dorado. Vestido con una armadura de cuero, llevaba un Arco Largo y tenía un carcaj de flechas atado a su espalda. Ambos hombres tenían la misma altura, pero sus tipos de cuerpo no podrían haber sido más diferentes. El Elfo era muy esbelto y elegante como el arco que llevaba pegado a su hombro.
La incomoda atmósfera repentinamente se volvió hostil.
--Hazte a un lado.
Dijo el Elfo mientras pasaba toscamente al lado del Enano y se detenía frente a Eina.
--L-Luvis…
--¿Estás bien, Eina-san? Este hombre no trató de tocarte con sus sucias manos, ¿Verdad?
--¿Quieres decirme eso a la cara?
El Elfo llamado Luvis resoplo por la nariz, sacudiéndose la apenas disimulada amenaza del Enano.
Eina tambien había sido la Asesora de este Elfo Lv. 3. Parecía que, al igual que con Dormul, había desarrollado sentimientos por Eina mientras estaba bajo su tutela.
De la manera típica de los Elfos, Luvis miro hacia abajo a Dormul antes de volver a Eina.
--Hehem.
Se aclaró la garganta, haciendo un sonido más fuerte de lo necesario.
--Acabo de encontrar el más raro y hermoso ramo en la tienda justo al final de la calle. Pensé en ti en el momento en que vi las deslumbrantes tonalidades y la forma elegante de las flores… Por favor, acéptalas como un regalo de tu servidor.
--S-Sabes que no puedo aceptar esto, Luvis…
El Elfo extendió el ramo en sus brazos hacia ella con ambas manos.
Los ojos de Eina fueron atraídos por los vivos colores, pero hizo todo lo posible para rechazarlas gentilmente— cuando una gruesa mano de repente arrebato el ramo.
--¿¡Qué estás haciendo!?
--Hmph. ¿No eres tú el que está incomodando a Eina? ¿Empujando estas blandengues flores en ella en un callejón? ¿Cómo crees que se está sintiendo?
--¡Al parecer, la estética de un ramo está más allá de tu comprensión, sucio Enano…! Los Elfos somos nobles.
¡Mantén tu distancia!
--¡Eina sólo es medio! ¡No la agrupes con tu detestable grupo!
Era raro que los Elfos y Enanos se vieran cara a cara, y este era el ejemplo perfecto. Eina había visto este tipo de cosas desarrollarse demasiadas veces. Renunciando a resolver la situación, dijo un rápido “Disculpen” y bajo la cabeza. Ambos hombres estaban tan atrapados en su argumento que ni siquiera se dieron cuenta.
Darle a Misha un ligero empujón en la espalda fue su señal para que ambas se fueran. No se demoraron.
--¿Esto está bien?
--No está bien, pero… sólo va a empeorar mientras yo esté allí.
Echó un vistazo por encima de su hombro y vio que Dormul y Luvis estaban en la cara del otro, intercambiando acalorados insultos de un lado a otro.
No, los dos no se llevaban bien.
Reconociéndose mutuamente como rivales, tal vez, en la búsqueda de su corazón sólo había aumentado su desagrado mutuo en su relación actual.
En realidad, ambos se habían vuelto mucho más agresivos en los últimos días… Eso podría ser una exageración, pero el hecho de que estaban siendo mucho más atrevidos era innegable.
Ambos Aventureros habían expresado interés en ella en el pasado, pero recientemente habían estado encontrando maneras de hablar con ella después de las horas de trabajo, durante su tiempo personal. Las acciones de Dormul esta tarde, esperando a que saliera por la puerta trasera del Gremio y luego moverse, fueron sólo el último episodio. Lo que era peor, sus estrategias eran cada vez más elaboradas.
Era como si estuvieran tratando de superarse mutuamente en encontrar nuevas maneras de acercarse a Eina.
Sé que no son malas personas, pero…
El argumento de Dormul y Luvis se detuvo repentinamente y ambos miraron a la izquierda y a la derecha.
Un repentino escalofrío recorrió las espaldas de Eina y Misha mientras miraban a ambos hombres antes de girarse abruptamente hacia adelante.
Podían sentir las miradas de ambos Aventureros sobre sus espaldas mientras seguían su camino.
Sintiéndose un poco desanimada, Eina ajustó sus gafas mientras caminaba.
× × ×
Sede del Gremio, los archivos.
Información sobre la ciudad, las áreas circundantes, los monstruos y todo lo relacionado con el Calabozo se almacenaba en esta enorme habitación de dos pisos que se encontraba detrás del vestíbulo al otro lado de un pasillo restringido. Hileras de estanterías de madera situadas justo por encima de la altura humana media convertían a esta biblioteca casi en un laberinto por derecho propio.
Las estanterías, los pisos y los pilares que soportaban el peso estaban pintados en un discreto acabado color marrón oscuro. Varios empleados del Gremio en sus trajes negros de marca leían los libros en sus manos silenciosamente o pasaban a través de los largos pasillos largos.
--T-Todo listo…
--Buen trabajo. Ahora déjame ver…
Sus compañeros de trabajo habían llegado a los archivos por muchas razones diferentes, pero Eina había reclamado varios escritorios para crear una isla en el espacio de lectura. Estaba sentada en una silla en un extremo de la isla, y en el otro lado de varios mapas y libros abiertos había un chico humano de cabello blanco. Bell le entrego una hoja de papel.
Ella estaba en el proceso de dar una de sus ocasionales lecciones privadas sobre el Calabozo.
Eina quería estar absolutamente segura de que Bell estuviera listo para enfrentar cualquier cosa en el Calabozo. Su método de elección era memorizar los libros.
Ese era el papel de un Asesor.
El Gremio asignaba a cada Aventurero un Asesor para proporcionarles apoyo y prepararlos para la exploración del Calabozo.
Los Aventureros podían hacer una petición en cuanto al género y la raza de su Asesor. Puesto que se reunían con las recepcionistas más a menudo, las chicas hermosas a menudo eran seleccionadas para llenar ese papel. Había aproximadamente un 10 por ciento de probabilidad de que el Gremio no pudiera satisfacer los deseos de un Aventurero—pero en todo caso, Eina había servido como Asesora para muchos Aventureros.
Sin embargo, sus superiores habían notado la velocidad y calidad de su trabajo. Enfrentando constantemente montañas de papeleo y asignaciones importantes dentro del Gremio, ella había pedido que sus compañeros asumieran el control como Asesores para la mayoría de sus Aventureros.
En este momento, Bell era el único al que cuidaba.
--… Tu memorización de la información sobre los monstruos de los Pisos Intermedios es casi perfecta.
--¿R-Realmente piensas así?
--Sí. Entonces—tiempo para un examen sorpresa. Describe una estrategia de combate para cada monstruo individual. Tambien dibuja mapas de cada Piso. Si encuentro algún error, escribirás cada uno de ellos hasta que puedas recordarlos mientras duermes.
--… Okay.
La expresión de Bell se nubló cuando Eina le entregó otra hoja en blanco. Cerrando su mandíbula con fuerza, el chico asintió con firmeza.
Los ojos color esmeralda de Eina observaban cómo la pluma del chico se movía a un ritmo vertiginoso, con su codo apoyado en la mesa y su cabeza en su mano. Estaba encantada de verlo trabajar tan duro.
Eina tenía una postura muy particular cuando se trataba de asesorar a los Aventureros.
Además de los habituales consejos sobre la exploración del Calabozo y reuniones regulares, también convocaba a sus Aventureros a lecciones privadas, en las que inculcaba todo el conocimiento posible sobre el Calabozo en sus cabezas.
Su hermoso rostro ocultaba a un instructor extremadamente estricto que habría hecho orgullosos a los Espartanos de la Antigüedad. Iba hasta el punto que se había ganado una aterradora reputación entre muchos Aventureros. Nadie había durado hasta el final de su curso, huyendo a mitad de camino.
Incluso Dormul y Luvis no pudieron soportar su estilo de enseñanza. Bell apenas mantenía la cabeza por encima del agua.
Lágrimas amenazaron con salirse de sus ojos rojo rubí en más de una ocasión. Pero aun así, permaneció firmemente sentado en el escritorio.
Su impulso venia de la persona que admiraba.
La determinación para alcanzar ese elevado objetivo era apenas un poco más poderosa que su miedo al duro entrenamiento de Eina.
A veces, su brutal honestidad y su naturaleza directa trabajaban directamente contra él.
Sin importar cuántas veces cayera en batalla o en el salón de clases, siempre volvería a levantarse y enfrentaría el problema de frente.
Esas eran cualidades que a Eina le gustaban de él.
Por lo menos, eran la razón por la que quería apoyarlo, animarlo.
El tiempo casi termina…
Eina, cuya gentil mirada se había centrado en el rostro de Bell, miró el reloj de un pilar cercano.
La manecilla de las horas señalaba hacia las diez. Antes de comenzar su sesión de estudio, Bell le dijo personalmente que la <Familia Hestia> había tenido unos días ocupados. Sería cruel mantenerlo atado mucho más tiempo.
La noche ya había caído y solo otros pocos empleados del Gremio seguían caminando por los archivos.
El único sonido constante era la fricción de la pluma de Bell moviéndose sobre el papel procedente del área de lectura situada en el centro de la masiva habitación.
Unos pocos minutos tranquilos más pasaron antes de que un agotado Bell presentara su examen.
Eina inmediatamente detectó algunos errores, pero no pudo seguir adelante con su amenaza. Forzó una sonrisa y pasó directamente sobre ellos.
Podrían ser presentados en la próxima sesión.
--Buen trabajo hoy, Bell-kun. Con esto termina la lección de hoy.
--… G-Gracias.
Bell levantó su rostro de la superficie del escritorio. Había una débil sonrisa en su rostro.
Eina le dijo que podía sentarse y esperar, pero el chico insistió en ayudarla a limpiar. Agarrando algunos de los libros y mapas, se unió a la semielfo para devolver los materiales a sus lugares apropiados.
Bell había venido aquí directamente desde el Calabozo. Re-equipándose la armadura que había estado sentada junto a la columna, la siguió fuera de los archivos y a través del pasillo restringido al vestíbulo.
Diciendo un rápido adiós, el chico se tambaleó a lo largo del camino por el jardín frente a la sede del Gremio. Eina lo observó alejarse hasta que desapareció en la noche.
--Ese fue un largo día, ¿Verdad, Eina?
--Misha… Y tambien todas.
Eina se sorprendió al ser recibida por un grupo de sus compañeras de trabajo después de regresar a la oficina. Era muy raro que todas las recepcionistas aún estuvieran en el Gremio a estas horas.
--No sé cómo lo haces, trabajando tan de cerca con un Aventurero. No cambiará nada en tu cheque de pago.
--Ahahaha…
Eina sonrió abiertamente ante las palabras de la recepcionista más antigua mientras le entregaba una taza de cerámica llena de té caliente.
No había hombres en la oficina, así que las chicas tomaron cada una de ellas una silla y se quejaron sobre el trabajo por un tiempo.
--Oh, eso me recuerda, Tulle. ¿Hoy un Aventurero te invito a salir otra vez?
--… Misha.
--¿Que se suponía que debía hacer? ¿Cómo puedes esperar que guarde para mí una historia tan jugosa?
Eina miró a su amiga que no podía guardar un secreto para salvar su vida. Pero ella pronto se echó a reír alegremente. No podía seguir enojada con Misha por mucho tiempo.
Reteniendo el impulso de suspirar, miró hacia la recepcionista más antigua. Su compañera de trabajo estaba sentada con los brazos cruzados, obviamente no entretenida.
--En serio, yo estoy aquí, y sin embargo obtienes toda la atención… Los Aventureros necesitan que se les examinen los ojos.
--Pero, Rose, has renunciado a los Aventureros, ¿Verdad?
--A cada uno de ellos. Los Aventureros siempre rompen sus promesas.
Rose, una mujer Hombre Lobo, jugueteaba con las puntas de su largo cabello rojo mientras continuaba su discurso.
--Nada bueno viene de estar con alguien con un deseo de muerte. El ambiente en la oficina cambió repentinamente.
Las otras recepcionistas miraron al suelo, a un lado, u ocultaron sus rostros detrás de sus tazas de té como si todas pudieran relacionarse con ella.
--Dicen “te quiero”, “te amo”, cualquier cosa que crean que queremos escuchar. Pero cuando es la hora de la verdad, nunca llegan a casa. Supongo que los Aventureros están más interesados en los monstruos que en las mujeres.
Había una gran ironía en su voz, sacándole la lengua a nadie en particular mientras su estado de ánimo empeoraba. Después de unos momentos, sin embargo, todas pudieron ver que sólo era una cara valiente.
En su mayor parte, las recepcionistas—no, todos los empleados del Gremio—mantenían su distancia de los Aventureros.
Nadie trataba de cruzar la línea trazada en la arena—aunque podría ser mejor decir que el número que lo hacía estaba disminuyendo constantemente.
Justo como había dicho Rose, sólo era cuestión de tiempo para que los Aventureros desaparecieran. Perdidos para siempre en algún rincón profundo y oscuro del laberinto debajo de Orario.
Era casi una garantía de que más de una de las mujeres presentes había amado a uno de ellos con todo su corazón, sólo para mojar su almohada con lágrimas. Eina misma una vez había caído de rodillas del dolor cuando uno de los Aventureros que asesoraba regresó del Calabozo como un cadáver. La semielfo miró a su lado y vio que incluso Misha no tenía su energía habitual.
Cuando se trataba de Aventureros, siempre existía el peligro de no poder verlos mañana. Así que las recepcionistas hacían todo lo posible para mantenerlos a distancia.
Podrían sonreír y usar palabras amables y suaves en sus interacciones cotidianas con los Aventureros, pero eso era parte del trabajo. Las recepcionistas eran profesionales.
--Tulle, no diré nada sobre cómo haces tu trabajo en este momento… pero cuanto más trates de ser amiga de todos, más arrepentimientos tendrás y las cosas se volverán más complicadas.
--… Ya veo.
De todas las recepcionistas, Eina era la única que trataba de hacer conexiones personales con sus Aventureros.
Los ayudaba a tratar de alcanzar sus objetivos, les proporcionaba valiosa información, tomaba la iniciativa de hacerles estudiar y lo hacía con una sonrisa en su rostro.
Todo porque pensaba que había algo que podía hacer por ellos, proporcionar un empujón extra que garantizaría su regreso seguro del Calabozo.
Eina no quería rendirse y creer que todos morirían; ella no los dejaría.
Tenía varias cicatrices invisibles del dolor de los acontecimientos pasados. Aun así, Eina se unía a los Aventureros a su manera.
--Eso tambien va para el resto de ustedes. Nunca se acerquen demasiado a un Aventurero. Tendrán que lidiar con la <Familia>, y no dejarán nada atrás, ni siquiera dinero. Siempre tienes el extremo corto de la pajilla… ¡Y si terminan con uno, aprieten sus bolsillos para que se sequen antes de que muera!
Esa última línea recibió una risa seca de las otras recepcionistas.
A pesar de que había un tono de broma en su voz, el mensaje de la recepcionista más antigua era una advertencia, así como un consejo.
No sólo para Eina, sino para todas sus compañeras de trabajo más jóvenes.
Se les conocía como las “flores” del Gremio. Sin embargo, a menos que las jóvenes lograran crear una sólida pared entre el trabajo y sus vidas personales, podría convertirse en un infierno en la tierra.
× × ×
Las recepcionistas se despidieron, y Eina partió para ir a casa sola.
Cruzando la Calle Principal Noroeste, continuó hacia el norte de la sede del Gremio y en el distrito norte.
Muchos empleados del Gremio eligieron residir en el distrito norte debido a la alta calidad de la vivienda y la comunidad. El Gremio también había construido una casa compartida allí para las recepcionistas. De hecho, el Gremio poseía varios edificios en la zona y los asignó a sus empleados.
Amiga de todos… Bueno, no puedo negarlo.
Ya era de noche, pero Eina estaba rodeada por la actividad a ambos lados de la calle mientras caminaba.
Si bien no era nada comparado a las Calles Principales, la cálida luz y las jubilosas voces flotaban desde las ventanas abiertas de varios bares en la zona. La calle estaba completamente iluminada por Lámparas de Piedra Mágica, tanto que podía ver a través de cada uno de los callejones.
Las palabras de la recepcionista más antigua se repetían en su cabeza, haciéndola sentir un poco deprimida.
--… No estoy tratando de ser la Señorita Sociabilidad, pero debe parecer de esa manera. Eina no tenía la intención de pescar halagos ni salir de su camino para recibir elogios.
Sin embargo, el tiempo extra y el esfuerzo que pasaba con los Aventureros podrían ser mal interpretados por sus compañeras de trabajo.
Su deseo de ayudar a los Aventureros era genuino. No estaba dispuesta a cambiar su manera de interactuar con ellos. Pero al mismo tiempo, una parte de ella sabía que eso podría complicar las cosas.
En verdad, había más que unos cuantos Aventureros que sentían una conexión con la siempre amistosa Eina. Dormul y Luvis eran ejemplos perfectos.
Probablemente, el relativo distanciamiento de sus compañeras de trabajo la hacía destacar aún más. Eina susurró para sí misma y suspiró mientras reajustaba su bolso por encima de su hombro.
--… ¿…?
*¡Zip!*
Un escalofrío recorrió su columna vertebral mientras sentía la mirada de alguien en su espalda. Eina miró por encima de su hombro.
Había varias personas afuera, parados sobre el pavimento de piedra. Pero nadie miraba en su dirección. Tampoco reconoció ningún rostro. Inclinando la cabeza hacia un lado, se giró hacia delante.
Entonces, después de dar sólo unos pasos…
--… ¡…!
Volvió a sentir esa misteriosa mirada.
Su corazón latía con tanta fuerza que no pudo respirar por un momento. Tratando de actuar como si no lo hubiera notado, Eina caminó casualmente durante unos momentos antes de darse la vuelta tan rápidamente como pudo.
La vida nocturna de la calle lateral se reflejó en sus ojos color esmeralda. Un camino recto, sin giros ni vueltas.
Conocía esta zona como la palma de su mano, así que la sombra negra que salto fuera de su línea de visión resaltaba como un pulgar dolorido.
Quien quiera que fuese estaba usando una túnica negra con capucha. Unos cuantos momentos pasaron antes de que se asomara cautelosamente alrededor de la esquina del edificio y la mirara fijamente.
*¡Zip!*
Otra sacudida de su columna vertebral, y ahora un sudor frío.
--… ¡…!
Comenzó a moverse de nuevo, hacia su casa, a un ritmo más rápido.
Con un pensamiento tras otro corriendo por su mente, se acercaba a la casa compartida.
Ya casi no había nadie en la calle. Claro, había muchas personas en los bares, pero su única defensa era la luz procedente de las Lámparas de Piedra Mágica. Estaba incómoda, por decir lo menos.
¿¡Todavía me sigue…!?
Todavía podía sentir la mirada pegada a su espalda. Quien quiera que fuera, la seguía persistentemente. Saliendo de la comunidad de clase alta, Eina emergió en una elegante calle de aspecto pintoresca.
Sin embargo, estaba completamente vacía e iluminada sólo por la ocasional farola de Piedra Mágica cada pocos metros. Su perseguidor debió haber sentido el cambio en las circunstancias porque se sentía más cerca que nunca.
Eina estaba corriendo; ni siquiera se dio cuenta. Sosteniendo su bolso cerca de su pecho, se precipitó por el pavimento de piedra tan rápido como sus piernas podían llevarla. Completando la última etapa de su viaje en lo que pareció como una eternidad, finalmente llegó a la puerta principal de la casa compartida.
Paso a través de la puerta y hasta el edificio. Eina puso su mano en uno de los pilares exteriores e intentó recuperar el aliento mientras miraba a su alrededor. Todo lo que vio fue su vecindario envuelto en la noche. Ninguna figura encapuchada, nada fuera de lugar.
Aferrándose sus costillas para controlar su acelerado corazón, Eina no se movió de ese punto.
× × ×
--¿¡Qué!? ¿¡Te acosaron anoche!?
--¡M-Misha! ¡No tan alto!
Era por la mañana en el vestíbulo.
Los Aventureros comenzaban a atravesar las puertas delanteras cuando Misha gritó después de escuchar la historia de Eina.
Cubriendo rápidamente su boca con sus pequeñas manos, le susurró un amortiguado “¡L-Lo siento!” a su amiga.
--No intento nada descarado, ¿Verdad? ¿Viste su rostro?
--No me tocó, pero nunca tuve una buena mirada de su rostro… Había una capucha en el camino. Eina explicó cada detalle de los eventos de la noche anterior.
Ambas esperaban pacientemente a los Aventureros en las ventanas de los mostradores vecinos. Sin embargo, la preocupación de Misha no la dejó permanecer en silencio, y se acercó más.
--¡Esto es realmente malo, Eina! ¡Habla con los jefes y ve si puedes conseguir un guardaespaldas! Algunos de los mejores de la <Familia Ganesha> todavía están en la ciudad—uno de ellos podría llevarte a casa esta noche.
--¿N-No piensas que eso es exagerar? Podría haber sido mi imaginación.
Misha todavía hablaba mucho más fuerte de lo que necesitaba, y Eina se apartó de ella.
Pensaba que involucrar a una <Familia>, incluso una con estrechos vínculos con el Gremio, iba demasiado lejos. Y sí, existía una posibilidad real de que todo estuviera en su cabeza.
Pero sobre todo, no quería recibir ningún tratamiento especial.
--¿Exagerar? ¿Cómo es eso exagerar? Fue hace un tiempo, pero escuche historias sobre este tipo de cosas—
¡Chicas jóvenes siendo objetivo, seguidas, secuestradas y llevadas fuera de la ciudad!
