Capítulo 06 – Anhelo de un Héroe


--Bell-kun y Mikoto-kun tienen que estar aquí. ¡Vamos a pasar!


Lo último de la luz del sol natural se desvaneció del cielo de la tarde cuando Hestia llegó a la esquina exterior del Distrito del Placer. Los guardias se movieron para bloquear su camino casi de inmediato.


Estaban parados al borde del tercer distrito de Orario, el lugar donde oficialmente comenzaba el territorio de

<Familia Ishtar>.


Hestia estaba acompañada por Welf y Lili, así como por Takemikazuchi, en su misión de rescatar al resto de su

<Familia>.


Fueron bloqueados por dos Amazonas justo antes de entrar en la avenida principal de burdeles de la Calle Principal. Se produjo un punto muerto.


--Mi disculpas, Diosa-sama, ¿Tienes alguna prueba?


--Cuida tus palabras. Cualquier negocio gracioso y te expulsaremos a la fuerza.


--Grrrr…


Hestia comenzó a gruñir cada vez más fuerte mientras las dos mujeres guerreras agarraban las armas atadas a sus espaldas: una llevaba un Hacha de Guerra; la otra desenvaino dos Espadas Largas lo suficientemente lejos de sus vainas para hacer que las hojas destellaran.


Un grupo de Amazonas había atacado a Lili y a Welf en el Calabozo, pero no tenían evidencia.


--¡¡UGHAAA!!


La voz de Hestia estalló con sus manos levantándose en el aire mientras las dos guerreras enemigas sonreían ante su frustración.


--Sí que nos están dando evasivas…


--Bueno, ¿Esperábamos algo más?


Los clientes masculinos que comenzaron a llegar a la Calle Principal del Sudeste y sus prostitutas se detuvieron en sus lugares para mirar boquiabiertos a la Diosa enfurecida. Lili sólo pudo suspirar ante la técnica de discusión infantil de su Diosa. Welf cruzó los brazos pero observaba a las Amazonas como un halcón.


Takemikazuchi no estaba demasiado lejos de ellos, con su cabello negro en su habitual estilo de cabello en tres puntas. Sus propios dependientes comenzaron a salir de la multitud y se reunieron a su alrededor. Con su misión de exploración completa, era hora de hacer un plan propio.


--Ouka, ¿Qué viste?


--Han bloqueado esta zona completamente. Ni siquiera una rata podría pasar inadvertida.


--Las Amazonas y las prostitutas están bloqueando cada calle… No hay aperturas.

 


Takemikazuchi escuchó a Ouka, Chigusa y sus otros dependientes.


--Ya veo.


Murmuró, con las cejas hundidas.


Llego a la conclusión de que probablemente se trataba de una jaula para evitar que Bell y Mikoto le revelaran la existencia de la <Piedra Asesina> a cualquier otra persona. Al mismo tiempo, actuaba como una barrera para impedir que nadie interfiriera con el Ritual de la <Piedra Asesina>.


Aunque aún no estaba seguro de por qué habían capturado a los dos humanos, estaba seguro de que estaban dentro.


--Mikoto…


Con la preocupación por el bienestar de la chica escrita en todo su rostro, Takemikazuchi miró hacia la luna llena que se asomaba por detrás de las nubes.


× × ×

--Bell-dono, por favor tambien lleva contigo esta poción.


--Si estás segura, gracias. Me la llevo.


Al mismo tiempo que dos Dioses trataban de entrar en el tercer distrito de Orario, Bell y Mikoto terminaban sus últimos preparativos en su rincón oculto bajo el cielo nocturno.


Ambos planeaban entrar en el palacio solos y rescatar a Haruhime. Tenían que estar listos para cualquier cosa.


Habían considerado brevemente abandonar el Distrito del Placer y regresar con refuerzos. Sin embargo, lo pensaron mejor. En el corazón del territorio de Ishtar, era posible que no tuvieran una mejor oportunidad de llegar a esta distancia. Si se marchaban ahora, no había ninguna garantía de que tendrían la oportunidad de atacar. Por lo tanto, se mantuvieron ocultos y dividieron las pociones curativas de alta calidad y los suministros que Mikoto había tomado de la bóveda.


Mikoto estaba sentada en el suelo, atando su ropa a sus articulaciones para reducir el sonido de la tela. Vestida completamente de negro, parecía más y más como un ninja a cada segundo. Incluso mientras hablaba con Bell, una conversación que tuvo con Takemikazuchi hace muchos años flotaba al frente de su mente.


“Mikoto, eres la más apta físicamente para aprender Ninjutsu de todos. Sin embargo, no tienes la forma de pensar correcta.”


En ese momento, su Dios ya la había entrenado en el uso de muchas armas y estilos de combate cuerpo a cuerpo, así que había llegado el momento de entrenarla en los caminos del ninja.


“Escucha bien, Mikoto. El Ninjutsu es… sucio”. “¿S-Sucio?”

 


“Sí. Un ninja no es exigente con los métodos usados para completar la misión.”


Mikoto se había sentado sobre sus talones, sudando en el aire húmedo mientras escuchaba a su Dios decir esas cosas como si fuera sentido común.


“Ataques furtivos, emboscadas, trampas… Un ninja usa todas las opciones, cualquier medio para alcanzar su objetivo. Por lo tanto, para ser contundente, alguien tan directa y honesta como tu podría no tener mucho uso para ello.”


Aun así, Takemikazuchi le enseñó todo lo que sabía. Una vez que llegaron a Orario, Mikoto recordó claramente a Takemikazuchi diciéndole mientras sonreía para sí mismo que ella era mucho más adecuada para ser una Aventurera.


Realmente extrañaba estar a su lado. Con su calmante sonrisa al frente de su mente, Mikoto tomó una respiración profunda y utilizó la imagen para calmar sus nervios.


Ella estaba usando el <Ushiwakamaru> de Bell en lugar de su katana que se rompió en el Calabozo. También tomó prestada su bolsa de Ítems y la llenó de todo, excepto de las pociones que había tomado de su enemigo.


Sintiéndose ligera como una pluma, asintió para sí misma.


--Bell-dono, me gustaría confirmar el plan una última vez.


--Por supuesto.


Dijo Bell mientras se arrodillaba frente a ella.


--Según los pergaminos que leí, el ritual debe realizarse cuando la luna llena alcance su pico más brillante, aproximadamente a las ocho de esta noche. La localización será en la cima de una de las torres del palacio, un área llamada el Jardín Flotante… pero por favor ignora esa última pieza de información.


Mikoto procedió a explicar el Ritual de la <Piedra Asesina>, incluyendo el límite de tiempo y otros detalles. Miró las nubes que bloqueaban la visión de la luna llena, sabiendo que estaban casi fuera de tiempo.


--No habrá ninguna táctica.


Dijo antes de explicar el plan de ataque.


--Primero, Bell-dono, llamaras la mayor atención posible, entrarás en el palacio y causarás una distracción…


--Mientras tú rescatas a Haruhime-san.


Bell repitió su sencillo plan antes de que Mikoto pudiera terminar. Sin embargo, sus ojos estaban cubiertos de preocupación.


--Esta puede ser nuestra única opción… ¿Pero estás seguro, Bell-dono? Todo el peligro caerá directamente sobre tus hombros.


Bell sabía perfectamente que, si se veía obligado a entrar en combate, innumerables enemigos pulularían en un intento de abrumarlo.

 


Tragando saliva, simplemente dijo: “Lo haré”.


--… Dame doce—no, diez minutos. Encontraré a Haruhime-sama y la pondré a salvo.


Los ojos rojo rubí de Bell se fijaron en sus ojos purpura; ambos brillaban con la luz de la determinación. Ver la convicción de Bell le dio a Mikoto aún más coraje y resolución.

--… Por último, lo que debemos hacer si nuestro plan falla.


Ninguno de los dos quería hablar de ello, pero Mikoto sabía que tenían que cubrir todas las bases. Bell le prestó sus oídos, con su expresión igual de seria.


--Una vez que haga contacto con Haruhime-sama, lanzare una bengala. Verde si lo he conseguido, y rojo si—


--No… ¿Y en ese caso…?


--… Nos internamos en la zona más fuertemente custodiada en la fortaleza enemiga y destruimos la <Piedra Asesina>. Esa es nuestra única opción.


No resolvería el problema de que la <Familia Ishtar> adquiriera otra <Piedra Asesina>, pero les compraría tiempo, además de cancelar el ritual de esta noche.


--Si llegara a pasar, será necesario improvisar… Uno de nosotros tendrá que llamar la atención mientras que el otro rompe la piedra. Creo que es todo lo que podemos planificar en este momento.


Bell no tenía objeciones al plan de ataque de Mikoto. Cada elemento necesario para el ritual se encontraba en el Jardín Flotante, esperando la luz de la luna. La ubicación del ritual no se podía mover en el último minuto. Con su plan en su lugar, ambos humanos intercambiaron un último asentimiento.


--Bueno entonces, Bell-dono… Que las mareas de la batalla fluyan a tu favor.


--Tú también, Mikoto-san. Cuida de Haruhime-san. Luego se separaron.

Saliendo de su oscuro camino lateral, Bell y Mikoto se movieron para tomar sus respectivas posiciones.


× × ×

Teniendo cuidado de evadir los ojos de Amazonas y prostitutas por igual, Bell se dirigió a la puerta principal de la sede de la <Familia Ishtar>.


Permaneciendo fuera de la vista, miró la puerta principal y sopesó sus opciones.


--…


Bien escondido en las sombras de un burdel cercano, Bell se arrodillo en una rodilla y miró la palma de su mano derecha.

 


Bell sabía exactamente quién podría aparecer—Aisha, la <Berbera> y, por supuesto, Friné.


En cuanto a qué hacer cuando apareciera esa Aventurera de Primera Clase Lv.5, no tenía ni idea. De todos los escenarios que desplego en su cabeza, ninguno de ellos terminaba en victoria.


Bell miró el resto de su cuerpo. Su Armadura Ligera estaba completamente destruida, sólo una capa de algodón protegía su piel. *BA-DUM* *BADUM* los latidos de su corazón chocaban contra el interior de su pecho.


--Esto es todo lo que tengo…


*Ping, ping*


Bell murmuró para sí mismo mientras los sonidos de las campanillas sonaban suavemente y los puntos de luz comenzaban a girar alrededor de su brazo derecho. Se concentró lo más que pudo y se mordió el labio.


Más luz comenzó a reunirse en la palma de su mano. Pero, ¿Realmente golpearía a su objetivo? ¿Siquiera podría cargarlo a tiempo para usarlo en la batalla? Incluso más preguntas surgían en la cabeza de Bell.


Sacudiéndola de un lado a otro, ignoró las voces y apretó el puño.


Tengo que hacer que funcione.


Se dijo a sí mismo mientras aún más de los puntos de luz se deslizaban en el centro de su puño entre sus dedos apretados.


Un segundo más tarde, Bell saltó de las sombras.


--¿¡Wha…!?


--¿¡El <Pequeño Novato>!?


Podía ver claramente el palacio dorado y los jardines delanteros más allá de la puerta principal, así como los rostros atónitos de todas las Amazonas que habían sido asignadas para protegerlo.


Ninguna de ellas había considerado siquiera la posibilidad de que él llegara a su base por su cuenta. En pánico, cada una de ellas buscó sus armas o le dio la espalda para dar la alarma.


Bell empujó su brazo derecho hacia adelante antes de que cualquiera de las Amazonas fuera capaz de llegar muy lejos.


Diez segundos de carga.


El pequeño sonido de una campanilla resonó, señalando el inicio de la batalla mientras el chico rugía con todas sus fuerzas:


--¡¡<FIREBOLT>!!


El pilar de luz blanca acompaño el rugido de un relámpago llameante.


La puerta delantera del palacio fue totalmente destruida por la explosión que siguió y cada una de los guardias fue lanzada hacia el cielo.

 


Gritos y chillidos se elevaron en el aire, junto con una enorme cantidad de humo. Bell cargó hacia adelante, a través de todo.


Corriendo lo más rápido que pudo, metió rápidamente su mano en su funda de pierna y retiró dos pociones que había recibido de Mikoto: una Poción Superior y una Poción de Recuperación de Fuerza Mental. Se las tomó de un trago y desechó los viales vacíos con un rápido movimiento. Emergiendo desde el humo, Bell corrió por los escalones del palacio y entró en el edificio.


La misión de salvar a una chica estaba oficialmente en marcha.


× × ×

--¿Quieres explicar esa explosión?


Con su Gran Espada balanceándose en su hombro, Welf le gritó a las dos Amazonas.


Todos en la zona miraban la nube de hongo que se levantaba desde el centro del tercer distrito. Incluso Hestia dejó de mirar a los guardias en el momento en que la explosión llegó a sus oídos.


Lili ignoró el repentino caos y aprovechó la oportunidad para presionar el bloqueo de las Amazonas.


--¡¡Ahi está la prueba innegable!! ¡Esa explosión fue causada por el <Firebolt> de Bell-sama!


--¡Fuera del camino!


Las Amazonas sabían que no había manera de que Lili y Welf pudieran distinguir un tipo de Magia desde esta distancia, pero también sabían que no había manera de demostrar que estaban equivocados. Chasqueando sus lenguas por la frustración, ambas desenvainaron sus armas en serio.


--¿Y qué si lo fue? ¿Estás intentando iniciar una guerra?


--¡Somos la <Familia Ishtar>!


Lili vaciló un instante, con la realidad de sus acciones golpeándola—una enorme sombra pasó por encima de ella.


El enorme hombre extendió su mano y agarró a la Amazona más cercana por la garganta, la levantó y la arrojó a un lado.


La otra guardia estaba tan sorprendida como la Amazona lanzada, viendo a su aliada caer por el pavimento de piedra. Luego alzo la vista hacia un par de furiosos ojos humanos que la miraban. El humano masivo, Ouka, dio otro paso adelante y dijo una sola palabra:


--Muévete.


Ouka había tenido suficiente de estar parado ociosamente mientras Mikoto y Haruhime estaban en peligro. Su acción decisiva inspiró al resto de la <Familia Takemikazuchi> a desenvainar sus propias espadas y prepararse para la batalla. Ouka desató su Gran Hacha de su espalda y llevó al grupo de humanos del Lejano Oriente hacia una línea de Amazonas con el rostro rojo.

 


--¡Todos juntos!


--¡Hahaha, eso es de lo que estoy hablando!


Welf se rió y se unió a su formación mientras Ouka lideraba la carga de apertura. La batalla había comenzado oficialmente.


Lili cargó su Pequeña Ballesta e inspeccionó el campo de batalla. El tercer distrito de Orario se había convertido en el escenario para los actos de apertura de una guerra total.


--¡Así que llegó a esto después de todo…!


--No hay tiempo, no se podía evitar.


Welf y Ouka eran poderosos Aventureros Lv. 2, pero sus enemigos tenían la ventaja de los números. Hestia observo los acontecimientos desarrollarse y suspiró para sí misma, pensando que la situación no podía evitarse. Ella siguió a Takemikazuchi y entró en la calle en la que sus aliados habían irrumpido violentamente.


× × ×

—Si había un verdadero comienzo para todo esto… Comenzó con una animosidad unilateral.

Ishtar odio a Freya desde el momento en que ambas Diosas de la Belleza se conocieron por primera vez.

Podría haber sido algo tan simple como una rivalidad entre hermanos, o tal vez fue causado por celos, queriendo algo que ella no tenía. Pero al final, despreciaba a Freya hasta el punto de que había intentado derrocarla muchas veces.


Por otro lado, Freya no tenía una fuerte impresión de Ishtar en absoluto.


Se reiría de todas las “provocaciones” y disfrutaría viendo a Ishtar retirarse con cada fracaso. Esas eran las únicas veces que Freya le prestaba atención, así que no le importaba de una manera u otra.


No sabía si su indiferencia provenía de su poder, fama o influencia.


Freya había alcanzado la cumbre de Orario, indiscutible e inigualablemente. Mientras tanto, el ascenso de Ishtar se había detenido siendo la reina de las libertinas calles y distritos de la metrópoli.


El nombre de Freya se había extendido como la pólvora. Sus dependientes estaban envueltos en el miedo. Se decía que su belleza era inigualable en todo el mundo—y otras cosas sin sentido como que sus encantos podían volcar el cielo y la tierra. Las afirmaciones y los cumplidos de Freya nunca se detuvieron.


Ese fue el momento en el que se rió de los celos de las otras Diosas.


Ahí fue cuando y por qué las llamas negras se elevaron dentro de ese resplandor de animosidad, o tal vez estaba destinado a suceder de esta manera, sin importar cómo sucedieran los acontecimientos.


Sin embargo, si había algo que podría decirse…

 


La diferencia entre ambas Diosas de la Belleza, Freya e Ishtar, era—


--Mi Señora.


La voz de su dependiente de confianza apartó los ojos de Freya de su propio reflejo en el vaso de vino que sostenía.


Colocó el vaso en una mesa circular a su lado. Ottar tomó eso como su señal y se acercó a ella.


--Allen ha presentado un informe. La <Familia Ishtar> secuestró a Bell Cranel y se comporta de manera sospechosa… También, ocurrió una explosión en el Distrito del Placer hace unos momen—


Freya se levantó de su silla antes de que Ottar hubiera terminado completamente su frase.


--La <Familia> entera ha sido reunida, ¿No?


--Sí.


--Emite un decreto.


--Entonces tu voluntad está establecida.


--Lo esta. Ishtar cruzó la línea.


La voz de Freya era fría, tranquila y recogida. Sus ojos plateados se estrecharon mientras hablaba.


--Todas sus pequeñas bromas eran risibles hasta ahora. Pero esto… No. No lo permitiré.


Ottar vio a Freya dar un paso lejos de su mesa—y entonces se dio la vuelta para dirigirse a una gran multitud.


--¡A las armas! ¡Nuestra Diosa desea gloria en el campo de batalla!


Todos sus guerreros se habían reunido y estaban parados en la sala principal bajo su trono. Los sonidos de las botas que marchaban llenaban la habitación mientras sus dependientes salían en filas.


Prepararon las armas de su elección y se movieron, sin desperdiciar ningún movimiento. Su disciplina era prueba de su lealtad profundamente arraigada.


Sin ni siquiera un susurro de charla ociosa, los guerreros domésticos se reunieron en el exterior de la fortaleza de plata, <Folkvangr>. Era tan organizado que parecía como si hubieran practicado y organizado los movimientos de antemano.


Numerando más de cien, cada uno de ellos estaba listo para cumplir las órdenes de su Diosa.


--… Deplorable.


Siguiendo el último de los ecos a través de los pasillos, Ottar escoltó a Freya fuera del edificio. Tomado por sorpresa por la repentina declaración de su Diosa, Ottar respondió en voz baja:

--¿Qué es?

 


--Este giro de los acontecimientos.


Ottar frunció el ceño, pero siguió caminando.


Freya no se dio cuenta. Se encogió de hombros para sí misma mientras ambos llegaban a la puerta principal de su sede.


--Yo también iré. Saldremos tan pronto como los preparativos estén completos.


× × ×

El <Belit Babili> en un instante fue cubierto por voces fuertes y furiosas.


--¡Intrusos!


--¿¡Cuántos!?


--¡S-Sólo uno, el <Pequeño Novato>! ¡Cargó a través de la puerta principal!


Bell podía escuchar a todas las Amazonas gritando órdenes, captando vistazos de ellas señalándolo a sus parientes mientras corría a través del palacio.


Dirigiéndose hacia el centro, pudo ver una torre, similar a Babel, que se elevaba hacia el cielo. La base de la estructura que se avecinaba estaba compuesta de muchos pisos largos y anchos. Saliendo del anillo exterior y entrando en el patio, corrió hacia ella y entró en el primer piso. Todo, desde escaleras hasta pilares, hasta espacios entre las piedras se convirtió en su ruta a los pisos más altos y más arriba en el interior de la torre.


--¡DETENGANLO—!


Un gran grupo de las <Berbera> completamente armado lo perseguía ferozmente.


Bell inmediatamente cambiaba de rumbo cada vez que vislumbraba a alguien en su camino. Oleada tras oleada de flechas llovía sin cesar desde todas las direcciones, pero al mismo tiempo le daba la mejor indicación de hacia dónde debía correr.


¡Si me detengo ahora, todo terminara…!


Esta era la fortaleza enemiga. Tenía que evitar a cientos de guerreras por su cuenta.


Si perdía un solo paso, un solo segundo en combate frente a cualquiera de ellas, el resto lo alcanzaría y se vería forzado a luchar una batalla que nunca podría ganar.


Destellos de sus enemigos se acercaban desde cada rincón de su visión. Bell sabía que no podía permitir que ninguna de ellas se acercara.


--¡<Firebolt>!


--¡Ughhaa!

 


Disparó varias rondas de su Magia sin perder el paso.


Encantamientos—el tiempo para preparar la Magia—eran innecesarios con la Magia de Lanzamiento Rápido de Bell. Las Amazonas no tenían respuesta para un ataque a distancia que era más rápido y más fuerte que sus flechas. Fueron mandadas a volar hacia atrás o se mantuvieron fuera del alcance, lo que significaba que no podían acercarse lo suficiente para una espada o un puño.


Tratando cuidadosamente de evitar golpear a las prostitutas no combatientes que podía ver acurrucadas del miedo en los pasillos y habitaciones a su paso, Bell apuntaba su <Firebolt> a cualquier enemigo, techos y pisos que pudiera alcanzar. Llamas de tormenta llovían dentro de la torre central mientras que Bell intentaba causar tanto caos como fuera posible.


--¡Fuego!


--¿¡Whaaa!?


Bell acababa de salir de un pasillo hacia una escalera solo para ser recibido por un grupo de diez arqueras Amazonas con sus flechas listas.


Los silbidos de sus cuerdas de arco resonaron a través de la escalera cuando las flechas fueron lanzadas antes de que Bell tuviera tiempo de invocar su Magia.


Aunque pudo desviar la mayoría de ellas con su <Daga de Hestia>, su incomoda oscilación le hizo perder su equilibrio y cayó por las escaleras.


No había tiempo para recuperarse; la siguiente ronda de flechas ya estaba en camino. Rodando fuera del camino en el último instante, Bell alcanzo a ver a las diez Amazonas mientras cada una de ellas sacaba espadas y saltaba por la escalera. Aún más venían desde ambos lados del pasillo. Inmediatamente se precipito bajo las Amazonas saltando, pasó por la escalera, bajó por el pasillo hacia una ventana, y se lanzó de cabeza en ella.


--¡Está afuera!


Rompiendo el cristal, sintió el aire fresco de la noche envolviendo su piel.


La luna todavía estaba parcialmente oculta por las nubes. Bell aterrizó en el toldo de la ventana de abajo y utilizó otro para continuar su ascenso por la torre.


Una ventana tras otra se hacía añicos mientras las Amazonas seguían al ágil conejo afuera y subían por la torre. No le daban espacio para respirar.


¿¡Ni siquiera han pasado—tres minutos!?


Gotas de sudor volaban de su piel. Sus pulmones trabajaban para respirar.


Incluso más sombras oscuras lo perseguían. Bell decidió que ahora era el momento de sacar la tercera poción de su funda de pierna.


Su corazón latía tan fuerte que su pecho podría implosionar en cualquier segundo, Bell instó a cada uno de sus músculos a seguir funcionando. Al sentir los efectos de la poción, Bell desecho el vial vacío sin perder un paso. Continuó atrayendo su atención, tratando de alejarse mientras hacía todo el ruido posible.

 


Con las luces de la tarde del Distrito del Placer extendiéndose por debajo de él, Bell continuó apoyándose en lo único que sabía que superaba a las <Berbera>: su velocidad.


× × ×

--Bell-dono, tienes mi gratitud.


—Mientras tanto, en el lado opuesto del palacio…


Mikoto se deslizó a través de una ventana en la parte trasera del <Belit Babili> completamente desapercibida. Muchos guardias habían sido alejados de sus posiciones. Incluso las patrullas en el interior eran mucho menos frecuentes. Nadie podía atrapar a Bell, su objetivo original. La única opción era acorralarlo con números. Y esos números habían sido retirados de las patrullas.


Con palabras de gratitud y disculpa en sus labios, Mikoto se movió rápida y silenciosamente por los pasillos. Se escondió en las sombras en el momento en que se acercaban pasos revelando la ubicación de las guerreras enemigas. Tres o cuatro grupos de las <Berbera> pasaron más allá de ella sin detectar su presencia. Por fin, Mikoto se encontró con una sola <Berbera>.


Sintió la misma presión espiritual en la Amazona como ella misma, otra Lv. 2.


Sin perder tiempo, retiró un cristal esférico de su bolsa de Ítems y lo hizo rodar hacia la Amazona que venía hacia ella desde más abajo en el pasillo.


--… ¿Qué es esto…?


En el momento en que la Amazona se inclinó para inspeccionar el objeto brillante, Mikoto cayó del techo y aterrizó directamente detrás de su objetivo. Antes de que su víctima supiera lo que pasó, Mikoto le rodeó el cuello con su brazo.


Además, la cuchilla de <Ushiwakamaru> descansaba sobre la piel cobriza de la garganta de la Amazona.


--¿Dónde está Haruhime-sama?


--E-En el 40º piso. Cerca del Jardín Flotante.


Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Ella se movió ligeramente para estrangular a su prisionera y, un momento después, la Amazona cayó inconsciente al suelo. Mikoto no perdió el tiempo y arrastro a la lánguida guerrera fuera del pasillo y entro en una habitación antes de desaparecer sin dejar rastro. Se dirigía al 40º piso.


--Qué sucio…


Mikoto susurro mientras recordaba el rostro de Takemikazuchi. Era cierto; un Aventurero nunca querría realizar una emboscada tan deshonrosa.


Encontrando una ventana, Mikoto la trepo por fuera y comenzó a escalar el edificio. Muy por encima, vio una luz procedente de una ventana abierta.

 

 

× × ×

Haruhime estaba sentada frente a una ventana, temblando.


Justo cuando pensaba que algo inusual ocurría, un informe llegó diciendo que el <Pequeño Novato>—Bell Cranel—había irrumpido a la fuerza en el palacio.


Se levantó y se dirigió la puerta, pero fue atrapada por dos <Berbera> y escoltada rudamente hasta su asiento. Ahora, dos de las intimidantes prostitutas guerreras estaban a cada lado de ella, observando cada uno de sus movimientos con la misma mirada sin emociones.


Haruhime se había cambiado a un kimono rojo formal importado del Lejano Oriente. Ella lanzó su ansiosa mirada hacia la ventana, con su cola dorada caída contrayéndose detrás de su silla.


--¿Ese chico hizo qué…?


Nadie le había dicho nada. Las palabras se derramaron involuntariamente de sus suaves labios rosados cuando sus oídos captaron las noticias de las conversaciones que ocurrían a su alrededor.


Pensamientos como ¿Por qué?, ¿Cómo?, y Por favor detente, entre otros pensamientos fragmentados, se derramaron débilmente de su boca.


La mirada de Haruhime cayó al suelo mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuerpo delgado como si tuviera miedo de lo que iba a suceder a continuación.


× × ×

--Todas ustedes vayan a ayudar. Me quedaré aquí.


Aisha le dio órdenes a las otras <Berbera> en la misma habitación donde Haruhime intentaba hacerse lo más pequeña posible.


Aisha se ofreció voluntariamente a quedarse atrás y proteger a su persona de interés, pero una mujer bastante grande estaba mucho más preocupada por capturar a Bell y expresó un desacuerdo aún mayor.


--No dejaras el grupo, Aisha. Vendrás conmigo a cazar al conejoooo.


--… ¿Aahh?


--¿Ya olvidaste la paliza que recibiste en nuestras manos cuando destrozaste la primera <Piedra Asesina>, Aishaaa?


La rana crecida fuera del agua, Friné, se paró delante de Aisha y miró hacia abajo a la delgada Amazona.


--Planeas usar el caos para dejar escapar a Haruhime, ¿Eeeeh? No puedo confiar en ti. Así que te quiero donde pueda verte.


Las otras Amazonas en la habitación parecían un poco confundidas por las palabras de Friné.

 


--Idiota.


Aisha escupió. Ella sentía los efectos del Encanto de Ishtar mucho más que cualquier otra persona presente en la habitación y ni siquiera podía pensar en ir contra su Diosa en este momento.


--El <Pequeño Novato> es un señuelo obvio. La <Zetsu Ei> viene aquí por Haruhime.


--Eso es lo que estoy diciendo. Deja que los otros manejen a la renacuajo Lv. 2, de Tercera Claseee. No necesitan de ti ni de mí.


Con la excepción de Friné y Aisha, todas las <Berbera> en la habitación eran Lv. 2.


Cada una de las Aventureros de Segunda Clase estaban buscando a Bell, cada uno de sus <Estados> igualaban su Lv. 3.


Las fosas nasales de Friné se flexionaron mientras afirmaba con absoluta confianza que alguien del nivel de Mikoto no tendría ninguna oportunidad contra esos números de todos modos.


--Esa chica usó una Magia increíble durante el <Juego de Guerra>. Si es subestimada—


--¡Ya cállateeeee!


Friné gritó lo suficientemente fuerte como para sacudir la habitación. Las <Berbera> y Haruhime retrocedieron sorprendidas.


Sus ojos inyectados de sangre volvieron a caer sobre una Aisha sorprendentemente impasible.


--Todo lo que tienes que hacer es seguir mis órdenes. ¿O quieres que aplaste ese rostroooo?


Aisha hizo todo lo posible para ignorar el increíble hedor que salía de la boca ancha de Friné mientras fruncía el ceño.


Cuando destruyó la primera <Piedra Asesina>, Aisha había sido completamente “disciplinada” por los brutales métodos de Friné antes de ser arrastrada ante Ishtar como una ruina casi sin vida.


--O quizás… ¿Te gustaría que tus pequeñas alimañas lo prueben?


La expresión estoica de Aisha de repente mostró un destello de preocupación.


Eso, más que nada, infundio temor en los corazones de las otras <Berbera> mientras las miraban.


Esas Amazonas confiaban en Aisha mucho más que en su líder, Friné. Eso era especialmente cierto para las más jóvenes. Aisha las trataba como a hermanas menores—como hacía con Haruhime—y las cuidaba.


--¿Lo has olvidado, Aishaaa? La próxima vez que pongas un dedo fuera de la raya, no solo serás tú quien será devorada. Todas las demás tendrán su turno… Ishtar-sama te lo advirtió, ¿No es asiiii?


Ishtar había estado probando la lealtad de Aisha. Tal vez “jugar con ella” sería una mejor manera de describir su comportamiento.

 


A pesar de ser abrumadoramente Encantada por su Diosa, Aisha todavía poseía su propia voluntad y nunca se convirtió en un verdadero títere. Sin embargo, eso significaba que sentía cada pisca de miedo cuando se veía obligada a elegir entre Haruhime y el bienestar de sus hermanas menores adoptadas. Estaba constantemente equilibrando una escala que rompería su corazón si ambos lados caían.


Ese estado de constante inquietud fue el castigo de Ishtar por romper la <Piedra Asesina>.


--¿Entonces?


Llegó una demanda pomposa. Los labios de Aisha se crisparon antes de finalmente abrir la boca.


--… Bien.


La magnífica Amazona decidió seguir órdenes.


--¡Gegegegegegegeh!


La risa parecida al croar de una rana de Friné resonó por toda la habitación. Equiparon sus armas y se prepararon para encontrar al intruso.

--Mantén un ojo en el tiempo, luego ve al altar. Asegúrate de que Haruhime sea llevada a Samira y a las demás cuando todo esté listo.


Friné se dio la vuelta para dirigirse a la otra <Berbera> justo antes de salir de la habitación, y emitió sus últimas órdenes.


Entonces la mujer masiva llevó a Aisha y un grupo de sus aliadas de más confianza a la puerta.


× × ×

--¿Oh? ¿Irrumpió?


La voz divina resonó en el último piso de la torre principal dentro del <Belit Babili>, los aposentos privados de la Diosa.


Ishtar estaba sentaba en un lujoso sofá y escuchaba un informe sobre el repentino ataque de Bell.


--Parece que está corriendo salvajemente por el interior del palacio… Todos los intentos de capturarlo hasta ahora han fracasado.


