Capítulo 05 – ¡Ultra Alma!
--…
Tiona descubrió el cuerpo de un Aventurero oculto entre las ruinas. El Aventurero no estaba muerto—solo inconsciente.
Mientras miraba al humano con sangre corriendo por sus oídos, busco alrededor de su cintura.
--Maldita sea, no tengo ninguna poción conmigo.
Dijo, dándose cuenta de que había olvidado llevar sus Ítems.
--¡Tiona, date prisa!
La llamó su hermana. A regañadientes, dejó atrás al Aventurero.
Sin usar sus manos, escaló la estructura que rodeaba el túnel en el que había estado. En la parte superior, encontró a su hermana, Tione, quien al igual que Tiona, había recibido la orden de servir como exploradora y guerrillera. La Amazona estaba pateando el suelo con sus pies descalzos y parecía irritada.
--¡Ugh, esto es tan frustrante! Estamos haciendo lo que dijo el Capitán, pero no encontramos ningún monstruo. La Calle Dedalo es muy molesta. No es más que giros y vueltas y callejones sin salida.
Sin mencionar las subidas y bajadas.
La sección occidental del Distrito Laberinto, donde estaban ambas hermanas, era tan compleja que se sentían como si estuvieran caminando a través de una pintura trampantojo3. No era de extrañar que Tione estuviera irritada.
--Nuestro oponente puede estar moviéndose más rápido que las órdenes de Finn Dijo Tiona.
--¿¡Estás sugiriendo que el Capitán se está quedando atrás!? ¡Te patearé el trasero por decir eso! Gruñó su hermana en defensa de su amado líder.
--¡Eres bastante molesta!
Tiona respondió con una expresión cansada en su rostro, antes de murmurar que Tione tenía razón.
--Pero sí, creo que las instrucciones de Finn son acertadas. Apuesto a que los monstruos pasaron cerca de aquí.
--… ¿Encontraste algo?
Tiona permaneció en silencio por un momento, mirando a lo lejos antes de contestar.
3 El trampantojo (de «trampa ante ojo», del francés trompe-l'œil, «engaña el ojo») es una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico (real o simulado), la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos y de fingimiento, consiguiendo una "realidad intensificada" o "sustitución de la realidad".
--He estado pensando, Tione. Esos monstruos que buscamos—
No completó lo que iba a decir. El sonido de una campana rompió el silencio.
--¡La señal de un avistamiento de monstruos…! ¡Vamos, Tiona!
--… ¡Sí!
Viendo a su hermana salir corriendo, Tiona pareció cambiar su actitud de un momento antes. Puso su espada de doble filo sobre su hombro y siguió a Tione.
× × ×
Como una ola feroz, los Xenos se lanzaron directamente hacia la calle en una sola línea.
Estaban en la sección occidental del Distrito Laberinto, cerca del centro. Después de salir del atajo inmediatamente al frente de la formación de la <Familia Loki>, los monstruos ahora corrían lo más rápido que podían hacia el pasadizo subterráneo de Knossos.
--¡Gracias a Lilichi, no hay Aventureros! Dijo Lyd al frente del grupo.
--¡No bajes la guardia! ¡Ya vienen!
Gritó Fels desde el centro de la línea. El Mago tenía razón—los miembros de la <Familia Loki> estaban en ese mismo momento corriendo desde el centro, noroeste y suroeste para llenar el vacío en la formación.
--¡Arqueros, tomen sus posiciones!
Gritaron los líderes de pelotón de la <Familia Loki>.
Los arqueros retiraron sus arcos y apuntaron al grupo de monstruos que avanzaba. Colocados en edificios al frente, a la izquierda y a la derecha, estaban a punto de desatar una lluvia de flechas desde tres direcciones hacia los Xenos.
Pero.
--¿¡…!?
--¡¡Esta frioooo!!
Las Elfas y Beastmans que habían estado ajustando sus flechas a sus arcos se medió congelaron. Una tormenta de nieve que se había materializado en el aire había cegado a las chicas. El arco, el brazo, el hombro y la mitad del rostro de cada demi-humano estaban cubiertos por una armadura de hielo. Gritaron debido al intenso frío.
--¡Lo siento…!
--¡Disculpen por el ataque sorpresa!
Bajo sus velos, Welf y Mikoto susurraron sus disculpas. Sus manos invisibles sujetaban las <Dagas Mágicas> de color turquesa que habían sacado de sus fundas.
Corriendo junto a los Xenos a una distancia determinada y al dejar que el ruidoso grupo de monstruos avanzando llamara la atención de sus oponentes, Welf y Mikoto lograron realizar el ataque furtivo perfecto. Incluso los Aventureros de Clase Alta de la <Familia Loki> estaban indefensos contra este bombardeo desde su punto ciego por un enemigo invisible. No había escapatoria de la ventisca desde una distancia tan corta ya que abarcaba una amplia área en el instante en que era lanzada; incluso aquellos que intentaron defenderse de la oleada congelante azul turquesa fueron encarcelados en hielo.
Las <Dagas Mágicas> de hielo se llamaban <Hien>.
Welf había trabajado sin dormir ni descansar para forjar ambas Dagas para este día. Su belleza, que recordaba cristales tallados en hielo, contradecía sus crueles oleadas heladas que congelaban todo a su paso. Welf y Mikoto llevaban una cada uno.
Llamas o relámpagos herirían a un Aventurero, pero el hielo—aunque doloroso—podría revertirse sin dañar seriamente al enemigo.
--¡Con estos, podemos arreglárnoslas sin dañar la ciudad!
Welf sonrió a medias, incapaz de sentirse completamente orgulloso de su creación.
Las <Dagas Mágicas Crosso> y los Ítems Mágicos originales del Sabio hacían una combinación perversa. Sin revelar que la <Familia Hestia> se había puesto del lado de los monstruos, fueron capaces de inmovilizar completamente a los objetivos de sus ataques sorpresa.
No solo los Aventureros en los techos fueron incapaces de apuntar sus arcos, sino que tampoco pudieron moverse, porque sus pies e incluso el suelo estaban congelados. Cuando los Aventureros de abajo miraron hacia arriba, estupefactos ante los bloques de hielo congelados en los que se habían convertido sus compañeros, Welf y Mikoto saltaron al suelo y desataron otro ataque.
--“ “ “ “¡Aaaaaaahhh!” ” ” ”
Los Aventureros en el suelo gritaron mientras estaban envueltos en la ventisca, y los Xenos cargaron hacia adelante.
--¡Yaaaaaaaarrrr!
Liderados por el Hombre Lagarto y el Unicornio, el desfile de monstruos se lanzó contra los Aventureros congelados. Los Beastmans volaron por el aire. Los humanos fueron arrojados contra las paredes. Armas y fragmentos de armadura se dispersaron. Mientras se abrían a través de la línea enemiga, los Xenos soltaron un coro de rugidos de monstruo.
--¡Haruhime-dono! ¡Dime el camino a seguir! Mikoto gritó en su <Occulus>.
《¡Hay un camino a la derecha un poco más adelante!》
Respondió Haruhime.
Dejando a Welf para vigilar a los perseguidores enemigos, Mikoto fue a interceptar Aventureros que se acercaban desde otras calles. Con la ayuda de Hestia y Haruhime, fue capaz de anticiparse a ellos sin perderse, enviando oleadas congelantes sobre ellos mientras corrían hacia los Xenos. Los Aventureros se convirtieron en presas de su Daga Mágica mientras se pegaba a una pared sobre sus cabezas y esperó para tenderles una emboscada. Gritaron cuando el hielo los obligó a detenerse.
Los invisibles Welf y Mikoto pudieron controlar por completo a los grupos esporádicos de combatientes de la
<Familia Loki>.
《¡Vayan, Welf-kun y Mikoto-kun! ¡Los tienen…!》
Hestia levantó su puño en el aire mientras miraba el Mapa Mágico. Podía ver los símbolos de Welf y Mikoto moviéndose frenéticamente alrededor de los Xenos, que avanzaban hacia el este directamente a través de la zona central del Distrito Laberinto. Animo a los miembros de su <Familia> mientras hacían lo posible por contener la aproximación del enemigo.
--¡Los encontré!
Desafortunadamente, las oraciones de Hestia se desvanecieron.
-- —¡¡…!! ¡¡Mierda!!
--¡Gros!
La Gárgola en la retaguardia se giró al sentir un destello de luz que volaba hacia él. Un cuchillo había sido lanzado hacia el grupo a gran velocidad. Se estrelló contra su ala derecha de piedra—que se había extendido para proteger a sus hermanos en la retaguardia—y la hizo añicos como un martillo.
Rei, que había estado cantando mientras volaba, miró hacia atrás—y vio a dos mujeres Amazonas, con su cabello negro volando detrás de ellas.
--¡Sabía que estaban por aquí! Gritó una.
--¡Los hemos alcanzado!
Respondió la otra.
Rei y Gros ampliaron sus ojos simultáneamente.
No había forma de que pudieran haberse olvidado de esas dos Amazonas.
Eran los mismos Aventureros de Primera Clase extremadamente fuertes que habían pisoteado a los Xenos en esta misma ciudad varios días antes.
¡¡OHOOOOOOOOOOOOOOO!!
Gros soltó un tremendo rugido. Su advertencia alertó a Lyd en el frente y Fels en el centro sobre la amenaza, y tambien a Welf y Mikoto, al instante voltearon.
--¡Las hermanas Hiryute!
--¡Así que están aquí…! ¡Vamos a mostrarles el infierno!
--¡Sí!
Welf y Mikoto inmediatamente dejaron lo que estaban haciendo y corrieron para interceptar a Tiona y Tione, que se acercaban con increíble velocidad. Retrocediendo desde el frente de la formación a la parte de atrás, levantaron las <Hien>. Welf estaba a un lado de los Xenos y Mikoto en el otro, corriendo por encima de los edificios que bordeaban la calle. Apuntaron sus Dagas a sus oponentes y, casi en el mismo momento, las oscilaron hacia adelante.
Estaban seguros de que habían apuntado a los puntos ciegos de las hermanas, como lo habían hecho con los otros Aventureros hasta ahora—pero las hermanas lo esquivaron.
--¿¡…!?
--¿¡…!?
Welf y Mikoto estaban demasiado sorprendidos para pronunciar una palabra. Las hermanas reaccionaron con increíble velocidad a la ventisca que se materializó en el aire, evitándola con bastante facilidad.
--¿Qué fue eso? ¿Hay un pájaro de hielo por aquí o algo así?
Gritó Tione, apartando un mechón de largo cabello negro de su rostro.
--¡Parece algo demasiado poderoso para eso!
Respondió Tiona, mirando hacia atrás a la enorme forma de hielo que había aparecido en la calle. Volviendo su mirada al frente, la chica Amazona volvió a llamar a su hermana mientras corría.
--Hey, Tione. Alguien está aquí, ¿Verdad?
--Sí. No sé si están cambiando de forma o se han vuelto invisibles… pero seguro que hay dos de ellos.
Las hermanas miraron hacia arriba y dirigieron sus penetrantes miradas a dos puntos por delante y por encima de ellas.
Welf y Mikoto se estremecieron. Las hermanas habían identificado con precisión sus ubicaciones. A pesar de toda su invisibilidad y ventiscas heladas, ambos se dieron cuenta de que un golpe de las hermanas los aplastaría.
Las guerreras gemelas eran demonios encarnados.
La visión de los Aventureros de Primera Clase Lv. 6 abalándose sobre ellos era verdaderamente petrificante. Sin embargo, a pesar de que el brillo en los ojos de las hermanas los llenó de un horror diferente a todos los que habían experimentado antes, convocaron su coraje.
--Hestia-sama, ¿¡Hay algún terreno adelante que podamos usar!?
《Uh, um… ¡Lo siento, Welf-kun, no hay nada! ¡No hay desvíos ni obstáculos! El camino se hace más y más amplio. Parece que la única cosa es una pendiente descendente…》
El viento era tan fuerte que casi hizo volar el velo de Welf y ahogó sus preguntas mientras hablaba en el
<Occulus>. La respuesta sonó como un chillido. Podía sentir que la invisible Mikoto también estaba cada vez más ansiosa. Él levantó la vista, sorprendido.
--¡Una pendiente…!
Lejos en la distancia por el camino recto como una flecha, podía ver una colina que parecía conducir a una cuenca.
El joven Herrero habló una vez más en el cristal azul en su mano.
--Hestia-sama, por favor, conéctame con esos dos.
Hestia entendió inmediatamente a quién se refería con “esos dos”. Trabajando con la aturdida Haruhime, empujó los cristales de Mikoto y Fels junto con los de Welf para que pudieran escucharlo
Mikoto y Fels se detuvieron por un momento después de escuchar la estrategia que Welf propuso, y luego acordaron. Fels habló primero.
《No tenemos otra opción. Apostaremos a tus Dagas Mágicas, Welf Crosso. ¡Lyd, corre lo más rápido que puedas!》
--¡Tambien lo intentaré, Welf-dono! Dijo Mikoto.
--¡Cuento contigo!
Los Xenos reunieron sus fuerzas y corrieron aún más rápido.
Habiendo renunciado a apuntar directamente a las hermanas que se aproximaban, Welf y Mikoto ahora intentaron detenerlas congelando el camino, levantando docenas de paredes de hielo y carámbanos afilados como cuchillas para bloquear su avance. Pero Tiona y Tione aplastaron a cada una en cuestión de segundos, cortándolos con la espada de doble filo, los Cuchillos Kukri e incluso sus pies descalzos. Mikoto hizo una mueca al ver a las extraordinarias guerreras en la salvaje persecución de los Xenos en medio de una ventisca de trozos de hielo destrozados.
--¡Corran! ¡Corran!
El Hombre Lagarto les gritaba a sus hermanos una y otra vez en el lenguaje de rugidos que solo los otros monstruos podían entender. Tenían que aprovechar al máximo cada segundo que Welf y Mikoto ganaban para ellos.
Wiene jadeaba mientras corría, y el Troll de patas planas agitaba sus brazos aún más torpemente que de costumbre mientras intentaban mantener el ritmo. Lyd y Fels se enfrentaron a los otros miembros de la <Familia Loki> que Welf y Mikoto—ahora completamente concentrados en las Amazonas—ya no podían contener. La Espada Larga y la Cimitarra de Lyd cortaban a todos los que intentaban bloquear su avance, mientras que los guantes negros de Fels enviaban ondas de choque invisibles que evitaban que otros se acercaran.
Rei, quien estaba volando por encima del grupo, se dejó caer a la posición de Gros para proteger a Wiene y los otros Xenos en la parte trasera, así como a Welf y Mikoto. Con los proyectiles de plumas de sus alas, de alguna manera logró interceptar los cuchillos que lanzaba Tione y los enviaba al suelo antes de que alcanzaran sus objetivos previstos. Pero una y otra vez, los cuchillos blancos se abrían paso a través de su defensa y desgarraban el cuerpo de la Siren.
A medida que el desfile de monstruos se volvía cada vez más feroz y la batalla a punto de salirse de control, el angosto camino comenzaba a ensancharse como Hestia había dicho. Pronto estaban corriendo por una avenida de más de ocho metros de ancho.
--¡Esto es molesto! ¡Tiona, tambien arroja algo!
Gritó Tione, chasqueando la lengua irritada por su incapacidad para acercarse a los Xenos.
--¡De acuerdo, pero Urga es todo lo que tengo! Gritó Tiona antes de arrojar la espada de doble filo.
Era imposible defenderse del enorme trozo de metal. Welf, Mikoto y Gros lo miraron sin aliento, y Rei chilló estridentemente para que sus hermanos se apartaran del camino.
Sin tiempo siquiera para mirar hacia atrás, Wiene y los demás en la parte trasera corrieron para alejarse. En el siguiente instante, la enorme espada de doble filo golpeo el suelo.
--“ “ “ “ “ “¿¡…!?” ” ” ” ” ”
El pavimento de piedra se dobló ante el tremendo impacto, mandando a volar a los Xenos. Evitando un golpe directo por apenas un pelo, cayeron por una pendiente pavimentada en ladrillos negros.
Era la colina de la que Hestia les había hablado.
--Tiona, vamos a matarlos—
Tione se detuvo a mitad de la frase. Acababa de comenzar a descender la pendiente con su hermana, quien había recuperado su espada del suelo antes de correr. Sintió que las fuentes invisibles del bombardeo se habían detenido en medio del camino al pie de la colina.
--¡Han parado!
--¿¡Entonces creen que pueden cortarnos!?
Tiona y Tione sabían que sus oponentes estaban frente a ellas, preparados para la batalla.
Al instante, se dieron cuenta de que estaban a punto de enfrentar el ataque más feroz hasta el momento. A lo lejos, podían ver a los monstruos reorganizándose mientras escapaban, pero sin embargo tomaron su decisión sin titubear.
--Te protegeré. ¡Mátalos, Tiona!
--¡Okay!
En lugar de retirarse de la amplia avenida, las hermanas habían elegido cargar hacia el enemigo.
Tiona se posiciono directamente detrás de Tione, escondiéndose en su sombra; su hermana mayor tomaría el ataque mientras ella eliminaba al enemigo. Su objetivo era claro.
Mientras Mikoto se preparaba para un ataque directo de las hermanas guerreras que estaban listas para arriesgar sus vidas en la batalla, sudor goteaba bajo su velo.
Pero su corazón era tan claro y silencioso como un estanque de agua perfectamente inmóvil. Si perdían la ventaja aquí, todo terminaría.
Si el enemigo alcanzaba a los Xenos, serían destruidos—y no podía permitir que eso sucediera.
La chica del Lejano Oriente se encontró con las miradas de las Aventureras de Primera Clase que se acercaban con sus ojos invisibles y llevó su mano a la empuñadura de su Daga Mágica.
--¡…!
Welf oscilo su Daga desde su posición diagonalmente debajo de ellas en un intento final de detener su avance. Sin inmutarse, Tiona y Tione se colocaron firmemente en medio de la pendiente. Si sus oponentes trataban de congelarlas o quemarlas, las hermanas confiaban en que podrían resistir los ataques. Sin importar cuán terriblemente fueran heridas, no retrocederían ante su enemigo. Volaron a través del aire hacia las presencias invisibles.
En el instante antes de que hicieran contacto, las hermanas escucharon un *Shing*.
-- ——
El sonido no era ni cristales de hielo formándose ni furiosas llamas.
Era el sonido de una reluciente hoja de metal deslizándose a lo largo de su funda—y una espada siendo desenvainada de su funda.
Mikoto, agachada en el suelo, tenía dos armas en su cadera. Una era su arma de Tercera Clase, <Kotetsu>. La otra era una <Espada Mágica>.
Cuando las Aventureras de Primera Clase se quedaron boquiabiertos, los ojos de Mikoto brillaron con determinación. Ella esperó el momento justo, luego desenvaino el arma.
Welf sonrió mientras miraba.
--Ve por ellas, <Fubu>.
-- —¡¡…!!
La hoja de color jade brillo al ser liberada de sus limitaciones con un solo movimiento veloz y silencioso. Mientras brillaba ante los ojos de Tione y Tiona, la espada lanzó un vendaval con la fuerza de un huracán.
--¿¡Wha—!?
--¡Me estás tomando el pelo!
Las hermanas literalmente volaron hacia atrás en la ráfaga.
No hubo lucha contra el bombardeo. Las gemelas fueron mandadas a volar a través del aire y muy lejos en la distancia, completamente incapaces de “resistir” nada.
Con su cabello azotando a su alrededor, Tiona y Tione desaparecieron del campo de batalla.
--Lo logramos… ¡Ups!
Dijo Mikoto, luchando por mantener su <Velo Reverso> mientras la poderosa contracorriente lo empujaba hacia arriba.
Los Xenos aclamaron.
--¡Apresúrense, no están fuera de combate! ¡Regresarán antes de que te des cuenta! Les gritó Welf.
Al igual que <Hien>, <Fubu> no podía matar o herir. Simplemente creaba un fuerte viento. Le faltaba incluso el poder de lacerar a sus víctimas, y siempre que se usara correctamente, no infligiría heridas. En el instante en que Tione y Tiona cayeran al suelo, lo más probable es que corran de vuelta hacia sus oponentes en un ataque de furia.
Pero Fels no pudo evitar dejar escapar un grito, incluso mientras Welf instaba a los Xenos a seguir.
--¡Derrotaste a Aventureros de Primera Clase!
Mikoto pudo haber hecho un amplio uso de la espada y el velo mágico, pero a pesar de eso se había expulsado a las hermanas, y Fels la elogiaba por ello.
¡Y ahora…!
Mientras los Xenos continuaban avanzando, el Mago se sentía seguro de sus posiciones.
El hecho de que <Amazon> la Acuchilladora y <Jormungand> los interceptaron probablemente era el resultado de un error de cálculo por parte de la <Familia Loki>. Con guardias apostados en todo el Distrito Laberinto, así como en las puertas de <Knossos>, pocas tropas podían moverse sin obstáculos—y mucho menos la <Princesa de la Espada>, quien estaba pegada a Bell, y Finn, quien estaba atado al mando de la operación.
El camino subterráneo a <Knossos> estaba cerca ahora. Si las cosas continuaban así, Fels creía que saldrían victoriosos. Pero justo en ese momento—
-- ——
El Mago vestido de negro vio una sombra solitaria cruzar el cielo.
× × ×
--¡Lo siento, Capitán!
Era más temprano en la noche, y en la sede de la <Familia Loki>, Raúl Nord se inclinaba servilmente. Finn le daba la espalda a Raúl mientras miraba hacia la sección oeste de la Calle Dedalo, que ahora era un campo de batalla.
--¡P-Por mí, la formación de batalla fue destruida…! ¡Pero el falso capitán se parecía a ti! Quiero decir que podría haber sido tu gemelo. ¡Dos guisantes en una vaina! ¡Es por eso que no vi a través de él…! ¡Oh, geez, realmente lo siento mucho!
--No hay nada que hacer al respecto ahora, y no tengo tiempo para hacerte tomar la responsabilidad. Solo responde mis preguntas, Raúl.
Con eso, Finn comenzó a cuestionar tranquilamente a su pálido y tembloroso subordinado.
--¿Mi impostor te preguntó algo?
--¿Huh?
La pregunta confundió a Raúl. Buscó en su memoria.
--Uh… dijo que habían visto monstruos en el sur y me dijo que moviera la unidad… y luego, estoy bastante seguro de que después de eso me preguntó dónde estaban los guardias en <Knossos>.
--Ya veo… Buen trabajo, Raül. Has confirmado mis sospechas.
Ignorando al desconcertado Raúl, Finn continuó como si recitara un monólogo.
--Nuestros oponentes fueron tan lejos como para hacerse pasar por mí para descubrir dónde estaban ubicados los guardias en <Knossos>… No quiero creerlo, pero no hay otra explicación. Deben tener el <Diario de Dédalo>.
Si ese fuera el caso, entonces todo lo que tenían que hacer una vez que supieran las ubicaciones custodiadas por la <Familia Loki> era seguir el plano de <Knossos> a una de las entradas desprotegidas, evitando todo contacto con la <Familia Loki>.
--No tiene sentido que vigilemos las puertas subterráneas. Raúl, ya he llamado a la mitad de las unidades de guardia y les dije que esperaran en la superficie. Llévales este mensaje.
--¡Sí señor!
Finn miró directamente al campo de batalla mientras hablaba.
--Envía a Gareth.
× × ×
De vuelta en el presente, la sombra que Fels había visto acercarse levantó el arma en su mano hacia el cielo.
-- ——
Era una enorme Hacha de Batalla.
La figura que la sostenía era un poderoso guerrero Enano, su manto ondeaba en el aire frío de la noche que había descendido después de la lluvia.
Mientras Fels observaba al guerrero anciano desplomarse hacia abajo, con los ojos hinchados ferozmente, el Mago arrojó las apariencias al viento y dejó escapar un penetrante grito.
--¡¡Corran!!
Un instante después, el guerrero aterrizó.
--¡Yaaaah!
Balanceó su Hacha de Batalla hacia abajo, rompiendo el pavimento de ladrillos negros.
--“ “ “ “ “¡Gaaaaaaaaaaarrrrrrrhhhhh!” ” ” ” ”
El golpe de Gareth rebotó y cayó como un meteorito, explotando en el centro de la línea de Xenos.
Inmediatamente, Fels lanzó una onda de choque. Los Xenos no resultaron heridos, pero la fuerza combinada del golpe y la onda de choque fue lo suficientemente fuerte como para pulverizar la tierra y derribarlos. Nadie quedó en pie—ni Welf, ni Mikoto, ni Wiene. El sonido de la tierra retumbante se mezcló con los gritos de los monstruos, la mayoría de los cuales habían sido lanzados contra las paredes.
Las grietas dividieron el pavimento de piedra y fisuras corrían por los lados de los edificios, haciendo que las paredes se estremecieran.
--Supongo que me dejé llevar. Tendré que pagar por ellos.
Dijo Gareth, reajustando su casco. Balanceando su Hacha de Batalla sobre su hombro, se echó a correr. Se estaba acercando a Fels, quien estaba pegado a la pared.
--¿¡…!?
Gareth había deducido que la figura vestida de negro era una especie de comandante de los monstruos y prudentemente puso su mirada en el líder del grupo. La despiadada Hacha del Enano cortó a través del aire hacia Fels. En el instante antes de que golpeara, una Espada Larga y una Cimitarra la golpearon.
--¡Yaarrhh!
--¿Huh?
El costado de la espada golpeó el Hacha, la desvió de su curso y enviándola a estrellarse contra la pared directamente al lado de Fels.
Incluso mientras presionaba sus propias heridas, Lyd se abalanzó sobre Gareth, y ahora inmediatamente levantó su arma para cortarlo con un segundo golpe. Pero Gareth saco su Hacha de la pared primero y, con los ojos entrecerrados, clavó la empuñadura en el peto del Hombre Lagarto.
--¡Ooof!
El enorme cuerpo del monstruo voló hacia atrás tan fácilmente como si fuera una pluma, rodando sobre el pavimento de piedra agrietada. Fels empujó ambas manos y liberó una onda expansiva a quemarropa, pero el guerrero Enano rápidamente saltó a un lado, evitándolo con éxito.
¡¡OHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
La orden de la Gárgola resonó a través del aire, y en el siguiente instante los Xenos se lanzaron hacia Gareth al mismo tiempo. Se habían dado cuenta de que tenían que tratar con este demi-humano si querían escapar.
Tosiendo violentamente de todo el polvo, Welf y Mikoto comprobaron que aún eran invisibles y miraron la batalla con terror.
Más de diez Xenos rodearon al Enano, pero aun así logró mantenerlos a raya, abrumando a sus oponentes con su gran fuerza. Usando su Hacha, cortó el punzante cuerno del Unicornio y la cola azotándose de la Lamia, antes de mandar a volar al Troll con un feroz golpe de su puño envuelto por su guantelete. Incluso el Hombre Lagarto y la Gárgola, que eran los más fuertes del grupo, fueron derrotados en cuestión de segundos.
La escena era una repetición exacta de la que se había desarrollado cinco días antes en el Distrito Laberinto. El Aventurero Lv. 6 abrumadoramente poderoso estaba derrotando a los monstruos. Lo más aterrador de todo era que la intensa presencia del Enano que estaba frente a ellos, era incluso más aterradora que la de las hermanas Amazonas o el Hombre Lobo.
-- —¡Aaah!
Con todas sus fuerzas, Rei lanzó una onda de sonido.
El extraño chillido atrapó a Gareth desprevenido. Por primera vez, su agilidad mental notablemente no Enana se embotó por un instante. Welf y Mikoto, quienes habían estado inmóviles hasta ese momento, se dieron cuenta de que esta podría ser su única oportunidad de actuar.
--¡…!
Gareth esquivó la ventisca que el <Hien> de Welf sacó de la anda, pero la ola de aire gélido que Mikoto lanzó un momento después congeló una de sus piernas. Manteniéndose firmes, Welf y Mikoto desataron un segundo ataque contra el Enano atrapado.
El Aventurero de Primera Clase fue encarcelado en un mundo de vientos congelantes, hielo y escarcha. Pero en el siguiente momento, dejó a Mikoto sin palabras.
¿¡Qué!?
Welf no podía creer lo que veía.
¿¡Esto es una especie de broma!?
--¡¡Uraaaaaaaaaa—!!
El poderoso guerrero Enano estaba decidido a luchar, fueran cuales fueran las consecuencias.
Con el cuerpo todavía congelado, atravesó la armadura de hielo con pura voluntad, levantó el Hacha en su mano y la oscilo violentamente a su alrededor. Los Xenos se precipitaron hacia él, boquiabiertos, pero fueron arrojados hacia atrás.
Welf y Mikoto se acercaron a su punto ciego y lanzaron oleadas tras oleadas congelantes. No se detenía. Sin importar que la mitad de su cuerpo estuviera congelado y cubierto de escarcha. Era un Aventurero solitario, pero no podían detenerlo.
Un momento después, un crujido a travesó el aire.
--… ¿¡…!?
Como si hubiesen sido derrotadas en su batalla de voluntades contra el Enano, las <Espadas Mágicas> se desmoronaron. El uso excesivo las había destruido. Welf y Mikoto se quedaron sin palabras mientras veían los fragmentos de las Dagas color turquesa desmoronarse entre sus dedos.
--¡Gareth-san!
--¡Captúrenlos! ¡Derrótenlos!
Como para limpiar su desgracia, los refuerzos de la <Familia Loki> habían llegado. Aventureros de Clase Alta de ambos sexos entraron desde los callejones que conducían a la Calle Principal, desde los techos de los edificios y desde las cuatro direcciones.
--¡Es hora de usar estos!
Desde la manga de la túnica negra de Fels aparecieron varias esferas negras, que el Mago esparció por la calle.
Cuando las esferas se rompieron, humo negro se elevó en la amplia avenida. Era el mismo velo de humo que Fels había utilizado cinco días atrás para ayudar a los Xenos a escapar: <Niebla Negra>, un Ítem Mágico. Era una estrategia de último recurso para evitar que los Aventureros se comunicaran entre ellos. La <Niebla Negra> al instante convirtió la calle en una maraña de Aventureros y monstruos luchando ciegamente contra cualquier cuerpo en movimiento, el aire se llenó con sus gritos confusos.
Mierda, esto es malo. ¿¡Qué debo hacer!?
Lanzas y garras se materializaban desde las profundidades de la niebla y asediaron a Welf, su invisibilidad no estaba protegida del caos. Estaba a merced de su propio corazón latiendo salvajemente.
La palabra aniquilación nadaba en su mente, agitando sus pensamientos en caos. Sería casi imposible que los Xenos se recuperaran y escaparan de esta loca batalla cuerpo a cuerpo. Por lo menos, tenía que hacer algo con Gareth.
Welf había perdido a <Hien>. Mikoto todavía tenía a <Fubu>, pero si lo usara para eliminar esta neblina negra, tanto los enemigos como sus aliados se verían arrastrados por ella, y cuando el aire se aclarará, Gareth estaría esperando una vez más para pisotearlos. Si los otros miembros de la <Familia Loki> se unieran a él, el destino de los Xenos seria ser eliminados ahí mismo. Y Lili probablemente tampoco podría ir a su rescate.
¿¡Debería usar eso…!? ¡Pero si lo uso ahora…!
Welf miró su cintura.
En lugar de su Espada Larga habitual, su cinturón tenía una <Espada Mágica>. Mientras miraba la hoja desnuda, que era de un color turquesa más profundo que el de <Hien>, una feroz lucha interna lo atormentó.
Ya había desperdiciado unos preciosos segundos en este conflicto mental cuando escuchó una voz familiar.
--¡Haha! ¡Esta es una verdadera fiesta!
Trozos de hielo llovieron desde el cielo hacia la calle.
--¿¡Huh!?
Welf podía escuchar el crujido de la calle congelándose, los gritos del Enano y de los otros Aventureros, y a través de la bruma, estaba seguro de poder ver una poderosa ráfaga de nieve.
Mientras estaba allí desconcertado, una figura aterrizó con un *Thud* directamente frente a él.
--Uh… ¿Tsubaki?
--¿Huh? ¿Es Welfy a quien escucho?
La chica tenía la piel morena, cabello negro atado detrás de su cabeza y un parche sobre el ojo izquierdo como el que llevaba su Diosa Principal. Vestida con un hakama rojo brillante y ropa de combate, recordaba a un esgrimista del Lejano Oriente. Sus características atractivas, pero de alguna manera peculiares indicaban una mezcla de sangre Enana y humana.
Tsubaki Collbrande, Capitana de la <Familia Hefesto>. Al ver a esta inesperada intrusa, Welf se quitó el velo y se reveló a sí mismo.
--¿¡Qué estás haciendo aquí!?
--Mi Señora me suplicó que los ayudara. Tambien escuché sobre los Zenoes o como los llames. ¡Parece que te has enredado en algo muy interesante, Welfy!
El semi-enana explicó simplemente con una sonrisa petulante. Al igual que Naaza de la <Familia Miach>, ella había venido a ayudar a Welf y a los miembros de su <Familia> en su intento de salvar a los Xenos.
Welf no estaba del todo contento de que Hefesto le hubiera contado a Tsubaki sobre los Xenos, a pesar de que podía imaginar por qué. Desde la perspectiva de Hefesto, a quien Tsubaki veneraba, decirle a la chica debió haber parecido que no causaría problemas. Pero Welf odiaba la idea de que esta Aventurera hedonista supiera de su situación.
Totalmente inconsciente de los pensamientos de Welf, Tsubaki levantó su <Espada Mágica>.
--Parece que ambos tuvimos la misma idea, ¿Huh, Welfy? De todos modos, déjamelo a mí. Me mantendré fuera de la vista y los acabare con esta <Espada Mágica>. ¡Haha, tengo armas saliendo de mis oídos!
Welf siguió la mirada de Tsubaki a su paquete de armas colgando descuidadamente sobre su repugnante hombro.
--¡Solo quieres probar tus <Espadas Mágicas>!
Gritó furioso, olvidando dónde estaba debido a los motivos ulteriores de la maestra herrera.
Tsubaki era una artesana tan pura y excéntrica que a veces descendía a los Pisos Profundos del Calabozo solo para ver qué tan bien funcionaban sus creaciones. Esta pasión insana también explicaba su habilidad como herrera y su verdadera destreza en la batalla, con lo cual obtuvo el apodo de <Cíclope>.
--No seas estúpido. ¿No corrí en tu ayuda sabiendo muy bien que la <Familia Loki> me odiaría por eso? ¡Haha!
¡Me voy! ¡Aquí voy!
--¡Justo como lo pensé; estás disfrutando esto! Por cierto, si te vuelves loca con tus ataques, la <Familia Loki> va a—
--¡¡Hahaha!! ¿Crees que ese Enano va a caer por esto? ¡Todos los líderes de la <Familia Loki> son monstruos!
Hablando con precisión, parecía solo estar tras Gareth. Tomando ventaja del velo de humo, Tsubaki oscilo al azar su <Espada Mágica> en el aire. El caótico campo de batalla hacía que Welf se sintiera incómodo, y tenía un dolor de cabeza insoportable. Después de unos minutos, Tsubaki encontró su <Espada Mágica> desmoronándose.
--Eh, parece que esta alcanzó su límite. Todavía hay margen de mejora, diría. Dijo, sacudiendo la empuñadura vacía.
Al momento siguiente, su humor cambió, y miró de reojo a Welf a través de su ojo derecho entrecerrado.
--¿Y? ¿Por qué estas espaciando? ¿Esa Espada Larga en tu cintura es una decoración?
--… ¡…!
--¿Para qué la trajiste, tonto? ¡Pon esa cosa en uso!
La Herrera de Clase Alta parecía ridiculizar a Welf, o tal vez regañarlo.
--¿No viniste aquí para salvar a los chicos Zenoes? ¡Mientras te quedas ahí temblando, los monstruos se convertirán en una pila de cenizas humeantes!
--… Si uso esto, incluso un Aventurero de Primera Clase podría—
--¡Idiota!
Tsubaki eliminó las preocupaciones innecesarias de Welf con una sonrisa.
--Te lo dije antes, esos tipos son monstruos. Una pequeña <Espada Mágica> bebe como esa no los derrotara tan fácilmente.
Tsubaki dirigió su único ojo hacia Welf como si le dijera que no tenía tiempo que perder preocupándose por el bienestar de sus oponentes. El no pudo encontrar nada que decir en respuesta.
En cambio, frunció el ceño y agarró la empuñadura de su Espada Larga, preparándose para la batalla.
--… Es difícil encontrar al enemigo en toda esta niebla.
--Seré tus ojos. Prepárate.
Tsubaki no solo era una maestra herrera sino también una Aventurera Lv. 5. Podría defenderse contra cualquier Aventurero de Primera Clase. Welf frunció el ceño ante esta súper mujer que podía sentir la presencia de su oponente especialmente bien en el caos actual, desenvainó su espada y tomo una posición de combate.
--Dos en punto. Sí, allí mismo. Están en guardia, pero no hay nada de qué preocuparse—no con tu vieja y tonta
<Espada Mágica>.