--Lo dudo… Esto es Orario, después de todo. La seguridad de la puerta inspecciona minuciosamente a cualquier persona que abandone la ciudad, ¿Y quién se atrevería a apuntar a una empleada del Gremio…?
--¡Pero, pero, pero…! ¡Hay tantos rumores sobre chicas que son vendidas a los burdeles, e incluso algunos sobre un grupo de soldados Rakianos que lograron infiltrarse en la ciudad recientemente…!
Eina le lanzo a su amiga una mirada sospechosa mientras la chica de cabello rosa comenzaba a lanzar teorías de conspiración infundadas.
A Misha le gustaban los rumores. Probablemente reunía algunas historias alrededor de la ciudad y se las repetía a cualquier persona cerca quién escucharía.
Estaba a punto de decir algo más cuando un Aventurero apareció en su ventanilla. Misha a regañadientes lo dejó sin decirlo y volvió a trabajar. Eina pronto hizo lo mismo.
Pero… estoy segura de que me estaban siguiendo.
Sólo pensar en ello envió escalofríos por su columna vertebral. Intentar ignorar el problema la puso aún más ansiosa. No se iba.
Sabía que no debía creer nada de la boca de Misha, pero… se le puso la piel de gallina en sus brazos. Su línea de pensamiento la llevó a un lugar al que no quería ir, haciendo que su cuerpo temblara.
--¿Eina-san?
--¡…!
Ella conocía esa voz. Sus ojos aparecieron enseguida.
Bell estaba parado delante de ella, pareciendo bastante confundido.
Al parecer, se había alineado frente a su ventanilla, y ahora era su turno.
—¡Enfócate! ¡Estoy trabajando!
Rápidamente sonrió después de regañarse a sí misma.
--Lo siento, Bell-kun. Me distraje por un momento. ¿Con que puedo ayudarte hoy?
--Yo… tengo una pregunta sobre algo en el Calabozo…
Eso era todo lo que Eina necesitaba escuchar, y se levantó de su asiento.
Dejó a Misha y a las otras recepcionistas en el mostrador y se reunió con Bell en la sala de consulta tan pronto como reunió algunos documentos para la reunión.
--¿Qué? ¿Ya has conquistado el 17º Piso?
--Sí, gracias a toda la ayuda que recibimos de la <Familia Takemikazuchi>… Así que nos gustaría hacer un intento serio de explorar el 19º Piso.
Ambos se sentaron en los lados opuestos de la mesa en sillas que los esperaban en la habitación insonorizada. Bell fue directo al grano y explicó la situación.
El chico acababa de registrar su segundo <Aumento de Nivel> hace menos de una semana.
Aunque no lo demostró, Eina quedó absolutamente aturdida por el increíble ritmo de Bell. Ya era Lv. 3.
Tenía el record del más rápido <Aumento de Nivel>. Casi todo sobre el chico sentado frente a ella la había sorprendido de una manera u otra.
--Um… Eina-san.
--¿Qué pasa, Bell-kun?
--¿Acaso, um, sucedió algo?
Los ojos de Eina se abrieron como platos ante la pregunta.
--Simplemente… no pareces como tú hoy…
Eina había pensado que estaba haciendo un gran trabajo de actuación pretendiendo que hoy era como de costumbre. Al parecer, su máscara estaba mostrando algunas grietas.
Grietas lo suficientemente grandes para que el chico se diera cuenta, al menos.
--No sé si puedo ayudar o no… Pero si quieres que alguien escuche, yo podría, um…
Las palabras de Bell se volvieron confusas mientras sus mejillas se sonrojaban. Se rascó la nuca y dijo:
--Siempre escuchas mis problemas, Eina-san.
Tal vez porque Eina todavía estaba agitada desde la noche anterior, ver al tímido chico tratando de ofrecer ayuda le dio una pequeña sensacion cálida y difusa en su interior.
Las palabras dejaron su boca antes de que se diera cuenta. Olvidando su posición por el momento, aceptó la oferta de Bell.
--Anoche…
Le contó todo lo que pasó y vio la expresión del chico cambiar varias veces durante su historia. Él se quedó sin habla cuando llegó al final. Sonriendo débilmente ante su reacción, Eina miró vagamente a Bell desde el otro lado de la mesa.
Si…
Si Bell estaba dispuesto a acompañarla a su casa…
Si estaba dispuesto a convertirse en su guardaespaldas, tal como Misha había sugerido… Su tren de pensamiento llegó hasta ahí antes de—
¡No, qué estúpido!
Ella frunció el ceño.
Qué vergonzoso era incluso considerarlo.
--Lo siento. Por favor olvida todo lo que dije, Bell-kun.
--¿Huh…? P-Pero—
--Este es mi problema, y no es tan grave. Encontrare una manera de solucionarlo yo misma. Seguramente sería una molestia para él ser arrastrado en esto, así que se retractó de sus palabras. Regresando al modo empleada del Gremio, Eina le repitió a Bell que estaba bien y trató de sonreír. Sin embargo, Bell la interrumpió antes de que pudiera decir algo más.
--¡E-Esto probablemente es serio! ¡Definitivamente serio! ¡Rakia está tratando de invadir, e incluso dentro de la muralla…!
--¿B-Bell-kun?
El chico continúo como si supiera algo. Pero una mirada a Eina y se dio cuenta de su error. “¡Oops!” Estaba escrito en su rostro. Con sus hombros temblando y cerrando la boca, Bell de alguna manera logró que la información no saliera. Se apresuró a cambiar de tema.
--¡Si crees que puedo ayudar, por favor pídelo! ¡No estoy seguro de cuánto puedo hacer, pero si necesitas un guardaespaldas o algo así, dolo dilo!
Guardaespaldas. Dijo guardaespaldas.
Los ojos de Eina se abrieron como platos de nuevo.
--Me has ayudado mucho, Eina-san… ¡Así que por favor!
--… Gracias, Bell-kun. Pero este es mi trabajo. No me debes nada por mi apoyo. Finalmente tranquila, Eina armó un sólido argumento.
La razón por la que escuchó los problemas de Bell y le dio consejo sólo fue porque estaba empleada por el Gremio.
Fortaleció su posición diciendo que se sentía halaga de que Bell estaba dispuesto a salir de su camino para ayudarla, pero declinó cortésmente.
-- —¡L-La armadura!
--¿La qué?
Bell había encontrado su contraargumento.
--¡El Brazal! ¡El que compraste para mí! ¡Por favor, considera esta mi manera de reembolsártelo! Eso fue hace mucho tiempo.
Eina había sugerido que necesitaba una nueva armadura, y ambos habían ido juntos a investigar las opciones. En ese día, Eina le había comprado un protector de brazo, un Brazal, como regalo.
Tenía razón. Eso no era parte de su trabajo.
Fue una decisión que había tomado por su cuenta, y el hecho de que no había pedido ningún tipo de reembolso hablaba mucho del significado que había detrás.
--… Que persistente.
Podía decir por la mirada en sus ojos que Bell no iba a dar marcha atrás. Eina aceptó la derrota.
Un largo suspiro escapó de sus labios, con los músculos de su rostro tensándose. Pero aun así, le sonrió al chico.
--Si insistes, aceptare tu oferta. Cuento contigo, Bell-kun.
--¡N-No te defraudare!
× × ×
El sol se hundía detrás de la muralla de la ciudad mientras la noche comenzaba a mostrar su rostro.
Eina estaba sentada en el mostrador de recepción con sus compañeras de trabajo, como de costumbre, cuando vio a Bell, regresando del Calabozo, yendo al Intercambio. Ambos asintieron, y ella se levantó de su asiento.
Nadie más notó su breve comunicación.
--Mis disculpas, pero me iré a casa.
--¿Oh? ¿Te vas a casa temprano? Nos vemos mañana.
Reunió sus cosas entre breves conversaciones con sus compañeras de trabajo. Misha levantó la mirada de su batalla total contra el papeleo apoderándose de su escritorio con preocupación en sus ojos. Eina le hizo un gesto con la mano, diciendo que no se preocupara.
--Siento hacerte esperar, Bell-kun.
--No es, um, la gran cosa. ¿Nos vamos…?
--Si vamos. Sólo… hasta que llegue a casa. Cuento contigo.
--H-Haré todo lo posible.
Eina, quien había salido por la puerta trasera de la sede del Gremio, encontró a Bell esperándola. Ambos salieron juntos.
Era oficial: después de su conversación, le había pedido a Bell que se convirtiera en su guardaespaldas.
El chico había dejado a sus aliados para protegerla durante su viaje de regreso a casa desde el trabajo inmediatamente después de salir del Calabozo.
--Lo siento por todo esto, Bell-kun. Debes estar cansado de la exploración del Calabozo.
--Realmente no. Regresamos temprano hoy, así que todavía estoy en buena forma. No hay nada de qué preocuparse.
--…Gracias.
Viajo por el mismo camino de siempre, pero esta vez había otra serie de pasos acompañándola.
Las calles estaban animadas bajo el oscuro cielo rojo porque, al igual que Bell, otros Aventureros regresaban del Calabozo. Los bares comenzaban a llenarse con demi-humanos a la izquierda y a la derecha, lo que hacía difícil caminar por las multitudes.
Eina y Bell hicieron todo lo posible para evitar chocar con otras personas mientras avanzaban entre la multitud.
… Esto es un poco estresante.
No era nada demasiado drástico, pero podía sentir lo cerca que estaban.
Aún tenían que decidir por cuánto tiempo continuaría, pero la idea de ir a casa con Bell cada día hacia que su corazón latiera con fuerza. No se había olvidado de su misterioso perseguidor de ninguna manera, pero no podía pasar por alto al chico que estaba junto a su hombro mientras caminaban al lado del otro.
Sus ojos se movían alrededor mientras se preguntaba qué pensaban los otros peatones de ellos.
Bell nunca había pasado por esta parte de la ciudad antes y miraba por todos lados. Eina se inclinó hacia adelante, tratando de echarle un vistazo a su rostro.
-- —¡…!
En ese momento…
El aura de Bell cambió por completo, tomando a Eina por sorpresa.
--¿B-Bell-kun?
--… Estamos siendo observados, probablemente.
--¿De verdad…?
A diferencia de ayer, ella no tenía ni idea.
Eina podría haber quedado atónita por sus agudos sentidos, pero la mirada seria y enfocada en el rostro de Bell la sorprendió aún más.
Sus ojos de color rojo rubí escudriñaban a la multitud y a los edificios circundantes, sin dejar ningún lugar sin comprobar.
Su corazón dio un vuelco.
Aunque se sentía extraño ver a Bell actuando como un Aventurero genuino, su pulso se aceleró ligeramente.
Así que él tambien tiene esta cara…
Había visto destellos de ello mientras miraba el <Juego de Guerra>… pero verlo así en persona la estaba excitando un poco.
Ella lo observó cuidadosamente durante varios momentos antes de que la tensión dejara sus hombros.
--Creo que… se ha ido. Aunque, quien quiera que sea puede estar ocultándose…
--¿P-Puedes percibir eso, Bell-kun?
--Sí. Algo casi siempre está observándome, así que me he vuelto bueno notándolo…
--¿Huh?
--Um, no es nada.
La aguda percepción de Bell se había desarrollado bajo la poderosa mirada de una misteriosa Diosa. Los resultados hicieron que Eina inclinara su cabeza.
Y si era cierto, todo eso confirmaba que tenía un acosador. La noche anterior no fue un producto de su imaginación después de todo. Alguien la estaba siguiendo.
Un escalofrío se abrió camino debajo su piel, cuando de repente—el flujo de la multitud se movió sin previo aviso.
Eina fue tragada por una ola de humanidad antes de que incluso pudiera sorprenderse. La cabeza blanca de Bell estaba a punto de desaparecer.
Una mano salió de la nada y tomó su muñeca.
--¿E-Estás bien?
--… E-Estoy bien.
Bell de alguna manera había logrado encontrar un espacio en la multitud. Las palabras de Eina sonaron como susurros mientras respondía.
Cinco dedos fuertes sostenían su mano y no la soltaban. Todavía conectada, Eina no pudo evitar ruborizarse.
--Ah… ¡Oh! ¡Lo siento!
Bell se dio cuenta de por qué estaba más roja que de costumbre e inmediatamente liberó su muñeca.
La persistente calidez de su mano parecía un guante alrededor de la mano de Eina. Pero en cuanto vio que Bell se avergonzaba, una risa nerviosa escapó de sus labios.
--¿Nos vamos?
--Um, sí.
Una confirmación rápida y se pusieron en marcha de nuevo.
Le tomó todo lo que tenía a la chica para esconder sus nervios. Una sonrisa apareció lentamente en su rostro mientras Eina volvía a mirar al chico a su lado, protegiéndola. Su guardaespaldas.
Cuando salieron del Gremio, la falta de espacio entre ellos la había puesto nerviosa. Ahora era reconfortante tenerlo tan cerca.
× × ×
--Hey, Eina. Has estado en las nubes estos últimos días. ¿Qué pasa con eso?
--… ¿Qué?
Mañana, dos días después.
Estaban en medio del trabajo, pero las palabras de Misha hicieron que Eina se detuviera.
--Estás sonriendo sin parar con un brillo en tus ojos. Es como si te estuvieras riendo para ti misma o algo así.
--¿L-Lo estoy?
--Muchísimo.
Cada ventana en el mostrador de recepción estaba equipada con un espejo para que lo usaran las recepcionistas. Eina lo sacó y echó un vistazo.
De hecho, sus mejillas estaban cubiertas de rosa por debajo de los bordes de sus gafas. Avergonzándose repentinamente, mantuvo sus ojos en su reflejo y fijó su flequillo.
--Alguien te estaba acosando el otro día. ¿Eso se solucionó?
--Bueno, yo no diría que esta exactamente resuelto, pero…
--Okay, ¿Qué es lo que pasa entonces? ¿Sucedió algo bueno? No salieron palabras de la boca de Eina.
No tenía una respuesta lista para la pregunta de Misha.
Sólo había una respuesta que tenía sentido—la razón por la que estaba de tan buen humor era que estaba deseando el tiempo que pasaba con Bell.
Eina buscó las palabras correctas, pero Misha cortó su tren de pensamiento con un grito repentino.
--¡Ah! Es ese Enano de antes. ¿Cómo se llamaba…? ¿Dodomel?
--¿De verdad?
Pasando por alto el obvio error de su amiga, Eina siguió su línea de visión. Dormul estaba parado al otro extremo del vestíbulo.
Con la boca cerrada, mirando fijamente en su dirección, se alejó rápidamente en el momento en que se dio cuenta de que lo estaba observando.
Por lo general, inventaba una excusa para hablar con ella… Sin embargo, esta vez fue directamente a la salida mientras Eina lo observaba con confusión.
--Se fue. Espera un minuto, había un Elfo aquí haciendo exactamente lo mismo hace no mucho tiempo.
--¿Era… Luvis?
--Sí. Te miraba constantemente.
Luvis siempre conversaba con Eina cuando visitaba el Gremio, al igual que Dormul. No debería ser tan extraño para ellos no saludarla una o dos veces, pero la idea desconcertó a Eina mientras inclinaba la cabeza.
Su amiga ya había reanudado su conversación anterior, pero la semielfo observaba el lugar por donde el Enano había salido del edificio.
× × ×
--El equipo fue completamente rodeado de Minotauros antes de que lo supiéramos, así que tuvimos que salir de allí…
--Hehe… Ahora eso fue peligroso.
Esa tarde. Bell se unió a Eina para regresar a casa, tal como había hecho en el último par de días.
Ya era de noche. Regresar del Calabozo llevo más de lo que Bell había esperado, y le contó todo lo que pasó. Eina sonrió y escuchó, interponiendo su opinión de vez en cuando.
La siniestra sombra no se había mostrado desde que Bell comenzó a acompañarla. Bell había dicho que sentía destellos de su mirada, y muy probablemente quien quiera que fuera estaba esperando el momento oportuno.
Este arreglo no puede durar para siempre… Tengo que encontrar una solución.
Era su culpa que Bell estuviera atrapado en esto, y lo odiaba. Tranquilizándose a sí misma de que sólo era temporal, la mente de Eina estaba en otra parte mientras hablaba con Bell.
… ¿Qué es Bell-kun para mí?
De repente, se dio cuenta de que la idea de que su tiempo juntos llegara a su fin la hacía sentirse un poco sola. Recordando su conversación con Misha esa mañana, Eina decidió preguntarse a sí misma algunas cosas.
Para Eina… Bell era como un hermano menor. Esa era la mejor manera de describirlo.
Nada más y nada menos. Con esa mentalidad, en su cabeza no debería haber espacio para pensar en él como un
hombre.
Pero de nuevo, se sentía atraída por hombres como Bell.
—Eina se sonrojó furiosamente y miró el suelo tan pronto como ese pensamiento llegó alto y claro.
¡Idiota!
Se regañó una y otra vez por querer que este tiempo juntos siguiera repitiéndose.
Bell estaba justo a su lado, tratando desesperadamente de averiguar qué sucedía con la semielfo de color rojo brillante.
--E-Eina-san, estamos aquí.
--… ¡…! Oh, gracias, Bell-kun.
Habían llegado a la puerta de enfrente de la casa del Gremio en un instante.
Aun nerviosa, Eina levanto la mirada y le dio un rápido agradecimiento. Sólo entonces notó la fatiga en el rostro del chico.
Por supuesto, tenía mucho sentido. Acababa de terminar una excursión extremadamente difícil en el Calabozo y había venido a llevarla a casa inmediatamente después. Había estado haciendo eso durante días y días.
--Bueno, Eina-san, me voy a casa.
Dejándola en su casa con seguridad, Bell se alejó de Eina.
Ell se sentía tan mal por haberle hecho pasar todo eso que las palabras se formaron en sus labios antes de que supiera lo que estaba sucediendo.
--… ¿Bell-kun? ¿Te gustaría pasar?
--¿Huh?
Se dio cuenta de lo que había hecho después de que las palabras ya habían dejado su boca. Pero no podía ignorar lo cansado que estaba el chico y decidió seguir adelante.
--Bueno, trabajas duro todos los días y aun así me ayudas… Lo menos que puedo hacer es prepararte una taza de té.
Los nervios estaban de vuelta. Luchó para evitar que su voz temblara. Sus puntiagudas orejas ardían.
La amable oferta de Eina atrapó a Bell con la guardia baja por un momento. Pero pronto su rostro se relajó, y le sonrió antes de rechazarla.
--Muchas gracias, Eina-san. Pero mi <Familia> me está esperando, así que… Buenas noches. Dijo, y le dio la espalda una vez más.
--… Haaa.
Un suspiro de decepción escapó en voz baja.
Pero una sonrisa creció en sus labios poco después mientras lo veía irse. Se quedó allí hasta que desapareció de su vista antes de entrar.
× × ×
El siguiente día fue el cuarto día consecutivo que Bell había servido como guardaespaldas de Eina. También fue el día en que todo cambió.
--B-Bell-kun, ¿Qué pasa? Estás sudando mucho…
--El observador… quiere matar…
Ambos se habían encontrado detrás de la sede del Gremio como de costumbre en las horas finales de la tarde. Sucedió cuando estaban a mitad de camino a casa.
Bell giraba la cabeza de un lado a otro, inspeccionando incesantemente sus alrededores.
--¿E-Estás seguro?
--Sí… aunque la intención asesina parece estar dirigida a mí y no a nosotros.
Bell no hizo ningún intento de exagerar la situación. La expresión de su rostro revelaba cuán fuerte era la presión que se dirigía hacia él.
Comprendiendo la severidad de la situación, Eina echó un vistazo rápido a su alrededor antes de inclinarse cerca de la oreja de Bell.
--Bell-kun, entremos en ese callejón.
--¿Huh?
--Atraeremos a quien quiera que sea lejos de otras personas. No hay duda de que nos seguirá.
Quien quiera que estuviera emanando esa poderosa aura probablemente no estaba pensando con claridad.
Considerando las circunstancias, su perseguidor los seguiría a cualquier parte, especialmente si había menos personas.
Al mismo tiempo, las posibilidades de que comenzara una batalla tan pronto como se encontraran con el acosador aumentaron inmensamente.
Bell entendió todo esto sin que Eina tuviera que decir una palabra. Conocía el peligro, pero se decidió en un instante y asintió afirmativamente. Había llegado el momento de que Bell cumpliera su papel de guardaespaldas.
Ambos salieron de la concurrida calle y entraron en el oscuro callejón. Después de caminar por un buen tiempo, encontraron un lugar ideal para estar al acecho, bien oculto por las sombras.
Unos instantes más tarde escucharon poderosos pasos apresurados. Eina se aferró a Bell mientras los ecos resonaban en sus oídos. Hizo todo lo posible para estar lo más callada posible, respirando sólo cuando era necesario.
Entonces llego—una sombra negra pasó por delante de su escondite. Siguió avanzando aún más por el callejón hacia un callejón sin salida. Bell saltó de las sombras en el momento en que su perseguidor se detuvo.
--¿¡Eh!?—¿¡Dormul!?
Eina entró en la tenue luz detrás de Bell y jadeó en el momento en que vio al hombre mirando a su guardaespaldas.
El Enano llevaba una túnica encapuchada que apenas era lo suficientemente grande para él. Sin embargo, no debió haber escuchado la voz de Eina porque su hirviente mirada estaba fija únicamente en Bell, con todo su rostro ardiendo de rojo.
--¿¡Qué demonios piensas que estás haciendo, trayendo a Eina un lugar como este!? ¿¡Huh—!? Dormul rugió mientras sacaba un Martillo de Guerra de la funda en su espalda.