--Corriendo salvajemente, dices. Nadie carga en una guarida de leones sin una razón.


Ishtar sostenía su larga pipa oriental en una mano, con humo púrpura saliendo de un extremo. Escuchó el informe de su asistente Tamuz antes de tomar una larga bocanada de la pipa.


Se habían abierto las cuatro ventanas de sus aposentos. Una ligera brisa sacudió el humo de sus labios y la punta de la pipa.

 


--Quizá dejo algo… ¿Una mujer que encontró su camino en su corazón? La Diosa entrecerró los ojos, sumida en sus pensamientos.

--Será capturado de inmediato.


--No, no lo hagas. Haz que todas regresen.


Tamuz no sabía qué decir mientras Ishtar se levantaba de su cómodo sofá.


No prestó atención a su dependiente humano. En su lugar, una sonrisa siniestra creció en sus labios.


--Esto podría ser interesante. Yo misma iré.


Levantándose completamente, la Diosa no dijo otra palabra mientras bajaba la escalera más cercana hacia los sonidos de la batalla.


× × ×

Bell había llegado al 30º piso de la torre del palacio.


Ya estaba a más de cien metros sobre el suelo. Evitando frenéticamente los ataques de las <Berbera>, subió una gran escalera.


La intensa batalla no había durado ni siquiera diez minutos. Una vez que haya evitado la captura durante más de diez minutos, decidió renunciar sin luchar. Pero por ahora, tenía que seguir avanzando. Era su deber, su misión.


Con cada uno de sus músculos ardiendo, con cada uno de sus sentidos gritando de dolor, continuó evadiendo cada ataque que las Aventureras de Segunda Clase de las <Berbera> le lanzaban. El <Firebolt> estaba demostrando ser un escudo eficaz para el conejo blanco, mientras imprudentemente vertía toda su energía para pasar el siguiente obstáculo vivo.


Encontrando aperturas continuamente en la red que las Amazonas Lv. 3 le habían puesto, vio visiones de los rostros de Haruhime y Mikoto quemándose en su corazón.


Dejando un rastro de escaleras y paredes destrozadas en su estela, la dramática carrera de Bell continuaba mientras aún más <Berbera> se unían a la caza.


-- —¡¡Fuera del caminooo!!


--¿¡…!?


Bell escucho la aterradoramente familiar voz caer desde arriba, desde el centro de la torre, mientras doblaba una esquina. Fue seguido casi inmediatamente por el sonido de destrucción que se dirigía en su dirección.


Algo grande y agudo era oscilada hacia el a alta velocidad—una Gran Hacha de Guerra. Bell se inclinó hacia atrás justo a tiempo. La punta de la cuchilla cortó unos mechones de su cabello justo delante de sus ojos.

 


La pesada arma continuó su camino, convirtiendo la barandilla, el piso y hasta la pared en un agujero que se hundía por otros cuatro pisos.


Un escalofrió recorrió su espina dorsal mientras Bell miraba el lugar donde había estado hace menos de un segundo, ahora nada más que fragmentos de madera y otros escombros.


Inmediatamente lo supo, ella estaba allí.


--¡Friné…!


Bell miró hacia el camino desde el cual había llegado la Gran Hacha de Guerra. De hecho, su figura de dos metros no era difícil de detectar.


La Amazona parecida a una rana que poseía el título de <Androctonus, la Asesina de Hombres>, miró hacia abajo a su presa con una sonrisa hambrienta en sus gruesos labios.


Fue entonces cuando Bell reconoció a alguien más parado junto a ella—una guerrera de aspecto Heroico de cabello largo y negro: Aisha.


--¿Me extrañaste tanto que regresasteeeee? ¡Ah, qué dulceeee!


Otras Amazonas le dieron a Friné otras dos Grandes Hachas de Guerra antes de que ella entrecerrara sus ojos hacia Bell.


Un segundo más tarde, ella pateo el suelo.


-- —¡…!


--¡Voy a por tiiiiii!


Bell no perdió tiempo en darse la vuelta y despegar a toda velocidad mientras Friné caía en picado hacia él.


Su ruta de escape lo llevó al pasillo principal, con puertas a muchas habitaciones que cubrían las paredes. El impacto del aterrizaje de la gigantesca Amazona casi lo derribó. Una onda de choque llena de escombros salió disparada por la puerta por la que acababa de pasar.


--Dejen que ese sapo se encargue del conejo. ¡Todas ustedes, al 30º piso!


Las agudas órdenes de Aisha estallaron a través del aire como un látigo. Sin embargo, Bell no tenía tiempo de escuchar debido a la bola de demolición acercándose desde atrás.


Con sus músculos ardiendo de dolor, el joven humano no le importaba en qué dirección se dirigía, siempre y cuando estuviera lejos de Friné.


Con sus ojos escrudiñando frenéticamente el pasillo, alcanzo a ver el horizonte nublado. Una ventana, un camino lejos de la masa de inminente fatalidad a sólo unos pocos metros de distancia. Él se precipito—cuando un silbido familiar de alta velocidad llegó a sus oídos. Otra hacha.


--¿¡…!?


--¿Vas a alguna parteeee?

 


La Gran Hacha de Guerra se acercaba con una velocidad cegadora.


Bell se lanzó al suelo, protegiendo su cuello y apoyándose para el impacto mientras el arma ridículamente grande destruía todo en su camino. Las paredes, el suelo, el techo y, finalmente la ventana—trozos de madera dentada llovieron sobre su cuerpo mientras el hacha pasaba por encima de él. Miró hacia arriba y vio el horizonte completo de Orario. La pared exterior había desaparecido.


No había tiempo para mirar boquiabierto el daño. Una sombra oscura cayó sobre él donde yacía.

--¿¡…!?


Friné había cerrado la distancia en cuestión de segundos. La Amazona levantó su Gran Hacha de Guerra y la oscilo hacia abajo.


Bell rodo a su izquierda sin un segundo de demora. Un segundo más tarde y el hacha habría aterrizado justo entre sus omoplatos.


En cambio, el arma se clavó en el suelo, haciendo que el suelo alrededor de ella se hundiera ligeramente. Friné perdió el equilibrio por un momento. Bell salto desesperadamente y empujó su brazo derecho hacia la Amazona.


No tenía el lujo de alinear un disparo o de preocuparse por su Mente restante. Bell disparó el gatillo de su Magia.


--¡¡<FIREBOLT>!!


Un infierno electrifico salió de la palma de su mano.


Se juntó para formar la punta afilada de la lanza—que Friné esquivó con un rápido retroceso.


--¡De ninguna manera…!


Bell no podía creer lo que veía.


¿El <Firebolt>—fallo?


¿¡A esta distancia!?


El rayo continuó por el pasillo, quemando las paredes mientras avanzaba. Bell quedo aturdido por que alguien tan grande como Friné pudiera evadir algo así fácilmente. Sin embargo, su blanco pretendido volvió a la ofensiva.


--¡Tienes un pedazo de Magia tramposa allí!


Con eso, su hacha se volvió borrosa mientras le lanzaba golpe tras golpe a Bell. Todo lo que Bell podía hacer en su estado de pánico era salir del camino.


Bell no pudo evitar temblar al saber que Friné era lo suficientemente rápida como para evadir un rayo sin advertencia. Su velocidad y agilidad no coincidían con su tipo de cuerpo en lo más mínimo.

 


No tenía ningún sentido.


Incluso cuando evadía el arma, el contragolpe de la presión del aire cortaba su piel. El verdadero poder de los Aventureros de Primera Clase lo golpeo.


--¿Ya terminaste?


Friné continuó volando trozos del amplio vestíbulo mientras obligaba a Bell a entrar en el centro de la torre. Las paredes, el techo y el piso tenían hendiduras profundas, las marcas de garra de una bestia enloquecida. Las costosas alfombras y las ornamentadas Lámparas de Piedra Mágica fueron completamente destruidas por el ataque de Friné. Sin embargo, ella estaba disfrutando como un gato que se negaba a matar a un ratón moribundo. Bell se había convertido en su juguete.


<Argonaut>—Bell no tenía tiempo de cargar su Habilidad. No podía concentrarse en ello y luchar contra un oponente como ella al mismo tiempo.


Perdería una extremidad en el momento en que pensara en intentarlo.


La abrumadora figura de Friné llenaba sus temblorosos ojos. Su as en la manga, el único plan de respaldo, no funcionaría. Sólo quedaba una opción. Bell desenvaino a <Ushiwakamaru-Shiki> para usarlo con la <Daga de Hestia> para poder atacar—no, para poder defenderse—con un estilo de doble hoja.


--¡KU!


Sacudiendo su miedo, se las arregló para guiar un golpe lateral del hacha más allá de su cuerpo.


Con eso se produjo una serie de ataques ineludibles, que le trajeron visiones de una Amazona diferente, la Berseker Tiona, y sus enormes espadas durante su entrenamiento en la muralla de la ciudad. Al igual que hizo entonces, Bell tomó una posición defensiva y desvió el arma entrante fuera del camino.


Los agudos chirridos metálicos sonaban cada vez que chocaban las armas. Ráfagas cortas de chispas ardientes acompañaban a los gritos de <Ushiwakamaru-Shiki>.


Sin embargo, Bell fue rápidamente dominado y pateado más lejos por el pasillo cuando era más vulnerable entre los golpes.


--¡GEGEGEGEGEH! ¡¡Así que puedes bailar!!


Friné felicitó al joven humano mientras el caía hacia atrás.


Girando hacia atrás dos, tres veces, Bell salió del pasillo y entró en una habitación más grande antes de detenerse.


Con su cuerpo cubierto de cortes, sudor y moretones, Bell se levantó de un salto. Lo que vio después hizo que su sangre se helara.

--¿¡Aisha-san…!?


La habitación estaba completamente llena de <Berbera>. Bell había sido llevado a una trampa y ahora estaba rodeado por todos lados.

 


La Heroica guerrera Amazona estaba parada, sosteniendo su Gran Espada de madera favorita contra su hombro, con la mirada fija en el chico.


--… Lo hiciste bien, llegando tan lejos.


Aisha estaba parada frente a una escalera que conducía a un piso más alto, su era voz lo suficientemente fuerte como para resonar en toda la habitación.


Una onda de choque resonó en el piso un segundo después. Friné había llegado.


Esta habitación en particular estaba decorada con obras de arte en las paredes y pilares ornamentados que enmarcaban cada una de las ventanas de techo alto. Con Aisha resguardando el camino y Friné impidiéndole dar la vuelta, Bell no tenía a dónde correr. Eso habría sido lo suficientemente malo sin las incontables otras Amazonas que lo rodeaban, rebotando sus armas contra sus hombros con anticipación.


¡Oh, mierda…!


Bell se maldijo a sí mismo mientras buscaba desesperadamente otra salida. Su mente se aceleró casi al punto de estallar cuando de repente—


--Retrocedan, todas ustedes.


Una poderosa voz llego desde lo alto de la escalera.


Cada par de ojos en la habitación se movió en esa dirección con sorpresa. Lenta pero seguramente, la figura de una Diosa de piel bronceada, con un nivel de belleza incomparable, descendió a la habitación con una pipa oriental en la mano. Un dulce perfume lo suficientemente fuerte como para conducir al más fuerte de los mortales a la locura entró en la habitación antes que ella.


Envolviendo a Bell, parecía quemarlo desde de su nariz. Sus ojos rojos rubí sin pestañear fueron atraídos hacia su cuerpo como imanes.


La Diosa de la Belleza Ishtar seducía a cualquier observador con su figura divina, sin embargo, estaba muy complacida viendo la reacción de Bell mientras continuaba fumando.


--¿C-Cuál es el significado de esto, Ishtar-sama? ¿Retroceder?


Friné no perdió el tiempo en expresar su disgusto con su Diosa. Ishtar miró a su imponente dependiente mientras su asistente Tamuz bajaba las escaleras detrás de ella.


El rostro de rana de la Amazona se volvió rojo profundo, y las venas palpitaban en su frente.


--¿No me escuchaste, Friné? Dije que retrocedan.


Sus ojos negros amatista sin emoción destellaron. Sus palabras transmitían un sencillo mensaje de su voluntad divina: obedecer.


Las esquinas de la ancha boca de Friné se contrajeron.


Era la primera vez que Bell había visto una pizca de miedo en sus ojos.

 


--Todas ustedes, al Jardín Flotante. Sus cabezas rodarán si el Ritual de la <Piedra Asesina> falla de nuevo.


Las <Berbera> completamente abrumadas envainaron sus armas. No tardaron mucho en desaparecer de la habitación.


Salieron una a una. Los párpados de Aisha se hundieron mientras miraba a Ishtar por un momento antes de darse la vuelta y seguir a sus parientes fuera de la habitación. Justo cuando alcanzó la puerta, miró por encima de su hombro a Bell, con su largo cabello balanceándose.


Friné chasqueó la lengua con frustración. Ella fue la última en irse. Unos pocos segundos después, puso un pie delante del otro y abandonó la habitación.


Bell dejo escapar un momentáneo suspiro de alivio. Sus pensamientos inmediatamente fueron a Mikoto y Haruhime. Se dio la vuelta para irse, pensando en ayudarles a evitar más peligro—cuando Tamuz lo asustó sin sentido.


La mirada del hermoso hombre bronceado de cabellos negros lo dominó.


--Pequeño mocoso, he venido hasta aquí para conocerte. Es grosero darme la espalda.


Con gotas de sudor derramándose por su rostro, Bell se quedó inmóvil mientras observaba a la Diosa de la Belleza descender lentamente las escaleras restantes.


Ishtar se acercó a Bell, con una fina sonrisa en sus labios. El cuerpo de Bell se dio la vuelta en su dirección.


--Ishtar… -sama…


Ella estaba a su altura, con sus ojos en el mismo nivel. Bell no pudo ocultar su desconcierto mientras la Diosa se acercaba aún más.


Dos contra uno. No, los Dioses y Diosas eran físicamente débiles y no podían luchar por sí mismos. En realidad, era uno contra uno, Bell contra Tamuz.


Los amplios ojos de Bell saltaron de un lado a otro entre la Diosa y el humano que estaba justo detrás de ella. Podría haber sido una orden directa de su Diosa, pero el chico aún no podía entender por qué Friné y las demás se fueron sin decir una palabra—hasta ahí llegó su tren de pensamiento antes de que la Diosa se detuviera.


--Muy impresionante, niño de Hestia. Tienes más agallas de lo que pensaba, ofreciéndote como distracción e irrumpiendo así.


En realidad, la columna vertebral de Bell no paraba de temblar ante su presencia.


Un cuerpo seductor, una voz que derretía sus orejas, un aroma dulce y unos ojos seductores.


Bell cayó ante toda la fuerza de la belleza divina e inmediatamente comprendió la razón por la que las Amazonas habían renunciado tan fácilmente.


Ya había sido atrapado por una belleza que ningún mortal podía resistir. Las Amazonas sabían: el destino de Bell ya estaba decidido.

 


--¿Fue una mujer lo que te trajo aquí?


La Diosa comentó el valor imprudente de Bell, sus ojos amatista brillaban como si pudieran verlo todo. Bell no sabía dónde mirar, parado ante una Diosa que era demasiado hermosa.


Una ornamentada corona de oro, pendientes, collares, pulseras y tobilleras decoraban su cuerpo. La única tela que se podía encontrar en su figura perfecta era una franja de tela que cubría el mínimo de sus pechos y estómago, así como otra tira ligeramente más gruesa que envolvía su espalda y muslos. Su largo cabello negro trenzado brillaba con la luz parpadeante de las Lámparas de Piedra Mágica.


Cualquier alma desprevenida y desafortunada que pudiera vislumbrar cualquier parte de su cuerpo corría el riesgo de ser Encantado sin previo aviso.


Ese miedo se abrió paso en la mente de Bell. Se ruborizó, tratando de resistirse a su aura erótica. Todo lo que podía hacer era tomar una postura defensiva.


--Así que esta es nuestra segunda reunión. Al principio dudé de la cordura de esa zorra, teniendo interés en ti… Pero, de nuevo, debo reconsiderar. Tienes un lindo rostro.


La sonrisa de la Diosa se ensanchó mientras escuchaba a Bell tragando constantemente, aparentemente perdido frente a su atractivo.


El chico hizo todo lo posible para ignorar las sacudidas y temblores que corrían por su cuerpo e hizo todo lo posible para forzar a salir las palabras de su boca.


--… ¿P-Por qué nos atacaste en el Calabozo?


Le preguntó la única cosa que no podía entender. Para su sorpresa, ella le dio una respuesta directa.


--Captaste mi atención e interés durante el <Juego de Guerra>. Después de eso… fue para clavar una espina en el costado de una cierta zorra que no puedo soportar.


Las palabras de Ishtar no tenían sentido para él. La expresión de confusión en el rostro de Bell hizo que su sonrisa creciera aún más.


--Alégrate. Te Encantaré y serás mío.


Una nueva oleada de su seductor aroma llenó sus fosas nasales. Sus palabras enviaron más escalofríos por su espina dorsal, Bell dio un paso atrás.


Sin embargo, una conversación con la Diosa de Haruhime valía cada segundo y decidió seguir adelante. Incluso si no lo entendía todo, este tipo de oportunidad nunca volvería a aparecer.

Bajo la atenta mirada de Tamuz, Bell mantuvo su distancia de la Diosa de la Belleza y continuó haciendo preguntas.


--… Por favor dime.


--¿Oh?

 


--¿Por qué… vas a sacrificar a Haruhime-san?


Tomó cada onza de su fuerza de voluntad para que Bell juntara esas palabras. La seductora risa de la Diosa llenó la habitación un momento después.


--Hahaha ¡Puedes hablar de otra mujer delante de mí!


--¡R-Respóndeme, por favor!


Ishtar se calmó lo suficiente como para tomar una larga bocanada de su pipa. Le sorprendió gratamente el súbito tono exigente en la voz de Bell.


Ella giro sus hombros unas cuantas veces mientras su interés por el chico crecía. El estado de ánimo de Ishtar mejoraba a medida que comenzaba a hablar de nuevo.


--Bien, veamos. Primero, compré a Haruhime. La salvé de una vida no mejor que el ganado a manos de esos sucios hombres. De hecho, yo debería recibir gratitud por tratarla como un valioso tesoro durante todos estos años.


La realidad de Haruhime siendo vendida como un objeto en el mercado para convertirse en el juguete de alguien aturdió a Bell. Había creído que fue “vendida” sólo en nombre, que la realidad no podía ser tan cruel.


Una Diosa que casualmente pasaba por una subasta, una chica Renart todavía joven. Atraída por su belleza natural e interés por su raza, la Diosa usó sus dones divinos para forzar a los miserables mercaderes a venderle a la joven.


Ishtar disfrutó el sabor de su pipa oriental, tomando otra larga bocanada mientras le decía a Bell sobre la primera vez que puso sus ojos en Haruhime.


--Su vida nació de nuevo, gracias a mí… Los niños sirven a sus padres, ¿No?


--Eso es…


--¿Y sabes, Bell Cranel? No pienso en esto como matar a Haruhime. Ella recuperará su alma tan pronto como la zorra caiga. Sólo voy a tomarla prestada un rato.


¡Qué lógica tan barata!


Bell gritó dentro de su cabeza.


Las posibilidades de que ningún fragmento se perdiera durante una guerra con la <Familia Freya> eran extraordinariamente escasas.


Incluso después de que todo termine, la inocente y sonriente Haruhime que Bell conocía nunca volvería. Bell miró fijamente a Ishtar, con sus ojos temblando de una creciente ira.

--Déjeme decirte esto… Incluso si no sello el alma de Haruhime, es su destino ser usada por alguien más. Ese es el verdadero significado de su poder.


--… ¡…!

 


--¿Puedes comprender cómo me sentí… en el momento en que le di un <Estado> a esa chica? Me estremecí.

¡En el instante en que me di cuenta de que la posibilidad de finalmente derrocar a esa maldita Diosa estaba justo delante de mí!


Esa maldita Diosa—el perfil de la Diosa de la Belleza que dirigía la <Familia> más poderosa de Orario se formó en la mente de Bell.


La jubilosa voz de Ishtar resonó por toda la habitación, diciendo que la Renart puso la posibilidad de negar todas y cada una de las expectativas divinas en la palma de su mano.


--¡Haruhime es mi carta de triunfo! ¡Mi oportunidad de lanzar a Freya al abismo!


Ishtar vertía más y más energía en su voz, su emoción era palpable. Bell suprimió su ira lo suficiente para hacer la siguiente pregunta.


--¿Qué te hace odiar tanto a la <Familia Freya>…?


--¿“Qué”, preguntas? ¡Todo! ¡Odio todo sobre ella!


Los ojos de Ishtar brillaron con animosidad por primera vez. Se produjo una rabieta llena de ira.


--¡Los hombres me ignoran y acuden a ella en su lugar, alegando que es la más hermosa por absolutamente ninguna razón! ¡Debe ser broma! ¿¡Cómo podría esa cerda siquiera superarme!? ¿¡Todos los hombres han quedado ciegos!?


Ishtar rugió hacia el suelo, con sus celos alzando su fea cabeza en un estallido de odio.


Bell retrocedió por temor a una pasión divina que los seres del Mundo Inferior nunca podrían entender completamente.


Incluso Tamuz tenía cuidado de no llamar la atención de su Diosa.


--… ¡P-Pero eso no te da el derecho de usar a Haruhime-san…!


Bell luchó para imbuirle fuerza a sus tambaleantes rodillas antes de exprimir esas palabras de su garganta.


Ishtar pareció dominar su rabia y le sonrió levemente al chico que había dicho que era un destino demasiado cruel.


--Qué insultante. Si yo fuera una Diosa sin sangre ni lágrimas, la habría Encantado convirtiéndola en un títere fiel hace mucho tiempo. Pero ella es leal; ese zorro solo escucha mis órdenes.


--Eso solo es…


--Tengo mi propia manera de mostrar misericordia. Esa lamentable chica fue tratada muy bien, ¿Sabes?


*Swish, swish* Ishtar hizo girar la pipa entre sus dedos.


--No se puede evitar si se sintió incómoda de vez en cuando. Pero le di una ropa preciosa y una comida deliciosa… Sin mencionar que la bendije con muchas oportunidades de conocer las alegrías de ser mujer.

 


--… ¡¡…!!


Bell ya no pudo contener la rabia que brotaba de dentro de su corazón después de escuchar la forma en que Ishtar describió forzar a Haruhime a vender su cuerpo y encerrarla en poco más que una jaula de pájaros.


Incluso olvidó que estaba enfrentándose a una Diosa. Su voz estalló en una furia desenfrenada.


--¿¡POR QUÉ!? ¿¡POR QUÉ HICISTE QUE SE CONVIRTIERA EN PROSTITUTA!?


--Esta es mi <Familia>. Todo lo que decido se convierte en ley, reglas que todos deben de seguir. Es de conocimiento común.


El estallido de Bell sonaba como nada más que el grito de un niño ignorante durante un berrinche. Ishtar se rió para sí misma, preguntándose cuál era su problema después de haber llegado hasta aquí.


El principal inconveniente de ser parte de una <Familia> era estar sujeto a cualquier regla que ellos crearan.


No tenían más remedio que obedecer. La razón principal por la cual muchas personas comunes no querían recibir una <Gracia>—además de querer evitar los conflictos entre <Familias>—era porque tenían miedo de lo que tendrían que hacer si su Dios lo exigiera. Encontrar a un Dios con buen carácter era una posibilidad muy remota.


Eso era lo que realmente significaba ser un dependiente, un miembro de su <Familia>.


--Así que dime, chico, ¿Por qué evitas a las prostitutas? Los cuerpos que se unen en la hermosa pasión son sagrados. Controla la agresión salvaje de los hombres, permitiendo que las mujeres se conviertan en un pilar de estabilidad en este mundo.


--¿¡Wha…!?


--La diferencia de género en el Mundo Inferior es lo que permite que nazca una nueva vida, para que la fertilidad prospere. Compartir ese vínculo con muchos hombres diferentes no es impuro en absoluto. ¿Por qué no pueden ver esto los niños? Está más allá de mí.


Dioses y mortales tenían valores muy diferentes.


Esta diferencia en el pensamiento de la Diosa fue un shock completo para Bell.


Tal vez podría ser como ella dijo. Así como el Gremio había aceptado las actividades del Distrito del Placer, las prostitutas podrían ser una parte insustituible de la sociedad.


Que las prostitutas no eran repugnantes en absoluto, que eran necesarias.


¡¡Pero…!!


Tenía que haber muchas que no podían vivir así.


La imagen de una chica que miraba por la ventana con ojos ansiosos había sido quemada en la memoria de Bell. Apretó su puño con todas sus fuerzas.


--Aun así… ¡Incluso si eso es verdad, hay personas sufriendo a causa de ello!

 


Bell se mantuvo firme, enfrentando a Ishtar mientras soltaba un bramido, exigiendo que liberara a Haruhime de la vida de una prostituta, de ser un objeto de destrucción.


Por desgracia, Ishtar no se sintió ni un poco conmovida por la celosa exhibición.


--Eso no sucederá.


La súplica de Bell no podía alcanzar a la Diosa del deseo sensual. No podía entender el dolor de Haruhime. Ishtar lo miró por un momento antes de sacar su pipa de entre sus labios.


--Tu egoísmo y la verdad nunca se alinearán. Sobre todo, no me interesa seguir la corriente. Ella frunció el ceño y chasqueó sus dedos.

Tamuz se movió con una velocidad cegadora y derribo a Bell en un abrir y cerrar de ojos.


--¡Guwaah!


Se había enfocado tanto en su conversación con la Diosa que Bell se había olvidado de su asistente. Había bajado la guardia.


No, más que eso—Tamuz era rápido.


Bell nunca tuvo tiempo de resistirse. Ahora estaba fijado en el piso y completamente inmovilizado.


--Puede que no lo parezca, pero Tamuz es Lv. 4. No puedes romper su agarre. Ishtar dio una rápida introducción del segundo al mando de su <Familia>.

Luego cerró la distancia entre ellos—y comenzó a desnudarse.


--¿¡UWAHH!?


La tensión de hace un momento desapareció, Bell se sonrojó y gritó por la sorpresa.


--¿Eh?—¿¡Eh!?—¿¡EEEEEEH!?


--Que infantil. ¿Hestia no te ha enseñado nada…? Ah, espera, ella es una de las 3 Diosas Vírgenes, es cierto.


--¿¡Po-Po-Po-Po-Po-Po-Por qué te estás quitando la ropa…!?


Boca abajo en el suelo, Bell intentó ocultar sus ojos bajo su hombro. Sin embargo, Tamuz tomó su pelo y lo forzó a levantar la cabeza.


Los amplios ojos de Bell fueron recibidos por un pequeño montón de ropa y accesorios de oro a los pies de una Diosa completamente desnuda.


--Como dije, te haré mío.





Liberados de las restricciones de algodón, sus pechos se balanceaban de lado a lado mientras estiraba su flexible y voluptuoso cuerpo. Ishtar pasó sus dedos por todas sus seductoras curvas, deteniéndose finalmente en su abultado trasero. Su piel húmeda y bronceada emitía el aura erótica más fuerte que tenía hasta el momento ese día.

Una refinada sonrisa creció en sus labios mientras observaba el cuerpo entero de Bell sonrojándose de rojo brillante.

--Te Encantaré—hasta que tus huesos se derritan.


Sus ojos habían adquirido un brillo sádico, empeñada en robar su cuerpo y su alma. El rostro de Bell paso de rojo oscuro a azul claro mientras su sombra caía sobre él.

× × ×

Varios edificios formaban el palacio del <Belit Babili>. Aparte del palacio para la Diosa y los edificios donde vivían y dormían los miembros de la <Familia>, había otra estructura masiva dentro de las puertas principales.

Fue construido en piedra blanca y se alzaba en la parte posterior del complejo casi como una ocurrencia tardía. Sin embargo, rivalizaba con el palacio de la torre principal en elegancia y había sido diseñado para parecerse a un Zigurat12 de los Tiempos Antiguos.

Construido hace cinco años como un nuevo burdel, el verdadero propósito del edificio era proporcionar el escenario para un cierto ritual. Había estado listo para cumplir su papel hace tres años cuando una cierta prostituta destruyó una <Piedra Asesina> que habían tardado años en adquirir. La estructura había permanecido inactiva desde entonces. Ahora estaba asentado bajo la luna llena, otra vez esperando para cumplir su propósito.

El techo de este edificio estaba conectado al palacio por un largo puente de piedra. Haruhime comenzó su viaje a través de él.

A pesar de que estaba a cuarenta pisos sobre el suelo, este puente no tenía techo. Sólo un parapeto13 a la altura del pecho impedía que las personas cayeran al suelo. Tampoco había protección contra el viento que soplaba. Haruhime sujetó su cabello en su lugar mientras tres <Berbera> asignadas a escoltarla al Jardín Flotante la instaban a seguir.

--¡Muévete, Haruhime!


--E-Esta bien…


*¡Thud!*


La Amazona liderando le dio un empujón extra, haciendo que Haruhime pisara la parte delantera de su kimono.




12 Construcción de origen sumerio y asirio que consiste en una torre piramidal y escalonada de base cuadrada y con terraza, muros inclinados y soportados por contrafuertes revestidos de ladrillo cocido, que culmina en un santuario o templo en la cumbre, al que se accede a través de una serie de rampas.

13 Una pared baja de protección a lo largo del borde de un techo, puente o balcón.

 


Las <Berbera> estaban completamente concentradas en el cielo nocturno. Haruhime recuperó el equilibrio antes de que también mirara hacia el abismo oscuro y estrellado. Una luna llena y dorada la miraba desde detrás de la delgada capa de nubes.

La luz que me matará.


—Haruhime se dijo a sí misma en voz baja.


Bajando la mirada al puente, pudo ver claramente el jardín del otro lado. Una suave luz azul se alzaba desde el centro, como si la llamara para que se acercara.

Con su rostro desprovisto de emoción, Haruhime siguió adelante.


Su ritmo se aceleró, como si hubiera personas que podrían ser salvadas si tan sólo lo atravesara lo más rápido posible.

--Chica rara…


Las Amazonas se quedaron a su lado, mirando hacia abajo con disgusto poco disimulado.


Las tres se burlaban de la chica que se negaba a luchar a pesar de saber que estaba caminando hacia su propio destino. Ella ya había renunciado. Para las Amazonas valientes y atrevidas, su resignación a este destino parecia como una cobardía. Esa era la única cosa más reprensible que la debilidad para los orgullosos guerreros.

Las Amazonas mantuvieron los ojos fijos en Haruhime mientras caminaba unos pasos delante de ellas. Ellas bajaron la guardia.

No había ningún lugar donde esconderse en este puente unidireccional que estaba completamente expuesto.


Ya que este era el lugar menos probable para que ocurriera una emboscada, las tres mujeres se concentraron únicamente en llevar a cabo sus órdenes. Ser capaz de ver en todas las direcciones sólo aumentó su confianza. Por eso no notaron la presencia de alguien al acecho bajo el puente.

Una mano humana agarró silenciosamente la pared de protección. Con su cabello negro agitándose detrás de ella en la noche, Mikoto se dio la vuelta sobre ella y aterrizó detrás de las Amazonas.

-- —¿Huh?


La última de las tres fue jalada hacia atrás por la garganta antes de que fuera lanzada hacia arriba y sobre el lado del puente.

Los gritos de su camarada caída alertaron a las otras dos <Berbera>, pero la más cercana no pudo reaccionar a tiempo, perdiendo el equilibrio antes de que pudiera defenderse. La figura humana usó una rápida sucesión de técnicas de agarre para tambien lanzarla por el lado del puente.

--¿¡T-Tú!?


La Amazona restante se estremeció mientras escuchaba a sus camaradas que caían. Al ver que cayeron desde el lado izquierdo y derecho del puente, tomó una posición central y desenvaino una Espada Larga. La sombra negra desenvaino una Daga carmesí en respuesta—pero sintió algo extraño en el aire y se arrojó al suelo.

 


Una fuerte ráfaga de viento golpeó el puente un momento después. Haruhime tropezó debido al repentino empujón del aire. La Amazona se precipito hacia adelante, con la espada en alto mientras tomaba la peor parte del viento.