--¿Algún Xenos en la línea de fuego?
--No, nada de qué preocuparse. Ahora es el momento—hazlo.
Dijo Tsubaki, deslizándose detrás de él y empujando su dedo en su espina dorsal. “Idiota”, murmuró Welf.
Luego oscilo la espada turquesa oscuro desde arriba de su cabeza.
--¡Hiyo!
Con un chirrido agudo y parecido a un pájaro, se materializó una oleada de hielo y viento.
El témpano azul turquesa barrió la neblina negra como las alas extendidas de un ave de rapiña gigante. Congelando instantáneamente el pavimento de abajo, su pico afilado buscaba víctimas. La furiosa tormenta de nieve desencadenada por <Hiyo> superó con creces todo lo que el <Hien> había producido. Incluso Gareth miró con los ojos muy abiertos la ventisca y quitó el escudo de debajo de su manto, forzado por primera vez a tomar una postura defensiva.
Parado de forma protectora frente a los Aventureros cerca de él, el Enano tomo la peor parte de la ventisca embravecida y el hielo crujiente.
--¿¡G-Gareth-san!?
--... Parce tener la misma fuerza que la Magia de Riveria. Eso causo un poco de daño.
Todo el lado izquierdo de Gareth, incluido el escudo que empujó delante de él, estaba congelado. Tenía la barba incrustada en hielo y tenía el rostro congelado, pero el poderoso guerrero Enano se rió sin miedo.
--¡Ustedes, den un paso atrás!
Les dijo a los otros Aventureros, escondiéndolos detrás de su espalda mientras convertía su cuerpo en una pared contra el segundo bombardeo de hielo y nieve.
--¡Hey, mira, está vivo!
Tsubaki se rió.
--Cállate. Hestia-sama, ¿Puedes escucharme? Replicó Welf, sacando su <Occulus>.
《Sí, estoy aquí. ¿Qué pasa, Welf-kun?》
--¡Los mantendremos aquí de alguna manera! ¡Dile a los Xenos que sigan adelante!
La <Niebla Negra> se mantenía obstinadamente a pesar de las repetidas ventiscas de nieve. Welf había decidido que podía usarla para ocultar su presencia mientras luchaba, y por eso le pidió a Hestia que enviara su mensaje a Fels. Mikoto debió haberlo escuchado, porque su voz regresó a través del <Occulus>.
《¡Lo tengo!》
En ese momento, escuchó el rugido del Hombre Lagarto. Welf podía sentir a los monstruos esparcidos a su alrededor responder al comando para seguir adelante. Y luego, los Aventureros persiguiéndolos. Maldiciendo su incapacidad para contenerlos, Welf continuó oscilando su <Espada Mágica> en la dirección que Tsubaki le decía.
¡Solo tenemos que mantener a ese Enano clavado aquí!
El camino donde estaba Gareth se había convertido en un río de hielo. Habían detenido al Aventurero de Primera Clase.
× × ×
En las afueras del suroeste de la Calle Dedalo, Hestia sudaba nerviosamente. Junto a ella, Haruhime se había puesto pálida.
--Oh, esto es malo. ¡Esto es realmente malo…!
--¡Sí! ¡Es horrible!
A raíz del feroz ataque de la <Familia Loki>, los nombres de los Xenos estaban dispersos por el Mapa Mágico. El enemigo había arruinado sus posibilidades de llegar a la zona central del Distrito Laberinto.
Como para dan a entender el triste mensaje, Hestia vio un símbolo solitario que se alejaba del grupo.
--¡No, Wiene-kun! ¡No puedes ir por ese camino! La chica dragón estaba corriendo por su cuenta.
× × ×
Wiene estaba corriendo.
Algunas de sus escamas habían sido arrancadas, y sangre carmesí se filtraba por los espacios. Ella agarró su brazo izquierdo herido y se sumergió en la niebla negra.
El humo de Fels se había desbordado en la Calle Principal y llenaba los callejones que la rodeaban como una telaraña. La espesa niebla que borraba las estrellas probablemente era visible desde cualquier punto de la Calle Dedalo.
Si Wiene se detuviera en la niebla, los Aventureros la rodearían. Ella lo sabía. Y sabía que incluso ahora corría cada vez más lejos de los otros Xenos.
Pero no podía detener sus pies.
¡Ellos… vienen…!
Flechas volaban hacia ella incesantemente, rozando la capucha de su túnica y sus orejas puntiagudas. Arqueros de la <Familia Loki>. Aterrorizada por los proyectiles que volaban para matarla, dio vuelta en una esquina. Los diabólicos perseguidores de la chica dragón se acercaban.
--*Huff, Huff*…
Wiene luchó para encontrar su camino a través del Distrito Laberinto. No tenía un <Occulus> con ella, por lo que no podía recurrir a la Diosa en busca de ayuda. Los edificios de ladrillos negros se extendían tan lejos como podía ver, convirtiendo las calles en cañones. Innumerables callejones laterales se bifurcaban como fisuras, atrayendo a la chica en el abismo de niebla.
Finalmente, Wiene salió de la densa niebla que bloqueaba su visión.
--¡…!
Emergió en una escena de ruina. Los ladrillos negros habían cedido el paso a antiguos adoquines rodeados por grupos de edificios de forma extraña y desmoronados que Dedalo había diseñado años atrás. Cada pocos minutos, los temblores y ruidos del campo de batalla desprendían una lluvia de arena y fragmentos de piedra.
La escena sugería que, en su confusión, Wiene había cruzado la frontera de la sección occidental del Distrito Laberinto y había ingresado a la sección noroeste. Se detuvo por un momento y miró a los caminos más anchos y ligeramente menos complicados.
--¡Ahí está! ¡La encontré!
--¡…!
Ante el sonido de los gritos de los Aventureros, Wiene salió corriendo nuevamente. Evadiendo la lluvia de flechas, dio vuelta en una esquina. Con su piel de color blanco azulado y escamas cubiertas de sudor y su cabello azul plateado enredado bajo su túnica, Wiene se lanzó desesperadamente hacia adelante, aferrándose a una esperanza invisible.
Pero.
-- ——
Como para aplastar el deseo del monstruo, la luz de las estrellas iluminó una figura a lo lejos. Wiene dejó de respirar.
Llegue hasta aquí de alguna manera, pero…
Los pies descalzos de la mujer de piel morena estaban firmemente plantados en el techo de un edificio, y tenía una increíble espada de doble filo sobre su hombro—una Amazona.
Era Tiona Hiryute.
¿Por qué—?
Wiene la reconoció como una amenaza. No podía entender cómo una del par que Mikoto había mandado a volar antes podría estar parada ante ella ahora.
--Bueno, supongo que, dado que encontré a uno, será mejor que haga algo al respecto. La Amazona murmuro para sí misma.
Tiona realmente no sabía por qué había terminado en este lugar. Si tenía que decirlo, probablemente era porque había visto la niebla negra arrastrándose hacia el noroeste.
Una vez que finalmente aterrizó en el suelo después del tornado de Mikoto, había regresado al campo de batalla con Tione, quien estaba loca de rabia. Pero cuando vio la niebla negra extendiéndose hacia el noroeste, Tiona cambió de dirección.
El lado sur todavía estaba bien. Los únicos allí abajo eran Aventureros. Pero había escuchado que todavía había algunos ciudadanos en el lado norte del Distrito Laberinto que no habían logrado evacuar. Sus instintos le decían que las cosas podrían ponerse feas si trataban de dirigirse a las afueras a través de la niebla, y eso la había llevado a seguir la nube hacia el noroeste.
--Me encargaré de este.
Se dijo para sí misma.
Cuando Wiene vio que Tiona tomaba su espada de doble filo con una mano, se precipito en la dirección opuesta.
Por toda su juventud e inexperiencia, la chica dragón podía sentir que estaba en una situación desesperada. Mientras colisionaba con los perseguidores de la <Familia Loki>, toda esperanza desapareció de su rostro. Saltó a una intersección mientras los Aventureros y Tiona se acercaban a ella desde ambos lados.
¿Huh?
Un niño pequeño estaba parado cerca de ella.
¿Un niño… humano…?
Era un semielfo pálido y joven, que abrazaba a un gatito contra su pecho.
Wiene vio su propio reflejo en las pupilas del niño. Sus ojos ámbar asomándose desde la capucha oscura y, por encima de ellos, como una gota de sangre en su frente, su brillante tercer ojo. La visión de su rostro de monstruo envuelto en oscuridad seguramente sería suficiente para petrificar a cualquier niño pequeño.
Wiene dudó por un momento mientras enfrentaba al niño aterrorizado. En ese momento, escuchó una fuerte explosión desde la dirección del campo de batalla que sacudió la tierra.
Un instante después, dio paso a un poderoso rugido.
De repente, uno de los edificios que se alzaba sobre la cabeza del niño se inclinó hacia adelante y comenzó a derrumbarse.
× × ×
--¿¡Ruu!?
Gritos estallaron en las bocas de Lai, Fina y María como si sus pechos se abrieran de golpe.
--¿¡Ouka!?
--¡Ya viene—!
Cuando vieron que el edificio se inclinaba hacia adelante en el lado oeste de la intersección, Chigusa y Ouka se lanzaron a la calle con sus armas en la mano.
Habían llegado a la esquina justo un minuto antes, todavía buscando al niño que había regresado corriendo solo al orfanato. Habían sentido una oleada de alivio cuando divisaron al semielfo en el lado este de la intersección. Eso fue inmediatamente antes de la explosión.
--¿¡Tiona-san!?
--¡Oh, no!
Ouka vio al monstruo con la túnica rota corriendo a una velocidad aterradora en la intersección, el niño congelado en su lugar y los sorprendidos miembros de la <Familia Loki>. Entonces notó que el ruinoso edificio caía hacia la intersección.
¡¡No lo lograre!!
Dentro de su corazón, Ouka gritó en silencio ante el horrible desastre a punto de ocurrir.
× × ×
Ah…
Era una escena familiar para Wiene.
La montaña de ladrillos cayendo sobre la cabeza del chico. En aquel entonces, habían sido cajas que caían de un carro tirado por caballos.
Solo deberías dejarlo allí.
Le susurró el corazón temeroso de Wiene.
Las personas gritarán y te arrojarán piedras. Todos te odiarán, la tristeza te abrumará, y tu corazón se debilitará, y tus días pasarán en lágrimas miserables.
Pero—
Wiene le hizo una pregunta a su corazón.
Pero, aun así, Bell me salvó, ¿No?
Ella había escuchado de sus hermanos sobre la difícil situación del chico. Era su culpa que incluso ahora enfrentara hostilidad y malicia por todos lados. Cuando Wiene se enteró de eso, comenzó a llorar y sintió una opresión en el corazón.
Bell había salvado a Wiene a pesar de que sabía que las personas le arrojarían piedras.
El corazón temeroso de Wiene no tenía nada que decir en respuesta. En cambio, suavemente la instó a continuar.
Al momento siguiente, el calor en el dedo empujándola hacia adelante irrumpió a través de su piel y su bata y se convirtió en un ala nueva.
-- —¡¡…!!
El potencial de un dragón convirtió el cuerpo de Wiene en una flecha de plata azulada que se acercaba al niño.
Extendió su ala para bloquear la montaña de ladrillos que caían, usando su cuerpo para presionar al chico semielfo hasta el suelo.
--¡¡Ruu!!
Los escombros que se derrumbaban ahogaron los gritos de los otros niños.
El sonido de la avalancha de escombros envolvió la intersección mientras una cascada de piedra descendía.
En el momento en que la avalancha había disminuido, una enorme nube de polvo se había elevado de los restos, y toda el área estaba llena de trozos irregulares de piedra.
--… Ah.
Wiene y el niño estaban en el centro de este edificio derrumbado.
El chico estaba boca arriba en el piso, y la <Vouivre> estaba presionando sus manos contra su rostro mientras lo miraba fijamente a los ojos.
Su ala extendida no había sido capaz de bloquear todos los escombros. Sangre goteaba de su cabeza sobre la mejilla del chico.
-- —¡Dispárenle!
--¿¡…!?
Una flecha rebotó en el ala de Wiene.
¿Cómo les había parecido esta escena a aquellos que la vieron desarrollarse? Al menos para María, los niños y los miembros de la <Familia Loki>, parecía que el monstruo había atacado al niño con su temible ala y, por casualidad, los escombros habían caído sobre su cabeza.
Wiene bajó la vista cuando un grupo de airados Aventureros se acercaba más allá del polvo que se asentó. Se levantó del lado del niño y comenzó a correr. Un momento después, María, los niños y otros miembros de la
<Familia Loki> se apresuraron a tomar su lugar al lado del niño.
--¡Iré tras ella! ¡Ustedes protejan a los niños!
Gritó Tiona a los Aventureros, levantando su espada mientras corría detrás del monstruo.
--¡Lo tengo!
María, Lai y Fina abrazaron al aturdido Ruu, quien estaba agarrando al gatito con fuerza.
--¡Oh, Ruu! ¡Ruu!
--¡Idiota! ¿¡Que estabas haciendo!?
--Ruu, ¿Estás bien?
María, Lai y Fina lloraban.
--No, están equivocados… Madre, Lai, Fina.
Susurró débilmente mientras lo abrazaban. Una gota de la sangre del monstruo goteó por su mejilla como una lágrima.
--Onii-chan… estuvo en lo cierto todo el tiempo.
El niño semielfo miró hacia el cielo azul oscuro mientras su madre adoptiva lo abrazaba. Sus labios temblaban mientras veía la luna que brillaba tenuemente más allá del polvo asentándose. Los sollozos del niño resonaron a través de las ruinas.
A unos pocos pasos de distancia, Ouka y Chigusa estaban inmóviles.
--Ouka… ¿Qué acaba de pasar?
--¿El monstruo lo protegió? ¿Protegido a un niño…?
Ambos habían estado parados inmediatamente al lado de Wiene mientras se desarrollaba la escena, y habían visto todos los detalles que María, los niños y los miembros de la <Familia Loki> no habían visto desde su posición detrás de la <Vouivre>. Ahora intercambiaron susurros confusos sobre lo que habían presenciado.
Sus palabras se desvanecieron, y miraron hacia la calle donde Wiene había desaparecido.
× × ×
A corta distancia de la intersección, dos pares de pasos resonaban en un callejón estrecho iluminado por Lámparas de Piedra Mágica desgastadas por el tiempo.
Tiona solo tardó unos momentos en alcanzar a Wiene quien huía.
--¡Aquí vamos!
--¿¡…!?
La Amazona hábilmente oscilo hacia abajo su espada de doble filo, bloqueando el camino de retirada de Wiene.
Aunque la espada no golpeó a la chica dragón, sus delgadas piernas colapsaron por la fuerza del impacto y la ráfaga de viento de la rápida oscilación de su arma. Tiona no desperdició esta oportunidad para levantar su espada en preparación para otro ataque.
Ah…
Wiene ni siquiera tuvo tiempo de proteger su cuerpo con su única ala. Incluso si lo hubiera hecho, la espada la habría ensartado, con alas y todo. En el último instante, mientras la Amazona se acercaba a ella, cerró los ojos con fuerza.
--… ¿…?
Esperó y esperó, pero el penetrante empuje de la espada no llegó.
Muy tímidamente, abrió los ojos. La enorme espada de doble filo estaba suspendida frente a su pecho. Cuando levantó la mirada, Tiona estaba parada allí silenciosamente con una expresión profundamente conflictiva en su rostro.
--Uhhh, errrrr, mmmm… ¡Sí!
Después de gemir y gruñir por un minuto, Tiona asintió y retiró su arma.
--¡¡Simplemente no puedo hacerlo después de todo!!
Arrojó la espada sobre su hombro. El arma masiva rodó por el suelo con un estruendo.
--¿Eh…?
La <Vouivre> susurro roncamente desde sus labios blanco azulados.
La mejor palabra para describir su expresión sería “aturdida”.
--Tú… lo salvaste, ¿Verdad? A ese niño pequeño. Wiene reaccionó con sorpresa.
--No sé si puedes entender lo que estoy diciendo… pero será mejor que te vayas rápido.
--Ah…
--No todos son idiotas de buen corazón como yo, ya sabes.
Tiona miró al monstruo. Wiene no sabía qué hacer, pero muy tímidamente, se levantó. Abrió la boca ligeramente como para hablar, pero en ese momento los retumbos de la batalla resonaron en el callejón, y se alejó corriendo.
Solo una vez, se giró para mirar a Tiona, luego desapareció.
Las Lámparas de Piedra Mágica parpadeaban en el callejón. Quedándose sola, Tiona recogió la espada que había tirado y lentamente levantó sus ojos al cielo.
--… Así es como debió haberse sentido Argonaut-kun… Sus palabras se desvanecieron en el nublado cielo nocturno.
--¡Tiona!
--Oh, hey, Tione.
Cuando salió del callejón, Tiona chocó contra su gemela. Tione frunció el ceño con enojo y se presionó cerca de Tiona.
--¿¡Por qué corriste sin decírmelo!? ¡Te estaba buscando!
--¿Viniste a buscarme? Pensé que estarías ocupada luchando en la Calle Principal.
--¡El Capitán nos dijo que nos quedáramos juntas! No voy a desobedecerlo, ¿Verdad? Y… ¿Qué hay del monstruo? Escuché que perseguiste uno aquí.
Tiona consideró mentirle a su hermana, pero decidió no hacerlo.
--Sí, lo dejé ir.
--¿¡Qué!? ¿¡No escapó; sino que deliberadamente lo dejaste ir!? ¿¡Estás loca!?
--¡Pero—!
--¡“Pero” mi culo! Estas son circunstancias únicas. ¿No escuchaste lo que dijo el Capitán?
--Pero, Tione, incluso tú sabes que esos monstruos son más que inteligentes…
--Hmph.
--Creo que son diferentes de los monstruos regulares. No siento algo negativo de ellos.
Le dijo a su hermana con franqueza, pensando en el Aventurero que había encontrado inconsciente pero no muerto.
Por un momento, Tione guardó silencio, como si supiera que Tiona había descubierto la verdad. Pero su enojo rápidamente resurgió.
--¡Cállate! ¡Acabare con ese minotauro negro sin importar nada! ¡Me voy de aquí!
--¡Solo quieres venganza!
Las hermanas corrieron una al lado de la otra, discutiendo mientras avanzaban.
× × ×
《Diosa Hestia, ¿¡Dónde está Wiene!?》
La voz de Fels estaba llegando a través del <Occulus>.
--¡Está en el noroeste, yendo más y más lejos! Gritó Hestia.
Estaba en su puesto en las afueras del suroeste de la Calle Dedalo. Mientras miraba hacia abajo al nombre de la chica dragón moviéndose constantemente hacia el norte a través del Mapa Mágico, Hestia podía sentir su corazón latir más y más rápido.
--¿¡Nadie puede ir a rescatarla!? Preguntó ella.
《Es imposible. ¡Los Aventureros están luchando duro…! ¡Si Lyd o alguien más se va, estaremos acabados!》
A través del cristal azul, Hestia podía escuchar a los monstruos rugiendo en una furiosa batalla. Frunciendo el ceño, pensó frenéticamente sobre qué más podrían hacer.
Si Fels-kun no puede ayudar, entonces los más cercanos a Wiene-kun son Welf-kun y Mikoto-kun… ¡No, eso también es imposible; están reteniendo a los Aventureros! ¡Y Ayudante-kun y Bell-kun están demasiado lejos!
Fels y los Xenos estaban luchando en la sección occidental, justo al borde de la zona central, y Mikoto y Welf estaban muy cerca. Lili estaba al este, y Bell se dirigía al sureste, provocando disturbios entre los Aventureros. Les sería difícil llegar a Wiene mientras huía hacia el noroeste.
Estaba claro que los Aventureros estaban persiguiendo a Wiene mientras se dirigía hacia el norte a través del Distrito Laberinto. Hestia sintió como cada avance de las manecillas en su reloj roto reducía más minutos de la vida de la chica dragón. Estaba perdida sobre qué hacer, cuando—
--¡Aaah!
--¿¡Haruhime-kun!?
La chica, que había estado en el techo de la torre con Hestia, había saltado por el borde.
Justo cuando su cabello dorado y su kimono carmesí desaparecieron en la oscuridad del Distrito Laberinto, el fuerte crujido de algo que rompiéndose resonó a través del aire. Presa del pánico, Hestia se asomó por el borde del techo. Muy por debajo, podía distinguir un agujero en el techo de un dormitorio y, debajo, la forma de la Renart tropezando como si hubiera rodado en el suelo.
-- —¡¡…!!
Haruhime había abandonado todo rastro de lógica o razón ante el pensamiento de que Wiene estaba en peligro, y literalmente saltó a la noche para encontrarla. Hestia también dejó de lado su indecisión, agarró uno de los
<Occulus> y gritó con todas sus fuerzas.
--¡Bell-kun! ¡Ayuda!
× × ×
《¡Wiene-kun se ha separado de los Xenos! ¡Y ahora Haruhime-kun ha ido tras ella!》
Oculto bajo mi velo, entre en pánico al principio cuando inesperadamente la voz de Kami-sama atravesó el
<Occulus>. Pero cuando escuche su súplica desesperada, la sangre se dreno de mi rostro.
--¿¡Wiene está sola!?
Ardiendo de ansiedad, me deslice en un callejón para alejarme de los gritos de los Aventureros.
¿Wiene estaba sola? ¿Y nadie puede llegar allí para rescatarla? La visión de la chica llorando sola era profundamente perturbadora. Mientras extendía un mapa de Orario en mi mente, sabía que estábamos en una situación horrible.
Yo estaba en el sureste. Wiene estaba en el noroeste. Estábamos tan lejos como podíamos el uno del otro. Si tomaba la ruta más directa hacia ella, correré directamente al campamento de la <Familia Loki> en el centro del Distrito Laberinto. Era imposible para mí pasar sin problemas, invisible o no. Pero un desvío alrededor de su campamento tomaría mucho tiempo. ¡Sin importar cómo lo pensara, sabía que no podía llegar a tiempo con mis propios pies!
Bueno, tal vez no con los pies que tenía ahora…
En el momento en que ese pensamiento cruzo por mi mente, le grite al <Occulus>.
--¡A Haruhime-san!
《¿Huh?》
--¡Por favor dime dónde está Haruhime-san!
Comencé a correr incluso antes de que Kami-sama me respondiera.
Al darse cuenta de lo que planeaba hacer, se quedó sin aliento, y entonces—como si hubiera tomado una decisión—me transmitió la información en el Mapa Mágico.
Me olvide de las acciones en secreto y me precipite por la calle. El calor de mi cuerpo se estaba acumulando dentro de mi velo, pero ni siquiera tenía tiempo para limpiarme el sudor. Abandonando mi papel de señuelo, salte y corrí a través de los techos irregulares.
¡Más rápido, más rápido! ¡¡De prisa!!
La voz de Kami-sama me guiaba mientras cruzaba la sección sur del Distrito Laberinto de este a oeste.
--¡Haruhime-san!
--¡¡Eeek!! Oh—¿¡Bell-sama!?
Haruhime-san había estado corriendo tan rápido como podía a través de los callejones mientras Kami-sama la guiaba. La alcance y sujete su mano, olvidándome de quitarme el velo. Mientras la llevaba a una vieja casa abandonada, ella adivino mi identidad, y su sorpresa se convirtió en llanto.
--¡Bell-sama! ¡Wiene-sama, Wiene-sama esta…!
Su mano temblorosa se aferró a mi ropa. Intente apoyarla mientras se derrumba, y ambos caímos de rodillas. Mientras lágrimas caían de sus ojos verdes sobre su kimono, tomé su mano de nuevo y la apreté.
--Haruhime-san—
Ella me miro y le pedí que hiciera lo que sería imposible por mi cuenta.
-- —por favor, ayúdame.
Salvaremos a Wiene juntos.
Sorprendida por la urgencia en mis ojos, Haruhime-san seco sus lágrimas y asintió. Mi mano derecha sujeto su mano izquierda, y su mano derecha tomo mi mano izquierda.
La hermosa Renart comenzó a cantar una canción de ilusión.
-- —<Crece.>
Su voz era clara y pura como el cristal.
Cerro los ojos y continúo cantando con su voz sonora.
--<Ese poder y ese buque. Mucha riqueza y muchos deseos. Hasta que la campana toque, por favor se glorioso e ilusorio.>
A medida que el Hechizo se desarrollaba, una luz dorada comenzó a brillar en la tenue habitación, iluminando mi rostro tenso.
-- —<Crece.>
Desde este momento, yo—no, nosotros—estaremos en gran peligro.
Quizás porque Haruhime-san también se dio cuenta de esto, sus manos temblaban a pesar de su suave y fluida voz.
--< Este cuerpo que come las ofrendas divinas. Esta luz dorada otorgada desde arriba. Alcanza el martillo y regresa a la tierra, por favor dale una bendición.>
Sus manos se aferraron a las mías mientras descansaban sobre mis rodillas, revelando su miedo por Wiene. Yo respondí con un apretón. Temblando bajo su kimono, pronuncio con fuerza la línea final.
-- —<Crece.>
Haruhime-san abrió los ojos y miro a los míos. Dijo el nombre del Hechizo.
--<Uchide no Kozuchi.>
La habitación se llenó de una luz brillante. Al mismo tiempo, un remolino de destellos rodeo mi cuerpo.
Me había dado un <Impulso de Nivel>, elevándome un Nivel con el poder de la Hechicería. La emoción de alcanzar el Lv. 4 corría a través de todo mi cuerpo, y deje escapar un grito de alegría.
Me volví a poner el velo, me levante—y cargue a Haruhime-san.
--¿¡Eh!?
No había forma de que un <Impulso de Nivel> fuera suficiente. Todavía necesitaba la ayuda de Haruhime-san, y no tenía intención de dejarla atrás. Estaba seguro de que ella lo sabía, pero sus mejillas se sonrojaron de todos modos—tal vez porque no esperaba que la cargara de esta forma.
Me sentía mal, pero no había otra opción. Ella solo tendría que soportarlo. Hice una comprobación para asegurarme de que tanto Haruhime-san como mi cuerpo brillante estuviesen completamente cubiertos por el velo, luego llevé mi boca a las orejas de zorro en mi pecho.
--Por favor, mantén el velo en su lugar.
Ella asintió. Como mis manos la cargaban, ella rodeo mi cuello con sus brazos y sujeto el <Velo Reverso> por mí. A través de la tela, los objetos del mundo exterior aparecían transparentes. Mire alrededor y me prepare para lo que estaba por venir.
-- —Nos vamos.
Una sola gota de sudor goteo por mi mejilla, y salí corriendo.
--¿¡Eeek!?
Haruhime-san trago un grito sorprendido a mi velocidad extrema de Lv. 4.
Volé a través de la puerta abierta de la vieja casa, salte por la calle triturando los adoquines y me eleve hacia el cielo nocturno.
Debajo de mí se extendía el Distrito Laberinto. Estaban las parpadeantes Lámparas de Piedra Mágica del campamento de la <Familia Loki>. Ahí estaba la sección occidental envuelta en niebla negra. Y estaba la parte noroeste, donde Wiene se había quedado sola.
Eche un último vistazo, luego deje que la gravedad me empujara hacia el techo de un edificio—y comencé a correr otra vez a toda velocidad.
--¿¡…!?
--¿¡Que es eso!?
A pesar de nuestra invisibilidad, no se podía evitar que las personas notaran que pasamos de largo. Éramos increíblemente rápidos, y estábamos levantando un viento que rugía ferozmente, y mis pies golpeaban los techos y las paredes. Los Aventureros de la zona miraron hacia arriba cuando me percibieron pasando a toda velocidad sobre sus cabezas.
Pero no importaba. Todo lo que podía hacer era ignorarlo. No tenía tiempo para nada más.
¡Tenía que llegar a Wiene lo más rápido que pudiera!
-- —¡¡…!!
Haruhime-san apretó mi cuello con fuerza mientras corría aún más rápido, tratando desesperadamente de sujetar el velo mientras el viento lo levantaba.
Saltando como un verdadero conejo a través de los techos irregulares, corrí por las calles, a veces incluso escalando altas torres en un solo aliento.
《¡Sí, sigue derecho justo así!》
El sonido del viento que pasaba a mi lado casi ahogo la voz de Kami-sama, pero logre seguir sus instrucciones y recorrer la ciudad por la ruta más corta.
El riesgo de que la <Familia Loki> nos detectara era extremadamente alto. Los miembros de Primera Clase de su <Familia> definitivamente podrían sentir mis movimientos.
Pero mi única opción era continuar.
Mientras corría con una velocidad impensable sin el <Impulso de Nivel> de Haruhime-san, me sentía como un Dios todopoderoso. Pero no había tiempo para intoxicarme con la gloriosa sensación de sus hermosos destellos de luz. Solo corría tan rápido como podía.
-- —¡Perdóname, Bell-sama! ¡¡A pesar de mi extraña posición actual, estoy profundamente feliz!! Dijo la temblorosa Renart, como si no pudiera evitarlo.
--¡Siento que escuché esas palabras antes! Grité en respuesta, sin pensar.
《¿Qué? ¡Esas son mis líneas, Haruhime-kun! ¡¡Voy a ir a tomar tu lugar!!》
Kami-sama dijo por alguna razón, y las cosas se volvieron un poco caóticas por un momento. Incluso mientras los tres nos gritábamos el uno al otro, continúe rasgando el aire de la noche.
Con toda mi energía enfocada en convertirme en el viento en sí, atravesé el Distrito Laberinto de suroeste a noroeste.
× × ×
Wiene avanzaba por los callejones.
--*Huff, huff*…
Su respiración entrecortada era una señal de lo cansada que estaba. No tenía idea de dónde estaba. Caminaba tristemente por los callejones, con su nueva ala oculta y su mano contra las paredes, confundida por la oscuridad.
Sus perseguidores parecían haber desaparecido, pero no podía calmar su terror ante los Aventureros fantasmas a quienes su miedo había sacado de la nada. Más que nada, una abrumadora soledad la atormentaba.
--…
Intentó desesperadamente evitar que sus labios profirieran ese único nombre.
No quería preocuparlo. Si lloraba, él comenzaría a preocuparse por ella de nuevo. Quería tranquilizarlo. Por eso intentaba controlar sus sentimientos.
Pero el tenue Distrito Laberinto erosionó su determinación. Por fin, el lamentable miedo que sacudía su cuerpo lleno de heridas saco lo mejor de ella, y buscó la sombra del pasado, esa irremplazable calidez.
--Bell…
Susurró su nombre tan débilmente que pareció derretirse en la oscuridad. Y algo sucedió.
-- —¡¡Wiene!!
Él respondió su oración.
--¡…!
--¡¡Wiene-sama!!
Cuando la <Vouivre> levantó la mirada en estado de shock, Bell y Haruhime se quitaron el velo y se materializaron de la nada, flotando desde el cielo azul oscuro.
Las lágrimas se desbordaron de los ojos ámbar de Wiene, y en el instante siguiente corrió hacia ellos. Ella voló a los brazos del chico y la chica que habían aterrizado en frente de ella.
--¡Bell! ¡Haruhime!
Sus brazos extendidos la rodearon.
--¡Oh, Wiene-sama, Wiene-sama!
--¡Wiene, es bueno verte…!
--¡Lo siento, lo siento, Bell y Haruhime…! ¡Gracias, los amo…!
Los tres difícilmente podrían formar una oración por todas sus lágrimas. Simplemente se abrazaron en un cálido abrazo. Wiene enterró su rostro en el pecho de Haruhime, y Bell se envolvió alrededor de ambas—la nueva ala de Wiene y todo.
--¿Vinieron a buscarme…?
--¡Hestia-sama nos dijo dónde estabas!
--¿Así que estás bien, Wiene? ¡Estoy tan feliz de que no hayas sido herida! Bell sonrió ante el rostro de Wiene, cubierto de lágrimas.
--… ¡Gracias, Diosa! Dijo.
Escucharon el sollozo desde el brillante <Occulus> azul en el guantelete de Bell, y la expresión de Wiene se convirtió en una sonrisa.
Después de abrazarse por unos minutos, Bell se apartó de Wiene y Haruhime.
--Vamos, no hay tiempo que perder. Tenemos que reunirnos con Lyd-san y los demás de alguna manera.
--¡Cierto!
Wiene y Haruhime asintieron, y partieron.
Por ahora, habían pasado más de cinco minutos desde que Bell se había reunido con Haruhime. Quería encontrar un lugar para renovar el <Impulso de Nivel>. Actualmente estaban en el nornoroeste del Distrito Laberinto. Sabía muy bien que ir al sur para encontrarse con los Xenos mientras esquivaba a la <Familia Loki> en el camino sería casi imposible. En el peor de los casos, tendría que servir de señuelo. Aun así, se llevó el
<Occulus> a los labios.
--Kami-sama, por favor dinos el cami—
El sexto sentido de Bell de repente hizo sonar las campanas de alarma internas.
--¡¡Oh, no!!
--¿Huh?
Fue prácticamente un milagro que pudiera acercar a Wiene y Haruhime y arrojar el <Velo Reverso> sobre los tres. En el instante en que se retiró a la oscuridad de un callejón sin salida—*¡Thwack!* Un par de botas de metal plateado se estrellaron contra el suelo.
La figura que las usaba tenía una chaqueta de piel gris alborotado y un intimidante tatuaje azul en un lado del rostro.
Bell, Haruhime y Wiene se quedaron sin aliento ante el joven Hombre Lobo que había descendido del cielo.
¡Es Bete-san…!
Como Bell temía, habían sido detectados.
Bete Loga había percibido el viaje imprudente de Bell y Haruhime por la ciudad. Desafiando las órdenes de Finn, el Aventurero de Primera Clase había abandonado el campamento de la <Familia Loki> para perseguirlos. Bell estaba horrorizado por la increíble velocidad del Hombre Lobo, que anulaba todas las posibilidades de que consiguiera otro <Impulso de Nivel> por parte de Haruhime.
--…
Bete estaba en el área abierta al final del callejón donde Bell, Haruhime y Wiene se escondían. Mientras escaneaba lentamente su entorno, los tres contuvieron la respiración y siguieron su mirada. El estruendoso martilleo de sus corazones se mezclaba tan fuerte que temían que los escuchara. En el otro lado del <Occulus>, Hestia palideció y trató de mantenerse completamente en silencio.
Una gota de sudor de Bell goteó sobre el cabello de Wiene.
-- —¡Salgan!
Con precisión y sin piedad, Bete había escaneado los numerosos callejones que se ramificaban en la plaza y determino el lugar donde Bell y los demás se escondían.
Se congelaron bajo su mirada, que los atravesó a pesar de su invisibilidad. El minuto que le llevó encontrarlos se había sentido como una eternidad, y ahora sus esperanzas se desmoronaban como la arena.
Los hombros de Wiene temblaron cuando Bete apuntó con sus pies en su dirección. Bell los apretó y se preparó para hacer lo único que podía: ir hacia Bete. Actuaría como señuelo mientras Haruhime y Wiene escapaban.
Pero el siguiente movimiento de Haruhime le impidió hacer eso.
¿Haruhime…?
Wiene levantó la mirada cuando sintió que alguien le acariciaba un mechón de cabello, y vio a la Renart sonriéndole. Haruhime se apartó suavemente del abrazo de la chica dragón y le envió una sonrisa fugaz al estupefacto Bell.
Su brazo extendido se encontró con el aire cuando Haruhime apartó el velo y se adentró en la oscuridad.
--¿Huh?
--…
Mientras los asombrados Bell y Wiene observaban, se quedó mirando directamente a Bete, iluminada por el cielo estrellado.
Su cola de zorro se estremeció cuando el Hombre Lobo la miró con recelo. Pero la escondió detrás de su espalda y le devolvió la mirada resueltamente.
--No puedes estar aquí sola. ¡Salgan, todos ustedes!
--Estoy sola.
--Deja de bro—
-- —¡¡Estoy sola!! Gritó.
Wiene saltó—nunca había escuchado a Haruhime hablar tan fuerte.
Sus cejas elegantemente arqueadas y sus decididos ojos verdes no mostraban signos de ceder a la peligrosa mirada del chico. Presiono sus manos contra su voluptuoso pecho y le gritó al joven Hombre Lobo de nuevo.
--¡Por favor muévete!
Bell entendió que ella no le estaba hablando a Bete, sino a él. La débil joven a quien había rescatado de un entorno tan depravado no se veía por ningún lado. De pie, de espaldas a ellos, era como una doncella sintoísta enfrentando con valentía a la calamidad, una hermana que protegía a su hermana dragón, una madre.
Ella rugió. La chica que siempre había necesitado ser salvada gritó ahora para salvar a quien amaba. Bell estaba asombrado.
--¡¡Ahora!!
El grito de Haruhime, junto con la visión de su resuelta espalda, impulsó a Bell hacia adelante. No podía dejar que su determinación se desperdiciara.