Lo sujeto con ambas manos, levantándolo por encima de su cabeza y cargó antes de que Bell pudiera decir una palabra.
--¡B-Bell-kun! ¡Dormul! ¡Alto—!
El ensordecedor impacto del martillo de Dormul ahogó la última parte del desesperado grito de Eina.
Fragmentos de piedra volaron hacia el aire; una tremenda onda de choque atravesó la calle. Bell supo en ese momento que no podía contener nada contra este oponente y rápidamente sacó dos Dagas.
Saliendo del camino, se movió para contraatacar.
--Cabello blanco, ojos rojos, humano… ¡Lo sé, eres el <Pequeño Novato>!
--¡…!
--¡Pero no tienes oportunidad contra mí!
Dormul bloqueó fácilmente el ataque de Bell con su Martillo de Guerra como si fuera un juego de niños. Él sonrió mientras balanceaba la enorme arma.
Bell no tuvo más remedio que retroceder. Los musculosos brazos del Enano guiaron el ímpetu del martillo en una serie de poderosas oscilaciones, convirtiendo el callejón trasero en una tormenta cuando comenzó su ofensiva.
¡Esto no es bueno!
Pensó Eina.
Bell y Dormul eran Aventureros de Segunda Clase. Sin embargo, Bell sólo recientemente había conseguido un
<Aumento de Nivel>, mientras que Dormul había alcanzado el Lv. 3 hace casi tres años. En términos de fuerza y habilidad, el Enano era un verdadero veterano. Por lo tanto, poseía una clara ventaja.
Eina temía lo peor, lamentando instantáneamente su decisión de poner a Bell en peligro. Pero esos miedos pronto demostraron ser inútiles.
-- —¡¡…!!
--¡WAAH!
Bell fue atrapado en el callejón sin salida sin ningún lugar a donde escapar. Dormul levanto su martillo para dar el golpe final, pero una Daga negra interceptó su camino. Dibujando un arco violeta a través del aire, forzó al Martillo de Guerra a ir a un lado y hacia el suelo.
El aturdido Dormul lo miro con los ojos abiertos cuando Bell acelero.
¡E-Es rápido—!
Eina estaba igualmente sorprendida.
El chico era demasiado rápido para que ella lo viera. Saltando de las paredes y a través del aire como un conejo, Bell encontró su camino en los puntos ciegos del Enano—y atacó por detrás y por los lados. Justo cuando Eina pensó que Dormul tenía una oportunidad para contraatacar después de bloquear uno de los ataques de Bell, el chico ya se había ido. Sus ojos giraron, tratando de mantenerse al día con sus movimientos.
La sorpresa de Eina provenía del hecho de que Bell se parecía a un verdaderamente Aventurero de Segunda Clase.
Incluso comparado con el experimentado Dormul, la nitidez de sus acciones no era inferior de ningún modo. No estaba confiando en el poder directo de su <Estado>; en cambio, su forma evocaba imágenes de un ex-maestro de los Aventureros de Primera Clase.
Incluso cuando estaba acorralado en una parada completa, movía su cuerpo extremadamente bien y ejecutaba técnicas que lo ponían en igualdad de condiciones con su oponente. Este era un combate cuerpo a cuerpo en su máxima expresión.
Eina no pudo evitar recordar sus hazañas en el <Juego de Guerra>. El conejo blanco contra el general enemigo, el Jacinto de un nivel superior—el más débil volcando la situación contra un favorito abrumador con habilidades y técnicas tan agudas como una espada.
Al verlo con sus propios ojos, Eina se dio cuenta de que el maestro que había perforado técnicas de combate en él era extraordinario.
--Detente… ¡Deja de estar saltando alrededor, MALDITA SEA!
Dormul estaba perdiendo su capacidad de mantenerse al día con Bell con cada momento que pasaba. Cada una de sus oscilaciones sólo golpeaba el aire vacío, y el chico aprovechaba aún más las aperturas para contraatacar.
El conejo blanco ejecutaba tácticas de golpear y correr. Dormul rugía con frustración mientras él se movía de un lado a otro.
La Agilidad de Bell—su velocidad estaba en un nivel diferente.
Los Enanos eran conocidos por su fuerza y poder, pero ésos eran un horrible partido para Bell.
--¡¡MALDITO SEAS! ¡Intenta esquivar esto, roedor!
La frustración de Dormul había alcanzado su punto de ebullición. Extendió su mano detrás de su hombro y sacó otro martillo gigante.
—¿¡Una Espada Mágica!?
Eina supo de inmediato que la brillante energía amarilla que envolvía el arma no era sólo para mostrar.
Las Espadas Mágicas se producían en todas las formas diferentes, pero cada una tenía la capacidad de convocar Poder Mágico increíble en un instante. Si una de esas poderosas armas liberara su poder en este espacio confinado, alcanzaría a su objetivo sin fallar. Dormul sabía lo que estaba haciendo.
Eina se olvidó de respirar. Tenía que parar esto, pero antes de que pudiera intentarlo— Bell, con los ojos abiertos cargó hacia Dormul de frente.
¡Bell-kun!
Juzgando por su ángulo de ataque, Eina vio enseguida que estaba atrayendo el ataque lejos de ella para que no quedara atrapada en la explosión.
Dormul frunció los labios en una sonrisa mientras observaba cómo su objetivo se le acercaba. Oscilo la Espada Mágica directamente en la trayectoria del chico.
Todo lo que Bell podía ver mientras zigzagueaba a través del pavimento de piedra era al Enano poniendo cada músculo de su cuerpo en la oscilación.
--¡¡COMETE ESTOOOO!!
-- —¡Hah!
Bell oscilo la Daga carmesí en su mano izquierda para enfrentar al martillo.
Dejando un rastro de luz escarlata en su estela, la cuchilla de la Daga paso por debajo de la cabeza del crepitante martillo y cortó limpiamente a través de la empuñadura.
-- ——
La parte pesada de la Espada Mágica en forma de martillo giró en alto en el aire.
El resto del arma, la empuñadura cortada en la mano de Dormul, no pudo golpear a su objetivo. El as en la manga había fallado.
Bell pasó justo al lado del Enano y saltó frente a la sorprendida semielfo con una velocidad cegadora. Tomó una postura defensiva con ella a su espalda, protegiendo a Eina como un guardaespaldas debería hacerlo.
Dormul se congeló en su lugar, absolutamente asombrado de que su ataque con la Espada Mágica había fallado. Recuperándose rápidamente, tomo su Martillo de Guerra una vez más y se giró hacia Bell, listo para más.
--¡Esto no ha terminado!
Sin embargo—
El resto del martillo descabezado descendió del cielo justo encima de él con un ruidoso *¡Whoosh!*
Eina y Bell vieron en estado de shock como la parte plana del martillo golpeaba la cabeza de Dormul.
-- —¡GWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Un grueso rayo impactó en el momento en que su grito resonó por el callejón.
La palpitante energía amarilla dentro de la Espada Mágica tipo martillo había sido liberada en un poderoso destello, trayendo un pilar de energía eléctrica por encima del Enano.
Bell y Eina fueron mandados a volar. Chocando en el aire, cayeron al suelo uno sobre el otro.
--¡B-Bell-kun! ¿Estás herido?
--E-Estoy bien… estoy más preocupado por él, para ser honesto.
Eina había aterrizado sobre su espalda, Bell boca abajo sobre ella. Apoyándose en sus codos, Eina pudo ver que la espalda del chico estaba chamuscada. Bell, por otra parte, señaló el origen de la explosión con una mano temblorosa.
Una sensación de alivio inundó sus venas mientras ambos se ponían de pie. Luego fueron a revisar Dormul.
--Ehh…
Cada uno de los muros que componían el callejón sin salida había sufrido considerables daños. El Enano yacía en medio de montones de escombros de piedra calcinados, quemado de la cabeza a los pies.
Al lado de su cuerpo ardiendo estaba la gran cabeza del martillo. Con su energía gastada, se agrietó y cayó en pedazos.
--¿E-Está vivo…?
--Sí… Está respirando.
Al llegar a su lado, ambos comprobaron los signos vitales. Viendo que estaba bien, el chico finalmente dejó que sus hombros se relajaran.
Eina, sin embargo, tenía una expresión más nublada.
No podía creerlo. ¿Dormul era su acosador? Eso no podía ser verdad.
Se había encontrado con todo tipo de Aventureros en sus años trabajando como recepcionista en el Gremio.
Estaba bastante confiada en su capacidad de ver el verdadero carácter de una persona. ¿Cómo podría un Enano torpe con un alma amable y gentil hacer algo como esto…?
Eina aparto la mirada, con una mirada sombría en sus ojos.
--…
Bell estaba parado a su lado, mirando alrededor del callejón sin salida y en las paredes que los rodeaban.
Su mirada inquisitiva cayó sobre Dormul y luego hacia arriba en la noche. Era incapaz de librarse de una extraña sensación.
× × ×
Bell ayudó a trasladar al inconsciente Dormul a la sede del Gremio antes del final de la noche.
El Enano tendría la oportunidad de explicarse una vez que recuperara la conciencia, pero el golpe de la Espada Mágica había sido tan poderoso que todavía no había vuelto en sí.
Eina aún estaba conmocionada por el shock. Ni siquiera podía concentrarse en el trabajo.
--Eina, ¿Te sientes bien?
--Sí, estoy bien. Lo siento.
Un nudo había estado en su corazón todo el día. Pasó el tiempo y la noche cayó otra vez.
Eina forzó una sonrisa hacia Misha y a sus preocupadas compañeras de trabajo antes de salir de la sede del Gremio.
Por supuesto, Bell no la estaba esperando. El incidente del acosador había sido resuelto, así que no había razón para pedirle que la acompañara.
Bajo el cielo nocturno, Eina avanzaba por las familiares calles en su camino a casa.
-- —¿Wha?
No hubo ninguna advertencia.
Eina sólo pasó a mirar por encima de su hombro, sólo para darle un vistazo a una figura que no podía pasar por alto. Alguien con una túnica negra con capucha. Era el mismo atuendo que llevaba su perseguidor la primera noche. Toda la sangre se dreno de su rostro.
--¡…!
¡No puede ser!
Ella gritó en silencio y salió corriendo. Otra mirada sobre su hombro confirmo que la figura encapuchada la seguía.
¿¡Así que no era Dormul después de todo…!?
El auténtico perpetrador era alguien más; el amable Enano no tuvo nada que ver con ello, haciendo que aún más pensamientos pasaran por la mente de Eina. Dormul solo había estado por casualidad en la zona y malentendió. Debió haber creído sinceramente que Bell la había obligado a entrar en ese oscuro callejón.
Salió corriendo de la comunidad de clase alta y se dirigió a la pintoresca calle. No había nadie más a la vista. La ocasional y débil luz de una Lámpara de Piedra Mágica iluminaba el lado de su rostro mientras pasaba corriendo.
Su perseguidor era más rápido. No había escapatoria.
Podía sentir que se acercaba, más rápido. Eina tomó una profunda inspiración en preparación para soltar un grito que podría o no llegar a los oídos de otra persona.
--¡Firebolt!
Un rayo de llamas brilló antes de que pudiera gritar.
Llego desde detrás de ella y su perseguidor envuelto en negro. La Magia corrió a través del pavimento de piedra y explotó tan cerca de ellos que tanto Eina como la figura se detuvieron para mirar.
De repente, el sonido de pasos resonó desde arriba, desde lo alto de las casas que bordeaban la calle, un destello de cabello blanco apareció de entre las sombras cuando alguien saltó en el aire.
La sombra cayó encima de la figura encapuchada, con su pie estrellándose contra su espalda.
--¡Uph!
--¡…!
--¿¡B-Bell-kun!?
--L-Lo siento, algo simplemente no se sentía bien… D-Debería haber venido más rápido.
Bell luchó para sacar palabras entre sus respiraciones entrecortadas. Librada de las garras del terror, Eina no podía estar más aliviada de verlo y de repente se sintió llena del deseo de abrazar al chico. Limpiando rápidamente las lágrimas que se acumulaban en sus ojos color esmeralda, le hizo una pregunta.
--¿Q-Qué quieres decir, con que algo no se sentía bien?
--No quería asustarte, así que no dije nada, pero… había varios pares de ojos que nos miraban todos los días cuando volvíamos a tu casa…
Bell continuó diciendo que había sentido algunas miradas distantes centradas en ellos incluso cuando luchó contra Dormul.
Al parecer, había planeado llevarla a casa de nuevo esta noche porque no podía convencerse de que simplemente estaba siendo paranoico. Una vez que escucho en el Gremio que la deprimida recepcionista ya se había marchado, se había precipitado a toda velocidad.
-- —¡DORYAAAAAAAAAAAAAAAAA!
--¡…!
--¡…!
--¡…!
La situación cambió una vez más un segundo más tarde.
Un musculoso Enano irrumpió en la pintoresca calle lateral como un vigoroso tanque rompiendo las líneas enemigas.
Las tres figuras se quedaron inmóviles, sin saber cómo reaccionar cuando los enormes puños del Enano se dirigieron directamente a la persona que llevaba la capucha negra.
El objetivo salió de su alcance.
--¿Está bien, Eina?
--¿Eres tú, Dormul…? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo saliste del Gremio?
--¡Hice mi propia puerta en esa insignificante pared! Eina se dio una palmada en la frente.
Pero Dormul no notó su reacción ni el hecho de que Bell estalló en un sudor nervioso. Todos sus sentidos estaban enfocados enteramente en la figura encapuchada, con su mirada ardiendo de furia.
--¿Entonces eres tú? ¿El enfermo que ha estado acechando a Eina?
Los ojos de Eina se agrandaron por la sorpresa al ver que Dormul de alguna manera sabía su situación. Al mismo tiempo, la temblorosa figura encapuchada colocó sus manos en los bordes de la capucha.
--¿Te atreves a dirigirte a mí con un título tan incivilizado, sucio Enano?
--¿¡L-Luvis!?
Otra sorpresa más—Eina había perdido la cuenta de cuántas—había hecho que su mandíbula cayera.
Con su elegante cabello dorado expuesto, el Elfo le devolvió la mirada del Enano con la suya por debajo de sus esculpidas cejas.
--¡Prefiero llamarte pervertido, Elfo traicionero! ¿Cómo vas a explicar esto?
--Gh… Y-Yo sólo quería expresar mis verdaderos sentimientos por Eina…
El área bajo los ojos del Elfo se sonrojo ligeramente mientras miraba a Eina, antes de que cambiara de tema y pasara a la ofensiva.
--E-En cualquier caso, me cansé de seguir todos los giros y vueltas de la convención social. ¡Es mi naturaleza ser más directo! ¡Has cometido un grave malentendido!
--¡Oh-ho! ¿Qué malentendí?
Bell había quedado completamente fuera de la conversación. Se quedó allí, mirando a la izquierda y a la derecha mientras los otros dos hombres intercambiaban golpes verbales. Eina observaba con la inexplicable sensación de que ambas partes estaban pasando por alto información vital.
Se interpuso entre ellos y convocó toda clase de profesionalidad que había desarrollado durante el trabajo.
--¡Paren ahí, los dos! ¡Ambos lados de este argumento necesitan ser escuchados, así que cálmense en este instante!
El crujido del látigo verbal de Eina hizo que Dormul y Luvis se callaran, pero ambos seguían fulminándose con la mirada.
Ahora que las cosas se habían calmado un poco, Eina se giró primero hacia el Elfo.
--¿Podemos por favor escuchar tu parte de la historia, Luvis? Todos los detalles que llevaron a este punto.
--S-Seguro, supongo…
Luvis se tragó el aire en su garganta bajo la presión de la mirada de Eina. Moviéndose incómodamente en su túnica, finalmente asintió.
--Hace unos días, cuando estaba presente en el vestíbulo del Gremio… escuche que alguien desconocido te perseguía, y me encargue de asegurarme de que no te causaran ningún daño.
Eina parpadeó unas cuantas veces. El momento en que su amiga Misha prácticamente había gritado detrás del mostrador inmediatamente se repitió en su cabeza. Eso puso esa pregunta en reposo.
Probablemente, Dormul también había aprendido de su situación de una manera similar.
--¿Huuh? ¡Deja de mentir, todos sabemos que fuiste tú desde el principio…!
--Dormul, tendrás un turno para hablar, así que por favor cállate por ahora. ¿Cómo decías, Luvis?
--Oh, sí… lo consulté con el Dios de mi <Familia>.
… ¿Qué?
Eina se congeló en su lugar.
--Me aconsejó que los hombres reales deben proteger desde las sombras. Así que me oculté a mí mismo, asegurándome de que no te hicieran daño…
--... M-Mi Dios me dijo lo mismo. Un hombre digno del título protege desde atrás.
--¿Q-Qué?
… Algo era muy, muy sospechoso.
--Básicamente, ambos estaban preocupados… ¿Así que decidieron seguirme en secreto?
--Eso lo resume todo.
--Supongo, si lo pones de esa manera.
Era algo difícil de tragar para Eina. Ambos Aventureros acababan de admitir que actuaron exactamente como acosadores.
Pero había algo más en la historia. Sus enfoques cada vez más agresivos también se debieron al consejo de sus Dioses. Ambos harían lo que fuera necesario para ganar su corazón, y habían seguido ciegamente las instrucciones de sus Dioses.
En cuanto al chico que había sido enredado en la situación como guardaespaldas, ambos Aventureros lo vieron como un enemigo por lo menos. Esa rivalidad unilateral había aumentado a niveles peligrosos cuando lo vieron sosteniendo su mano y generalmente siendo amigable con ella.
Entonces, eso significaría—
Eina sintió que estaba a un paso de identificar al verdadero culpable.
--Dormul también llevaba algo así, pero… Luvis, ¿Podrías explicar la túnica…?
--Oh, ¿Esto? Mi Dios dijo que es la última “tendencia”, o algo así…
--Uh, um… ¿No pensaste que iría en sentido contrario? Eso la asustaría…
--¿Qué?
Era exactamente eso.
El chico de cabello blanco levantó la mano cautelosamente mientras decía la respuesta correcta. Usando ese tipo de manto sospechoso en la noche sólo infundirían miedo en ella y haría más probable que Eina malinterpretara sus intenciones.
Dormul y Luvis cerraron la boca como si apenas acabaran de darse cuenta de lo que había sucedido.
Un extraño silencio cayó alrededor de los cuatro—
--¡Guhehehehe!
--¡Guhehehehe!
Una crepitante risa llenó el aire desde algún lugar fuera de la vista.
J-Justo como pensé...
Los mortales miraron inmediatamente hacia los tejados. Fue entonces cuando los vieron: dos Dioses sostenían sus estómagos mientras los señalaban y se reían de ellos.
—Habían jugado con ellos, con todos ellos.
Habían bailado en las palmas de las manos de dos Dioses aburridos.
Siendo ese el caso, lo más probable era que el primer acosador con capucha negra había sido uno de los dos Dioses.
Su plan era enfrentar a sus enamorados dependientes uno contra el otro tan pronto como Luvis y Dormul acudieran a ellos para pedir consejo.
Todo por “entretenimiento”.
Los Dioses típicamente no tenían problemas para tratar a los muchos niños que vivían en el Mundo Inferior como nada más que piezas en un tablero. Involuntariamente habían sido atrapados por una broma divina.
--Awww, y pensé que Eina los rechazaría a ambos una vez que hicieran su movimiento.
--Gané la apuesta, justamente.
Ambos temblaban de risa bajo la luz de la luna. Sus dependientes, Dormul y Luvis, también estaban temblando, pero por una razón muy diferente.
--Grrrrrrr…
El Enano gruñó, moliendo sus molares. Incluso la piel del orgulloso Elfo se había vuelto de un hirviente rojo de la cabeza a los pies.
Con las manos apretadas en puños, soportaban la humillación.
--Luvis, Papá acaba de ganar una apuesta. ¡Te invitare a un gran festín una vez que lleguemos a casa esta noche!
--Dormuuuul. Estoy un poco corto de efectivo—¿Podrías prestarme unos cuantos Varisu? ¿Bastante por favor?
-- —¡¡VETE AL INFIERNOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
-- —¡¡VETE AL INFIERNOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Una lluvia de flechas del Arco Corto del Elfo y cualquier roca que el Enano pudo alcanzar bombardearon a ambos Dioses. Sin embargo, los escurridizos Dioses escaparon antes de que alguna de las flechas o rocas pudieran golpearlos. Sus risas resonaron en los edificios mientras el alegre par desaparecía en la noche iluminada por la luna.
--…
--… Umm.
Eina no podía decir una palabra, y Bell hizo todo lo posible para romper el silencio mientras la miraba.
Dormul y Luvis estaban furiosos, con sus hombros subiendo y bajando, mientras todos los insultos imaginables salían de entre sus dientes apretados bajo sus respiraciones. Es decir, hasta que Luvis levantó la cabeza.
--¡No, no, no! ¡Me niego a dejar que termine de esta manera! ¡Eina, estoy enamorado de ti! ¡¡Por favor, conviértete en mi pareja eterna!!
--¡Y-Yo tengo un mayor amor por ti, Eina! ¡Conviértete en mi esposa!
--¿Eh…? ¿¡QUÉ!?
Una revelación más la había estado esperando, y Eina gritó con sorpresa. Luvis y Dormul se sonrojaron mientras la miraban. Ella también se puso roja.
Muchos hombres habían confesado su amor por ella, ¿Pero una propuesta de matrimonio? Eso nunca había sucedido en ninguno de sus diecinueve años de vida. Es más, podía decir por la mirada en los ojos de sus pretendientes que ambas propuestas eran completamente serias.
Bell, una vez más fuera del bucle, observaba el desarrollo de los acontecimientos con la mandíbula floja.
