La Princesa Plateada y el Caballero Azul
Parte 1
Desde que Koutarou obtuvo la Signaltine, el avance del renacido Ejército de Fortorthe se había hecho
imparable.
El rumor de que Koutarou derrotó al dragón emperador del fuego, Alnaya, se extendió por Fortorthe
como un fuego incontrolado, y consiguieron aún más personas y suministros. A ese ritmo, el Ejército
de Fortorthe resultaría victorioso. Gracias a eso, los grupos de caballeros que seguían sin decidirse
por un bando acabaron uniéndose a ellos uno tras otro, por lo que sus fuerzas aumentaron
considerablemente. Ahora su poder bélico era más que capaz de vencer al ejército del golpe de
estado.
Mientras tanto, las fuerzas de la sublevación estaban disminuyendo constantemente. El miedo de
perder contra un oponente que podía vencer dragones y proseguir sin problemas se extendió por
todos los partidarios del golpe de estado. Como resultado, la moral decayó y muchos combatientes
desertaron. Si Alnaya, que se encontraba desaparecido, volviera, probablemente podrían dar la vuelta
a la situación, pero no había señales de que eso fuera a ocurrir. La situación del ejército del golpe
seguía deteriorándose.
Aunque apenas había diferencias entre ambas fuerzas, con la moral por los suelos, incluso las
guerras más sencillas podían complicarse. Mientras la capacidad del Ejército de Fortorthe
aumentaba, el ejército rival no estaba haciendo las preparaciones necesarias y fueron perdiendo
batallas por todo el país. Eso hizo que la situación empeorara.
Como consecuencia, el renacido Ejército de Fortorthe fue capaz de avanzar poco a poco sin que
hiciese falta que Koutarou recurriera a la Signaltine. En el momento que cayó el primer copo de nieve,
el Ejército de Fortorthe ya se estaba aproximando a la capital, Fornorn.
Koutarou y Clan estaban observando la imagen 3D creada por el brazalete. En ella podían ver la
imagen de una ciudad con edificios de ladrillo. En la época moderna se habría considerado pasado
de moda, pero en este tiempo era algo muy bello. Como se podía esperar de la capital de un reino;
las aldeas y los pueblos no tenían nada que ver con ella.
—Así que esta es la capital Fornorn, eh… es bastante grande.
—Es la ciudad más grande del continente. Tiene suministro de agua y alcantarillado, e incluso he
oído que hay iluminación en las calles.
La población de Fornorn superaba los 100.000 habitantes. Si se comparaba con las grandes ciudades
históricas de la Tierra, era una ciudad enorme. Antes de la invención de la máquina de vapor, había
un límite en cuanto a lo grande que podía ser una ciudad. Por eso, una población de 100.000
personas en esta época era más que suficiente para poder llamar a Fornorn una metrópolis.
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Y como gran ciudad que era, las fuerzas de combate instaladas en ella eran inmensas. En la capital,
deberían estar esperándolos alrededor de unos 10.000 soldados. Si el ejército del golpe movilizara a
todas sus fuerzas, ese número podría ser varias veces más grande, pero como la mayoría estaban
ocupadas conteniendo revueltas y vigilando las fronteras, su número no se movería de esos 10.000.
Pero incluso así seguían siendo muchísimos.
—Todo está en calma… qué extraño.
—Es cierto. ¿Por qué no han desplegado a los soldados?
—Quién sabe… pero sería preocupante si utilizaran la estrategia de destruir todo lo que sea de
utilidad…
El renacido Ejército de Fortorthe se desplegó de forma que rodeaba toda la ciudad de Fornorn. Sus
unidades rondaban los 8.000 hombres, pero si se tenía en cuenta los refuerzos que aún estaban por
llegar, ese número sería próximo a 10.000.
Pero al parecer, el ejército del golpe no mostraba signos de querer atacarlos. Debían tener unos
10.000 soldados, pero no se habían desplegado. Tampoco habían tomado posiciones para
defenderse.
—La princesa Alaya no desea ese tipo de batalla.
—Qué malpensado, yo también pienso lo mismo.
—Perdóname, Clan.
—¿Cuánto vas a tardar en reconocer que soy una princesa?
—Dije que lo siento.
Lo que les preocupaba era que el ejército del golpe hubiera podido desplegar a los soldados por
dentro de la ciudad. Si ese era el caso, habría innumerables daños durante la batalla, y entonces no
tendría sentido atacar Fornorn. Si la capital era reducida a cenizas con el objetivo de capturar a los
cabecillas del golpe de estado, el daño sería aún mayor que cuando ocurrió el golpe.
—Si ese es su objetivo, tendremos que encontrar una manera de asaltar el palacio.
—¡Vaya! Las reparaciones de la Cuna acabarán pronto. Si la utilizamos, podría ser factible.
—Muy bien… Clan, reúne algo más de información. Deberías centrarte en lo barracones.
—Entendido. Conseguiré más información en detalle antes de que vuelva el equipo de
reconocimiento.