Se sacudió su angustia y retiró su mano del hombro de Wiene. Apretando los dientes con determinación, Bell arrastró a la chica dragón mientras ella miraba hacia atrás con lágrimas en los ojos, luego salió corriendo en dirección opuesta a Bete y Haruhime.
--... ¡Ni siquiera puedes pelear, así que deja de darme ordenes! Gruñó el hombre lobo.
Bete podía sentir las dos formas invisibles más allá de Haruhime desapareciendo en la distancia. Él pateó el suelo, con su pie raspando los adoquines. Mientras lo hacía, fragmentos de piedra rotos se dispararon como proyectiles hacia Haruhime, rasgando sus mejillas y su kimono. Ella arrojó su brazo frente a su rostro y tropezó, pero se contuvo antes de caer. Aun así, ella no se movió a un lado.
--Tch. Sal de mi camino.
Dijo Bete.
--No lo haré.
--Te aplastaré.
--¡No me moveré!
Cuando Bete se acercó a ella, ella extendió ambos brazos hacia los lados. Él entrecerró los ojos hacia la Renart, que todavía se negaba a moverse, y pateó el suelo. Se movió con una velocidad tan increíble que ni siquiera podía seguirlo con la mirada. En un instante, la sombra del Hombre Lobo estaba a sus pies. Mientras se quedaba congelada, Bete levantó la mano izquierda como para apartar una mota de polvo trivial. Estaba a punto de derribarla cuando—
-- —¡¡…!!
Su mano se detuvo en el aire. Estaba mirando los firmes ojos verdes de Haruhime debajo de su flequillo dorado.
--…
Su mirada estaba fija en Haruhime, tomando en silencio a esta chica que se negaba a apartar la mirada, incluso al borde de un golpe directo.
La tranquilidad cayó sobre ambos. A lo lejos, ambos Beastmans pudieron escuchar el débil sonido de los gritos de batalla. La extraña escena continuó hasta que Bete rompió el silencio.
-- —¡Debilucha!
Una brutal sonrisa creció en los labios del Hombre Lobo.
--Estás totalmente indefensa—pero aun así te has decidido, ¿Huh?
--¿¡…!?
La sed de sangre del Hombre Lobo estaba fuera de control. Los instintos de Beastman de Haruhime temblaron ante la abrumadora presencia de este lobo muerto de hambre. Estaba a punto de devorarla por el principio de que el fuerte debía consumir al débil.
Aun así, ella no se retiró.
Le devolvió la mirada mientras un humillante temblor finalmente se apoderaba de ella, con ambos brazos todavía extendidos.
--Tienes algo de agallas, ¿Huh?
En lugar de su puño bajado, su bota de metal izquierda se estrelló contra el suelo.
Su pie golpeó la piedra con un sonido astillado y una onda expansiva lanzó a Haruhime hacia atrás. Ella se dobló de dolor y gimió cuando su espalda fue golpeada contra la pared en la entrada al callejón.
La sonrisa de Bete contrastaba con sus duras palabras. La mitad era una burla condescendiente hacia la debilucha” y mitad disfrute.
Había aceptado a Haruhime como un enemigo. Reconoció que no solo era alguien sin importancia que apenas era digna de desprecio, sino un oponente con el que se encontraba en el campo de batalla.
Él sonrió porque había reconocido la determinación de la Renart.
--¡No te quedes ahí satisfecha de ti misma como una pequeña descarada! ¡Eres todo un espectáculo!
--¡¡…!!
Haruhime, quien había estado sufriendo bajo la corriente de abuso de Bete, levantó el rostro. Miró tan fuerte como pudo al Hombre Lobo sonriéndole perversamente y empujo ambas manos frente a su pecho como si estuviera presentando una ofrenda.
-- —<Crece.>
Ella comenzó a cantar.
--<Ese poder y ese buque. Mucha riqueza y muchos deseos. Hasta que la campana toque, por favor se glorioso e ilusorio.>
Era la única Magia que Haruhime conocía, y no tenía ningún uso como arma. Sabía muy bien que no podía dañar al poderoso Aventurero que estaba frente a ella, pero aun así continúo cantando.
-- —<Crece.>
Necesitaba un intervalo de alrededor de diez minutos entre los <Impulsos de Nivel>. Para cuando su extraño intercambio con Bete había terminado, habían pasado casi diez minutos, y cuando comenzó a cantar, la Magia saco aún más sus poderes.
--<Este cuerpo que come las ofrendas divinas. Esta luz dorada otorgada desde arriba. Alcanza el martillo y regresa a la tierra, por favor dale una bendición.>
Bete permaneció frente a ella a una ligera distancia, esperando en silencio hasta que terminara de cantar.
¿Esperaba por orgullo? No. Esperaba porque respetaba la determinación de la chica—el rugido de esta débil chica hacia el fuerte.
En el instante en que terminara, el Hombre Lobo la atacaría sin vacilación ni piedad. Justo antes de hacerlo, aplaudió.
-- —<Crece.>
<Uchide no Kozuchi>. Aunque Haruhime no había formado un Círculo Mágico, luz dorada destello antes de que el Hechizo tuviese efecto, lo que indicaba su naturaleza peculiar. Mientras el canto continuaba, la tenue neblina de Poder Mágico se concentró en una nube de luz, anunciando la presencia de una Magia tan poderosa que incluso la Diosa Ishtar había gemido bajo su fuerza.
Una nube de luz y un remolino de destellos dorados se elevaron sobre las cabezas de Haruhime y Bete. Al igual que la niebla negra que se extendía a través de la sección occidental del Distrito Laberinto, un tenue resplandor envolvía la zona nornoroeste donde estaban. Cualquiera que lo viera probablemente lo reconocería como una señal de que se estaba convocando el martillo sin mango hecho de luz.
Justo cuando Haruhime terminaba de cantar y Bete se inclinaba hacia ella, quien había escuchado las oraciones de la chica corrió hacia ellos.
--¡¡…!!
Bete se giró para mirar detrás de él y vio a una hermosa mujer con cabello negro como el carbón aterrizar firmemente en el suelo.
Era una Amazona armada con una enorme espada—Aisha Belka había llegado como respaldo.
--<Uchide no Kozuchi> Pronunció Haruhime.
Instantáneamente, las chispas de luz fluyeron sobre Bete y se reunieron alrededor de Aisha, y el martillo de luz sin mango cayó sobre ella.
--Tú…
Ante la mirada entrecerrada de Bete, el <Impulso de Nivel> se completó.
Envuelta en un torrente de luz, la Amazona blandió su espada y apuntó a Bete, con chispas de luz elevándose desde su punta.
--Hey, imbécil. Estabas a punto de poner tus sucias patas sobre mi hermana menor, ¿Verdad? Creo que lo estabas. De hecho, en mi opinión, ya lo hiciste.
--Hey.
-- —No dejo que nadie se meta con mi dulce hermana menor. Simplemente no me sentiré bien a menos que te patee el culo aquí y ahora.
Aisha estaba buscando una pelea con una sonrisa en su rostro.
Esto no tenía nada que ver con los Xenos. Aisha lo había convertido en un rencor personal. Cuando Haruhime la vio enfrentar a Bete y su mirada, se estremeció de emoción.
--¡Aisha-sama…!
--Pequeña zorra inútil, no seas tan imprudente. Te dije que no usaras tu Magia tan libremente… pero hoy me agrada tu mirada, así que te perdonaré.
Respondió Aisha encogiéndose de hombros. Parecía secretamente contenta de que Haruhime la hubiera llamado para pedirle ayuda.
Bete resopló hacia ambas mujeres.
--Chica inútil, dejando todo tu trabajo duro a otra persona.
Dijo, a pesar de sonreír en reconocimiento por las tácticas de Haruhime. Estaba ansioso por luchar.
--Ven aquí y vuélvete, loca. Te estampare en el suelo, tu cabeza idiota y todo.
--¡¡Estoy lista para ti!!
Mientras Haruhime observaba, ambos comenzaron su batalla.
× × ×
《¡Bell-kun, Haruhime-kun será…!》
--…¡…!
Bell estaba tirando de Wiene a través de los callejones, con una mirada profundamente preocupada en su rostro.
¿Bete lastimaría a Haruhime? No lo sabía. Pero estaba dispuesto a apostar que no la mataría. Por el momento, tenía que concentrarse en llegar lo más lejos posible antes de que Bete los siguiera.
La mente de Bell era una maraña de preocupaciones y dudas y cosas que tenía que hacer. Incluso mientras se disculpaba en silencio con Haruhime por su incompetencia, seguía avanzando para que su determinación no se desperdiciara—y por el bien de Wiene.
《¡Bell-kun, no tienes mucho tiempo…! ¡Si no te das prisa, no podrás reunirte con Fels-kun!》Alentados por la ansiosa voz de Hestia, Bell y Wiene corrieron aún más rápido.
Las chispas de luz del <Impulso de Nivel> ya habían desaparecido. Bell llevaba el velo y tenía cuidado de no llamar la atención de los Aventureros o los miembros de la <Familia Loki>, pero las calles estaban tan vacías que apenas se necesitaban esas precauciones. Sin embargo, en lugar de ver esto como una buena fortuna, Bell sentía una amenaza en el aire. Mirando de un lado a otro, se dirigió al sur hacia su destino.
Sur, sur, cada vez más al sur… eventualmente, los pies de Bell ya no pudieron moverse.
--… ¿Bell?
Preguntó Wiene, confundida porque su progreso se había detenido.
--…
Sujetando su delgada mano, Bell estaba empapado en lo que parecía hasta la última gota de sudor en su cuerpo. Su respiración se volvió entrecortada, y el sonido ensordecedor de los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos. Estaban parados en medio de un callejón, rodeados de estrechas calles laterales y escalones que subían y bajaban. Sus ojos rojos miraron hacia la oscuridad que tenía adelante.
× × ×
Sureste de Orario.
En una esquina de un callejón donde el caos y los gritos de los Aventureros no llegaban, una forma yacía contrayéndose.
Un brazo se movió ligeramente en la penumbra mientras la figura apartaba la pared de ladrillo resquebrajada y tosía débilmente.
--Cinco años, ¿Huh? Ella me dejó hecha polvo… Tres minutos.
Ese fue el tiempo que duró la batalla.
Cuando su conciencia regresó, la figura lentamente levantó la cabeza y miró hacia el cielo.
Olvidando limpiarse la sangre de su labio, presionó sus manos contra su estómago, donde había sido golpeada con la parte posterior de la espada de su oponente.
--Lo siento, Cranel-san… Susurró Ryuu Lyon.
× × ×
-- ——
Las onduladas nubes que cubrían el cielo se habían disipado, y la luz de la luna ahuyentaba la oscuridad de abajo.
Sus rayos iluminaban el cabello largo que brillaba como el polvo de oro, brillando débilmente sobre la ropa plateada y azul y la empuñadura de una espada envainada. Bell y Wiene parpadearon ante la brillantez.
Para Wiene, el tiempo pareció detenerse mientras la chica los miraba fijamente.
--… Aizu… -san… Cabello y ojos dorados.
Al ver a la espadachín parada en medio de la calle secundaria, Bell soltó un jadeo.
--… Entonces la <Vouivre> está viva.
La palabra Vouivre—no había duda de que Aizu había dicho esa palabra—atravesó a Bell como una onda expansiva. En el mismo momento, se dio cuenta tardíamente de que Aizu probablemente había superado a Ryuu con facilidad y comenzó a seguirlo de nuevo hace bastante tiempo.
No la había notado ya que en realidad no lo había estado mirando. Ella sabía que era inusualmente sensible a las miradas dirigidas hacia él, así que había evitado mirarlo directamente; en cambio, había seguido no su forma física sino su presencia, tan hábilmente que él no la había detectado.
Después de perderlo una vez debido a la interferencia de Ryuu, había encontrado el rastro nuevamente cuando el cruzó desde el sureste al suroeste. Había visto cuando se reunió con Haruhime y otra vez cuando se reunió con Wiene. Había estado observando todo el tiempo.
En otras palabras, Bell no había logrado perder a Aizu. Bete había aparecido primero solo porque ella no había sido capaz de tomar una decisión.
--Sal…
Con un rastro de tristeza, Aizu le ordenó a Bell que se quitara el <Velo Reverso>. Silenciosamente, apartó el velo.
--…
--…
Aizu bajó los ojos cuando Bell y Wiene, con su ala nueva, aparecieron.
--He estado pensando sobre… por qué me preguntaste eso. Dijo Aizu.
Cinco días antes, justo antes de que se emitiera la misión a toda la ciudad, Bell le hizo una pregunta a Aizu.
“Si los monstruos tuvieran una razón para vivir… si tuvieran sentimientos como tú o yo, ¿Qué harías? Si conocieras monstruos que pudieran sonreír al igual que las personas, preocuparse por las cosas, derramar lágrimas al igual que las personas—¿Aún así podrías desenvainar tu espada contra ellos?”
--Así que esto es lo que querías decir…
Dijo, levantando lentamente su mirada del suelo para mirar a Wiene. Bell vio algo peligroso en esa mirada.
Su expresión era tan inexpresiva como siempre, sin embargo, algo en sus ojos era claramente diferente de la Aizu que él conocía. Su corazón tembló ante esos ojos.
¿Por qué aquí? ¿Cómo podría? ¡Deja de mirarnos así!
Empujando desesperadamente hacia abajo el dolor que se elevaba desde su pecho, Bell protegió a Wiene de esa mirada y le suplicó a Aizu.
--¡Aizu-san! Esta chica—
--Mi respuesta…
Dijo Aizu, interrumpiéndolo enfáticamente.
--No ha cambiado.
Con eso, llevó su mano a la empuñadura de su espada.
--Si alguien llora debido a un monstruo—entonces mataré a ese monstruo.
Bell se congeló ante las palabras de la <Princesa de la Espada>—y al ver su espada plateada. La bota de Aizu cayó con un *Thud* cuando dio un paso adelante.
--Espera… ¡Por favor espera, Aizu-san! ¡Esta chica no ha hecho ningún daño! ¡¡Nunca lastimaría a nadie!!
¡¡Esta chica—Wiene—es diferente!! Gritó Bell.
Su voz era irregular y teñida de lágrimas mientras ocultaba a la aterrorizada Wiene detrás de su espalda.
--¿Serás capaz de decir lo mismo si vuelve a perder el control? Preguntó Aizu.
-- ——
El granate incrustado en la frente de Wiene brilló como si temblara.
--Yo no podría hacerlo.
Dijo Aizu.
Ella era fundamentalmente diferente de la ingenua chica Amazona quien se burló de sí misma y de los demás en igual medida. Su expresión era fría, sus palabras finales eran como dagas. Bell no sabía qué la hacía ser tan fría. No quería saber.
Todo lo que sabía era que las negociaciones se habían roto.
Entendió en ese momento que la chica a la que admiraba y anhelaba ahora era su oponente.
--Uh, ah…
Finalmente, la desesperación y resignación que corrían dentro de él llevaron su mano a la empuñadura de su Daga.
Al igual que la espadachín que enfrentaba, Bell ya había llegado a una respuesta de la que nunca podría dar marcha atrás.
Lo haría por la chica monstruo que había prometido proteger.
Mientras Aizu entrecerraba sus ojos con tristeza, sacó dos Dagas—una negra y otra carmesí, de sus fundas.
--Bell…
Susurró Wiene, sonando como si estuviera a punto de llorar.
《…》
Hestia, en su lado del cristal, estaba sin palabras.
--... ¿Por qué?
Bell susurró, con sus labios temblando incontrolablemente.
--¿Por qué…?
Aizu se inclinó hacia adelante y se lanzó hacia él.
-- —¡¡Mierda!!
Bell también se lanzó hacia delante, oscilando su Daga negra hacia la espada plateada que se abalanzaba hacia él.
× × ×
El primer choque de cuchillas arrojó una lluvia de innumerables chispas.
Aizu era, por supuesto, abrumadoramente más fuerte que Bell. Pero lo sabía desde el principio y lo compensó convirtiendo el peso de su golpe en fuerza centrífuga, lo que lo hizo girar.
--¡¡Wiene, corre!!
Gritó mientras oscilaba la <Daga Hestia> en un agarre inverso en su mano derecha hacia Aizu una vez más.
La chica dragón abrazó el velo contra su pecho y se balanceó ante la expresión y la voz espantosas de Bell. Entonces, todavía al borde de las lágrimas, obedeció su orden.
Bell no tuvo tiempo de mirar hacia atrás mientras Wiene corría por el camino por el que habían venido. Ya que Aizu había bloqueado la <Daga Hestia>, él empujó la Daga carmesí en su mano izquierda hacia ella.
Pero la espadachín de ojos y cabello dorados la sacudió sin miramientos con un solo golpe de su espada.
--¡¡Agh!!
Bell apretó los dientes cuando Aizu fácilmente detuvo su golpe. De alguna manera, tenía que mantenerla inmovilizada aquí. Levantó ambas Dagas en preparación para un ataque doble, pero—
-- ——
En el instante en que sintió algo desviar su Daga negra, una cortina dorada descendió frente a sus ojos. Su mente se quedó en blanco. Solo un momento después comprendió lo que había sucedido.
Después de su movimiento defensivo, Aizu había saltado en el aire y había volado como una mariposa sobre su cabeza. La Daga roja de Bell solo encontró el aire mientras ella aterrizaba detrás de su espalda, con sus posiciones invertidas.
--¿¡Huh!?
Con cada uno de sus nervios tensándose, Bell se dio la vuelta. Aizu ya estaba corriendo detrás de Wiene. Siguió la dirección de su mirada.
¡Ella no me está mirando!
El dolor que había llenado su pecho se transformó en otra cosa—algo que encendió la boca de su estómago.
¿Era ira? No, eso no. Era frustración porque la Aventurera a la que tanto admiraba ni siquiera se dignaba a luchar contra él.
Con todo su cuerpo irradiando calor, Bell corrió detrás de Wiene y Aizu.
《¿B-Bell-kun?》
El sollozo de Hestia crujió a través del <Occulus>. Debió haber descubierto lo que sucedió al observar sus movimientos en el Mapa Mágico. Como temía, Bell no se estaba acercando a Aizu. Parecía que la espada de Aizu llegaría a la espalda de Wiene antes de que las alcanzara.
¡Es inútil! Nunca llegare a tiempo. ¡Wiene será—!
Mientras la mirada de Aizu atravesaba la espalda de la chica dragón, Bell apretó sus manos en apretados puños, como si estuviera retorciendo su angustia.
Wiene miró hacia atrás mientras Aizu se acercaba a ella. Pero en el instante antes de que la <Princesa de la Espada> entrara en contacto con su presa, Bell dejó escapar un rugido desgarrador.
--¡¡Firebolt!!
Un rayo de fuego escarlata se precipitó a través del aire.
La Magia de Lanzamiento Rápido se precipito como un relámpago hacia Aizu, cruzando la distancia sin esperanza entre ella y Bell en un instante y bloqueando su progreso. Cuando chocó contra una pared y envió fragmentos de piedra en todas direcciones, la sorprendida Wiene desapareció detrás de una nube de polvo.
Él había disparado. Una vez más, había ido y había disparado. La última vez fue en un Aventurero.
Esta vez fue en la persona que admiraba.
¿Qué estaba haciendo? No tenía idea, y esa confusión prácticamente lo llevó al borde de las lágrimas. Todo lo que sabía era que ya no podía dar marcha atrás.
Bell siguió corriendo, con el ceño fruncido. Cuando Aizu, aturdida, saltó hacia atrás para evitar el impacto, él voló hacia ella con su Daga levantada.
--¡Aizu-san, por favor escúcheme!
Gritó a través de su Daga, que ella había bloqueado con su espada.
Un absurdo vacío lo llenó cuando reconoció el contraste entre sus palabras y la urgente necesidad de oscilar su Daga hacia ella. Sus cuchillas resonaron juntas mientras detenían los golpes del otro.
--... No tengo nada de qué hablar contigo.
Dijo Aizu, negándose a mirarlo a los ojos. Con sus mejillas poniéndose rojas.
--¡¡Bueno, pues yo sí!!
Bell replico, como un pequeño niño petulante despreciado por su compañero de juegos.
Dio un paso hacia ella y ataco con la punta de su Daga, pero Aizu, frunciendo el ceño, repelió su golpe. Después de que fácilmente envió a Bell hacia atrás tambaleándose, una vez más fue tras Wiene.
--… ¡Kami-sama!
《¡Sí!》
El <Occulus> en su guantelete centelleó mientras Hestia lo guiaba por las calles.
Él nunca sería capaz de alcanzarla simplemente siguiendo a Aizu, así que buscó un atajo para llegar a la ubicación de Wiene en el Mapa Mágico.
La <Vouivre> había dado vuelta en una calle secundaria hacia una red de callejones tan enredados como una telaraña. Bell trepó por encima de la nube de polvo del <Firebolt> y aceleró a través de los techos, con la esperanza de llegar a la chica dragón—y a Aizu—por la ruta más corta posible. Desde lo alto, los edificios de la Calle Dedalo parecían balsas flotando en un océano en calma. Avanzando firmemente en medio de las olas de este océano imaginario, Bell aceleró a través de los alrededores. Después de unos momentos, vio el largo cabello dorado de Aizu volando por una calle estrecha.
Saltando hacia abajo desde los techos, aterrizó directamente frente a ella.
--¡…!
--¡Aizu-san!
Aizu se quedó congelada, mirándolo con asombro.
Estaban en un callejón estrecho sin calles laterales cercanas. Sus ojos dorados escanearon rápidamente su entorno. Cuando ella inclinó su esbelto cuello hacia atrás para mirar hacia arriba, Bell cerro la distancia.
¡Oh, no, no lo harás!
Estaba un paso por delante de Aizu, quien buscaba una ruta de escape por los techos. Él se lanzó hacia ella.
--… ¡…!
Sin otra opción, ella devolvió su ataque.
Por segunda vez, sus Dagas chocaron contra su espada.
--No quiero pelear contigo…
Aizu susurró, como si estuviera luchando por pronunciar las palabras.
--¡Tampoco yo! Gritó Bell.
Solo unos meses antes, habían entrenado juntos en las murallas de la ciudad hasta que salió el sol, pero esta batalla se parecía muy poco a eso. Esto no era una batalla de practica
Empujando hacia abajo el dolor y ardiendo con angustia por su horrible situación, Bell le suplicó a Aizu por tercera vez.
--¡Aizu-san, te lo ruego, por favor escúchame! ¡Esa chica y los otros Xenos son—!
--Mi respuesta… es la misma.
--¡Ergh!
¿¡Por qué!?
Bell fulmino a Aizu, gritando en silencio por su negativa a siquiera escuchar. Apretó sus Dagas.
Canalizando todos los pensamientos y sentimientos que no podía comunicar a través de palabras en sus Dagas, la atacó con todas sus fuerzas.
--¡Hah!
--¿¡…!?
Las Dagas negra y carmesí brillaron frente a sus ojos.
Era la <Furia del Conejo>, una serie de ataques extremadamente rápidos. La batalla estaba en marcha otra vez.
Las Dagas negra y carmesí trazaron destellos de luz a través del aire, y la espada de Aizu brilló en todas direcciones para defenderse. Como para reflejar su asombro, una extraordinaria fuente de chispas bailaba con la melodía del metal chocando. Los instintos físicos de Bell se aceleraron, dejando atrás el pensamiento consciente.
Se estaba moviendo más rápido que nunca antes.
Bell lanzó todo lo que tenía a la persona que admiraba, moviéndose incluso más rápido que en sus últimas batallas contra Aventureros de Primera Clase como Friné y Dix.
--… ¡…!
La forma del callejón ponía a la espada plateada en una desventaja adicional. Era difícil mover la larga espada en la estrecha calle, y Aizu no podía aprovechar todo su alcance. La Daga de Bell, por otro lado, era especialmente efectiva.
Presionada fuertemente de principio a fin, Aizu tragó saliva y miró a Bell al rostro. Ella bloqueó su golpe final y saltó hacia atrás.
--¡*Huff, Huff*…!
El sonido del aliento de Bell resonó a través del callejón oscuro.
--…
Aizu bajó la mirada hacia su hormigueante mano.
--… Has mejorado, ya veo. Dijo.
--¡…!
Bell la miró, sorprendido de que hubiera reconocido su habilidad. Pero los elogios tenían un inconveniente.
--Ya no puedo hacer concesiones por ti.
Le estaba dando a conocer el feroz ataque que estaba por comenzar.
-- ——
La figura de Aizu se volvió borrosa. Lo único que Bell pudo distinguir fue el rastro de su largo cabello dorado.
Fue capaz de responder a su ataque solo a través de pura intuición e instinto; durante el entrenamiento, todo su cuerpo había aprendido el camino de su espada a través del aire mejor de lo que le hubiera gustado.
En el instante en que la Daga Hestia> hizo contacto con su espada, un impacto absurdamente poderoso lo abrumo.
--¿¡…!?
Su brazo derecho fue lanzado hacia arriba con la fuerza suficiente para arrancarlo, o eso sintió. Fue un milagro que no perdiera su agarre sobre su Daga.
El contorno borroso dorado y plateado no disminuyó. Aizu giró como un torbellino, con su espada resplandeciendo como si estuviera poseída por una fuerza sobrenatural mientras cortaba las paredes de la estrecha calle como mantequilla.
Su siguiente golpe de giro inhumanamente rápido no le dejó tiempo a Bell para responder ni para defenderse.
Se acabó. Dos golpes. Eso es todo lo que necesitó.
El instinto de Bell como Aventurero le dijo que la muerte estaba cerca.
--…
Su cuerpo no se partió en dos.
Un instante antes de que su espada hiciera contacto, Aizu frunció el ceño y movió su muñeca hacia un lado.
--¡¡Gah!!
El lado sin filo de la espada de Aizu golpeó las costillas de Bell y lo arrojó contra la pared directamente a su lado. Cuando su hombro se estrelló contra la piedra, el mundo nadó ante sus ojos. Se sintió mareado y con náuseas.
Se dejó caer de rodillas sin poder hacer nada, viendo cómo las botas de Aizu pasaban calmadamente frente a él.
--¡No…!
Decidido a detenerla, les ordenó a sus temblorosas rodillas que se levantaran. Convocó cada pisca de energía de su cuerpo y se levantó.
Aizu se detuvo y se giró para mirarlo. Ocultando su emoción al ver la invicta voluntad de luchar en los ojos rojos del chico, blandió su espada con una expresión fría.
--Aquí voy. Dijo.
En el siguiente instante, un torbellino de ataques de espada se materializó ante los ojos de Bell.
-- —¿¡Huh!?
La <Princesa de la Espada> había desatado un verdadero ataque de cuchilladas continuo.
Como para devolverle algo similar al ataque de Bell unos momentos antes, Aizu comenzó a realizar su danza de espada. Levantó reflexivamente su Daga, pero no tuvo tiempo de interceptar su espada. Si lograba bloquear un golpe, cinco más llovían sobre él. La armadura de doble Adamantita que Welf había forjado para él resonaba una y otra vez con ensordecedores ruidos metálicos. Si hubiera estado golpeándolo con el filo de su espada en lugar del borde romo, hubiera muerto desde hacía mucho por el ataque abrumador. Su campo de visión estaba completamente lleno con la inclinación plateada de su espada. Mientras Bell se tambaleaba en el borde de la conciencia por el dolor y la fuerza de sus golpes, se dio cuenta de algo.
Aizu era más fuerte que Friné y más rápida que Dix. Ella estaba más allá de la comparación. Esos Aventureros de Primera Clase que le habían causado tanto sufrimiento palidecieron en su memoria.
Lo sabía.
Lo sabía, pero—
¡Esta chica es más fuerte que nadie!
La brillante espada corto bajo su peto con un silbido del viento, levantando a Bell en el aire. Un momento después se estrelló contra los adoquines y quedó boca arriba.
--Ah… oh…
Mientras el mundo se oscurecía a su alrededor, Bell vio que Aizu bajaba los ojos y le daba la espalda. El dolor ardiente que se apoderó de su cuerpo entero le impidió extender su mano, mientras parecía alejarse de él. Una y otra vez intentó levantarse, pero su cuerpo solo temblaba.
En su mirada borrosa, el cielo nocturno se veía muy, muy lejos.
… Siento que he visto antes este lugar…
A medida que su cuerpo se hundía en la tierra después del bautismo de la persona que admiraba, su conciencia vacía recordó una escena irrelevante.
La duda comenzó a asomarse en su mente sobre el callejón, que desde el principio parecía familiar.
¿Cuándo fue? ¿Dónde estaba?
Él no podía pensar con claridad.
《¿¡Bell-kun, Bell-kun!?》
La voz de Hestia reverberó en su conciencia justo cuando estaba a punto de hundirse en la oscuridad. Pensó en la expresión triste de Aizu y las lágrimas de Wiene.
Cerró los ojos una vez, luego arqueo sus cejas y rascó los adoquines con los dedos.
× × ×
Lejos de Bell, en el nornoroeste del Distrito Laberinto, una mujer yacía boca abajo junto a una enorme espada clavada en el suelo.
--Maldito Hombre Lobo… no tienes piedad.
Dijo Aisha, lanzando sus rencorosas palabras a Bete. Ya se había ido desde hace mucho, dejándola allí cubierta de heridas. Sangre corría por una laceración en su labio.
--Owww…
Dijo ella, mirando la espada astillada a su lado. A pesar de su ceño fruncido, sonaba secretamente complacida consigo misma.
--¡Aisha-sama, Aisha-sama…!
Las lágrimas que humedecían la piel morena de Aisha eran de Haruhime.
--¡Lo siento, lo siento!
Sollozó, sujetando la mano de la mujer que Bete había derrotado. Haruhime estaba ilesa aparte de algunos arañazos de los fragmentos de piedra que Bete había pateado hacia ella. Mientras los sollozos de la chica resonaban en el callejón, Aisha frunció el ceño con fastidio.
--Para de llorar. Unas pequeñas contusiones no me van a matar.
--¡Pero—pero…!
--Si tienes tiempo para llorar, tienes tiempo para hacer otra cosa, ¿No?
Aisha acarició el largo cabello dorado de Haruhime mientras la Renart limpiaba las lágrimas de su rostro.
--Tienes un lugar al que estás tratando de llegar, ¿Verdad?
--… Sí.
Ella sacó el cristal azul de la manga de su kimono.
Sosteniendo el <Occulus> que le habían dado en su papel de Ayudante, Haruhime miró a Aisha.
--Bien, vete, entonces. Descansaré un poco y luego averiguaré qué hacer.
--Muchas gracias… Aisha-sama.
Dijo Haruhime con los ojos rojos antes de levantarse.
Mientras miraba a la chica salir corriendo, con su cola de zorro moviéndose de un lado a otro, Aisha sintió que la energía se escurría de su cuerpo.
--Todo lo que hago estos días es perder… Tal vez debería hacer que el <Pequeño Novato> me lleve a un viaje en lugar de entrenar.
Los brillantes labios de Aisha se curvaron en una sonrisa mientras cerraba los ojos y se sumía en un largo sueño.
× × ×
--… ¿Bell?
Wiene se detuvo y miró por encima de su hombro.
El sonido de la feroz batalla ya no llegaba a sus oídos, y la preocupación que había estado sintiendo todo el tiempo se convirtió en una furiosa ansiedad. Después de dudar por un momento, sin soltar el velo, se giró y lentamente comenzó a caminar por la calle por la que había venido.
--¿Bell…? ¿Diosa?
Wiene avanzaba temerosamente a través del laberinto de calles enredadas. Apretando su única ala de dragón contra su cuerpo y abrazando su delgado pecho mientras se abría paso a lo largo de las paredes, se veía menos como un monstruo y más como un niño perdido.
¿Los ojos dorados la mirarían con frialdad en la siguiente esquina? ¿El brillo plateado de esa espantosa espada le cortaría el cuello en el instante en que entrara en una encrucijada? Se estremeció ante las imaginarias escenas que la penumbra oscura parecía susurrarle al oído.
En ese momento, una sombra cayó sobre ella desde atrás.
-- —¿¡…!?
Sorprendida, miró por encima de su hombro. Una mano se extendió y cubrió su boca, y otra envolvió su delgada cintura y tiro de ella hacia atrás. De repente, fue envuelta en calidez, con alas y todo.
--Wiene, no digas una palabra.
--Ah… ¡Bell!
Cuando el chico de cabello blanco le susurró al oído, la tensión escapó de su cuerpo y el alivio tomó su lugar.
Sin embargo, al momento siguiente, notó la apariencia de Bell. Su ropa y su armadura estaban destrozadas y cubiertas de manchas de sangre. Su rostro no podía ocultar su dolor y agotamiento. Ella se quedó sin palabras.
--Vamos.
Susurró Bell, jalándola de la mano.
--B-Bell…
Dijo, con su voz disolviéndose en lágrimas.
--Lo siento, Wiene, solo trata de aguantar un poco más.
Mientras Bell avanzaba, vigilaba atentamente cualquier señal de Aizu. Apretó la mano de Wiene. Luego, mientras se llevaba el <Occulus> de su guantelete a los labios, levantó la mirada.
En una de las paredes que rodeaban la ancha intersección pavimentada con hollín negro, había una señal Ariadne dibujada en brillantes líneas rojas.
Su sentido del déjà vu se cristalizó y golpeó la puerta de sus recuerdos.
Oh, entonces eso es lo que es…
Finalmente lo había descubierto. Por supuesto, sentía que había visto este lugar antes.
Había pasado por esta calle una vez. Había estado con Hestia el día de la <Monsterphilia>, y el Silverback los había estado persiguiendo.
Una sonrisa burlona se extendió por el rostro de Bell mientras pensaba en lo que estaba a punto de hacer.
--Kami-sama… ¿Hay pasadizos ocultos cerca de aquí? Dijo en el <Occulus>.
《¿Huh? Uh, um… los hay, pero ninguno de ellos conduce a donde están Fels-kun y los Xenos. De hecho, te desviaran de la ruta.》
Dijo Hestia, sonando confundida.
--Por favor, dime cómo llegar allí.
Siguiendo sus instrucciones, finalmente llegó a una amplia calle sin salida. Empujó uno de los paneles de piedra en las paredes, y la pared se abrió revelando el pasadizo. Bell le dijo a Wiene que fuera primero y luego le pasó algo.
--¿Bell…? ¿Esto es…?
--Sí. Podrás comunicarte con Kami-sama. Ella te cuidará bien…
Él apretó su mano alrededor de su único <Occulus>, el cual había desprendido de su guantelete.
《Bell-kun, estas…》
Viniendo desde el <Occulus>, las palabras de Hestia se silenciaron.
--Ve por este pasadizo. Me quedaré aquí unos minutos. Le dijo a Wiene.
--¿Qué…?
Los ojos de Wiene también estaban abiertos de sorpresa y preocupación.
--¿Q-Qué harás?
--Quiero hablar con Aizu-san sobre algo… ella definitivamente terminara aquí.
--…
--Mientras escuches a Kami-sama, estarás completamente bien. No te preocupes, te seguiré justo después… No había forma de que pudiera seguirla.
Sin el <Occulus>, Hestia no podría dirigirlo. No sabría dónde estaba Wiene. Bell acarició el cabello de Wiene, cubriendo su mentira con una amable sonrisa.
Hestia escuchó en silencio su conversación. Él estaba agradecido; ella había entendido lo que quería hacer. Mientras Wiene lo miraba estupefacta, la empujó suavemente hacia adelante.
--Adelante.
Se deslizó por el pasadizo y desapareció cuando Bell cerró la puerta secreta detrás de ella.
Ella lo miró fijamente con sus ojos color ámbar hasta el último minuto. Cuando la puerta se cerró con un pesado
*Thud*, Bell inclinó su cabeza contra ella.
Esta es la segunda vez…
Sentía que era un cobarde. En el instante en que se dio cuenta de que no podría proteger a Wiene si no podía derrotar a Aizu, la alejó de él, justo como había hecho con Hestia.
Seguía siendo un Aventurero débil, impotente y lamentable.
Pero en ese momento…
Cuando el Silverback se les estaba acercando, pensó para sí mismo con un ansia melancólica que le gustaría ver el rostro de Aizu una vez más. Qué irónico era eso dada su situación actual.
Bell se rió. Era divertido. No, tal vez era su cabeza la que estaba algo aturdida.
Un momento después, escuchó un sonido de raspado detrás de él y lentamente se giró.
--Bell…
Aizu lo estaba mirando directamente. Debió haberlo visto ayudar a escapar a Wiene. Sus ojos brillaban con reproche. Bell trató de que su boca formara una sonrisa irónica, pero falló.
Estaba custodiando la única puerta del pasadizo por donde Wiene había escapado. Aizu no sabía a dónde conducía, así que obligar a Bell a apartarse era su única opción. Esto le daría tiempo para que se fuera. Y también obligaría a Aizu a interactuar con él.
No dejaría que lo ignorara.
--Muévete.
--No.
--¿Qué puedo hacer para que te muevas?
--Me quedaré aquí hasta que me escuches.
--…
Aizu miró hacia abajo y cerró los ojos.
Después de un momento, balanceo su espada resueltamente.