--¿¡Cómo demonios podría confiarle a Eina a alguien como tú!? ¡Vete a un agujero en el bosque de donde viniste!
--¡Aleja tu mano! ¡Un Enano como tú no podría producir descendencia con una chica maravillosa como ella en primer lugar!
--¡NGAH—! ¿¡Qué planeas hacerle, Elfo repugnante!?
--¡¡N-No seas tonto!! ¡No soy un pervertido de closet!! ¡Simplemente te estaba mostrando la diferencia en la raza…!
Justo cuando parecía que otro enfrentamiento verbal entre Luvis y Dormul estaba a punto de estallar, ambos se giraron hacia Eina al mismo tiempo.
Ella estaba sin habla. Sus hombros saltaron con nerviosismo.
--¡Por favor, dame tu respuesta, Eina!
--¡Estoy listo, sea cual sea tu respuesta!
El pánico inundó sus venas mientras ambos la presionaban para tomar una decisión.
Sin importar cual fuera su respuesta, significaba que se comprometería en el acto. Por supuesto, no estaba lista para eso. Y si los rechazaba sin una razón viable, ambos continuarían persiguiéndola con aún más determinación que antes.
Eina estaba al borde de las lágrimas mientras cambiaba su mirada.
Ahí estaba Bell, parado allí. Cambiaba su peso de un lado a otro, observando cómo se desarrollaba todo sin intervenir.
¡Di algo ya, cualquier cosa…!
El silencio del chico provocó su ira por alguna razón.
Todo lo que alguna vez la había frustrado sobre él comenzó a destellar en su mente mientras sus amplios ojos se estrechaban en una mirada.
--¿Huh?
Bell inclinó su cabeza hacia un lado con una mirada verdaderamente despistada en su rostro. Las mejillas de Eina se habían convertido en un infierno total.
Ya sea si era porque Bell estaba presente, ella no lo sabía.
Su habitual actitud calmada había desaparecido hace mucho tiempo, Eina cerró los ojos para ocultar la rabia construyéndose detrás de ellos.
-- —No puedo darle a ninguno de ustedes caballeros una respuesta en este momento. Entonces envolvió su brazo alrededor del codo de Bell y lo arrastró a su lado.
--¡Porque ambos estamos en una relación!
--¿¡QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEE—!?
--¿¡QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEE—!?
--¿¡QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEE—!?
Tres voces sorprendidas llenaron la noche.
--¿¡Por qué estás tan sorprendido!?
--¡L-Lo siento…!
La helada mirada de Luvis y la rugiente acusación de Dormul cayeron de inmediato sobre el chico, quien inmediatamente ofreció una disculpa aterrorizada.
Ambos Aventureros dieron unos pasos más cerca de Eina, a pesar de que Bell todavía estaba enganchado a su lado.
--¡D-Di que no es así, Eina!
--Esto es un engaño, ¿¡No es así!?
--¡No, estamos saliendo! ¡Él… se me confesó!
Eina cerró los ojos y gritó tan fuerte como pudo. Bell, sin embargo, se había convertido en algo así como una muñeca de trapo, con una mirada en blanco en sus ojos.
Las mejillas de Eina estaban rojas como manzanas. Soltó el codo de Bell, sujeto sus hombros, y acerco su rostro directamente enfrente del suyo.
--¡Bell-kun, por supuesto que recuerdas ese día, cuando llegaste a casa a salvo desde el 5º Piso! Te me confesaste, ¿¡Verdad!?
--¿¡…!?
Se sentía como hace años. Atacado por un Minotauro pero salvado por Aizu, Bell había escapado con vida.
¡Dijiste esas palabras!
Eina gritó silenciosamente a través de sus ojos mientras se acercaba al chico aún más.
En este momento, aquí mismo, una vez más—repítelas.
Toda la energía de su cuerpo se canalizaba a través de sus pupilas color esmeralda. Su nariz estaba lo suficientemente cerca de la suya que se tocarían con un movimiento repentino. Ella no estaba parpadeando, sólo transmitiendo el mensaje con cada fibra de su ser.
Los labios del chico comenzaron a abrirse y cerrarse, pero no salieron palabras.
--Diles, Bell-kun. Dilo. Di lo que dijiste ese día.
Los ojos de Bell comenzaron a girar frente al rostro rojo brillante de Eina y su súplica desesperada. Entonces sus labios finalmente se movieron cuando se dio cuenta.
--T-Te… amo…
Con sus mejillas ardiendo de rojo brillante, el chico miró hacia abajo a sus pies.
-- —¡Ahí! ¡Ahi tienen! ¡Escuchen—escuchen cómo quiere protegerme! Y él—¡¡Bell-kun es la persona adecuada para mí!!
El golpe final.
*¡BANG!*
Dormul y Luvis se tambalearon hacia atrás como si hubieran sido golpeados por un rayo.
No podían ver ni escuchar ninguna falsedad en las palabras o comportamiento de Eina. Se dejaron caer en el lugar por un momento antes de que sus cabezas y hombros se hundieran. Entonces dieron unos pocos pasos débiles en direcciones diferentes.
--…
--…
El Enano y el Elfo abandonaron la pintoresca calle. Una fría brisa pasó junto a Bell y Eina. Ambos estaban igualmente avergonzados, con sus rostros del mismo tono de rojo.
Unos pocos segundos incomodos pasaron antes de que Bell, con lágrimas comenzando a salir de sus ojos, se girara hacia Eina como si tratara de hacer algún tipo de solicitud. Sin embargo, Eina lo enfrento directamente, junto sus manos, cerro sus ojos tan fuerte como pudo y se inclinó profundamente hacia él.
--¡Lo siento mucho…!
Exprimió una descarada disculpa de sus labios rosados.
× × ×
Un cielo azul brillante en las horas de la mañana.
La cálida luz del sol atravesaba las ventanas de cristal. La sede del Gremio estaba ocupada nuevamente hoy.
Incontables Aventureros iban y venían. Muchos, como siempre, formaban líneas delante del mostrador de recepción.
Eina, también, estaba al otro lado del mostrador y tomó el aire de una recepcionista del Gremio perfecta, como hacia habitualmente.
Va a ser difícil si Bell-kun viene hoy…
Solo pensar en lo que había pasado la noche anterior hizo que su rostro estuviera tan caliente que estaba segura de que sus mejillas se incendiarían.
Se había perdido a si misma en el momento, a pesar de que había dejado que sus emociones sacaran lo mejor de ella, a pesar de que prácticamente había olvidado donde estaba…
Lamentaba, más que nada antes en su vida, el hecho de que lo había arrastrado al centro de su enredo. Se suponía que era la mayor… Su corazón suspiró lo que se sentía como la enésima vez ese día.
--Ah…
--Ah…
Bell apareció en el frente de su línea.
--…
--…
Intercambiaron miradas silenciosas.
Otros Aventureros miraban desde atrás, frustrados por el tiempo perdido. Ambos comenzaron a sonrojarse antes de apartar la mirada.
Que embarazoso… ¿Qué puedo hacer?
El cerebro de Eina buscaba desesperadamente las palabras correctas para romper el incómodo silencio. Pero fue Bell quien rompió el hielo primero, forzando una sonrisa y diciendo tímidamente:
--Um, necesito un pequeño consejo. ¿Me podrías ayudar?
Era una pregunta como cualquier otro día. Los ojos de Eina se abrieron de par en par. Entonces, muy lentamente, una sonrisa apareció en sus labios.
--Por supuesto… será un placer.
Ambos hicieron contacto visual y volvieron a sí mismos en ese momento. Asesor y Aventurero. O tal vez hermana mayor y hermano menor.
Se dirigieron a la sala de consulta para discutir el problema y se sentaron en los lados opuestos de la mesa.
Esto es bueno—esto es suficiente.
Se repitió para sí misma. Eina estaba satisfecha.
Su relación estaba bien de esa forma.
--Lo siento… Gracias, Bell-kun.
--…
--Diciendo que me amabas una vez más… Me hizo feliz.
--…
Su voz era tranquila, apenas un susurro. Bell fingió no escuchar incluso mientras se ruborizaba y miraba su regazo.
Eina se rió para sí misma con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Capitulo 05 – El Secreto de la Chica de la Ciudad
-- —¡Todo listo!
Humo negro se elevaba de la estrecha cocina.
No sólo los diversos ingredientes del plato, sino que muchas de las herramientas de cocina en sí estaban o chamuscadas o carbonizadas. El combate culinario que acababa de tener lugar fue extremadamente intenso.
Con un delantal atado alrededor de su cintura, la chica de cabello plateado, Seal, salió de la cocina con una sonrisa satisfecha en su rostro.
Ni sus compañeras de trabajo ni la dueña de la cafetería estaban alrededor.
Seal ni siquiera probó sus creaciones—un pastel de carne de colores extraños y varios sándwiches que no olían como deberían—antes de meterlos en recipientes. Luego apiló todos los recipientes en una gran canasta.
Seal se cambió de ropa antes de salir de la cafetería con la canasta en sus brazos.
--Me pregunto si hoy veré sus sonrisas.
Con una sonrisa propia en sus labios, salió a la ciudad.
× × ×
Era de tarde en la sede del Gremio.
Muchos Aventureros, regresando desde el Calabozo, estaban atendiendo sus asuntos dentro del vestíbulo blanco, iluminado de rojo por los rayos de sol desde el oeste que entraban diagonalmente desde las ventanas de arriba.
--Iré a hablar con Eina-san.
--Entendido. Lili se encargará de las cosas en el Intercambio.
--Voy a pasar el rato.
Me forme en la fila para ver a mi Asesora, Eina-san. Lili, llevando una mochila rellena hasta su capacidad, Haruhime-san, con su propia mochila tubular a punto de reventar, y Mikoto-san se dirigieron hacia el Intercambio con las Piedras Mágicas y el Botín que trajimos desde el Calabozo hoy. Welf no tenía ningún lugar a donde ir, así que decidió matar el tiempo. Todos tomamos caminos separados en el vestíbulo.
Al igual que todos los Aventureros de los alrededores, nosotros, la <Familia Hestia>, teníamos asuntos que atender en la sede del Gremio.
Normalmente nos encargábamos de nuestro Botín y Piedras Mágicas en el Intercambio ubicado en la Torre de Babel, pero hoy teníamos que pagar el impuesto para las <Familias> aplicado por el Gremio. Por lo tanto, todos decidimos venir aquí y realizar todo al mismo tiempo. Quiero decir, podríamos hacerlo todo al mismo tiempo mientras estamos aquí.
En mi caso, era realmente sorprendente ver las largas filas frente al mostrador de recepción. Los empleados del Gremio detrás de él prácticamente estaban volando de un lado a otro, tratando de ayudar a todos. Una vez que fue mi turno, le di a Eina-san una sencilla actualización y deje las cosas en eso. No debería perder su tiempo con una conversación sin sentido, así que entre y salí rápidamente.
Pero parecia que las chicas todavía no habían terminado en el Intercambio, así que tenía un poco de tiempo en mis manos.
Podría ser una buena idea dirigirme al tablón de anuncios y ver lo que se había publicado.
La sede del Gremio tenía una gran cantidad de información sobre el Calabozo y muchas otras cosas que eran útiles para los Aventureros, incluyendo el asesoramiento que proporcionaban los Asesores. No había razón para no aprovechar todo lo que el Gremio tenía que ofrecer.
Me abrí camino entre la muchedumbre ya reunida alrededor del tablón de anuncios y le eche un vistazo a las muchas misiones y anuncios de las <Familias> Mercantiles de los Ítems más recientes.
Es difícil creer que estamos bajo el ataque de Rakia… Todo parece tan normal aquí.
Estaba bastante seguro de que la batalla contra el Reino de Rakia todavía estaba en curso fuera de la muralla de la ciudad. Pero no había diferencia entre un día “en guerra” y un día regular en el Gremio—todas las razas de demi-humanos estaban chocando sus hombros y hablando entre sí hasta donde podía ver. La invasión no tenía ningún impacto en nuestra vida cotidiana como Aventureros.
Quiero decir, estaba seguro de que los Aventureros de Primera Clase estaban luchando por nosotros, pero no todos los de Segunda Clase y por debajo habían sido llamados al frente. Probablemente la ciudad de Orario— bueno, el Gremio, ya que era el poder gobernante—trataba de mantener un flujo constante de Piedras Mágicas para continuar produciendo productos de Piedra Mágica. Demasiados de nosotros luchando en el frente tendrían un impacto directo en la economía, así que el Gremio probablemente quería tantos Aventureros en el Calabozo como sea posible.
Al menos, esa era mi teoría mientras estaba aquí mirando a todos los Aventureros completamente equipados con diferentes tipos de armaduras y armas.
--¿Qué, en serio? ¿De nuevo?
--Algo es sospechoso aquí.
… ¿…?
Mientras mi cerebro estaba ocupado pensando en la invasión de Rakia, mis oídos recogieron una conversación justo delante de mí.
En realidad, estaba sucediendo justo en frente del tablón de anuncios. Otras personas también lo notaron, poniéndose de puntillas y estirando sus cuellos para ver lo que estaba pasando.
Hice lo mismo, estirándome muchas veces, tratando de echar un vistazo a la hoja colocada en el tablón de anuncios.
--Parece que hay un monstruo allá abajo con un gusto por la armadura y las armas.
--Ah, Welf.
Welf llego a mi lado.
Él era un poco más alto que yo, así que podía ver por encima de la multitud mejor que yo. Tambien podía leer la publicación, por como sonaba.
--… ¿“Un gusto”? ¿Cómo en el robo?
--Así es. Algunos de ellos toman el equipo de cadáveres, pero a éste le gusta tomar el equipo de los Aventureros en batalla.
Eso era una verdadera sorpresa.
¿Monstruos robándoles a los Aventureros?
Cuando se piensa en ello, no era tan extraño, considerando que los monstruos usaban <Arsenal del Calabozo> y otras cosas naturales en el Calabozo como armas, pero la idea de uno de los monstruos en armadura era impactante. Si era verdad, estaba seguro de que más de un Aventurero querría llorar.
Todos trabajábamos duro, derramando sangre y lágrimas para encontrar la combinación de equipo que mejor nos convenga… Si la mía fuera robada, no sé qué haría. Especialmente si una de las armas a las que me había acostumbrado desapareciera repentinamente.
Un monstruo que robaba las armas de un Aventurero—el elemento vital que necesitábamos para sobrevivir. Era aterrador pensar en ello.
—Una imagen de un Minotauro empuñando una Gran Espada repentinamente apareció en mi mente. Q-Que aterrador.
Los recuerdos que tenia de ese día enviaron escalofríos por mi espalda.
No debería estar asustándome así. Sacudiendo las imágenes de mi cabeza, me gire hacia Welf.
--¿D-Dónde se vio?
--En los Pisos Inferiores, en su mayoría. Por lo que puedo ver, la observación confirmada más alta ocurrió en el 20º Piso.
Luego dijo que fueron Aventureros de Segunda Clase quienes reunieron toda la información.
Él parecia estar disfrutando de esto, y no era el único. Bastantes personas en el área se estaban riendo como si fuera un rumor divertido. No creían en los informes.
De hecho, algunos de ellos lo estaban tomando como una broma.
--Pero hay algo más interesante sobre eso. Welf sonrió mientras me miraba.
--Este es de hace un tiempo, pero aparentemente un Minotauro Negro llevando armadura apareció en el Calabozo.
--¿Un Minotauro… Negro…?
--Sí. La noticia se extendió rápidamente, pero luego desapareció con la misma rapidez. Ahora es sólo un rumor que escuche.
Por lo general, los minotauros tenían un color rojo oxido. Nunca había escuchado sobre uno negro.
Una subespecie… Le pregunte si era una especie rara de monstruos. Welf me dijo que no lo tomara en serio, sonriendo mientras se encogía de hombros.
Me ponía nervioso cada vez que escuchaba la palabra Minotauro… continúe con otra pregunta.
--¿Cuándo comenzó ese rumor, Welf?
--Hace unos dos meses, tal vez.
Hace dos meses… fue aproximadamente en ese momento en que alcance el Lv. 2.
Welf añadió que esa historia estaba circulando en el momento en que se unió al equipo de la batalla, así que por eso estaba atascado en su memoria.
--…
Mire hacia el tablón de anuncios de nuevo, con las voces de innumerables Aventureros a mí alrededor.
Había una representación de un artista de un monstruo con armadura y sosteniendo una espada. Lo mire hasta que las chicas regresaron del Intercambio.
× × ×
--Um, ¿Seal-san se está tomando el día libre?
El día después de que pagamos el impuesto mensual de nuestra <Familia>, decidí visitar <La Señora de la Abundancia>.
Mientras la suave luz del sol de la mañana iluminaba el cielo, llegue a la puerta principal.
--¡Así es, nya! ¡Seal está saltándose el trabajo de nuevo, nya!
Anya-san, la Catman, estaba parada delante de mí, con su larga y delgada cola retorciéndose detrás de ella. Parecia irritada.
Incluso después de que me trasladé a la nueva sede de la <Familia Hestia>, todavía pasaba por aquí para recoger un almuerzo de Seal-san antes de ir al Calabozo.
Ahora que mi <Familia> tenía más miembros, especialmente Mikoto-san con sus grandes habilidades culinarias, no quería molestar a Seal-san. Hacer un almuerzo para mí todos los días sólo era una cosa más en su lista de tareas pendientes, pero Ryuu-san y algunas de las otras camareras visitaron la <Mansión de la Chimenea> directamente y prácticamente me suplicaron que siguiera viniendo.
--¡Sólo porque aprendiste una inútil forma de percibir el peligro…!
--¡Piensa en los conejillos de indias, piensa en su dolor, nya…!
Runoa-san y Chloe-san me rogaron mientras Ryuu-san miraba con una mirada en blanco en sus ojos. Por alguna razón, todas habían estado sujetando sus estómagos.
De todos modos, desde entonces, continúe viniendo aquí todos los días como de costumbre… pero no había conseguido un almuerzo de Seal-san en un tiempo.
Me había estado preguntando qué sucedía, así que vine aquí hoy para preguntarle a algunas de las otras camareras sobre ello y descubrí que Seal-san tambien estaba ausente hoy.
--Seal tiene una manera de hacer *Poof* y desaparecer, como hoy.
--Hehehe, parece que nuestra joven doncella tiene algunos secretos, nya… ¡Pero ella no quiere que trabajemos demasiado y siempre vuelve, nya! ¡¡No sé nada sobre la contabilidad, nya!!
Otras camareras—la humana Runoa-san y otra Catman, Chloe-san—estaban en descanso y vinieron a unirse a Anya-san y a mí en la puerta principal.
Recuerdo que dijeron algo cuando pasamos a buscar la receta para el pastel de Mikoto-san, pero Seal-san había estado ausente desde entonces… Eso tuvo que ser por lo menos hace diez días.
--Debes entender, Seal no es como nosotras, en que ella no vive aquí. Tiene sus razones, así que esta situación se produzca de vez en cuando.
Las chicas y Runoa-san continuaron hablando entre sí mientras Ryuu-san explicaba con calma los detalles sobre sus voces.
Las otras camareras sonreían excitadamente mientras hablaban, pero había una compostura centrada en los ojos azules de Ryuu-san.
--Um… ¿No podrían ir a donde vive y preguntarle…?
--…
Me preguntaba por qué no sólo iban a obtener una respuesta directa de Seal-san… pero entonces Ryuu-san y las demás se quedaron en silencio.
Bueno, eso era raro. Incline la cabeza en confusión, pero las camareras se veían tan perdidas como yo.
--Ahora que lo mencionas, nosotras… nya…
--¿Nadie sabe dónde vive Seal?
--Bueno, eso, y nada de lo que hace en su tiempo libre, nya.
Anya-san, Runoa-san y Chloe-san hablaron alternadamente. No pude ocultar mi sorpresa.
Estas chicas trabajaban juntas en esta cafetería y bar, así que el hecho de que nadie aquí supiera nada de Seal- san fuera del trabajo me sorprendió.
Ryuu-san se quedó en silencio por un momento mientras yo miraba alrededor en estado de shock. Luego confirmo lo que sus compañeras habían estado diciendo.
--Hemos intentado—le hemos preguntado sobre su vida privada… Ella dice que es un secreto y rápidamente cambia el tema cada vez.
Ryuu-san miro ligeramente a un lado antes de explicar.
--Sólo hay una cosa que hacer, nya—¡Una misión, chico! ¡Encuentra a Seal, síguela y descubre sus secretos, nya!
--¿¡Huh!?
--¡Oh! ¡Gran idea! ¡Podríamos descubrir algunas de sus debilidades al mismo tiempo! ¡Dos pájaros con una piedra!
¿D-Debilidades…?
Chloe-san y Runoa-san inmediatamente estuvieron de acuerdo con entusiasmo. Estalle en sudor frío ante la posibilidad.
Ryuu-san arqueo una ceja.
--Detengan esto de una vez. Están poniendo a Cranel-san en una situación difícil. Pero eso no puso fin a su excitación.
--Mientras haya una recompensa, ¿Cuál es el problema, nya? ¿Qué debería ser, nya…? ¡Podría cantar una canción, nya!
--¿Huh? Anya-san, ¿Eres una buena cantante?
--¡La mejor! ¿Por qué no te doy una pequeña muestra, nya? Mi garganta se siente bien hoy—
--¡Deja de hacer eso, gatita sin oído musical!
--¡Te dijimos, los clientes no vendrán si cantas, nya!
Anya-san estaba preparada, lista para comenzar a tararear unos cuantos compases, cuando las otras chicas descendieron sobre ella en represalia.
Dos de ellas inmovilizaron a la Catman en el suelo y cerraron su boca.
--¡MpFHHH!
Otra gota de sudor rodo por mi piel.