Lo siguiente que supo, su espalda golpeó la pared de protección.


--¡Esp—!


Comenzó a decir, pero la sombra negra ya había cerrado la distancia entre ellos. Plantando su pie, la sombra condujo un talón a su barbilla.

--… ¿Mikoto… -sama?


Con su última escolta saliendo del puente, Haruhime se detuvo cautelosamente y se dio la vuelta. La sombra negra, Mikoto, no perdió tiempo en correr a su lado.

--¿Por qué estás aquí…?


--Para rescatarte.


Mikoto respondió a la pregunta de la aturdida Renart sin vacilación en su voz.


Con el reflejo de la chica humana en sus grandes ojos verdes, Haruhime observó como Mikoto extendía su mano y tomaba la suya.

--Escapemos juntas, Haruhime-sama. Con rapidez.


El tiempo era esencial. Mikoto no quería perder nada intercambiando palabras en un lugar tan vulnerable. Sin embargo, Haruhime no se movió a pesar de que Mikoto tiraba de ella.

--Mikoto-sama… estoy bien, por favor sálvate tú.


--¿Wha…?


Ahora fue el turno de Mikoto de quedar aturdida. Con su agarre aflojándose, Haruhime apartó su mano.


--¿Por qué has venido, Mikoto-sama? Tambien Cranel-sama. Soy una carga, te pondré a ti y a tus amigos en peligro. Creí que habían entendido eso.

--¡Eso fue…!


Mikoto se había visto obligada a sopesar la importancia de Haruhime contra su <Familia> hace solo unas horas. Su corazón todavía le dolía por tener que tomar esa decisión.

Haruhime continuó con una expresión de tristeza en su rostro.


--Por mi culpa, Friné-sama e Ishtar-sama nunca te dejarían descansar. Mi presencia pondría a todos los que conoces en peligro… Eso es lo que soy.

--¡Aun así! ¡Bell-dono me juró que te protegería!

 


Tratando frenéticamente de borrar las palabras de Haruhime con las suyas, Mikoto se adelantó y agarró sus hombros. Los ojos de la Renart se abrieron con sorpresa.

--¡Él luchará por ti, se hará más fuerte por ti, te protegerá! ¡Esas fueron sus palabras!


--Eso es porque… Cranel-sama es amable.


--¡No es por eso! ¡No está luchando por ti por culpa o piedad! Mikoto no permitió que Haruhime cuestionara la resolución de Bell.

La chica miró hacia abajo, desesperada para evitar la mirada de Mikoto.


--Mikoto-sama, te lo ruego, déjame… No soy digna de este dolor y sufrimiento.


--Dime por qué… ¿Por qué ya te has rendido? ¡Tu vida está en juego!


Lágrimas salían de sus ojos mientras los dedos de Mikoto se hundían en los hombros de Haruhime. La voz de la humana dominó el viento que agitaba sus cabellos de un lado a otro.

Entonces—


Los labios de Haruhime se estremecieron. Toda la emoción, todo el dolor que había retenido a lo largo de los años amenazaba con derramarse.

--No puedo pedir ayuda…


La brisa llevó sus palabras en la noche iluminada por la luna. Mikoto no soporto sus palabras.


--¡¡No hay nada de qué temer!! ¡Si se lo pides, Bell-dono nunca te abandonara! ¡¡No es ese tipo de hombre!!


--…


--¡Haruhime-sama!


La voz de Mikoto saltó una octava más alta por la desesperación. Un instante más tarde— Haruhime levantó la mirada.

--¡No lo entiendes, Mikoto!


Lágrimas caían por sus mejillas, sus cejas estaban erizadas.


La presa había caído. Todo lo que Haruhime había mantenido en secreto estalló.


--… ¿¡…!?


--¡Entregándole tu cuerpo a alguien por quien no tienes sentimientos, vendiéndolo por dinero! ¿Podrías perdonarte por hacer eso, Mikoto?

Un tono infantil había tomado la voz de Haruhime. Incluso la cortesía que había sido perforada en ella desde su nacimiento había desaparecido. Ese fue el primer indicio para Mikoto de que algo grande estaba por venir, y le asustaba.

 


--Mírame. ¡Soy una prostituta!


Los ojos de Mikoto temblaron cuando la realidad de Haruhime la golpeó como un golpe en la cabeza. No tenía palabras para responder.

Haruhime sacudió su cuerpo de izquierda a derecha, con sus mejillas empapadas de lágrimas.


Ella envolvió sus brazos alrededor de su pecho después de sacar sus hombros libres del frágil agarre de Mikoto.


--Debería pedirle ayuda, ¿Eso es lo que dices? ¿Debería pedirle que pelee por este cuerpo sucio, pedirle que me permita quedarme a su lado después de todo lo que he hecho? ¿Sabiendo que lo pondría en peligro?

Miró a Mikoto con los ojos de un niño perdido.


Los ojos de Haruhime se cerraron con fuerza mientras derramaba más de su tristeza.


--¡No puedo! ¡Simplemente no puedo…!


Sus ojos se cerraron, la luz de la luna se reflejaba en sus pestañas mojadas mientras miraba hacia el suelo.


Suaves sollozos interrumpían sus gritos, haciendo que los hombros de Haruhime saltaran cada pocos segundos. Las piedras alrededor de sus pies estaban salpicadas de lágrimas caídas. Mikoto sólo podía quedarse allí como una estatua congelada y ver a su amiga de la infancia lamentarse.

Si ella estuviera en la posición de Haruhime, ¿Entonces qué haría?


¿Sería capaz de pedirle ayuda a Ouka, Chigusa, o Takemikazuchi? Como prostituta, ¿Realmente pediría ser salvada?

Todo lo contrario. Les pediría que desviaran la mirada.


Como otra mujer, no podía refutar las palabras de Haruhime. Simpatizaba con ella.


--… ¡¡…!!


Miró de nuevo a Haruhime mientras ambas eran bañadas por la luz de la luna.


Llena de una sensación de impotencia, Mikoto se olvidó de donde estaban por un momento muy largo.


-- —¡Abran fuego!


Habían sido descubiertas.


Un rayo salió de la torre principal, quemando el aire de la noche. Golpeó a Mikoto directamente en su espalda.


--¡GUAH!


Su cuerpo se estremeció cuando el rayo rasgó a través de su hombro. Una Espada Mágica.

Más <Berbera> habían aparecido desde el palacio. Las filas delanteras blandían varias Armas Mágicas.

 


Haruhime observaba con horror cómo el cuerpo de su amiga tenía un espasmo y tropezaba hacia la pared de protección.

--¡Mikoto!


Haruhime se acercó para ayudarla. Otro rayo hizo contacto con el costado de Mikoto.


La chica humana logró bloquear el golpe fatal con su Daga carmesí, pero el impacto fue suficiente para derribarla del puente.

Incapaz de agarrar la mano extendida de Haruhime, Mikoto cayó atraves del aire.


--¡¡AAHHH…!!


Haruhime ocultó su rostro con ambas manos, una nueva oleada de lágrimas brotó de sus ojos mientras caía de rodillas.

Atormentada por la culpa, se balanceaba de un lado a otro, susurrando, “Lo siento” una y otra vez.


--… ¡…!!


Mientras tanto, Mikoto, quien seguía cayendo en picado apretó los dientes y sujeto su hombro herido. El puente donde dejó a su amiga detrás se encogía en la distancia.

--¡Fracaso…!


Ella metió su otra mano en la bolsa de Ítems y retiró una bengala.


Por mucho que le doliera hacerlo, apretó el gatillo y la dejó volar—un chorro de chispas rojas se arqueó sobre el

<Belit Babili>.


× × ×

-- —¿¡Puedes abrir los ojos!? La rabia de Ishtar era innegable.

Y toda estaba dirigida contra el chico, Bell, quien actualmente estaba inmovilizado en el piso por su asistente Tamuz.

Con los ojos cerrados con fuerza, el chico de color rojo brillante no escuchaba.


--¡N-N-N-N-N-No puedo! ¡Por favor, ponte ropa!


Bell gritó con todas sus fuerzas mientras se retorcía, tratando de liberarse del agarre.


--¡Mantente quieto!


Tamuz gruño frustrado por no poder mantener un Aventurero Lv. 3 completamente inmóvil. Sólo cuando Ishtar añadió su propio peso corporal, el conejo en pánico quedo completamente inmovilizado.

 


El chico todavía se negaba a mirarla. Era el momento de cambiar su estrategia.


¿Qué demonios pasa con este…?


El chico no debería tener elección. Ya sea si abría o no los ojos, el hecho de que Ishtar se hubiera interesado en él debía haberlo Encantado en el acto. Así era como funcionaba.

Su belleza en sus ojos, su aroma abrumando sus fosas nasales, su voz derritiendo sus oídos, la sensación de su piel en la suya—ninguno de los sentidos estaba a salvo de su atractivo. Podría usar a cualquiera de ellos para convertir a un ejército de diez mil en sus esclavos. Ni siquiera tenía que tocarlos. Todo debía ser sobre el contacto visual. Nadie debería ser capaz de resistirse a su mirada.

Sin embargo, el chico debajo de ella se había resistido a cada paso. No sólo era extraño, sino que su reacción inocente la hacía avergonzar.

--¿¡Por qué no está siendo Encantado!?


Tamuz se sorprendió por el ataque de rabia de su Diosa.


Mientras que el Encanto de la Diosa de la Belleza era similar al veneno de un monstruo, ni siquiera la

<Habilidad de Desarrollo> <Resistencia Anormal> debería poder bloquearla.


El orgullo de Ishtar se tambaleaba. Se mordió el labio y miró amenazadoramente la espalda del chico.


--¡Tamuz, desnúdalo!


--¡E-Entendido!


Sin armadura, sólo una delgada capa de tela ocultaba su espalda a la vista. Tamuz hizo lo que le dijeron y puso su mano en la espalda de Bell.

El chico de cabello blanco trató de luchar, pero su camisa interior fue rasgada en pedazos en un abrir y cerrar de ojos.

Su <Estado> fue expuesto.


Aunque el Texto Sagrado era difícil de leer, no había ninguna cerradura que protegiera la información. Ishtar levanto una ceja, sorprendida de que sus habilidades de selección no fueran necesarias antes de inclinarse para ver más de cerca.

Un momento después, se quedó sin habla. Bell Cranel

Lv. 3


Fuerza: I 94 Resistencia: I 144 Destreza: I 95 Agilidad: I 299 Magia: I 78 Suerte: H Resistencia Anormal: I


<Magia> [Firebolt]

 


Magia de Lanzamiento Rápido.

<Habilidades>


[Deseo Inquebrantable]


Acelera el crecimiento.


Los efectos duran tanto como sus sentimientos no cambien.


Los efectos están determinados por la fuerza de sus sentimientos. [Deseo del Héroe (Argonaut)]

Derecho a cargar para una acción activa.

--¿Qué de—?


Mientras que su Habilidad <Suerte> llamo su atención al principio, Ishtar no pudo quitar sus ojos de una Habilidad específica en el momento que descifró la descuidada escritura.


<Deseo Inquebrantable>


Una Habilidad Rara todavía no documentada que afectaba la tasa de crecimiento. Ishtar no podía creerlo.


Si la información escrita en su <Estado> podía creerse… La Diosa se congeló por el temor hacia el chico mortal luchando bajo su peso.


Poseía una voluntad inmensamente fuerte, lo suficientemente poderosa como para crear Habilidades. Una voluntad lo suficientemente poderosa como para forzar su propio crecimiento por puro deseo.

Una mente pura pero sin embargo de una sola idea fija que surgía una vez en un milenio como mucho.


Efecto secundario involuntario de <Deseo Inquebrantable>: ¡El Encanto de una Diosa no tenía ningún efecto sobre él!


--¿¡E-Eres idiota!?


La voz de Ishtar estallo de su garganta en el momento en que conectó los puntos y se dio cuenta de la verdad.


Ishtar quedo devastada y perdió completamente su compostura una vez que aprendió el secreto de un chico demasiado puro para ser verdad.


Todas las personas del Mundo Inferior, incluyendo a los monstruos e incluso los Dioses, no debían tener el poder de escapar del Encanto de una Diosa de la Belleza. Y sin embargo, aquí había un chico humano con la capacidad de anularlo, anulando el abrumador poder que tenía a su disposición.


Inconcebible. Un disparate absurdo.

 


Ishtar se echó hacia atrás, sus ojos de amatista se encendieron con una llama nueva.


--¡~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~!


Miró al conejo blanco que aún no le obedecía. Todo el cuerpo de la Diosa se sacudió con una mezcla de rabia y humillación.


Tamuz nunca había visto a su Diosa perder la compostura, no en esa medida. Levantó la vista de Bell, temblando de miedo.


--¡Ha-pwaah!


--¡AH!


Esa era la oportunidad que Bell necesitaba para liberarse del agarre del joven.


Ruidos similares a los de su propia Diosa, Hestia, escaparon de Bell mientras rodaba lejos y se levantaba antes de que cualquiera de sus captores pudiera reaccionar.


Pasó corriendo junto a Ishtar cuando Tamuz se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir. Bell echó un vistazo por encima de su hombro mientras pasaba por el centro de la habitación hacia la ventana más cercana.


Sin preocuparse por los detalles menores, Bell se lanzó a través del cristal y hacia el aire de la noche.


--¡El conejo escapó! ¡Captúrenlo ahora!


Tamuz corrió hacia la ventana, se asomó y le gritó a las <Berbera> que estaban allí. Ishtar, quien había perdido toda sensacion de calma, gritó con todas sus fuerzas.


--¡A ese chico no se le puede permitir escapar! ¡Tráiganmelo, sin importar cómo!


Tamuz no perdió un momento después de la orden de su enfurecida Diosa. Olvidando ayudarla a vestirse, el joven humano salió de la habitación y corrió por las escaleras.


Ishtar se puso su ropa con sus propias manos antes de subir la otra escalera.


--Burlándote de mí, ¿Huh…?


Como Diosa de la Belleza, no permitiría la existencia de algo que no podía ser doblado a su voluntad. Imaginando el cuello del chico entre sus dedos, Ishtar rompió su pipa oriental por la mitad.

× × ×

Bell cayó desde el 30º piso del palacio.


--¡GAAH!


Su cuerpo golpeó la pared de la torre y más toldos de ventanas de las que podía contar antes de que lograra atrapar el interior de una ventana abierta con su mano derecha.

 


A pesar del brusco final de su descenso, Bell todavía tenía suficiente fuerza en su brazo para tirar de sí mismo para entrar en la habitación.

--Wuh—¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Un grupo de hermosos hombres y mujeres jóvenes gritaron ante el inesperado intruso; todos los sirvientes indefensos se dispersaron, gritando a todo pulmón. Los ojos de Bell se encontraron con los de una joven Beastman

--¡L-Lo siento!


Se disculpó por reflejo.


--¡Ah, me disculpo…!


El <Estado> de Bell aún estaba al aire libre para que cualquiera lo viera. Sacó el resto de su camisa negra de su cuerpo, y tomo una de las camisas que ya estaban en la habitación, la camisa de un sirviente. Empujando la cabeza en la prenda, Bell voló por la puerta y entró en el pasillo.

--¡Mikoto-san, Haruhime-san…!


Tomó la última poción restante de su funda de pierna y la bebió de un trago.


Las voces de sus perseguidores venían de arriba y abajo. Bell buscó el camino que lo llevaría a sus amigas. Fue entonces cuando las vio.

*¡Bang!* El sonido de una explosión llamó su atención hacia el exterior.


--Chispas rojas… ¿No funcionó?


La luz roja venía a través de todas las ventanas exteriores. Con los ojos muy abiertos, el chico observó cómo la luz parpadeaba y se desvanecía.

Había venido de detrás del palacio—una luz roja que le decía que Haruhime seguía en peligro. Corrió hacia la ventana más cercana, mirando al cielo con incredulidad.

Sin embargo…


-- —¡Aún no!


Pateó el suelo a toda velocidad.


¡Aún no había terminado, y Mikoto nunca se rendiría!


Bell puso su mirada en el Jardín Flotante para llevar a cabo su plan de respaldo: destruir la <Piedra Asesina>.


--¡Todavía hay una oportunidad…!

 


× × ×

—En ese momento exacto, Mikoto miraba al Jardín Flotante con determinación en sus ojos. Había hecho un aterrizaje de emergencia en la pared exterior del palacio pero estaba de pie de nuevo.

¡Nada estaba escrito en piedra, y Bell nunca se rendiría!


Mordió la manga de su kimono negro y arrancó tiras de tela. Mikoto las envolvió alrededor de su hombro herido mientras corría, con sus ojos completamente enfocados en su destino.

Su operación de rescate se estaba convirtiendo en una cuestión de vida o muerte.


× × ×

El techo del Zigurat—el Jardín Flotante.


Varias torres se extendían más allá de su altura de cuarenta pisos para protegerlo. El palacio llegaba más lejos en el cielo justo al lado de él.

Cada bloque de piedra que componía el suelo del amplio edificio había sido meticulosamente colocado para estar exactamente nivelado y no tener absolutamente ninguna grieta entre cada losa.

Las losas de piedra que componían el Jardín Flotante eran un híbrido sintetizado de un mineral negro llamado

<Darubu> mezclado con una gran cantidad de piedras de <Luz Lunática>. Cada una de ellas reacciono ante la luz de la luna que brillaba desde arriba liberando un flujo constante de suave luz azul pálida que se extendía por la superficie como una alfombra flotante.

--¿Samira, todo esta listoooo?


--Sí, ¿No puedes usar tus ojos? Todo lo que queda es esperar a que la luna se ponga en posición.


La mitad de las <Berbera> de la <Familia Ishtar>, incluyendo a casi todos los miembros de Lv. 3 y superior, se habían reunido en el Jardín Flotante.

Más de cien Amazonas caminaban descalzas por la pizarra blanca pálida y azulada, congregándose en el centro. Friné se acercó a la encargada de supervisar los preparativos para el ritual, Samira. La Amazona de cabello gris sacudió la barbilla hacia el centro.

Allí, en medio del solemne y de ensueño Jardín Flotante, se erguían tres pilares de piedra altos y delgados, dispuestos en forma triangular alrededor de un altar.

El altar de piedra brillaba aún más brillante que las losas de piedra del techo. Su luz reaccionaba con los pilares, separándose en centelleantes corrientes mientras se mezclaba con la luz de la luna.

El jardín y el altar fueron diseñados para servir a un propósito: aumentar el poder de la <Piedra Asesina>. Existía el riesgo de dividir el alma si la piedra fuera usada por sí misma. Con tanta energía para extraer, la

<Piedra Asesina> sería capaz de sellar el alma en su totalidad.


Friné entrecerró los ojos mientras sonreía. Samira estaba junto a ella, observando el cielo.

 


Muchas de las nubes habían desaparecido. Un cielo nocturno sin obstáculos lleno de estrellas y una impresionante luna llena extendida sobre el jardín flotante.

Todas las Amazonas esperaban una cosa—que la luz que emanaba del altar pasara de azul claro a rojo oscuro. Entonces el ritual podría comenzar.

--¡Haruhimeee! ¡Deja de holgazanear y ven al altaaaar! Friné se apartó del altar mientras su voz resonaba en el aire.

La masa de Amazonas se apartó para dejar paso. Una chica Renart vestida con un magnífico kimono rojo colocaba tranquilamente un pie delante del otro mientras caminaba silenciosamente hacia el frente.

Con la excepción de que lo blanco de sus ojos verdes era rojo, su rostro era inexpresivo. Mantenía la mirada fija en la luz azul que se alzaba de la piedra bajo sus pies. No había personalidad ni emoción en su comportamiento; Era como una muñeca caminando sobre una nube.

--…


Las Amazonas le hicieron muchas caras mientras pasaba. Aisha observaba el acercamiento de Haruhime y abrió su boca justo antes de que la Renart caminara delante de ella. Sin embargo, no salió ningún sonido.

Haruhime miró brevemente en su dirección, con una débil sonrisa en sus ojos como si estuviera tratando de transmitirle algo a Aisha. Pero la Amazona cerró la boca, sus manos temblaban mientras la joven pasaba de largo.

Haruhime llegó al altar y subió a la cima.


--Arrodíllate aquí.


--Sí…


Colocó las rodillas en la parte superior del centro de la piedra que brillaba según lo ordenado.


Varias cadenas equipadas con grilletes colgaban de los altos pilares que rodeaban el altar. En el momento siguiente, estaban atadas a sus muñecas, tobillos, cintura y cuello.

Se decía que el Renart experimentaba un dolor extremo cuando su alma era trasladada de su cuerpo a la <Piedra Asesina> durante el ritual. Estas cadenas eran para evitar que Haruhime se sacudiera salvajemente cuando llegara el momento.

--…


De rodillas y encadenada, Haruhime realmente parecía una doncella a punto de ser sacrificada a un Dios, o por lo menos la pieza central de alguna ceremonia antigua. Incluso las Amazonas que rodeaban el altar se perdieron en la conmovedora belleza de la escena.

--Con esto, finalmente podremos luchar contra la <Familia Freya>.


Del lado opuesto del Jardín Flotante apareció un espectáculo que trajo sonrisas de anticipación a sus labios: la

<Piedra Asesina> había llegado.

 


El cristal color rojo sangre del tamaño de un puño, había sido atado al final de la empuñadura de una Espada Larga ceremonial.

Su cuchilla perforaría el cuerpo de Haruhime y le daría a la piedra acceso directo a su Poder Mágico. Se convertiría en el puente por el que su alma viajaría mientras era sellada dentro de la <Piedra Asesina>.

La propia espada brillaba bajo la luz de la luna mientras la piedra en su empuñadura liberaba un ominoso resplandor rojo.

Haruhime sintió una punzada de miedo en el momento en que el arma apareció a la vista. Rápidamente cerró los ojos, sacudió la cabeza y miró las estrellas.

Sus ojos fueron recibidos por innumerables destellos de luz detrás de una luna dorada. La luz que la mataría.

Por otra parte, sería la luz que la salvaría del dolor y del sufrimiento en este mundo. Iluminada por un deslumbrante rayo de luna, Haruhime dejó caer la cabeza.

No había lágrimas. Era su corazón el que lloraba. Pero ella no lo dejó ver.


Su pequeño cuerpo sostenía toda la tristeza, dolor, felicidad y arrepentimiento.


Todos los recuerdos que había hecho en los últimos días, conociendo a ese chico y reencontrándose con esa chica, todo estaba bien apretado y escondido.

Con la mente en blanco, Haruhime cerró los ojos lentamente.


-- —¡El enemigo está atacando!


Una voz estridente llegó a sus oídos un momento después.


Los ojos de Haruhime se abrieron de golpe cuando su cabeza se levantó de un salto. Los intensos sonidos de las armas que chocaban unas contra otras resonaban desde el puente de entrada que conectaba con el Jardín Flotante.

Quien apareció fue una chica con largo cabello negro atado en una cola de caballo, cargando en las filas de Amazonas.

--¡Haruhime-sama—!


Mikoto saltó sobre los guardias en la puerta que conducía a los Jardines Flotantes y corrió hacia el altar.


Los guardias ya estaban alertadas de su presencia; tratar de ocultarse no tenía sentido en este momento. Ella respiró profundamente y gritó lo suficientemente alto para que la chica encadenada a la brillante piedra se diera cuenta de que estaba allí.

--¿¡De nuevo!?


Las Amazonas alrededor del altar tomaron sus armas y cargaron hacia Mikoto quien se aproximaba.

 


Sin embargo, se detuvieron a unos treinta metros delante del altar. Mikoto, ya gravemente herida, se detuvo frente a la pared de músculo y acero de Amazonas. Todos los guardias a los que había logrado pasar se le acercaron por detrás y se dispersaron. Mikoto ahora estaba completamente rodeada.

--En serio, ¿¡Viniste aquí sola!?


Samira sonrió como si le hubiera gustado la valiente y temeraria humana.


El resto de las <Berbera> pronto mostraron la misma sonrisa, ansiosas por ver lo que estaba a punto de desarrollarse.

--¡Hey Haruhime, tu Héroe está aquí!


Samira miró por encima de su hombro a la chica encadenada. El color que quedaba en el rostro de Haruhime se dreno en un abrir y cerrar de ojos.

Su cuerpo trató de entrar en acción, pero fue rápidamente retenido por las cadenas.


--¿Por qué…? ¿¡PORQUE!? ¡Vete ahora, Mikoto-sama!


Las resonantes cadenas acentuaron los gritos de Haruhime mientras luchaba contra ellas.


A pesar de ser rechazada antes, Mikoto apareció ante ella una vez más. La chica humana la miró con una mirada imponente.

--Eso es imposible, Haruhime-sama. Sin importar cuántas veces me rechaces, haré lo que siempre he hecho desde nuestra infancia. Te llevaré afuera.

Recuerdos de días pasados en su tierra natal en el Lejano Oriente.


Ella les había dicho que todos se enojarían, que deberían dejarla, tantas veces. Pero ignoraron sus súplicas, no se preocuparon en lo más mínimo por ser etiquetados de delincuentes, y aun así llegaron a sacarla de la mansión de su familia.

Nada había cambiado. Mikoto era la misma de siempre y Haruhime conocía esa mirada en sus ojos. Las emociones que habían quedado tan estrechamente encerradas dentro de la Renart se liberaron una vez más mientras sus ojos brillaban con lágrimas.

--Te ves realmente genial ahora.


La Amazona de cabello gris, Samira, observaba la entrada dramática de Mikoto y su reencuentro de larga distancia con Haruhime con deleite.

--Hey, Friné, Aisha. ¡Déjenme tenerla!


Se giró hacia la capitana Friné y el corazón y el alma de las <Berbera>, prácticamente la verdadera capitana de su <Familia>, Aisha.

--¡Ustedes dos ya tuvieron tiempo para jugar! ¡Déjenme tener mi turno!


--… Gegegegegeh, diviértete un rato. De todos modos, tenemos tiempo.

 


Friné le echó un vistazo a la luna antes de que una risa vulgar saliera de sus labios.


Samira había sido la encargada de supervisar los preparativos para el ritual y no había sido parte de la caza del conejo. Friné no veía ningún problema en dejar que ella se saliera con la suya.

--¡Si!


Samira juntos sus manos con entusiasmo.


Aisha no intentó detenerla y la observaba en silencio.


--¡Por favor! ¡Por favor, detengan esto! ¡Friné-sama, Aisha-sama!


Sin prestarle atención a los gritos de Haruhime a lo lejos, Samira salió del anillo de Amazonas que rodeaba a Mikoto.

--Así es como es, así que entretenme. Te diré qué, si me vences… podría escuchar lo que tienes que decir.


--…


Ya sintiendo los ojos de todas las <Berbera> directamente sobre ella, Mikoto se giró para enfrentarse a su oponente.

Una sonrisa tenaz creció en el rostro de Samira. Mikoto sabía que no tenía otra opción que jugar.


Esta situación incluso podría funcionar a su favor. Al menos, le permitiría ganar tiempo para que Bell llegara, o incluso abrirle un camino hacia el altar. Mikoto se determinó.

La humana permaneció en silencio mientras desenvainaba a <Ushiwakamaru>, la Daga que él le había prestado. Ella tendió el arma frente a ella, sosteniéndolo en un agarre inverso en una postura defensiva.

Las esquinas de los labios de Samira se curvaron hacia arriba, encantada de que su desafío había sido aceptado. Prefirió no usar ninguna arma y miró a Mikoto mientras estiraba sus brazos y piernas.

No se encontraban demasiado lejos de la entrada del puente de piedra. Las sanguinarias Amazonas se alinearon hombro con hombro, creando un anillo alrededor de los combatientes. Su batalla comenzó con la pronunciación de una simple frase:

--¡Aquí voy!


Tan pronto como esas palabras salieron de su boca, Samira se lanzó hacia Mikoto en un ataque frontal completo.

-- ——


El ataque entrante era demasiado rápido para que Mikoto lo bloqueara o contratacara, así que se vio obligada a concentrarse completamente en esquivar el primer ataque.

--¡…!

 


El gran puño de la Amazona pasó justo delante de sus ojos mientras sacaba la cabeza fuera del camino en el último momento.

Pero ese golpe zurdo sólo era una finta. Samira giro ese ímpetu hacia abajo, colocando su mano izquierda en el suelo y barriendo sus piernas hacia arriba.

--¡Guh!


Mikoto vislumbró el talón derecho de Samira a tiempo para bloquear el ataque con <Ushiwakamaru>.


Sus brazos quedaron entumecidos como si fueran golpeados por el extremo romo de un tubo de acero. Una oleada de dolor atravesó su cuerpo y haciéndola perder el equilibrio. Samira no perdió la oportunidad de presionar su ventaja.

--¡Justo así, intenta mantener el ritmo!


Una lluvia de puños y pies llovió sobre Mikoto.


Cada una de las líneas de color cobre que llegaba a Mikoto tenía suficiente poder para hacerla tambalearse. La humana enfocaba todo lo que tenía para alejarse lo suficiente del camino de cada golpe que su Resistencia podía soportar si no podía esquivarlo por completo. No había desperdicio de movimientos, no había lugar para el error.

—Como esperaba, Lv 3.


El cabello gris de su oponente se sacudía de un lado a otro, con su escasa ropa manteniéndose firmemente contra su cuerpo mientras se movía. La abrumadora danza de la muerte de Samira le demostró a Mikoto lo que ya había sospechado: había una gran brecha entre su <Estado> Lv. 2 y el de la Amazona. No tenía forma de superar el poder abrumadoramente superior de su oponente, el estilo de combate y juego de piernas.

¿Cuántas de las <Berbera> que la rodeaban eran tan fuertes como Samira? Sus gritos le parecían lejanos a medida que se daba cuenta de ello. Sintiendo el miedo arrastrarse en su corazón, Mikoto lo sacudió y recuperó su calma.

Ella y Bell ya habían decidido que salvarían a Haruhime sin importar cuán insuperables fueran las probabilidades.

--¡Hiiiya!


--¡Hah! ¡No está mal!


Samira bloqueó el primer contraataque de Mikoto con su brazo derecho.


Ella sonrió como si estuviera disfrutando del dolor que atravesaba su brazo, después de tomar la fuerza completa de la patada de Mikoto. Entonces le devolvió el favor.

--¡UgAAH!


Mikoto fue lanzada al aire.

 


Con <Ushiwakamaru> saliendo de su agarre por el impacto, Mikoto observó la Daga aterrizar a los pies de su audiencia, mientras que su espalda aterrizaba en el centro del anillo. Rodando sobre su hombro para mirar hacia adelante, sus ojos se abrieron de par en par mientras Samira cargaba una vez más.

--¿¡Terminaste!?


Los ojos de Mikoto se estrecharon cuando el puño derecho de la Amazona se precipitó hacia su rostro.


¡Ahora o nunca!


Mikoto agarró el puño y lo guio por encima de su hombro—en una posición de lanzamiento.


--¿¡…!?


Las Amazonas gritando y la misma Samira se dieron cuenta.


Un lanzamiento de brazo de estilo judo. Otro estilo de combate inculcado en ella por Takemikazuchi—Mikoto aprovechó su oportunidad para usar una de estas técnicas.

Los monstruos en el Calabozo llegaban en todas las formas y tamaños, haciendo su entrenamiento de judo prácticamente inútil. Sin embargo, este estilo del Lejano Oriente era extremadamente útil para manipular los cuerpos de los oponentes humanos.

Estas técnicas fueron diseñadas para ayudar a derribar a combatientes más grandes y más fuertes. Estaba a punto de lograr algo grandioso.

Mikoto exhaló con toda su fuerza, sus músculos se contrajeron a toda potencia para lanzar a Samira a la superficie de piedra.

--¡Hey, genial!


Pero Samira tenía otras ideas.


Comentando su técnica a medio lanzamiento, casualmente torció su brazo derecho y se liberó.


--¡…!


El lanzamiento estaba a un mero segundo de ser completado. Ahora libre, la Amazona sujeto el cuerpo de Mikoto con ambas manos—y la arrojó.

--¿¡Wha!?