La sonrisa de Bell se estiró en una línea apretada. Mientras Aizu caminaba hacia él, desenvaino sus armas.
× × ×
Era un pasadizo muy, muy oscuro.
--…
《… Gira a la derecha allí, Wiene-kun.》
--…
《… Ahora sigue derecho.》
--…
《…》
--… Diosa.
《… ¿Qué pasa?》
--No me gusta esto…
《…》
--¡No quiero dejarlo…! ¡Bell me está mintiendo…!
《…》
--Bell está tratando de salvarme. Estoy feliz, pero está mal. No quiero que Bell se lastime; no quiero que llore.
《…》
--¡Nunca lo he pagado por nada!
《… No te detendré.》
--¿Huh?
《Entiendo. Yo era como tú.》
--¿Una Diosa ... como yo…?
《Sí. Ya sabes lo astuto que es Bell-kun, ¿Verdad? Sabe que es débil, pero siempre está tratando de presumir y hacer lo imposible. Probablemente quiera escapar más que cualquier otra cosa, y estoy segura de que sabe que no puede derrotarla, y aun así…》
--…
《A pesar de que no quiere luchar contra la persona que admira y está sufriendo…》
--¿Por qué Bell…?
《Porque no puede abandonar a una chica—no, a un miembro de la <Familia>—que está en problemas.》
--¿<Familia>…?
《Sí. Sin importar si eres humano o monstruo. Él te ama como si fueras parte de su <Familia>.》
--… Diosa, realmente no me gusta esto.
《Lo sé.》
--Quiero ir con Bell.
《Lo sé.》
--Quiero pagarle por su ayuda.
《¿Estás preparada para enfrentar las consecuencias? Puedes ser separada de él para siempre… Lo que quiero decir es, ¿Estás lista para morir?》
--Sí. Esta vez—es mi turno de salvar a Bell.
《… Entiendo. Entonces ve.》
--Gracias, Diosa.
《Wiene-kun.》
--¿Qué?
《Te has vuelto fuerte.》
× × ×
Un duro golpe ataco su cuerpo.
Varios viales vacíos rodaban a sus pies. Las pociones ya se habían acabado. No sabía cuántas veces había estado a punto de no poder recuperarse. Había sido golpeado con demasiados golpes para contar. Se sofocaba, pero aun así, se mantuvo firme y blandió su Daga.
--… ¡…!
Incluso al borde de ceder ante su enemigo, incluso a punto de colapsar, Bell se levantó de nuevo. No se movería de enfrente de la puerta. Por el contrario—la atacó sin piedad. Aizu jadeó suavemente, pero también se negó a retroceder. Su espada se oscilo a través del aire y aterrizó sin piedad en Bell.
Golpe diagonal de alta velocidad desde su hombro. No pudo bloquearlo. Corte hacia arriba. Golpeó su espada sacándola del camino desde un lado. Golpe horizontal. No fue capaz de esquivarlo.
Golpe a la funda de su Daga. Reconoció ese. Patada giratoria. Impacto directo.
Sus cuchillas se eludían. Se encontraban. Se eludían. Se deslizaban sobre la otra. Las habilidades que ella le había enseñado, y las tácticas que había robado, demostraban ser más útiles que nunca.
Mientras el destello de la espada bailando brillaba ante sus ojos una y otra vez, un pensamiento atravesó la mente delirante de Bell.
¿Qué estoy haciendo?
¿Por qué lucho contra la persona que más admiro?
Ella me está dando una paliza.
—Por supuesto, siempre me daba una paliza tambien en el entrenamiento.
Sonriendo ante esta situación completamente inútil, Bell observaba la implacable técnica de espada de Aizu. Sus ataques no podían alcanzarla, y sus contraataques ni siquiera dejaban un rasguño. Ella ignoraba a sus gritos y sus pensamientos por igual.
¿Odiaba a esta chica fría? No.
¿Estaba enojado con ella por negarse a escucharlo? De ningún modo.
Su espada le presento un imponente modelo. Lo forzó a ver la pared entre la realidad y el ideal. Así era como se sentía. Era así de implacable su decisión de salvar a Wiene.
Tenía que alcanzar a Aizu. Tenía que alcanzar su nivel. Tenía que superarla.
Si reconocía su propia debilidad, debía presionar con más fuerza. Debía precipitarse hacia adelante. Más rápido. Más fuerte.
-- —¡¡…!!
Su espalda estaba caliente. Su espalda estaba ardiendo. Su espalda le gritaba una loca esperanza. Ella era rápida. Muy rápida. Él lo sabía. Pero su habilidad era ilimitada.
Por eso tenía que alcanzarla. Tenía que salvar a Wiene.
-- —¡¡Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!! Bell rugió.
Los brazos de Aizu se sacudieron por la vehemencia de su furioso grito. No había duda de que la fuerza de su incorregible fuerza de voluntad había reducido parte de la fuerza de la espada de la <Princesa de la Espada>. Vertió la poca energía que tenía en sus Dagas, y por primera vez, la asustaron.
--¿¡…!?
Se sacudió su asombro y balanceó su espada a través del aire, desviando la Daga roja. Instantáneamente dirigió un segundo golpe directamente hacia Bell. Él extendió su guantelete izquierdo para bloquearlo. El golpe de la
<Princesa de la Espada> se deslizó sobre su armadura de doble Adamantita.
El espacio entre ambos estaba lleno de lluvias de chispas y el sonido de la cuchilla raspando la cuchilla. Presionó con todas sus fuerzas, tratando imprudentemente de acercarse lo suficiente para un golpe sólido.
Sus rostros estaban tan cerca que prácticamente se tocaban—separados por el ancho de su Daga.
Bell oscilo la <Daga Hestia> hacia arriba.
--¡¡Haaaaaaa!!
La brillante espada trazó un arco púrpura a través del cielo.
El largo cabello dorado de Aizu se volteó hacia arriba cuando saltó hacia atrás para evadir el golpe. Ella presionó su mano contra su pecho en estado de shock.
--… ¡…!
Su peto plateado estaba rayado. Algo afilado había hecho una cicatriz. Una marca que demostraba que el rugido de Bell había alcanzado su objetivo.
Por un momento, Aizu se quedó sin palabras.
Contempló a Bell sin aliento, sus cejas se fruncieron en consternación, y una vez más se abalanzó sobre él.
--¿¡Huh!?
Bell al instante retiró su Daga y bloqueó la espada que se deslizaba diagonalmente sobre su pecho. Las cuchillas chirriaron mientras sujetaba su Daga con ambas manos contra el increíble peso de su espada. Ella estaba una vez más en una batalla de fuerza con él.
--¿Por qué vas tan lejos?
Fue la primera pregunta que le hizo.
La <Princesa de la Espada> que se había negado a escucharlo ahora lo miraba a los ojos a través de sus cuchillas bloqueadas.
Bell le devolvió la mirada con sorpresa y gritó su respuesta.
--¡Quiero ayudar a esa chica!
--¿En serio? ¿Me estás diciendo la verdad? ¡Ella no es una persona; es un monstruo!
--¡Ella es diferente de los monstruos ordinarios! ¡Puede hablar! ¡Podemos sonreírnos el uno al otro! ¡Podemos tomarnos de las manos—tiene las mismas emociones que tú y yo!
Replicó, decidido a no ceder ante el peso de la espada de Aizu.
--Te equivocas. No todos pueden hacer esas cosas.
Por “esas cosas”, quiso decir, al menos, tomarse de las manos con un monstruo. Con cada palabra, la espada que sostenía con una mano empujaba la Daga de Bell.
--¿Eh?
--Los monstruos matan personas. Pueden tomar muchas vidas… Hacen que las personas derramen muchas lágrimas.
--Pero… ¿Nosotros los Aventureros no podemos hacer exactamente lo mismo? Bell le espetó. Cada palabra se sentía como si estuviera cortando su propio cuerpo.
--… ¿¡…!?
--¡Tú espada y mi Daga pueden hacer esas cosas!
Si quisieran, podrían masacrar a miles de personas. La racionalidad era todo lo que los detenía. La racionalidad y el sentido de fraternidad que los Xenos también poseían.
Algunos monstruos eran más amables que los humanos. Algunos cazadores eran más horribles que los monstruos.
¿Dónde estaba la línea que los dividía?
Bell apartó la espada de Aizu mientras le suplicaba.
--Yo…
Aizu vaciló, retrocediendo unos pasos de Bell.
Sería una mentira decir que Bell nunca había pensado en las cosas que ella había dicho. Ella tenía razón. Esencialmente, él sabía qué lado debería elegir. Pero entonces los rostros sonrientes de Wiene, Lyd y los demás aparecieron ante su mente. Él pensó en sus lágrimas. Recordó la aullante risa de Dix y las palabras de Fels.
Un murciélago—un hipócrita.
Bell tomó todo esto y tomó una decisión.
Le diría a Aizu los verdaderos sentimientos que habían estado ardiendo dentro de él, la declaración final que no había podido decir en voz alta.
--… Quiero un lugar donde podamos vivir juntos con ellos.
Allí—finalmente se lo había dicho a la persona que admiraba, la chica que detuvo el tiempo.
--¡Quiero un mundo donde puedan sonreír!
Sus necios deseos se resonaron en los oídos de Aizu.
--¿De qué estás hablando…? Susurró con asombro.
Sus ojos decían que no podía—y no quería—entender.
La luz de la luna que brillaba sobre la chica y la oscuridad que cubría al chico diferenciaban sus posiciones. Aizu apartó su rostro de Bell.
--He tenido suficiente… sal de mi camino.
Ante la <Princesa de la Espada> que le decía que su conversación había terminado, las rodillas de Bell cedieron como si su cuerpo maltratado le dijera que había llegado a su límite. Levantó la mirada desde debajo de ella, con sus ojos llenándose de sufrimiento.
Pero no se movió.
--No quiero…
--Para.
--No lo hare…
--Te lo pido, por favor.
-- —¡No lo hare!
-- —¡Muévete!
Ambos se gritaron el uno al otro a pesar de nunca haberlo hecho antes.
Con su cabello balanceándose, Aizu cerró la distancia entre ellos y empujó su espada ante sus ojos.
--Te cortaré.
--… ¡…!
--Dolerá mucho, así que…
Esas palabras torpes eran su última advertencia.
La garganta de Bell tembló al sentir el aire frío alrededor de la punta de su espada, pero aun así no se movió. La mirada de Aizu estaba llena de tristeza. El pecho de Bell se desbordó con un dolor ineludible.
En el instante siguiente, con sus ojos brillando con determinación, la <Princesa de la Espada> dirigió toda su energía hacia la punta de su espada.
Bell entrecerró los ojos cuando la deslumbrante luz de la luna destelló en su espada.
-- —¡No!
La puerta detrás de Bell se abrió de golpe, y una figura se precipitó en su campo de visión. Su túnica revoloteó cuando su capucha cayó de su rostro.
Ella saltó hacia adelante, con los brazos extendidos, directamente frente a él y a Aizu.
--¡Aléjate de Bell!
Su voz alto se escuchó, exactamente como la de un humano.
El tiempo se detuvo mientras Bell se quedaba mirando su espalda con su única ala nueva, y Aizu se quedaba sin aliento ante su cabello de color azul plateado y su extraño rostro blanco azulado. Una palabra fragmentada escapo de los labios de Bell.
--¿Wie… ne…?
Volviendo al presente, Bell gritó hacia el <Occulus> que la chica dragón sostenía en una mano.
--Kami-sama, ¿¡Por qué!?
《…》
El <Occulus> estaba en silencio.
Ignorando a Bell, quien aún no se había recuperado de su frustración y confusión por este cambio repentino, Wiene se colocó protectoramente frente a él y miró a Aizu a los ojos.
--Por favor… no lastimes a Bell.
--… ¡…!
Al ver los ojos ámbar de Wiene, Aizu sintió que su expresión se desmoronaba.
La súplica del monstruo que protegía a Bell pareció estremecer su corazón. Las acciones y palabras de la chica dragón confirmaron lo que Bell le había dicho momentos antes.
--Detente… Por favor, no hables.
Dijo. Incapaz de recuperar la compostura, Aizu bajó la mirada y oculto sus ojos detrás de su flequillo.
--… ¿Por qué existen criaturas como tú?
Bell se estremeció ante sus palabras calmadas y desalentadas. Sentía algo desconocido en la expresión en blanco de Aizu—no, de la <Princesa de la Espada>—mientras ella levantaba su rostro lentamente.
Wiene, también, se congeló ante la energía extremadamente dominante del delgado cuerpo de la chica.
--¿Qué quieren tú y los de tu tipo?
--Yo… quiero quedarme con Bell.
-- —No te dejaré hacer eso.
Los ojos de Aizu se estrecharon en rendijas tan afiladas como su espada.
--Nunca te dejaré hacer lo que quieras en la superficie como esos otros monstruos. Declaró, apuntando sus palabras y su espada a la chica dragón.
--Tus garras pueden lastimar a las personas. Tu ala puede asustarlos. Esa piedra en tu frente puede matar a muchos de ellos.
Sus palabras estaban llenas de condena, odio y rechazo.
Esta no era la Aizu habitual. Su enumeración sin vacilación de razones hablaba de la fuerza de su voluntad. Esta no era la Aizu que Bell conocía.
¿Qué era lo que la impulsaba?
¿Ira? ¿Odio? ¿Dolor? ¿Esperanza?
Estaba a punto de tocar la oscuridad dentro de ella—no, su esencia misma.
--No puedo pasarte por alto.
Dijo.
Cuando Bell escuchó a Aizu declarar nuevamente su rechazo fundamental a Wiene y su intención de matarla, se olvidó incluso de respirar. Parecía a punto de cortarlo en pedazos con una convicción y resolución tan aguda como su espada.
Wiene, con la espada de Aizu inmovilizándola en su lugar, bajó la mirada hacia sus manos mientras Bell se sentaba incapaz de hablar.
--…
Ella miró sus palmas blanco azuladas y las afiladas garras que habían lastimado a Bell justo como Aizu había dicho. En silencio, envolvió su mano derecha alrededor de las garras de su mano izquierda.
--¿Huh?
Bell se dio cuenta demasiado tarde.
Respirando entrecortadamente mientras Aizu miraba con asombro, la chica dragón los rompió todas en un solo movimiento.
--¿¡Wiene!?
Luego, hizo lo mismo con su mano izquierda.
Después de que se las arranco, las garras resquebrajadas golpearon los adoquines. Wiene ignoró los gritos de Bell para que se detuviera y llevó sus manos ensangrentadas a su ala.
--¡¡Uaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…!!
Como si ofreciera un pago por sus pecados, la chica se arrancó su ala de dragón de su cuerpo.
-- ——
El ala, con su piel blanco azulada estirada sobre un esqueleto de huesos de color azul plateado, cayó a los pies de la atónita Aizu.
Los delgados brazos de la chica, llenos solo un momento antes con el poder de un dragón, ahora cayeron sin fuerzas a sus costados. Mientras se desplomaba hacia el suelo, Bell la atrapo en sus brazos. La sangre que brotaba de su piel blanco azulada y manchaba la armadura de Bell de un rojo brillante era exactamente igual a la de Aizu.
Bell presionó su espalda, tratando frenéticamente de detener el sangrado de donde había estado el ala y la piel momentos antes, mientras Wiene se desplomaba contra su pecho y miraba a Aizu.
--Si yo… ¿Qué pasa si desaparezco?
Luchando por respirar, extendió su mano a la piedra en su frente.
--Esta vez, realmente desapareceré…
Ella movió su mano de su frente a su pecho—al lugar donde residía su Piedra Mágica, el núcleo de cada monstruo.
El rostro de Bell se distorsionó por el dolor, y Aizu se derrumbó. Lenta y silenciosamente, Wiene habló de nuevo.
--… Siempre estuve sola. Estaba frío y oscuro… y yo… antes de convertirme en mí misma… siempre estaba sola. Nadie venía a salvarme. Nadie me abrazaba…
Ella habló roncamente, desde lo más profundo de sus más oscuros recuerdos.
--Fui cortada; me dolió… era aterrador y solitario.
Susurró. Incluso respirar parecía una lucha. Levantó la vista hacia los ojos dorados de Aizu, casi del mismo color que sus ojos color ámbar.
--Pero Bell me salvó cuando estaba sola.
--¡…!
--¡Cuando estaba en la oscuridad… y nadie me salvaba, Bell vino a salvarme! Gritó.
La transformación fue dramática. Mientras escuchaba, la máscara de Aizu se disolvió. Se quedó en silencio, como si hubiera descubierto algo en un sombrío paisaje invernal. Debía estar imaginándolo. De la historia fragmentada de la chica monstruo, debía estar reconstruyendo lo que había visto, lo que había sentido. O tal vez podría verlo a través de sus propios ojos dorados.
Ella había olvidado todo más allá de las lágrimas de la chica.
--¡Quiero quedarme con Bell…!
El monstruo inocente no se explicaba a sí misma ni intentaba probar nada, sino que expresaba su deseo. Ante la espada que le quitaría la vida, ella había revelado las profundidades de su corazón.
La mirada de Aizu vaciló ante la llorosa voz de la chica dragón. La punta de su espada tambien tembló por un momento, como si dudara.
La espada que ella no podía empujar ni retirar brilló con su agonía. La espada que aparentemente estaba sosteniendo contra Wiene parecía estar cortando su propia carne.
La razón y la emoción luchaban dentro de su corazón mientras luchaba contra sus propias contradicciones internas. Entonces una luz brilló en sus ojos—no un destello de dolor y confusión, sino algo parecido a una gota de la luna.
¿Dolor?
¿Envidia?
¿Qué veía Aizu en Wiene?
Mientras Bell, quien había protegido a la <Vouivre> desde el principio, se quedaba allí sin poder hablar… Aizu colgó su cabeza dorada.
Se veía exactamente como una marioneta cuyas cuerdas habían sido cortadas. Ella bajó la espada que había sido presionada contra el pecho de Wiene.
--… No puedo matar a la <Vouivre>. Murmuró con una voz drenada de toda energía.
--… Aizu… -san…
--Yo… No puedo evitar sentir que ustedes tienen razón… es por eso que no puedo hacerlo.
--…
--Ya no puedo luchar contra ti…
Mientras permanecía allí parada con los ojos clavados en el suelo, bañada por la luz de la luna, se veía tremendamente pequeña para Bell. No era una Aventurera, no era la <Princesa de la Espada>—simplemente era una chica.
En un intento de ocultar la opresión en su pecho, Bell envolvió su brazo alrededor del hombro de Wiene.
Después de un momento, Aizu sacó un Elixir de la bolsa en su cintura, lo colocó en los adoquines casi como si lo estuviera dejando caer, y se alejó de ellos.
--No puedo ayudarlos… pero dejare esto aquí.
--Aizu-san…
--Vayan.
--… Gracias.
Bell tomó el Elixir y, con Wiene apoyada en su hombro, se alejó.
Después de unos momentos, miró hacia atrás una vez más a la figura distante de Aizu. Estaba de espaldas a ellos, con su cabello dorado ondeando en el viento. Para Bell, parecía tan efímera que podría desaparecer en cualquier momento.
× × ×
--…
Aizu estaba enraizada en el suelo. Incluso había olvidado devolver su espada a su vaina. Las nubes a la deriva y la luz plateada de la luna la miraban desde arriba.
--Aizu.
--…
Era Bete.
El joven Hombre Lobo había descendido desde arriba. Miró el rostro de la chica, medio oculto por su flequillo.
--¿Todo está bien?
--… Sí.
Ella asintió indiferentemente a su pregunta, aunque tal vez la había tomado de una manera diferente a la que él pretendía. Ella no dijo nada más.
--Volveré primero. Dijo Bete.
--… Muchas… gracias.
--¿Por qué demonios me das las gracias? Dijo, escupiendo en el suelo antes de irse. La quietud descendió una vez más.
Al quedarse sola, la chica susurró algo para sí misma, luego miró hacia el cielo azul profundo de la noche.
× × ×
--Bell, ¿Te duele?
--¿A ti te duele, Wiene?
Me había quitado la armadura, y Wiene me estaba tocando suavemente por todas partes.
Estábamos en un gran edificio abandonado a cierta distancia de donde dejamos a Aizu-san. En las ruinas cubiertas de maleza de esta estructura de piedra a la que le faltaba la mitad del techo, nos curamos nuestras heridas el uno al otro lo mejor que pudimos. O más exactamente, aplicamos el elixir que Aizu-san nos había dado.
Wiene se había quitado su túnica y está tan desnuda como el día en que nació—aunque conseguí que al menos cubriera su pecho. Sus heridas se habían cerrado, pero ni siquiera el elixir pudo devolverle sus garras y ala. Si ese tipo de milagro fuera posible, por supuesto, Naaza-san no estaría caminando con un brazo protésico…
En cuanto a mí, a pesar de mis muchas heridas, ninguna amenazaba mi vida. Me pregunto si Aizu-san se contuvo hasta el final, a pesar de lo que dijo.
Todavía tenía un largo camino por recorrer…
--No soy rival para ella.
Murmure mientras me ponía nuevamente mi armadura y ayudaba a Wiene a ponerse su túnica, que ahora tenía un enorme agujero en la espalda.
No teníamos tiempo para descansar. Necesitábamos llegar con Fels-san y los otros Xenos lo más rápido que pudiéramos.
--¡Bell-sama! ¡Wiene-sama!
--¡Haruhime!
Justo cuando estábamos por irnos, Haruhime-san apareció en el edificio abandonado, con un <Occulus> en su mano.
En el instante en que Wiene la vio, voló hacia Haruhime-san y la envolvió en un abrazo lloroso. Haruhime-san también estaba llorando, mientras abrazaba el delicado cuerpo blanco azulado de Wiene.
--Haruhime-san, ¿Todo salió bien?
--Sí. Aisha-sama vino a mi rescate… ¿Qué hay de ustedes dos? Pregunto tímidamente.
--… Estamos bien.
Haruhime-san debió haber escuchado sobre nuestro intercambio con Aizu por parte de Kami-sama. Le sonreí torpemente.
--Bueno, será mejor que nos vayamos.
Le dije, dirigiendo la conversación en una dirección diferente.
--Uh, Bell-sama… yo, um…
--Qué pa—¡Ack!
¡¡Kyuu!!
Algo suave y esponjoso saltó a mi rostro, que se había girado parcialmente hacia Haruhime-san. Tire de el en pánico antes de darme cuenta de que era un pequeño monstruo—un Xenos conejo con ropa.
Wiene, quien todavía tenía sus brazos alrededor de Haruhime-san, levanto la cabeza.
--Uh, el Al-Miraj… ¿Aruru-san?
¡Kyuu!
--Cuando me dirigía aquí, pude reunirme con varios de los Xenos que se habían separado de los demás…
En el instante en que Haruhime-san dijo la palabra varios, un grupo de Xenos se apresuraron a entrar al edificio.
--¡Señor Bell!
--¡Así que nos encontramos otra vez, habitantes de la superficie!
--¡Lett-san! ¡Fia-san!
Allí estaban parados, Lett-san el Goblin con gorro rojo al lado de Fia-san la Harpía. Y ahí estaba el
Hellhound… Helga-san, ¿Verdad? Incluyendo a Aruru-san, quien todavía estaba pegada a mí, cuatro de los Xenos que se habían separado estaban aquí. Al parecer justo como Aisha-san, vieron la luz mágica de Haruhime-san mientras huían hacia el norte desde el este del Distrito Laberinto para escapar de los Aventureros allí reunidos, y corrieron el riesgo de acercarse a ella.
No era nuestro plan original, pero todos estábamos felices de estar juntos de nuevo.
--Hay tantos de nosotros de repente… ¡Será mejor que nos apuremos ahora!
《… Bell-kun. Necesito hablar contigo sobre eso…》
Kami-sama había estado callada, pero ahora me hablo a través del <Occulus>.
Mientras tanto, el Al-Miraj estaba peleándose con Wiene, quien me la había quitado de encima.
--¡No, Aruru!
¡Kyuu!
《Creo que será mejor que renuncies a reunirte con Fels-kun y los demás.》Dijo Kami-sama.
--¿Huh?
Todos miraron el <Occulus>, que Wiene me había devuelto.
--¿¡L-Les sucedió algo a Fels-san y a los otros Xenos!?
《No, están bien. Escaparon de la <Familia Loki> y están en uno de los pasajes que lleva a <Knossos>.》
--En ese caso…
《No hay forma de que puedas llegar a ellos. Cuando escucharon la batalla en el oeste, todos se reunieron en el centro de la Calle Dedalo—no solo la <Familia Loki> sino también otros Aventureros…》
Con voz deprimida, Kami-sama nos dijo que reunirse con Fels-san era inútil.
Tenía razón en que sería un gran desafío evitar ser descubiertos. No había manera de que todos nosotros pudiéramos caber bajo el velo, por supuesto. Me tomaría mucho tiempo hacer múltiples viajes para llevar a todos allí, y Finn-san y sus tropas seguramente sentirían nuestra presencia pasando de todos modos.
Estábamos fuera de tiempo… La pelea con Aizu-san había tomado demasiado tiempo.
Wiene me miraba, pero no sabía qué decir. Haruhime-san y los otros Xenos también estaban en silencio. Se acabó el juego para nosotros. Las palabras de los Dioses recorrieron mi mente.
--… ¡…! ¡Señor Bell, toma esto!
--¿Huh? Esto… ¿¡Es la llave de <Knossos>!?
No pude evitar sorprenderme ante el Ítem Mágico que Lett-san me ofreció. Cuando lo mire perplejo, explico.
--El último de nuestros hermanos nos lo dio. Dijo que no importaba si lo tenía o no…
--¿Qué no importaba…? ¿Ese Xenos dijo eso?
--Dijo que se quedará aquí. Dijo que sentía que su sueño estaba cerca.
--… ¿Eso es algo bueno?
--No pudimos detenerlo… Parecía estar buscando incesantemente algo. Lett-san bajo la mirada, y cerré la boca.
Entonces ahora teníamos una llave… pero no tenía sentido si no podíamos llegar a una puerta. La <Familia Loki> seguramente nos vería si tratáramos de tomar un camino que condujera bajo tierra—
-- —¡Ah!
Una luz parpadeo en mi mente, y mire hacia arriba.
--¿Bell-sama?
Ignorando a Haruhime-san, quien me miraba con curiosidad, trate desesperadamente de repasar los recovecos de mi memoria.
Un camino que conducía bajo tierra… Una ruta que conducía a <Knossos>. Nunca lo había visto yo mismo. No había pruebas. Pero, aun así—
--¡Ahí esta! ¡Hay una! ¡Hay otra entrada!
Mire de un rostro sorprendido a otro, levantando la voz con esperanza.
× × ×
Los residentes de la Calle Dedalo habían seguido las órdenes del Gremio de evacuar. Gracias a eso, la sección noroeste donde nos encontramos ahora parecia casi abandonada. Teniendo cuidado de los Aventureros que pasaban ocasionalmente, seguimos las indicaciones de Kami-sama tomando un atajo tras otro, y finalmente llegamos a nuestro destino al norte del Distrito Laberinto.
El orfanato de María, donde vivían los niños. Llegamos al jardín trasero sin que nadie nos notara.
--¿Sabías de este lugar, Bell-sama…? Haruhime-san pregunto con sorpresa.
--¡Bell, eres increíble! Wiene sonrió emocionada.
--No, solo paso que termine viniendo aquí antes…
Respondí con una risa vacía. Cuando descendimos un grupo de escaleras, active una Lámpara de Piedra Mágica empotrada en una pared.
El jardín detrás de la iglesia que albergaba el orfanato conducía a un mar de ruinas. Escondida entre ellos había una puerta de losa de piedra. La usamos para ingresar al pasadizo subterráneo que exploré con Seal-san y los niños un mes antes.
… La habitación subterránea donde estaba el Barbarian.
--Es muy grande…
--Pensar que un lugar como este estaría aquí abajo…
Fia-san y Lett-san murmuraron maravillados mientras miraban a su alrededor. Yo también exploré el lugar con una linterna que encendí con la llama del Hellhound. Nuestros alrededores de piedra eran tal como los recordaba.
Después del incidente aquí, presenté un informe al Gremio a través de Eina-san… pero considerando lo mal que se hizo la investigación, creo que lo silenciaron antes de que llegara a Urano-sama. Escuché que se pusieron muy nerviosos por las cosas desde el incidente de la <Monsterphilia> cuando escaparon los monstruos…
--…
En un rincón de la habitación, había una enorme pila de cenizas y los restos quemados de la <Piel> del Barbarian. La mire en silencio, luego guíe a todos al otro extremo de la habitación.
Ante nuestros ojos estaba la puerta de un pasadizo, sellada herméticamente.
--Señor Bell, no puedo creerlo…
Fue el cazador con gafas de protección quien me había mencionado el pasadizo. “Sí, atrapamos a ese grandote.”
“Pero escapo de mis subordinados idiotas antes de que tuviéramos la oportunidad de sacarlo.” “Tratamos de perseguirlo, pero el maldito túnel se derrumbó durante la persecución y escapo.”
El “grandote” era el Barbarian que había encontrado aquí, y el pasadizo subterráneo derrumbándose era la puerta frente a la que estábamos parados en este momento.
Lett-san mira hacia abajo a mi mano derecha, donde puntos de luz blanca se reunía una y otra vez mientras sonaba una campana.
Los cazadores que capturaban Xenos solían entrar y salir de <Knossos> como parte de sus actividades de contrabando, así que era lógico suponer que había una puerta aquí abajo por la que el Barbarian escapó.
Había estado cargando por dos minutos.
Le dije a Wiene y a los demás que retrocedieran y extendí mi brazo derecho para usar mi Habilidad.
--Firebolt.
El bombardeo masivo que había cargado destruyo la puerta de ladrillo al pasillo de una sola vez.
-- ——“ “ “ “¡…!” ” ” ”
Haruhime-san y los demás se llevaron las manos a sus oídos ante los temblores y el rugido.
Cuando levantaron la vista, vieron una puerta medio destruida donde estaban los ladrillos y, más allá de eso, un pasadizo subterráneo que conducía a la distancia.
--¡Siiiiii!
Susurré cuando vi—muy lejos en la distancia, entre los muros de piedra que se desmoronaban—el destello de la Adamantita.
No había ningún error. Este pasadizo llevaba a <Knossos>.
--Si avanzan por aquí, deben llegar a la puerta de <Knossos>. Aunque no conozco el camino… Dije.
--Estaremos bien. El aroma de nuestros hermanos todavía persiste en los confines del pasaje. Probablemente…
¡Woof!
Helga-san, el Hellhound, que había estado olisqueando ruidosamente el aire, termino la frase de Fia-san con un ladrido, como para afirmar su sospecha. Probablemente era el olor de las víctimas del contrabando…
Los Xenos de nuestro grupo aclamaron ante el camino que se había abierto ante ellos. Después de un momento, se dirigieron a Haruhime-san y a mí.
--¡Señor Bell, gracias, muchas gracias! No olvidaremos tu ayuda. La próxima vez, si estás en problemas, seremos nosotros quienes acudiremos en tu ayuda.
Dijo el Goblin de gorra roja.
--Habitantes de la superficie, espero que puedan visitarnos en nuestro hogar nuevamente. Vamos a cantar y bailar juntos una vez más.
Agrego la siempre curiosa Harpía.
--Lo haremos… y la próxima vez, llevaremos a Mikoto-sama.
El Goblin de gorra roja y la Harpía nos dieron la mano a mí y Haruhime-san.
Mientras los peculiares Al-Miraj y Hellhound resoplan en nuestras piernas como para decir cuán tristes estaban de separarse, me llene de felicidad de que Haruhime-san haya tomado las manos de los Xenos.
--Bell.
La ultima en despedirse fue Wiene.
La chica dragón se paró frente a nosotros y nos mira al rostro.
--Regresaré con todos. Si me quedo aquí en la superficie, solo los lastimaré a ambos.
--Wiene-sama…
Wiene sonrió, así que Haruhime-san, quien ya sonaba desconsolada, no se sintió aún más triste.
--Sabes, cuando nos despedimos la última vez, lloré y lloré porque estaba muy sola. Dijo.
--…
--Pero si vuelvo a hacerlo, se preocuparán por mí, ¿Verdad? Entonces no llorare más. No tienen que preocuparse.
--Wiene…
Parecia estar tratando de liberarse de su posición como protegida.
¿Qué la había hecho cambiar tanto en tan poco tiempo?
¿Fueron todas las personas que conoció? ¿La malicia que los humanos le mostraron? ¿Su roce con la muerte? Sea lo que fuere, sabia en el fondo de mi corazón que no cambiaría la imagen de su sonrisa en este momento ni por todo el oro del mundo.
Sabía que sin importar si era un monstruo o un humano—esta chica que me protegió era una criatura noble.
--¿Saben lo que Lyd me dijo? ¡Puede que no sea posible en este momento… pero dijo que, si existían personas como ustedes, nuestro sueño se haría realidad algún día!
Dijo, con una sonrisa en el rostro. Le devolví la sonrisa.
--Nos volveremos a ver, ¿No es así? Me pregunto.
--Si, lo haremos.
--¿Y podremos vivir juntos algún día?
--… ¡Sí, por supuesto! Asentí.
No estaba simplemente consolándola. Estaba decidido a hacerlo realidad.
--Te lo prometo. No sé cuánto tiempo tomara… pero un día, crearé un lugar donde podamos vivir juntos. Wiene se sonrojo y me sonrió.
Haruhime-san, quien nos había estado observando con ojos amables, aplaudió.
--¡Hagamos una promesa de meñique! Dijo.
--¿Promesa de meñique?
Wiene y yo la miramos inquisitivamente. Ella explico cómo en el Lejano Oriente, las personas vinculaban sus meñiques para hacer una promesa. Luego engancho mi dedo meñique junto con el de Wiene y recito la promesa.
--¡Esto es vergonzoso!
Murmure tímidamente.
--¡No, no lo es! Insistió Haruhime-san.
Wiene se rio, y Haruhime-san conecto su meñique con el suyo. Luego le dio a Wiene el <Occulus>como si le estuviera dando un regalo, y ambos la rodeamos con nuestros brazos.
Ella abrazo su meñique contra su pecho como si fuera su posesión más preciada, luego siguió a los otros Xenos por el pasadizo.
--¡Adiós, Bell, adiós, Haruhime! ¡Nos veremos pronto!
Sus extrañas formas se hacían cada vez más pequeñas.
Los brillantes ojos ámbar de Wiene revelaron las lágrimas que estaba escondiendo cuando se dio la vuelta. Yo también había estado ocultando las mías.
Haruhime-san y yo gritamos nuestra despedida y observamos mientras los Xenos, todavía saludando, se desvanecían en la oscuridad.
Nos quedamos allí hasta que desaparecieron por completo.
--Una promesa…
Mire mi meñique aún caliente.
Tenía que hacer que sucediera. No podía permitir que fuera una mentira que le dije porque no sabía qué más decir.
Incluso si era tan absurdo como la fantasía de un niño, incluso si era un sueño imposible, incluso si era un ideal fuera de alcance. Teníamos que sonreírnos el uno al otro en la superficie una vez más.
Para que eso sucediera, tenía que hacer más a partir de ahora—
--…
Miré hacia abajo a mi palma y la apreté fuertemente en un puño.
Un minuto después, Haruhime-san sonrió, secándose las lágrimas, y le devolví la sonrisa. Hoy, en este momento, había grabado una nueva promesa en mi dedo.
× × ×
--¿¡En serio, Fels!? ¿¡Wiene y los otros realmente han entrado en <Knossos>!? Lyd gritó.
Estaba cubierto de heridas que contaban la historia de su feroz batalla contra la <Familia Loki>. Pero en contraste con su apariencia maltratada, su voz se desbordaba de alegría y emoción.
--Sí. Parece que Bell Cranel los condujo allí.
Respondió Fels, sosteniendo el <Occulus> en una mano. El pasadizo de piedra donde estaban resonó con las aclamaciones de los monstruos. Avanzaban por una de las rutas subterráneas que conducían a <Knossos>.
Gracias a Welf, Mikoto y la <Niebla Negra>, poco antes habían llegado a una escalera oculta en la zona central del Distrito Laberinto que conducía bajo tierra. Los persistentes ataques de la <Familia Loki> habían cobrado un alto precio, y el grupo disperso había estado al borde del colapso, pero con una fuerte defensa de Lyd, Gros y Rei, de alguna manera habían llegado hasta allí. Ahora, sabiendo que Wiene y los Xenos que se habían separado estaban fuera de peligro, su última preocupación había desaparecido.
La línea de monstruos aceleró su paso hacia la puerta de <Knossos>.
--Parece que Lett y los demás cruzaron la puerta sin incidentes, pero las fuerzas subterráneas del enemigo parecen moverse con velocidad vertiginosa. Lo más probable es que <El Valiente> se dio cuenta de que tenemos el <Diario de Dedalo>.
Dijo Fels.
--Y gracias a eso, llegamos aquí justo en el último momento. Respondió el Hombre Lagarto.