¿Qué tan mala era cantando…?
--Cranel-san, por favor no las tomes en serio.
--Haha… Okay, no lo haré.
Ryuu-san fue muy clara. Trate de sonreír.
Decidí no quedarme mucho tiempo y dije un rápido adiós. Deje el bar y la cafetería atrás.
× × ×
--Ahora, ¿Qué hago hoy…?
El brillante cielo azul estaba sobre mi cabeza. Caminaba entre los muchos demi-humanos en la Calle Principal Oeste, disfrutando de las vistas y sonidos.
Hoy no entraremos al Calabozo.
Para ser honesto, Kami-sama y Welf insistieron.
--Has ido todos los días por un tiempo, así que descansa.
Dijeron eso, y prácticamente me prohibieron ir a cualquier lugar cerca de la entrada del Calabozo.
Welf pasaba mucho tiempo en la fragua, y las chicas eran muy cuidadosas de no trabajar demasiado y pasar mucho tiempo lejos del equipo de batalla. Supongo que el que yo vaya al Calabozo cada día sin falta realmente dejo una impresión. Pero ella estaba muy por delante de mí. Alcanzarla tomara todo lo que tengo…
--… Sin embargo, un día o dos como este no harán daño.
Protegí mis ojos del brillante sol de principios de verano y trate de sonreír. Todos estaban cuidando de mí, y tenían un punto. No podré lograr nada en el Calabozo sin estar bien descansado. Incluso Eina-san me dijo que los días libres eran tan importantes como los días en el Calabozo.
Era hora de extender mis alas. Debería probar algo nuevo y pasear por la ciudad para variar. Podría hacerme bien.
Vivo aquí, pero es increíble lo mucho de la ciudad que no conozco….
Las pequeñas tiendas gestionadas por familias que habían estado alineadas en las calles por generaciones, las tiendas de flores que estaban dirigidas por mujeres Beastman que no estaban afiliadas a ninguna <Familia>, los aleatorios puestos callejeros de croquetas de patatas fritas establecidos en los lugares más apartados… Casi no había Aventureros aquí porque estaban en el Calabozo. Todo lo que veía a mí alrededor era nuevo, y era dolorosamente evidente que no sabía nada de Orario en la superficie.
La Ciudad Laberinto era enorme.
Había muchos distritos diferentes en la ciudad, desde el Distrito Industrial hasta el Distrito Comercial, y con el que recientemente me había familiarizado, el Distrito del Placer.
Había vivido aquí por más de tres meses, pero aun había mucho que no había visto. Parecia haber un nuevo descubrimiento en cada esquina. Por otra parte, estaba seguro de que el hecho de que siempre estaba en el Calabozo tenía algo que ver con ello.
El brillante cielo azul estaba por encima. Estaba de buen humor mientras atravesaba las Calles Principales y los callejones.
Veía personas a la que nunca había conocido y lugares en los que nunca había estado, y atrapaba nuevos olores a cada paso.
Realmente comenzaba a disfrutar de esto. Hoy era mi descanso del Calabozo, y finalmente parecia que estaba aprovechándolo.
¿Por qué no derrochar? Por casualidad encontré un lugar que vendía pinchos de carne en el borde de una de las calles laterales y decidí comprar uno. El Beastman detrás del mostrador estaba a punto de llamarme cuando dijo, “Hey, eres el <Pequeño Novato>, ¿Cierto?” estaba tan feliz que me dio otro pincho de forma gratuita.
Honestamente, no sabía si debería estar avergonzado, pero era una sensación increíble ser reconocido. Disfrute de la cálida felicidad instalándose en mi pecho mientras caminaba por la calle con un pincho de carne en cada mano.
--Phew…
El último de los jugos de carne goteo por mi barbilla cuando termine de satisfacer mi hambre, así que encontré un banco en el Parque Central y me senté.
En medio de todos los árboles y fuentes construidas en el centro de la ciudad, en medio de todas las personas que iban y venían, mire hacia la Torre de Babel en todo su esplendor. La torre blanca de los Dioses se extendía todo el camino hasta el cielo azul, prácticamente en el Cielo. No podía creer que había olvidado lo increíble que era.
La veía todos los días, así que debería estar acostumbrado. Era sólo que… hoy parecia diferente de alguna manera.
--¿Huh…?
Había estado disfrutando del calor del sol en mi rostro durante un rato.
Estaba mirando a la distancia a nada en particular, mirando el ir y venir de muchos demi-humanos que pasaban a través del Parque Central, cuando vi a una chica.
Reconocí el cabello plateado ondeándose de un lado a otro e inmediatamente me incorpore.
--¿No es esa Seal-san?
La conversación en <La Señora de la Abundancia> fue sólo hace unas horas. Me moví al borde del banco.
Ella llevaba un vestido blanco puro con un sombrero de paja.
Normalmente la veía vestida para trabajar, así que esta apariencia fresca de principios de verano me quito el aliento. Era muy linda.
Seal-san venía desde el suroeste, caminando hacia el norte en el Parque Central. Pero no paso por el centro, sino bordeando el borde hacia la Calle Principal del Este. La vi comenzando a desaparecer en la multitud desde mi banco en el borde norte del Parque Central y me levante.
Las voces de Anya-san, Chloe-san, Runoa-san y Ryuu-san pasaban por mi cabeza. Todo lo dicho esta mañana estaba repitiéndose.
Pensé en ello, pero la curiosidad saco lo mejor de mí y la seguí hacia la multitud. Ya sin estar somnoliento, atravesé la entrada a la Calle Principal del Este.
--¿A dónde se dirige Seal-san…?
Evite el camino de los taxis tirados por caballos y permanecí cerca detrás del cabello plateado y el vestido blanco.
El Gremio controlaba muchos de los edificios e instalaciones ubicados en el Distrito Este. El masivo coliseo se destacaba entre todos los hoteles de lujo de ladrillo rojo que se extendían hasta donde podía ver. Tenía una fuerte sensación de que esta área era para alojar eventos, así como turistas y viajeros cuando visitaban la ciudad.
Seal-san tenía algo en sus manos—una gran canasta, tal vez. Tambien había una tapa muy grande en ella.
Debía estar llevando algo a alguna parte… se me ocurrieron algunas conjeturas en cuanto a lo que podría ser, cuando de repente se desvío de la Calle Principal y entro en una calle lateral.
La seguí hacia el sureste, asegurándome de estar lo suficientemente cerca para verla, pero lo suficientemente lejos como para no ser notado, lo que significaba que tenía que correr para alcanzarla cada vez que ella desaparecía en una esquina.
Espera un segundo, conozco esta calle…
Había visto este estrecho callejón antes. Aun así, la seguí más allá.
Unas cuantas vueltas más por otros caminos y mis sospechas se confirmaron.
--¿La Calle Dedalo…?
Todo el lugar se extendió frente a mí después de salir del último callejón, y mis ojos se ensancharon.
Calle Dedalo. Se dice que fue construida por un arquitecto que se volvió loco y remodelo los alrededores muchas veces, era una zona residencial con absolutamente ningún sentido de orden o dirección. Con sus edificios y escaleras de piedra y sinuosos caminos que subían y bajaban sin orden ni concierto, era fácil entender por qué este lugar había sido llamado “Segundo Calabozo” de Orario.
Me detuve para recuperar el aliento y ver como Seal-san casualmente pasaba a través de la entrada.
Ya había llegado tan lejos… ahora no podía regresar exactamente.
Recuerdos de las malas experiencias en este lugar me detuvieron por un momento, pero ya me había decidido. Pasando a través de las puertas de la Calle Dedalo, volví a comprobar para asegurarse de que podía sentir la
<Daga de Hestia> perfectamente metida en mi cinturón.
Para empezar, este lugar era un barrio pobre donde vivían los ciudadanos más pobres de Orario, y aquí me habían pasado muchas cosas, así que tener un arma lista era tranquilizador. Manteniendo mi guardia alta, avance a través del laberinto de ladrillo y piedra ennegrecida.
¿Qué estará haciendo Seal-san aquí…?
Subí a la parte superior de unas escaleras, sólo para que mi camino fuera bloqueado por una habitación sobresaliendo de una casa de piedra. Me di la vuelta, buscando el camino hacia adelante, sólo para ver una calle oscura y estrecha donde no podía llegar el sol. La única luz provenía de una vieja Lámpara de Piedra Mágica.
Había personas aquí, pero no creo que hayan tomado un baño en un tiempo; estaban lavando al lado del pozo o disfrutando de un juego de ajedrez al lado de la calle. Avance hacia caminos aún más complicados.
Todavía podía ver Seal-san, pero la forma en que se movía por aquí sin ninguna vacilación planteaba más preguntas que respuestas. Se sabía que los desafortunados y menos respetables Aventureros se escondían en este barrio; la tasa de criminalidad de esta zona era la más alta en Orario. Una chica sin la <Falna> de un Dios no debería estar caminando sola aquí. Eso sólo era pedir problemas…
Pero tales preocupaciones parecían no ser nada para ella porque estaba llevando esa canasta y seguía adelante sin un cuidado en el mundo.
Me había perdido completamente aquí durante el <Festival de Monstruos> y durante mi huida del Distrito del Placer. Sinceramente, dudaba poder salir de aquí solo. Había flechas rojas—llamadas Ariadne—en las esquinas de las calles que debían guiar el camino, y trate de memorizarlas. Desafortunadamente, perdí de vista a Seal-san en esos momentos preciosos y me precipite a la última dirección en que la vi en un desesperado intento de alcanzarla.
Arriba y abajo, izquierda y derecha, y adelante a través de muchas calles.
Los destellos del vestido blanco de Seal-san me guiaron al frente de un edificio.
—¿Una iglesia?
De hecho, este edificio escondido en el corazón del laberinto de la ciudad me recordaba mucho al lugar al que Kami-sama y yo solíamos llamar hogar.
Estaba construido de madera, y era muy grande. Había un patio abierto frente a ella con una fuente quebrada que ya no rociaba agua. Los edificios alrededor de la iglesia la rodeaban en los lados restantes. Cuidadosamente asome la cabeza alrededor de la esquina de la calle lateral que me trajo aquí y vi a Seal-san abrir la puerta de la iglesia con un fuerte crujido. Ella desapareció en el interior.
--…
¿Tambien hay una iglesia en este lugar…?
Muchas preguntas llenaban mi mente mientras miraba la vieja estructura.
Había varias ventanas de cristal rotas en la parte superior de las paredes exteriores. Pasaron unos momentos mientras las miraba, tratando de decidir si seguir adelante o no. Tenía que ver esto hasta el final. Fui a la puerta principal y puse las palmas de las manos en la manija de la puerta.
--¿Hay alguien aquí…?
Dije suavemente mientras empujaba la vieja puerta de madera a un lado y entre.
--¡Este lugar es enorme!
Claro, parecia grande desde el frente, pero la verdadera sorpresa era su profundidad.
La cámara principal tenía que ser de al menos diez metros de diámetro, y las paredes a mi izquierda y derecha estaban llenas de puertas que conducían a otras habitaciones. Había un altar todo el camino en la parte de atrás. Las baldosas bajo mis pies tenían tantas grietas que la hierba silvestre amenazaba con recuperar el suelo. El techo tambien era alto. El propio arquitecto Dedalo estaría como en casa.
Cerca, varios bancos de madera largos estaban apilado uno encima del otro.
--Eso parece como…
Una fortaleza que los niños harían.
El patrón de ida y vuelta de la pila de bancos hacia que se viera como un pequeño castillo. Pensé para mí mismo, mientras lo pasaba y buscaba pistas sobre a dónde fue Seal-san, que… No estaba solo.
Los Aventureros que habían pasado algún tiempo en el Calabozo habían agudizado este sentido hasta el punto en que podíamos notarlo muy rápidamente. Mi cuerpo reacciono a la sensación de ser observado antes de que los ruidos llegaran a mis oídos. Mire en esa dirección, preparado.
Estaba casi en el altar cuando sentí que venía de mi derecha. Efectivamente, un pequeño rostro estaba asomándose desde detrás de una de las puertas.
--… ¿Quién eres tú?
Vi a un niño, un Elfo rubio con una expresión vacía.
--Yo… um, no soy alguien malo ni nada. S-Sólo estoy buscando a alguien…
--¿Alguien…?
Irrumpí aquí, ¿No es así? Agitado, trate de explicarme al niño. El Elfo me miró fijamente y salió de detrás de la puerta.
Cabello rubio sucio y orejas puntiagudas. Tal vez no un Elfo ¿Un semielfo?
El niño mantenía sus ojos en mí mientras se acercaba más sin ningún tipo de preocupación.
Un niño… o tal vez una niña. Realmente no podía decirlo, pero el niño llego hasta mí.
No tenía ni idea de cómo reaccionar a su mirada continua. Pero tal vez sabía algo sobre Seal-san. Decidí preguntarle y abrí mi boca, pero antes de que pudiera salir cualquier sonido—
--Yo, Ruu, Seal Onee-chan va a tener un ataque si ve—Tú. ¿Quién eres tú?
--¿Qué sucede, Lai?
Las voces de otros dos niños atravesaron el aire.
Mire hacia arriba y los vi precipitarse desde la puerta y agarrar al niño semielfo, protegiéndolo de mí.
Uno era un chico humano con cabello marrón, la otra era una chica Dogman con su cola colocada contra su cuerpo.
Ambos me miraban como si fuera un monstruo recién salido del Calabozo, pero también tenían una luz extremadamente nerviosa en sus ojos. Esto no era bueno. Tenía que convencerlos de que no era una amenaza, explicar mi situación, y rápido.
--¡Lo siento! ¡No quería asustarlos y no voy a hacer nada! Sólo estoy buscando…Espera un momento, ¿No dijiste “Seal” ahora mismo?
--… ¿Y que si lo hice?
--¡Es a ella a quien que estoy buscando! ¿Sabes dónde está?
El niño y la niña se miraron el uno al otro, aparentemente sorprendidos, en el momento en que dije su nombre. No se movieron, pero el semielfo al que estaban protegiendo los alejo, golpeando con fuerza sus manos.
--Lai, Fina… Esta persona no es… mala.
Nunca nos habíamos visto antes, pero sonaba muy seguro de sí mismo.
El humano y la chica Beastman dejaron que sus hombros se relajaran después de escuchar eso, pero todavía estaban muy alerta.
--… Entonces, ¿Conoces a Seal Onee-chan?
--Ah, sí. Realmente siento haberlos asustado. ¿Puedo preguntarte quién eres? Y tambien sobre esta iglesia…
Me agache a su altura, un poco más baja que la de Kami-sama. Yo diría que eran tan altos como Lili. También fue entonces cuando vi varios rostros pequeños asomándose desde la puerta detrás de ellos. No decían nada, sólo miraban. La chica Dogman estaba más cerca de mí cuando hice mi pregunta, pero fue el niño semielfo quien respondió en su lugar.
--Lai, Fina, y yo, Ruu… Vivimos aquí, en la casa de la Madre María. El niño los señalo a todos alternadamente y luego hablo de la iglesia. Madre María… Me pregunto qué quería decir con “casa”.
Bueno, eso no me dijo mucho.
--Okay, um… ¿Qué estabas haciendo?
--… Huyendo de la caja de almuerzo de Onee-chan.
La niña, Fina, respondió esta vez, pero podía decir que todavía estaba nerviosa.
--¿Huh?
Respondí, sin saber cómo procesar lo que dijo.
Tome un momento para pensarlo—cuando el chico, quien me había estado observando con ojos sospechosos todo este tiempo, de repente se estremeció. Extendió su brazo, con su dedo apuntando directamente a mi rostro.
--Cabello blanco y ojos rojos—¡Eres Bell Cranel, el Aventurero de Segunda Clase!
--¿¡El <Pequeño Novato>!?
--¿¡Del Juego de Guerra>!?
La puerta se abrió en el momento en que Lai grito, los niños se derrumbaban unos sobre otros mientras salían corriendo hacia la cámara principal.
Mis ojos se abrieron como platos mientras la ola de niños me consumía.
--¡Increíble, realmente es él!
--¡No es un hombre conejito, pero se parece a un conejo!
--¿¡Puedo ver tu Daga!?
El golpe inicial me hizo perder el equilibrio. Eso habría estado bien, pero más y más niños saltaban sobre mis piernas, con algunos de los más grandes tratando de taclearme.
--¡Ouch!
¿¡Eso de ahora fue un cabezazo!? Sus gritos y risas llenaban mis oídos mientras intentaba desesperadamente mantener el equilibrio.
Era una ola de humanidad juvenil, con el niño llamado Lai en el timón. Incluso la chica Dogman se había emocionado y se unió al anillo que se formó a mí alrededor. El semielfo, que parecia distante como siempre, estaba fuera del anillo, observándonos tranquilamente.
Completamente rodeado de muchos pares de manos sobre mí desde todos los ángulos, agarre mi Daga para protegerla. ¿Pero que podía hacer? No podía simplemente quitármelos de encima por la fuerza, y a este ritmo—
--Espera, wa—¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Caí de espaldas en medio del suelo.
--¿¡Q-Qué está pasando aquí!?
--¡Niños!
Mi lamentable grito y todas las risas de los niños sacaron a dos mujeres de la habitación directamente detrás del altar.
Una era una anciana humana, y la otra era… Seal-san.
Ella me miro con sorpresa. Debía ser un gran espectáculo, yo acunando la <Daga de Hestia> en ambas manos mientras estaba debajo de un montón de niños emocionados.
Todo lo que pude hacer fue reírme secamente cuando la mire, mientras intentaba hacer todo lo posible para ignorar todas las pequeñas manos tirando de mi cabello y mejillas.
× × ×
--Entonces, ¿Me seguiste hasta aquí?
--S-Sí… lo siento mucho.
Estábamos en la cafetería de la parte trasera de la iglesia.
Estaba sentado en una silla al lado de una gran mesa redonda, siendo regañado por Seal-san y disculpándome a lo mejor de mi capacidad.
Después de ser desenterrado de una montaña de niños, todos entramos en la cafetería.
Claro, las paredes y los pilares estaban mostrando su edad. Había grietas en todo el lugar. Pero el uso de Lámparas de Piedra Mágica y candelabros medio derretidos era prueba de que había personas viviendo aquí. Había por lo menos veinte niños alrededor de Seal-san y de mí, observándonos y escuchándonos con gran interés.
--Um, entonces, ¿Esta iglesia es…?
--Exactamente lo que estás pensando, Cranel-san. Esto es un orfanato.
La anciana estaba frente a nosotros… Acababa de ser presentado a la Madre María, pero me estaba sonriendo como a un viejo amigo. El semielfo de antes, Ruu, y otro niño estaban parados sus lados agarrados fuertemente de sus brazos.
Ella me dijo que había estado viviendo con todos los niños aquí dentro de esta vieja iglesia abandonada durante bastante tiempo. Esto no era parte de algún programa organizado, pero la anciana explicó que estaban viviendo felices aquí. Pobres, pero encontrando una manera de lograrlo día a día. Es más, dijo todo con una sonrisa.
Tenía largo cabello negro, pero estaba atado encima de su cabeza. Estaba en el lado delgado, así que sus rasgos faciales eran un poco más pronunciados. Aun así, tenía una atmosfera calmante sobre ella. Todos los niños aquí la llamaban “Madre”, y después de estar en el extremo receptor de su amable mirada, entendía por qué.
Ella debía amar a los niños.
--Pero… si esto es un orfanato, eso significa…
--Bell-san, este tipo de lugar no es tan raro en la Calle Dedalo.
Comencé una pregunta, inseguro sobre cómo preguntar. Seal-san hablo desde la silla a mi lado y ofreció una explicación.
Dijo que era imposible saber cuántos niños habían nacido entre los Aventureros que residían en Orario, pero había muchos de ellos. Y no era una garantía de que tuvieran padres que hayan jurado pasar sus vidas juntos y trabajar hacia un futuro común. De hecho, muchos bebés eran el producto de una sola noche de pasión o el resultado de trabajar en el Distrito del Placer… De todos modos, había muchas razones por las que una mujer podría tener que renunciar a su hijo.
Después de todo, este era Orario. Muchos Aventureros perdían sus vidas en el Calabozo, dejando viudas y niños atrás.
Los que tenían la mala suerte de no ser admitidos en la <Familia> anterior de un Aventurero fallecido, así como padres que no podían manejar la responsabilidad, a menudo recurrían a abandonar a su descendencia en este barrio pobre, la Calle Dedalo.
--Al principio, fue por lástima. Simplemente no podía ignorar a un niño que había sido abandonado por sus padres… así que reclamé esta iglesia abandonada como mía y decidí ayudar a estos niños a mi manera.
María-san me explico esta triste verdad mientras acariciaba a los niños en la cabeza.
Escuche que una vez fue una de las mujeres dejadas por un Aventurero y nunca se había unido a una <Familia>. No tuvo la suerte de tener un hijo con el hombre al que amaba, sino que en su lugar tomo a un niño— abandonado durante una tormenta en medio de la noche—que había encontrado en este barrió. No podía pensar en la situación como el problema de otra persona y crio al niño como si fuera suyo.
Esa secuencia de acontecimientos se repitió varias veces, y así fue como este lugar llegó a ser.
--…
Con la historia de la Madre María todavía en mis oídos, les eche un vistazo a los niños sentados alrededor de la mesa.
Cada uno de ellos abandonado por sus padres… Este era otro lado de Orario que no conocía. Podía sentir los músculos de mi rostro tensándose, y mi corazón hundiéndose.
--¿Qué pasa con esa cara, <Pequeño Novato>? Somos felices aquí con Madre, así que no necesitamos tu lástima.
--L-Lo siento.