Justo antes de que la espalda de la Amazona golpeara el suelo de piedra, los ojos de Mikoto registraron dos destellos de piel bronceada pasar bajo su brazo izquierdo y alrededor de su cuello. Lo siguiente que supo, Mikoto había sido lanzada hacia el cielo solo por los músculos de su oponente. “¡Ow!” Samira grito de dolor cuando su trasero aterrizo directamente sobre la superficie dura. Al mismo tiempo, Mikoto había sido lanzada todo el camino hasta el anillo de Amazonas.

La más cercana lo vio con alegría y asesto una devastadora patada de giratoria que envió a Mikoto girando de nuevo hacia el centro.

 


--¿Ese fue uno de esos movimientos del Lejano Oriente? Eso fue lindo.


Con eso, Samira cerró la distancia entre ella y Mikoto en un abrir y cerrar de ojos. La chica humana seguía acostada sobre su espalda, aturdida por el último golpe.

Samira adoptó un enfoque más juguetón para su siguiente serie de ataques, pateando a Mikoto como si estuviera tratando de hacer malabares con una pelota con sus pies.

--¡GUAH!


--¡Muéstrame más si los tienes!


La última patada de Samira mando a volar a la chica. Mikoto rebotó una vez antes de finalmente lograr levantarse.

Sin embargo, eso sólo la expuso a los despiadados puños de la Aventurera de Segunda Clase.


El cuerpo de Mikoto se sacudía a la izquierda y a la derecha mientras sus hombros, estómago y mejillas recibían golpes directos. Gotas de su sangre volaban con cada golpe, cortando salpicaduras oscuras en la luz azul pálido que emanaba del suelo de piedra. La sonrisa bestial de Samira creció. En sus ojos, Mikoto no era más que un juguete que tenía algunas características ocultas. No se detendría ante nada para verlas.

Las técnicas eran inútiles.


Los pensamientos de Mikoto eran un desastre. Lo único que se escuchaba fuerte y claro era el horror sin palabras del estilo de batalla salvaje pero perfeccionado de Samira.

La Amazona era un arma viviente que respiraba. Años de experiencia culminaron en un cuerpo que podía reaccionar por instinto, sabía moverse sin pensar. Cada golpe que asestaba entregaba más que solo dolor físico, eran golpes directos a su confianza y orgullo. Cada impacto también era el sonido de ella rompiéndose por dentro.

Su talento y habilidad fueron superados.


Las rodillas de Mikoto se debilitaban mientras cada nueva oleada de ataques le mostraba cuánta distancia había entre sus habilidades y las de una Aventurera de Segunda Clase.

--¡Mikoto-sama! MIKOTO!


Los gritos de Haruhime finalmente la alcanzaron.


--¡¡…!!


Los párpados de Mikoto se abrieron.


La chica humana se levantó con fuerza, con luz de nuevo en sus ojos.


--¡Hahahahahaha! ¿En serio eres Lv. 2?

 


Claramente impresionada de que Mikoto había tomado el peso completo de su ataque y se mantuvo de pie, Samira alegremente felicitó a su espíritu de lucha.

Una nueva ronda de puños, rodillas y codos se estrelló contra la magullada y ensangrentada Mikoto. Sin embargo, ahora tenía un buen entendimiento del patrón de ataque de su oponente e hizo todo lo posible para protegerse y evitar un golpe fatal.

Incluso probó algunas de sus técnicas cuando se presentaba una oportunidad. Desafortunadamente, la Amazona de cabello gris ceniza podía sentir cuando algo venía y siempre lograba evadir.

¡¡Ganar como Aventurero es imposible!!


Mikoto gritó dentro de su mente mientras su cuerpo apenas evitaba un codazo que le habría roto el hombro.


Mientras permanecieran en un campo de juego igualado, no había manera de que Mikoto ganara la ventaja. Llegando a esta realización, Mikoto lanzó su orgullo, compasión y etiqueta de batalla al quemador.

“Escucha bien, Mikoto. El Ninjutsu es… sucio.”


La voz de Takemikazuchi apareció en su mente.


“Ataques furtivos, emboscadas, trampas… Un ninja usa todas las opciones, cualquier medio para alcanzar su objetivo.”

El Dios que amaba y respetaba lo había dicho con severidad.


“Por lo tanto, para ser contundente, alguien tan directa y honesta como tu podría no tener mucho uso para ello.”

Aunque no estaba deseoso de enseñarle las técnicas, el Dios explicó su razonamiento.


“Los verdaderos ninjas actúan por devoción. Ya sea por un señor a quien deben proteger o por alguien muy importante para ellos. "

Entonces Takemikazuchi sonrió.


“En caso de que alguien esté en peligro mortal—entonces incluso alguien tan directa y seria como tu puede convertirse en un ninja de proporciones legendarias.”

Devoción.


Su devoción era para Haruhime.


¡Si es para salvarla, entonces cualquier método—!


El último ataque de Samira la golpeo bajo la barbilla. Incluso mientras giraba en el aire, Mikoto alcanzo su bolsa de Ítems, sacó algo y lo arrojó al suelo.

--¿Huh?—¿¡Humo!?


--¡Una bomba de humo!

 


Samira y las Amazonas circundantes dieron un paso atrás sorprendidas cuando un grueso gas gris fue lanzado al aire.

Junto con una granada de destello, era uno de los Ítems que Mikoto había tomado de la bóveda. Las <Berbera> estaban más sorprendidas de que uno de sus propios Ítems había sido utilizado contra ellas que su aparición real en el campo de batalla.

La nube alcanzó a Mikoto y Samira en medio del anillo, ocultándolas completamente de la vista.


--¿¡Donde esta!?


Algunas de las <Berbera> se retiraron para proteger el altar. Mientras tanto, la cabeza de Samira se agitaba de un lado a otro mientras buscaba a Mikoto dentro de la nube. Sus propios sentidos, visión y oído mejorados de una Aventurera de Segunda Clase, no podían encontrar a la humana. Por primera vez, su aire de confianza había desaparecido.

Una sombra negra apareció detrás de ella un momento después.


-- —¡Te tengo!


Una sonrisa loca apareció en sus labios mientras Samira saltaba alto en el aire y dejaba caer su talón en la parte superior de la sombra.

Sus reflejos habían sido precisos, asestando un golpe directo desde un ángulo casi ciego a una velocidad de vértigo. Sin embargo, su sonrisa desapareció y sus ojos se abrieron en shock.

--¿¡Una tela!?


Su pie había entrado en contacto con la túnica corta que Mikoto llevaba puesta como camisa. Técnica de sustitución—<Utsusemi>.

Entonces Mikoto se acercó a su oponente ferozmente por detrás.


--¡…!


Llegó desde lo alto, lo suficientemente alto para envolver sus muslos alrededor de la cabeza de Samira.


Bloqueando la visión de su oponente, Mikoto rugió con toda su fuerza mientras empujaba su cuerpo hacia atrás en la otra dirección.

-- —¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!


Lanzamiento de Luna Llena—<Mikazuchi>.


Los pies de Samira se separaron del suelo. Su cuerpo dibujo un arco a través de la nube de humo con la cabeza atrapada entre las rodillas de Mikoto.

*¡¡BAM!!*


Hizo contacto con el suelo de piedra en un abrir y cerrar de ojos.

 


--¡GUAH!


El sonido corto a través del aire, el impacto fue lo suficientemente fuerte como para romper la losa de piedra y dejar la cabeza de Samira enterrada bajo su superficie.

--¡Haa… haa…!


Mikoto se quedó sin aliento mientras el cuerpo de Samira caía inerte al suelo junto a ella.


Esa fue la escena con la cual las Amazonas fueron recibidas en el momento en que el humo se aclaró. No se escuchaba ningún sonido.

Su camisa había desaparecido, sólo la tela envuelta alrededor de su pecho protegía la dignidad de Mikoto mientras luchaba por ponerse de pie.

Sin embargo, su espíritu de lucha no había abandonado sus ojos a pesar de todas las lesiones que había sufrido. Eso llamó la atención de todas las <Berbera>.

--… Gegegegegeh. Eres muy buena luchando, ¿Verdad?


Mikoto escaneó el anillo, con sus hombros subiendo y bajando mientras esperaba a su próxima oponente.


--Que desperdicioooo.


--… ¿…?


Mikoto se giró para mirar a la poseedora de la profunda y croante voz: la capitana de las Amazonas, Friné.


El gran rostro sonrió. Aisha, quien había estado en silencio hasta este punto, abrió la boca para hablar. Pero justo antes de que pudiera—

--Esto no ha terminado.


Desde atrás.


Más específicamente, desde abajo.


-- ——


Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Mikoto mientras miraba lentamente por encima de su hombro.


El cuerpo bronceado en el suelo tenía ambas manos arriba donde debería estar su cabeza. Los músculos se tensaron, causando un fuerte estallido. De repente, el cuerpo tenía una cabeza.

La Amazona brevemente miro hacia arriba a través del polvo y los escombros en su rostro mientras estaba en cuatro patas. Sacudiendo la cabeza como un perro mojado, se puso en pie de un salto.

--Definitivamente sentí ese… Muy bien.


Sacudiendo la cabeza de un lado a otro para tronar su cuello, Samira entrecerró los ojos mientras una sonrisa regresaba a sus labios.

 


El espíritu de Mikoto cayó en una oscura desesperación. Había agotado todas las opciones, había tirado todo lo que tenía en la Amazona, pero ni siquiera había perturbado a su oponente.

Ese era el verdadero significado del Nivel, una barrera no tan fácil de superar.


--¡Vamos, siguiente ronda!


--¡GAAH!


El puño de Samira chocó con la mejilla de Mikoto antes de que pudiera reaccionar.


Mikoto había infligido daño, pero no fue suficiente. Su piel blanca normalmente hermosa estaba salpicada de cráteres negros y azules y rayas de sangre por todo su cuerpo. Simplemente no podía competir.

--¡Aaah…!


Haruhime no podía ver, lágrimas rodaban por su barbilla mientras Samira ventilaba su frustración en su bolsa para golpear que respiraba.

Una chica encerrada en el tormento mientras el sonido de puños golpeando carne creaba una melodía de dolor en el fondo. Friné observaba cómo se desarrollaba todo con alegría… cuando otra Amazona apareció desde el puente de piedra con un mensaje. La recién llegada se acercó a Friné y le susurró al oído.

--Ahhnn…… ¿El conejito está sueltoooo?


--S-Sí.


--¡GEGEGEGEGEGEH! Parece que Ishtar-sama no es tan dura.


Friné no pudo contener su risa ante la noticia. Su voz se hizo tan fuerte que el aluvión de Samira era poco más que ruido de fondo.

Insultando a su Diosa una y otra vez, abrió su ancha boca y tomo una respiración profunda.


-- —<Pequeño Novato>, nos estás viendo ahora mismo, ¿No es así? ¡Mejor apúrate, tu preciosa amiga no podrá resistir mucho maaaas!

Las Amazonas circundantes tuvieron que proteger sus oídos cuando la voz de Friné estalló como un volcán. Los ojos de la masiva mujer iban de torre en torre, buscando cada rincón del Jardín Flotante.

Friné estaba absolutamente segura de que el chico vendría a rescatar a Haruhime después de escapar de las manos de Ishtar.

--…


—Y tenía razón.


Cinco minutos después de Mikoto, Bell finalmente había llegado al Jardín Flotante.


Había renunciado a encontrar una ruta segura dentro de la torre que se conectaba al puente de piedra, optando por aprovechar los intrincados tallados del Zigurat para escalar la pared exterior hasta llegar a la cima.

 


Bell se escondió detrás de una de las torres que rodeaban el Jardín Flotante. Mikoto estaba siguiendo su plan al pie de la letra, atrayendo la atención de tantas Amazonas como fuera posible para darle una oportunidad de destruir la <Piedra Asesina>—pero no pudo ignorarla una vez que tuvo una visión de su horrible condición.

Estaba parado en otra encrucijada, apretando sus puños.


¡No puedo soportarlo!


Se determinó. Justo cuando estaba a punto de saltar—


--¡BELL-DONO!


El grito de Mikoto lo detuvo en seco.


No fue el único. Cada par de ojos en el jardín de repente se fijó en la humana ensangrentada. Con sus brazos lánguidos a los costados, Mikoto se levantó completamente y dio un paso adelante. Lenta pero seguramente, sus manos hicieron puños.

La voz de Mikoto resonó en el jardín mucho después de que se quedara en silencio, como si buscara al chico que sabía que debía estar aquí. Con ardientes ojos resueltos, se giró para enfrentar a Samira una vez más.

--Ohh… ¿Pero qué vamos a hacer al respecto ahora?


Samira lanzo una patada alta, el talón de su pie choco con la clavícula de Mikoto. Se inclinó hacia atrás pero no perdió el equilibrio.

Apretando los dientes, Mikoto se preparó para el siguiente ataque despiadado.


--¡No queda tiempo!


Los ojos de la chica se abrieron de golpe cuando el puño de la Amazona se clavó en su estómago.


De hecho, las corrientes de suave luz azul que emanaban de las piedras debajo de sus pies comenzaban a obtener un tinte rojo.

El altar en el centro del Jardín Flotante también estaba cambiando. La <Luz Lunática> en la piedra reaccionaba a la luna llena casi directamente encima, pulsando como si llamara a un hermano perdido hace mucho tiempo. Rayas de luz roja saltaban desde el azul y hacia el cielo.

No pasó mucho tiempo antes de que Haruhime estuviera encadenada dentro del ojo de un vórtice carmesí que llegaba hacia la luna, muy por encima.

--Sharay. Cuando llegue el momento, hazlooo.


Los ojos de Friné se estrecharon con anticipación antes de emitir la orden a una Amazona parada en la base del altar.

La guerrera llamada Sharay asintió con la cabeza, sujetando la Espada Larga ceremonial. La <Piedra Asesina> brillaba con la misma luz siniestra que emitía del altar.

Aisha vio todo esto suceder y giró su pie derecho hacia Haruhime.

 


--Tú te quedas justo aquiiii.


--…


El enorme cuerpo de Friné bloqueo el camino de Aisha.


Dos Amazonas se fulminaban con la mirada la una a la otra y un chico de cabello blanco—tenía los ojos llenos de incredulidad.

Justo fuera de su visión estaba Mikoto, todavía absorbiendo golpe tras golpe de Samira.


--… Ir más allá…


Mikoto susurró con una chispa de determinación en sus ojos purpura.


--… de las expectativas…


Samira estaba disfrutando tanto de la emoción de su victoria asegurada que la voz de Mikoto nunca llegó a sus oídos.

--… del enemigo.


Mikoto dejó que su voz desapareciera.


Deslizándose por uno de los golpes de Samira, Mikoto envolvió sus lánguidos brazos alrededor del pecho de su oponente y se aferró con toda la fuerza que le quedaba.

--¿Haah?


La Amazona sonaba vagamente molesta por que su juguete quisiera un abrazo en lugar de intentar defenderse. Mikoto no le prestó atención y comenzó a cantar.

--<Miedo, fuerte y tortuoso—>


Samira le sonrió burlonamente a la chica humana, quien estaba tratando de lanzar Magia mientras estaba sobre su hombro.

--Lo entiendo, sé cómo te sientes. Pero, ¿No crees que usar Magia ahora es un poco, no sé, aficionado?


Magia—un as en la manga que podría revertir el flujo de la batalla y traer a alguien de vuelta del borde de la muerte.

Sin embargo, la elección de Mikoto bajo las circunstancias decepcionó a Samira sin fin.


--Sabes, vi tu Magia en el <Juego de Guerra>. ¡Es una Magia increíble, pero lanzarla toma mucho tiempo!


--¡GAH!


Samira clavo su codo en las costillas indefensas de Mikoto en un esfuerzo por mostrarle cuán inútil era el intento.

 


--<Hago un llamado al Dios… el destructor de todos, y cada uno—>


Aun así, Mikoto no dejó de cantar su hechizo entre gruñidos de dolor y respiraciones entrecortadas.


--Basta de esto, me estás aburriendo. Solo córtalo, ¿Quieres?


--¡GuWAH!


Un segundo golpe, un tercero. El codo de Samira golpeaba más duro cada vez con más fuerza. Mikoto no intentó alejarse ni esquivar los golpes mientras continuaba vertiendo su Poder Mágico.

Las Amazonas que miraban el lamentable espectáculo sólo se reían o negaban con la cabeza en descontento. Samira tenía que encontrar alguna manera de disfrutar del resto de esta batalla mientras la nube azul bajo sus pies se tornaba más roja a cada momento que pasaba. Decidió ver cuántos golpes tomaría para quitarse de encima a la humana—cuando algo destello en su mente.

--H-Hey… no puedes hablar en serio…


El Poder Mágico de Mikoto comenzaba a desbordarse.


Como un cuenco que no podía contener más agua, como un río inundado que no obedecía sus orillas, una tormenta había sido desatada.

El pequeño cuerpo ya no podía manejar el Poder Mágico que fluía a través de él.


--<Para la orientación desde… los cielos…>


La mente de Mikoto se deslizaba cada vez más hacia la oscuridad, incluso mientras el hechizo de disparo seguía pasando por sus labios.

“—Observar a tu oponente, aprender sus hábitos, sus expectativas. Y luego ir más allá de ellos. Todos los ninjas deben pensar de esa manera para tener éxito.”

La voz de Takemikazuchi llegó a ella mientras su cuerpo cubierto de sangre iba más allá de su límite físico, con su conciencia a punto de desvanecerse.

Le había dicho que todas las técnicas eran sólo para mostrar.


--<Concédele a este cuerpo trivial…>


Él había tratado de transmitir una verdad a través de sus enseñanzas: La razón por la que él, como un Dios, consideraba sucio al Ninjutsu.

“Un ninja aprende la forma en que el enemigo piensa—y va un paso más allá.”


Traicionar las expectativas del enemigo, un ataque furtivo impensable.


--<… ¡¡Poder, divino más allá del poder…!!>

 


Con las palabras del Dios de la Guerra resonando en su corazón, Mikoto vertió su Poder Mágico con aún más fuerza.

--¡No, no te atreverías—!


La aguda voz de Samira estaba mezclada con un miedo inconfundible. Pero era demasiado tarde. La energía estaba libre.

Corría por sus músculos, buscando desesperadamente una salida, al igual que demasiada agua en un tubo delgado.

--¡¡A-ALEJATE!! ¡ALEJATE DE MIIIIIIIIII!


Mikoto había convertido toda su Mente en Poder Mágico sin completar el hechizo de disparo. Esto provocó una reacción en cadena que inevitablemente conduciría a una explosión.

La desesperación se apoderó de Samira mientras golpeaba a la chica colgando de su pecho con todas sus fuerzas, con sus ojos inyectados en sangre llenos de pánico.

Más de las vulnerables costillas de Mikoto se agrietaban con cada golpe, pero su agarre no vacilo.


Todo lo contrario. A pesar de su abrasador dolor de cabeza y más dolor físico del que jamás había experimentado, una ensangrentada sonrisa apareció en los labios de Mikoto.

--¡Todos ustedes! ¡Quítenme a esta cosa DE ENCIMAAAAAAA!


Sin importar cuántas veces la golpeara, sin importar cuánto se retorciera, Samira no podía liberarse y finalmente buscó ayuda. Las <Berbera> respondieron de inmediato, y cargaron con sus armas desenvainadas—demasiado tarde.

El Poder Mágico había encontrado su salida y comenzó a chillar como una tetera hirviendo.


El cuerpo de Mikoto se convirtió en el epicentro de una explosión ensordecedora que envolvió la totalidad del Jardín Flotante.

Samira, Friné, Aisha, las <Berbera>, Haruhime y Bell.


Todos los pares de ojos se abrieron cuando el Poder Mágico rampante los alcanzó.


--<¡¡Luz, purificadora y salvadora!!>


—Fuego Fatuo.


--¡~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~! Una explosión de puro Poder Mágico.

Destellos se reflejaron en todos los ojos atónitos momentos antes de que todos quedaran atrapados en la onda de choque. Las <Berbera> que habían cargado se llevaron la peor parte, saliendo volando y estrellándose en el suelo de piedra.

 


Así era como funcionaba la Magia Anti-Magia de un herrero—una explosión causada por una sobrecarga de energía dentro de un cuerpo en lugar de usar medios externos.

Podría suceder por error cuando los jóvenes Aventureros todavía estaban aprendiendo cómo controlar su Poder Mágico, un resultado que la mayoría evitaba a toda costa. Mikoto, por otra parte, perdió el control a propósito y lo utilizó para convertirse en una bomba.

La suposición de su oponente era que la Magia no podía desencadenarse si ella no terminaba de cantar. El fuego de la vida que ardía dentro de ella fue más allá de esa expectativa.

--GAH—


La explosión lanzó el cuerpo de Samira hacia el cielo. Ella aterrizó en un montículo y se deslizó todo el camino hasta el borde del jardín. Completamente quemada y derramando sangre, la Amazona no mostraba señales de intentar ponerse de pie. Más de la mitad de las <Berbera> que quedaron atrapadas en la explosión permanecían inmóviles en el suelo. Aquellos que habían logrado evitar un golpe directo—Friné, Aisha y el resto de las

<Berbera> que tuvieron la suerte de estar fuera del radio de la explosión—todavía sentían que la intensa explosión de energía se desbordaba sobre ellas. Incluso Haruhime, todavía encadenada al altar, sintió el calor en su piel.

Los ecos de la explosión seguían rebotando alrededor del amplio jardín.


-- —Ah.


Mikoto estaba cayendo.


Su explosión de Fuego Fatuo la mando a volar en la dirección opuesta a Samira y al borde del Jardín Flotante. Dibujando un arco a través del aire como una lanza flácida, se desplomó de cabeza hacia el suelo.

El viento azotaba el humo que salía de su cuerpo en un frenesí mientras caía. La piel de Mikoto era negra, carbonizada desde el interior.

No había dolor, ni sensación alguna. Sus ojos se nublaron mientras los últimos fragmentos de energía física y mental que tenía eran arrastrados por el viento aullante.

--¡Bell-dono…!


La última gota de fuerza en su cuerpo fue para gritar su nombre. Sus palabras no llegaron a Haruhime.

No pudo salvar a Haruhime.


Justo como en ese recuerdo de una noche iluminada por la luna, no pudo convertirse en el Héroe de Haruhime.


Sus brumosos ojos comenzaron a cerrarse. Toda su tristeza, dolor, y un deseo que iba más allá de todo se reunió en la parte posterior de su garganta.

De alguna manera, de alguna manera. La maldición de esa chica.

 


Su ruina.


¡Sus lágrimas—deshazte de todo ello!


¡De alguna manera, de alguna manera!


¡Trae de vuelta su sonrisa una vez más! Alcánzala—¡¡Por favor alcánzala!!

--¡¡BELL-DONOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!


× × ×

El corrió.


En el momento en que la explosión de vida se apagó, corrió más rápido que nadie. Él escuchó.

Las palabras de la chica que había puesto su vida en la línea, y el anhelo dentro de ellas, lo alcanzaron.


Bell salió de su escondite en el instante en que la onda de choque se dispersó y comprometió cada músculo, cada tendón, en alcanzar el altar un instante más rápido.

Tenía que romper a través de la línea de Amazonas en su camino.


--¡¡…!!


Bell atravesó el humo elevándose tan rápidamente que las Amazonas no pudieron reaccionar.


Su velocidad no permitiría que nadie diera persecución. El conejo blanco estaba en una línea directa hacia el altar. Las <Berbera> a las que pasaba ni siquiera podían seguir sus movimientos, sólo observaban el tintineo de humo en su estela. Incluso Aisha no podía moverse.

Nadie podía mantenerse al día.


-- —GEGEGEGEGEGEGEGEH!


Excepto por ella.


--¡Yo no lo creoooooooooooo!


--¡¡…!!


La reina Amazona parecida a una rana repentinamente entro en la línea de visión de Bell con una velocidad increíble.

Era una reacción que sólo los Aventureros de Primera Clase eran capaces de hacer.

 


Había resistido la explosión y había superado a Bell a plena carga. Ahora se alzaba como una pared insuperable en su camino.

Las esquinas de los labios de Friné se curvearon mientras arqueaba su espalda, tiró hacia atrás su puño derecho y se preparó para el impacto.

--¡¡SE ACABOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!


Enfocó toda su fuerza en este único golpe.


Menos de un segundo quedaba entre la increíble fuerza y el objeto vicioso, dejando a Bell con muy poco tiempo para tomar una decisión importante.

Izquierda, derecha o detenerse. O tal vez arriba.

Bell ya podía ver el altar carmesí y la chica encadenada justo detrás del gigantesco obstáculo. Era el momento de la verdad.

Los ojos rojo rubí de Bell brillaron. Bajó su hombro—y siguió adelante.

--¿¡…!?


Más rápido.


Astillas de piedra resplandeciente saltaron al aire mientras sus pies pateaban el suelo. Bell estaba decidido a atravesar la pared.

Montando ese simple tren de pensamiento, Bell chocó contra Friné.


Un ataque directo fue lo último que la inmensa Amazona pensó que sucedería. Su puño cambió de rumbo en el último instante para adaptarse a la trayectoria de Bell.

Sin embargo, Bell logró ponerse por debajo del puño demasiado vistoso y no disminuyó la velocidad, incluso cuando su hombro chocó con su flanco expuesto. *¡WHAM!* Torciéndose ligeramente, su impulso lo lanzó al aire con un daño mínimo y derribó a Friné.

--¡GUH!


Bell volando en el aire, Friné tambaleándose. Había superado con seguridad el ataque mortal.

Con el gruñido de sorpresa de Friné detrás de él, Bell aterrizó directamente en la base del altar. La Amazona levantó la vista desde su asiento en el suelo y gritó con todas sus fuerzas:

--¡Sharay! ¡HAZLO, AHORAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!

 


El grito de Friné golpeó a la Amazona como una bola de demolición. Pero hizo lo que le dijeron y levantó la Espada Larga en el aire.

Con la hoja hacia adelante, apuntó la punta directamente al pecho de Haruhime como una jabalina. La luna estaba en la posición perfecta, el altar ahora carmesí palpitaba como un latido.

Haruhime se quedó inmóvil, con su mirada siguiendo a la brillante <Piedra Asesina> hasta caer a la base del altar en el momento en que el chico aterrizo.

Bell luchó a través de un aterrizaje incómodo. Un paso, un segundo paso—y saltó.


--¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Bell se lanzó hacia el cielo como una flecha disparada por un arco excesivamente tensado.


Un par de ojos verdes en blanco. La Espada Larga ceremonial mantenida en alto. La resonante <Piedra Asesina>.

Mirando fijamente la piedra, Bell retiró la <Daga de Hestia> de su vaina.


La espalda de la Amazona amenazaba con adelantársele, Bell hizo su movimiento. Una línea de color violeta oscuro dibujo un arco a través del aire en el momento en que Bell atacó a la guardia Amazona por detrás.

--¡¡YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!


La punta de la Daga negra atravesó la <Piedra Asesina>—y la hizo añicos.


Pedazos de piedra cayeron al suelo mientras los gritos del dueño de la Daga llenaban la noche.


Haruhime vio que todo se desarrollaba en cámara lenta. La Amazona cayendo a través del aire, la espada aterrizando en sus rodillas, el chico de cabello blanco volando sobre su cabeza y directamente a un pilar de piedra, rompiéndolo antes de deslizarse hasta detenerse en el borde del Jardín Flotante.

Y finalmente, el último de los fragmentos cayendo al suelo.


La siniestra luz roja que llenaba el jardín parpadeó antes de desaparecer.


× × ×

--Ugh—¡Gahh…!


La piel expuesta de Bell raspó la superficie de piedra mientras se deslizaba hasta el borde del Jardín Flotante. Con las rodillas, codos y las palmas de sus manos en carne viva y sangrantes, volvió a ponerse en pie.

La luz roja que había consumido el jardín antes, ahora apenas era un suave resplandor. El altar ahora tenía una marchita apariencia roja pálida debido a que Bell derribó accidentalmente uno de los pilares que enfocaba la luz de la luna. Los destellos que se habían vertido hacia arriba como una cascada confundida sólo momentos atrás no se veían en ninguna parte.

 


Recuperando el aliento, Bell regreso la Daga a su vaina. Los sonidos de muchos pies descalzos que corrían a través de la piedra lo rodearon en cuestión de segundos.

Los rostros enfurecidos de más de cincuenta Amazonas recibieron a sus ojos cuando Bell finalmente levantó la vista. Estaba completamente rodeado.

Con mayor precisión, cortaron sus rutas de escape con un medio cerco, atrapándolo contra la pared exterior.


--¡Ahora lo has hechoooo…!


Una gigantesca Amazona se puso delante del anillo con tal fuerza que el suelo se sacudió bajo sus pies. Al final de su carnoso brazo estaba Haruhime, sacada con fuerza de las cadenas.

Friné tenía un puñado del cabello dorado de la Renart agarrado en su poderoso puño, tirando de ella ásperamente hacia adelante. El cuerpo de Bell se puso en acción, preparándose para correr en su ayuda. Sin embargo, el aura enfurecida del resto de las Amazonas siguiendo el ejemplo de su capitana lo hizo pensarlo dos veces.

--¡Mocoso, sólo espera hasta que ponga mis manos sobre ti…!


--¡Ah…!


Friné estrello a Haruhime en el suelo por su cabello, con sus ojos inyectados en sangre llenos de rabia.


--¡Haruhime-san!


Bell gritó mientras la chica se quedaba abajo. Una voz baja y resonante lo interrumpió.


--Entonces, ¿Cómo vas a pagar, por romper nuestra <Piedra Asesina> de esa manera?


El puro poder de su voz hizo que Bell se inclinara hacia atrás, poniéndosele la piel de gallina.


La <Piedra Asesina> yacía en pedazos. La sola visión de los fragmentos carmesí oscureciéndose sólo sirvió para que las Amazonas se enfadaran aún más.

Bell había arruinado por completo el ritual que habían pasado años preparando.


Las llamas y el humo todavía se elevaban del lugar donde el Fuego Fatuo de Mikoto había estallado, y trozos del pilar que Bell golpeo rodaban lentamente por el suelo. Por lo menos cincuenta <Berbera> yacían inmóviles en el suelo, parecían poco más que cadáveres que salpicaban la escena de una masacre. No volverían a unirse a esta batalla.

Bell exploró a la multitud de Amazonas que lo rodeaba y estableció contacto visual con Aisha. No podía leer su expresión en lo más mínimo. Apartando su mirada de la suya, Bell se giró hacia Friné.

--¡Todo lo que hiciste fue traernos de vuelta al principiooo…!


--…


Los músculos del rostro de Bell se tensaron mientras permanecía bajo la helada mirada de Friné.

 


Eso era cierto. Todos sus esfuerzos habían logrado restablecer la situación.


Era por eso que no estaba celebrando. La <Familia Ishtar> podría adquirir una nueva <Piedra Asesina>. Al igual que con Aisha, que Bell destruyera la piedra sólo retrasó lo inevitable.

Esto no había terminado.


… Para proteger a Haruhime…


Para salvar a la chica desplomada a los pies de Friné…


No había otra opción más que asegurar su libertad de la Diosa que había puesto todo esto en movimiento.


--… Por favor, liberen a Haruhime-san.


Superando su miedo, Bell hizo su petición a las Amazonas que lo rodeaban.


Con sus labios crispándose y los puños cerrados; las <Berbera> no estaban de humor para escuchar. Los ojos verdes de Haruhime temblaban mientras miraba al chico desde debajo de una imponente sombra.

La boca de Aisha se estrechó en un ceño fruncido, pero la única respuesta audible fue la croante risa de Friné.


--¡GEGEGEGEGEGEH! ¡Eres un gran bromista, <Pequeño Novato>!


Los enormes ojos de la Amazona repentinamente desencadenaron una penetrante mirada de muerte hacia el humano de cabello blanco.

--¡Bájate de tu nube, mocoso insignificanteeeeee! ¿Quién te crees que eres?


--¡Ahhgh…!


Agarró de nuevo el cabello de Haruhime y la levantó tirando de ella. Entonces la Amazona con cara de rana se inclinó hasta el punto de que su rostro estaba junto al de su cautiva. La mandíbula de Friné oculto el hombro de Haruhime mientras abría la boca para hablar.

--¡Ésta es nuestra herramienta! ¡Una que usaremos para aplastar a la Diosa Freya en pedazos! ¡¡Esto no tiene nada que ver con alguien como tú!!