--Pero no hay ni un solo enemigo en este pasadizo. Debe ser uno de los puntos ciegos del enemigo.
Señaló la Gárgola.
--Gros tiene razón. La <Familia Loki> no sabe que existe este pasadizo subterráneo. Parece que el plano fue nuestra carta de triunfo, después de todo.
Dijo Fels, mirando hacia abajo el plano de <Knossos> copiado del <Diario de Dedalo> para determinar su ruta hacia adelante.
La puerta occidental de Oricalco estaba a la vuelta de la esquina.
--Bien entonces, Fels…
Dijo la Siren Rei.
Fels asintió.
--Sí. No sé si podemos llamarlo una victoria, pero casi hemos llegado a nuestro destino. Se apresuraron a través del oscuro pasillo.
× × ×
--Phew… no estaba segura por un tiempo… pero me alegro de que lo hayan logrado.
Dijo Hestia, hundiéndose en el suelo y soltando un largo suspiro cuando la tensión desapareció de su cuerpo.
Todavía estaba en la torre desierta en las afueras del suroeste del Distrito Laberinto. No era de extrañar que sus hombros finalmente se hubieran relajado ahora que había llevado con seguridad a los Xenos a <Knossos>. Se merecía un premio por su servicio meritorio dirigiendo a Bell y a los demás de un lugar a otro a través de los
<Occulus>.
Bajo el cielo nocturno sobre su centro de comando al aire libre, Hestia devolvió su mirada al Mapa Mágico extendido en el suelo.
--Bell-kun y Haruhime-kun están en el norte, Ayudante-kun sigue deambulando por el este, Welf-kun y Mikoto- kun se dirigen hacia el sur… Creo que hemos terminado. Parece que todos estarán bien de aquí en adelante.
Los nombres de los Xenos ya habían desaparecido del Mapa Mágico. Eso era porque el <Legado de Dédalo> que Fels había elaborado no incluía los pasadizos subterráneos que conducían a <Knossos>. Ya que el <Polvo Buscador> no podía convertir el plano de <Knossos> en un Mapa Mágico, Hestia ya no tenía forma de rastrear a los Xenos.
--Seguro que es solitario aquí. Creo que iré a encontrarme con alguien.
Hestia—quien había estado sola en la torre desde que Haruhime había partido—murmuro mientras tiraba del Diario que estaba junto al mapa cerca de ella.
--Cielos, Bell-kun me sorprendió. No me di cuenta de que ese pasadizo existía… Quiero decir, ni siquiera está en el plano.
Continuó, desconcertada por el pasadizo subterráneo al que había llevado a Wiene y a los otros.
Algunos de los pasadizos parecen ser callejones sin salida… Me pregunto si los descendientes de Dédalo los construyeron de esa forma.
Pensó para sí misma.
No era imposible. De hecho, había una posibilidad decente de que ese fuera el caso. Hestia asintió para sí misma y hojeó el <Diario de Dédalo>.
--Pensar que este libro tiene mil años de antigüedad… y realmente nos salvó esta vez.
La condición andrajosa del libro hablaba de su edad. Dibujos del laberinto de varias capas cubrían las páginas que claramente habían sido volteadas incontables veces, y aquí y allá en medio del texto se encontró con caracteres que no podía leer. Las palabras establecidas en la búsqueda obsesiva de esa obra maestra de la creación—el laberinto—junto con el libro manchado de sangre, eran verdaderamente un testimonio de tenacidad.
Cuando Hestia volvió a leer las páginas del antiguo libro que los había ayudado a burlar a la <Familia Loki>, de repente se le escapó de las manos.
--¡Oh!
El libro cayó a través de la azotea y, con la peor de las suertes, cayó en una depresión en una esquina que estaba llena de agua por la lluvia del día anterior.
--¡¡Oh, no!! ¡¡N-N-N-N-No este libro de mil años de edad!!
Por supuesto, debería haber estado manejando el precioso libro con sumo cuidado. Temiendo lo peor, la repentinamente pálida Hestia se apresuró a sacarlo del charco.
× × ×
--Capitán, lo siento mucho… pero hemos perdido la pista de los monstruos.
Mientras Finn estaba en el cuartel general de la <Familia Loki>, en la zona central de la Calle Dedalo, escuchando el informe de su miembro de su <Familia>, estaba sumido en sus pensamientos.
¿Debería haber enviado a Riveria cuando Gareth fue detenido? Esa niebla negra realmente estropeo nuestras comunicaciones… No, es un desperdicio pensar en eso ahora.
El instinto de Finn cuando envió a Gareth fue matar al grupo de monstruos. Lo habían superado gracias a su subestimación fatal de la fuerza del enemigo—no, la fuerza de la <Familia Hestia> parada detrás de los monstruos—y por haber sido tacaño con sus tropas.
Y todavía no hemos encontrado al minotauro negro. ¿Alguien lo mató…? No, no lo creo. Algo está pasando con ese minotauro.
No había logrado su objetivo principal. Ahora sus opciones eran limitadas debido a una serie de factores, incluida la situación de <Knossos>. Miró hacia el Distrito Laberinto, que aún bullía con los caóticos gritos de los Aventureros.
Más que nada, es porque no puedo leer los movimientos del enemigo…
Si todo hubiera ido de acuerdo con el plan del enemigo, entonces su líder debía ser formidable. Finn lo reconoció. Pero todavía había algo que no podía entender.
--¿Estás seguro de que perdiste de vista a los monstruos cerca del 21° distrito?
--Sí, señor.
Finn frunció el ceño.
El distrito veintiuno… De ninguna manera, examinamos esa área, y…
La suposición de Finn había estado completamente equivocada. Él había sido totalmente engañado. No, algo estaba pasando.
--…
Finn miró su mano derecha.
Su pulgar latía con sorprendente fuerza.
--… ¿A dónde demonios se dirige el enemigo?
× × ×
--El Mundo Inferior se ha vuelto loco. En algún lugar del mundo, alguien gritó.
Las innumerables historias que se desarrollaban en el Mundo Inferior pertenecían a los niños, pero aun así, los Dioses acechaban en el fondo.
Como marionetas en cuerdas, o actores escuchando sus líneas susurradas desde detrás del escenario, o bailarines cuya actuación era reescrita en medio de un paso, los niños eran guiados por la voluntad divina de los Dioses.
--No somos más que títeres de los Dioses y Diosas. En algún lugar del mundo, alguien se dio por vencido.
× × ×
--Fels, ¿Qué sigue?
--¡Justo en la siguiente esquina! ¡Ahí es donde está la puerta!
Los Xenos avanzaron. Iban hacia la marca roja en el mapa que representaba su única esperanza.
Pies con garras golpeaban el piso de piedra. Alas batían en el aire. Un vientre de serpiente se deslizaba por el suelo, los cascos lo golpeaban y las colas lo arañaban. Los monstruos corrían con todas sus fuerzas.
Finalmente, dieron vuelta en la última esquina.
× × ×
--¡Oh, está empapado!
Sollozó Hestia, sosteniendo el libro que había recuperado del charco. Entonces jadeó.
-- —¿Huh?
Sintió como si el tiempo se hubiera detenido.
--¿¡Qué!? ¿Cómo podría—? ¡No puedo creerlo!
Fragmentos incoherentes salieron de sus labios mientras sostenía el libro mojado en sus manos. Sus ojos se agrandaron mientras miraba la página abierta frente a ella. Ella perdió toda su compostura restante.
--¿Cómo puede ser esto…?
Temblando de miedo, dejó escapar un penetrante grito.
--Urano, ¿¡Cuál es el significado de esto!?
× × ×
--…
En el altar en el santuario subterráneo, el Dios anciano frunció el ceño y cerró los ojos con fuerza.
× × ×
--¿Qué demo—?
Los Xenos dieron vuelta en la esquina y se encontraron cara a cara con una visión espeluznante. Un enorme muro de piedra, sin una sola grieta o costura, llenaba todo su campo de visión.
Una pared masiva bloqueando su camino hacia adelante.
La puerta que se suponía que los salvaría no se veía por ningún lado.
--¿Un callejón sin salida…? Lyd dijo con asombro.
--Fels… ¿Qué está pasando? ¿Hicimos un giro equivocado?
Preguntó Gros.
--¡Esto es imposible! Estoy seguro de que leí bien el mapa… Respondió Fels, mirando el plano.
El Mago había seguido los trazos durante todo el camino, dirigiéndose a la puerta occidental que la <Familia Loki> desconocía. Pero aun así, allí estaba la enorme pared.
¿Hay una puerta oculta? No, el mapa no indicaba algo así…
Increíble. Es como si alguien nos hubiera estado manipulando todo el tiempo…
Debajo de la temblorosa túnica negra, el esqueleto maldecido recordaba vívidamente lo que era sudar. Fue entonces cuando el Mago escucho una voz.
--¡Hey, Xenos!
La alegre voz vino directamente detrás de ellos.
--“ “ “ “ “ “¡…!” ” ” ” ” ”
--Es un placer conocerlos. Por favor no teman. Mi nombre es Hermes. Solo soy un Dios ordinario.
El Dios tenía cabello rojo anaranjado y llevaba un sombrero de viaje con plumas. Sus ojos, del mismo color que su cabello, se entrecerraron mientras le sonreía amablemente a los asombrados Xenos.
--¿¡Dios Hermes…!? ¿¡Qué estás haciendo aquí!? Preguntó Fels.
--Es bastante simple, Sabio caído. Los estoy emboscando.
--¿¡Emboscando…!?
El Sabio farfulló confundido. Los Xenos compartían su desconcierto.
¿De qué estaba hablando Hermes? ¿Qué quería decir con emboscar? ¿Cuál era su objetivo? La mente de Fels se negaba a entender la situación en la que se encontraban.
Los Xenos, que estaban inmovilizados en su lugar, sintieron algo frío en el Dios que estaba frente a ellos. El Mago vestido de negro apretó el mapa mientras hacía una pregunta.
--Dios Hermes… ¿Por qué no hay puerta aquí? ¿No fuiste tú quien obtuvo el plano de <Knossos>? Este plano, el <Diario de Dedalo>—
Hermes sonrió de oreja a oreja.
--Realmente no creíste que existía el <Diario de Dédalo>, ¿Verdad?
Capítulo 06 – El Engaño del Dios
Mientras Hestia sostenía el libro empapado en sus manos, la sangre se dreno de su rostro.
--La escritura no está desapareciendo... ¡La tinta no se está diluyendo!
Las letras ni siquiera estaban borrosas.
La verdad golpeó a Hestia como una onda de choque.
Incluso había algo extraño en la textura de las páginas, que el agua no había deformado en absoluto. Si el papel de mil años se mantenía sin cambios después de absorber el agua, entonces este Diario debía ser—
--¿Toda esta cosa es un Item Mágico…? No es imposible, y ciertamente no es inimaginable, pero…
El maestro artesano Dedalo supuestamente había creado este libro maldito. Hestia había escuchado que era uno de los pocos niños de Urano y uno de los primeros humanos en ser bendecido con una <Falna>. Pero incluso en la última parte de su vida, que cayó en los primeros años de la Era Divina cuando los Dioses descendieron de los cielos, no había forma de que las técnicas para los Ítems Mágicos pudieran haber sido tan avanzadas. Las capacidades para manifestar <Habilidades>—sin mencionar el conocimiento sobre Ítems Mágicos—se habían acumulado durante los últimos mil años. Tal vez Dedalo podría hacer una puerta de Oricalco que no hiciera más que abrir y cerrar, pero era imposible imaginar que creara un libro como este.
Hestia se dio cuenta de que alguien debió haber creado deliberadamente el Diario para que pareciera que era de la Antigüedad—específicamente como un engaño.
--Y esta tinta que no se disuelve... la reconozco.
Era el mismo tipo de tinta que tenía la carta que el búho Familiar de Fels había entregado. Esa escritura carmesí tampoco se había diluido bajo la lluvia.
Fels había escrito la carta con un Bolígrafo de Sangre, un Item Mágico que permitía usar sangre en lugar de tinta. Los Bolígrafos de Pluma roja eran populares entre los Aventureros de Orario en estos días.
¿Y quién las había inventado? Nada menos que <Perseo>.
× × ×
--Por supuesto que no recibí el Diario de Ikelos. Anunció Hermes al atónito Fels y los Xenos.
--Dix Perdix poseía el Diario original. Pero ahora está muerto. Lo más probable es que el verdadero esté en algún lugar de <Knossos>.
Hermes continuó.
La herencia de Dédalo se transmitía a sus descendientes. Eso era cierto tanto para el Diario como para
<Knossos>. Incluso el Dios Principal no podía quitárselos, explicó Hermes, todavía sonriendo.
Su sonrisa solo sirvió para avivar la confusión y la ira de Fels.
--Entonces, ¿¡Qué es ese libro!?
--Una falsificación. Uno de mis niños creo el libro que recibió Hestia. Tambien hizo un buen trabajo, ¿No estás de acuerdo? Le pedí que utilizara todo tipo de Ítems Mágicos para crear la ilusión de un libro de mil años.
Una hermosa mujer con cabello azul turquesa y círculos oscuros y cansados bajo sus ojos salió por detrás de Hermes. Era <Perseo>. Ella había respondido a la petición de su Dios Principal, y en el espacio de unos días cortos y sin dormir creo una réplica del libro en el que Dedalo había vertido su enloquecida obsesión.
La única verdad que Hermes había hablado cuando llegó ante Urano fue que había inspeccionado minuciosamente <Knossos>. Su <Familia> había explorado los mismos lugares que la <Familia Loki>. En otras palabras, todo en los planos debajo del primer nivel subterráneo era falso—y los mapas que Hestia y Fels habían usado estaban entrelazados con mentiras.
El lugar donde ahora estaban los Xenos era una de esas falsedades.
--¿¡Entonces dibujaste puertas que no existían y nos atrajiste aquí…!?
--Ponlo de esa manera si quieres. Ya que la <Familia Loki> protegía todas las demás puertas, Sabía que se verían obligados a morder el anzuelo y probar su única otra ruta de escape.
Un callejón sin salida con una puerta inexistente.
Fels y los Xenos habían seguido el Diario directamente a la trampa del Dios. En ese sentido, era natural que Finn hubiera leído la situación incorrectamente. Por supuesto, su instinto de peligro no había hecho sonar las alarmas. Los Xenos habían ido por el camino equivocado.
--Mientras supiera a donde te dirigirías, al este o al oeste… todo lo que tenía que hacer era confiar en mi plan y esperar. Espera aquí, quiero decir.
Explicó Hermes, frotando el borde de su sombrero de viaje.
--No culpes a Urano por esto. Solicité su ayuda, por así decirlo, a cambio de todo lo que me pidió en el pasado. Pero, ¿Por qué Hermes no le había dado el Diario directamente a Bell?
La respuesta era simple. No quería levantar sospechas. Al poner a Urano en el medio, había suavizado las dudas de Hestia y Fels. Urano había servido como su cubierta. Habían confiado en el libro sin reservas porque provenía de la antiguo Dios estrictamente imparcial.
--Esperen lo suficiente e incluso la <Familia Loki> los encontrará aquí, aunque nunca esperarían que caminarían por su propia voluntad a un callejón sin salida.
--… ¡…!
--Pero por favor no se preocupen. Todavía hay una salida. Si puedes llegar tan lejos, lo más probable es que llegues al Calabozo.
Habiendo arrinconado a Fels y a los Xenos, Hermes se paró frente a ellos, colgando desesperación y esperanza ante sus ojos.
El significado de la situación era claro. Sus vidas estaban en sus manos.
Los Xenos parecían aún más sorprendidos que Fels mientras la sonrisa del Dios los inmovilizaba en su lugar. Los dedos enguantados de Fels crujieron mientras se frotaban. Junto a la ira, una impaciencia abrumadora se acumulaba dentro del mago.
Este Sabio que había vivido durante ochocientos largos años se vio obligado a darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
El Dios estaba jugando con ellos.
《—¡Fels-kun, algo raro está sucediendo! Dejé caer el Diario en un charco, pero no pasó nada… ¡Es falso!
¡Urano—no, Hermes—hizo algo…!》
Los gritos de Hestia resonaron a través del <Occulus> y en el aire cargado de miedo del callejón sin salida. Hermes miró el cristal azul, y Fels, obedeciendo su orden silenciosa, lo aplastó. La voz de Hestia fue silenciada.
--¿Cuál es tu objetivo, Dios Hermes…?
Preguntó Fels en una voz saturada de resentimiento.
--Quiero hacer un trato—o más bien, una solicitud. Respondió Hermes, entrecerrando los ojos.
Los Xenos no podían negarse.
Mientras su dependiente estaba paraba detrás de él, Hermes miró por encima de los monstruos ante él y lentamente curvo los labios.
--Mueran por mí, monstruos inconformistas.
× × ×
Bell y Haruhime se encontraban en la cima de una colina en la parte norte de la Calle Dedalo. Después de despedirse de Wiene y los otros Xenos, abandonaron el jardín trasero del orfanato y se dirigieron hacia allí.
--La ciudad se siente más tranquila ahora, ¿No es así? Dijo Bell.
--Sí, tienes razón. Ahora los Xenos deben estar de vuelta en el Calabozo… Respondió Haruhime.
Las olas de caos parecían alejarse de los suburbios en expansión bajo la barandilla, donde estaban uno al lado del otro. La neblina negra que había llenado la sección occidental había desaparecido por completo, y podían decir que la emoción se desvanecía.
Mientras miraban hacia las enredadas calles del Distrito Laberinto, Bell y Haruhime sintieron una sensación de logro, pero también cierta soledad.
--… El último Xenos que todavía está aquí… no podemos salvarlo, ¿Verdad?
--Bell-sama…
--Él está aquí por su propia voluntad, y puede no ser de mi incumbencia… pero…
Bell estaba pensando en Wiene y los demás. Quería que el último Xenos sobreviviera si era posible, pero vaciló en expresar ese pensamiento directamente.
Haruhime se estaba riendo de la evasiva del chico más joven que ella cuando la voz de su Diosa de repente se escuchó desde el <Occulus> en su guantelete.
《¡Bell-kun, Haruhime-kun! ¿¡Pueden escucharme!?》
--¿Kami-sama? ¿Qué pasa?
《¡Necesitamos hablar! Quiero reunirme con ambos. ¡Me dirigiré hacia ustedes, así que solo sigan mis instrucciones!》
--Uh… um, está bien. Entiendo.
La desesperación en la voz de Hestia desconcertó a Bell. Mientras él y Haruhime se miraban entre sí, ambos se dieron cuenta de que algo estaba muy mal.
Renunciando a cualquier explicación, Hestia inmediatamente comenzó a darles instrucciones. Eventualmente, se encontraron en una plaza en el lado oeste del Distrito Laberinto.
Hestia se tambaleó hacia ellos bajo una mochila rellena con el Mapa Mágico y otros Ítems. Sin siquiera hacer una pausa para agradecerles por su arduo trabajo, lanzo una explicación de lo que había sucedido.
--¡El <Diario de Dedalo> es falso! ¡Y no puedo contactar con Fels-kun y los demás!
--¿F-Falso…? ¿Y no puedes contactar al Xenos…?
--¿¡Q-Qué significa esto, Kami-sama!?
--¡No lo sé! No lo sé, pero… ¡Tengo un mal presentimiento…!
Hestia retorció sus coletas ansiosamente mientras respondía a las preguntas en pánico de Bell y Haruhime. Por su expresión, se dieron cuenta de cuán seria era la situación.
--Bell-kun, siento pedirte esto, pero, ¿Puedes ir al pasadizo subterráneo y ver qué está pasando? ¡Sé que la
<Familia Loki> todavía está por aquí y es peligroso, pero quiero que revises la situación!
--¡S-Sí, está bien!
Sin más explicaciones por parte de Hestia, Bell agarró su <Velo Reverso> y estaba a punto de salir corriendo cuando ella lo detuvo.
--¡Espera un momento, Bell-kun!
--¿Qué?
--Solo para estar seguros, actualicemos tu <Estado>… No sabemos qué podría pasar.
Hestia busco entre sus pertenencias, sacó su aguja de Ichor y llevo a Bell a las sombras donde nadie podía verlas.
--Um, pero… todos acaban de hacerlo juntos…
--Luchaste contra la <Princesa de la Espada>, así que realmente va a—Uh, de todos modos, está bien; solo quédate quieto.
Hestia no quería decir nada más sobre esa <Habilidad> en particular, así que simplemente le ordenó a Bell que obedeciera.
--¡¡Sí, Kami-sama!!
Dijo, y comenzó a quitarse su equipo.
--Haruhime-kun, dile a Ayudante-kun, a Welf-kun y a Mikoto-kun que vengan aquí.
--¡S-Sí, señora!
Hestia había priorizado reunirse con Bell para que pudiera fortalecer su <Estado>. Ahora terminó apresuradamente el procedimiento mientras le daba órdenes a Haruhime.
--¿¡Que…!? ¿¡Qué tanto te apaleo esa Wallen-lo-que-sea-kun!?
--Uh, ¿Sucede algo?
Bell sudaba nerviosamente mientras Hestia se quedaba sin aliento. Quería saber qué heridas había sufrido, pero no tenían tiempo que perder. Volvió a ponerse su equipo y tragó varias Pociones Duales que Hestia le dio para volver a estar en plena forma. Estaba a punto de dirigirse al pasadizo subterráneo antes que Welf y los demás cuando—
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO—!!
El espantoso grito de batalla de un monstruo retumbo a través del cielo nocturno.
--… ¿Huh?
Al principio, Bell no entendió lo que había sucedido.
Hestia y Haruhime también estaban estupefactas. Levantaron la mirada en la dirección por la que había venido el grito.
Una forma grotesca agitaba sus alas a través de la luna detrás de un velo de nubes.
× × ×
--¿¡Dónde está!? ¿¡De dónde viene ese sonido!? Mord Latro se puso rojo y escupió en el suelo.
Un empleado del Gremio los había llamado a él y a sus compañeros, y ahora se encontraban en medio de, muy a regañadientes, realizar su tarea asignada. Al oír el rugido del monstruo—seguramente el más feroz de todo el día—el Aventurero bandido de Clase Alta miró a su alrededor con una mueca aterradora.
Los dos humanos blancos como fantasmas que estaban a su lado apuntaban al cielo.
--Mord…
--Está allá arriba…
--¿Huh?
Varias formas eran visibles en la dirección que apuntaban. Todos tenían alas. Mientras se elevan por el cielo, sus siluetas se hacían cada vez más grandes.
Se dirigían directamente hacia Mord y sus compañeros.
Él los miró fijamente. En el momento en que las siluetas borrosas se enfocaron y se dio cuenta de que una de ellas era una Gárgola, abrió la boca y gritó.
--¡¡Uaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
¡¡Gaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahh!!
Cuando los monstruos se estrellaron contra el suelo con un grito de guerra, Mord y sus compañeros saltaron hacia atrás tan rápido como pudieron.
Los monstruos aterrizaron uno tras otro, levantando una nube de polvo. Sus garras de piedra rasgaron los adoquines con un rugido terrible.
Todos los que miraban se quedaron completamente en silencio.
Mord y sus compañeros estaban en la sección noroeste, en las afueras de la Calle Dedalo, cerca de la gran multitud de evacuados.
--¡¡Uaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
--¡¡Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeek!!
Cuando el tiempo una vez más comenzó a avanzar, gritos de cólera consumieron al distrito.
Las personas chillaban y gritaban mientras los atroces monstruos alados invadían el cielo. El terror que las personas indefensas habían estado reprimiendo estalló de repente, y una oleada de demi-humanos intentó huir de la escena.
--¡¡A-Aventureros!! ¡Derrótenlos! Gritó un empleado del Gremio.
--¡Maten a los monstruos!
Gritaron a cambio.
Los Aventureros de la multitud comenzaron a correr con sus armas en la mano.
Cuatro monstruos—una Gárgola, un Águila Carmesí, un Iguazú y un Avispón Mortal con armadura—habían aterrizado en la gran plaza ovalada. Los Aventureros se dividieron en una retaguardia que se quedó atrás para proteger a los ciudadanos y una vanguardia motivada por una mezcla de coraje y codicia por las recompensas en las cabezas de los monstruos.
La primera línea de tropas consistía en Beastmans que se movían con la agilidad característica de su raza. Pero los ojos de piedra de la Gárgola no conocían ninguna razón mientras se abalanzaba sobre las tropas.
¡Gaaaaaah!
--¡Aaagh!
Un solo golpe de sus afiladas garras envió a los Aventureros Beastman al suelo. Los humanos y los Enanos corrieron la misma suerte. La retaguardia disparó una lluvia de flechas, pero la sólida pared de piedra de las alas de la Gárgola las desvió todas. Olvidando que estaban justo en el medio de la ciudad, los Magos comenzaron a preparar su Magia, pero los cantos se convirtieron en gritos cuando los otros monstruos los atacaron.
La vista de los Aventureros siendo derrotados provocó que la multitud entrara en pánico. Los adultos quedaron paralizados por el miedo, el personal del Gremio se encogió y los niños se abrazaron. Mientras las personas corrían descalzas hacia la Calle Principal del Este, las calles se obstruyeron y la evacuación se detuvo.
--¡Capitana Shakti!
--… ¡…!
La capitana de la <Familia Ganesha> estaba protegiendo a los ciudadanos en el sitio, pero estaba nerviosa por una razón diferente a la que tenían.
¡Idiotas! ¿¡Ahora, aquí…!?
Shakti, quien sabía sobre los Xenos, no podía creer lo que veía. No pudo ocultar su agitación por el extraño comportamiento de estas criaturas supuestamente inteligentes. Se veían exactamente como monstruos ordinarios en un alboroto indiscriminado.
Apretó los dientes y gritó una orden a los miembros de su <Familia>, quienes la miraban en busca de orientación.
--¡La seguridad de los ciudadanos es lo primero! ¡¡Obedezcan la voluntad divina de Ganesha-sama y continúen ayudando con la evacuación y la protección!!
--“ “ “ “¡Entendido!” ” ” ”
Esa era su única orden.
Mientras tanto, Ouka gritaba desesperadamente un orden diferente.
--¡Chigusa! ¡¡Trabaja con Asuka para sacar a esos niños de aquí!!
--¡Uh, está bien!
Ouka y varios otros miembros de la <Familia Takemikazuchi> estaban entre la multitud de Aventureros totalmente abrumados. Ouka estaba tratando de hacer retroceder los ataques de los monstruos alados con un lado de su Hacha de Guerra, y claramente tenía las manos llenas. Siguiendo sus instrucciones, Chigusa protegió a los niños que había llevado a la plaza y trató de guiarlos hacia la seguridad.
--Uh-uh…
--¡Lai, tenemos que salir de aquí rápido!
--… ¡…!
Lai, Fina, Ruu y los otros niños no respondían a las llamadas de Chigusa y María. Se habían congelado al ver a los horribles monstruos.
Los gritos provocaron más gritos y la plaza sucumbió a la espiral descendente de terror y caos.
× × ×
--¿¡Qué están haciendo!?
Bell había subido a un techo, y gritó con incredulidad mientras observaba la caótica escena.
--L-Los Xenos están causando disturbios en la plaza…
--… ¿¡…!?
Haruhime se llevó la mano a la boca, y Hestia se quedó sin aliento por la sorpresa. No podían darle sentido a la escena de pesadilla frente a sus ojos. Las criaturas que arrasaban violentamente como monstruos comunes eran inequívocamente Gros y varios otros Xenos.
--¡Espera un segundo, Bell-kun! Gritó Hestia.
El chico la ignoró y, arrojando el velo a un lado, saltó hacia la multitud. Se dirigió directamente a la plaza como si los gritos de los ciudadanos lo empujaran hacia adelante.
--¡Hestia-sama!
Un instante después, Welf, Mikoto y Lili llegaron al techo. Habían escuchado sobre el caos, pero cuando lo vieron por sí mismos, estaban tan sorprendidos como Bell.
--Hey, esto debe ser una broma… ¿¡Qué está pasando!? Gritó Welf.
--¡No lo sé! ¿¡Cómo se supone que voy a saberlo!? Lili gritó.
--¡Por favor, cálmense ustedes dos!
Dijo Mikoto, recuperando la calma suficiente para interrumpir su pelea.
Mientras los miembros de su <Familia> gritaban a su lado, Hestia observaba a los Xenos desde la distancia. De repente, un pensamiento vino a su mente.
Esto parece una obra de teatro…
La plaza era el escenario, los ciudadanos la audiencia, y los monstruos y Aventureros el elenco. Mientras la audiencia gritaba en la escena de la sangrienta y cruel batalla con un terror cada vez mayor, parecían esperar con impaciencia que llegara el punto de inflexión.
En ese momento, la estrella, el Héroe de la obra, corrió al escenario—
-- —…¡¡…!!
Hestia levantó la mirada. Mientras miraba el cielo vacío, maldijo furiosamente a los Dioses que debían estar mirando la escena desde una posición distante.
× × ×
--¿¡C-Capitán!?
--Lo sé.
Sin siquiera darle un vistazo a Raúl, quien se estaba acercando a él, Finn observaba la escena en las afueras de la sección noroeste donde los monstruos habían descendido.
--Esto no es diferente del Calabozo…
Finn suspiró. La noche parecía ser una larga cadena de ocurrencias extrañas.
Supuso que el objetivo del enemigo no era atacar un sitio de evacuación… y sintió la voluntad de un tercero interviniendo en el comportamiento totalmente incomprensible e inaceptable de los monstruos. A Finn no le gustaba, pero también sabía que una vez que las cosas habían llegado tan lejos, la <Familia Loki> no tenía más remedio que enviar una unidad.
Miró su mano derecha. Se sorprendió al sentir su pulgar palpitando levemente.
¿Está sucediendo algo? ¿O algo está por suceder?
Mientras se lamía la yema del pulgar, recordó las palabras de su Diosa Principal.
--“Llega al fondo de esto con tus propios ojos”, ¿Huh? Y así lo haré.
--¿Huh? ¿Qué dijiste, Capitán?
Ignorando a Raúl, quien había escuchado sus palabras murmuradas, Finn tomó una decisión.
--Raúl, dirigiré una unidad allí.
--¿¡Qué!? ¿¡Tu personalmente, Capitán!? ¿¡Quién se quedará aquí en la sede y dará órdenes!?
--Te lo dejo a ti y a Riveria. Usa esta oportunidad para redimirte.
--¿¡Yoooo!? Gritó Raúl.
Ignorando este estallido estúpido, Finn rápidamente se puso a trabajar. La criatura que más le preocupaba todavía estaba viva y sana. El líder Hobbit le dijo a Aizu y a los otros Aventureros de Primera Clase que permanecieran en alerta, luego se dirigió hacia el noroeste, con un grupo de miembros de su <Familia> a cuestas.
× × ×
--¡Por favor, no vayan hacia la Calle Principal! ¡Por favor, sigan las órdenes de la <Familia Ganesha>!
Gritó Eina. Intentaba desesperadamente contener a los ciudadanos fuera de control, aunque sus pies pisoteando y voces gritando crearon un rugido como una cascada que ahogó su voz.
Aunque se había dirigido a la Calle Dedalo en gran parte por razones personales, ahora estaba haciendo todo lo posible para garantizar la seguridad de los ciudadanos aquí en las afueras del área noroeste. Al menos, había estado haciéndolo hasta un momento antes.
Ahora intentaba guiar a las personas a través de la caótica plaza, pero no estaba segura de que estuviera haciendo algún bien.
¿Los monstruos terminaron aquí porque estaban siendo perseguidos? Pero, ¿Por qué venir al sitio de evacuación de todos los lugares, dado el tamaño de Calle Dedalo…?
Vio como los monstruos se enfrentaban a los Aventureros en el centro de la plaza.
A pesar de todos sus conocimientos, el papel normal de Eina se limitaba a esperar en la Sede del Gremio a que los Aventureros regresaran. Estaba llena de tanto miedo como el resto del personal del Gremio y los ciudadanos. Intencionalmente intentó estabilizar sus manos y pies temblorosos mientras evaluaba el estado de la batalla.
¡Esa Gárgola es extraordinariamente fuerte!
Uno tras otro, no solo los Aventureros de Clase Baja, sino incluso los que habían alcanzado la Tercera Clase, y el puñado de Aventureros de Segunda Clase4 presentes en la plaza, fueron arrojados hacia atrás con tanta fuerza que no pudieron volver a levantarse. El cuerpo de piedra de la Gárgola tambien era casi impenetrable para las armas de largo alcance. Era tan fuerte que sospechaba que no podrían acabar con el sin Magia.
Era difícil de creer, pero con la <Familia Ganesha> concentrándose en mantener a los ciudadanos a salvo, este pequeño grupo de monstruos tenía la sartén por el mango.
¡Si solo <Familia Loki> apareciera…!
Eina observó por el rabillo de su ojo cómo un Aventurero se derrumbaba vomitando sangre y un compañero lo apartaba, y rezo para que alguien los rescatara. En ese momento, sus ojos se encontraron con los de la brutal Gárgola.
-- —¿Huh?
Estaba segura de que la estaba mirando. Sintió que el tiempo se había detenido. Mientras miraba sin aliento los ojos de piedra sin vida, sintió como si algo hubiera alcanzado su pecho y estuviera agarrando su corazón.
No se dio cuenta de que las gemas de color púrpura en el brazalete envuelto alrededor de su muñeca estaban brillando. Tampoco notó que la Gárgola estaba ocultando el mismo tipo de piedra en su mano.
Permaneció clavada en su lugar mientras la forma de piedra gris volaba hacia ella con un rugido.
¡OHOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Los Aventureros levantaron la vista en estado de shock ante el repentino movimiento de la Gárgola, mientras los ciudadanos lanzaban gritos que rasgaron a través del aire como seda desgarrada.
Las tropas de retaguardia protegían a otras personas y no podrían llegar a tiempo con sus escudos. Ouka, encerrado en una feroz batalla, quedó mudo. Mientras las personas corrían de un lado a otro, desapareciendo detrás de la Gárgola, los ojos verdes de Eina se fijaron en las garras de piedra que estaban a punto de atravesarla.
-- —¡¡Haah!!
Pero alguien bloqueó esas garras.
--¿¡…!?
¡…!
Justo cuando Eina sintió que la muerte se acercaba, un destello de metal purpura lo interceptó.
El chico de cabello blanco había saltado delante de la Gárgola, con la <Daga Hestia> desenvainada.
4 Por si lo olvidaron, los aventureros de Clase Baja son los de Lv. 1, los de Tercera Clase son los de Lv. 2 y los de Segunda Clase son los de Lv. 3 y 4.
--B-Bell-kun…
--¡¡Eina-san, por favor retrocede!! Dijo Bell en voz alta y ansiosa.
La aturdida Eina, los ciudadanos y los Aventureros lo miraban fijamente, pero él no tenía ni una pisca de atención de sobra para ellos. Todo su cuerpo estaba palpitando con una sola pregunta: ¿Por qué?
Cuando Bell le preguntó silenciosamente al monstruo que tenía ante él esa pregunta, la espantosa Gárgola pareció estrechar sus ojos antes de volar hacia Eina una vez más.
¡Gaaahh!
--¿¡Wha—!?
Bell interceptó su estocada. La mano que sostenía su Daga tembló por la fuerza del ataque, y un fragmento de piedra voló desde la garra de la Gárgola.
El monstruo extendió sus alas y una vez más apuntó hacia Eina.
¿¡Gros-san!?
Mientras Eina permanecía clavada en su lugar, las garras se encontraron con la Daga una y otra vez.
Tal vez porque el potencial de la Gárgola era más alto, el <Pequeño Novato> se vio obligado a una posición inferior. Dejando de lado sus rencores por el momento, otros Aventureros intentaron apoyarlo, pero los otros monstruos alados no les permitieron acercarse.
Bell no tuvo más remedio que luchar contra los feroces ataques de la Gárgola. Los gruñidos amenazantes lo asombraron.
¿¡Ha perdido completamente la razón!?
Recordó el incidente en el 18 Piso. En este momento, la Gárgola se parecía mucho a como era cuando sus hermanos fueron asesinados y secuestrados. ¿Ahora tambien les había pasado algo?
--¿Por qué…? ¿¡Qué pasó!?
…
El monstruo no le respondió a Bell. Solo sus garras y colmillos respondieron.
Mientras escuchaba la voz desconcertada de Bell, la Gárgola—Gros—oculto sus emociones y deslizó sus garras por el aire.
Él era tan racional como siempre.
Su forma externa como monstruo escondía el compromiso de un acuerdo.
Dentro de su mano de piedra, sujetaba una brillante joya que resonaba con el brazalete de Eina.
× × ×
--Mueran por mí, monstruos inconformistas.
Eso fue lo que el siniestro Dios le dijo a Gros y a los otros Xenos.
--¿¡Qué!?
Respondió Lyd, sin comprender.
--Dios Hermes, ¿¡Qué estás pidiendo!?
Agregó Fels después de recuperar la capacidad de hablar.
Hermes respondió como si fuera la cosa más insignificante del mundo.