El chico humano, Lai, me miró fijamente, con los muchos arañazos medio curados en su rostro doblándose con su ceño fruncido.
--¡Cuida tu lenguaje!
La Madre María lo regaño, pero aun así me disculpe enseguida.
Tenía razón… No necesitaba sentir lástima por ellos. Estos niños estaban sonriendo, riendo todos los días con una madre amorosa. Dudaba que alguno de ellos se sintiera como si la vida les hubiera dado el extremo corto de la pajilla.
--¿Puedo, um, hacer otra pregunta? ¿Tienes suficiente dinero…?
--Sí, suficiente para arreglárnoslas. Tenemos suerte de que varias Diosas compasivas prestan su ayuda.
Sería imposible cuidar de esta cantidad de niños sin tener dinero suficiente. La Madre María sonrió ligeramente cuando saque el tema y puso mis miedos a descansar. También explico que aparte de éste, “Orfanato de María”, había más lugares como este en la Calle Dedalo. Todos ellos eran financiados por un grupo de <Familias>, proporcionándoles suficiente dinero para mantener sus cabezas fuera del agua.
Una mujer seguramente tendría las manos llenas cuidando de estos niños, así que estaba seguro de que estaba agradecida por cualquier ayuda que consiga mantenerlos alimentados. Todavía tenía esa sonrisa gentil en su rostro.
Tal vez podría hablar con Kami-sama, para ver si tambien podíamos ayudar. Por otra parte, no teníamos exactamente mucho dinero de sobra…
Mi tren de pensamiento se detuvo cuando, por el rabillo del ojo, vi a Seal-san riéndose para sí misma como si estuviera leyendo mi mente.
--Seal ha sido lo suficientemente amable para venir y jugar con los niños desde que nos conocimos. Ella hace mucho para ayudar mientras está aquí, no sé qué haría sin ella.
--Oh, así que eso es lo que ha estado pasando…
--Hehehe. ¿Has resuelto el caso, detective Bell-san?
--C-Creo que sí…
Mis mejillas se calentaron cuando Seal-san comenzó a burlarse de mí. Entonces, Seal-san venia aquí cada vez que tenía tiempo libre. Lo que significaba que estaba jugando con los niños si no estaba trabajando en <La Señora de la Abundancia>.
--Seal Onee-chan nos trae comida deliciosa de su restaurante.
--Recientemente ha estado aquí todos los días…
La chica Dogman, Fina, intervino con una sonrisa en su rostro, y el chico(?) semielfo Ruu me dijo aún más con su distraída voz. A juzgar por todas las emocionadas y felices sonrisas, querían jugar con Seal-san tanto como ella quería estar aquí. Eso explicaba a dónde había estado durante la mayor parte de estas dos semanas pasadas mientras se saltaba el trabajo en el bar y cafetería.
--Este es un secreto de todas, incluyendo a Ryuu, ¿De acuerdo?
Seal-san me advirtió una vez que descubrí la verdad. Parecia pensar que estarán enojadas con ella si descubrían que había estado jugando con niños. Hmm, realmente no creo que haya un problema si les explica la
situación…
Pero…
¿Por qué venia aquí en primer lugar?
Retrocediendo un poco más lejos, ¿Cómo conoció a la Madre María?
Me molestara si no pregunto al respecto. Me gire para hacer precisamente eso, cuando de repente—
--Hey, hey, suficiente sobre esas cosas. ¿Cómo es el Calabozo?
Lai intervino impacientemente. Incluso estaba a la mitad de su silla.
Eso hizo que los otros niños también lo hicieran. Cada vez más saltaron de sus asientos, pidiéndome que les contara historias sobre ser un Aventurero.
Mire a mí alrededor, tratando de averiguar si debería.
--Por favor adelante.
Seal-san me sonrió desde su silla a mi lado.
Aunque estaba un poco sorprendido por este giro de los acontecimientos, comencé a hablar. Pensando en mi tiempo como Aventurero, les di algunos momentos destacados, saltándome algunas partes.
Por supuesto, omití la batalla contra el extraño Goliat Negro porque la orden de silencio del Gremio seguía vigente. Pero los chicos parecieron disfrutar escuchando sobre el hermoso cuarzo en la Despensa del Calabozo y el tiempo en que el Goliat me persiguió en el 17º Piso.
Ver ese brillo en sus ojos me hizo muy feliz, y comencé a dar más detalles… Pero entonces vi la mirada en el rostro de la Madre María.
Sus ojos estaban nublados, casi deprimidos.
--Oh, lo siento.
Se disculpó cuando me vio mirándola.
--Muchos de los niños que he criado se convirtieron en Aventureros… Sus cejas se hundieron mientras sonreía tristemente.
--Muchos de ellos se unieron a una <Familia>, entraron en el Calabozo y compartieron sus ganancias con esta iglesia… Es decir, hasta que no volvieron.
--Oh…
--No quiero que estos pequeños sufran el mismo destino… Eso es todo.
Ser un Aventurero era una ocupación de alto riesgo y alta recompensa donde la vida siempre estaba en juego.
No había mejor trabajo que tener si se quería ganar dinero rápidamente, pero al mismo tiempo, la muerte siempre estaba a un paso en falso de distancia. Y muchos de los niños que fueron criados con amor por la Madre María no escucharon sus súplicas, eligiendo ayudar al orfanato entrando al Calabozo. Se volvieron justo como los Aventureros que dejaron atrás a sus familias…
Debería haberlo sabido. Los niños podrían haberme incitado a ello, pero fue descuidado de mi parte llenar sus cabezas de ideas que glorificaban el trabajo de un Aventurero. Ahora era probable que quieran ir al Calabozo más que nunca, y la historia se repetirá.
¿Qué podía decirle ahora a la Madre María? Estaba tan preocupada por sus futuros, y yo… Lai de repente se levantó.
--¡No tienes que preocuparte por mí, Madre! ¡Iré al Distrito de Educación! El mayor de los niños declaro eso con una sonrisa radiante en su rostro.
--¡Estudiare muy duro y aprenderé mucho y me volveré tan fuerte que podre ganar mucho dinero!
--Bueno… Por supuesto que no te impediré ir al Distrito de Educación…
--¡El dinero no es un problema! Hay algo llamado “beca”, ¿No es así? ¡El Distrito de Educación regresará a Orario este año, así que todo saldrá bien!
--Tal vez seas demasiado viejo para comenzar, Lai…
El chico sonreía de oreja a oreja, con su cabello castaño balanceándose alrededor de su cabeza mientras explicaba emocionadamente su plan. María-san sólo pudo forzar una sonrisa. Fina y los otros niños comenzaron a hablar repentinamente. “¡También yo!” “¡Y también yo!”
Muchas manos se dispararon al aire, siguiendo el ejemplo de Lai. La gran mesa redonda se llenó de vida.
Seal-san los miraba, con una floreciente sonrisa en sus labios. Parecia que yo era el único que estaba confundido.
--¿Distrito de Educación…?
--¿No lo sabes?
--¿En serio, <Pequeño Novato>? ¡Qué clase de Aventurero eres!
Fina y Lai comenzaron una avalancha de réplicas infantiles y comentarios burlones dirigidos a mí porque no tenía ni idea. Sonrojándome de nuevo, trate de reírme.
--¡Hey, tengan un poco de respeto por sus mayores! ¡Y él no es “<Pequeño Novato>”! Su nombre es Bell-san,
¿Okay?
Seal-san se levantó y vino a mi defensa.
Se callaron enseguida, pero varios de los niños, incluyendo a Lai, tenían sonrisas malvadas en sus labios, mientras decían, “Oka~y”.
Bueno, esto era diferente.
Seal-san era una hermana mayor.
Nunca la había escuchado levantar su voz de esa forma, y me tomo desprevenido. Mire atónito el perfil de su rostro, hasta que… *¡DING!* *¡DONG!*
Las campanas comenzaron a sonar en el lado oriental de la ciudad. Era mediodía.
--Oh, es hora del almuerzo. Pues bien, comamos.
Con eso, Seal-san puso la gran canasta sobre la mesa. Era la que la vi cargar todo el camino hasta aquí.
Abriendo la tapa, saco un recipiente de comida tras otro. Carne a la parrilla, sándwiches, otras cosas… había un poco de todo.
Entonces, la canasta que llevaba estaba llena de comida para estos niños empobrecidos.
Perdí mi oportunidad de aprender más sobre este “Distrito de Educación”, pero puedo preguntarle a Eina-san la próxima vez que la vea.
Feliz con esa conclusión, mire alrededor de la habitación y… todos los niños estaban completamente en silencio.
--Ah… ¿Huh? ¿Qué pasa?
--El almuerzo… de Onee-chan…
Fina estaba cerca, así que le pregunte cuál era el problema. La expresión en su rostro era tan triste que haría llorar a un hombre adulto. Tambien los otros niños. Incluso el siempre distante Ruu tenia los labios cerrados.
Espera un minuto, ¿No dijeron algo sobre huir del almuerzo de Seal-san cuando entre por primera vez…? Huh? María-san sonrió irónicamente mientras yo daba un paso atrás.
--¡Ahora todos, coman!
Seal-san dijo, con los brazos abiertos y sonriendo como una Diosa mientras miraba a la mesa.
Después de que los niños se recuperaron del trauma mental de ver la comida de Seal-san puesta delante de ellos, lenta pero seguramente extendieron sus manos hacia el precioso alimento que retrasará el hambre por otro día.
--Ugh, uuu.
--Hoy, de nuevo, como la última vez…
--¡Tienen que comerlo… o la comida… se echara a perder…!
Quejidos y gemidos llenaron la habitación mientras los niños forzaban a la comida a pasar por sus gargantas. Comenzando con Fina, Ruu y Lai, todos los rostros alrededor de la mesa se oscurecieron con el primer bocado de carne o verduras. Sólo su amor por la Madre María y el orfanato al que llamaban hogar les daba la voluntad para limpiar sus platos. Claro, la comida de Seal-san siempre tenía algunos sabores únicos, pero… El
contraste entre su sonrisa feliz y el sufrimiento de los niños alrededor de la mesa era asombroso. No podía ser tan malo, ¿Verdad? Me acerque y tome uno de los sándwiches para ver por mí mismo—*¡Snatch!*
Seal-san me lo quito de la mano.
--Esos no son para ti, Bell-san.
--¿Eh? Pero…
--Dije que no.
--O-Okay.
Nunca había sentido tanta presión de un rostro sonriente. Renunciar ahora sin hacer alboroto era la mejor opción. Sosteniendo el bocadillo en sus manos, Seal-san me dijo:
--Hoy hice estos almuerzos para los niños, así que no sería justo para ellos que comas uno, Bell-san.
Ahora estaba avergonzado. Dijo que iría a hacer un poco de té y se llevó la canasta vacía con ella a la parte trasera de la cocina.
--¿Viste eso? Onee-chan estaba actuando muy femenina…
--Hay alguien que quiere que felicite su comida, seguro…
Susurros comenzaron a volar por todas partes con Seal-san fuera de la habitación. Una gota de sudor frío cayo por mi cuello mientras muchos pequeños ojos se centraban en mí.
--¡Es tu culpa que Seal Onee-chan comenzara a cocinar…!
--¡Ella solía traer comida deliciosa de la cafetería cada vez…!
--Somos conejillos de indias…
Lai me miraba con lágrimas en los ojos, igual que Fina. Ruu miraba inexpresivamente hacia el espacio, murmurando para sí mismo. Me tomo un tiempo, pero creo que entiendo lo que estaba pasando aquí. Estos niños estaban siendo sacrificados para proteger mi estómago. La tragedia desarrollándose delante de mis ojos era todo por mí, pero estaba demasiado asustado para decir algo. Por casualidad mire a la Madre María… y ella miro hacia otro lado.
--No, no, la comida es comestible, y estamos muy… agradecidos… Todos los músculos de mi rostro se tensaron. Estaba sin palabras.
--Uuuugh…
El gemido de otro niño resonó en la pared antes de desvanecerse en el aire.
× × ×
--Si tienes tiempo, ¿Jugarías con los niños?
Tan pronto como todos terminaron de masajear sus estómagos, María-san me pidió eso.
--Parece que les has gustado, Cranel-san…
Me sonrió de nuevo, y yo no tenía ninguna razón para rechazar. Así que sonreí y acepte.
Me encorve cuando los niños me agarraron de los brazos y me sacaron de la habitación para unirnos a Seal-san y a los demás en la cámara principal.
--¡Onee-chan, tiempo de cuentos, tiempo de cuentos!
--¡Bell, Aventureros y monstruos!
Seal-san se unió a las chicas en la esquina, contando cuentos infantiles y cantando canciones.
Los chicos me acorralaron en el espacio abierto en medio de la cámara. Me convertí en el “monstruo” en su juego antes de que lo supiera.
La luz del sol de la tarde entraba en la cámara a través de las ventanas rotas. Los niños corrían por el piso de baldosa con hierbas creciendo de él, sonriendo y riendo.
Nos arrastraban a Seal-san y a mí por todo el lugar.
--Así que, um, Lai-kun…
--Lai, sólo Lai. Eres un Aventurero, ¿No? ¿Por qué demonios hablas así? Se siente raro. ¡Sólo llama a todos por su nombre!
Hable con algunos de los niños en medio del caos y de las risas juguetonas.
El chico humano, Lai—“sólo Lai”—había vivido aquí más tiempo. Este año cumplirá once años.
Su piel estaba cubierta de pequeños cortes, como si estuviera jugando afuera todo el tiempo. Había un aire algo salvaje en él, algo así como Welf, en cierto modo. Seguía preguntándome por el Calabozo incluso después de todo lo que dijo María-san. Estaba seguro de que este chico quería ser un Aventurero.
--Hey, Bell, ¿Eres amante de Seal Onee-chan?
--¡Nada de eso!
--¿Por qué no? Seal Onee-chan es realmente linda. No es una gran cocinera, pero, sí… es más delgada de lo que parece. Y tambien sus pechos son muy grandes—
--¡No digas más, por favor…!
La Dogman, Fina, era una floreciente joven.
Ella y Lai eran los mayores de todos los niños, y los líderes. Su largo cabello color crema era sorprendentemente liso. Se parecia mucho al mío, si mi cabello fuera más largo y liso. Con sus brillantes ojos y su pequeña nariz, será una hermosa joven en unos pocos años. Estaba muy nerviosa cuando nos conocimos, pero se había vuelto un poco cercana a mí. Tan cercana que… comenzó a decir cosas que no deberían ser dichas.
--Um, ¿Ruu? ¿Eres un chico o…?
--… Soñoliento.
--Yo, um, ya veo…
El semielfo Ruu era un año más joven que Lai, y un niño extraño.
Gracias a la sangre Elfica en sus venas, el chico—creo—probablemente era el más apuesto de todos los niños aquí. Puesto que Ruu no decía mucho en absoluto y su cabello rubio era corto y sucio, en serio no podía decir si este niño era un chico o una chica. Su mente siempre estaba en otra parte, y no había ninguna otra pista que me ayudara.
En realidad, había niños de varias razas mezclados en el orfanato, junto con humanos, Beastman, Hobbits, e incluso una tímida Amazona. Pero cada uno de ellos estaba rebosante de curiosidad y tenía un montón de energía.
--¡Seal Onee-chan! ¡Vamos a jugar!
--¡Aww, yo también quiero jugar!
--Por supuesto. Todos tendrán su turno, así que no peleen, ¿De acuerdo?
Seal-san continuaba sus rondas a través de la cámara principal de la iglesia, jugando con todos los niños. La escuche hablando con unos cuantos y la vi siendo llevada hacia otra dirección. No sólo las chicas, los chicos también querían jugar con ella.
Como antes… Esto era extraño.
Conocía a Seal-san sólo como una camarera de bar, así que verla reír de esa manera, jugar con los niños, darles abrazos y otras cosas… se sentía muy diferente.
Los niños la adoraban absolutamente; podía verlo en sus ojos. La vi jugando con los niños por un rato en trance hasta que ella miro por encima de su hombro. Debió haber notado mi mirada porque se estaba riendo de mí.
Linda y hermosa al mismo tiempo… Mis mejillas se estaban calentando de nuevo.
--… ¿…?
Algunos niños estaban a ambos lados de ella, riéndose e intercambiando sonrisas. Pero Lai se acercaba furtivamente detrás de ella con una sonrisa malvada en su rostro.
Ella no lo había notado. Los ojos de Lai parpadearon como si hubiera visto una oportunidad única en la vida de atacar a un blanco indefenso por detrás—
--¡Te tengo!
Agarro su falda y la arrojo hacia arriba en un abrir y cerrar de ojos.
--¡…!
--¡KYAA!
La tela blanca con volantes subió más allá de su ombligo. Vi todo eso suceder en cámara lenta, con mis ojos abiertos como platos.
¡A-Así que esto es… de lo que mi Abuelo siempre estaba hablando! El legendario—¿¡Qué demonios estoy pensando!?
Conseguí una vista completa de su ropa interior del mismo color que su vestido. Ahora mi piel estaba más o menos del mismo color que una manzana, con mi rostro ardiendo de rojo.
Su lindo grito lleno la cámara mientras rápidamente empujaba la tela hacia abajo y se giraba para mirarme antes de congelarse en su lugar. Seal-san me miro directamente a los ojos.
Con sus mejillas del color de un melocotón excesivamente maduro, se precipito hacia mí.
--¿Viste?
--¡No, realmente no, bueno, yo…!
--Viste, ¿Verdad?
--¡S-Sí, pero…!
--¡Eres horrible, Bell-san!
--¿¡Porque es mi culpa!?
Con sus ojos llenos de fuego y la punta de su nariz roja brillante, Seal-san desato una serie de acusaciones. Me sonroje aún más y trate desesperadamente de mantenerme firme.
--Un chico… Un chico vio mi ropa interior… ¡Bell-san, como castigo, tienes que hacer lo que yo diga!
--Yo—¿¡Que!?
--Si no lo haces… ¡Le diré a Ryuu y a las demás que miraste bajo mi falda!
--¡¡Eso no es justo!!
¡Estaré muerto por la mañana si ella hace eso! ¡Me estaba chantajeando con cargos falsos! Le grite en respuesta a la sonrojada Seal-san, con lágrimas desesperadas comenzando a salir de mis ojos.
--… Funcionó… Por primera vez, conseguí levantar la falda de Onee-chan
--Siempre lo atrapas… De ninguna manera. Onee-chan, ¿Eso fue a propósito?
--Habilidad y técnica…
Lai, Fina y Ruu se habían reunido alrededor de nuestra discusión, con los ojos muy abiertos mientras murmuran entre sí. Creo que era miedo lo que había en sus ojos mientras la miraban. En cuanto a mí, por otro lado, parecían estar disfrutando de mi vergüenza… Me rendí, al final. Mi castigo por ver bajo la falda de Seal-san se convirtió en realizar una tarea—cualquier cosa que ella quiera que haga.
--De acuerdo, Bell-san… Toma una siesta con tu cabeza en mi regazo.
--¿¡…!?
--Esa chica, la <Princesa de la Espada>, Aizu Wallenstein, te ha dado una almohada de regazo antes, ¿Verdad?
¿Por qué querría eso?
Espera un minuto… ¿Cómo sabe que Aizu-san…?
--Como sabes, Bell-san, la <Familia Loki> son clientes habituales en el bar donde trabajo. A su Diosa, Loki- sama, parece que le gustamos… y es muy habladora cuando está borracha, así que imagina mi sorpresa cuando comenzaron a hablar de la famosa <Princesa de la Espada>…
--Lo haré, ¿¡Okay!? ¡¡No tienes que decir nada más!!
Claro, fue hace un tiempo, pero recuerdo muy bien lo que se dijo5. Mi piel se volvió roja una vez más mientras gritaba con todas mis fuerzas ante los ataques verbales extremadamente calculados de Seal-san.
¡Sabía que era un demonio!
--Bien. Ahora, entonces…
Ella felizmente se agacho, doblo sus rodillas y se sentó en el suelo.
Todos los niños del orfanato la estaban observando, pero no le importo. Encontrando una posición cómoda, acomodo sus rodillas en mi dirección.
Con mi piel todavía rojo brillante, dude por un segundo. Ella me estaba mirando, disfrutando del momento y emocionada por lo que sucedería a continuación—pero entonces una luz pareció aparecer en su cabeza.
Pensó en algo nuevo, pero la sonrisa en sus labios la delataba. Era fácil ver los engranajes girando detrás de esos ojos.
--… Bell-san, ¿Por casualidad, la <Princesa de la Espada> ha dormido alguna vez en tu regazo…?
--N-No, no lo ha hecho.
¡Como si eso fuera a suceder! Prácticamente me ahogue con las palabras a medida que salían. Me miro a los ojos después de mi respuesta, y juro que vi un pequeño brillo.
5 Supongo que se refiere a cuando Bete y los demás se estaban riendo de el cuándo Aizu lo salvo del Minotauro en el Vol. 01.
× × ×
Unos minutos más tarde…
--Whahaha…
--…
Había llegado a pasar: yo sentado en el suelo, y Seal-san acostada sobre su espalda, usando mi muslo como una almohada.
Con sus mejillas de color rojo brillante, frotaba su nariz en mi pierna.
--Um, ¿Aun no hemos terminado…?
--No, aún no.
No podía soportar que todos estos niños nos miraran—era como si estuvieran esperando que algo pasara. Mi única forma de salir de esta vergüenza tenía su cabeza en mi regazo. Trate de ponerle fin a la humillación, pero mi petición fue rechazada.
Este era un castigo del infierno. Serví de almohada para Seal-san hasta que mis piernas se entumecieron completamente.
× × ×
Jugamos en esa iglesia durante horas.
O se quedaron sin energía, o ver a Seal-san tan cómoda con su cabeza en mi regazo hizo que les diera sueño a los niños.