Las Amazonas estaban demasiado hambrientas de una guerra contra la <Familia> más poderosa de la Ciudad Laberinto para dejar ir el poder de Haruhime tan fácilmente.

Bell no podía soportar la mirada de dolor en el rostro de Haruhime y trató de repetir sus demandas, pero Friné no había terminado.

--¿Quién crees que mantuvo viva a esta alimaña—una alimaña tan inútil que ni siquiera podía ganar dinero como prostitutaaaaaa…? ¡Es su deber usar ese cuerpo para pagarnoooos!

--…


--¿No es cierto, Haruhimeee? Dile cómo eeees.

 


El cuerpo de Haruhime tembló. Los gruesos labios de la Amazona le susurraron al oído con todo el afecto que un cocinero tendría por una rata.

Momentáneamente liberada de las garras de Friné, Haruhime hizo contacto visual con Bell.


--Cranel-sama…


Las manos de la joven se juntaron frente a su pecho, todavía al alcance de la roca carnosa detrás de ella. Una serie de emociones pasaron a través de los ojos de Haruhime.

--Por favor vete… estoy bien…


--…


--Déjame… te lo ruego, no te molestes más con mi situación.


La voz de Haruhime temblaba por miedo a Ishtar y a las Amazonas que la rodeaban. Bell miró a la Renart apartar la vista mientras amenazantes sonrisas aparecían en los labios de cada Amazonía en su línea de visión.

Bell mantuvo los ojos en la chica y abrió la boca para hablar.


--Historias de Héroes.


--¿Eh…?


--Tomé mi decisión basada en los Héroes de los que hablamos.


La cabeza de Haruhime se levantó por la sorpresa. La voz de Bell nunca vaciló mientras continuaba.


--Decidí salvarte.


--¿Qué quieres decir…?


--Para salvarte y probar que estás equivocada… me he decidido.


—Ningún Héroe vendría por alguien tan humilde como yo.


—Las prostitutas son la ruina de los Héroes.


Bell declaró que había venido por todas partes para refutar las palabras que había pronunciado esa noche en la zona roja.

Haruhime retrocedió, pero la confianza de Bell sólo creció.


--¡Los Héroes que tú y yo admiramos—no son así!


La fuerza en la voz de Bell llamó la atención de todas. Aisha y Friné parpadearon, las <Berbera> se movieron en sus lugares, y Haruhime permaneció en silencio, atónita.

--¡Una prostituta, una causa de ruina—nada de eso le importaría a un Héroe!


--E-Eso no puede ser cierto…

 


--¡Los Héroes lucharían, sin importar cuántos temibles y poderosos enemigos estén en el camino!


--No puede ser así…


--¡Las personas que admiro, los Héroes que admiro, te protegerían hasta el final!


--¡…!


Había dicho lo que quería decir.


Bell luchó contra su miedo, ansiedad e inquietud para decir exactamente lo que quería desde aquella noche, con una voz lo suficientemente fuerte para que todos lo escucharan.

Al igual que los Héroes a los que ambos aspiraban, él extendería su mano y tomaría la suya.


De hecho, trataba de llegar a ella en este mismo momento. Con su mano extendida reflejándose en sus ojos verdes, el cuerpo de Haruhime tembló.

--¡Gegegegegegeh! ¡El mocoso piensa que es un Héroeeeee!


Bell ignoró la risa de Friné mientras sus ojos ardían con la determinación que sentía en su corazón.


La poderosa mirada del chico asustó a Haruhime. Sujetó su propio cuerpo y sacudió la cabeza de un lado a otro.


--¡S-Soy una prostituta!


Ella sacó las palabras de su boca, declarando el título que se había convertido en su destino.


--¡No quiero convertirme en tu carga! ¡Soy un ser sucio, indigna de cualquier cosa! Bell levantó la barbilla y miró hacia abajo a la Renart.

--¡No pienses que no podemos hacer nada, que no lo mereces!


-- —¡…!


Era la primera vez que Haruhime escuchaba ira en la voz de Bell. No había terminado.


--¡Ser objeto de risa, ser señalada, ser objeto de burla, ser llamada sucia—eso no es vergonzoso en absoluto! Las palabras de su abuelo.

Se habían arraigado en su corazón. Ahora las hacia caer sobre Haruhime.


--¡Lo verdaderamente vergonzoso es estar parada porque no puedes tomar una decisión! Los ojos de la Renart se abrieron de par en par.

--¡Aún no he escuchado lo que quieres!


Las palabras de Bell—y su mano derecha—llegaron aún más lejos. El grito:


--¡Quiero saber quién es la verdadera tú!

 


La voz del chico cortó el humo y las llamas que aún quedaban dentro del Jardín Flotante.


Resonaron en la noche bajo la luna llena. A medida que desaparecía en la distancia, todos los que estaban por encima de la débil nube roja sintieron un cambio en el viento.

Las Amazonas se quedaron en silencio. Haruhime encontró la mirada de Bell.


*Caer* Una solitaria lágrima rodó por su mejilla y cayo por su barbilla.


--… Haruhimeeee. Un nuevo sonido.

Una advertencia de Friné directamente detrás de su oreja.


Los hombros de Haruhime saltaron. Mirando al chico por otro momento, dejó caer la mirada al suelo. Su cuerpo, cabello y cola temblaban suavemente.

Sus labios se abrieron lentamente.


-- —<Crece.>


Y comenzó a cantar.


--¡GEGEGEGEGEGEH! ¡Eso funcionaraaaa!


Friné rió con gozosa burla. A pesar de la súplica del chico, la Renart comenzó a cantar en lugar de responderle.


--¡Haruhime-san…!


Bell hizo una mueca mientras ella cerraba los ojos con fuerza y continuaba el encantamiento.


--<Ese poder y ese buque. Mucha riqueza y muchos deseos. Hasta que la campana toque, por favor se glorioso e ilusorio.>

Ella se inclinó hacia adelante desde su pecho, como si le entregara algo a un destinatario invisible. La voz real de la Renart seguía creciendo.

--Llamarte a ti mismo Héroe no te llevara a ninguna parte. ¡Gegegegegeh! ¡Ahora te mostrare por qué!


La bella canción de Haruhime resonaba en todo el jardín mientras dos <Berbera> le daban a Friné una Gran Hacha de Guerra.

Las otras Amazonas tomaron eso como su señal. Las armas estaban siendo desenvainadas a la izquierda y derecha alrededor de Bell.

-- —<Crece.>


El intimidante choque de metal y las fuertes pisadas de los pies sobre la piedra se unieron al conjunto de sonidos que se arremolinaban dentro del jardín.

 


Las <Berbera> tensaron sus músculos y mostraron sus espadas bajo la luz de la luna.


De todas ellas, Aisha era la única que mantenía sus ojos fijos en Haruhime. Ella fue la única que notó algo extraño sobre el flujo de Poder Mágico que emanaba de la zorra de cabello dorado.

--<Este cuerpo que come las ofrendas divinas. Esta luz dorada otorgada desde arriba. Alcanza el martillo y regresa a la tierra, por favor dale una bendición.>

La energía de su hechizo pasó por encima de todos los miembros de su <Familia> y hacia e1 pecho del chico humano.

Con su encantamiento casi completo, una brumosa nube de Poder Mágico comenzó a girar alrededor de él.


--¡Alguien, detengan a Haruhime!


Justo después de que el repentino grito de Aisha llegara a los oídos de sus aliadas…


Un círculo mágico apareció por encima de la cabeza de Bell, mientras destellos de luz blanca caían alrededor de él como un velo.

El chico miró a su alrededor sorprendido. No fue hasta que vio por encima de su cabeza que lo vio: un pilar de luz—no, un martillo de luz sin mango formándose directamente sobre su cabeza.

Sintió el calor de su luz en su piel. Sus ojos se posaron sobre la Renart. Lágrimas rodaban por sus mejillas, pero ella estaba sonriendo.

-- —<Crece.>


Las <Berbera> finalmente se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y saltaron hacia ambos, pero no pudieron llegar a tiempo.

Porque el nombre de su Magia salió de los labios de Haruhime en ese momento exacto.


--<Uchide no Kozuchi>


El brillante martillo cayó, rodeando el cuerpo de Bell con una radiante luz.


La luz inundó su cuerpo y su espíritu con poder puro, como una inyección de adrenalina revitalizante. Una chispa se había encendido dentro de él, con cada copo de luz emergiendo a través de su piel.

--HAH—¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Las <Berbera> arrojaron a la basura la precaución y cargaron con sus armas al frente.


Una <Berbera> en particular blandiendo un Espadón cargaba directamente hacia Bell desde el frente. Su arma brilló ante los ojos de Bell, cuando repentinamente agarró su empuñadura.

--¿¡Huh!?


Salió del camino del arma y entró en el espacio de su oponente.

 


Haciéndola tropezar con su pie y golpeándola con su mano libre, Bell forzó el arma a hacer un amplio barrido. Todas las <Berbera> más cercanas fueron golpeadas hacia atrás.

--“ “ “ “ “ ¡GAH!” ” ” ” ”


Cinco <Berbera> golpearon el suelo mientras Bell ponía su otra mano en el Espadón que había pertenecido a su aliada. Ahora era suya.

Fue también en ese momento que Bell se dio cuenta de que los copos de luz que emergían de su cuerpo eran los mismos que habían salido de Aisha durante su batalla en el Calabozo. Esa era la última pieza del rompecabezas.

Magia de Haruhime, <Uchide no Kozuchi>.


Tenía el poder de concederle a su objetivo un <Aumento de Nivel> temporal.


Mientras estaba activa, la Magia le permitía al receptor moverse con poder y velocidad un Nivel por encima de su <Estado>. Esa era la razón por la que Ishtar mantuvo su existencia en secreto, por qué ella era su carta de triunfo contra la <Familia Freya>—<Impulso de Nivel>.

Lo que hizo que la Diosa de la Belleza se llenara de júbilo; había trabajado muy duro para ocultar la forma más poderosa de Hechicería.

La razón por la que Friné y las <Berbera> se negaron a dejarla ir era que poseía una Magia Rara tan poderosa que debería haber sido ilegal. Lo que Eina le había dicho en el Gremio, sobre el aumento repentino de fuerza y velocidad de Aisha e Ishtar llamando a Haruhime su as en la manga—todo tenía sentido ahora.

Friné y las <Berbera> se congelaron en su lugar. No había manera de detener el poder, que el poder de Haruhime, fluyera hacia Bell. Lo sintió, lo abrazó y estaba totalmente preparado para usarlo.

--¡A-ACABENLOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!


Más <Berbera> cargaron con un grito de batalla, pero Bell estaba listo para encontrarse con ellas de frente.


-- —¡¡FAAH!!


Una oscilación del Espadón mando a volar a varias de las guerreras Amazonas. Cada una gritando mientras sus pies dejaban el suelo, girando en espiral hacia un duro aterrizaje en la superficie de piedra.

Los ataques de Bell eran demasiado rápidos para que sus ojos pudieran verlos. El Espadón se había convertido en una pared que no podían romper y un arma que no podían bloquear. Chispas volaban en el aire, uniéndose a los puntos de luz que rodeaban a Bell mientras aún más <Berbera> eran derribadas. Las Amazonas Lv. 2 no tuvieron oportunidad, siendo eliminadas en un abrir y cerrar de ojos. Incluso quienes eran Lv. 3 que deberían estar en igualdad de condiciones con Bell fueron arrojadas a un lado como pañuelos de papel.

Haruhime le había otorgado las habilidades de un Aventurero Lv. 4, y no estaba dispuesto retener nada de eso.


--¡H-HARUHIMEEEEEEEEE!


--¡Uwah!


Friné rugió mientras la batalla unilateral se desplegaba frente a sus ojos.

 


Un destello dorado dentro de las rampantes Amazonas llamó su atención. Extendió su carnosa mano, agarró a la chica por el cuello y la levanto del suelo.

--¡Nos traicionasteee! ¡Deshaz la Magia, prostituta inútil! ¡Deshazla ahora!


Tan pronto como se desencadenara <Uchide no Kozuchi>, sus efectos durarían hasta que el tiempo se agotara o el lanzador decidiera terminarla. Incluso si Haruhime fuera dejada inconsciente o peor, la Magia no se desharía. Friné recurrió a la fuerza por desesperación, pero incluso entonces, la Renart no cedió.

Con su cuello crujiendo entre los musculosos dedos y sus pies balanceándose en el aire, Haruhime apretó sus ojos con fuerza. Sus mejillas brillaban bajo la luz de la luna, mojadas con más lágrimas.

Luchando por mantenerse consciente, forzó palabras débiles a través de sus labios temblorosos.


--¡No quiero vender mi cuerpo otra vez…! Lo dijo; esa chica tímida realmente lo dijo.

--¡No quiero herir a nadie nunca más…!


Asustada de los demás, aterrorizada del mundo, la frágil Renart reunió toda la emoción, cada deseo, cada agravio que había retenido.

--¡No quiero morir…!


Y lo puso en una palabra:


--¡Sálvame…! Pidió su ayuda.

--¡¡…!!


Él escuchó. Los ojos de Bell instantáneamente se centraron en ella.


Atravesando la horda de Amazonas, se lanzó hacia Friné con la fuerza de una bala de cañón a toda velocidad.


--¿¡Wha—!?


--¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!


La masiva Amazona apenas logró colocar su hacha en posición para bloquear el Espadón entrante. Sin embargo, el impacto la hizo volar hacia el centro del jardín.

Soltó a Haruhime a medio camino, mandando al aire a la indefensa chica. Bell extendió su mano para atraparla, pero una veloz sombra la alcanzó primero.

--¡Aisha-san…!


--…

 


Con Haruhime inconsciente en sus brazos, el largo cabello negro de la guerrera Amazona bailaba al viento detrás de ella. Sus estrechos ojos se centraban únicamente en Bell.

Un instante más tarde estaba en el aire, saltando hacia atrás en el aire para permitir que una nueva oleada de

<Berbera> atacara.


--¿¡S-Sangreeee…!?


Bell se enfrentó a las <Berbera> de frente para intentar seguir a Aisha. Al mismo tiempo, Friné se puso de pie y sintió algo inusual en su rostro.

La cuchilla de su hacha había hecho un corte profundo en su propia mejilla.


El ataque de Bell causó la lesión. Trazo lentamente la herida con sus gruesos y temblorosos dedos incrédulos.


--Mi hermoso rostro… ¿¡Esta SANGRANDOOOOOO…!? Todo su cuerpo se sacudió antes de erupcionar como un volcán.

--¡FUERA DE MI CAMINOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!


Se lanzó hacia adelante como una bola de demolición enfurecida, sacando a las <Berbera> fuera del camino mientras volaba en línea recta hacia el chico de cabello blanco. Bell se quedó inmóvil durante un momento mientras observaba cómo los cuerpos golpeaban el suelo de piedra a su paso.

La Gran Hacha de Guerra y el Espadón chocaron en una explosión de chispas un segundo después.


--… ¡…!


--¡Tenía una debilidad por ti, pero no maaaaaaas! ¡MORIRAS AHORAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! Alimentada por pura rabia, realizo una oscilación que mando a volar a Bell formando un arco.

Aterrizando cerca de la pared en el borde del Jardín Flotante, Bell apenas tuvo tiempo de ponerse en pie para bloquear el ataque de seguimiento de la Amazona.

--Ai-Aisha, ¿Qué hacemos? ¡Esos dos están casi fuera del jardín!


--Ese sapo… Ha perdido la razón por completo.


Friné condujo a Bell de regreso al puente en medio de fuertes enfrentamientos y una lluvia de chispas. A este ritmo, estarían en la torre principal antes de que cualquier otra <Berbera> pudiera ponerse al día. Una Amazona más joven vino a Aisha por órdenes.

Aisha observó la batalla por un momento antes de mirar hacia abajo la cabeza de Haruhime descansando sobre su pecho.

Rastros de lágrimas secas atravesaban las inconscientes mejillas de la Renart. Aisha cerró los ojos.


Luego colocó a la chica que había pedido ayuda por primera vez en su vida suavemente en el suelo y de inmediato se levantó de nuevo.

 


Justo cuando estaba a punto de emitir órdenes a las <Berbera> que todavía podían luchar—algo explotó.


--¿Qué fue eso…?


Buscando su fuente, Aisha corrió al borde del jardín para mirar por encima del Distrito del Placer.


× × ×

--¡Welf-sama, esa explosión hace un momento…!


Hestia y su <Familia> vieron el relámpago de luz salir del Jardín Flotante mientras corrían por las calles llenas de burdeles del Distrito del Placer.

Lili conocía ese sonido y había visto llamas de ese color muchas veces antes. Ella aceleró sus pasos para alcanzar a Welf e hizo contacto visual mientras corrían.

--¡Fuego Fatuo…!


Welf gimió entre dientes. Se dio cuenta de que era Poder Mágico fuera de control cuando lo vio.


Algo o alguien con Poder Mágico estaba en una situación lo suficientemente grave como para desencadenar un Fuego Fatuo en la parte superior del edificio detrás del palacio.

Hestia no perdió tiempo en declarar que Bell y Mikoto estaban allí. El grupo entero giró a la derecha y estableció rumbo directo hacia el <Belit Babili>.

--¡Alto ahí, intrusos!


--¡Tch, no de nuevo…!


Sin embargo, otro grupo de Amazonas les corto el paso a través del tercer distrito de Orario.


Ouka se quejó por la frustración al no hacer ningún progreso. Aun así, cargó a la batalla sosteniendo su hacha en alto.

--¡Por suerte, los oponentes no son lo suficientemente fuertes para abrumarnos!


--¡Sí, sus fuerzas se han esparcido demasiado…!


Lili disparó su Pequeña Ballesta para distraer a la Amazona más cercana mientras gritaba eso en un intento de elevar la moral. Chigusa añadió su propia voz desde el centro de la formación mientras saltaba a la batalla atacando con su lanza.

Las fuerzas de la <Familia Ishtar> se habían dividido entre la protección del Ritual de la <Piedra Asesina> y la captura de Bell. El patrullaje de las calles, la prioridad más baja, había sido asignado a las más débiles de las

<Berbera>. No pasó mucho tiempo antes de que Welf y Ouka se abrieran paso a través de las Amazonas Lv. 2 inferiores y Beastman y humanos Lv. 1 enviados a apoyarlas. Lenta pero seguramente, los guardias de patrulla cayeron al borde del camino.

 


Gracias a la increíble Magia Anti-Magia de Welf y al increíble trabajo en equipo de la <Familia Takemikazuchi>, el grupo se abrió paso a través de oleadas de enemigos.

--¿Podemos pasar esto?


Takemikazuchi llamó a Hestia desde detrás de la protección de sus dependientes. La Diosa, sin embargo, estaba en silencio y en profunda contemplación.

¿Por qué?—¿Por qué llegó a esto…?


El <Juego de Guerra> contra Apolo acababa de terminar. Entonces, ¿Por qué Bell estaba en la mira de tantos Dioses?

Por supuesto su rápido crecimiento pudo haber captado su interés… ¿Pero esto realmente era una coincidencia?


Welf y los demás se apresuraron a enfrentarse a la siguiente oleada de enemigos mientras Hestia recorría de nuevo la secuencia de acontecimientos en su cabeza.

--¡Fuera de mi camino!


El joven pelirrojo le gritó a las Amazonas que le bloquearon el camino—*KA-BOOM*


--¿Huh…?


Hestia, Lili, Welf y toda la Familia Takemikazuchi miraron por encima de sus hombros para encontrar la fuente de la última explosión.

Inmediatamente vieron una columna de humo saliendo de una dirección completamente diferente. Llamas se alzaban hacia el cielo mientras la columna de humo se elevaba aún más.

Fue la misma explosión la que atrajo la atención de Aisha en el Jardín Flotante. Un misterioso silencio continuó durante unos segundos antes de… *¡BOOM!* *¡KA-BOOM!* *¡BOOM!* *¡BOOM!*

Más explosiones vinieron de todo el Distrito del Placer—no, de todo el tercer distrito. Fue entonces cuando los primeros gritos llegaron a sus oídos.

× × ×

--¿¡Qué está pasando!?


Ishtar se había unido a la caza de Bell en el palacio principal cuando las explosiones comenzaron a desencadenarse en el exterior. Ella se apresuró a exigir un informe.

Sin su sirviente más fiel a su lado, se dirigió al primer miembro de su <Familia> que pudo encontrar. El desafortunado transeúnte cayó de rodillas y juntó las palabras apresuradamente.

--¡A-Algunos intrusos están atacando el Distrito de Placer…!


--¿Atacando…?

 


Haciendo una pausa por un momento en estado de shock, Ishtar salió corriendo del vestíbulo y se dirigió al balcón más cercano, desde donde podía ver todo el Distrito del Placer. Oleadas de aire caliente cayeron sobre su piel bronceada en el momento en que puso un pie en el exterior.

La condición de su territorio hizo que su mandíbula cayera.


Ruidos fuertes, destellos de luz, gritos y explosiones brotaban desde todos los rincones del Distrito Nocturno bajo la luz de la luna.

Incontables figuras humanas avanzaban por las calles, sus calles, bajo la cubierta del humo y la oscuridad. Sombras del ejército invasor de Aventureros destellaban en todas direcciones mientras nuevas explosiones se disparaban a su alrededor. Ishtar estaba sin palabras.

Su <Familia> estaba sitiada.


Los Aventureros invasores se movían rápidamente entre los burdeles. Los miembros de su <Familia> caían uno a uno con cada oscilación de una espada, cada lanzamiento de Magia, cada destello de una <Espada Mágica>. Ishtar podía verlo todo.

¿¡Qué es esto!? ¿¡Qué está pasando!?


Su mente corría mientras apretaba sus nudillos blancos en la barandilla del balcón.


Su voz temblaba mientras veía las llamas de la guerra danzando a través del Distrito del Placer.


--¿Q-Qué? ¡Nadie se atrevería a…!


Era la gran y poderosa Ishtar, líder de la temida <Familia Ishtar> de Orario.


¿Quién se presentaría con tantos guerreros, sin previo aviso, con las armas desenvainadas, y comenzaría una pelea con alguien tan poderosa como ella?

Hasta ahí necesito ir su tren de pensamiento. El color se dreno de su rostro.

--¿P-Podría ser…?


× × ×

--¡A-ATAQUE ENEMIGO!


--¡EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEK!


Gritos y alaridos atravesaban los edificios.


La luz de la luna y las ocasionales Lámparas de Piedra Mágica arrojaron la luz en el emblema dorado de una guerrera femenina desnuda de perfil—el símbolo de la <Familia Ishtar>.

 


Podían encontrarse armaduras desechadas y armas dispersas por las calles. Otro destello de acero hizo que otra

<Berbera> cayera de rodillas, con su escudo rodando hasta el centro de la calle y deteniéndose con el emblema de su <Familia> mirando al cielo.

Habían sido invadidas. Elfos, Enanos, Beastman, Hobbits, Amazonas, todo tipo de guerreros humanos y demi- humanos surgieron en el Distrito del Placer. Tomaron posiciones estratégicas, patearon barriles en las calles, avanzaron sobre los tejados y eliminaron la resistencia de las <Berbera> con una despiadada eficacia. Los hombres y mujeres invasores no intentaron ocultar sus rostros—sino todo lo contrario. Llevaban los bellos y hermosos rasgos que habían captado la atención de su Diosa como insignias de honor. Manejaban el poder que mantenían en su <Gracia> sin ninguna vacilación. Un Elfo con una lanza fluida, un Beastman con pulsante Poder Mágico en las palmas de sus manos, un Enano con un martillo de guerra que lo ensombrecía en tamaño— ninguno de ellos le mostraba misericordia a la oposición.

Enjambres de no combatientes y prostitutas corrían por sus vidas ante este asalto unilateral. Los clientes masculinos, literalmente atrapados con los pantalones abajo, se encogieron de miedo mientras los invasores apuntaban sus armas solo hacia aquellos que intentaban impedir su avance.

× × ×

--¿E-Eina? ¡EINA! Un gran problema—¡Realmente, realmente es un GRAN PROBLEMA!


—El ataque estaba siendo monitoreado desde la Sede del Gremio al noroeste del Distrito del Placer.


Sorprendida por el pánico en la voz de su compañera de trabajo desde el exterior, Eina saltó de su escritorio y fue a reunirse con ella. No estaba preparada para lo que le esperaba.

Uniéndose a las masas de empleados del Gremio que se habían reunido en el jardín delantero, Eina vio que cada par de ojos estaba pegado a los destellos de la luz Mágica, nubes de humo y el resplandor rojo anaranjado que emergía del sureste.

--Esa dirección—¿El Distrito del Placer…? Podría ser—¿¡El <Belit Babili> está ardiendo!?


Eina encontró a su compañera de trabajo Misha yendo y viniendo entre el personal del Gremio charlando nerviosamente. Al acercarse a ella, Eina lanzó su inestable mirada verde esmeralda hacia el pandemónium del otro lado de Orario.

--¿Un ataque? ¿Qué <Familia> sería lo suficientemente poderosa como para lanzar una ofensiva contra Ishtar- sama?

Eina pensó en voz alta, incapaz de sacudir su incredulidad. Entonces una revelación la golpeó como la descarga de un rayo.

--No puede ser…

 

 

× × ×

--No puede ser…


Otros Dioses que vivían en Orario vieron las llamas que se elevaban desde el sureste.


--No hay forma…


Algunos miraban desde sus sedes; otros subieron a la cima de los edificios altos para una mejor mirada.


--Ella no lo haría…


Desde el Distrito de Comercial, desde los distritos de producción, desde puestos comerciales, Dioses jóvenes y viejos observaban desde lejos.

--¿Podría ser eso… Ganesha?


Todos los Dioses tuvieron la misma reacción que Eina. Una Diosa de cabello bermellón observaba desde la torre más alta de su sede, la <Mansión del Crepúsculo>. Sus ojos delgados se abrieron más que de costumbre; Loki mantenía una aguda vigilancia sobre los acontecimientos ocurriendo en el lado opuesto de la ciudad.

Las ventanas debajo de ella se abrieron completamente mientras las cabezas de sus dependientes aparecían una por una. Se gritaban unos a otros, tratando de averiguar qué estaba pasando. Loki susurró para sí misma:

--Podría ser… ¿Freya?


Loki chasqueo su lengua ante ese pensamiento, sus ojos bermejos se abrieron más.


--Esa cabeza hueca, haciendo un movimiento…


× × ×

*Tap, tap*


El sonido de tacones altos en la piedra resonó a través de las calles llenas de gritos.


Los cuerpos de las Amazonas caídas cubrían las calles, con sus rostros iluminados por las llamas que llegaban hasta el cielo. Y sin embargo, su belleza logró permanecer intacta, un diamante viajando a través de la aspereza.

Con sus guerreros despejando un camino delante de ella, avanzó a través del Distrito del Placer a su propio ritmo.

--El Distrito del Placer está bajo nuestro control.


--El equipo de Ottar ha llegado al palacio.


Un hombre y una mujer aparecieron a su lado para ponerla al día.


Freya siguió caminando, sólo diciendo: “Ya veo”, sin mirar a los mensajeros.

 


Los invasores no mostraron ningún remordimiento por sus acciones. Viajaron hacia el norte por el tercer distrito ya sea con un aire de arrogancia o de resignación al saber que la voluntad de su Diosa era absoluta.

--Ambos, vayan al frente. Ese chico, debería estar allí.


Los ojos plateados de la Diosa permanecieron enfocados en su objetivo: el brillante palacio dorado a lo lejos.


La primera explosión no había alertado sólo a Hestia y a Takemikazuchi sobre la posición de Bell, le mostró a Freya a dónde ir exactamente.

--Pero, Mi Señora, tu escolta…


--Es innecesaria.


Freya no escuchó la preocupación de su dependiente.


--Eliminen a todos los que se interpongan en su camino. Y encuentren al chico. Esas fueron sus órdenes.

Ambos dieron una rápida reverencia y se fueron de su lado. Freya siguió caminando, acelerando.


Su largo cabello plateado se balanceaba en la brisa. Los sonidos de la batalla a su alrededor nunca cesaron. Rodeada de enfrentamientos, gritos y rugientes llamas, Freya continuó caminando por el centro de la calle, hasta llegar a lo que quedaba de la puerta principal del <Belit Babili>.

Pasando por un cráter con aleatorios postes de acero deformados cubriendo el suelo, Freya pudo sentir los rastros de Poder Mágico en su piel mientras pasaba por el jardín delantero y se acercaba al palacio. Entonces simplemente miro hacia arriba.

Sus ojos plateados vislumbraron a una Diosa de piel bronceada que la miraba con ojos de amatista desde un balcón.

Freya le devolvió el ceño fruncido con un mirada lo suficientemente amenazadora como para intimidar a un halcón, con una sonrisa helada en sus labios.

El rostro de la otra Diosa de la belleza adquirió un fantasmal tono de azul.


× × ×

—Habían transcurrido unos minutos desde que la <Familia Freya> inició la invasión.


--…


La montañosa figura del Boarman con el título de <Señor de la Guerra> estaba parado con una chica humana tendida inerte en sus brazos.

La banda de pelo que mantenía su cola de caballo negra en su lugar había desaparecido hace mucho tiempo, su chamuscado cabello suelto flotaba en la brisa. Había caído desde la parte superior del edificio detrás del palacio. El enorme hombre la vio a tiempo y la atrapó antes de que cayera al suelo.

 


--… Te auto-sacrificaste para proteger a tus aliados, ¿Verdad?


Fuego Fatuo—las marcas únicas de quemaduras internas le dieron a Ottar una pista sobre el destino de la joven. Ella permanecía inmóvil en su suave abrazo, con los ojos cerrados.

Las acciones de la chica le habían ganado el respeto del <Señor de la Guerra>. La acostó en el suelo y sacó un Elixir de su bolsa de Ítems antes de derramarlo cuidadosamente en su piel.

El cuerpo de la chica, que estaba a punto de desmoronarse debido a la gran cantidad y gravedad de sus heridas, comenzó a sanar en el acto. La vida volvió a arraigarse en ella.

--Hey, Ottar. Deja de jugar. No pierdas el tiempo con esa chica.


Un Catman—Allen—escupió detrás de él. Mirando fríamente a su aliado mientras pasaba, el Aventurero de Primera Clase giro una lanza sobre su muñeca.

Cuatro figuras más de 120 centímetros de altura surgieron de las sombras detrás de él: cuatro Hobbits. En la oscuridad se ocultaban otros dos pares de ojos, los de un Elfo y un Elfo Oscuro.

--Solo diremos esto una vez, Ottar.


--El chico que se ha ganado su favor—Bell Cranel. No nos gusta.


--Seguiremos la voluntad de la Diosa y eliminaremos todas las amenazas.


--Pero nos negamos a ayudarlo.


--… Hagan lo que quieran.


Los cuatro Hobbits no mostraron miedo al hablar francamente con el capitán de su <Familia>. Los otros tres no dijeron nada, su silencio indicaba que compartían la misma opinión. La expresión de Ottar permaneció estoica a pesar de la insubordinación de sus aliados. Sin embargo, trazo una línea.

--La Diosa Ishtar no debe escapar. Bloqueen las salidas.


--¿Y quiénes se interpongan en nuestro camino?


-- —Elimínenlos.


El tono de Ottar se mantuvo frio y recogido mientras guiaba al equipo de siete Aventureros hacia el palacio dorado.

El más poderoso equipo de batalla de Orario, compuesto por Aventureros de Primera Clase, entró en el <Belit Babili>.

 


× × ×

Rugientes llamas iluminaban las calles del Distrito del Placer en lugar de las rotas Lámparas de Piedra Mágica.


Las llamas trabajaron al unísono con otros Aventureros para aislar el tercer distrito, manteniendo todo en su interior. En efecto, eran las últimas horas de una antigua fortaleza orgullosa. Aún más explosiones seguían resonando en la distancia, señalando que la batalla aún no había terminado.

De todos los amplios distritos de Orario, el que había cedido al deseo y al adulterio ahora ardía de color rojo bajo la luna llena.

--Pensar que llegaría a esto…


Un Dios elegante estaba parado en la porción sureste de la muralla de la ciudad que envolvía todo el camino alrededor de Orario. Estaba parado frente a la pared de protección, mirando hacia abajo sobre la carnicería.