--Oh, no todos deben morir. Diría que tres o cuatro de ustedes deberían hacerlo.
Su inquebrantable sonrisa aterrorizó los corazones de los Xenos. Los Dioses eran diferentes de los humanos y los monstruos, y los Xenos los encontraron horribles sin excepción.
--Soy Hermes. Mantendré mi parte del acuerdo que hice con Urano—la mitad, al menos. Él estrechó sus largos y afilados ojos amarillos y curvó sus labios.
--En cuanto a la otra mitad, la consideraré como una recuperación de la inversión. Miró a los Xenos.
--Para salvarlos a ustedes, un chico se ha visto en una situación difícil. Simplemente no puedo resignarme a tolerar eso.
--... ¡...!
--¿Planeaban irse a casa de esa forma después de todo lo que ha hecho por ustedes? “Lo lamentamos, gracias, realmente nos salvaste.” ¿Iban a escabullirte de nuevo bajo tierra con unas pocas palabras superficiales de agradecimiento? Vamos, vamos, ni siquiera los caprichosos Dioses actuarían de manera tan poco sincera.
Sus palabras eran un medio de negociación, y también se asemejaban a las hábiles líneas de un hombre engañando suavemente a su amante. Pero más que nada, eran un veneno que ensanchaba las heridas de los Xenos hasta que se pudrieran con pus.
Efectivamente, los Xenos palidecieron y gimieron de culpa.
--¡¡Dios Hermes!!
Fels apretó los puños con furia.
El Mago no estaba enojado por la traición de Hermes, sino que estaba indignado porque la voluntad divina del Dios estaba pisoteando los corazones de los Xenos y la decisión que Bell había tomado por su propia voluntad. Pero a Hermes no le interesaban esas opiniones.
--Déjame adivinar, Fels—¿Quieres decirme que Bell tomó la decisión él mismo? Te equivocas. Lo has enredado en tu propia situación y en la voluntad divina de Urano. Bell no tuvo otra opción.
Apartó las palabras de Fels antes de que siquiera fueran pronunciadas. Para él, eran una tontería de un simple niño de ochocientos años. Él, por otro lado, podía ver la diferencia entre la verdad subjetiva de Bell y la naturaleza real de la situación.
--El mundo necesita Héroes, y apuesto todo a esa brillante luz blanca. No se le puede permitir tener tratos con monstruos… Oh no, eso nunca serviría.
Fels se quedó paralizado por el asombro ante la voluntad divina del Dios.
--Yo, Hermes, les pido esto, monstruos inconformistas. Salven al chico. Sus palabras susurradas eran mitad súplica, mitad decepción.
--… ¿Nos estás pidiendo que lo ataquemos?
Dijo Gros, ante los jadeos de los otros Xenos.
--Realmente captas rápido.
--Yo iré.
--¿Gros?
--No creo que el chico pelee contra ustedes, Lyd y Rei, o contra los demás. Como solía aborrecer a los humanos, soy el mejor para este papel.
--Pero, Gros, eso significa que tú—
--De cualquier forma que lo mires, no tenemos otra opción.
Lyd y Rei rodearon a Gros, quien había sido su compañero desde que los Xenos se unieron por primera vez, pero él negó con la cabeza. Hermes les lanzó una mirada de reojo, afirmando silenciosamente las palabras de la Gárgola con su sonrisa.
Los otros Xenos apretaron sus colmillos y bajaron la cabeza.
--Valiente Gárgola, dime tu nombre.
--… Gros.
--Gracias, Gros. Aunque eres un monstruo, te llamaré por tu nombre.
Se quitó el sombrero respetuosamente. Luego le entregó a Gros una joya púrpura.
--¿Qué es esto…?
--Un seguro. Es bastante probable que Bell, ese buen chico, no levante su Daga contra ti, incluso si lo atacas. Una persona por quien se preocupa profundamente activará este Item. Por favor atácala a ella primero.
La creadora de Ítems detrás de su Dios Principal se quedó sin aliento como si lo detestara. Gros miró la joya.
--Entiendo…
Dijo, apretándola en la piel de piedra de su mano.
--La chica de la que estoy hablando probablemente está en la sección noroeste del Distrito Laberinto. Quiero que provoques el caos allí primero. Habrá muchos de esos humanos que tanto odias… pero te agradecería que no mataras a ninguno de ellos.
--Pides mucho…
Escupió Gros. Luego miró a Lyd y a los demás.
--Es una promesa. Salva a mis hermanos.
Le dijo a Hermes.
--Vamos, vamos, soy Hermes después de todo. Mantengo mi parte de cualquier negociación.
--No quiero escucharlo.
Dijo Gros, dándole la espalda al Dios y extendiendo sus alas.
Acompañado por otros tres monstruos alados que ofrecieron sus vidas junto a él, Gros volvió sobre sus pasos a través del pasaje subterráneo y despegó hacia el cielo del Distrito Laberinto.
× × ×
Así que así es como lo pagaré.
Gros se rió para sí mismo mientras volaba hacia Bell y Eina.
A pesar de la hostilidad anterior de Gros, Bell había rescatado a sus hermanos, y ahora Gros estaba pagando con su vida por lo que Bell había hecho. Era terriblemente irónico. Pero tal vez era apropiado que alguien que había detestado a la humanidad como la más vil de las criaturas pagara de esta manera.
Especialmente si encontraba su final a manos de un humano al que había llegado a apreciar.
No dudes de ti mismo, chico.
Le había dicho a Lyd y a los demás que no deberían odiar al chico por esto.
Gros agitó monstruosamente sus alas hacia Bell, quien hacía muecas como un niño tratando de tolerar el dolor.
Fingiendo estar furioso, interpretando el papel de un monstruo violento, la Gárgola bramo hacia el chico para que hundiera su Daga en la Piedra Mágica de su pecho.
¡¡Si no lo haces, mataré a la chica—!!
Rugiendo espantosamente para empujar a Bell a una batalla más feroz, Gros oscilo sus garras.
× × ×
--¡Bell-kun…!
Hestia y los demás habían llegado a la plaza convertida en campo de batalla.
Menos Aventureros estaban luchando duro ahora, pero la plaza aún estaba llena de personas atrapadas. Y allí estaba Bell, en una esquina, encerrado en batalla con Gros mientras protegía a Eina detrás de él.
Eina parecía al borde de las lágrimas mientras veía a Bell sufrir un golpe tras otro. Estaba tratando desesperadamente de escapar para liberarlo de la carga de protegerla, pero las alas de piedra no la dejaban pasar. Los ataques de la Gárgola desde el aire hacían que la batalla fuera completamente impredecible.
--¡Bell…!
--¡Bell-sama!
Welf, Lili, Mikoto y Haruhime no sabían qué hacer. ¿Estaba bien ayudar a Bell? ¿Estaba bien atacar a los Xenos? No tenían idea.
Hestia, quien estaba parada junto a sus desconcertados niños, era igualmente incapaz de tomar una decisión.
¿Debería decirle a Bell-kun sobre el plan de Hermes? ¡Pero si hago eso…!
Hermes había forzado a los Xenos a hacer algo. Pero, ¿Cuál sería el resultado si se lo dijera a Bell?
Parecía probable que si las cosas continuaban como estaban, Gros realmente mataría a Eina. Hestia no sabía los términos del acuerdo que los Xenos habían hecho con Hermes. Si las vidas de sus hermanos habían sido tomadas como peones, entonces sus palabras solo hundirían el corazón de Bell en el caos.
--¡Las tropas de apoyo están en camino! ¡Sigue aguantando!
Las palabras del Aventurero solo estimularon la agitación de Bell. Hestia agarró el <Occulus> que había sacado de su bolso.
Casi en el mismo momento en que Hestia y su <Familia> llegaron a la plaza, una unidad de la <Familia Loki> liderada por Finn salió a una terraza con vista a la zona.
--¿Qué está pasando?
--¡La evacuación de los ciudadanos todavía no está completa! Los Aventureros de otras <Familias> luchan contra los monstruos, al igual que el <Pequeño Novato>…
Cuando uno de los miembros de su <Familia> informó sobre la situación, Finn entrecerró los ojos y los fijó en el chico y la Gárgola.
--… Tomen sus posiciones. Tropas de tierra, manténganlos bajo control. Nos quedaremos aquí y evitaremos que salgan volando.
--“ “ “ “¡Sí señor!” ” ” ”
Los arcos se prepararon en respuesta al comando del Capitán de la <Familia Loki>.
En ese momento, un murmullo comenzaba a agitarse a través de las multitudes atrapadas en el borde de la plaza.
--El <Pequeño Novato>…
--… ¿El <Pequeño Novato>? ¿Te refieres a Bell Cranel?
El Aventurero al que señalaban estaba arriesgando su vida para salvar a la semielfo. El valiente chico había caminado galantemente hacia la situación más difícil. Con su propio bienestar en riesgo, las personas abandonaron su malicia y desilusión y en su lugar observaron la escena que se desarrollaba ante ellos con buenos ojos.
--N-Nii-chan…
Incluso el niño que lo había maldecido como un traidor ahora susurró su nombre con asombro.
Un cambio comenzó a extenderse sobre la multitud, que hasta entonces había sido consumida por puro pánico.
× × ×
--Buen momento, Bell. Ah, esto es muy afortunado.
En una torre cerca de la plaza donde los vientos de la noche aullaban, Hermes contemplaba con satisfacción la batalla entre la Gárgola y el chico de cabello blanco.
Asfi estaba detrás de él. Escondiendo sus ojos cansados detrás de sus gafas plateadas, suspiró por enésima vez.
--Puedes ser mi Dios Principal, pero me das náuseas…
--Hahaha. Eso es bastante duro, Asfi.
Hermes se rió sin girar la cabeza. Ella lo miró fijamente.
--Estás usando a los Xenos por el bien de Bell Cranel… Te concedo eso. ¿Pero qué tienes que decir sobre arrastrar a los ciudadanos comunes en eso?
--En cierto sentido, esos ciudadanos comunes son la causa principal de la situación en la que se encuentra actualmente. Después de todo, es necesaria una pequeña escenificación, ¿No te parece?
Estaba el teatro y la audiencia, el Héroe y los actores secundarios encargados de sacar su mejor actuación. Como sospechaba Hestia, Hermes había creado un escenario a gran escala. Se encogió de hombros y miró por encima de su hombro.
--De todos modos, estás de acuerdo con mi decisión de abandonar a los Xenos, ¿No? Después de todo, solo causarían daño tanto al chico como a la ciudad de Orario.
Asfi permaneció en silencio mientras su Dios Principal buscaba su afirmación con sus ojos.
--… Tomaré mi posición ahora. Dijo finalmente.
--Bien. Retaguardia, por si acaso.
Hermes saludó a Asfi, quien ahora era invisible después de ponerse la <Cabeza de Hades>. Después de que dejó silenciosamente el techo de la torre, Hermes sonrió ante la escena de abajo.
--Bueno… mis disculpas, Urano. Lamento que resultara así. Vio como el chico y la Gárgola se atacaban el uno al otro.
--¿Coexistir con monstruos, dices? Un absoluto disparate. La amistad con ellos no es más que un sueño imposible.
Dijo, continuando su conversación imaginaria con el Dios anciano.
Hermes siempre había llevado a cabo las órdenes de sus clientes con calma y obediencia, pero aquí, en lo alto de la torre, dejó al descubierto sus verdaderos sentimientos.
--¿Qué pasará si volcamos miles de años de odio y destino? Incluso Zeus probablemente diría que es absurdo. Miró a Bell y bajó la voz.
--Un Héroe Hereje. ¡Nadie quiere eso!
Hermes extendió sus brazos y sonrió ante el escenario donde humanos y monstruos estaban tocando su ópera.
--Es hora de volver a lo básico del heroísmo, Bell. El Dios continuó hablando.
--Mata a los monstruos. Mátalos y salva a las personas. Haz tu regreso como un Héroe.
Como si estuviera ofreciendo un rayo de luz del cielo o señalando el camino hacia la salvación, presionó su atroz voluntad divina sobre el chico.
--Olvídate de los Xenos.
Urano le había encomendado a Hermes que suprimiera la perturbación. Iba a ser el emisario que calmaría el caos en la ciudad y llevaría a los Xenos al Calabozo.
Pero a Hermes no le interesaba eso.
Debido a que estaba en posición de utilizar el caos, lo había manipulado hábilmente. Eso era todo.
--Si matas solo a uno de ellos, verás la razón. Podrás sufrir, pero un día tendrás que volver a ponerte de pie. Freya-sama y yo no dejaremos que te aburras.
La voluntad divina de Hermes era que Bell cortara sus lazos con los Xenos, que lo conducirían directamente a la ruina. Tenía la confianza para llevar a su Héroe a la batalla—el egoísmo inquebrantable para llevarlo al final que los Dioses anhelaban.
Controlar el destino humano era el juego favorito de los Dioses.
Haría que Bell rompiera su conexión con los monstruos y avanzara como el Héroe de las personas y el favorito de los Dioses.
La voluntad divina de Hermes se centraba en ese único objetivo.
--Si no lo haces, entonces tu querida Eina morirá. Hermes se rió, entrecerrando sus ojos anaranjados.
La batalla cada vez más intensa empujaba al chico hacia una elección. La única opción posible, la que el Dios había preparado para él.
Ante los ojos del Dios, el acto final se desarrollaba en ese grandioso y ridículo escenario.
× × ×
¿¡Por qué, por qué, por qué!?
Los colmillos que amenazaban a Bell y las garras que perseguían a Eina una vez más lo hirieron.
Desvió el siguiente golpe y lo paró con su Daga, hiriendo a Gros. No había forma de que pudiera contenerse cuando la Gárgola intentaba matarlos a Eina y a él.
Una y otra vez, otros Aventureros intentaron apoyar a Bell, pero fueron mandados a volar. Las alas de piedra de Gros desviaron las flechas y arrojaron a cualquiera que se hubiese descuidado para acercarse a ellas.
Funcionaban como dos brazos extra, armas contundentes y escudos en uno.
--¡Bell-kun…!
Al escuchar la voz ronca y dolorida de Eina, el rostro de Bell se torció en señal de angustia. Los Aventureros, el personal del Gremio y los ciudadanos observaban todos sus movimientos y rezaban para que uno de sus golpes acabara con la amenaza.
Gros-san.
Mientras repelía las garras con su Daga, la mirada de Bell se encontró con los inescrutables ojos de piedra de la Gárgola. Estaba tan confundido y triste que quería gritar. Pero su voz no podía penetrar esos oídos. Su mente corría en vano. La <Daga Hestia> temblaba.
Tenía que tomar una decisión. La decisión era como una maldición, porque si no la tomaba, perdería a una persona a la que apreciaba profundamente. Ni siquiera era una elección.
Trató de pensar cuidadosamente sobre la situación, pero ante el feroz ataque de Gros, sus pensamientos rápidamente llegaron a un callejón sin salida.
Mientras murmuraba “¿Por qué?” una y otra vez, recordó las palabras de Wiene.
“¿Sabes lo que Lyd me dijo? ¡Puede que no sea posible en este momento… pero dijo que si existen personas como tú, nuestro sueño se haría realidad algún día!”
Nuestro sueño.
El sueño de los Xenos—de Gros. “…Gracias. Tienes… mi gratitud”. Gros le había dicho eso a él.
Tal vez solo era la imaginación de Bell, pero podía ver al Gros de ese momento anterior sobre el monstruo que ahora lo enfrentaba con tanta sed de sangre genuina en sus ojos. Debía estar equivocado al ver voluntad detrás de las garras y los colmillos que se le acercaban.
Era como si supiera que Bell no quería luchar contra él y le decía que no dudara—
--¡¡La <Familia Loki> ha llegado!! Gritó un Aventurero.
Los Aventureros de Clase Alta con el emblema del “Tramposo” grabado en sus armaduras corrieron a la plaza y volaron hacia los monstruos alados.
¡¡…!!
La Gárgola comenzó a sentirse ansiosa.
Bell Cranel debía ser quien derrotara a los monstruos que atacaban a las personas. Así era como iban a borrar su deuda con el chico. No sería bueno para Gros pronunciar sus últimas palabras sobre un montón de cenizas, sin cumplir su contrato con el Dios.
Al darse cuenta de que ya no podía demorar más, Gros extendió sus alas y las agito. Volando paralelo al suelo, lanzó su ataque especial. Asombrados, Eina y Bell no pudieron ni escapar ni defenderse—estaba forzando al chico a responder y a tirar su propia vida en el proceso.
--¿¡Bel-kun!?
--¡Tulle!
Hestia y el personal del Gremio gritaron al unísono.
--¡Asuman sus posiciones!
Gritó Finn. Mientras otros miembros de su tropa se preparaban para disparar sus flechas contra los monstruos alados, él preparó su lanza para atravesar a la Gárgola.
--¡Ahora, Bell!
Parado sobre la multitud de personas conteniendo la respiración, Hermes tiró de la cuerda de la marioneta—su voluntad divina.
Fue en el instante antes de que el golpe mortal de Gros aterrizara. Bell bajó la mano que sostenía su Daga.
× × ×
--¿¡Realmente estamos haciendo lo correcto, Fels!? Gritó Lyd.
Estaban dentro de <Knossos>, el laberinto que Dedalo había soñado.
Hermes realmente había cumplido su promesa. Después de que Gros y los otros volaron, él había entregado a los Xenos a través de la puerta de <Knossos>, haciendo uso de fintas y rutas clandestinas para que la <Familia Loki> no los descubriera a lo largo del camino.
--Si solo estamos pensando en Bellchi, esta podría ser la mejor opción. ¿¡Pero cómo podemos abandonar a Gros y a los demás!? ¡Se… siente mal que regresemos sin ellos!
Lyd grito con todas sus fuerzas. Había dejado de caminar mientras el abatido grupo se dirigía hacia el Calabozo de dónde venían.
Rei y los demás no respondieron.
--Estás equivocado, Lyd. Yo creo en él. Dijo Fels.
En un intento de ocultar la ira en la voz que emanaba desde las profundidades de su capucha, el Mago no se giró hacia Lyd.
--Creo que ese chico tonto puede vencer la trivial voluntad divina de un Dios—
× × ×
-- —¡¡…!!
La Gárgola se precipitó sobre Bell y Eina con un rugido tan poderoso que las personas que miraban se encogieron ante el sonido. Sus alas desplegadas se abrieron paso a través del viento mientras se deslizaba directamente hacia ellos.
Bell miró a la Gárgola que se aproximaba y sus garras retorcidas que se asemejaban a gigantescas lanzas de piedra. Todo frente a sus ojos parecía alternar entre quedarse quieto y acelerar. Los gritos que resonaban hacia él desde el mundo exterior sonaban muy lejos.
Escuchó a Eina jadeando de terror detrás de él, impotente para defenderse de la carga del monstruo. La intención de matar de la Gárgola era real.
Si las cosas continuaban en esta trayectoria, esas garras de piedra seguramente ahogarían a Bell y Eina en un mar de sangre.
Sus instintos le gritaban que cortara al monstruo con su Daga, que clavara su punta en la Piedra Mágica en ese pecho que estaba tan perfectamente expuesto mientras cargaba hacia él, para transformar la intención de matar del monstruo en una pila de cenizas.
Los gritos de los Aventureros y los alaridos de las masas también lo instaban a matar al monstruo. La voluntad divina del Dios tirando de las cuerdas afirmaba la voz de su instinto.
Fue en el instante antes de que el golpe mortal de Gros aterrizara. Bell bajó la mano que sostenía la Daga.
———
Pero.
La conciencia del chico se alejó del monstruo ante sus ojos y se centró en cambio, en una escena en lo profundo de su corazón.
Era como si estuviera siendo guiado por un destello de luz—tal vez atrapando un rayo de luz dentro de él y jalándolo hacia arriba.
La puerta de un recuerdo infantil desvanecido se abrió de golpe.
No dejes tus decisiones a otras personas.
Era la voz de su abuelo.
Lo mismo ocurre con fantasmas y Dioses. Yo, por mi parte, nunca te diré que hagas algo.
El consejo de su abuelo le hablaba.
No aceptes órdenes. Decide por ti mismo. Los ojos de su abuelo le suplicaban con él. Esta es tu historia.
La sonrisa de su abuelo le había enseñado eso hace mucho tiempo.
--¡¡Gaaaah!!
Bell gritó en rebeldía contra la absurda realidad a su alrededor.
Sin siquiera saber lo que estaba haciendo, arrancó las cuerdas de la voluntad divina del Dios que se habían envuelto a su alrededor sin su conocimiento. Su corazón, lleno del recuerdo del sueño de Wiene y de la gratitud de Gros, hizo a un lado la opción que se le había impuesto.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
El tiempo, que se había extendido hasta su límite, volvió a su ritmo normal y el mundo recuperó su color. Las garras del monstruo estaban a punto de ensartarlos a Eina y a él.
Él hizo su elección.
Eligió creer.
-- ——
Metió la Daga en su funda, extendió los brazos y esperó.
Hermes miraba desde arriba. Gros abrió sus ojos de piedra con asombro.
En el instante siguiente, confrontado por la forma indefensa de Bell, la Gárgola abortó su ataque y voló lejos de ellos.
-- —¡Esperen!
Finn reaccionó más rápido que nadie. Muy por encima de la plaza, para gran sorpresa de sus tropas, les gritó que detuvieran su ataque. Sus ojos azules estaban pegados a la Gárgola que había detenido su carga. Su conmoción pareció extenderse a las personas que miraban desde abajo en la plaza, porque el mismo sentimiento barrió sus corazones.
Hestia, Lili, Welf, Mikoto, Haruhime, Ouka, Chigusa, Shakti e incluso Eina sintieron la misma emoción.
Bell ni había matado al monstruo ni había permitido que Eina muriera. En cambio, había elegido un tercer camino, uno excesivamente tonto.
Los ojos del chico empapado de sudor se encontraron con los de la aturdida Gárgola. Por un instante, el tiempo se detuvo.
--…
En cuanto a Hermes observando desde su posición en la torre, se llevó el dedo al ala de su sombrero y lo bajó, como para ocultar sus grandes ojos de color anaranjado.
--Aah, así es como va a ser… Realmente es un idiota.
Un extraño e incomprensible silencio había descendido sobre la plaza.
La emoción en los incontables ojos fijos en Bell estaba cambiando de shock a una sospecha de que él tenía algún tipo de conexión profunda con los monstruos después de todo. Era una chispa que podía encender el fuego etiquetándolo como un “enemigo de las personas”.
En el momento en que la multitud se despertara de su aturdimiento colectivo, una tormenta de gritos indignados y caos probablemente estallaría.
--Bien entonces. Asfi, hazlo. Hermes no aceptaría este resultado.
En una esquina de la plaza donde su susurro cayó, una sombra acechaba. La invisible Asfi retiró una aguja voladora con inscripciones en espiral, tan roja que parecía formada de sangre.
Era un <Cithara>, un Item Mágico diseñado por <Perseo> para incitar a los monstruos a un frenesí excitado y brutal. Durante las expediciones al Calabozo, conllevaba el riesgo de aumentar su fuerza, pero también provocaba que se atacaran entre sí. No era difícil imaginar lo que haría en un lugar como este.
Hermes se había preparado para la situación actual. Había predicho que el chico podría actuar de la misma manera estúpida que había hecho cinco días antes.
Siguiendo las órdenes de su Dios Principal, Asfi fijó sus ojos verde azulados en la Gárgola.
--… No pediré tu perdón.
Por solo un instante, su mirada se posó en el chico frente a la Gárgola.
Como si sintiera su presencia, se sobresaltó y miró hacia el lugar donde estaba la mujer invisible. Estaba a punto de dispararle la aguja carmesí.
Instigado por su instinto, los pies del chico se prepararon para correr.
En ese momento, las únicas figuras que se movieron fueron Asfi, Bell—y Finn.
-- ——
El pulgar del Hobbit nunca había latido tan fuerte. Estaba sonando la alarma de que algo se acercaba. Finn solo levantó la cabeza. En el próximo instante—
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
El grito de batalla de un monstruo destrozo el aire inmóvil.
× × ×
Sin previo aviso, el hombre apareció ante él.
-- ——
Se detuvo en el oscuro callejón. Fue forzado a hacerlo.
La dominante figura sostenía una Gran Espada. Él era un guerrero en perfecta forma física. Lo supo de inmediato.
Con solo un brazo, perdería. No—incluso con ambos brazos, era posible que no prevaleciera. Así de poderoso era el hombre ante él. Más poderoso que los guerreros que habían hecho hervido su sangre y tal vez incluso más poderoso que la espadachín de ojos y cabellos dorados que le había cortado el brazo—
Al mismo tiempo, había algo familiar en el hombre que estaba delante de él. Tenía cabello rojizo y ojos del mismo color, que brillaban como los de un feroz jabalí. No era tanto un recuerdo sino más como un latido de su corazón, aunque no podía recordar de qué se trataba. Pero estaba seguro de una cosa. Este guerrero lo mataría.
Mientras se paraba frente a esta figura extraordinaria, sonrió.
Estaba agradecido por esta reunión, aunque sabía que conduciría a una derrota certera. Todo su cuerpo se estremecía. La lucha era la única forma de superar su hambre. Con mayor razón si su oponente era tan poderoso como este. Incluso si lo despedazaran—bueno, ese era uno de sus deseos. No había ninguna razón para retroceder y no tenía sentido alejarse.
Blandió su Hacha y avanzó sobre sus fuertes piernas.
--…
En respuesta, el guerrero levantó lentamente un brazo y señaló.
--Lo que buscas está adelante. Dijo el hombre.
Él se detuvo.
Abrió los ojos de par en par.
Miró detrás de él, donde el guerrero había señalado. El cielo se extendía sobre la tierra y voces resonaban desde lejos. Era el sonido de la batalla. Entre ellos, sintió que podía escuchar la voz de lo que lo impulsaba.
Volvió a mirar hacia adelante. Inesperadamente, el guerrero se había ido. Pero eso era un asunto trivial ahora. Comenzó a correr, como si hubiera encontrado su dirección. Se precipito hacia adelante.
No pensó en ocultar su presencia demasiado grande. Lanzando a un lado a los cazadores gritando en su camino, obedeció solo su corazón palpitante y su hambre.
Aplastando los adoquines bajo sus pies, saltó a la parte superior de un edificio al lado de la calle.
-- ——
En medio de la plaza, luchando en medio de personas de todas las razas—estaba el chico de cabello blanco.
Un destello de luz recorrió su corazón ante la escena frente a sus ojos. Fue un destello blanco brillante que restauró todas las demás escenas.
Él estaba despierto. Fue traído a la vida. Se estremeció.
¡¡Ah!!
¡Eso es! ¡Eso es! ¡¡Su sueño, su deseo, su anhelo!!
¡La respuesta que había estado buscando!
Por fin, lo había encontrado. Observo todo lo que lo rodea.
Había muchos cazadores, y él estaba enfrentando a uno de sus hermanos.
No, no había una posibilidad de que pudiera aceptar esto. Solo esto no podía permitirlo.
¿Podría entregarle esta oportunidad a alguien más? ¿Podría dejárselo a otro? Este era su oponente único en la vida. Revancha. Revancha. Revancha.
Había nacido para esto y solo esto.
Su sangre hervía. Su cuerpo se llenó de rabia. Su hambre invocó un tremendo poder dentro de él.
Una gran alegría y un hambre de batalla aún mayor surgieron dentro de él. Dejo escapar un grito de batalla.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Un tremendo rugido que hizo añicos todas las dudas, todas las penas y todas las artimañas resonó a través del aire.
Capítulo 07 – El Regreso del Héroe
Cuando ese rugido de batalla retumbo a través del aire, todos los Aventureros de Primera Clase en Orario reaccionaron instantáneamente.
La espadachin de cabello y ojos dorados levanto la vista al cielo sobre el sector noroeste y comenzó a correr.
--¡...!
Las gemelas Amazonas levantaron sus armas y echaron a correr sin mirar atrás.
--¡Está aquí!
--¡Vamos!
El Hombre Lobo de pies rápidos dejó lo que estaba haciendo y salió corriendo.
--¡Parece que está cerca de Finn! Y luego estaba Bell.
-- ——
Sus ojos carmesí captaron al monstruo. Destruyendo, aplastando, destrozando.
En un instante, el monstruo negro había cargado más allá de los Aventureros que tuvieron la mala suerte de estar en su camino.
Sorprendió a Hermes, robó el momento de intervención de Asfi, asombró a los Dioses y pisoteó el escenario que el Dios había preparado, aplastándolo en pedazos.
Los ciudadanos ni siquiera tuvieron tiempo de gritar. Se lanzó hacia delante con tal velocidad que las flechas que <El Valiente> le ordenó disparar a sus tropas no tuvieron ningún efecto, e incluso la Lanza que arrojó no hizo más que rasgar la piel del monstruo. Cargó hacia adelante—hacia Bell.
El chico era su único objetivo.
-- —¿¡...!?
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
La majestuosa forma negra azabache del minotauro estaba cubierta de sangre. Ante esta aparición espeluznante, Bell se movió por puro instinto.
Empujó a Eina lejos con toda su fuerza, y luego, desesperado por escapar de la figura que corría hacia él y del golpe mortal de la Labrys en su única mano levantada, cruzó sus brazos y saltó hacia atrás.
Una explosión de fragmentos de adoquines voló desde el suelo donde la cuchilla del Hacha del minotauro hizo contacto, liberando una abrumadora onda de choque y ráfaga de viento.
El cuerpo de Bell se transformó en una flecha que corto el aire, chocando a través de los edificios detrás de él con la fuerza de un río que se desbordaba por las orillas mientras era expulsado de la plaza.
--¿¡Bell-kun!?
--¿¡Bell-kun!?
Hestia y Eina gritaron al unísono cuando el monstruoso toro con dos cuernos carmesí mando a volar al chico.
× × ×
--¿¡Q-Que pasó!?
Trozos de piedra llovieron en una esquina de la plaza llena de polvo.
Cuando la escena de la destrucción se volvió clara, los gritos de los aturdidos Aventureros rompieron la quietud. Gritos y rugidos de ira llenaron la plaza.
En el espacio de unos pocos segundos, docenas de Aventureros habían resultado gravemente heridos, y el
<Pequeño Novato> había sido mandado a volar. El violento ataque había sucedido tan rápido que nadie había visto bien al enemigo, pero sin embargo, lanzó a la multitud en un alboroto.
--Hey, ¿Estás bien?
--¿No estás herida?
Ouka y Chigusa estaban apoyando la espalda de Eina, pero todo lo que dijo en respuesta a sus preguntas fue, “¿¡Bell-kun...!? ¿¡Bell-kun!?”. Había sido empujada fuera del peligro, pero parecía no escuchar sus voces mientras llamaba el nombre de Bell una y otra vez en un frenesí. Con su uniforme del Gremio cubierto de polvo, contempló el panorama de las paredes con enormes agujeros.
En otra esquina de la plaza, Welf y Mikoto se miraron el uno al otro.
--Así que eso fue...
--... El minotauro... negro.
Susurraron con horror al monstruo negro azabache que había desaparecido persiguiendo a Bell.
Lili y Haruhime estaban pálidas e inmóviles, como si estuvieran recordando la aterradora escena. Hestia también se quedó muda.
--¿¡Asterios...!? Murmuró Gros.
Incluso los Xenos se congelaron en su lugar por el giro inesperado de los acontecimientos.
Oculto por la nube de polvo, Gros miró en la misma dirección que Eina, en los agujeros donde su hermano y Bell habían desaparecido.
Finn examinaba la escena desde lo alto de un edificio adyacente.
--¡Exploradores, persigan el objetivo! ¡Pero no actúen hasta que llegue! ¡El grupo de Narfi, después de rodearlos, proporcionen apoyo solo desde atrás, y llamen a Aizu aquí!
--“ “ “ “¡Sí señor!” ” ” ”
Cuando emitió órdenes en rápida sucesión, sus tropas se pusieron en acción.
Pasara lo que pasara, mataría al monstruo aquí y ahora. El Capitán Hobbit se había determinado a eso.
Era un elemento impredecible. La intuición de Finn le decía eso. Incluso su formidable cerebro no podía predecir sus acciones; era, por así decirlo, un verdadero <Irregular>. Seguramente se convertiría en una amenaza en el futuro y debía ser eliminada.
Finn estaba a punto de salir corriendo cuando escuchó un sonido.
*¡Stomp!*
Una figura apareció ante él.
--Tú…
Se detuvo y levanto la mirada hacia él.
× × ×
--¡Ooo... owww...!
Cuando Bell se levantó de entre los escombros, gimió ante un dolor que incendio todo su cuerpo.
Justo en frente de él había una serie de muros de piedra con agujeros atravesados. Parecía que había viajado bastante lejos de la plaza. Si no hubiera estado usando una doble armadura de Adamantita, bien podría haberse roto la espalda. Forzó su tembloroso cuerpo a pararse en medio de las ruinas iluminadas por la luna.
Justo en ese momento escuchó un fuerte estrépito.
--¡...!
Levantó la mirada, sorprendido por el sonido de los escombros siendo aplastados bajo los pies. A través de las paredes medio demolidas, vislumbró al monstruo negro que lo había mandado a volar a toda velocidad hacia ellos. Bell se quedó sin aliento ante la figura musculosa tan alta que tuvo que mirar hacia arriba para ver su cabeza. Llevaba su Armadura Placas ligeramente.
No había duda de ello. Este era el último Xenos del que había escuchado. El minotauro negro
¿Era un enemigo o un amigo? ¿Podría hablar con él?
Esos pensamientos volaban a través de la mente de Bell incluso mientras goteaba sudor y reflexivamente tomaba una posición defensiva.
--... ¿...?
Entonces notó el silencio.
Para algo que había desatado un rugido tan tremendo, el monstruo estaba extrañamente callado. Había detenido sus estrepitosos pasos a una pequeña distancia de Bell y ahora estaba quieto. Como si la furia desenfrenada de un momento antes nunca hubiera ocurrido, miraba fijamente a Bell.
Bell, también, se quedó plantado en el suelo, olvidándose de hablar.
--...
--...
La luz de la luna iluminaba al chico y al monstruo.
Parado entre los escombros y las ruinas de espaldas al despejado cielo nocturno, el minotauro miraba al chico. Fácilmente era de más de dos metros de altura. Bell permaneció completamente inmóvil, mirando al monstruo.
El tiempo fluyó tranquilamente. Un momento de paz era completamente inesperado en el campo de batalla. Mientras Bell miraba esos ojos que parecían atraerlo, el monstruo lentamente abrió su boca.
--Tu nombre. Quiero que me digas tu nombre.
Bell se sorprendió tanto por el lenguaje humano como por la voz que lo hablaba, que no concordaba en absoluto con la apariencia del hablante.
Era una voz baja. El tono tranquilo recordaba a un guerrero.
El chico se quedó aturdido, incapaz de responder. El monstruo continuó hablando.
--Un sueño.
--¿Huh?
--He estado teniendo el mismo sueño durante mucho tiempo. El minotauro habló como si estuviese entregando un soliloquio.
--Un sueño de luchar contra un solo humano.
--¡...!
--Ese humano es el oponente más fuerte y digno de todos. Incluso mientras luchamos hasta la muerte, con nuestra sangre y nuestra carne volando, nos reconocemos como rivales destinados.
Bell miró con los ojos abiertos al minotauro.
Tan pronto como escuchó la palabra sueño, recordó su conversación con Lyd sobre las vidas pasadas de los monstruos.
Y mientras el minotauro hablaba sobre su propia vida pasada, su forma le recordó a Bell otra cosa. Era una escena que nunca podría olvidar.
Su primera aventura. Había apostado su vida en esa feroz batalla. Él y el monstruo se habían arrojado todo lo que tenían el uno al otro.
--Hay un ser que me impulsa, en busca de una revancha.
No puede ser…
Incluso cuando Bell se dio cuenta de la verdad, el minotauro negro continuó.
--He venido aquí para reunirme con el ser de mis sueños.
Había declarado su razón de ser. Su sentimiento más profundo, el anhelo tan poderoso que lo había empujado a renacer.
No era la envidia hacia la raza humana o el anhelo de la superficie lo que lo había traído aquí, sino simplemente la búsqueda de su antiguo oponente.
--Mi nombre es Asterios.
Significaba relámpago.
Expresaba su deseo por el destello carmesí de luz que vio al final de sus sueños.
Incluso mientras Bell luchaba contra la incredulidad y confusión, en el fondo de su corazón, él entendió todo.
--Dime tu nombre
Asterios le imploró nuevamente.
--… Bell. Bell Cranel.
El monstruo grabó las palabras susurradas en el núcleo de su ser. Luego llevó el Hacha de doble filo en su única mano a su peto.
--Bell-dono, por favor.
El oponente más antiguo y digno del chico, quien había vuelto a la vida, se lo estaba pidiendo.
--Lucha contra mí otra vez.
El deseo del monstruo resonó a través de las ruinas iluminadas por la luna.
Bell sabía que debía decirle al minotauro que esperara, que no estaba listo, que tenía que volver con Gros y los demás. Pero su corazón no le dejaba decir esas palabras.