Los chicos mayores, el grupo de Lai, decidieron que era hora de dormir una siesta. Llevaron al resto de los niños a una de las habitaciones en el segundo piso de la iglesia, bostezando todo el camino.
--Que tal eso, apagados como una luz…
--Fuera de combate…
El dormitorio en el segundo piso era tan grande como la cafetería debajo de él. El piso estaba completamente cubierto con mantas.
Bloques de construcción y viejos libros ilustrados estaban dispersos por todo el lugar. Era una sala de juegos para niños en todos los sentidos de la palabra. Pensé que algunos de los niños podrían necesitar una historia para dormir, pero todos entraron en el país de los sueños en un instante.
Acurrucados uno junto al otro como un puñado de sardinas, el único sonido en la habitación era su suave respiración.
--…
--*Zzzz*
Seal-san acaricio ligeramente la cabeza de Ruu.
Ella sólo era un poco mayor que yo, pero viéndola arrodillarse al lado de los niños y sonreír afectuosamente la hacía parecer más como una madre. Si no supiera que era Seal-san, diría que era una santa o incluso una Diosa.
Su cabello plateado le rozo suavemente la nuca.
--¿Tambien quieres que te ponga a dormir la siesta, Bell-san?
--Yo, um, pasare.
Me sonroje tan duro como durante el incidente de la “siesta de regazo”, así que me encorve para tratar de esconder mi rostro mientras desviaba la mirada y declinaba educadamente. Se estaba riendo de mí otra vez.
--Cranel-san, Seal. Ambos deben estar cansados, ¿Verdad? Déjenme a los niños y descansen un poco. María-san lentamente abrió la puerta y entro.
Aceptamos su oferta. Nos agradeció otra vez por jugar con los niños y nos vio salir con una pequeña reverencia. Cerramos silenciosamente la puerta detrás de nosotros y dejamos la habitación.
--Bell-san, ¿Qué tal un paseo?
¿Por qué rechazaría su invitación? Asentí con la cabeza.
La seguí a través de la cámara principal del orfanato y hacia el pequeño patio detrás de la iglesia.
--¿Un jardín…?
--La Madre María y los niños cosechan sus propias verduras.
Había un pozo y una pequeña zona cercada detrás del edificio. No había mucha luz solar aquí, así que las plantas no eran muy grandes, pero podía ver que estaban bien cuidadas.
Mirando hacia arriba, vi que el jardín trasero estaba rodeado por capa tras capa de edificios cuadrados en una combinación casi al azar. Sin embargo, había un parche del cielo azul sobre el laberinto justo por encima.
--Seal-san… ¿Cómo conociste a la Madre María y a estos niños?
--Fue sólo… un accidente feliz. Solo daba un paseo por la Calle Dedalo un día, y…
Había un camino entre los edificios que rodeaban el patio trasero de la iglesia. Lo seguimos hasta llegar a un camino ancho.
Bueno, un camino más ancho, de todos modos. Todavía se sentía como un callejón en una parte diferente de la ciudad, excepto que aquí había escaleras que subían y bajaban en todas las direcciones. Al mismo tiempo, había un montón de escombros esparcidos alrededor, así como las últimas paredes restantes de edificios derrumbados que sobresalían en el aire.
Tal vez se debía al cielo azul brillante, pero ver esto no era tan deprimente. No podía ver ni escuchar a nadie más, así que caminar por aquí con Seal-san era algo calmante. Incluso el tiempo parecia estar pasando a un ritmo pausado.
Llegamos a un edificio masivo, probablemente viviendas comunitarias. El muro frente a nosotros era grueso y alto, casi como el lado de un castillo distorsionado. Aun así, poco a poco avanzamos mientras navegábamos a través de los escombros.
--La verdad es que… crecí en este barrio pobre.
--¡…!
--No tengo madre o padre… así que quizá por eso no puedo dejar a esos niños a su destino.
Me gire hacia ella; ella estaba mirando a la distancia delante de nosotros. Solo podía ver la mitad de su rostro. Su ojo en mi línea de visión estaba casi completamente cerrado, sin embargo, de alguna manera, brillaba.
Seal-san creció extremadamente pobre, como una huérfana en estos barrios bajos— Este secreto que había aprendido me sacudió profundamente.
Ella me echo un rápido vistazo antes de entrar en más detalle, explicando que venía a la Calle Dedalo por las mismas razones por las que María-san optó por abrir el orfanato.
Una vez que supo que estaba allí, se había convertido en su rutina visitar e interactuar con los niños.
Padres…
No tenía recuerdos de mi madre y padre. Ni siquiera sabía cómo eran sus rostros. Lo que sí sabía era que ambos fallecieron poco después de que yo naciera.
Pero no creo que alguna vez me haya sentido solo. Todo gracias a mi Abuelo… Su felicidad, su energía siempre mantuvo mi ánimo.
Pero… el deseo de conocer a mis padres, de escuchar sus voces… Podía relacionarme con ese sentimiento.
Yo no era tan diferente de esos huérfanos. Tenían a María-san y a Seal-san para traer luz a sus vidas, así como mi Abuelo lo hizo para mí.
--Pero yo—no quería que lo supieras, Bell-san.
--¿Oh?
*Paso, paso, paso*
Mire hacia atrás en su dirección y la vi subiendo una escalera que llevaba a la cima de otra pila de escombros. No había camino por allí; estaba caminando encima de los escombros a propósito.
--¡Eso es peligroso!
La llame. Pero siguió caminando, con el dobladillo de su vestido blanco bailando alrededor de sus piernas mientras seguía adelante. No sirvió de nada intentar convencerla de que bajara, así que subí tras ella.
--¿Qué es lo no querías que supiera?
--Lo que hago en días como hoy. Poniendo mucho esfuerzo en hacer comidas, correr con un grupo de niños… Es embarazoso.
Pasaba cuidadosamente sobre las losas de piedra mientras la seguía. No miro hacia atrás cuando respondió a mi pregunta. Todo lo que veía era su cabello plateado balanceándose en la ligera brisa. Seal-san casi perdió el equilibrio cuando una de las rocas bajo sus pies se deslizo inesperadamente, pero se recuperó a tiempo y siguió avanzando.
--Realmente no me importa eso…
--Bueno, era embarazoso para mí… Aunque nunca lo fue antes de hoy. Su voz se desvaneció en un susurro.
--¿Qué dijiste?
Dije en voz alta, pidiéndole que repitiera esa segunda parte, cuando—
--¡Kyaa!
Su pie cayó en una grieta en el mar de escombros, y tropezó hacia adelante. ¡Se lo advertí! Sin embargo, no había tiempo para gritarle—¡Tenia que ayudar!
Avanzando rápidamente a través de las losas de piedra, sujete su mano y la jale hacia mi pecho.
--…
--…
--Phew…
Incluso antes de que su suspiro de alivio terminara…
Su cuerpo estaba presionado contra el mío, sus ojos se elevaron hacia mí. Nuestros rostros estaban tan cerca que podía sentir su aliento.
Podía ver mi cabello blanco y ojos rojos reflejados en sus ojos plateados.
Calor—mi piel se estaba calentando por todo mi cuerpo. Podía sentir cada una de sus curvas contra mí. Mis mejillas estaban hirviendo. Oh, ella también estaba sonrojada.
Este era un lado suyo que no vi en la iglesia—un poco nerviosa. Su verdadero rostro.
--Yo… no quise hacer eso.
--¡Por supuesto que no quisiste hacerlo!
¿Qué está diciendo esta chica?
¿Quién demonios caería así a propósito?
--Q-Que embarazoso…
Se alejó de mí, ocultando su rostro rojo en sus manos.
Ver su reacción hizo que me diera cuenta de algo muy importante, aunque sea un poco tarde.
La razón por la que vino aquí, y probablemente la razón de la “siesta de regazo”, era porque estaba avergonzada y quería ocultar su “vergüenza”.
El rostro serio era todo un acto. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para hacer cosas embarazosas a propósito sólo para soportar su propia vergüenza.
--…
Era mayor que yo, pero esta era la primera vez que la veía actuar como una chica. Realmente era extraño.
Siempre la había visto como alguien que tenía todas las bases cubiertas, siempre perspicaz, así como educada y amistosa.
Pero después de todo lo que había visto y aprendido hoy, no creo poder volver a verla de la misma manera. Había algunas mariposas en mi estómago.
Mis mejillas se ruborizaron mientras miraba su timidez; me sentí atraído por esa mirada en su rostro.
--… Quizás esto es algo bueno.
--¿…?
Unos segundos pasaron en silencio sobre los escombros. Seal-san levanto la vista de sus pies. Había una sonrisa despreocupada en su rostro, sus mejillas estaban sonrojadas.
--Tal vez fue bueno que… lo descubrieras después de todo—porque se convirtió en un recuerdo feliz. Dijo eso.
Dijo esa última parte sin vacilar, a pesar de que podía ver que todavía se sentía un poco incómoda.
Ahora fue mi turno de sonrojarme. Puso sus dedos en sus labios y sonrió de oreja a oreja. Eso era verdadera felicidad en sus ojos.
Sólo pude abrir y cerrar la boca unas cuantas veces mientras la miraba bajo el hermoso cielo azul.
-- —¿…?
Repentinamente…
Estábamos siendo observados.
Recientemente me había vuelto muy bueno en detectar miradas centradas en mí. Con mis reflejos tomando el control, me gire y mire hacia arriba.
Los pisos superiores de la vivienda comunitaria parecida a un “castillo”.
Un balcón sobresalía de una torre con vista a nosotros. Y en él había un Catman negro y gris.
Ese tipo… Lo he visto antes.
Por alguna razón, su delgado cuerpo desencadeno mi memoria.
No podía recordarlo bien, pero estaba seguro que nos habíamos encontrado en algún lugar antes.
--¿Bell-san?
--¡…!
Estaba de espaldas a ella, y me llamo.
--¿Qué sucede?
Ella inclino la cabeza hacia un lado. Mire de nuevo hacia la parte superior del edificio, pero el Catman había desaparecido.
--¿Había alguien ahí?
--Sí… estoy bastante seguro.
Mi voz vacilo mientras miraba de ida y vuelta entre ella y el balcón.
Casi como si fuera un espejismo del mediodía, no había rastro del Catman. Lo único que quedaba en el balcón era la brillante luz del sol desde arriba.
× × ×
El sol comenzaba a ocultarse.
Seal-san y yo fuimos asaltados por un aluvión de preguntas de todos los niños en el momento en que regresamos al Orfanato de María.
--¿A dónde fueron solos?
Fina encabezó el interrogatorio mientras un niño tras otro aumentaba la apuesta con cada pregunta. Los dos de alguna manera nos las arreglamos para resistir la avalancha cuando escuche “¿Te gustaría quedarte a cenar?” de María-san invitándome a unirme a ellos.
No quería que Kami-sama y los demás se preocuparan… pero no podía ignorar las suplicantes miradas en todos los rostros de los niños, y debía considerar la petición de Seal-san. Así que decidí tomar un bocado rápido y luego ir a casa tan pronto como sea posible.
Nunca pensé que pasaría mi día libre jugando con un grupo de amigables niños en un orfanato.
No pude evitar sonreír una vez que vi lo felices que estaban después de que estuve de acuerdo en quedarme para la cena. Sin embargo, al parecer tenía un poco de tiempo en mis manos antes de que esté lista.
--… Hey.
--¿…?
María-san y algunos de los niños habían ido a la cocina para comenzar a preparar la comida cuando sentí un tirón en la parte posterior de mi camisa.
Me di la vuelta y vi al semielfo Ruu mirándome con la misma mirada en blanco mientras se aferraba al dobladillo de su camisa.
--¿Qué pasa?
--Toma…
Me agache a su altura mientras el extendía su mano… con tres monedas de metal en su palma.
--¡O-Oi, Ruu!
--¿De verdad se lo vas a pedir?
--Ambos dijeron que estaban preocupados por eso…
Lai y Fina nos vieron hablando y corrieron al lado de Ruu.
El tono plano y sereno de Ruu pareció haber respondido a sus preguntas. Cayendo en silencio, miraron hacia mí.
--Um, ¿Qué es esto…?
--Es nuestro… ahorro secreto.
¿A-Ahorro secreto…?
¿Estas tres monedas de metal? Una gota de sudor frío cayó por la parte de atrás de mi cuello mientras miraba los tres Varisu en la palma de su mano.
--Es una recompensa… Lo siento, no hay más.
Okay, ahora estaba confundido. Sin embargo, el semielfo andrógino no había terminado.
--Por favor, acepta nuestra misión…
× × ×
Un cielo oscuro estaba muy por encima.
Lo que quedaba del sol nos lanzaba un resplandor rojo oscuro mientras seguía a los tres niños afuera y a través del jardín trasero.
--¿Aquí afuera?
--Sí… No muy lejos.
La misión que me pidieron realizar—bueno, más como un favor—implicaba el camino lleno de escombros por el que Seal-san y yo caminamos esta tarde.
La parte más importante de dicha misión era investigar una “voz misteriosa” procedente de algún lugar por aquí.
--¡Seguimos escuchando este extraño “uwaa… uwaa” aquí!
--Estaba seguro de que era un perro o algo así… pero no hay nada aquí.
Lai y Fina me contaron cómo pasaron por aquí en medio de la noche recientemente como una prueba de valor y lo escucharon de primera mano.
Desde entonces, habían estado evitando este lugar pero todavía lo escuchaban de vez en cuando. Al parecer, era un desconcertante gemido de algún tipo, y querían saber qué era lo que lo estaba haciendo.
Seguí su línea de visión sobre el mar de escombros.
Estaba tranquilo entre los montones de piedra y madera, sin animales, nada…
…… wu… wuaa…
…Lo escuche. Era real.
Eso tenía que ser esa misteriosa voz de la que hablaban los chicos.
Inmediatamente corrieron para esconderse detrás de mí, incluso mientras agudizaba mis oídos para tratar de tener una mejor idea de lo que había ahí fuera.
Mi <Estado> también mejoraba mis sentidos. Gracias a mis agudos oídos, no me tomo mucho tiempo encontrar el lugar de donde venía la voz bajo los escombros. Era difícil de describir, casi como un grito. Me detuve directamente encima de él, con mis nervios comenzando a tensarse.
Eran las ruinas de un edificio antiguo, pero… no había error. La voz venia directamente de debajo de mis pies.
--¡Uno, dos, tres…!
Agarrando el pedazo superior de piedra, comencé a sacar los escombros fuera del camino.
Los niños sonaban muy impresionados. Mi Fuerza de Lv. 3 me permitía mover incluso las mayores losas de piedra y troncos de madera fuera del camino para hacer un camino.
Unos minutos más tarde, di un paso atrás para mirar el pavimento de piedra expuesto. Combinaba perfectamente con el resto del camino.
… Espera, ¿No es eso…?
Había una losa de piedra sobresaliendo justo por encima del pavimento que parecia extrañamente familiar.
Hace unos días, durante mi huida del Distrito del Placer—el hogar de Ishtar-sama—Haruhime-san me condujo a través de una serie de pasajes subterráneos ocultos. Todas las salidas estaban ocultas por puertas de madera y tapas de piedra que se veían exactamente como ésta.
Efectivamente, sólo había suficiente espacio entre la losa de piedra y el resto del camino para agarrar. Es más, la voz misteriosa sin duda venía a través de ella.
Deslizando mis dedos a través de la grieta, jale la “puerta” del suelo.
--¡Whoa! ¡Eso es genial…!
--¿E-Es un túnel secreto?
--Eres increíble, señor…
Sacudí la creciente nube de polvo lejos de mi rostro mientras los niños corrían a través del mar de escombros para echar un vistazo por sí mismos.
Escuchando la emoción, curiosidad y admiración en sus voces puso en movimiento mi tren de pensamiento.
Probablemente, este túnel se conectaba directamente con el Distrito del Placer. Y, lo más importante, había algo ahí dentro en este mismo momento.
Mis músculos se tensaron mientras me preparaba en silencio.
Era la misma sensación que tenía antes de entrar en el Calabozo. Controle mi respiración para centrar mi atención.
Por primera vez en el día, me sentía como un Aventurero.
--¡Ustedes tres y tambien tu Bell-san! Por dios, ¿Qué están haciendo en este lugar?
El sonido de la voz y los pasos de Seal-san se escuchó desde la calle que conducía al orfanato.
Mientras la oscuridad azulada cubría el cielo en el este, se acercó y agito una lámpara portátil de Piedra Mágica hacia nosotros.
Probablemente estaba enojada porque nos fuimos por la salida de atrás sin decirle a nadie. Pero sus ojos plateados se abrieron como platos cuando vio la puerta abierta a nuestros pies.
--¿Qué es eso…?
--Creo que es una entrada a un túnel subterráneo. Seal-san, por favor vigílalos mientras lo reviso. Explique la serie de acontecimientos que nos trajeron aquí antes de dejarla saber mi plan.
Por supuesto, ninguno de nosotros sabía lo que había ahí abajo, así que debería investigar por mí mismo primero… o al menos ese era el plan.
--¡Yo tambien voy!
--Y yo…
--E-Es un poco aterrador, pero yo… Los niños querían venir conmigo.
¿Que se supone que debería hacer? Tal vez Seal-san pueda ayudar.
--Después de ver esto, entiendes lo difícil que sería para mí esperar aquí, ¿Verdad? También me uniré a ti. Lo dijo todo con una sonrisa.
Bueno, sería una mentira decir que no entendía ese sentimiento… la mire de nuevo, con los ojos entrecerrados en una mirada vacía, y luchando contra el impulso de suspirar. No había manera de rechazarla en este punto.
Estuve de acuerdo en dejarlos venir siempre y cuando no salieran por su cuenta y prometieran permanecer cerca de mí.
--¡Lo prometemos!
--¡Lo prometemos!
--¡Lo prometemos!
Se escucharon tres voces entusiasmadas encima de la de Seal-san. Esto comenzaba a sentirse como una excursión.
Pero no, tenía que concentrarme. Tomando la lámpara portátil de Seal-san, comencé a bajar por la escalera que conducía bajo tierra.
--Whoa… Parece como el Calabozo aquí abajo…
--Está muy oscuro…
--También polvoriento…
La luz de la lámpara en mi mano corto a través de la abrumadora oscuridad que envolvía las escaleras.
Escaleras de piedra, paredes de piedra, techo de piedra… Lo sabía. Este pasaje se veía casi igual que el que recorrí con Haruhime-san. Entonces era casi seguro que ese extraño arquitecto diseñara estos túneles.
Lai estaba emocionado, Fina estaba un poco asustada, y Ruu era el mismo de siempre. Sus voces resonaban en las paredes a medida que bajábamos más y más. Procediendo lo más cuidadosamente posible, vislumbre algo incrustado en la pared de piedra—una lámpara. Seal-san también la vio. Levanto su mano y—*¡Bzzt!* La lámpara volvió a la vida, haciendo un pequeño zumbido e iluminando el túnel lo suficiente para que nuestros ojos se acostumbraran.
Había más lámparas colocadas a intervalos más abajo del túnel. Con cada paso que daba, estaba cada vez más seguro de que esto estaba conectado con el mismo camino que tomé cuando escapé del Distrito del Placer.
Entonces, cuando la curiosidad de los niños comenzaba a alcanzar su punto más alto… el misterioso grito sonó desde más profundo, más fuerte que nunca. Todos nos detuvimos para recuperar el aliento.
--Manténganse en silencio.
Con lo que sea que estuviera haciendo ese sonido cerca, le susurre a los niños para cerciorarme de que no llamaran atención no deseada.
Mi tono serio debió de sorprenderlos, porque los tres se congelaron como estatuas, con la boca cerrada. Seal- san, quien parecia tan compuesta como siempre, me dio un rápido sentimiento, y le deje los niños a ella.
Tenía aliados conmigo cuando iba al Calabozo. Sólo tenerlos allí me daba fuerza, pero…
Era el único que podía luchar ahora mismo. Sin importar lo que pasara, tenía que protegerlos.
La <Daga de Hestia> todavía estaba ajustada cómodamente en mi cintura. Por supuesto, no tenía ninguna armadura. Mi bolsa de Ítems… solo tenía las tres monedas de metal que recibí por aceptar esta misión. No estaba preparado en absoluto para una batalla.
Una sensacion de lo desconocido se apodero de mí. No podía conseguir esta sensacion en el Calabozo porque ya había sido explorado por un incontable número de mis predecesores. Ahora era yo quien estaba abriendo el camino. Plenamente consciente de mí entorno, explore el fondo de la escalera.
Uwaa… uh… Uhhaa
Un espacio oscuro y abierto. Todo lo que podía decir era que estaba en una habitación decentemente amplia y que el ruido venia de la esquina opuesta, completamente envuelta en sombras negras.
—Ningún humano o animal hacia ese sonido.
Todos los músculos de mi rostro se tensaron mientras le decía a Seal-san y a los niños que esperaran en la escalera y alumbre con mi lámpara el rincón oscuro. Iluminando al dueño del sonido que no era un aullido ni un grito.
—Uhooo
Desde la oscuridad emergieron dos cuernos rizados, piel oscura, cabello rojo flameante, y una imponente estructura corporal. La luz de mi lámpara se reflejó sus ojos dorados, haciéndolos brillar como joyas en la oscuridad. De repente, no pude respirar.
Dos piernas y dos brazos, igual que un Minotauro. Esta cosa que hacia ruidos—este monstruo era de la variedad de gran tamaño. Se levantó con un poderoso salto desde donde estaba arrodillado en el suelo.
--¡Cubran sus oídos!
El monstruo desencadeno una pared de sonido en el mismo momento en que grite la advertencia sobre mi hombro.