Con su sombrero de plumas plantado firmemente en su cabeza, Hermes observaba cómo las llamas se elevaban con Asfi a pocos pasos detrás de él.

--Quien le dijo a Ishtar sobre Bell en primer lugar no fue otro… más que yo…


Las palabras salieron de la boca de Hermes, con sus ojos trazando el círculo de llamas alrededor del una vez prospero distrito.

Su cabello anaranjado se ondeaba en el calor abrasador, con el infierno precisamente establecido reflejado en sus ojos naranjas. Sus respiraciones eran cortas, como si estuviera luchando por contener las lágrimas.

--Soy la razón por la que todo esto pasó… Ahh, ¿Qué es esta culpa perforando mi pecho…?


Abrió los brazos y los sacudió, como si intentara limpiarse a sí mismo. El Dios miró hacia abajo y silenciosamente juntó sus manos frente a su pecho.

Directamente detrás del Dios, su dependiente miraba su espalda con una fría mirada a través de sus gafas. Ella suspiró para sí misma en el mismo momento en que la luz de una gran explosión cayó sobre ellos.

--Entonces, ¿Cuánto de esto fue de acuerdo al plan?


Hermes levantó la cabeza y miró por encima de su hombro. Una sonrisa inconfundible creció en las comisuras de sus labios.

El aura de remordimiento había desaparecido. Dejando caer el dramático acto, Hermes se dio la vuelta para mirar a Asfi y dar su respuesta.

--En primer lugar, yo no estaba tratando de hacer que sucediera algo en esta escala. Sólo pensé que algo interesante podría ponerse en movimiento si proporcionaba una chispa… Eso es todo.

Los ojos de Asfi se crisparon, una afirmación de que estaba manteniendo su opinión para sí misma. Hermes había sembrado las semillas.

 


Todo lo que hizo fue decirle a Ishtar sobre Bell bajo interrogatorio.


Todo lo que hizo fue alertar a Freya debido a la preocupación por la seguridad de Bell. Eso fue todo. Eran semillas muy pequeñas en el panorama general.

Hermes volvió a darse la vuelta para ver cómo se desarrollaban las batallas entre las llamas y la luz de la luna.


--No estoy diciendo que están bailando en la palma de mi mano. Esto superó completamente mis expectativas. Los celos de Ishtar eran mucho más intensos de lo que esperaba, así como que Freya-sama estaba más apegada a él de lo que pensaba.

No tenía idea de que algo tan grande sucedería tan pronto. Su sonrisa se hacía más amplia con cada palabra.


--Bueno, incluso los mejores planes fallan, ¿Sabes? Nada es más aterrador que una Diosa celosa, ¿Verdad, Asfi?


--…


Su voz estaba llena de emoción. Asfi siguió mirando la parte posterior de la cabeza de su Dios, pero no dijo nada.

--Pero lo más importante… La buena naturaleza de Bell superó mis sueños más salvajes. Hermes miró al palacio en medio del tercer distrito de Orario y entornó los ojos.

La única información que le había dado a Bell era la existencia de la <Piedra Asesina>. Bell descubrió el resto por su cuenta sin que se le dieran ninguna pista.

Lo más probable es que Freya no hubiera hecho nada si Bell hubiese escapado de la mano de Ishtar. El curso de los acontecimientos de hoy cambió dos o tres veces basado en las acciones de Bell por sí solo—y el chico no tenía ni idea.

Sólo fue a salvar una Renart que no podía abandonar.


Pero no imprudentemente. Bell estaba dispuesto a perderlo todo.


Asfi escuchó a su dios. Dejó que sus palabras se hundieran por un momento antes de hacer una pregunta.


--¿Tu intención era destruir a la <Familia Ishtar> o entretenimiento? ¿O tal vez fue… una prueba? Hermes escuchó su pregunta.

Pero eligió sonreírle en lugar de responder.


--Personas, Dioses… Todos están buscando a una chica así. Cada existencia. En la base de la muralla de la ciudad…

Cientos de humanos y demi-humanos pasaban corriendo en un desesperado esfuerzo por escapar del Distrito del Placer.

Los muchos Dioses observaban desde lejos el Distrito del Placer.

 


Y una chica Renart todavía yacía inconsciente en el Jardín Flotante.


Hermes levanto los brazos mientras lo tomaba todo—la batalla que seguía rugiendo en el tejado del palacio entre una masiva mujer y un chico de cabello blanco. Entonces Hermes hizo su punto.

--El mundo quiere un Héroe.


La última de las Tres Grandes Misiones: el Dragón Negro. Una oscuridad que se cernía sobre la ciudad.

Y la raíz de todo esto, el Calabozo.


Estaba oculto por un velo de paz, pero en realidad había una bomba de tiempo para completar la destrucción acechando en medio de ellos.

Hermes declaró que lo que el mundo necesitaba, anhelaba, era el nacimiento del verdadero Héroe.


--En cuanto a quien puede salvar al mundo de este trágico destino… yo elijo a Bell.


--¿No es alguien de la <Familia Loki>? ¿Ni siquiera de la <Familia Freya>?


--Así es.


Envuelto en la oscuridad de la noche, Hermes finalmente le dio a Asfi una respuesta directa, a pesar de no darse la vuelta para mirarla.

El Dios continuó mirando las llamas, hablando con nadie en particular, como un monólogo.


--Zeus, yo, Hermes—no, Orario en su conjunto—terminaremos lo que no pudiste. Con una sonrisa elegante emergiendo en sus labios, Hermes miró al cielo.

--Lo convertiremos en el último Héroe. Entonces—

Hermes inclinó su sombrero hacia el cielo antes de volver su mirada al distrito ardiente. Sus ojos se estrecharon.


--Y para que eso suceda… Ishtar, y todos los niños que te siguen, por favor conviértanse en sus primeros peldaños. ¿Qué? No es como si no fueras a morir.

Si era por el Héroe…


Hermes no tuvo ningún reparo en usar los celos de una Diosa a su favor.


Hermes vio cómo las llamas engullían aún más el campo de batalla alrededor del chico, con una cruel sonrisa en su rostro.

--Uh-oh… parece que ella se dio cuenta. Será mejor salir de aquí antes de que se enoje. Lejos en la base del palacio, dos orbes plateados estaban dirigidos en su dirección.

 


Hermes se apresuró a cubrirse el rostro con su sombrero de plumas, y rompió el contacto visual tan pronto como la Diosa de la Belleza notó su presencia.

“Que miedo, que miedo” murmuró para sí mismo con una sonrisa, y dejó su lugar en la muralla de la ciudad detrás.

--… Zeus, estoy apostando todo en esa luz blanca.


Ese brillante resplandor que derroto a un Jefe de Piso. La cegadora y pura alma del chico.


Para Hermes, no era más que un signo de las cosas por venir—el <Mito de la Familia> del chico. Con esas palabras, Hermes le dio la espalda al campo de batalla.

Las llamas de la guerra se elevaron al cielo, tiñendo los cielos de un rojo brillante.





Capítulo 07 – La Guerra de la Diosa


Gritos de agonía llenaron el Distrito Nocturno.


Lo que una vez habían sido bulliciosas calles totalmente equipadas para satisfacer los deseos exóticos de sus muchos clientes ahora era un conjunto de estructuras humeantes. Los edificios afortunados tenían agujeros masivos y largos cortes en sus paredes exteriores; el resto no eran más que montones de escombros en este punto. Incluso la zona roja había sido destrozada. El aire estaba cargado con el misterioso residuo de Poder Mágico gastado. Los árboles Ajura sobrevivientes estaban inclinados y se balanceaban en las olas de calor procedentes de las llamas cercanas. Ráfagas de viento llevaban las chispas entre sus pétalos azules.

Desprovistas de actividad humana, las prostitutas que no habían escapado a tiempo estaban en poder de los invasores a punta de espada en un patio abierto.

Otras áreas del Distrito del Placer todavía estaban en caos; los chillidos de las aterrorizadas prostitutas y el choque de espadas no cesaban.

Las llamas de la guerra se extendieron por todo el tercer distrito de Orario, acercándose cada vez más al palacio en su centro, el <Belit Babili>.

--¿Q-Qué pasó aquí…?


Hestia susurró para sí misma. Su grupo finalmente se había abierto paso hacia el vestíbulo principal del primer piso del palacio. La joven Diosa se olvidó de respirar al ver con sus propios ojos la magnitud del daño.

Faltaban pedazos del piso y de las paredes de piedra blanca, había pilares decorativos colapsados y tirados en el suelo como árboles caídos.

Los cuerpos de guerreras Amazonas gravemente heridas estaban mezclados en los escombros. Juzgando por sus posiciones, Hestia pensó que las Amazonas no habían tenido oportunidad contra sus atacantes. La batalla todavía estaba en su apogeo fuera del edificio. Chigusa y el resto de la <Familia Takemikazuchi> estaban demasiado atónitos para hablar. Lili tragó el aire en su garganta antes de decir lo más calmadamente posible:

--Probablemente es una incursión. Pero, ¿Qué <Familia> atacaría…? Hestia escuchó atentamente a su dependiente pensando en voz alta. Takemikazuchi miró a la Diosa con una expresión sombría.

Ella se encontró con su mirada y ambos asintieron a regañadientes.


Habían visto a los atacantes en el camino—más específicamente, habían visto el emblema grabado en sus armas y armaduras. Hestia sabía que no podía negarlo.

--¡Freya, hizo un movimiento…!

 


× × ×

El sonido de una espada perforando una armadura, seguido de cerca por la salpicadura de sangre en el piso, resonó a través de los pisos más altos del palacio.

--¡A-Ayuda… me…!


La gravedad sacó su cuerpo de una hoja negra. Separada de su equipo, una sola Berbera cayó al suelo. El elfo oscuro no escuchó sus súplicas, observando silenciosamente como un charco de sangre se extendía a sus pies.

--Hegni, no las mates.


Llegó la voz aguda de un Elfo desde el pasillo. Los cuerpos de más <Berbera> yacían en el suelo detrás de él, temblando de dolor o completamente inmóviles. Una de ellas luchaba para mantenerse de pie, pero su cuerpo lesionado se negaba a cooperar. El Elfo se dio la vuelta, extendió su mano, murmuró un hechizo de disparo extremadamente corto, y sin misericordia envió un poderoso relámpago a su pecho. La Magia la golpeó con tanta fuerza que su cuerpo convulsionándose atravesó la pared, dejando atrás un enorme agujero. En el suelo y en las paredes aparecieron marcas de quemaduras irregulares tan pronto como el polvo se aclaró.

--¿¡L-Los Cuatro Caballeros de la Llama Dorada… <Bringar>…!?


En un piso diferente, cuatro jabalinas atravesaron cada extremidad de una aterrorizada guerrera Amazona.


Los tacones de cuatro botas chocaron contra su torso un momento después, derribando las jabalinas y enviando a la Aventurera Lv. 3 a estrellarse contra el suelo. Cuatro Hobbits, cada uno equipado con armadura y cascos, se separaron para ocuparse de sus objetivos restantes. El resto de las Amazonas fueron lanzadas a través de las paredes, se estrellaron contra el suelo o rebotaron en el techo en cuestión de segundos. Ninguna de ellas pudo darles pelea.

Los cuatro avanzaron hacia una escalera al final del pasillo que conducía a un pasillo exterior. Uno de ellos, llevando sobre su hombro un Martillo de Guerra que era más alto que él, sonrió—*¡SLAM!* *¡¡CRASH!!* La escalera no era más que un montón de madera y piedra en el fondo del pasillo cuando el polvo se disipo.

--Todas las escaleras en la parte trasera del palacio hasta el 20º piso han sido demolidas.


--A continuación, todos los combatientes que estén en pie. Eliminen todas las opciones de la Diosa Ishtar.


Los cuatro Hobbits se reunieron para confirmar su estrategia antes de separarse. Desaparecieron en pasillos separados, corriendo en la oscuridad.

Las fuerzas restantes de Ishtar dentro de la mitad inferior del palacio no pudieron sostener sus posiciones, sus gritos de dolor resonaron a través de los pasillos del <Belit Babili> como campanadas del reloj.

 


× × ×

-- —¡Hey, grandote! ¿Vamos por el camino correcto?


--¡No tengo ni idea! ¡Cada escalera está en pedazos!


En un piso diferente, Welf y Ouka corrían a través de habitación tras habitación con sus armas desenvainadas.


Al igual que en el Distrito del Placer, ambos se quedaron boquiabiertos ante el nivel de destrucción mientras se abrían paso a través del palacio con los otros siguiéndolos. Agradecidos de que los misteriosos invasores no les habían prestado atención, cortaron a través del caos y pánico que se había apoderado del <Belit Babili>.

--¿¡…!?


--¡Una <Berbera>!


Una de las prostitutas guerreras apareció delante de Welf y Ouka. Habían logrado evitar encontrarse con enemigos desde que entraron en el edificio principal, pero su racha de suerte había llegado a su fin.

Sin embargo, la Amazona ya había visto una gran cantidad de batalla.


Con sangre fluyendo de los cortes frescos en todo su cuerpo, sostenía un largo garrote en su mano izquierda mientras que con su mano derecha sujetaba el costado de su pecho.

Respirando entrecortada y superficialmente, estaba parada justo en frente de la entrada de la habitación contigua.

--Wa—¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Sus ojos inyectados en sangre se abrieron de par en par mientras cargaba hacia delante, con una mezcla de poder y desesperación.

Oscilo el garrote por encima de su hombro como un tigre lanzando un zarpazo. Ouka logró absorber el golpe usando su hacha como escudo. Sin embargo, no pudo resistirlo y se tambaleo hacia atrás.

--¡Grandote!


--¡Ésta es Lv. 3!


El dolor que atravesó las manos de Ouka casi le hizo soltar el hacha. Welf saltó hacia adelante para protegerlo, pero fue mandado al suelo por la siguiente oscilación de la Amazona.

Welf había agotado su suministro de materiales haciendo <Espadas Mágicas> para el <Juego de Guerra>. No había habido oportunidad de reaprovisionarse y de hacer más después de mudarse. “¡Maldita sea!” murmuró, deseando tener algún modo de superar la diferencia de nivel que lo miraba a la cara. La sola presencia de la Amazona era abrumadora—pero repentinamente, una pared cercana explotó hacia el exterior.

--¡…!


--¡…!

 


--¡…!


Ouka, Welf y su oponente observaron con sorpresa como las astillas de madera y trozos de piedra volaban hacia el centro de la habitación.

Un Amazona se deslizó hasta los pies de Welf entre los escombros.


--No mereces mi tiempo, puta.


Un Catman apareció detrás del agujero en la pared, mirando el cuerpo de la mujer en el suelo.


Sangre fresca goteaba desde la punta de la larga lanza en su mano derecha, desnudando sus cortos colmillos con desprecio. El Aventurero de corta estatura rápidamente noto a la congelada Amazona aun consciente en medio de la habitación.

--HYE—¡HYYEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!


Ella lanzó su garrote a un lado y se precipito hacia la salida. Pero el Catman fue más rápido.

Se volvió borroso para los ojos de Welf y Ouka. En un momento estaba fuera del agujero de la pared; en el siguiente, el extremo romo de su lanza envió a la Amazona a través de un muro diferente. Era exactamente lo que había sucedido momentos antes, sólo que esta vez pudieron ver cómo sucedió. Los humanos parpadearon unas cuantas veces con incredulidad.

Los ojos del Catman se movieron en su dirección.


--Entonces, ¿Quiénes son ustedes?


Su aura era tan intimidante que ninguno de los dos podía abrir la boca para hablar. Se centró en Welf, y juzgando por su equipo y la atmosfera sobre el joven humano, correctamente adivino que era un herrero. El Catman no estaba contento.

--Los herreros pertenecen a una fragua… Ve a oscilar tu martillo, peón.


--Wha… ¡Di eso otra vez, pedazo de mierda!


El orgullo de Welf como herrero lo enfureció. El Catman lo ignoró, ni siquiera miró hacia él mientras salía de la habitación.

Sólo el primero de sus suaves pasos pudo escucharse mientras el Catman desaparecía por el más reciente agujero en la pared. Welf hervía de rabia, pero Ouka estaba asombrado.

--Lv. 6, <Vana Freya>… Allen Fromel.


El nombre del Aventurero de Primera Clase perteneciente a la <Familia Freya> salió de la boca de Ouka.


Una sensación de impotencia se apoderó de Welf mientras avanzaba tambaleándose y golpeaba la pared con un

*Thud*.

 


× × ×

--N-No… Inconcebible.


Ishtar soltó la barandilla del balcón, negándose a creer lo que acababa de ver. Recuperándose del shock, corrió hacia el interior.

La visión de su agravada Diosa envió una oleada de miedo a través de los guardias todavía en su habitación.


--¿Dónde está Friné? ¿Ya terminó el ritual?


--¡N-No ha habido ninguna palabra! ¡Ninguno de los mensajeros ha venido…! El primer guardia en su línea de visión respondió por reflejo.

Eso sólo sirvió para irritar a Ishtar aún más mientras buscaba respuestas desesperadamente.


¿Por qué Freya había elegido atacar ahora?


Incluso si Hermes le hubiera alertado sobre la presencia de la <Piedra Asesina>, no había manera de que el mensajero pudiera saber sobre la Hechicería de Haruhime—el <Impulso de Nivel> todavía debería ser un secreto. Que Freya atacara preventivamente no tenía sentido.

--… Bell Cranel, ¿Entonces?


¿La Diosa de la Belleza de cabello plateado realmente estaba tan apegada al chico?


¿Apegada a tal punto que secuestrarlo era algo por lo que haría todo lo necesario, incluyendo la guerra, para castigarla?

--¿¡Esa zorra está haciendo esto por… un niño!?


—¡¡Eso es una locura!! ¡Un absurdo disparate!


Los puños de Ishtar temblaban mientras su corazón gritaba incrédulo. Ella había estado jugando una broma, tratando de ser una espina en el costado de Freya, y sin embargo, esa broma había golpeado el nervio equivocado. Sin embargo, ya era demasiado tarde.

¿Qué hago? ¿Qué hago?


Las ruedas en su mente giraban, yendo más y más rápido. ¿Debería ocultar la <Piedra Asesina> y a Haruhime, y luego reunirse con Friné y las otras para protegerse? ¿O debería escapar de su sede arruinada—no, de Orario por completo? No sabía qué camino tomar.

Ishtar estaba tan atrapada en su propio dilema que sólo ahora notó la falta de gritos de guerra en la planta baja.


--¿Huh? ¿Q-Qué pasa?


Las <Berbera> a las que les tenía más afecto, quienes debían defenderla en este momento de necesidad, estaban en silencio.

 


Ishtar se dirigió a la parte superior de la gran escalera del 31º piso. Mirando hacia el mismo lugar de su segundo encuentro con Bell Cranel, se inclinó sobre la barandilla y les llamó.

Su voz resonó a través del inquietante silencio que rodeaba los pilares ornamentados que decoraban la amplia habitación de abajo.

Hasta que… *Tap, tap*


Tacones altos sobre piedra anunciaban la presencia de otra Diosa.


--No…


Los ojos amatista de Ishtar se abrieron lo más anchos que podían, mientras mechones de cabello plateado y una siniestra sonrisa salían a la luz.

Dos ojos plateados que no parpadeaban estaban clavados en ella. Freya movió sus largos flequillos plateados detrás de su oreja.

--Ha pasado un tiempo, ¿Verdad, Ishtar? Desde la última <Reunión de Dios>, creo. ¿Has estado bien?


--¿F-Freya…?


--Odio ser grosera, pero hay algo que debemos discutir. No—más como un último adiós.


Ishtar se ahogó con sus propias palabras. La sonrisa no dejó los labios de Freya mientras daba a conocer sus intenciones.

La Diosa estaba sola, su escolta no era visible. Viendo esto, Ishtar se giró bruscamente hacia sus propios guardias y gritó con todas sus fuerzas:

--¡C-Captúrenla! Hagan que esa mujer se arrodille delante de mí. ¡Ustedes dos!


Les ordenó a sus últimos guardias personales, un hombre y una mujer humanos, que atacaran.


Ambos habían estado esperando silenciosamente, manteniendo sus ojos bajos. Ambos se precipitaron hacia delante, bajando la escalera en un abrir y cerrar de ojos.

Freya ya estaba en medio de la habitación, vulnerable por todos lados. Los guardias de Ishtar sacaron sus armas y cargaron hacia delante—y redujeron su velocidad.

--¿¡…!?


El hombre fue el primero. Su cuerpo se estremeció en el momento en que puso sus ojos en la Diosa de cabello plateado, y cayó de rodillas.

La Diosa sonrió mientras la mujer guardia se tambaleaba en su lugar, como una persona borracha tratando de insistir en que no había nada malo. Freya caminó tranquilamente hacia la joven y le susurró algo al oído.

Todas las articulaciones en el cuerpo de la humana cedieron mientras se desplomaba como una muñeca de trapo.

 


El guardia hacia todo lo posible por ponerse de pie, pero sus piernas no obedecían. Se desesperaba cada vez más a cada segundo. Freya se acercó a él y suavemente paso sus dedos por su mejilla. El cuerpo del hombre se estremeció antes de caer de cara al suelo.

--¡M-Mis niños…!


—Habían sido Encantados. Ishtar ni siquiera pudo terminar su propia frase.


La misma escena debió haber ocurrido muchas veces. Los destellos de luz que venían desde afuera revelaron un largo rastro de cuerpos inmóviles detrás de la Diosa de cabello plateado, cada uno de ellos Encantados hasta la sumisión.

Hombre o mujer, no importaba. Ninguno de los dependientes de Ishtar pudo evitar que Freya derritiera sus corazones.

--Todos son muy lindos, Ishtar.


--¡Hyeeeee…!


Dándoles la espalda a los guardias caídos, Freya se dirigió al pie de la escalera.


Ishtar ya no podía esconder el miedo que amenazaba con abrumarla. Con un lastimoso chillido escapando de sus labios, se precipito hacia el 32º piso.


× × ×

--¿Esta ardiendo…?


La guerrera Amazona susurró débilmente mientras contemplaba el campo de batalla desde el borde del Jardín Flotante.

No había pasado mucho tiempo desde que escucho la primera explosión.


Ahora el humo se acercaba a ella como la marea que se aproximaba. Ya estaban rodeadas, y su sede estaba bajo asedio.

Cada grito de dolor de una de sus parientes en su territorio se sentía como una espada a través del corazón para cada <Berbera> todavía en el techo.

--¿Q-Qué hacemos, Aisha…?


Una joven Amazona con su largo cabello envuelto en muchas bandas le preguntó a Aisha con una temblorosa voz a punto de llorar.

--No podemos llegar a Ishtar-sama… Nadie llegara a ella en una pieza.


Aisha frunció el ceño mientras otra de las <Berbera> gemía en desesperación.


Todas las Amazonas esperaban en el borde del jardín las siguientes palabras de su líder.

 


--... La <Familia Ishtar> está tan buena como muerta. Lena, saca a las demás de aquí. El hecho de que el ejército de Freya había invadido primero selló su derrota.

Con su declaración golpeándolas, las <Berbera> bajaron la cabeza en silencio.


--Las demás… ¿Y tú, Aisha?


La gruesa cola de caballo de Lena se balanceaba alrededor de su cintura mientras se precipitaba hacia su amada líder.

--¿Yo? Me quedare aquí.


Aisha rompió el contacto visual con la chica y dirigió su mirada hacia el altar. Haruhime todavía estaba allí, inconsciente en el suelo de piedra.

--Tengo una cuenta pendiente.


Un pesado ruido metálico resonaba desde arriba. Cada <Berbera> miró hacia el techo del palacio principal a gran altura.


× × ×

Aún más choques de metal contra metal chirriaban hacia el cielo azul oscuro. La luna iluminaba las nubes como una lámpara detrás de muchos tonos intrincados.

Dos figuras chocaban contra los toldos, los techos y la pared exterior del palacio, destruyendo fragmentos a lo largo del camino.

Una Gran Hacha de Guerra cortó el aire hasta que su ímpetu fue detenido por un Espadón oscilándose hacia arriba. Una explosión de chispas estallaba cada vez que las armas se chocaban entre sí.

--¡¡Gwah!!


--¡¡NuRAAH!!


El duelo de Bell y Friné había llegado al punto más alto del <Belit Babili>. No había nada entre su batalla y los cielos de arriba.

Ishtar había adaptado el punto más alto de su fortaleza con muchas plantas exóticas y una extravagante característica de agua que incluía un manantial. Era, sin duda, un espacio apropiado para una Diosa. Sus aposentos estaban en medio de un espacio que rivalizaba con el Coliseo. Ahora no era nada más que el ojo de la tormenta mientras la batalla rugía alrededor de él.

Bell absorbió otro golpe hacia abajo del hacha y la guio con seguridad al costado con el Espadón. Reforzando sus músculos para resistir el impacto, giró hacia adelante, hacia su oponente y condujo la cuchilla hacia su pecho.

 


Friné fácilmente saco el arma del camino y oscilo la suya. El Espadón de Bell regreso a su posición a tiempo para bloquear su contraataque.

--¡GEGEGEGEGEGEH! ¡Baila para mí!


El corte en su mejilla se abrió un poco más ancho cuando una sonrisa enloquecida creció en sus labios. Los ojos de Friné no parpadeaban.

Con una implacable rabia corriendo por sus venas, la masiva Amazona se movió para otro ataque con una gozosa sed de sangre en sus ojos.

--¿¡¡No es asombrosa la Hechicería de Haruhime~~~~~~~!!?


Gracias a su Magia, <Uchide no Kozuchi>, Bell era capaz de mantenerse al día con Friné golpe por golpe. La Amazona estaba en lo cierto, el <Impulso de Nivel> de Haruhime le había otorgado un poder increíble.

Sin embargo, no era perfecto. Mientras que la velocidad de Bell estaba a la par con ella, aun así ella tenía todas las otras ventajas.

Incluso con la ayuda de una Magia que debería ser ilegal, Bell no podía superar la pared que lo separaba de los Aventureros de Primera Clase.

Bell apretó los dientes mientras trataba desesperadamente de usar su <Estado> elevado para contener la serie de ataques procedentes de una de los más poderosos combatientes de Orario.

--¡¡Con ese tipo de poder, el Lv. 6 no significa nadaaaaa!! ¡Hace que la <Princesa de la Espada> sea una simple chicaaaaa!

--¡…!


Sólo la rápida combinación de pasos de Bell le permitió protegerse contra los ataques de Friné. Hirviendo de frustración, la Amazona lanzó a una diatriba verbal, manteniendo la presión.

Sus ojos y labios se crispaban con cada oleada de cólera creciendo gradualmente.


--¿Esa pequeña monigote, la Aventurera más hermosa de Orarioooo? ¡Y una mierda lo es!


--… ¡…!


--¡La forma en que luchas, me está molestando más y más a cada segundo! ¡Su sombra está en cada evasión!


Así como Ishtar guardaba rencor contra Freya, Friné tenía el mismo tipo de desprecio feroz hacia la espadachín más fuerte de Orario.

El furioso fuego dentro de ella tenía dos fuentes: la chica de cabello rubio y ojos dorados que podían pasar por los de una Diosa y el hecho de que esa insignificante humana la había superado alcanzando el Lv. 6. No era ninguna sorpresa que pudiera ver los efectos de las enseñanzas de Aizu en los movimientos de Bell. Los celos de Friné alimentaron su furia hasta el punto de ebullición.

--¡¡Con ese poder, podría pisotear a esa ALIMAÑA HASTA HACERLA POLVOOOOO!!

 


Agarrando su hacha con ambas manos, Friné desató una oscilación con toda la intención de aplastar las visiones de Aizu—junto con Bell.

Saltó a un lado en el último segundo, y escombros de piedra explotaron desde el lugar donde el hacha cayó. Ignorando el nuevo agujero masivo en el suelo, Bell miró a su oponente.

La chica a quien tenía en la más alta estima, la persona que admiraba, acababa de ser insultada. Un nuevo fuego ardió intensamente dentro de Bell mientras gritaba con todas sus fuerzas, cargando hacia su enemigo con su Espadón al frente.

--¡UWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!


--¡Nuh!


La oleada de ataques de Bell obligó a Friné a entrar en una posición defensiva por primera vez.


Ella levantó su hacha para protegerse contra su arma robada moviéndose desde todos los ángulos imaginables entre los intermitentes puntos de luz que rodeaban al chico. Su gran figura temblaba cada vez que sus cuchillas chocaban.

Bell concentró toda su fuerza en una oscilación diagonal para infligir tanto dolor como fuera posible. Una Friné con los ojos abiertos salió del camino en el último momento, pero perdió el equilibrio mientras una ola de escombros llovía sobre ella.

-- —¡No te pongas engreidoooo!


--¡…!


Ella golpeo fuera del camino el ataque de seguimiento de Bell. Al momento siguiente, su cuerpo se volvió borroso.

Con su arma por encima de su cabeza, el pecho de Bell estaba completamente expuesto. Friné enterró su pie entre sus costillas con una poderosa patada frontal.

--¡GaWAH!


A pesar de saltar a tiempo para evitar un golpe fatal, Bell fue lanzado a través de la cerca de hierro que rodeaba el jardín privado de Ishtar. La cerca se desmoronó bajo la fuerza del impacto. Sin nada que detener su caída, Bell cayó del borde, hacia el suelo muy abajo.

--¡GEGEGEGEGEGEGEGEGEH!


Una croante risa llenó el aire. Friné estaba lista para saltar tras él para asestar el golpe final. Sin embargo, el sonido de alguien llamándola llegó a sus oídos justo antes de que pudiera.

--¡F-Friné! ¡Ishtar-sama está en problemas—sálvala!


--… ¿A-AhhNNN?


La Amazona se dio la vuelta justo cuando dos <Berbera> emergían sobre el techo desde una escalera.

 


Sin aliento, ambas Amazona se precipitaron a su lado en pánico.


Exhalando por su nariz, Friné las ignoró. Dándoles la espalda, vio por primera vez el Distrito del Placer y se congeló en su lugar.

--¿Qué diablos está pasando…?


Muchas columnas de humo emanando de la ciudad se reflejaron en sus ojos saltones mientras de alguna manera encadenaba su rabia.

Friné finalmente notó que algo muy malo estaba sucediendo alrededor de su sede.


--¡Ahí tienes! ¿Dónde has estado?


--Cuida tus palabras, alimaña. Ahora dime—¿Qué es todo eso?


--¡N-Nuestro territorio, el Distrito del Placer, fue invadido…!


Friné escuchó con incredulidad mientras ambas Amazonas la ponían al día.


Repentinamente, las tres mujeres se quedaron en silencio cuando sintieron la presencia de alguien más en el techo.

--… ¿…?


Venía del lado opuesto del jardín. Las <Berbera> estaban en el lado este del techo; el recién llegado emergió desde el lado oeste.

Con la luz de la luna bloqueada por las nubes pasajeras, el recién llegado estaba envuelto en la oscuridad.


-- —Así que este es el punto más alto.


Una voz baja masculina salió de una figura descomunal.


Era por lo menos una cabeza más alto que Friné quien era de dos metros de altura. Las tres Amazonas vieron al musculoso recién llegado caminar en silencio por el muy dañado jardín.

A juzgar por el contorno de la sombra… él era un Beastman.


--¡M-Maldición, maldita sea…!


--¡Ha-HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Friné lo observaba con recelo. Las <Berbera>, sin embargo, se lanzaron al recién llegado en desesperación. Ya sea si era la sangre Amazona en sus venas o la terrible situación lo que las impulsaba, ambas guerreras cargaron hacia la misteriosa figura a toda velocidad.

La sombra musculosa contempló a las dos Aventureras armadas que se precipitaban hacia él, y tranquilamente lanzo su puño derecho.

-- ——

 


*¡BANG!*


El puño golpeó a la primera <Berbera> con la fuerza de una explosión, lanzando su cuerpo inconsciente a través del aire.

Volando a través de los pilares de piedra como una bala de cañón, no se detuvo hasta que su espalda se estrelló contra la fuente de agua. Incluso Friné no vio el golpe. Sólo podía estar parada y observar con ojos temblorosos como el recién llegado se acercaba extendiendo su mano izquierda y sujetaba el rostro de la segunda <Berbera>, como un halcón que capturaba un pez de un lago.