Él miró a sus pies. Levantó la mirada hacia la enorme figura.
La sangre del monstruo goteaba en el suelo. Incontables heridas fueron grabadas en su piel, y le faltaba un brazo. Aunque estaba al borde de la muerte, había llegado hasta aquí para luchar otra vez.
Bell sentía que tenía que aceptar su petición. No—sentía que sería un error huir. Se sentía exactamente como se había sentido la última vez.
No había huido de esa batalla, y no debería huir de esta.
--...
Bell se disculpó silenciosamente con todos y todo. Luego desenvaino su arma.
Levantó la <Daga Hestia>, sosteniéndolo en un agarre inverso, y miró al monstruo negro.
Cuando Asterios vio al chico prepararse para entrar en la batalla, su boca se extendió en una amplia sonrisa. Y con esa sonrisa alegre y desagradable, inclinó la cabeza hacia el cielo nocturno y la luna que los observaba.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Su rugido sacudió los cielos. La señal que indicaba el inicio de la batalla había sido disparada.
× × ×
--¡Eso se escuchó muy cerca!
Un explorador de la <Familia Loki> jadeó ante el estruendoso rugido.
Un grupo de Aventureros masculinos y femeninos buscaban al enemigo, con los nervios tensos. Sin embargo, debido a que los edificios estaban superpuestos uno encima del otro tan densamente, no podían verlo desde los techos. Bajaron al suelo y se dirigieron en la dirección del rugido.
Sus compañeros que estaban más cerca de los agujeros en las paredes probablemente ya habían vislumbrado al enemigo, pero las campanas de advertencia todavía no habían sonado. Una chica Elfa del grupo estaba pensando en lo extraño y amenazante que era cuando—
La pared detrás de ella se abrió de golpe con un fuerte estrépito.
--¿¡...!?
Fragmentos de piedra volaron por todas partes.
Una nube de polvo brotó de la pared, y un instante después un chico de cabello blanco y un salvaje toro negro irrumpieron a través de ella.
¡¡UOOOOOOOOOOOO!!
--¡¡Haah!!
Ante los ojos de los atónitos miembros de la <Familia Loki>, Bell y Asterios luchaban en combate cuerpo a cuerpo.
Asterios oscilo la Labrys de doble filo, y Bell se retiró. Incluso el viento que venia del arma podía herirlo; de hecho, varios transeúntes humanos ya estaban ensangrentados debido a la contracorriente, lo que hablaba de la brecha obvia entre su <Estado> y el del monstruo.
Bell abandonó su orgullo y apuntó implacablemente hacia el lado derecho del monstruo, donde la <Princesa de la Espada> le había cortado el brazo, en lugar del lado izquierdo donde sostenía la Labrys. Asterios sonrió al ver el rápido movimiento de pies del conejo y los penetrantes golpes de su Daga, interceptando fácilmente cada uno de ellos.
--¡Está luchando contra el minotauro negro...!
--¿¡Bell Cranel!?
El Hacha gritó a través del aire. Fragmentos de roca volaron desde el adoquín mientras las botas pateaban ferozmente contra él. La batalla entre el chico y el monstruo era una batalla de velocidad contra fuerza. Los Aventureros que observaban desde los alrededores apretaron las manos en puños cerrados, frustrados por ser simples espectadores del espectáculo.
Finn les había dicho que no se involucraran bajo ninguna circunstancia. Pero estar parados allí con caras pálidas era una desgracia para la <Familia Loki>. ¿Cómo podían sentarse y dejar que el mismo chico a quien habían bañado con críticas hiciera toda la batalla?
Moviéndose a la acción, siguieron las órdenes de su Capitán y rodearon a Bell y Asterios. Agarraron sus Arcos, flechas, Lanzas y Espadas Largas y estaban a punto de atacar simultáneamente desde ambos lados, cuando el monstruo soltó un rugido.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOO!!
--¡¡Eek!!
Ese solo rugido aterrador los inmovilizó en su lugar.
El rugido era increíblemente poderoso. La amenazadora voz del monstruo despertó un terror primitivo en los Aventureros que los detuvo en seco. La retaguardia de Lv. 2 cayó de rodillas, mientras que la línea de frente de Lv. 3 se pusieron rígidos como si estuvieran a punto de caer muertos.
Están en mi camino, el monstruo parecía estar diciendo. Asterios no tenía piedad para aquellos que no estaban calificados para pelear. Agarrando el mango de su Hacha, giró su puño cerrado hacia los Aventureros que sostenían Lanzas y espadas, lanzándolos contra las paredes de las casas circundantes con tanta fuerza que la sangre goteaba de sus bocas.
Los arqueros Elfos en la retaguardia palidecieron mientras los Aventureros de Lv. 3 volaban por el aire. Pero el coloso negro se acercó a ellos esta vez. Lágrimas brotaron de sus ojos mientras se quedaban congelados.
--¡Hey!
Como para recordarle al minotauro donde estaba su verdadero oponente, Bell acuchilló su Daga hacia el minotauro desde un lado.
Asterios sonrió y se alejó de la <Familia Loki>, devolviendo el golpe de Bell con uno de la Labrys. Los Elfos miraron boquiabiertos al <Pequeño Novato>, que a diferencia de ellos no estaba inmovilizado por el terror.
Conozco ese rugido.
Para Bell, era incómodamente familiar.
Ya había superado esa pared en particular en su primera aventura. No se dejaría intimidar por eso por segunda vez.
Levantó sus Dagas negra y carmesí y se precipitó hacia el frenético monstruo.
× × ×
--Hey ¿¡A dónde fueron la Gárgola y esos otros monstruos!?
Mientras los lejanos rugidos del minotauro resonaban en la plaza y el polvo finalmente comenzaba a asentarse, los Aventureros se gritaban unos a otros. Parecía que los monstruos alados se habían aprovechado del caos para desaparecer abruptamente.
En un rincón abandonado de la plaza, Welf y los otros miembros de la <Familia Hestia> estaban preocupados por otra cosa.
--¿¡Qué demonios estabas haciendo allí!? Gritó Welf.
Él y Mikoto habían arrojado sus velos sobre Gros y los otros Xenos, haciéndolos invisibles y, por lo tanto, salvándolos, pero el cabello de Welf estaba prácticamente erizado de ira.
--H-Humanos...
--¿¡Crees que voy a olvidar que casi me matas!? Lili gritó.
--¡Welf-dono, Lili-dono, por favor cálmense! Dijo Mikoto, obligándose a hacer lo mismo.
--Todos, este no es el momento ni el lugar…
Agregó Haruhime. Todo lo que podía hacer era mirar confundida mientras los demás se peleaban. Hestia se hizo a un lado, evaluando rápidamente la situación.
¿Por qué la <Familia Loki> no está aquí en la plaza? ¿Están tratando de llegar al minotauro?
Su mente se aceleró mientras el viento llevaba a sus oídos los sonidos de lo que podría ser la batalla de Bell contra el monstruo negro.
--¡Haruhime-kun! Le diste a Wiene-kun un <Occulus>, ¿Verdad?
--¡Sí, señora! Cuando nos separamos, le di el mío.
--Excelente.
Dijo Hestia, apretando su mano en un puño.
Eso significaba que podrían reunirse con los Xenos que tenían la llave. Ahora era su única oportunidad de llevar a Gros y los otros tres monstruos alados a <Knossos>.
Hestia gritó en su <Occulus>.
--¡Bell-kun, sigue luchando!
× × ×
《Lo que quiero decir es que simplemente te vuelvas loco, ¿De acuerdo? Los miembros de la <Familia Loki>— y todos los demás en la ciudad—están enfocando su atención en ti. Sé que puede ser peligroso. ¡Lo siento!》
La voz que venia del cristal azul en el guantelete de Bell no lo ponía ansioso. Él ya estaba completamente enfocado en la batalla actual. Si su mente vagaba por un instante, lo matarían. Caería presa de la Labrys. En el espacio de un segundo, la información de Hestia se había desvanecido y se metió en un rincón de su mente.
¡Es fuerte…!
Una y otra vez, la Labrys amenazaba su vida, pero Bell se dirigía hacia el lado derecho de su oponente y apuntaba con su Daga al lugar donde había estado su brazo derecho perdido. Pero el minotauro vio a través de su plan. Su habilidad y táctica eran mucho más agudas de lo que Bell recordaba de su encuentro anterior. Una sensación similar a la impaciencia lo corroía.
Mientras Bell dudaba sobre qué hacer, el minotauro ansiaba fuerza y nada más.
Bell apartó su vacilación, se acercó al lado derecho de su oponente, y una vez más apuntó sus Dagas a su punto ciego.
--¡Kuh!
¿¡...!?
El monstruo había usado su enorme Hacha como escudo, y ahora dejo caer una pierna. El suelo se derrumbó bajo su pie, destruyendo la postura de Bell. Al siguiente instante, Asterios oscilo la Labrys. Bell esquivó, respondió con una patada y saltó hacia atrás.
Cabellos blancos fueron cortados de la cabeza de Bell, y gotitas de su sangre se unieron a la espuma del sudor.
Cada centímetro del cuerpo de su oponente era un arma letal. Cualquier parte podría matar a Bell. Mientras el chico se estremecía de horror, el minotauro sonrió como diciendo que Bell no tenía tiempo para tales distracciones, y luego oscilo sus cuernos rojos a través del aire.
--¡Uwaaaaaaaaaaaaaa!
Bell empujó su guantelete para bloquear, pero no pudo desviar toda la fuerza del golpe.
Mientras el ensordecedor chirrido de metal rasgaba la atmósfera y chispas volaban, Bell giró a través del aire hacia el techo de un edificio. Pero Asterios lo persiguió, y apenas había aterrizado, el monstruo pateó el cuerpo del chico.
--¡Aaagh!
Bell cruzó sus brazos para proteger su cuerpo con doble Adamantita. El mundo tembló violentamente mientras absorbía toda la fuerza del golpe.
Escuchó el sonido del hueso en sus antebrazos agrietarse, y sus ojos se movieron hacia atrás en su cabeza. Voló hacia la plaza una vez más.
× × ×
--¿Huh? ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh!!
La bala humana trazo un suave arco a través del cielo mientras volaba hacia la plaza a una velocidad increíble. Cuando se acercaba la forma de Bell, las personas de la plaza se dispersaron frenéticamente.
Cayó de cabeza y rodó hasta una esquina de la plaza, levantando nubes de polvo.
--¿¡B-Be—!?
Hestia se quedó mirando con los ojos muy abiertos el regreso demasiado rápido de Bell, pero su grito fue cortado a mitad de camino por el chirrido de los adoquines que se desmoronaban cuando Asterios descendió del cielo.
--“ “ “ “ “ “¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!” ” ” ” ” ”
Gritos aún más fuertes resonaron desde la plaza.
La reaparición del monstruo negro alimentó el terror y el caos de la multitud. A medida que la multitud de ciudadanos se apresuraba en estampida hacia la Calle Principal, se podía escuchar a los niños llorar dentro de la multitud.
--“ “ “ “ “ “¡Waaaaaaahh!” ” ” ” ” ”
Los Aventureros, por otro lado, gritaban mientras corrían. Estaban lo suficientemente desesperados como para hacer cualquier cosa. Tal vez la visión de los ciudadanos llorando conmovió incluso sus corazones endurecidos, porque se sintieron impulsados a proteger a las mujeres y los niños. Olvidaron su terror y se acercaron a Asterios desde todas las direcciones.
Pero entonces el monstruo volvió a rugir.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOO!!
--“ “ “ “ “ “¡¡Gaaaaaaaaaaaaaaahhh!!” ” ” ” ” ”
El poder de Asterios afectó a todos los Aventureros de manera uniforme. Trajo destrucción a todos en igual medida, acabando con docenas a la vez. En cuestión de segundos, innumerables armas se convirtieron en polvo, fuentes de sangre se esparcieron por el aire e incluso los Aventureros más fuertes de Clase Alta se hundieron en el suelo cuando el monstruo redujo los números de sus atacantes a un puñado.
Ouka y Chigusa, que se habían quedado atrás para proteger a los ciudadanos, se quedaron pálidos y petrificados mientras veían la escena desarrollarse. La <Familia Hestia>, que intentaba ayudar a Gros y a los otros Xenos a escapar, así como Eina y los otros empleados del Gremio, estaban igualmente inmovilizados por el miedo.
-- ——
También lo estaban los niños.
Lai, Fina y Ruu estaban entre el grupo de huérfanos que aún no habían escapado de la plaza. No pudieron evitar mirar a través de los espacios entre la multitud.
El monstruo negro, con su enorme forma de un solo brazo manchada de sangre, era la cosa más siniestra y atroz que jamás habían visto, y la visión de Aventureros volando hacia aquí y hacia allá como hojas en el viento era una escena de sus peores pesadillas. No sabían si las formas negras que giraban en el aire eran armas o brazos humanos.
Este abrumador monstruo era completamente diferente de la Gárgola y los monstruos alados que habían estado viendo apenas unos minutos antes.
Oh, aah—
Para Lai, parecía una tormenta de muerte.
Si se tocaba, morirías. Esa era la naturaleza de la cosa ante sus ojos.
Solo había escuchado de los Jefes de Piso, nunca había visto uno, pero imaginó que era así como eran.
Era natural que este monstruo tan horrendo aterrorizara a los niños hasta su mismo núcleo. Era inevitable que solo pudieran mover sus ojos y nada más.
UOO—
En el espacio de un instante, el minotauro pisoteó a los Aventureros. Luego se giró y miró directamente a los ojos de los niños.
Lai sintió que se le escapaba toda esperanza. Fina y Ruu supieron entonces que el miedo no tenía límites. El tiempo se redujo a un gateo infernal mientras sus corazones se apretaban en sus pechos y su aliento quedaba atrapado en sus gargantas.
--¡¡Corran, todos!!
María gritó. Ella había sido separada de los niños y estaba parada en la parte posterior de la multitud. Pero los niños no se movieron. Atrapados bajo la mirada del monstruo, no podían mover ni un solo dedo. Y al igual que los niños, los Aventureros en la multitud habían perdido el coraje. Nadie se interpuso entre los niños y el monstruo. Dio un paso hacia Lai, Fina y Ruu como si estuviera buscando algo. Pero justo cuando los niños sintieron que sus corazones explotarían por el miedo abrumador—
--¡Haaaah!
Un Aventurero de cabello blanco irrumpió a través de la nube de polvo y se precipitó sobre el monstruo negro.
--“ “ “¡¡...!!” ” ”
La repentina aparición de Bell sacó a los niños de su congelado aturdimiento. Su cabello blanco ondeante dibujaba un arco blanco puro mientras se precipitaba hacia el monstruo, con su Daga roja en una mano y la negra en la otra.
El minotauro sintió una renovada oleada de alegría al ver a su rival.
--¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOO!!
Lai lo vio todo. La escena se grabó en su memoria.
Bell gritaba mientras sangre fluía de su cabeza y manchaba su rostro de rojo. Era diferente de todos los demás Aventureros pálidos y temblorosos.
Nadie más se enfrentaba al monstruo, pero Bell lo hacía.
Él era el único dispuesto a enfrentar en batalla frontal a la tormenta de la muerte.
--Ah—
La expresión de Bell era completamente diferente a la que Lai lo había visto hacer antes. Lo había visto miserable, sonriendo amargamente, con miedo y llorando. Lai había sentido que Bell lo había traicionado, pero sus recuerdos de él eran felices. Pero ninguna de esos Bells coincidía con el que tenía delante.
Eso es—
Aquí estaba la imagen de un hombre rugiendo heroicamente. Aquí estaba el rostro de un hombre que se lanzaba a una aventura. Eso un—Aventurero.
El chico miró a Bell. Sus manos y pies temblaban. Su pecho se calentó. Lai no sabía qué era esa sensacion—como si estuviera a punto de llorar. Solo sabía una cosa.
Bell Cranel no era un traidor ni un cobarde. Él era un Aventurero
--... ¡..!
Lai abrió la boca e intentó hablar.
Había algo que había querido decir durante mucho tiempo.
Bell se había ahogado en la desesperación, y quería disculparse, decirle algo.
Pero no podía formar las palabras. Sentía como si una cuerda se envolviera alrededor de su garganta, impidiéndole hablar.
Fina y Ruu se sentían de la misma manera. Estaban parados junto a él, con lágrimas corriendo por sus mejillas.
Lai quería que su boca se moviera ya que tambien las lágrimas le nublaron la visión. En ese momento, escuchó una voz.
--¡¡VEEEEEEEEEE, <PEQUENO NOVATOOOOOOOOOOO>!!
La profunda voz retumbo a través de la plaza.
--¡...!
--¡¡ACABALOOOOOOO!! ¡MATA AL MALDITO MONSTRUOOOOOO!
Era Mord, el Aventurero bandido.
Él y sus compañeros se habían mantenido a una distancia segura de la batalla, pero estaban mirando con los rostros rojos como la remolacha, y los puños cerrados con fuerza. Mord escupió, y luego rugió su grito de batalla hacia el chico luchando.
Lai giró su cabeza para mirar a la de Mord, y la cuerda alrededor de su cuello pareció desvanecerse. El chico apretó ambas manos, cerró los ojos y gritó tan fuerte como pudo.
--¡¡VE POR EL, NII-CHAAAAAAAAN!
× × ×
--Esto es…
Cuando Hestia miró aturdida la plaza, notó que un cambio comenzaba a ocurrir.
--¡Bell Onii-chan!
--¡Sí! ¡Ve…!
--¡MANDALO AL INFIERNOOOOOO...!
Los atronadores gritos de Mord resonaron junto a las sinceras aclamaciones de Fina y Ruu. La <Familia Ganesha> estaba tratando urgentemente de evacuar a todos de la plaza, pero cuando los aterrorizados ciudadanos escucharon los gritos, se detuvieron.
Todos se dieron cuenta con asombro de lo que estaba sucediendo.
Un solo Aventurero se estaba enfrentando al enorme monstruo y su horripilante Hacha, precipitándose hacia él con dos Dagas terriblemente insignificantes. El Aventurero evadió por un pelo la oscilación del Hacha que podía dividir la tierra, y luego saltó al monstruo con sus Dagas brillando.
Los ciudadanos palidecieron ante la escena. Los empleados del Gremio estaban sin palabras. Los otros Aventureros apretaron los puños.
Esta era una batalla. Esta era una feroz batalla en la que humano y monstruo amenazaban la vida del otro.
--¡Bell-kun…!
Eina no pudo evitar susurrar su nombre.
Todos los que miraban se dieron cuenta de lo mismo.
No había cálculo en esta batalla y ninguna ambición. Era pura voluntad. Pura sed de victoria Nadie pensaba ahora en calumniar a Bell como un “enemigo de las personas”.
Las críticas impregnadas de malicia y el ridículo sombreado con desesperación perdieron todo significado en presencia de esta batalla.
Este era un verdadero combate mortal.
La escena del Aventurero que enfrentaba valientemente a este monstruo aterrador valía más de mil explicaciones o excusas. No había ni rastro de falsedad frente al rugido del monstruo negro.
--Ve...
Un humano finalmente susurró.
--¡Lucha duro! Gritó un Beastman.
--¡No te rindas!
Gritó una chica Elfa.
Gritaban hacia el chico luchando contra el feroz monstruo en el centro de la plaza. Una sola palabra se extendió a una gigantesca ola de voces.
--“ “ “ “ “ “¡————————————————!” ” ” ” ” ”
Mientras la batalla mortal se desarrollaba en medio de ellos, los pálidos ciudadanos gritaron hasta quedar roncos. El personal del Gremio convirtió sus palabras perdidas en aclamaciones. Los Aventureros levantaron sus puños cerrados hacia el cielo.
Todos gritaban apoyando a Bell.
Todos vieron la imagen de un Héroe en la valiente lucha del chico.
× × ×
Una aventura…
Los gritos de los espectadores resonaban en los oídos de Bell mientras esquivaba la Labrys, muy consciente de que sus movimientos se habían acelerado.
Y que su corazón había vuelto a donde comenzó.
Quiero tener una aventura.
Las voces a su alrededor sonaban distantes. Todo menos su oponente desapareció de su campo de visión. Todos los rastros de vacilación e indecisión habían desaparecido de su rostro.
Se olvidó de los Xenos y Aizu, y del futuro. Olvidó todas las cosas que lo habían preocupado y se centró únicamente en la batalla que tenía ante él. Se entregó en cuerpo y alma al sonriente oponente que tenía delante.
Estaba muriendo de hambre, exactamente como su oponente.
Bell se dio cuenta instintivamente de que más allá del hambre de victoria todo estaba conectado con su existencia. Esta era una batalla para salvar a los Xenos, para alcanzar el mismo nivel que la persona que admiraba, para alcanzar el futuro que Wiene soñaba. En otras palabras, una batalla por la fuerza.
¡¡Adelante, a la aventura una vez más!!
Su Daga carmesí finalmente cedió a un poderoso golpe de la Labrys. Mientras las personas que miraban gritaban, <Ushiwakamaru> se hizo añicos.
Lo siento. Gracias. Iré por delante.
Al instante, disparó un <Firebolt> desde sus manos vacías, y luego se precipitó hacia el tambaleante minotauro rodeado por una lluvia de chispas escarlata.
Bell rugió.
--¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
× × ×
Los rugidos del chico y los atronadores gritos de la multitud resonaron a través del Distrito Laberinto.
--Hey, ¿¡Qué están haciendo!?
--¡Tú, <Amazon>, la Acuchilladora!
--Si mueves un pelo, no tendremos piedad.
Tiona sostenía su espada de doble filo lista mientras miraba a los cuatro Hobbits armados frente a ella. Estaba parada en el borde de la plaza donde la batalla continuaba violentamente, pero no podía avanzar.
--¡Sal de mi camino!
Gritó Tione.
Ella también estaba bloqueada. El Aventurero Catman de Primera Clase Allen Fromel estaba en su camino. Él detuvo cada cuchillada de sus Cuchillos Kukri con su Lanza.
--¿¡Qué demonios estás haciendo!?
Gritó, indignada porque alguien había obstruido su búsqueda del minotauro negro.
--Es obvio, ¿No?
Respondió con una mirada fría, luego miró de nuevo hacia la batalla en curso entre el chico y el monstruo.
--¿No ves que el chico intenta ser un hombre? Escupió en el suelo.
--Tu eres bueno para interferir. Tione escupió.
Mientras tanto, a una buena distancia de donde Tiona y Tione estaban estancados cerca del borde occidental de la plaza, el Hombre Lobo Bete estaba en el borde de un techo en el lado este y chasqueó la lengua dramáticamente.
--Tch...
Mientras miraba al chico de cabello blanco, su rostro y su tatuaje de rayo se torcieron en una mueca. Aizu estaba cerca de él, mirando la batalla en silencio.
--...
Los dos jóvenes Elfos que la detenían a ella y Bete—uno con una espada blanca y el otro, un Elfo Oscuro, con una espada negra—estaban parados tranquilamente con sus armas. Ellos también estaban mirando la batalla.
--... Fuiste y lo hiciste, ¿Verdad, Ottar?
Finn estaba parado cerca, frente al guerrero Boarman Ottar. Él suspiró.
--...
El Boarman estaba en silencio.
Los Aventureros de Primera Clase de la <Familia Freya> estaban bloqueando los movimientos de todos los líderes de la <Familia Loki>. Pero eso no era todo. Las tropas bajo las órdenes del Capitán Ottar también habían inmovilizado a todos los demás miembros de la <Familia Loki>. Por eso ninguno de ellos se había precipitado a la plaza cuando apareció el minotauro negro.
--Solo hice lo que mi Diosa ordenó.
Ottar se giró y arrojó su espada desde el borde del techo, con su voz desvaneciéndose en el aire de la noche. El enorme trozo de metal plateado giro mientras atravesaba el aire y aterrizó en el centro de la plaza, a los pies de Bell y Asterios.
Tanto humano como monstruo la miraron. Un instante después, Bell saltó hacia el arma, agarró la empuñadura y la sacó del suelo.
El Toro Furioso se estremeció de placer mientras la batalla final de sus sueños cobraba vida.
--¡¡Haah!!
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Chispas salpicaron en el aire cuando la espada chocó contra la Labrys. Mientras la batalla continuaba con nueva furia, la multitud que miraba rugió y gritó aún más fuerte.
× × ×
--Hahaha... ¡Me pregunto cómo se siente Hermes ahora!
Freya estaba en el último piso de la Torre de Babel en el centro de la ciudad. Mirando desde su posición en el punto más alto de Orario mientras se desarrollaba la furiosa lucha, la Diosa suspiró con entusiasmo.
--¿Este es el destino establecido por algún individuo? ¿O simplemente es un milagro? Cualquiera que sea la respuesta... lo agradezco.
Estaba agradecida por este giro de la rueda de la fortuna—por el encuentro entre el chico y el monstruo. La hermosa Diosa se sonrojó y mordió suavemente su dedo índice doblado. Le había dejado todo a sus niños para que pudiera ver esta escena.
Perdida en admiración, miró apasionadamente la chispeante alma pura encerrada en combate con el furioso toro.
--¡Pensar que podría ver esta batalla una vez más!
× × ×
--Hey... ¿Qué está pasando aquí? Murmuró Hermes.
Asfi revirtió su invisibilidad y apareció detrás de él en la parte superior de la torre donde se encontraba.
--Hermes-sama... La situación se ha salido de control. En todo el caos, los Xenos escaparon de mí. Hermes no respondió. Simplemente miró la plaza, estupefacto.
El escenario que tan cuidadosamente había preparado fue completamente destruido. Su plan se había convertido en polvo.
Asfi miraba a su atónito Dios principal silenciosamente.
De repente, una ráfaga de viento desprendió su sombrero de viaje. Hermes gruñó, apartando bruscamente su cabello naranja.
--¡Todo está arruinado...!
Un solo monstruo había aplastado el plan en el que había trabajado tan diligentemente. Ahogándose en una desesperación que nunca antes había experimentado, el Dios apretó los dientes y miró al minotauro con un profundo odio.
Sin embargo, al mismo tiempo, había alegría en sus ojos mientras miraba hacia la plaza.
--Oh, demonios. También puedo aceptarlo. ¡He perdido! ¿Cómo podría haber imaginado este escenario?
La plaza resonaba con gritos de batalla, rugidos, aclamaciones y oraciones. Las personas en la multitud estaban completamente atraídas por esta genuina batalla entre el chico y el monstruo, olvidando incluso su deseo de escapar. La hostilidad y la desesperación habían sido reemplazadas por un torbellino de emoción.
Incluso si todo hubiera funcionado de acuerdo con el plan de Hermes, probablemente no habría resultado tan bien. El Dios no habría sostenido los corazones de las personas en la palma de su mano así. Por supuesto que no. Incluso cuando el chico estaba en medio de la batalla con la Gárgola, había estado sufriendo y resistiéndose constantemente.
Aunque pueda ser un Dios omnisciente y todopoderoso, Hermes no habría podido conjurar semejante escena. Era mejor que una verdadera aventura.
--¿Esto es lo que querías decir? ¿Era esto, Zeus? ¿¡Desapareciste de Orario porque ya habías previsto esto!?
Detrás de él, Asfi jadeó. Tanto ella como Hermes estaban completamente embelesados por esa escena tan brillante como un rayo que barría la oscuridad.
--¡Solo alguien que resistió la voluntad divina de un Dios podría brillar así! El mundo quería un Héroe.
Quería que una espada que rasgara la oscuridad de la antigüedad, una luz para vencer los deseos de hace mucho tiempo, un rugido lleno de vida fea pero noble.
No quería un títere que bailara para los Dioses sino el potencial de superar miles de años de estancamiento en el Mundo Inferior.
Quería el mito de la <Familia>, una historia tejida de pura voluntad.
--Al final... ¿Ese monstruo negro es la estrella polar que quemará la mano del tejedor y le mostrará el camino?
Soy un completo payaso.
Hermes se estremeció de humillación ante la extraña escena que eclipsó su propia voluntad divina.
--La sabiduría del Sabio, las estrategias del <Valiente>, las intrigas de un Dios... Este poder puro los ha destrozado a todos.
Hermes entrecerró los ojos mientras bebía los últimos restos de su propia vergüenza.
--Ah, que hermosa y amorosa batalla hasta la muerte...
Su voz estaba llena de respeto por esta batalla entre el chico y el monstruo—esta escena de una historia heroica que se había apoderado de los corazones de las personas y no los dejaría ir.
× × ×
--¡Oh…!
Mientras la multitud gritaba y temblaba, Hestia también se estremeció y presionó sus manos en su pecho. Todo lo que podía ver en los espacios entre la pared de personas que aclamaba era la espalda de Bell mientras enfrentaba al monstruo negro.
--¡Hestia-sama!
Gritó Lili.
--… ¡Vamos! ¡Le dejaremos el minotauro a Bell-kun! ¡¡No podemos ponernos en su camino!!
Respondió Hestia. Tenían que acompañar a los Xenos ocultos a <Knossos>. Inspirados por la oleada de batalla creada por el miembro de su <Familia>, el resto de la <Familia Hestia> estaba preparado para arriesgar sus vidas para hacer lo que se debía hacer.
Antes de abandonar la plaza, Hestia miró por última vez hacia el centro. La visión de una nueva historia escribiéndose en el cuerpo de Bell se grabó en su memoria.
× × ×
--El Mundo Inferior no es tan malo.
En algún lugar del mundo, alguien habló.
Las innumerables historias que se desarrollaban en ese Mundo Inferior pertenecían a los niños, pero aun así, los Dioses acechaban en el fondo. Eso era definitivamente cierto.
Pero.
Sin importar cuánto tiraran de las cuerdas, o susurraran las líneas desde detrás del escenario, o reescribieran los movimientos en medio del paso, había niños traviesos que no escuchaban. Avanzaban furiosos por el escenario, la mayoría de las veces cometiendo errores demasiado terribles para mirar y provocando risas despectivas. Pero a veces, volcaban por completo la armonía preestablecida.
Convirtiendo las óperas rancias en dramas hasta ahora no vistos.
--Siempre son ustedes los niños quienes nos sorprenden a nosotros y al mundo. En algún lugar, alguien sonrió.
× × ×
La batalla entre Bell y Asterios continuaba.
No había un alma en Orario que no escuchara las voces que se elevaban desde el Distrito Laberinto. No gritaban ni de terror ni de tristeza, sino más bien de una emoción febril e ilimitada.
Incluso los ciudadanos que se habían encerrado por miedo ahora tímidamente abrían sus ventanas altas o se aventuraban en los techos. Se giraron hacia la parte oriental de la ciudad y señalaban sin palabras hacia la plaza en el Distrito Laberinto.
La emoción se extendió.
Más que nada, se extendió entre los Dioses que bailaban de alegría, con sus sombras extendiéndose sobre la ciudad. Y entonces—
--¡¡Se están moviendo!!
Bell había sido arrojado a los pies de los ciudadanos que gritaban en la plaza, y ahora saltó de los adoquines tan alto en el cielo como le permitía su Lv. 3, con la esperanza de evitar que los ciudadanos se vieran involucrados en la lucha. Por supuesto, Asterios lo siguió.
El sonido de dos pares de pies que aterrizaban en un techo fue seguido por el retumbo de la Labrys haciendo contacto, y luego el golpeteo de los pies corriendo.
La mirada de Asterios nunca se desvió de Bell mientras el chico salía del Distrito Laberinto. Ambas figuras corrían una al lado de la otra a través de los techos.
¿¡Dónde podemos luchar—!?
Avenidas, callejones y la Calle Principal del Este pasaron bajo la mirada de Bell. El personal del Gremio y los evacuados se destacaban en las calles mirándolos, su presencia limitaba sus elecciones. Finalmente, vio un gran espacio abierto por delante—
-- —¡Ven aquí!
Como atraído por la hermosa Diosa en el último piso de la enorme torre, Bell descendió en el Parque Central, en el corazón de la ciudad.
--¿Huh?
--¿¡El <Pequeño Novato>!? ¿¡Y qué es eso…!?
La gran multitud de Aventureros que custodiaban Babel miraban con asombro como Bell y Asterios una vez más se lanzaban al combate.
Sus ojos se agrandaron al ver al impresionante minotauro negro, pero cuando intentaron unirse al ataque, el monstruo rugió como si dijera: “¡Aléjense!” Los Aventureros de Lv. 1 y 2 se volvieron completamente inútiles.
--¡Manténganse alejados!
--¡Rápido! ¡Escapen!
A medida que la multitud en el Parque Central se adelgazaba rápidamente, voces también instaron a los pocos Aventureros de Segunda Clase que quedaban a irse. Los gritos vinieron de los sonrientes Dioses. Obedeciendo a estos Dioses y Diosas que buscaban entretenimiento, los Aventureros huyeron arrastrando a sus compañeros con ellos.
--¿¡Ganesha-sama!?
--... ¡Ayuden a los Aventureros inconscientes! ¡Ilta, no te involucres! ¡Nuestra prioridad es evacuar a cualquier ciudadano cercano!
Los miembros de la <Familia Ganesha> que habían estado vigilando Babel obedecieron a su Dios Principal y se pusieron a trabajar rescatando personas. La Amazona pelirroja Ilta expresó cierta irritación, pero no obstante lidero a los otros Aventureros de Clase Alta en la operación de rescate.
Los Dioses estaban decididos a eliminar cualquier interferencia que consideraran sin sentido.
El lado este del Parque Central ahora era el campo de batalla para el enfrentamiento final entre Bell y Asterios.
--¡Haaaaa!
¡UOOOOOOOOOOOOO!
La espada y el Hacha colisionaron una y otra vez. Una y otra vez, el sonido del metal contra metal resonaba a través del aire.
Como si fueran atraídos por la música del campo de batalla, los Aventureros y los ciudadanos fijaron sus ojos en el Parque Central. Miraron hacia abajo desde las sedes de la <Familias> con vistas al parque, desde el techo del teatro que dominaba el Distrito del Placer y desde los edificios del centro de la ciudad.
Cada vez que la sangre brotaba de una de las heridas del monstruo, los ciudadanos temblaban. Cada vez que Bell era lanzado al aire, los Aventureros agarraban la barandilla y se inclinaban hacia delante.
--¡¡MATA AL MONSTRUOOOOOOOOOOO!! ¡SI! ¡¡JUSTO AHIIIIIIIIIIII!!
--¡Cállate, Mord!
Los Aventureros se habían vuelto a unir después de seguir a Bell y Asterios fuera del Distrito Laberinto y habían reanudado sus gritos y rugidos. Eina estaba entre los empleados del Gremio que los habían seguido a pesar de los riesgos. Con la ayuda de Ouka y Chigusa, se subió al techo de una tienda al lado del parque y estaba mirando a Bell.
--¿Qué tal aquí?
Preguntó Ouka.
--¡Sí, esto es genial, gracias!
Incluso los Beastman que habían planeado desafiar las órdenes de los Dioses y dispararle al monstruo, los Elfos que habían levantado sus Báculos y comenzaron a cantar, y los Aventureros empeñados en aniquilar al minotauro eventualmente bajaron sus armas y simplemente miraron al igual que los residentes del Distrito Laberinto.
--… ¡Sí! ¡Acabalo!
Gritaron.
Como si el tiempo se repitiera, comenzaron a gritar con enojo, como para mostrar sus espíritus de Aventureros.
--Cranel-san...
Susurro Ryuu, quien había venido corriendo al parque.
--Hey... ¿Estoy viendo cosas?
Dijo Aisha con una sonrisa. Ella estaba parada al lado de Ryuu.
Cerca de allí, Daphne y Casandra temblaban violentamente mientras veían al chico enfrentarse a la terrorífica criatura completamente solo.
--¿Qué demonios está haciendo ese chico...? Jadeó Daphne.
--¡Oh, Dios...!
Dijo Casandra.
--La <Familia> de Welfy es muy divertida. Dijo Tsubaki, entrecerrando su ojo bueno.
--¡Bell... morirás si sigues así!
Dijo Naaza, sujetando su prótesis de plata con su mano izquierda.
Mientras las aclamaciones retumbaban en el aire, los ciudadanos, Dioses y todos los demás habitantes de la ciudad miraban al Aventurero y el monstruo.
-- ——¡¡…!!
¡¡UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!!
Bell y Asterios se precipitaron el uno contra el otro, ambos estrujando las últimas gotas de poder de sus cuerpos.
Los brazos de Bell gritaban mientras empuñaban la enorme espada. Pero eso era todo. A pesar de que fisuras se extendían en sus los huesos, sintió que podía moverlos interminablemente. Una y otra vez osciló la espada, transformando el fuego del dolor abrasador en poder dirigiendo sus ataques.
Acuchillo a Asterios, luego usó la fuerza de la intercepción del minotauro para girar y atacarlo de nuevo. Una vez más, la Labrys bloqueó su ataque y aplastó el desesperado <Firebolt> de Bell, balanceando su Hacha diagonalmente a un pelo de distancia del pecho del chico.
La cuchilla del Hacha rozó su guantelete, y el <Occulus> enterrado en él se rompió en mil pedazos.