¡UHWOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Escalofríos cubrieron mi piel cuando el feroz aullido del monstruo pasó sobre mí.
Tenía que protegerme. Era demasiado fuerte para que me preocupara por cuidar a alguien más.
¿Qué demonios estaba haciendo algo como esto debajo de los barrios bajos? Sus brillantes ojos parpadearon, sangre bombeaba a través de sus venas y heridas de una batalla—se precipito, con los ecos de su aullido todavía sacudiendo la habitación detrás de él.
Empujé mi brazo derecho hacia la criatura que se acercaba.
--¡¡Firebolt!!
Rayos de llamas escarlatas salieron de mi mano y golpearon el torso de la criatura.
Aúllo de dolor, completamente cegado por mi Magia de Lanzamiento Rápido. Se tambaleo hacia atrás en medio de las llamas escarlatas.
¡Ahora!
Desenvaine la <Daga de Hestia> y pase a la ofensiva.
Tire la Lámpara de Piedra Mágica en la entrada y use la oportunidad creada por mi Magia para acercarme al monstruo que ardía como una antorcha en medio de la habitación.
¡OHU, WHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!"
--¡…!
Sus ojos sin pupilas parpadearon con intención asesina mientras lanzaba un poderoso puño directamente hacia mi dirección.
Sorprendido por sus rápidos reflejos e increíble fuerza, salí del camino y oscile mi Daga para contraatacar. Un arco de color púrpura oscuro se dibujó a través del aire.
Sin embargo, se retiró justo a tiempo, con mi Daga cortando el aire vacío por un estrecho margen. Vi una mirada de asombro en su rostro—asombro porque de alguna manera logré esquivar su ataque. Pero esa incredulidad rápidamente se convirtió en ira, y lanzo otro golpe. Me moví de nuevo para enfrentarlo.
¡Este monstruo—es un <Barbarían>! ¡Estas cosas pertenecen a los Pisos Inferiores!
Gracias a las llamas del <Firebolt>, finalmente pude ver todo su cuerpo. Lo que vi me dio otro shock.
De más de dos metros de altura, era un monstruo de la variedad de gran tamaño, un Barbarían.
¡Detectados por primera vez en el 37º Piso, el Gremio los clasificaba como Lv. 3—o incluso 4! Entonces, ¿Qué estaba haciendo aquí?
No me digas—¿¡Es un sobrante del <Festival de Monstruos>!?
Por mucho que no quería recordarlo, destellos del tiempo en que un Silverback me persiguió alrededor de este laberinto llenaron mi mente.
¿Este monstruo que había logrado eludir a los Aventureros y los equipos de exterminio del Gremio, este monstruo no identificado había estado escondido bajo tierra todo este tiempo?
Seguía desencadenando poderosos puñetazos, incluso mientras mi cerebro padecía más sorpresa y angustia.
Cada vez que una de esas masivas extremidades venía a toda velocidad hacia mi cabeza, salía fuera del camino y cortaba con mi Daga negra. Sin embargo, sus impredecibles movimientos, junto con la fuerza de un Aventurero de Segunda Clase—posiblemente más fuerte que eso—me impedían entrar a quemarropa.
Lo que era peor, mis contraataques no estaban golpeando.
Este monstruo era realmente, realmente fuerte. Cada vez que pensaba que tenía una oportunidad de golpear, la criatura o desviaba mi Daga o salía de su camino antes de volver por más.
Era como tratar de luchar contra una tormenta. Pero espera un minuto, ¿Qué era todo eso?
¿Está cubierto de sangre?
Ciertamente yo no infligí esas heridas.
La luz de su piel todavía ardiendo revelo varias heridas cerradas rodeadas de vetas de sangre seca. ¿Por qué sería eso?
Los brillantes ojos amarillos del Barbarían se inyectaron en sangre. Me miraba como si fuera la mayor amenaza que jamás haya visto. Estaba aterrorizado—y estaba tratando de matarme con todo lo que tenía.
Me había reconocido como un enemigo y seguía esquivando mis ataques mientras lanzaba sus propios contraataques.
¡Sabía cómo luchar usando estrategias y técnicas!
Conozco esta sensacion—
Sentía que estaba luchando contra otro Aventurero—no, no del todo. Era más como… ese Minotauro de un cuerno.
En lugar de confiar en el instinto y la fuerza bruta en la batalla, este monstruo estaba luchando con un sentido de sí mismo—mis ojos se estremecieron al ver destellos de ese fantasma de mi pasado. Sacudí las imágenes de mi mente, patee el suelo y cargue directamente.
Oscilo uno de sus masivos puños directamente hacia mí, pero salte sobre él justo a tiempo. ¡Con su brazo fuera del camino, la parte baja de su espalda quedo expuesta! Oscile mi Daga tan fuerte como pude.
———————¡…!
Una corriente de sangre voló mientras el aullido del Barbarían hacía eco.
--¡Buena esa!
Los efectos del aullido debieron de haber desaparecido porque Lai y los demás estaban asomando sus cabezas en la habitación.
-- ——-
Con sus emocionadas voces en el fondo, me pare frente al monstruo herido mientras sujetaba su última lesión. Mis oídos seguían sonando desde ese último rugido.
La mayor parte era como el aullido normal de un monstruo, pero también había ira, dolor y un toque de tristeza. Nunca antes había escuchado el lamento de un monstruo. Las palabras me dejaron.
¿Qué es este monstruo…?
¿Angustia en el aullido de un monstruo? ¿Y me sentía mal por ello?
Mientras permanecía contemplando estas extrañas emociones nuevas, los ojos del herido Barbarían volvieron a destellar. Sus largas mandíbulas se abrieron mientras su lengua arremetía.
--¡Gah!
Atrapándome con la guardia baja, su lengua se clavó justo en mi pecho. Traté de saltar fuera del camino, pero no había suficiente tiempo. Puesto que no llevaba ninguna armadura, el golpe me mando a volar, y volé a través del suelo de piedra frío.
Un largo corte de ardiente dolor atravesó mi pecho.
¡Concéntrate!
Me grite a mí mismo por haberme dejado tan abierto para un ataque. Finalmente me detuve en el extremo opuesto de la habitación, lejos de la entrada de la escalera. Ignorando el dolor en todo mi cuerpo, me levante.
--¡No lastimes a mi amigo!
Entonces lo vi.
Lai, dentro de la habitación, lanzo una roca contra el monstruo para apartar su atención de mí.
—UHOO
La roca golpea su objetivo, y el Barbarían se dio la vuelta para enfrentarse a él.
El niño se congelo ante el feroz monstruo—vio a Lai como otro enemigo y cargo hacia él.
--¡NO——!
¡¡OHWOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Lance mi cuerpo contra el monstruo, poniendo todo lo que tenía para detenerlo, pero no llegaría a tiempo. Seal-san corrió hacia la habitación y abrazo al aterrorizado niño, usando su cuerpo como un escudo.
Empujé mi brazo derecho hacia delante, forzando a salir de mi mente el instinto de huir, y tome una respiración profunda para gritar con todas mis fuerzas.
——¡UGAA!
Pero mi relámpago de llamas nunca se desato.
En su lugar, una sola Lanza plateada desgarro el aire como un cometa y perforo un agujero directamente a través del pecho del Barbarían.
—AH
Ni siquiera tuvo tiempo de dejar escapar un aliento moribundo. La Piedra Mágica del monstruo, junto con la mayor parte de su caja torácica, se había ido, dejando un enorme agujero. Cayó y se disolvió en cenizas.
*Whoosh*
Una inmensa quietud descendió en la habitación haciendo que todo lo anterior se sintiera como una ilusión. La única prueba de que nuestra batalla siquiera tuvo lugar era el hecho de que el Botín <Piel de Barbarían> en medio de la pila de cenizas estaba carbonizado. Humo flotaba en el aire.
Seal-san y Lai, todavía plantados en el piso de la habitación, lenta y cautelosamente, miraron por encima de sus hombros hacia la entrada. Pero yo podía ver directamente detrás de ellos. La figura parada allí era clara como el día para mí en la tenue luz. Su presencia era abrumadora.
Piel negra y gris. Una línea corporal pequeña y esbelta. Era el Catman que vi esta tarde.
--… Uh… ¡Umm!
Salto sobre Seal-san y Lai sin ningún sonido, aterrizando suavemente delante del montón de cenizas, y recupero su Lanza. Trate de decir algo mientras corría hacia él.
Tenía que darle las gracias por salvarnos—a todos nosotros.
--Ni siquiera puedes proteger a las mujeres y niños, roedor sin valor.
La presión proveniente de sus deslumbrantes ojos me silencio en el acto.
--L-Lo siento.
--…
Tenía razón. No había nada que pudiera decir, sólo disculpas mientras miraba a mis pies.
Si no hubiera estado aquí, algo horrible podría haberle sucedido a Seal-san y a esos niños que nunca sería capaz de deshacer. Un Aventurero había fracasado en el momento en que permitía que los ciudadanos comunes estuvieran expuestos al peligro.
El Catman me ignoro, dándome la espalda mientras caía en una espiral viciosa de impotencia y desgarradora vergüenza.
No dijo nada mientras regresaba a la entrada de la habitación.
--<Vana Freya>… ¿¡Un Aventurero de Primera Clase!?
Lai miraba silenciosamente al hombre caminando y de repente grito con la mayor emoción que había escuchado en su voz todo el día.
<Vana Freya>—¿Como en el tipo de la <Familia Freya>?
La <Familia Ishtar> colapso no hace mucho tiempo. Yo estaba en medio del asunto cuando sucedió, y este hombre era uno de los Aventureros que aniquilaron a esa <Familia> una vez poderosa. Era impresionante e intimidante al mismo tiempo.
Pero espera, eso me recuerda.
Su voz… Esa noche, después de entrenar con una de los líderes de la <Familia Loki>, Aizu Wallenstein, en la muralla de la ciudad, un Catman la atacó en medio de la calle. El atacante tenía la misma voz.
--…
Se detuvo frente a Seal-san mientras lo miraba boquiabierto desde atrás.
No dijo nada, sólo inclino un poco la cabeza antes de salir de la habitación para siempre. Seal-san se quedó allí, pero lo miro irse mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
--S-Seal-san, ¿Estás bien?
--Bell-san.
Todavía no me había recuperado de la conmoción, pero me acerque a su lado para asegurarme de que ella y los niños estaban todos en una sola pieza.
Me disculpe una y otra vez por ponerlos en esta situación que amenazaba la vida, a pesar de que ella sonrió y me hizo un gesto, diciendo que estaba bien.
--¿Qué es esto, <Pequeño Novato>? ¡Necesitas a <Vana Freya> para salvarte!
Lai no parecia sentirlo en lo más mínimo por sus acciones. Esas palabras me golpearon como un rayo, enviándome más profundo en esa viciosa espiral. Es decir, hasta que Seal-san desencadeno una diatriba sermoneándolo, sus palabras se convirtieron en látigos que incluso dejaron en lágrimas a Fina y Ruu. Estalle en sudor frío casi de inmediato.
--Um, <Vana Freya>… ¿Lo conoces?
--Sí. Es un Aventurero que va al bar de vez en cuando.
Contemplamos la pila de cenizas unos momentos antes de romper el silencio. Me dijo felizmente sobre uno de los clientes habituales de <La Señora de la Abundancia>. Sonaba como que se habían convertido en conocidos.
--¿No es… un poco aterrador? Era difícil estar tan cerca de él. Seal-san, eres increíble…
--Oh, no lo creo. En realidad, tiene una lengua muy sensible. Siempre que hay una bebida caliente delante de él, se encrespa con la taza en sus manos y sopla en ella hasta que el vapor se va. Es muy lindo cuando hace eso.
Esas palabras fluyeron de su boca con facilidad; se rio para sí misma como si estuviera recordando esa imagen.
Acababa de usar la palabra lindo para describir a un Aventurero de Primera Clase… ¿Seal-san era secretamente una persona enérgica o simplemente ingenua?
Forcé una sonrisa.
--¿Esto significa que la misión ha terminado…?
--Ah, sí, creo que sí. Nada más parece fuera de lugar…
--Nunca había estado tan asustada.
Ruu tiro de mi brazo. Ambos echamos un rápido vistazo alrededor de la habitación, revisando cada esquina oscura.
Fina dejo que sus hombros se relajaran, con una respiración profunda fluyendo lentamente de sus pulmones.
Sólo para estar seguro, tome la Lámpara de Piedra Mágica y di una vuelta alrededor de la habitación, revisando minuciosamente cada rincón y grieta. Descubrí un túnel de conexión en el otro extremo, pero se había derrumbado. La única otra salida de la habitación era el hueco de la escalera que descubrimos, así que probablemente el monstruo no tenía ningún otro sitio a donde ir. Así que los gritos que escuchamos fueron porque estaba atrapado, o tal vez…
Podría ser una buena idea no dejarse llevar. Dejare que el Gremio lo sepa la próxima vez que esté allí y dejare que ellos se preocupen por ello.
Después de asegurarme de que los niños prometieran no volver jamás a este lugar—la sonrisa silenciosa de Seal-san estaba asustando a Lai y a los otros dos casi hasta la muerte, así que estaba seguro de que no lo harán—volvimos a subir las escaleras y coloque la losa de piedra sobre la entrada de nuevo, y la estampe con fuerza.
Ya era de noche, la noche estrellada nos saludó ahora que estábamos todos de vuelta en la superficie. Estaba seguro de que María-san estaba preocupada por nosotros…
Espera, ¿Qué acaso…?
Los niños corrían a nuestro alrededor, relatando su primera aventura mientras regresábamos al orfanato. Seal- san estaba a mi lado cuando algo importante vino a mi mente.
<Vana Freya>… ¿Qué acaso la <Familia Freya> no estaba luchando fuera de las murallas de la ciudad ahora mismo?
Le di un vistazo a la luna en el cielo, preguntándome si algo había sucedido.
× × ×
--¿Cómo va la batalla?
Preguntó una Diosa de cabellos plateados mientras caminaba dentro de una tienda de campaña iluminada por Lámparas de Piedra Mágica.
Treinta kilometros hacia el este de Orario, una hermosa noche estrellada se extendía sobre la base de la
<Familia Freya>.
Los pocos dependientes que la acompañaban estaban amontonados alrededor de una olla hirviendo, sirviéndose sopa en sus cuencos.
Mientras tanto, Freya se quitó su túnica y se la dio a una chica humana dentro de la tienda más grande en el centro.
--Gracias, Helen.
Dijo la Diosa, mientras su dependiente hacía una profunda reverencia antes de salir de la tienda.
La Diosa se sentó en su trono y miró hacia un Boarman excepcionalmente grande, Ottar. El abrió la boca para hablar.
--Las formaciones enemigas están en pedazos. Hedin, Grale, y nuestros combatientes más poderosos están persiguiendo sus filas rotas individualmente. Se han detectado bengalas, así que sólo podemos suponer que han capturado a sus objetivos.
--Deberíamos haber hecho esto desde el principio.
Conducir a las fuerzas de Rakia lejos de la ciudad había sido sólo una pérdida de tiempo. Freya dijo que lamentaba no reunirlos a todos a la vez mientras se recostaba en la silla adornada.
Teniendo una tremenda multa impuesta contra ella por el Gremio, no podía ignorar sus órdenes de permanecer en el campo de batalla en todo momento durante la invasión. Para la Diosa de la Belleza, era una gran molestia.
--Este podría ser un detalle menor, pero los soldados enemigos parecen estar sacudidos e inquietos. Tal vez algo ha sucedido.
--Es el trabajo de la <Familia Loki>, después de que nos dejaron para hacer el trabajo sucio. Debieron haber tenido éxito.
La Diosa no perdió tiempo en responder a la observación de Ottar.
Freya tomo una copa de vino de la mesa redonda junto a su trono y la llevó a sus labios. En ese momento apareció un Catman en la entrada de la gran tienda.
--Perdón por la intrusión.
--Bienvenido, Allen. Espero que tu tiempo fuera del campo de batalla haya sido reparador.
Allen Fromel—a quien los Dioses le asignaron el título de <Vana Freya>—hizo una cortés inclinación de cabeza cuando Freya mostró su aprecio por su regreso.
Se detuvo junto a Ottar directamente frente a su Diosa, respondiendo cortésmente pero manteniendo un tono agudo en su voz.
--Lo fue. Sin embargo, esa chica tuya salió del bar… y perdí la mayor parte de dos días vigilándola. La voz de Allen estaba mezclada con agitación mientras continuaba hablando con Freya.
--Si emites una orden directa, Mi señora, una que le diga que no deambule por su cuenta… sería muy apreciado. Freya volvió a poner el vino en la mesa, con una sonrisa en los labios.
--Hehe, seguramente Seal está agradecida por tus acciones.
--…
--¿No te sonrió?
Allen cerró la boca y se quedó en silencio. No había nada que pudiera decir.
Sin embargo, su habitual expresión fría y sin emociones, estaba revestida de un tenue tono rosa. La larga cola que salía de su cintura se contraía de lado a lado.
De la misma manera que un adolescente negaría el interés por el sexo opuesto, el joven soporto la vergüenza. El Boarman no dijo nada mientras observaba a su aliado soportar la ligera burla.
-¿Tienes algún problema, Ottar?
--…
--¡No soy payaso de nadie! Lárgate, ¿Quieres?
El rostro de Allen se sonrojó mientras le decía eso al gigante. Ottar, sin embargo, ni siquiera se estremeció.
El Capitán de la <Familia Freya> de dos metros de altura escuchó los deseos de su subordinado y salió de la tienda.
El Catman apretó los dientes mientras observaba cómo los hombros de Ottar se deslizaban a través de la puerta de tela.
--Hehehe…
Freya se cubrió la boca con sus dedos, disfrutando del espectáculo del argumento unilateral de sus dependientes. Allen se sonrojó incluso aún más mientras se encorvaba y volvía a mirar a su Diosa una vez más.
Una vez que su risa se había disipado, Freya tomó su copa de vino y tomó otro sorbo.
--Me encantaría regresar a Orario lo antes posible. Por otra parte, rara vez dejo la ciudad. Esta podría ser una gran oportunidad para ir y ver lo que hay que ver.
--… Por ti, Mi Señora, con mucho gusto me convertiría en tu carro. Dime a dónde te gustaría ir y te llevaré allí.
--Ara, ara, que confiable.
Freya hizo un extraño comentario sobre viajar, puesto que ya estaban fuera de la ciudad, pero Allen lo tomó como algo más que las reflexiones de una Diosa y juró convertirse en sus piernas si era necesario.
La lealtad incondicional de su dependiente trajo una sonrisa a los labios de Freya.
--Allen. ¿Has visto a Anya?
--Ya he cortado todos los lazos con esa simplona.
--No, no podemos permitir eso. Ella es tu única hermana, la única familia que tienes, ¿Verdad? No te separé de ella sólo para ser cruel.
--… Bien entonces.
El Catman dejó pasar unos momentos antes de responder, e incluso entonces, no parecía entusiasmado con la idea mientras asentía.
--Que niño tan problemático.
Dijo Freya con una sonrisa antes de beber lo último de su vino. Sus ojos brillaban como la luna en el cielo nocturno.
× × ×
--¡Ah! ¡Está de vuelta, nya!
Lo primero que escucho a través de la puerta fue la entusiasmada voz de Anya.
La luz del sol comenzaba a calentar las calles de la ciudad. Seal, con su uniforme de camarera, observó cómo todas las demás camareras se acercaban a saludarla con sonrisas en sus rostros.
--Estoy de vuelta, chicas.
--¡Nya, hay mucho trabajo por hacer porque has estado fuera tanto tiempo, nya! ¡Haremos trabajar tus dedos hasta el hueso para enseñarte una lección, nya!
--Chloe, el trabajo aún no se ha completado sólo queda porque estabas holgazaneando. Ese castigo debe ser tuyo.
--Estaba tan preocupado porque te habías ausentado tanto tiempo. Entonces, ¿A dónde fuiste?
--Lo siento, Runoa, pero es un secreto.
Seal se giró hacia Runoa para responder, llevando un dedo hacia sus labios, mientras Chloe y Ryuu comenzaban a discutir junto a ellas.
La sonrisa feliz en el rostro de la chica de la ciudad hizo gemir a Runoa.
--¿Todavía…?
--… ¿Nya? ¿Paso algo con el chico?
--¿Qué?
--Mehehe, con ese buen humor, te ves como una doncella enamorada, nya.
No se podía engañar a los ojos e instintos de Chloe. La joven Catman agitaba su cola vertiginosamente de un lado a otro y se acercó más.
Seal acarició sus ardientes mejillas con sus manos, incapaz de mantener la sonrisa en su rostro.
Todas las camareras sonrieron al unísono con un brillo en sus ojos, como si hubieran descubierto algo jugoso, cuando en el otro lado del mostrador apareció la dueña del bar, una Enana llamada Mia.
--¿Segura que ya estás lista para volver?
--Sí… estoy bien, ahora.
Mia echó un vistazo a los ojos plateados que la miraban y dijo:
--Entonces, deja de perder el tiempo y ponte a trabajar. Resoplo por su nariz y le dio la espalda.
--¡Lo mismo va para el resto de ustedes!
Con eso, el resto de las camareras rápidamente regresó a lo que deberían estar haciendo para poner a <La Señora de la Abundancia> lista para los negocios.
Seal todavía tenía la misma sonrisa en su rostro cuando fue a colgar el letrero de <ABIERTO> en la puerta principal para comenzar el día.
-- —Gracias por venir a <La Señora de la Abundancia>. Bienvenidos.
La chica de la ciudad sonrió para saludar a los primeros clientes del día mientras caminaban hacia la puerta principal.






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