Con su sonrisa extendiéndose de oreja a oreja, la oscura figura la levantó como una espada antes de estrellarla contra el suelo.

-- —KAH—


Un cráter con la forma de su cuerpo apareció en la superficie de piedra mientras cada burbuja de oxígeno era expulsado de sus pulmones. Sus cuatro extremidades cayeron a un lado. Agua llovió desde el cielo un momento después, empapando la zona. Había venido del manantial, el impacto había causado que el agua saltara varios metros en el aire y cayera como lluvia.

Friné se quedó boquiabierta mientras las nubes se separaban, revelando la identidad del recién llegado. Sus ojos casi saltaron de sus órbitas cuando el <Señor de la Guerra> Boarman apareció a la vista.

--¿¡O-Ottar!?


Cabello corto de color óxido y orejas de jabalí.


Huesos tan sólidos como el hierro, con un imponente cuerpo construido como un acantilado.


Se giró hacia la Amazona, con una estoica mirada de determinación sin miedo pegada a su rostro.


--Friné Jamil… la última.


La monótona pero abrumadora voz de Ottar llenó el aire.


Los dedos de Friné temblaban. Parte de ello era por asombro, pero sobre todo temor.


--¿¡P-Por qué estás aquí!?


Su voz gritó al finalmente comprender la gravedad de la situación.


La <Familia Freya> no espero a que la <Familia Ishtar> declarara la guerra, y habían atacado primero. Sudor frío descendía por sus grasosas mejillas. Luchó por tragar saliva.

Esto era inevitable—luchar contra la <Familia Freya> significaba que eventualmente tendrían que lidiar con Ottar. Por lo tanto, ya tenían un plan en mente.

 


Friné y la parte superior de las <Berbera>, impulsadas por los fragmentos de la <Piedra Asesina>, utilizarían varios tipos de Magia anti-<Estado> y maldiciones para hacerle lo más débil físicamente posible. Enfrentar a este hombre en combate sin hacerlo era lo mismo que suicidarse. No tenían ninguna oportunidad contra él a toda potencia.

Incluso si el <Impulso de Nivel> le daba la fuerza para superar a la <Princesa de la Espada>, Aizu Wallenstein, haría poco para protegerla contra el <Señor de la Guerra>.

No llevaba ninguna armadura ni tampoco ningún arma, pero aún dominaba a sus oponentes con su sola presencia.

La parte superior de la <Familia Freya>. El Aventurero más fuerte de Orario.

En la Ciudad Laberinto era el único—Lv. 7. La cima.

Oujya <Señor de la Guerra> Ottar.


--¡Guh… gahhh… ge-gih…!


Su poder genuino era sofocante. Friné agarró el mango de su hacha con terror, cada uno de sus dedos estaba empapado en sudor.

Era la misma sensación de estar frente a un Jefe de Piso en los Pisos Inferiores del Calabozo. El horrible conocimiento de que en el momento en que le mostrara su espalda, todo terminaría. La única opción para la Lv. 5 Friné Jamil era hacia adelante.

--¡GEH-OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!


Aullando con toda su fuerza, Friné decidió luchar contra el enemigo.


Levantando la Gran Hacha de Guerra en su mano derecha, decidió usar todo su impulso para oscilar su arma hacia el hombro de Ottar.

--…


Ottar sabía exactamente por qué le habían dado el título de <Androctonus, la Asesina de Hombres>, cuando miles de Aventureros habían caído ante su hacha. La misma hacha que se le acercaba en este mismo momento.

Pero él silenciosamente extendió su brazo izquierdo.


--¿¡…!?


Detuvo el ataque—agarrando la mano derecha de Friné y el mango del hacha con su mano izquierda.


Protección completa. La cuchilla plateada del hacha no llego a acercarse a su piel. La mano como roca de Ottar, encerró completamente el puño carnoso de su oponente.

 


En cuanto a la colisión, una ligera flexión en su codo fue suficiente para absorberla sin que sus pies se movieran en lo más mínimo. El ataque de Friné fue detenido abruptamente.

Entrecerrando sus rojizos ojos en un ceño fruncido, Ottar apretó los músculos de su mano izquierda.


--¡GIEE—GYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Muchos sonidos de rotura salieron de debajo del agarre de Ottar. El mango del arma se rompió, junto con la mayoría de los huesos en la mano de Friné.

Su grito atravesó el aire de la noche. Friné se inclinó hacia atrás por el dolor en el momento en que el poderoso hombre la liberó.

La cuchilla de la Gran Hacha de Guerra golpeó el piso a sus pies con un ruido sordo. Al mismo tiempo, Ottar dio un paso adelante siguiendo a la tambaleante Friné.

--¡~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~!


La Amazona agarraba su desfigurado puño mientras el Boarman enganchaba su brazo bajo su hombro y la arrojaba al suelo. Su cuerpo redondo resbaló y rodó a través de los montones de piedra acumulados en la superficie del suelo. El polvo se elevó, formando una pequeña nube cuando se detuvo sobre su estómago en la base de la fuente.

Retorciéndose de dolor, Friné vislumbró su reflejo en el agua.


Su piel bronceada estaba cubierta con cientos de cortes, la mayoría de ellos sangrando. Su rostro, inigualable por nadie en el mundo, estaba cubierto de sangre y polvo.

--M-Mi hermoso… ¡MI HERMOSO ROSTRO~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~!


Ella aulló hacia el cielo, sus ojos se tornaron de un rojo intenso. Su cabello negro y húmedo estaba pegado a su piel. Con su furia desatándose una vez más, se lanzó hacia Ottar.

Su objetivo: su garganta. Sus manos, intactas o no, estaban muy abiertas y anhelaban exprimirle la vida.


--¡MUERE, BOARMAN! ¡MUEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!


Más baldosas de piedra se rompieron bajo sus pies mientras la Amazona se precipitaba hacia adelante. Ottar desvió su brazo izquierdo hacia un lado.

--Que ruidosa.


Entonces lanzo su propio puño directamente hacia ella.


--¡GeHEE!


Aterrizando directamente en medio de su rostro, el golpe de Ottar mando a Friné hacia el cielo.


Silbando a través del aire, la gran figura como rana de la Amazona dibujo un arco sobre el lado del jardín y hacia el suelo.

 


El silbido se hizo más fuerte, lo suficientemente fuerte como para herirle los oídos, mientras se desplomaba.


--¡GIHEEE…!


Tomando el impacto del aterrizaje con su hombro, Friné se detuvo en el jardín delantero.


A pesar de caer desde más de cuarenta pisos sobre el suelo, su Resistencia de Lv. 5, mucho más fuerte que el monstruo promedio del Calabozo, la mantuvo viva. La sangre que brotaba de su nariz rota mancho su ropa de batalla de un rojo intenso.

Friné sujeto su rostro con su mano intacta, lágrimas caian por sus mejillas.


--¡Uh—uHEE!


El guerrero Boarman la siguió.


Saltando por el exterior decorado del palacio, él saltó unas cuantas veces antes de que sus pies rompieran el camino de piedra que atravesaba el jardín delantero al impactar.

Friné todavía estaba plantada en su trasero y desesperadamente trato de retroceder—pero los dos no estaban solos.

Desde el frente, desde el lado, desde todas las direcciones…


Ocho figuras unidas. Un Catman, un Elfo Oscuro, un Elfo, y cuatro Hobbits aparecieron. Mirando los rostros de los Aventureros que la rodeaban, todo el color se dreno de la piel de Friné.

--¡<Vana Freya>, Hegni y Hedin de Lv. 6, e incluso los Hermanos Gulliver, <Bringar>…!


Todo el deseo de luchar que quedaba en ella desapareció en un instante al saber que los miembros más poderosos de la <Familia Freya> se acercaban a ella desde todas las direcciones.

Después de completar su misión de incapacitar a los combatientes enemigos, el grupo se había reunido para encargarse del miembro más formidable de la <Familia Ishtar>.

Ottar estaba directamente frente a ella, con su círculo de aliados impidiéndole escapar.


--¡HYEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! ¡S-SALVENMEEEEEE!


Apoyando su cabeza con un brazo, miró de una persona a otra y comenzó a mendigar por su vida.


--¿Yo qué les he hechooooo? ¡Sin duda, nada que merezca estooooo!


--El hecho de que todavía estés respirando es suficiente pecado.


Se escuchó una mordaz réplica del Catman, pero Friné nunca lo escucho.


--¡H-Haré cualquier cosa! ¡Cualquier cosa para el que me salve! ¡OH! ¡ESO ES! ¡Mi cuerpo, pagare con mi cuerpo! ¡Me acostare con ustedes, así que por favor, DÉJENME IR!

“¡UGH!”, se produjo un unificado estallido de disgusto de los Aventureros de Primera Clase.

 


--¡Ninguna mujer puede aspirar a competir conmigo! ¡NADIE! ¡Ni siquiera las Diosas pueden manejar mi belleza! ¡Y ustedes pueden devastarmeeee, hacer lo que quieran! ¡No pueden dejar pasar estooooo14!

Cada uno de los Aventureros de Primera Clase la miraba con los ojos de la muerte misma, pero Friné estaba demasiado concentrada en hablar para darse cuenta.

El rostro de cada Aventurero a su alrededor estaba en blanco, completamente desprovisto de emoción. Ottar se torció el cuello antes de mirar el suelo a los pies de la Amazona.

Entonces—una sonrisa siniestra apareció en los labios de Friné mientras hacía su última oferta.


--¡Incluso esa Freya se ve fea junto a mí! Con eso…

El Boarman miró hacia arriba.


--¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!


Ottar se rompió.



14 Nota de Mugetsu123: realmente quisiera que me pasara un poco de esa confianza suya.






--¡GHEE!


--¡Has ensuciado el nombre de la Diosa más sagrada!


Luces rojas como Lámparas de Piedra Mágica brillaban desde sus ojos mientras rugía con furia sin impedimentos.

Allen y los demás mostraron los mismos signos de indignación, cada uno hirviendo de rabia mientras sus venas palpitaban y sus músculos se retorcían.

--Sólo hay un destino digno para alguien como tú.


--¡Muerte, muerte, muerte!


La voz de Ottar creció mientras sus aliados cantaban a su alrededor. El rostro de Friné se volvió fantasmalmente blanco. El círculo de aventureros se acercaba al unísono, con un terrorífico paso a la vez.

Ignorando cada súplica, ocho sombras oscuras cayeron sobre la gran Amazona.


--¡UW—UWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


Un escalofriante grito resonó a través de los humeantes cielos del Distrito del Placer.


× × ×

--… ¿No está persiguiéndome?


Bell recuperó su equilibrio durante la caída y aterrizó con seguridad en el techo de un burdel de tamaño mediano detrás del palacio. Miró hacia la parte superior de la torre más alta, preguntándose por qué no tenía compañía.

Bell estaba parado con el Espadón listo, con puntos de luz todavía intermitentes alrededor de su cuerpo. No había ningún movimiento desde el punto más alto del palacio, así que Bell lenta y cautelosamente bajó su arma.

Fue entonces cuando Bell se dio cuenta de que estaba rodeado por un velo negro de humo que salía del Distrito del Placer. Su batalla contra una Aventurera de Primera Clase le había impedido ver alguna de las llamas o detectar cualquiera de los residuos de Poder Mágico colgando en el aire como la electricidad estática. No hacía falta decir que esta vista era lo último que esperaba ver.

Eso podría explicar por qué Friné dejó de perseguirlo—pues había ido a enfrentar a esta nueva amenaza.


En ese caso…


Bell pensó mientras saltaba del techo.


Podría usar este caos y confusión para rescatar a Haruhime.


Aterrizando en el exterior de la torre principal, fijo su mirada en el puente de piedra.

 


Aprovechando cada pisca de la fuerza y velocidad impulsados por su <Estado> temporal de Lv. 4, saltó de toldo a toldo y usó las piedras que sobresalían del exterior de la torre para ascender al puente que se extendía desde el 40º piso de la torre. Mientras sus oídos registraban los sonidos de la batalla a su alrededor, Bell enfocó toda su energía en cruzar el puente de piedra lo más rápidamente posible.

El Jardín Flotante estaba en un silencio mortal en el momento en que llegó.


Todos las <Berbera> heridas, que habían estado inmóviles en el suelo, se habían ido. Una inquietante quietud se había establecido bajo el cielo nocturno. Incluso la nube azul de luz que emanaba de las piedras se había vuelto fina y tenue. O demasiadas de las losas de piedra infundidas de <Luz Lunática> habían sido destruidas o demasiada luz de la luna estaba bloqueada por la cubierta de nubes para mantener un resplandor constante.

Bell dio unos pasos en el campo de batalla lleno de cicatrices. Fragmentos de piedra carbonizados estaban esparcidos por todo el lugar y faltaban grandes franjas del suelo. El chico se abrió paso entre los escombros hasta que…

Allí estaba ella, acostada al pie del altar, sola.


--… Así que estás aquí.


Una solitaria guerrera Amazona se levantó de detrás del altar.


El largo cabello de Aisha se balanceo alrededor de sus hombros mientras se giraba hacia Bell. Haruhime yacía a su lado. Inconsciente, había sido colocada cómodamente contra el altar de piedra.

Era casi como si Aisha estuviera esperando a Bell, sabiendo que regresaría. El chico no dijo nada, sólo siguió caminando hacia ellas. Levantando su espada seriamente dañada hasta su posición, se detuvo unos cuantos metros delante de Aisha y Haruhime.

La punta de la espada de madera de Aisha había sido empujada en el suelo, clavada en él. Aisha estaba parada junto a ella, con los brazos cruzados delante de su pecho mientras escuchaba el decreto de Bell.

--Me llevare a Haruhime-san conmigo.


No había vacilación en su voz. Aisha entrecerró los ojos y arqueó una ceja.


--… Ahora eso me gusta más.


El rostro de un hombre con convicción—Bell finalmente tenía la apariencia de un hombre determinado, un Héroe.

Aisha no podía ser más feliz.


--Pero, ya sabes, no puedo decir “adelante” y dejarte hacerlo.


Curvo sus labios en una sonrisa intrépida y puso sus manos en sus caderas.


El largo cabello negro de Aisha y su diminuta ropa de color morado oscilaban de un lado a otro mientras clavaba sus talones en el suelo.

 


--Las reglas de la <Familia> deben ser obedecidas, está en nuestra sangre... ¿Sabes a qué me refiero?


--…


El poder de la <Gracia> de un Dios, Ichor, fluía en sus venas. También les impedía escapar fácilmente de la voluntad de su Dios.

Sin importar cuánto dolor les causara la <Familia>, sin importar cuántos forasteros trataron de ayudarles, las posibilidades de liberarse con éxito eran casi nulas. Aisha le recordó a Bell ese hecho.

Bell lo sabía, pero no había nada que decir.


--Oh sí, nunca tuve la oportunidad de preguntar. ¿Por qué fuiste tan lejos? ¿Acaso te enamoraste de ella? Había un poco de humor en su voz. Aisha sonrió de nuevo y esperó las siguientes palabras de Bell.

La mirada del chico cayó al suelo, pero abrió la boca para hablar.


--… Ser una prostituta era demasiado doloroso para Haruhime-san. Así que decidí ayudarla.


--… No sé qué te dio esa idea, pero ella es una virgen que nunca ha estado con un hombre.


--¿Eh?


Bell parpadeó unas cuantas veces, preguntándose si había escuchado bien.


--Ella siempre se desmayaba justo antes del evento principal. Ver la piel masculina la hacía desmayarse, esa tonta.

--…


--Incluso la otra noche, se desplomo sobre el pecho de un cliente. Mato totalmente el estado de ánimo y el tipo no pagó.

Bell tenía la sensación de que sabía exactamente de qué estaba hablando.


La noche que se conocieron por primera vez, lo mismo sucedió cuando vio sus músculos…


--P-Pero ella dijo que se había entregado muchas veces… a muchos hombres diferentes.


--Tal vez estaba teniendo algunos sueños juguetones después de desmayarse. Esa pequeña zorra caliente.


Aisha se estaba aburriendo. Bell no pudo decir nada más mientras miraba a la chica inconsciente que yacía junto al altar.

--... O tal vez ha pasado por tanto que ya no puede distinguir la diferencia entre un sueño y la realidad.


--¡…!


Expulsada de su propia casa y sacada a la fuerza de su tierra natal.


Llevada a una ciudad donde no conocía a nadie ni nada y vendida al mejor postor. La vida de Haruhime había sido una serie de tragedias una tras otra.

 


Convirtiéndose en prostituta sin quererlo, exponiendo su piel y siendo tocada.


Siempre había sido oprimida. Perdiendo todo lo que conocía en un instante y atrapada en un ciclo de oscuridad, Haruhime había sido consumida por la desesperación.

Su vida era una pesadilla viviente.


Sin escapatoria, era plausible que olvidara la diferencia entre los sueños y los recuerdos. Más razón para salvarla de esto.

Para quitar de la línea a la chica con los ojos que anhelaban el mundo exterior.


-- —Ella vale mucho, incluso como una prostituta de mierda.


El tono de Aisha cambió una vez más mientras la determinación de Bell crecia a cada segundo.


--Diciendo que dejó esta <Familia>, otros eventualmente aprenderán lo que puede hacer e intentaran hacer el mismo ritual. Ella está mejor con nosotras que algunos otros sacos de basura… La maldición de Ishtar-sama me sigue diciendo, no la dejes ir. Así que ya sabes.

Aisha hizo crujir sus nudillos en su mano derecha mientras hablaba. Todo el tiempo, sus ojos hacían una pregunta: ¿Puedes protegerla?

Sacando la espada del suelo con su mano derecha, Aisha señaló la punta del arma directamente hacia el todavía chispeante Bell.

--Preparate. Cuando un hombre rescata a una mujer, tiene que ser por la fuerza. Bell podía decirlo por la sonrisa de Aisha; no tenía otra opción.

Justo como su oponente quería, Bell sujeto su espada con ambas manos y tomó una postura defensiva.


Bell y Aisha se miraron uno al otro, con los lejanos sonidos de rugientes llamas y gritos surgiendo desde el Distrito del Placer.

--Un minuto.


Dijo Aisha de la nada.


--No sólo cuidé de Haruhime por aquí, ha estado en mi equipo de batalla. Conozco esa Magia como el dorso de mi mano. Confía en mí, solo tienes un minuto.

Se dio cuenta solo mirando las luces parpadeantes alrededor del chico. El <Uchide no Kozuchi> estaba a punto de desaparecer.

Las luces se desvanecían una a una. Lo había visto y lo había experimentado más veces de lo que podía contar en el Calabozo. Haruhime pudo haber derramado toda su Mente para lanzar el <Impulso de Nivel> en Bell, pero no iba a durar mucho más.

Bell le echo un vistazo a las luces que bañaban su cuerpo con calidez.

 


--Ataca ahora mismo, y limpia el piso conmigo antes de salvar a tu chica. Aisha movió su barbilla hacia Haruhime.

Bell mantuvo sus ojos entrenados en Aisha pero sólo levantó el Espadón para protegerse. Sus pies permanecieron firmemente plantados en su lugar.

El tiempo pasó en silencio.


--Que idiota…


Aisha estrechó sus ojos arrogantemente, claramente desanimada por la rectitud de Bell.


La luz alrededor del cuerpo de Bell se desvanecía aún más mientras ambos se miraban a los ojos. El aire alrededor de ambos Aventureros era muy espeso, incluso la brisa se desaceleró.

Un fuerte crujido vino del pilar de piedra dañado detrás del altar. Lo última de los puntos de luz se desvaneció en el mismo momento en que un pedazo de piedra cayó del pilar y se estrelló en el suelo.

La campana de apertura. Ambos guerreros cargaron hacia adelante, con sus armas brillando bajo la luz de las estrellas.

--Pero—¡No tengo ningún problema con eso!


Madera y metal chocaron; la sonrisa de Aisha se reflejó en el Espadón. Bell mantuvo sus ojos, ardiendo con determinación, fijos en su oponente.

Más ecos atravesaron la noche mientras la prostituta guerrera y el chico de cabello blanco intercambiaban golpes a alta velocidad.

--¡HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA!


Sus cuerpos se superponían, sus armas chocaban. Aisha no pudo contener su excitación mientras conducía su propia arma hacia adelante y se reía a todo pulmón.

Las interminables colisiones y erupciones de chispas le trajeron una sensación de alegría que no había sentido en mucho tiempo.

--¡Esto! ¡Es por esto que no puedo mantenerme alejada de los hombres de verdad!


Con sus espadas presionándose una contra la otra, Aisha se inclinó y sonrió de oreja a oreja delante de Bell.


--¡Arrogante, violento, fuerte…!


El cuerpo de Bell, el resplandor de Bell, el poder de Bell—ella lo tomó todo. El jubiloso éxtasis hizo que su cuerpo entero se sacudiera con anticipación.

--¡Sólo los hombres de verdad pueden hacer hervir la sangre de una mujer!


Aisha gritó mientras levantaba su arma por encima de su cabeza y la oscilaba hacia abajo con tremenda fuerza.

 


Bell salió del camino e ignoro los escombros volando más allá de su rostro mientras realizaba su propio contraataque.

Ella se alejó, y Bell pateo el suelo para perseguirla.


Aumentando la velocidad, ambos intercambiaron más golpes mientras corrían por el Jardín Flotante.


Hasta que finalmente, la alegría de Aisha llegó hasta el punto en el que su cuerpo no podía soportar el calor que se hinchaba dentro de ella.

-- —<¡Ven, campeón de los salvajes!> Y comenzó a cantar.

× × ×

Pasos en pánico corrieron hasta el último tramo de las escaleras. Respiraciones rápidas y apresuradas resonaban dentro de la delgada escalera.

El aire frío acariciaba su cuerpo cubierto de sudor, las llamas distantes iluminaban su silueta en la noche.


Una vista de la cascara roja del Distrito del Placer se abrió debajo de ella mientras corría a través de las secuelas de una épica batalla.

--¿Qué tan lejos vas a correr, Ishtar?


--¿¡F-Freya…!?


Los ojos llenos de terror de Ishtar miraron por encima de su hombro y vieron los primeros mechones de los cabellos plateados de Freya emerger de la escalera del este justo detrás de ella.

En el momento en que los penetrantes ojos plateados de la Diosa se encontraron con los suyos, el rencor de Ishtar contra ella se desvaneció y fue reemplazado por el miedo.

Su territorio en ruinas, toda su <Familia> dispersa, todo por lo que había trabajado tan duro para crear estaba siendo sacado de debajo de ella por esta Diosa extraordinaria. Tropezando con trozos de piedra, levantándose, corriendo, mirando por encima de su hombro de nuevo y tropezando, Ishtar repitió el ciclo una y otra vez en un desesperado intento por escapar de la ira de Freya. El jardín que conocía había sido destrozado por un hacha y una espada. Se dirigió hacia sus aposentos privados, su último refugio posible en el punto más alto de la torre más alta de su palacio.

--¡¡No…!!


Ella descubrió un defecto fatal en su plan.


El camino que la llevaría a la seguridad no estaba más allá de sus árboles y características de agua. Esa parte del jardín había sido completamente destruida. Sólo un espantoso acantilado permanecía en su lugar. Ishtar no tenía manera de saber que fue Friné quien lo había hecho.

 


Se congeló en su lugar, mirando hacia abajo la increíblemente larga caída. *Tap, tap* Freya había llegado.


--Así termina nuestro juego de las escondidas. Ya es suficiente.


--¡HYEEEEEE…!


Girándose hacia su perseguidora, Ishtar luchó para controlar el grito de miedo que escapaba de sus pulmones.


Había otro cráter directamente detrás de Freya en la línea de visión de Ishtar. Bell había creado este al final de su loca carrera.

Ishtar y Freya estaban cara a cara, a no más de diez pasos entre ellas.


--S-Sólo era una pequeña broma, Freya. No sabía que te preocupas tanto por ese chico… N-No lo haré de nuevo, lo juro.

Ninguno de sus dependientes permanecía dentro del palacio. El equipo de Ottar los había aniquilado. Sin ninguno de sus peones para jugar, Ishtar recurrió a pedir perdón.

Una ligera brisa sopló entre ellas, haciendo que los mechones plateados de Freya danzaran alrededor de su malvada sonrisa.

--¿Ishtar? Tus bromas hasta ahora han sido risibles… pero esto sobrepaso la línea. No serás perdonada. Los ojos de Freya no mostraban ninguna emoción, y sin embargo su sonrisa creció.

--Yo haré que ese chico sea mío.


Llamaradas de rabia brillaron a través de sus pupilas plateadas, pero ella seguía sonriendo.


--No perdonaré a ninguna mujer que intente tomar lo que es legítimamente mío.


El deseo de Freya de tener la posesión exclusiva de Bell había sido declarado. Ishtar estaba sin palabras.


Era como si estuviera mirando a un espejo. Las mismas llamas de celos y odio que ardían dentro de Ishtar ahora la miraban en la forma de la obsesión de Freya con Bell.

Entrecerrando los ojos, los labios de Freya comenzaron a moverse de nuevo.


--Esta—es tu hora final.


El conocer su destino hizo que el rostro de Ishtar se volviera blanco como un fantasma.


× × ×

-- —¿¡Canto Concurrente!?


Bell no pudo contener su sorpresa cuando sus oídos captaron la inconfundible melodía del hechizo de disparo entre las constantes colisiones de sus espadas.

 


--<¡Guerrero viril, Héroe fuerte, Héroe codicioso e injusto!>


Cada palabra era clara, pulsando con Poder Mágico controlado mientras sus labios se movían al ritmo de sus zancadas.

Cortando hacia adelante con su espada de madera, encontrando la espada de Bell de frente, todo el tiempo sin perder el ritmo de su hechizo de disparo, Aisha estaba sacando todas las interrupciones.

Ataque, movimiento, evasión y defensa—ni un solo atributo de su estilo de lucha sufrió. Era como si la

<Antianeira> estuviera dando un espectáculo callejero, bailando y cantando para una audiencia.


Dominar el complejo y peligroso <Canto Concurrente> era la prueba de que esta <Berbera> era más fuerte que Jacinto.

--<¡Demuestra tu valor si deseas el cinturón de la emperatriz!>


—No es bueno.


La mente de Bell se aceleró.


Ordenándole a sus brazos a moverse más rápido, Bell aumentó la presión sobre Aisha. Aunque logró cortar el final de su cola de caballo, ninguno de sus ataques dio en el blanco. Ni siquiera podía forzarla a ponerse a la defensiva. Sus largas piernas impedían que Bell llegara a quemarropa mientras ella lo llevaba de regreso al centro del Jardín Flotante. La persiguió a lo mejor de su capacidad, pero varias horas de correr por su vida y su intenso combate estaba cobrando su precio.

--<¡Satisface mi cuerpo, penetra mi cuerpo, mata mi cuerpo y demuestra tu valor!>


¡A este ritmo…!


Cada sílaba de su hechizo de disparo hacía que otra gota de sudor rodara por su rostro.


Estaba en peligro de ser atrapado en su Magia. Desesperándose aún más, Bell levantó el Espadón y la oscilo hacia abajo dibujando un gran arco, sólo para que fuera rechazado por el talón de Aisha. La Amazona siguió girando, saltó al aire y golpeo a Bell en el rostro con el mismo pie.

--¡Gwah!


Bell fue mandado hacia atrás por el impacto.


--<¡Mi hija muerta de hambre es Hipólita!>


Aisha completó su hechizo de disparo cuando el espacio entre ambos combatientes se abrió durante unos pocos segundos vitales.

Bell recuperó el equilibrio y miró a su oponente. Nunca había visto esa Magia antes, no tenía idea de lo que vendría a él. Cambió de posición para esquivar el ataque—cuando se dio cuenta de donde estaba en el Jardín Flotante.

El centro, delante del altar, justo enfrente de la inconsciente Haruhime.

 


Si evitaba la Magia de Aisha, Haruhime recibiría un golpe directo.


Sus ojos se lanzaron a Aisha, inseguros de si realmente usaría la Magia sabiendo que Haruhime estaba en la línea de fuego. Bell se olvidó de respirar una vez que vio la mirada en sus ojos.

Muéstrame que puedes protegerla.


Bell podía sentirlo en su mirada.


Si vas a llevártela, entonces demuestra que puedes.


Al ver la determinación en los ojos de Aisha—Bell supo lo que tenía que hacer.


--¡¡…!!


<Argonaut>.


Comenzó la carga ante un ataque que no podía evitar.


Los puntos blancos de luz comenzaron a girar alrededor del Espadón en preparación para detener el poder total de Aisha.


× × ×

--¡P-Por favor, te lo ruego!


Freya dio un paso adelante. Ishtar se movió hacia atrás lo más lejos posible, con su talón contra el acantilado y gritó con todo lo que tenía.

Con los ojos abiertos de par en par, Ishtar alcanzo a ver directamente detrás de la otra Diosa de la Belleza la cicatriz en su jardín creada por Bell.

De repente, *¡Smack!*, una mano apareció desde abajo y sujeto la capa exterior de piedra. A continuación, la cabeza de un gravemente herido pero apuesto joven con piel bronceada apareció por encima de la superficie.

Era Tamuz. A pesar de sus heridas todavía sangrantes, sin duda infligidas por alguien en el equipo de batalla de Ottar, el fiel sirviente había regresado a su Maestra en su momento de necesidad.

¡Había esperanza! Ishtar escondió la alegría en su corazón y trató desesperadamente de comprarle algo de tiempo.

--¡Freya, te diré algo interesante!


Tamuz ya estaba a medio camino en el techo.


--¡Ese niño, Bell Cranel, es inmune a nuestro Encanto! ¿No quieres saber por qué?


Los delgados hombros de Freya saltaron por la sorpresa. Justo detrás de ella, el segundo pie de Tamuz aterrizó directamente sobre una losa intacta del suelo de piedra del jardín.

 


--En caso de que sea cierto, eso lo hace aún más atractivo. Ahora lo quiero más.


Los ojos de Freya sonrieron, quedando atrapados en su propia fantasía por un momento. Mientras tanto, Tamuz contenía el aliento mientras rápidamente se acercaba silenciosamente por detrás de la Diosa.

--Sin embargo, no hay necesidad de que lo escuche de ti.


Freya dio otro paso adelante. Tamuz eligió ese momento para atacar.


¡Gane!


Ishtar gritó para sí misma, con una sonrisa maliciosa en sus labios.


Justo cuando las manos de Tamuz estaban a un mero segundo del cuello de Freya—ella se giró tranquilamente hacia él como si supiera que había estado allí todo el tiempo.

El pobre dependiente de Ishtar fue golpeado por toda la fuerza de la belleza de Freya. Tomándola toda la vez, Tamuz se detuvo de repente.

Ishtar observó con horror mientras Freya se acercaba a su preciado niño, deslizó sus dedos por su mejilla y le devolvió la sonrisa.

--¡Ah…. ahhh…!


Tamuz se derrumbó en el suelo.


Con sus mejillas sonrojadas y la boca abierta, el humano miraba a la Diosa de cabello plateado con ojos brillantes y temblorosos.

El hombre que había recibido cada pizca de amor que Ishtar tenía que ofrecer había sido Encantado por Freya en un abrir y cerrar de ojos.

--¿Podrías darnos un poco de privacidad?


Asintiendo una y otra vez a la petición de Freya, Tamuz se puso de pie y se alejó de las dos Diosas como si caminara sobre una nube.

El tiempo se detuvo para Ishtar.


Su hombre acababa de ser robado. Había sucedido justo delante de sus ojos.


Él le había jurado lealtad a ella, había sido abrumado por su belleza, y aun así esa mujer había sido capaz de anular su amor. Tamuz había sido Encantado hasta el punto de que debería haber sido su devoto sirviente.

No quedaba suficiente humanidad dentro de el para ser Encantado por otra. A pesar de todo eso, Freya lo robó.

Su Encanto había sido sobrescrito.


En otras palabras, era una prueba innegable de que la belleza de Freya superaba la suya.

 


El orgullo de Ishtar se rompió, desmoronándose en la nada.


--… que…


Los sonidos susurrados no eran lo suficientemente fuertes para convertirse en palabras. Sus dedos se cerraron en puños; sus molares se molían entre sí.