--… ¡Mierda!
El equipo de Bell se caía pieza por pieza. Los sujetadores de sus guanteletes estaban rotos, y su superficie estaba cubierta de arañazos. La armadura de hombro que había usado como hombreras improvisadas se desprendieron por la fuerza de los golpes de Asterios. Incluso el barro bajo los pies del minotauro se convirtió en una amenaza cuando Bell resbaló y se deslizó sobre él.
Todo el cuerpo de Bell estaba manchado de rojo. Pero la sangre no era suya.
Era la sangre fresca que brotaba de Asterios cada vez que cargaba. Al minotauro no solo le faltaba un brazo; estaba al borde de la muerte. Su cuerpo estaba tallado con heridas que fácilmente podrían haberlo hecho caer.
Si ese no hubiera sido el caso, Bell habría sido asesinado al instante. Si tuviera ambos brazos, si no hubiera estado al borde de la muerte—
Asterios había llegado a esta batalla después de que Aizu y muchos otros Aventureros lo habían herido. Esta batalla se había producido al final de un largo camino.
Si el oponente de Bell hubiera estado en la flor de la salud, el chico no habría durado ni un minuto. Él era así de fuerte.
Era ridícula y ferozmente fuerte.
¡¡U-U-OOOOOOOOOOOOOOO!!
La Labrys y el puño negro que lo sostenía se abalanzaron sobre Bell, quien fue incapaz de desviarlo por completo.
Detrás de Asterios, Bell vio a Dix. Vio a Aizu, la persona que admiraba y cuyos pies ni siquiera podía tocar. Vio a Wiene, que una vez se había convertido en cenizas y desapareció porque no pudo salvarla. Vio su propia imagen impotente.
Detrás de la Labrys, vio la Lanza de Dix, la espada de Aizu y las lágrimas de Wiene. Despertaron en él una loca esperanza que desgarró su corazón.
Quiero ser fuerte.
Para así poder vencer a este digno oponente—y superar mi propio yo sin poder. Quiero ser fuerte.
Para así vencer a este digno oponente—y nunca perder nada más. Ser fuerte.
Como un Héroe
Como un Héroe que protege a los que le importan.
Como un Héroe que lucha incluso cuando la realidad lo aplasta y los hipócritas se burlan de él. YO.
Quiero ser... un Héroe.
--¡¡Uwaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! Bell rugió.
Se lanzó más allá de sus límites y corrió a toda velocidad en un mundo de blanco.
Corrió con todas sus fuerzas a través de un campo blanco donde todo ardía con el calor blanco, hacia el minotauro negro que esperaba al otro lado.
¿¡...!?
Se lanzó sobre su pie izquierdo con tal fuerza que se volvió borroso ante los ojos de su audiencia, y al mismo tiempo osciló la enorme espada.
Su oponente no pudo responder a tiempo a esta velocidad desgarradora de límites. La espada se estrelló contra su armadura, pero Bell aun así no se detuvo. Desató una tormenta de golpes en la resistente Armadura de Placas.
¡¡U—UOO!!
Como si hubiera llegado a los límites de su paciencia, la Labrys mando a volar la espada de Bell al aire. Los espectadores gritaron, pero Bell los ignoró y saltó hacia delante a toda velocidad.
La patada ascendente que explotó en su pómulo izquierdo atrapó a Asterios completamente desprevenido. Para no ser superado por su oponente, Bell había convertido su cuerpo en un arma y desato sus garras de conejo en el minotauro. Asterios de alguna manera soportó esta patada en el rostro de un Aventurero de Segunda Clase— pero al momento siguiente, el minotauro se vio sumido en una conmoción.
Todavía flotando en el aire con su pie izquierdo extendido, Bell extendió su brazo derecho como una flecha.
--¡Firebolt!
Él lanzó seis disparos consecutivos.
—¿¡OOO!?
Fueron lanzados desde tan cerca que los Aventureros que veían quedaron sin aliento. El golpe decisivo aplastó uno de los ojos del minotauro.
La fuerza de su propia explosión hizo retroceder a Bell. En el instante en que golpeó el suelo, corrió hacia Asterios a toda velocidad. En su mano derecha, agarró la espada que había venido girando sobre su cabeza, se tambaleó hacia atrás unos pocos pasos, luego se lanzó sobre el monstruo y lo acuchilló con todas sus fuerzas.
¿¡GUO!?
Corte diagonal hacia abajo.
¿¡UO!?
Corte horizontal.
¿¡OOOOO—!?
Corte hacia arriba
Tres destellos de luz en total. Esta vez, la Armadura de Placas del minotauro se abrió, y del enorme cuerpo brotó una fuente de sangre.
--“ “ “ “ “ ¿¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!?” ” ” ” ”
Los Aventureros y los Dioses gritaron como si sus pechos fueran a explotar al ver el poder completo de Bell despertado.
En cuanto a Asterios, cuyo ojo izquierdo había sido destruido y cuyo cuerpo había sufrido una profunda herida—sonrió.
Una expresión tranquila y poderosa tan misteriosa que silenció las aclamaciones de la multitud por un momento.
La voluntad de luchar del chico era tan feroz como siempre. Corrió hacia adelante con la enorme espada, ardiendo con determinación.
Los pies de Asterios golpearon contra el suelo y lo astillaron.
Los pies de Bell lo arrastraron hacia adelante con una velocidad deslumbrante.
Cada uno podría ver solo al otro. Sus ojos brillaban mientras cargaban hacia su enfrentamiento final.
¡¡———————————!!
--¡¡———————————!!
Era el enfrentamiento final.
Los rugidos del chico y el monstruo llenaron el aire. No había rastro de elegancia en ellos—solo los gritos de batalla de dos seres hambrientos de victoria.
La persistencia chocaba ferozmente contra la fuerza.
A pesar de que el trozo de plata desvió la sangrienta cuchilla doble, la poderosa pierna del minotauro se estrelló y cortó el desvío de Bell. La espada y el Hacha fueron retirados, solo para reunirse de nuevo un instante después en un remolino de luz intermitente y chispas voladoras.
El Hacha rozó el hombro de Bell, y la sangre salió a borbotones. El sonido de la carne siendo aplastada provino de la armadura que había desviado el golpe.
La mano derecha de Bell disparó un Firebolt que quemó el cuerpo del monstruo, pero el mero contacto con el oponente inhumanamente fuerte era suficiente para dañar más el equipo de Bell.
Incluso la <Daga Hestia> y los cuernos carmesí desempeñaron su papel en la épica batalla, trazando arcos de luz azul púrpura y carmesí entre el Hacha y la espada.
Este choque de voluntades y determinación obstinada no tenía nada que ver con el orgullo.
Cada uno aceptó no comprometerse con el otro, animándolo en su lugar como una imagen en un espejo.
Los Aventureros se inclinaron hacia atrás para evitar sus golpes. Los ciudadanos se estremecieron. Los Dioses sonrieron y aclamaron. Gritos sin palabras volaban hacia la batalla. La multitud que estaba parada al borde del Parque Central olvidó incluso respirar, derramando en su lugar todo su ser en un solo grito continuo.
Los hermosos ojos plateados de la hermosa Diosa brillaban febrilmente. La semielfo temblaba y palidecía mientras observaba la batalla mortal.
Todos los que se habían cruzado con el chico miraban con la respiración contenida mientras la batalla se acercaba a su tramo final.
Y mientras miraban, el chico y el monstruo desesperadamente evitaban el final de la batalla.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
--¡¡Agh!!
La Labrys le dio un fuerte golpe a la espada levantada apresuradamente para bloquearla.
Los pies de Bell dejaron el suelo y fue lanzado hacia atrás como si fuera una simple pluma. En el momento en que su espalda golpeó los adoquines, rodó y vio a Asterios en el centro de su campo de visión.
—¡OOO!
Cerca de diez metros los separaban.
Como si hubiera estado esperando impacientemente este momento, Asterios llevó su mano izquierda—y la Labrys dentro—a los adoquines. Con su único brazo firmemente plantado, el minotauro bajó la cabeza.
Un murmullo de anticipación recorrió la multitud de Aventureros observando. El minotauro parecía estar preparándose para usar su arma más mortífera—sus cuernos.
Se lanzaría hacia adelante con un poder incomparable, aplastando todo en su camino.
Bell miró el toro furioso perfilado contra la torre de piedra caliza. En un instante, adivinó su intención y llevó su espada directamente frente a su cuerpo.
Estaba a punto de desatar el <Argonaut>
Sonó una campanilla y se acumuló una luz blanca.
--¡¡...!!
El desencadenante de su Habilidad fue la imagen de un Argonauta, su modelo a seguir.
Los Argonautas habían querido convertirse en Héroes, y habían superado su destino lleno de altibajos para hacerlo.
Bell pensó en este original cuento heroico mientras posicionaba su espada hacia atrás.
——
-- ——
La imagen de los cuernos carmesí ardió en los ojos del chico. Las convergentes chispas blancas de luz atravesaron la mirada del monstruo.
Sus ojos se encontraron. Ambos brillaban con una voluntad de luchar que borró todos los límites. Un solo segundo se extendió por siempre.
Sus miembros gritaban, sus corazones tenían hambre, su determinación de guerreros ardía ferozmente. Los ojos rojos de Bell se encontraron con los monstruosos ojos de Asterios.
Y entonces—
--¡¡Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Se precipitaron hacia el otro.
¡No pierdas!
Por primera vez, Eina no rezó para que la batalla terminara—sino para que Bell ganara.
El Aventurero y el minotauro convirtieron sus cuerpos en poderosos proyectiles que destrozaron los adoquines a medida que avanzaban.
Los ciudadanos, los Dioses y los Aventureros se quedaron sin aliento ante los estruendosos rugidos. En un instante, la loca carrera redujo el espacio entre ambas figuras a la nada.
Bell había estado cargando durante veinte segundos.
Bajó oscilo su espada hacia abajo y luego hacia arriba otra vez.
Apuntando a los cuernos rojos de su oponente, Bell desató un feroz ataque de luz blanca.
-- ——
Un instante.
Eso fue todo lo que Bell necesitó para darse cuenta de que la destructiva luz carmesí de su oponente estaba aplastando su resplandor blanco puro.
En el próximo instante—
-- —¡Uwaah!
Él había perdido.
Su <Argonaut> había sido derrotado.
Un shock mortal resonó a través de él mientras su cuerpo volaba alto en el aire.
-- “ “ “ “ “ “ “——————————” ” ” ” ” ” ”
Un silencio total cayó sobre Orario.
El cuerpo de Bell se elevó hacia arriba directamente desde donde había chocado con Asterios, con sangre saliendo de su boca.
Todos los ojos siguieron esa forma en el aire, todos los rostros palidecieron, y todos observaron cómo los fragmentos de la cuchilla plateada rota brillaban con luz blanca en todas las direcciones.
--B-Bell—
Eina se llevó las manos a la boca. Ella sintió como si el tiempo se hubiera detenido.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Mientras tanto, el monstruo, después de haber aplastado el más fuerte ataque del chico, dejó escapar un rugido de victoria y dio un giro triunfal. Luego se detuvo e invirtió la dirección abruptamente lo suficientemente fuerte como para aplastar la piedra mientras se dirigía hacia donde Bell caería. Se lanzó hacia adelante como un toro verdaderamente salvaje y, en el instante en que el chico golpeó el suelo, lo ataco otra vez.
--¡Aaaaaaghh!
El brazo negro extendido golpeó a Bell, y por segunda vez vomitó sangre. Asterios atrapó su cuerpo y corrió hacia la alta torre de piedra caliza.
--¡¡C-Cubranse!! ¡¡Corraaaaan!!
El puñado de Aventureros de Clase Alta de la <Familia Ganesha> que protegían la puerta de Babel huyeron tan rápido como pudieron frente a esa avalancha inigualable e imparable.
Un momento después, el minotauro se estrelló contra la puerta y las paredes de la enorme torre.
-- —¿¡…!?
Todavía agarrando a Bell bajo su brazo izquierdo, Asterios cargó con una fuerza abrumadora hacia el gran salón en el primer piso de Babel. Arrojó a Bell y la Labrys contra el suelo, que se parecía a una enorme flor de cristales coloridos. La fuerza sobrehumana del golpe infligió el mismo daño a Bell y al piso, que en el siguiente instante comenzó a derrumbarse.
Cuando Bell cayó por el piso destruido, cayó directamente al enorme agujero que esperaba en el sótano. El agujero que conducía al Calabozo.
Cayó, y cayó, y cayó.
Escupiendo sangre y envuelto en una peculiar sensación flotante, fue arrastrado al fondo de la tierra junto con montones de escombros. Las luces nocturnas de la superficie retrocedieron ante su visión borrosa, y llegó el momento.
*¡¡Bang!!*
--¡¡Gaah!!
Se estrelló en el primer piso del Calabozo con un ensordecedor *Thud*.
Una descarga eléctrica pareció correr por su espalda y por el resto de su cuerpo. Por unos segundos, perdió el conocimiento.
Cuando volvió en sí, fue atormentado por un dolor abrasador que lo hubiera matado instantáneamente si no hubiera actualizado su <Estado> más temprano esa noche. Tosió un coágulo de sangre atrapado en su garganta y abrió los ojos.
Estaba acostado de espaldas, y muy por encima, podía ver la noche oscura. Debía ser la luz de la luna que brillaba a través de la puerta de la Torre Babel. El interior de la torre estaba completamente oscuro, tal vez porque el colapso había apagado las Lámparas de Piedra Mágica. Parte de la escalera de caracol dentro del agujero cilíndrico tambien había sido destruida.
Bell yacía inmóvil sobre una cama de escombros. El colapso también debió haber dañado este piso subterráneo, porque las paredes tenían una red de fisuras y brillaban con una fosforescencia débil. Le recordaban a una cueva iluminada por rayos de luna.
Mientras Bell miraba la negrura sobre su cabeza, con su mente moviéndose lentamente… una sombra negra cayó sobre él.
--Bell-dono…
--… ¡…!
Ante el sonido—no un rugido de monstruo, sino una palabra hablada en lenguaje humano—Bell invocó lo que restaba de su fuerza y levantó la cabeza. El minotauro negro estaba quieto a su lado como un vencedor triunfante.
--Ahora estamos iguales…
Asterios dijo, mirando hacia abajo la figura andrajosa de Bell. El chico le devolvió la mirada.
--La próxima vez…
Dijo el guerrero minotauro. Había perdido un brazo, uno de sus ojos había sido aplastado y todo su cuerpo estaba cubierto de heridas. Levantó la Labrys a su pecho.
--La próxima vez—arreglaremos esto. Asterios sonrió ampliamente y levantó la vista.
¡¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
Rugió su monstruosa canción de victoria… y desapareció. Bell solo vio espacio vacío delante de él.
El minotauro se había desvanecido en las oscuras profundidades del Calabozo.
--…
Como una marioneta cuyas cuerdas habían sido cortadas, Bell dejó caer su cabeza sobre la pila de escombros. El silencio cayo a su alrededor, como si la batalla no hubiese sido más que una fantasía.
Definitivamente—probablemente—la reparación del Calabozo tendrá prioridad.
Le dijo la mente confusa de Bell.
No se engendrarán nuevos monstruos, y los de bajo nivel como los Goblins y los Kobolds probablemente se esconderán en los recovecos por miedo a todo este ruido y temblores. Estoy seguro de que estaré bien si me quedo aquí por un tiempo.
Se sentía como si flotara en un sueño suave y esponjoso. La batalla contra el monstruo parecía de alguna manera irreal. Pero el horrible dolor que atormentaba su cuerpo entero era muy real, y no le permitía escapar de la realidad.
--… Perdí.
Las palabras susurradas flotaron por la abertura vertical hacia la superficie y se elevaron hacia el cielo iluminado por la luna.
Bell miró el agujero en la pintura del cielo en el techo del primer piso subterráneo.
--Me pregunto… si todos los Xenos… Si Gros-san y los otros escaparon…
El <Occulus> en su guantelete había sido aplastado y esparcido. No tenía forma de contactar a Hestia. Pero estaba seguro de que ella y los otros miembros de su <Familia> se habían ocupado de eso. Debieron haber tenido éxito al usarlo a él y Asterios como señuelos.
Entonces, había algo de significado en su batalla después de todo.
--… Bueno, me alegro de que haya sucedido así.
Debido a que había seguido luchando y atrajo a toda la ciudad hacia allí, Wiene, Lyd y los demás habían podido regresar al Calabozo.
Si hubiera ganado, Asterios habría muerto.
Si no hubiera perdido, Asterios no habría podido regresar con sus hermanos al Calabozo. Era mejor de esa manera.
--Me alegro de haber perdido…
La victoria y la derrota eran secundarias. Todo era por el mejor—
--… Eso es una mentira.
Bell murmuró las palabras para sí mismo.
--… Todo eso es una mentira.
Su tranquila voz se tornó llorosa. La punta de su nariz se sentía caliente, y la escena sobre su cabeza se volvió borrosa.
Lágrimas se derramaron de sus ojos.
--¡No estoy feliz de haber perdido…! Él estaba decepcionado.
Estaba tan molesto que quería morir.
Dejando de lado a los Xenos, su misión y todo lo demás, se sintió tremendamente descorazonado.
Bell quería vencer a Asterios. Quería vencer al antiguo enemigo que se había presentado ante él para otra ronda. Como Aventurero, y como hombre, quería vencer al más digno de los oponentes.
--¡*Hic, hic*…!
Trató desesperadamente de contener sus lastimosos gemidos.
Pero independientemente de su voluntad, los sollozos convulsionaron desde su garganta. Pensó en las palabras de Asterios.
“La próxima vez, arreglaremos esto.” El juego aún no había terminado.
Bell había estado perdido desde que conoció a los Xenos, y Asterios le había dado una razón para luchar. “La próxima vez, vendré a matarte.”
“Así que no vaciles.” “Fortalécete.”
Asterios le había dado una razón para crecer.
-- ——¡Ngh…!
Te lo prometo.
Un día, crearé un lugar donde podamos vivir juntos.
Para que eso suceda, a partir de ahora, tengo que hacer más— Él había dicho todas esas cosas. Él lo había prometido.
Tenía razón. A partir de ahora, tenía que hacer más—tenía que ser más. Más, mucho más.
Si iba a cumplir su promesa a Wiene, y si iba a arreglar las cosas con Asterios, tenía que volverse mucho, mucho más fuerte.
Y así se estableció otro objetivo.
Bell había encontrado algo para apuntar que no fuera la persona que admiraba. Todo lo que necesitaba ahora estaba conectado.
Para así llegar al nivel de la persona que admiro.
Para así asegurarme de que nadie más que me importe vuelva a ser asesinado. Para así ganar la próxima vez.
Seré más fuerte.
Seré mucho más fuerte.
De modo que nunca más lamente mi impotencia. Ahora, llora en desgracia.
Llora inútilmente
Llora ahora para que puedas volver a correr mañana.
--¡¡W-W-Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah…!!
Bell se cubrió los ojos con el brazo y comenzaron a sollozar.
× × ×
--¡Bell-kun!
Eina estaba corriendo.
Después de que el monstruo desapareció en Babel con Bell, ella había bajado al Parque Central más rápido que nadie.
Jadeando por el esfuerzo al que no estaba acostumbrada y balanceando sus brazos furiosamente, corrió hacia la torre de piedra caliza.
--¡Por favor espera, es peligroso!
Gritó un guardia de la <Familia Ganesha>.
Pero ella ignoró la advertencia y corrió a través de la puerta en ruinas hacia Babel.
Esperando en el otro lado estaba el enorme agujero en el piso que conducía bajo tierra. Cuando se dio cuenta de la magnitud de la destrucción, la sangre se dreno de su rostro.
No podría haber quedado atrapado en esto, ¿O sí?
Ella miró por el agujero. Muy abajo en el fondo, debajo de la entrada al Calabozo, vislumbró una forma blanca. Como si fuera impulsada por una fuerza invisible, voló hacia la escalera que conducía bajo tierra. Bajó corriendo ruidosamente escalón por escalón. Por una vez, se arrepintió de no haber recibido una <Falna>. Si lo hubiera hecho, podría haber saltado directamente por el agujero al lado del chico.
Las Lámparas de Piedra Mágica estaban rotas, y Eina tropezó repetidas veces bajo la pobre luz. Pero, aunque titubeó, nunca se detuvo.
Finalmente llegó al primer piso subterráneo lleno de escombros y la escalera de caracol que conducía a través del enorme agujero al Calabozo. A pesar del daño, logró llegar hasta abajo.
--¡¡Bell-kun…!! ¿Bell-kun?
Lo encontró tendido encima de los escombros cubierto de sangre, pero aun respirando—y llorando.
Grandes lágrimas caían por debajo del brazo que le cubría los ojos, y todo su cuerpo temblaba por los sollozos. Estaba llorando vergonzosamente, lastimosamente, y con todo su corazón.
--Bell-kun…
Él estaba llorando.
El chico estaba llorando.
No eran los gemidos del niño que había visto muchas veces antes, sino las amargas lágrimas de un hombre. Lágrimas reales que brotaron desde las profundidades de su corazón.
El pecho de Eina se tensó dolorosamente al ver a este desconocido Bell.
No sabía qué decir, pero quería hacer algo, así que caminó silenciosamente hacia él y se arrodilló en el suelo. Envolvió ambas manos alrededor de su mano derecha. Él apretó tan fuerte que dolía.
Eina se dio cuenta de que algo había comenzado a crecer en su corazón. Un dulce y doloroso latido del que no podía retroceder.
Iluminada por la débil fosforescencia similar a un rayo de luna, Eina permaneció allí al lado de Bell hasta que llegó la ayuda.
Epilogo – Por Eso Corrí Otra Vez
La fosforescencia iluminaba débilmente la oscuridad.
En una gran habitación también iluminada con Lámparas de Piedra Mágica, Fels enfrentaba a los monstruos.
--Lo lamentamos mucho por todo esto, Fels. Realmente te hicimos pasar muchas dificultades...
--No digas eso, Lyd. Sabía que estaba asumiendo un gran trabajo cuando me involucré. A decir verdad, era reacio a hacerlo al principio.
--... Maldita sea, Fels, gracias.
El Hombre Lagarto extendió su poderosa mano de monstruo, y Fels la estrecho con sus huesos enguantados. Los otros Xenos que estaban a su alrededor se unieron con palabras, maullidos y gruñidos de agradecimiento.
Estaban en una de las Aldeas Ocultas de los Xenos en el Calabozo. Habían pasado varios días desde aquel largo día de batalla en el Distrito Laberinto, y durante ese tiempo, Lyd y los demás habían regresado sanos y salvos a esta aldea donde sus hermanos restantes estaban esperando.
--A pesar de que volviste, Gros... Realmente tienes la suerte del diablo, parece. Dijo Lyd.
--... Sí, falle en morir.
Respondió la Gárgola.
--¡No deberías decir eso!
Rei lo regañó.
--¡Estoy contenta, Gros!
Dijo Wiene.
Fels observaba con profundo respeto como los monstruos charlaban entre ellos.
Después de la batalla, Lyd, Wiene, Gros y los demás lograron reunirse una vez de nuevo. Fueron Hestia, Lili y los miembros de su <Familia> quienes llevaron a los monstruos alados a <Knossos>, y por eso estaban infinitamente agradecidos. Pero la <Familia Hestia> insistió en que todo se debía al hecho de que la <Familia Freya> centro su atención en inmovilizar a la <Familia Loki>.
Todo se originó en la épica batalla entre el chico y el minotauro. Si solo una cosa hubiera salido mal, la escena ante Fels ahora no habría existido. Si Bell y la <Familia Hestia> no hubieran estado allí para ellos.
--Gracias por sanarnos a todos con tu Magia. Has hecho mucho por nosotros. Por cierto, tengo una Poción Mágica muy antigua que perteneció a un Aventurero, si la deseas...
Lyd le ofreció.
--Está bien. Solo soy huesos, así que no puedo beberla... Pero Lyd, ¿Qué hay de él?
Junto con la curación de los otros Xenos, Fels había atendido las heridas de batalla casi fatales del minotauro e incluso restauró el brazo cortado que habían conservado en hielo. Después, Asterios le dio las gracias brevemente a Fels, pero eso fue todo.
--Ha regresado a los Pisos Profundos... para entrenar nuevamente.
--… Ya veo.
--Dijo que tenía que volverse más fuerte, para arreglar las cosas de una vez por todas.
La túnica negra de Fels tembló cuando Lyd habló sobre el guerrero minotauro que había encontrado su sueño. El Mago estaba pensando en Bell, quien parecía ser el hijo favorito del destino tanto de buena como de mala manera. Realmente era una criatura desafortunada.
--... Bueno, entonces, Lyd. Me retiro. Urano está esperando con más trabajo.
--Entiendo... ¡Fels!
--¿...?
--Cuando vuelvas a la superficie, dile a Bellchi...
--...
--… No, no es nada. Quiero decírselo yo mismo. Después de todo, lo prometí. Dijo Lyd, con una sonrisa arrugada formándose en su rostro de lagarto.
--Sí, eso sería mejor. Fels asintió.
--¡Fels!
--¿Qué pasa, Wiene?
--¡Nos vemos pronto! ¡La próxima vez, espero que Bell también esté con nosotros! Dijo sonriendo radiantemente.
--... Sí, nos vemos.
Respondió Fels, con una punzada de pesar por no poder devolverle la sonrisa al grupo de Xenos reunidos para despedirse.
Aunque la incapacidad de sonreírle al mundo que Bell y la <Familia Hestia> habían salvado era frustrante, sin embargo, la angustia se vio atemperada con un poco de agradecimiento de que los ojos de un esqueleto tampoco podían derramar lágrimas.
× × ×
Lejos del Calabozo, el caos en la superficie continuó por un tiempo.
El trabajo de limpieza en la Calle Dedalo era un excelente ejemplo. Aunque el barrio era pobre, el trabajo de reparación se realizó con la mayor urgencia para que los evacuados pudieran regresar a casa. Había un sinfín de tareas por realizar, desde la instalación de tiendas de campaña temporales hasta el envío de Aventureros y personal del Gremio para calmar a los residentes. El único punto positivo fue que los ciudadanos se consolaron grandemente por la ayuda de la <Familia Loki> con los esfuerzos. Sin embargo, se rumoreaba que Royman, el jefe del Gremio, se estaba ahogando bajo la montaña de problemas en constante crecimiento, comenzando con la reconstrucción en curso del Distrito del Placer.
Mientras tanto, se difundía información falsa sobre el destino de los monstruos que habían aparecido en la superficie.
Las personas decían que mientras Bell Cranel había estado luchando contra el violento minotauro negro, la
<Familia Loki> había exterminado a los otros. De hecho, los rumores comenzaron por orden de Urano, quien conocía toda la historia. Ni siquiera Royman conocía todos los detalles sobre este acuerdo secreto para difundir información errónea. Sin embargo, sorprendentemente la <Familia Loki>—cuyo orgullo había sido herido durante el incidente—no se opuso al plan.
Varios miembros de la <Familia> y Aventureros de Primera Clase tenían sus propias opiniones al respecto, pero aceptaron las negociaciones y los anuncios del Gremio. Botín falso, supuestamente de los monstruos con recompensas en sus cabezas, se exhibieron frente la Sede del Gremio, haciendo que los otros Aventureros derramaran lagrimas amargas. Los Dioses fingieron estar muy afligidos y los ciudadanos se sintieron aliviados.
En cuanto al chico que estaba en el centro de todo esto—
--No es como si todo hubiera vuelto a la normalidad, pero sí creo que Bell ha salvado su reputación entre los niños. Fue como el <Juego de Guerra> al final.
--¿Es así?
Dijo el Dios anciano.
Hermes estaba sentado ante Urano dando un informe sobre los eventos recientes.
Una vez más, Hermes estaba tallando trozos de madera mientras estaba sentado en el altar iluminado por cuatro antorchas.
--Aunque Bell permitió que el minotauro escapara, muchas personas lo elogian. Esa batalla parece haber tenido un enorme impacto.
Hermes se encogió de hombros mientras mencionaba la aventura del chico, que por supuesto era muy familiar para él. Por lo menos, ya nadie estaba menospreciando a Bell. Los niños pequeños probablemente incluso admirarían a su pequeño Héroe. Los otros Aventureros muy probablemente lo miraban con reverencia y respeto y finalmente lo habían aceptado como uno de ellos.
Así de intensa había sido la batalla contra el minotauro.
Asterios no tenía motivos ocultos. Él no sabía nada de la reputación de Bell. Todo lo que buscaba era una revancha con su antiguo oponente.
El resultado final de sus acciones, sin embargo, fue que los Aventureros y los ciudadanos habían sido testigos con sus propios ojos de su fuerte voluntad de luchar y matar. Fue, sin duda, autentico.
Hermes coloco el tallado final de Asterios y su espada de doble filo en el tablero de ajedrez junto al conejo.
--... Fui engañado esta vez. Me atraparon. Si fue Freya-sama quien me tuvo en la palma de su mano, entonces probablemente se sienta satisfecha, pero...
Hermes miró al minotauro tallado y sonrió con irritación. Luego se levantó, sacudió sus manos y se giró hacia Urano en su trono.
--Bueno, mi informe está hecho. ¿Tienes alguna pregunta?
--... ¿Puedo contar con tu ayuda la próxima vez?
--Si puedes prometerme que Bell no volverá a involucrarse con los Xenos, entonces continuaré ayudándote por el momento. Ahora que la existencia de <Knossos> se ha hecho pública, no tiene sentido que nos peleemos.
Pero déjame preguntarte—¿Estás de acuerdo con todo?
--Con Zeus y Hera desaparecidos, las fuerzas militares a mi disposición son limitadas. No tengo muchas opciones.
Respondió Urano de manera profesional. Él estaba desempeñando el papel de un pilar de estabilidad y paz pública.
--Entiendo.
Dijo Hermes, levantando ambas manos.
--Es posible que Hestia y Bell no me odien después de todo lo que sucedió. Por ahora, mantendré un perfil bajo y actuare de buena fe.
--…
-- —De todos modos, esto no ha cambiado mis planes. Tenía la intención de seguir actuando en interés de su Héroe.
Se puso su sombrero de viaje, que había estado sosteniendo entre sus manos. La mirada en sus ojos anaranjados parecía estar diciéndole a Urano que bien podrían enfrentarse de nuevo en el futuro.
--Por favor discúlpame. Si me quedo más tiempo, temo que provocare tu antipatía una vez más. Con eso, Hermes salió de la <Cámara de las Oraciones> y subió las escaleras hacia la superficie.
Poco tiempo después, un sonido salió de la puerta oculta del otro pasadizo secreto que conducía a la cámara. Fels emergió desde las sombras.
--He vuelto, Urano... ¿Había alguien aquí?
Dijo el Mago, mirando el tablero de ajedrez situado frente al altar.
--Hermes vino.
Aunque Fels no tenía cara para mostrar emociones, la sombría pausa que siguió fue lo suficientemente reveladora. Después de un momento, la capucha negra tembló como si Fels estuviera suspirando.
--Acompañé a los Xenos de regreso a su aldea. No se perdieron vidas durante la perturbación en la superficie.
--¿Es así?
Fels miró a los ojos del Dios, tan azules como el cielo.
--Por supuesto, no pudimos demostrar el valor de la existencia de los Xenos. Los problemas entre ellos y los habitantes de la superficie no se han resuelto de ninguna manera. El camino sigue siendo largo y áspero.
Dijo Urano.
--Con los eventos recientes, su sueño puede haberse vuelto aún menos realista. Respondió con franqueza el Mago vestido de negro.
--Pero también hubo beneficios definitivos. Fels asintió ante las palabras del Dios anciano.
--Parece difícil que el Dios Hermes acepte a los Xenos... pero elijo el mismo camino que él, Urano.
Muchas emociones diferentes parpadearon en la voz resonando a través de la cámara. El tonto inmortal, con su carne y piel desaparecidas hace mucho tiempo, hablo hacia las llamas parpadeantes de las antorchas.
--También apostare todo al chico.
× × ×
--“¡El <Pequeño Novato> Milagrosamente Vuelve Vivo…! El Aventurero que se Paró solo Contra el Monstruo…” ¡No soporto a estas personas volubles!
Welf miró los pergaminos desplegados y suspiró como si hubiera tenido suficiente.
--¿No es algo bueno, Welf-dono? Los conceptos erróneos sobre Bell-dono se han solucionado ahora. Dijo Mikoto.
--Y los ciudadanos ya no nos tratan fríamente. Hace parecer que les debes algo... pero eso se desvanecerá con el tiempo.
Agregó Haruhime en un intento por consolar a su compañero, quien estaba leyendo los titulares de los boletines de noticias que circulaban por la ciudad.
Ahora que la <Familia Hestia> había logrado lo que había que hacer, libre de la tensión de los últimos días, se estaban relajando juntos en la sala de estar de su sede.
--Tambien los Aventureros que nos vigilaban a Bell-sama y a mí han desaparecido por completo desde que todo terminó
Dijo Lili, mirando por la ventana de la gran sala de estar.
--Sí, y estaba segura de que todo lo valioso desaparecería cuando volviéramos... pero no nos robaron después de todo.
Respondió Hestia desde el sofá.
Después de llevar a los últimos Xenos a Knossos, cuando todo su trabajo estaba realmente hecho, habían regresado a casa esperando encontrar las puertas y ventanas destruidas—pero ese no fue el caso. Alguien parecía haber irrumpido y buscado en el lugar, pero no había señales de comportamiento brusco. Tampoco se dañó ni perdió ninguna de sus propiedades importantes. Era como si una <Familia> muy fuerte hubiera estado vigilando las cosas.
--Así que ahora las cosas han vuelto a la normalidad...
--... Excepto que no lo son.
Mikoto terminó la frase de Lili. Sus ojos escanearon lentamente la sala de estar en busca de la sombra de la chica dragón. Ni siquiera Lili pudo ocultar su anhelo por la chica que faltaba en el cálido círculo familiar. Después de un momento, todos en la sala de estar miraron a Haruhime.
--¿Estás bien, Haruhime-kun? Preguntó Hestia.
--… Sí. Nos volveremos a encontrar. Respondió con una brillante sonrisa.
--Nos lo prometimos la una a la otra.
Mikoto vio a la chica Renart abrazando en silencio su meñique contra su pecho. Todo había terminado y sus preocupaciones habían desaparecido, pero su esperanza permanecía.
Una modesta sensación de plenitud descendió sobre la pequeña <Familia>.
--Pero todavía hay que pensar en Bell…
La voz de Welf resonó en la sala de estar, donde el chico no estaba por ninguna parte. Haruhime y Mikoto se miraron, y Lili se giró hacia Hestia.
--Hestia-sama. ¿Bell-sama esta...?
--… Sí.
Hestia apartó la vista de Lili y miró hacia el techo, entrecerrando sus ojos azul claro.
--Hoy, también...
Murmuró.
× × ×
El viento soplaba.
Un viento matutino desde el cielo azul oriental.
Bell sintió la brisa fresca correr sobre él mientras estaba parado en la gran muralla de la ciudad. Estaba mirando en silencio hacia el centro de la ciudad y la enorme torre de piedra caliza.
Eventualmente, el amanecer iluminó el cielo despejado. Cabello dorado destelló. Una chica había venido a pararse a su lado.
--¿Aizu-san...?
--Si, buenos días.
--… ¿Por qué estás aquí?
--No estoy segura... supongo que pensé que si venía, podría encontrarte.
--Oh, ¿En serio?
--Sí.
--...
--...
--Aizu-san...
--¿...?
--¿Me enseñarás a luchar de nuevo?
--... ¿Incluso después de lo que pasó?
--Sí.
--...
--...
--... Eres astuto.
--… Lo siento.
--...
--...
--... Está bien.
--… ¿De verdad?
--Sí... Tienes los mismos ojos.
--¿...?
--Los que siempre veo en el espejo.
--...
--Sí... pero son diferentes... No son tan extraños como los míos. Son más hermosos.
--… Haha.
--… ¿Por qué te ríes?
--Lo-Lo siento.
--...
--...
--Tengo... Tengo que encargarme de algunas cosas, así que no estoy segura de cuándo podre hacerlo.
--Está bien... Gracias.
--No hay problema.
--...
--...
--Aizu-san.
--¿Qué?
--Yo... quiero ser más fuerte.
--... ¿De verdad?
--Sí.
--Me iré ahora.
--Nos vemos.
--Okay.
La persona que admiraba desapareció más allá del amanecer. Por una vez, él no la miró mientras se iba.
En cambio, estaba mirando a lo lejos en la distancia.
Estaba concentrado en la torre de piedra caliza que tocaba los cielos—y en el laberinto subterráneo que dormía debajo.
En el Calabozo donde esperaban sus promesas y su batalla final.
--...
Se apretó el meñique palpitante y pensó en el dolor persistente de sus heridas. Repitió su voto al amanecer, luego le dio la espalda al lugar designado.
Y entonces el chico comenzó a correr una vez más.






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