Su piel bronceada, su exquisito y curvilíneo cuerpo, cada rasgo de su rostro temblaba con rabia y humillación.


--¿¡POR QUÉ!?


Ishtar aulló hacia Freya, con la piel enrojecida.


Los hombres que valoraban la belleza por encima de todo fueron a Freya, no a ella.


Hace un momento, había visto su propio Encanto ser borrado. Podía robar a cualquiera de ella. Ambas eran Diosas de la Belleza, ¿Por qué eso era posible?

Freya dio otro paso más, haciendo que Ishtar arremetiera una vez más.


--Tú y yo—¿¡Cual demonios es la diferencia!?


--Esencia.


Una clara afirmación.


-- ——


Petrificada, Ishtar se quedó en silencio mientras Freya se reía de ella en broma.


--Ninguna otra cosa tiene sentido ahora, ¿Verdad? Un momento de silencio.

Seguido casi inmediatamente por el atormentado grito de una Diosa.


--UHH—¡UWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!


Con la mente ardiendo, Ishtar cargó hacia Freya con toda la ferocidad de un oso herido.


× × ×

La imagen que desencadenó el <Argonaut>, el Héroe Issen Douji.


A pesar de su pequeña estatura, el legendario samurái del Lejano Oriente había luchado contra una horda de más de mil ogros para proteger a una niña.

Reuniendo fuerzas usando uno de los Héroes favoritos de Haruhime, Bell apoyó el Espadón contra su hombro.


--¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!

 


Directamente delante de él, el grito de guerra de Aisha desgarro el aire mientras golpeaba su enorme espada de madera en el suelo de piedra a sus pies.

La valiente guerrera usó todos los músculos de su cuerpo para activar su Magia.


--<¡Hell Kaios!>


Una inmensa onda de choque carmesí surgió desde el punto en que la punta de su arma atravesaba la piedra.


El Poder Mágico bajó por su espada y siguió la onda de choque al campo de batalla. El pico de energía creció más grande, como la aleta dorsal de un tiburón colosal que emergía de la superficie del mar.

Una ola carmesí envolvió el Jardín Flotante, la espada de energía se dirigió hacia Bell.


Bell la encontró de frente. Había crecido al doble de su tamaño cuando llegó al alcance del brillante Espadón. Bell dio un paso adelante y puso todo su cuerpo en una oscilación hacia abajo.

Una carga de cinco segundos.


Las campañillas del <Argonaut> llenaron el aire cuando la Magia chocó contra la Habilidad.


--¡GEH—UUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!


Energía carmesí y luz blanca estallaron en el punto de impacto.


Destellos carmesí y blancos iluminaron el Jardín Flotante bajo el cielo iluminado por la luna.


—La carga no fue suficiente.


No había suficiente potencia, ni siquiera cerca. Los pies de Bell fueron empujados hacia atrás por el ataque carmesí.

El calor del Poder Mágico chamuscó su piel. *¡CRACK!* Varias líneas serpentearon a través del Espadón.


Los ojos de Bell se abrieron tanto como podían—pero se negó a dar más terreno. Pensando en Haruhime, apretó los dientes y comenzó a empujar.

Mikoto le había confiado su misión. Él tenía promesas que mantener, la resolución de ver a través de esto. Y había la sonrisa de una chica que quería ver.

El poder volvió a sus miembros. Su espíritu rugió. Su <Estado> ardió volviendo a la vida. Bell impulsó el Espadón a través de la espada carmesí con todo su cuerpo.

--¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


*¡BOOM!*


Un cegador destello llenó la noche.


Las dos energías se compensaron entre sí, disipándose en partículas de luz mientras se desvanecían en la nada.

 


--¿¡Lo canceló…!?


Aisha escupió con rabia mientras veía desaparecer su Magia.


Sin embargo, la esquina derecha de sus labios todavía estaba curvada en una sonrisa.


El <Hell Kaios> se disipó junto con la energía del <Argonaut>. Sólo la luz de la luna y el suave resplandor de la

<Luz Lunática> iluminaban su posición. Al mismo tiempo, la explosión había provocado una ráfaga de viento y una delgada nube de humo—a través de la cual el chico de cabello blanco cargó con toda la velocidad que pudo reunir.

-- —¡¡…!!


Con el Espadón abrumado por la energía del <Argonaut>, Bell lanzó el arma rota a un lado mientras cerraba la distancia.

La visión de un oponente corriendo hacia ella con las manos vacías hizo que la leve sonrisa de Aisha se convirtiera en una amplia sonrisa. Echando a un lado su propia arma, la Amazona tomo una postura.

—¡¡Demasiado lento!!


El precio del Argonaut.


Ejecutar la Habilidad requería una gran cantidad de energía física y mental. Con su Mente y músculos usados hasta su límite, el cuerpo del chico estaba muy lejos de la condición óptima.

Aisha podía verlo. Observó cuidadosamente sus movimientos, incluyendo la absurda cantidad de sudor que salía de su cuerpo. Ella vio su oportunidad y se preparó para desatar una patada giratoria inversa.

En el rango.


--GIEH—


El increíble alcance de la pierna de la Amazona permitió que su talón golpeara a Bell en el lado de su cabeza antes de que el chico tuviera la oportunidad de defenderse.

Ella sintió el impacto, la cabeza del chico se inclinó. Su sonrisa creció aún más, sintiendo su cabello en la parte posterior de su pie—deslizándose por debajo.

El chico seguía avanzando.


El impulso de Bell lo llevó aún más cerca de Aisha.


Bell no había intentado defenderse. En cambio, concentró toda su fuerza restante en atacar.


Toda la energía no agotada por el <Argonaut>, toda la energía que quedaba en cada célula de su cuerpo, se vertió en este ataque.

Aisha vio con impotencia como el puño de Bell tenía camino libre hacia su estómago expuesto.


Con sus ojos rojo rubí brillando con determinación, el chico puso todo lo que tenía en un solo puñetazo.

 


--¡¡UWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!


El <Colmillo Vorpal> del conejo blanco.


--¡GuUUH!


El cuerpo de Aisha se dobló bajo la fuerza del golpe en su estómago.


Aunque sus pies dejaron el suelo por un momento, su Resistencia fue lo suficientemente fuerte para resistir el golpe. Sin embargo—Bell no había terminado.

--¡<FIREBOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLT>!


A quemarropa.


--¡GAHHHhh!


Un rayo de Poder Mágico surgió del puño todavía enterrado en sus músculos abdominales. El cuerpo de Aisha fue lanzado hacia el cielo por varios rayos de llamas.





Bell había imbuido toda su Mente restante para desatar cada onza de poder de fuego que su Magia podía producir. La reacción de esta explosión de energía a través de su cuerpo debilitado también lo mando al aire. Una rápida vuelta hacia atrás, y aterrizó en su mano izquierda y pies, deslizándose hacia atrás en una nube de polvo.

La mano derecha del chico se quemó hasta volverse crujiente, el humo todavía se levantaba de su puño cerrado.


Las marcas de quemaduras eléctricas irregulares que sobresalían del estómago de Aisha eran mucho más severas. Con sus amplios ojos ocultos por sus largos flequillos, una pequeña sonrisa creció en sus labios mientras caía a través del aire.

Un humeante cometa sobre la luna, la Amazona aterrizó de plano sobre su espalda y permaneció en silencio. Había sido derrotada.

× × ×

--¡UhhUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


El rugido de una Diosa de la Belleza resonó a través del oscuro cielo nocturno.


Una súbita ráfaga de viento atravesó su jardín privado mientras Ishtar se lanzaba hacia Freya, con su rostro deformado en un rostro impropio de una Diosa. En cuanto a Freya…

... tranquilamente salió del camino con un pequeño giro.


--¿¡…!?


Los largos mechones de cabello plateado y la sedosa piel blanca de los omóplatos de su oponente brillaron ante los ojos de Ishtar. Su impulso la llevó más allá de su objetivo como un barco que montaba un río furioso más allá de su muelle.

El escarpado acantilado detrás de Freya llegó precipitandose a la vista. Las pupilas de sus ojos se encogieron hasta no ser más que puntos mientras Ishtar estrellaba sus pies en el suelo de piedra en un intento desesperado de detenerse. Una pequeña nube de polvo se elevó en el aire a sus pies mientras se detenía a menos de unos centímetros de sobra.

Sin embargo… *Tap, tap*


--HYE—


Finos tacones altos resonaron detrás de ella. En pánico, se dio la vuelta, sólo para sentir una mano golpeándola justo en el pecho.

Freya se quedó allí, con ojos helados, y le dio un empujón a Ishtar.


Su talón estaba fuera del borde. No había nada entre ella y el acantilado. Nada para salvarla.

 


Ishtar estiró su cuerpo en un desesperado intento por evitar caer en un oscuro abismo que se extendía debajo de ella en la base de su palacio.

--Esp—


Espera, Freya.


Esas palabras fueron abruptamente cortadas.


*SLAP*


La mano de Freya dejó una marca roja en la mejilla de Ishtar.


-- —Ah.


Una súplica silenciosa que cayó en oídos sordos. Con su cuerpo torciéndose, Ishtar perdió el equilibrio y cayó del borde.

Freya miró por encima y observó desde lo alto del palacio, mientras la otra Diosa se volvía cada vez más pequeña.

Disfruto cada momento de la mirada en el rostro de su ex-rival antes de que cayera fuera de la vista. Eso trajo una sonrisa a sus labios.

Hasta que finalmente—*¡THUD!*


El crujido de los huesos divinos rompió el silencio.


El <Arcanum> se activaba en el momento en que una herida mortal había sido infligida a un cuerpo inmortal.


El poder divino de Ishtar volvió a la vida en la forma de la luz más hermosa que cualquier cosa vista antes en el Mundo Inferior—lo que violaba las reglas de su juego.

Freya observaba con alegría y chasqueó sus dedos en el momento en que la luz del <Arcanum> llegó a sus ojos.


Un segundo más tarde, innumerables orbes brillantes descendieron en el lugar donde Ishtar cayó—*¡BOOOM!* Una nueva y más profunda explosión sacudió el Distrito del Placer. Un pilar de luz se apoderó del cielo nocturno.

Un puente de luz que señalaba el regreso de una Diosa al Cielo. Cualquier Dios que perdiera el juego nunca podría volver.

Una sonrisa cruel apareció en los labios de Freya mientras veía a su rival en el Mundo Inferior alcanzar un final permanente.

--Espero que hayas aprendido a no antagonizar a tus superiores. De cualquier manera, ya es demasiado tarde. Con una última sonrisa, Freya le dio la espalda al pilar de luz.

El puntaje fue resuelto.

 


× × ×

Con Aisha derrotada, Bell camino tambaleándose hacia Haruhime, se arrodilló y apoyó la parte superior de su cuerpo contra sus rodillas.

Un repentino pilar de luz se elevó hacia los cielos justo delante de sus ojos, con el estallido sónico empujando contra su piel.

--¿Qué es eso…?


De ninguna manera…


Pensó mientras contemplaba la luz celestial con asombro. Un Dios había sido devuelto al cielo.

El chico nunca había visto nada como este faro colosal en su joven vida. Tampoco era el único que lo veía por primera vez. Otros ciudadanos de Orario miraban por sus ventanas con sus propios ojos para ver el gigantesco pilar que dominaba el paisaje.

Las canciones de las Hadas que habían pasado a través de cuentos de Héroes e historias míticas, o quizás los rugidos de monstruos feroces que sacudían la tierra bajo sus pies, eran las únicas cosas que podían rivalizar con la luz mítica que tenía delante en este momento. Todos estaban grabados en su memoria.

La respiración de Bell se ralentizó al ver el pilar separar las nubes y continuar más allá del cielo. Era como si esa nueva luz iluminara el mundo entero al mismo tiempo. El temblor que acompañaba al pilar se detuvo repentinamente como la quietud después de un terremoto. Una sensación de calma descendió sobre el Mundo Inferior.

Poniendo su brazo alrededor de Haruhime para apoyar sus hombros, Bell se sentó en silencio por unos momentos.

Su mente vagaba mientras miraba a lo lejos. Moviendo su mirada, un cierto ser divino apareció a la vista.


--… ¿Una Diosa?


Estaba parada en el techo de la torre principal.


El Jardín Flotante no era tan alto como la torre principal, pero Bell podía ver claramente a la Diosa cerca del borde.

Incluso a distancia, el cuerpo perfecto de la Diosa era fascinante. Había un aura diferente en ella, en comparación con la belleza de Ishtar que iba demasiado lejos. Sí, una belleza tranquila que podía mirar hasta el final del tiempo, casi mágica. Su cabello plateado fluía en la brisa, brillando como las estrellas en el cielo nocturno.

La Diosa se giró hacia Bell, quien había perdido todo concepto de tiempo mientras la miraba fijamente. Fue entonces cuando el chico se dio cuenta de que ella le sonreía.

 


¡Y también, sintió una sacudida!


Una espeluznante oleada de sudor frío le recorrió la columna vertebral.


Conocía esa sensacion. La había sentido muchas veces antes. La sensación de ser visto—una mirada que no ocultaba nada.

El chico se quedó sin habla cuando sus ojos notaron que los labios de la Diosa se movían. Aunque su voz no llego a él, su significado se apoderó de él como un trueno.

"Te amo.”


Cada una de las silenciosas sílabas resonó en su mente.


—Es ella.


Bell estaba seguro de ello. Cada vez que sentía el extraño destello de una mirada intensa, ella era la que estaba detrás.

Con el nervioso latido de su corazón palpitando en sus oídos, Bell miraba fascinado al ser que lo miraba desde arriba… cuando de repente desapareció. Como despertando de un sueño, Bell tomó el control de sus temblorosos pulmones y volvió al presente.

--Nhh…


Por fin, los ojos de la chica en su abrazo comenzaron a moverse.


Sus pupilas verdes surgieron momentos después y levanto la mirada hacia su rostro.


--¿Cranel-sama…?


Sus ojos verdes se encontraron con la mirada rojo rubí de Bell.


La chica se despertó lenta pero seguramente. Bell observó sus ojos claros por un momento antes de recoger el largo cabello dorado de la chica y colocarlo sobre su brazo derecho. Ignorando la mirada de sorpresa en el rostro de Haruhime, el chico puso su mano derecha detrás de su cabeza y la acercó a su pecho.

Las orejas y la cola de zorro de Haruhime se retorcieron nerviosamente, con sus mejillas sonrojadas.


Con el cuerpo de Haruhime apoyado contra el suyo, ambas manos de Bell estaban libres. Sus dedos corrieron por su fino cuello.

Y se deslizaron bajo el collar negro todavía atado a ella.


*¡CRICK!*


Agarró ambos lados del Item Mágico y jalo.


*¡SNAP!*


--Ah…

 


Al darse cuenta de lo que acababa de suceder, Haruhime cautelosamente acercó su mano derecha hasta su cuello con incredulidad.

La maldición negra con forma de collar que la había retenido durante años finalmente había sido levantada.


Sus ojos saltaron hacia el rostro del chico. Sólo una mirada a su ensangrentado rostro lleno de heridas le dijo todo lo que necesitaba saber.

Las lágrimas inundaron sus ojos, haciéndolos brillar bajo la luz de la luna.


¿Qué se supone que debes decir en momentos como este…?


Apoyando a la sentada Haruhime con ambos brazos, la mente de Bell se puso a trabajar.


Pensando en todos los Héroes que le gustaban a la chica, Bell buscó desesperadamente las palabras correctas. Entonces… al final…

Encontró las palabras más simples y correctas para decir:


--He venido a salvarte.


La primera lágrima rodó por la mejilla de Haruhime, seguida de cerca por una sonrisa tan radiante como una hermosa flor que florecía en el sol de la madrugada.

La distancia había desaparecido. Su sonrisa real finalmente había surgido. Una mirada a ella y Bell no pudo evitar hacer lo mismo.

--Gracias… mi Héroe.


Esas palabras hicieron que las mejillas de Bell se volvieran rosadas. Una despreocupada y casi infantil sonrisa creció en sus labios.

Bell compartió un momento de alegría y felicidad con la llorosa y aun así sonriente Renart.


--¡BELL-KUN!


--Bell-sama—!


Ambos se sumergieron en la calidez del otro hasta que la <Familia> del chico vino a encontrarse con ellos.





Epilogo – Si Esta Rodeada de Bondad…


Dos días habían pasado desde el ataque de la <Familia Freya> contra la <Familia Ishtar>.


Un incómodo temor aún se apoderaba de la ciudad después de las consecuencias. La destrucción total de la

<Familia Ishtar> y el Distrito del Placer tuvo numerosos efectos de gran alcance para muchos residentes de la Ciudad Laberinto.


Aventureros, <Familias>, mercaderes, el Gremio, los Dioses y Diosas—demasiados para nombrarlos.


--“ “ “ “ “ “ “ “¿¡Por qué tuviste que ir y hacer eso, Freya-samaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…!?” ” ” ” ” ” ” ”


Los clientes regulares del Distrito del Placer, mortales y Dioses, estaban particularmente angustiados después de la caída de la <Familia Ishtar>.


Ver a hombres y Dioses adultos sobre sus manos y rodillas, golpeando la tierra quemada con sus puños en medio de las ruinas de los burdeles, permanecería en los recuerdos de muchos ciudadanos por el resto de sus vidas. Los Dioses albergaron los primeros vestigios de resentimiento por la Diosa de la Belleza de cabello plateado mientras que sus dependientes avergonzados e irritados los arrastraban lejos.


El Distrito del Placer tenía una increíble cantidad de cicatrices a pesar de la falta de bajas. Con su Señora desaparecida, sin importar cuántos comerciantes abrieran sus propios negocios o que las prostitutas ahora libres comenzaran sus propios burdeles, llevaría años para que el tercer distrito de Orario se recuperara.


La <Familia Freya> podría ser la fuerza más poderosa en Orario, pero ni siquiera ellos pudieron escapar de ser llamados a rendir cuentas por el Gremio. Freya fue convocada al Panteón y se vio obligada a pagar una multa increíblemente grande.


--Ya veo.


Fue todo lo que dijo. El asunto quedó resuelto.


Sin embargo, los Dioses y mortales por igual se volvieron más temerosos de la <Familia Freya> después de que envió a Ishtar de regreso al Cielo, los leales dependientes de Freya que abrumaron a lo que se consideraba ser un grupo de la élite literalmente durante la noche. Esto no pareció molestar a la Diosa de la Belleza. Regresó a sus aposentos en el piso más alto de la torre más alta de la ciudad. Estaba de vuelta en su trono encima de Orario.


En cuanto a los antiguos miembros de la <Familia Ishtar>, tomaron diferentes caminos para encontrar su propio camino en este nuevo mundo.


× × ×


--Haruhime, ¿Estás segura?


El aire era claro, no había ni una nube en el cielo en este día cuando el sol estaba lo suficientemente caliente como para traer una lágrima a los ojos de cualquiera.


Haruhime estaba parada delante de Takemikazuchi y escuchaba al Dios hablar.

 


--Puedes regresar al Lejano Oriente, si así lo deseas. Si bien regresar a tu hogar no podría ser posible… hay Diosas como Tsukuyomi que te darían la bienvenida con los brazos abiertos en nuestro santuario.


Los ojos del Dios estaban llenos del mismo cariño que había tenido por cada niño desde hace tantos años. Eran tal como los recordaba. Haruhime podía sentir su calidez mientras Takemikazuchi estaba parado con los brazos cruzados sobre su pecho. Allí, también estaba el mismo peinado de tres puntas junto con la inconfundible apariencia de pobreza. Verlo de nuevo cara a cara después de todo este tiempo hizo a Haruhime tan feliz, que quería reír en voz alta.


--Muchas gracias, Takemikazuchi-sama. Sin embargo, estoy bien.


Sonriendo como una flor en florecimiento, Haruhime puso sus manos en su pecho. Takemikazuchi pensó un momento y se rascó detrás de la oreja antes de devolverle la sonrisa y asentir.


--Entendido. En ese caso, una vez más somos una especie de vecinos. Visítanos en cualquier momento.


--Lo hare.


Haruhime dijo con una sonrisa cuando Chigusa y Ouka, llevando al resto de la <Familia Takemikazuchi>, salieron de detrás de su Dios y se acercaron a ella.


--Um, Haruhime-sama. Hay tantas cosas de las que necesitamos ponernos al día. A-Así que…


--Sí, Chigusa-sama. Pronto tendremos tiempo.


--… Lo siento, Haruhime. Si hubiéramos sabido que estabas sufriendo, habríamos—


--No te preocupes, Ouka-sama. Yo, Haruhime, estoy muy feliz de poder encontrarme con todos ustedes de nuevo.


Una pequeña lágrima apareció detrás de los flequillos de Chigusa, de sus aun ocultos ojos. Ouka, siempre serio y al punto, negó con la cabeza.


Ella intercambió más palabras felices con los otros tres miembros de la <Familia> y prometió visitarlos. Con eso, hizo una reverencia y se marchó lentamente.


Dando vuelta en la esquina y atravesando una puerta, Haruhime llegó al jardín delantero de una mansión recién remodelada. Varias personas hablaban entre sí en el césped, incluyendo a una joven Diosa, sus dependientes, y una Amazona digna.


--Bell Cranel, no vayas a defraudarme. Fuiste tan lejos para mostrarme lo que puedes hacer, lo que eres capaz de hacer, así que déjame decirte esto: te arrancare la cabeza si algo le pasa a la pequeña.


--¡S-Sí, señora…!


--Bueno, a decir verdad… Contigo aquí, estaba pensando en unirme a esta <Familia>.


--¡¡C-Cualquiera menos tú!!


Aisha extendió su mano como para acariciar el mentón de Bell, pero fue interrumpida por el grito de la joven Diosa. Levantando ambos brazos, protegió físicamente al chico de cabello blanco del toque de Aisha.

 


--¡Bell-kun será devorado! Grito con desesperación.

--No eres divertida.


Aisha respondió con una amplia sonrisa. El grupo notó que Haruhime caminaba hacia ellos poco después.


--¿Todo listo?


--¡Ah, Haruhime-san!


Todavía sonriendo, Aisha se giró hacia Haruhime mientras Bell la saludaba con una sonrisa y agitando su mano. Haruhime sonrió de inmediato.


--Sí, he terminado de hablar de todo con la <Familia Takemikazuchi>… Aisha-sama, las palabras no pueden expresar…


--Detente con las cosas sentimentales, no soy buena con eso. Además, sólo hice lo que quería. No tienes que agradecerme.


Aisha cortó la expresión de gratitud de Haruhime con otra sonrisa y un gesto de su mano. La Renart no sabía qué hacer en ese momento. Una mirada seria se apoderó de su rostro.

--Me he asegurado de que la antigua capitana y las <Berbera> no chismorreen. Somos las únicas que lo sabemos, así que tu secreto no debe salir. Si lo usas… se cuidadosa, mantente fuera de la vista.


--Aisha-sama…


--U-Um, eso me recuerda. Al final, ¿Qué le pasó a Friné…?


--Ah, encontramos a ese sapo molida a golpes en el jardín delantero. Parecía como si hubiera pasado por el infierno.


Bell se armó de valor para preguntar por la Aventurera de Primera Clase después de escuchar a Aisha mencionarla. Aisha se rió para sí misma al explicar la extensión del daño que Friné había recibido a manos de los guerreros de Freya. Al parecer, era hasta el punto de que ya no podía mostrar su rostro en público; actualmente estaba encerrada en la habitación trasera de algún hotel, lloriqueando silenciosamente para sí misma.


--Bueno, entonces me iré a buscar una nueva <Familia> que me acepte. Tal como estoy ahora, con mi <Estado> sellado y todo, no puedo decir quién podría intentar tomar ventaja.


Con Ishtar en el Cielo, los efectos de su Encanto en Aisha habían desaparecido por completo. Un aura limpia y pura emanaba de la guerrera Amazona mientras se daba la vuelta para mirar el cielo azul.


Haruhime no entendía los sentimientos que se hinchaban dentro de ella.

 


Siempre había estado aterrorizada de Ishtar, siempre bajo su pulgar. Por otra parte, si la Diosa no la hubiera aceptado, no sabía qué pudo haber sido de ella. Claro, la Diosa la había obligado a entrar en la vida de un prisionero y le había impedido escapar, pero también la había protegido.


Alivio, tristeza, soledad—no había una manera sencilla de explicar las emociones que se arremolinaban en su corazón. Haruhime tambien lanzó su mirada hacia el cielo.


--… De todos modos, si sucede algo, ven a buscarme. No me importa darte un consejo si lo necesitas.


--… ¡Gracias, Aisha-sama! ¡Gracias por todo!


Aisha no respondió a Haruhime mientras caminaba hacia la puerta principal. Agito su mano una última vez y desapareció de la vista.


Haruhime miró la puerta por un momento antes de girarse lentamente hacia Bell y los demás.


--De ahora en adelante… Yo, Sanjouno Haruhime, me gustaría pedir oficialmente unirme a la <Familia Hestia> como otro miembro…


--Ehh, no hay necesidad de tales palabras lujosas. No he estado aquí tanto tiempo. Encantado de conocerte. Mi nombre es Welf Crosso, pero no te molestes con mi apellido.


--Lili también está encantada de conocerte, Haruhime-sama. Mi nombre es Liliruca Arde.


El humano con cabello rojo y la Hobbit con los mechones color castaño se adelantaron y se presentaron.


--¡El placer es mío!


Respondió Haruhime con entusiasmo, emocionada de estar intercambiando nombres con personas que nunca había conocido antes.


--Ahem… Eso me hace la última. Mucho sucedió ayer así que estoy segura de que ya lo sabes, pero yo soy Hestia. Bienvenida a la <Familia>, oficialmente.


Hestia, aún más baja que Haruhime, inflo su abultado pecho y repitió las palabras de Haruhime haciendo su propio saludo.


Haruhime dio una profunda reverencia y se sorprendió al descubrir cuando levanto la cabeza que Hestia había caminado hasta ella.


--Pero escucha aquí, Haru-hi-me-kun. Parece que tienes algunas emociones bastante arriesgadas cuando se trata de Bell-kun… ¡Lo crie yo misma, y no permitiré ninguna travesura impulsiva!


--Wha… umm, ¿Huh…?


--¡Por favor, no digas cosas tan ridículas! ¿Quién exactamente crio a Bell-sama? ¿No eres una Diosa con una deuda masiva y viviendo del duro trabajo de Bell-sama, Hestia-sama?


--¡H-Hey! ¡Los oscuros secretos de una Diosa no son algo de lo que se habla delante de los nuevos reclutas!


--Sí, puedes ignorar todo eso.

 


El argumento de Hestia y Lili aumento en intensidad, ambas se miraron la una a la otra mientras Welf se reía secamente y se encogía de hombros hacia Haruhime. Bell miraba a ambas discutir con una gota de sudor frío corriendo por su cuello.


Oh sí, esto podría ser divertido.


Haruhime pensó mientras observaba las interacciones de sus nuevos aliados con una risa que amenazaba con estallar en sus mejillas.


—*Creack* La puerta principal de la mansión se abrió sin previo aviso.


--¡M-Mikoto-san!


--Hey, ¿Seguro que está bien que estés levantada?


--N-No es un problema. Sólo quedan los síntomas del Mente Cero… ¡T-También quiero celebrar la ceremonia de aceptación de Haruhime-sama…!


Bell y Welf dieron unos cuantos pasos hacia su amiga que tropezaba.


Ella había recibido un tratamiento considerable de alguien después de la batalla en el palacio. Cuando la encontraron fuera de la torre principal, había una botella vacía de Elixir junto a ella. Físicamente se veía muy bien, pero estaba pasando un tiempo difícil con la somnolencia—de hecho, durmió todo el día después de la batalla. Ella estaba de pie y moviéndose por pura fuerza de voluntad.


Haruhime miraba con preocupación mientras la chica intentaba bajar las escaleras hacia el jardín delantero.


--¡Uwaah!


Tropezando con su propio pie, Mikoto cayó por los últimos escalones antes de caer en los brazos de la Renart.


--M-Mis disculpas, Haruhime-sama.


--N-No hay necesidad de disculpas…


Bell y los demás vieron cómo su inesperada reunión se convertía en un abrazo.


Pasaron unos momentos antes de que ambas chicas se separaran lo suficiente para mirarse a los ojos. Haruhime rompió el silencio.


--Soy yo quien debería disculparme contigo, Mikoto-sama… te he causado tantos problemas, tanto dolor…


--H-Haruhime-sama…


Alejándose de su amiga de la infancia, Mikoto se turbó ante las disculpas de Haruhime y se movía inquieta. Haruhime mantuvo los ojos cerrados durante un rato.

Entonces, invocando todo su valor y tensando su cola, Haruhime miró a Mikoto con determinación en sus ojos.


--Gracias por salvarme… Mikoto.

 


Con los ojos húmedos y brillantes, Haruhime expresó su gratitud con una voz suave.


Los labios de Mikoto se estremecieron al verlo. Superada por la emoción, sólo tenía una petición.


--Haruhime-sama, por favor sonríe.


--¿Eh…?


--Yo… Al igual que hace mucho tiempo, cuando éramos jóvenes. Quiero verte sonreír desde el fondo de tu corazón.


La sorpresa de Haruhime duró sólo un momento.


Mirando los ojos púrpura de Mikoto, que estaban a punto de estallar en lágrimas, con sus propios ojos verdes llorosos, Haruhime le mostro una gran sonrisa a su vieja amiga. Con lágrimas ahora cayendo libremente por su rostro, Mikoto dejó que su felicidad se ampliara en todo su rostro y le devolvió la sonrisa.


Era lo mismo que en su ciudad natal, ambas compartiendo sonrisas como niñas. Era la primera vez en demasiado tiempo, pero era exactamente como lo recordaban.


--… Bell-sama, realmente tienes mi gratitud.


Ambas se giraron para encarar al humano de cabello blanco y Haruhime le dio las gracias.


Los hombros del chico se contrajeron; estaba casi avergonzado. Se rascó su ruborizada mejilla por un momento antes de devolver su habitual sonrisa despreocupada.


--A partir de hoy, somos <Familia>. Bienvenida a casa. Haruhime cerró los ojos y lloró una vez más.

Tallada en su espalda, la <Gracia> de Hestia inundó su cuerpo con una reconfortante calidez, haciendo que Haruhime se sintiera como si estuviera sumida en un mundo de bondad. Sintió un torrente de emociones subiendo a la superficie y trató de mantenerlo todo unido.


--Estoy encantada de llamarte mi <Familia>, Bell-sama… Que nuestra relación sea eterna.


La cabeza de Haruhime se inclinó hacia él con una profunda reverencia. Su rostro era como flores de cerezo en flor cuando finalmente la levanto.


--Espera, Haruhime-kun. ¿No crees que la elección de tus palabras fue un poco extraña?


--¡Estoy de acuerdo! Algo definitivamente es extraño.


--¿E-Es así?


--T-Tómenlo con calma con ella, Hestia-sama, Lili-dono.


--Tenemos otras cosas de las que hablar… ¡Como la forma en que vamos a celebrar la adición de nuestra nueva recluta!

 


--¡Oh! ¡Me gusta tu forma de pensar, Welf-kun! ¡De acuerdo, entonces, es hora de una fiesta de bienvenida!


--¡Deténganse-justo-ahí! ¡Nuestra <Familia> no tiene los fondos para hacer eso ahora…!


--¡No seas tan aguafiestas! Bell-kun, crees que deberíamos tener una fiesta, ¿Verdad?


--Probablemente deberíamos, Kami-sama. Después de todo, es para Haruhime-san.


--¡Bell-sama—!


--¿E-Es realmente aceptable?


--¡Por supuesto que sí, Haruhime-sama! ¡Tendremos que invitar a Takemikazuchi-sama y tambien a nuestros otros amigos de casa!


Voces felices rodeaban a una chica vestida con un kimono rojo.


La Renart, quien siempre había mantenido distancia, finalmente había abierto su corazón hasta el punto de poder reírse con todos los demás.


El claro y azul cielo parecía velar por la joven Diosa y sus dependientes.


Y el emblema por encima de la puerta principal parecía brillar bajo la luz del sol como si estuviera celebrando la adición a la <Familia> a su manera.





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