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Debido a las circunstancias, Koutarou y los demás estaban siendo cuidadosos a la hora de atacar
Fornorn. Si se consideraba lo que ocurriría después de la guerra, no bastaba solo con reprimir al
ejército del golpe. Esa era la parte enrevesada de las guerras civiles: si luchaban de manera que
pudieran causar más revueltas y levantamientos, la guerra nunca terminaría. Tanto la historia de la
Tierra como la de Fortorthe eran prueba de ello.
—¡¡Excelencia!!
En ese momento, el joven ayudante de Koutarou irrumpió en su tienda. Normalmente no haría algo
así; siempre se quedaba esperando en la entrada. Así que el hecho de que hubiese entrado
significaba que había ocurrido algo grave.
—Cálmate, ¿qué es lo que ha ocurrido?
Koutarou preguntó al joven qué era lo que ocurría. Podía adivinar que era algo importante, pero no
podría entenderlo si su ayudante estaba nervioso. Para tranquilizarlo, Koutarou habló con un tono
calmado.
—¡¡B-bueno, el ejército de golpe de estado se ha rendido!!
—¡¿Qué?!
—¡¿Q-qué?!
Después de haber escuchado la noticia, ni Koutarou ni Clan podían permanecer sosegados.
La razón por la que el ejército enemigo se había rendido era porque sus jefes, Maxfern y Grevanas,
estaban ausentes.
Los dos habían desaparecido unos días antes y ya no se los volvió a ver. Los alquimistas y la corte
de magos también desaparecieron el mismo día. Se habían ido, llevándose con ellos únicamente sus
pertenencias.
Abandonaron a su ejército sin ninguna orden específica. Como un niño que se cansa de un juguete,
ya no parecía importarles más.
—…Y como nosotros tampoco queremos entrar en batalla, también estamos deponiendo las armas.
—Aunque nos cuentes esto, sigue siendo difícil de creer…— Koutarou estaba perplejo, a pesar de
que el mensajero enemigo les había comunicado las circunstancias. Koutarou comprendía lo que
decía el mensajero, pero le era muy complicado tomárselo en serio.
—Puedo entender que se sienta así. Pero es la verdad.
El mensajero enemigo también parecía estar conmocionado por la situación. Y había intentado
desesperadamente hacer que Koutarou lo aceptara3.
3
Aunque no se especifica, el lector se podrá imaginar que el ayudante iba acompañado del mensajero cuando entró en
la tienda. (NdelT.)
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—Excelencia, he enviado tropas para confirmarlo. Todo lo que dice es verdad. No se ha podido
encontrar a Maxfern y compañía por ninguna parte del palacio, y las instalaciones de investigación de
los alquimistas y la torre de los magos también están vacías.
El ayudante confirmó que las palabras del mensajero eran ciertas.
—Hmm… Entiendo. Parece una situación problemática para ambas partes.
—Me alegro de que lo entienda.
Aunque fuera una situación incomprensible, se trataba de la verdad. Maxfern y Grevanas habían
abandonado a su ejército y desaparecieron.
—Clan.
Koutarou llamó a Clan. Cuando ella se acercó, Koutarou le susurró al oído:
—…¿Qué está pasando? Esto es completamente distinto de lo que decía el guion.
—…Yo tampoco lo sé. De acuerdo con la historia, el Caballero Azul luchaba contra Maxfern y
Grevanas.
En el guion de Theia y en la historia de Fortorthe, el Caballero Azul se enfrentaba a Maxfern y a
Grevanas. Aunque había discrepancias en el modo en que se desarrollaba la batalla, el hecho de que
había una batalla coincidía.
A pesar de eso, no se podía encontrar a ninguno de los dos por ningún sitio. Se utilizó un libro de
historia para escribir el guion de Theia, y al final tenía lugar una batalla en Fornorn. Y basándose en
cómo progresaba la historia, eso era algo natural. Por todo ello, este final era totalmente inesperado.
—…Si la historia es diferente de la del guion, ¿qué ocurrirá ahora?
—…No da muy buena espina, pero Alaya tiene que convertirse en la reina, así que empecemos a
trabajar con eso en mente.
—…Muy bien, hagamos eso.
Tras la charla privada con Clan, Koutarou informó al mensajero.
—Aceptamos la rendición del golpe de estado. Prepárense para dejarnos entrar inmediatamente.
—¡¡S-se lo agradezco mucho, excelencia!!
Al oír la respuesta de Koutarou, la expresión del mensajero se apaciguó.
Él mismo se sentía confuso por la situación. Había una opción de que Koutarou no lo creyese y
sospechara que podía tratarse de una trampa, así que vino sabiendo que podía haber sido ejecutado.
Y como eso no ocurrió, se encontraba completamente aliviado. Con esto, la guerra había terminado y
podría volver con su familia. Esas emociones se convirtieron en lágrimas que empezaron a caerle por
las mejillas.
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—Vaya…
Koutarou dejó escapar un pequeño suspiro y bajó los hombros. Al verlo, Clan arrugó la frente.
—Aún es demasiado pronto para relajarse, Veltlion.
—Ya, lo sé, pero… lo mejor es que la guerra acabe de una vez.
—Eso es cierto. Entiendo perfectamente cómo te sientes.
No importaba cuántas veces lo hubiera experimentado, Koutarou nunca podría acostumbrarse a la
guerra. Pensaba que lo mejor sería seguir adelante sin volver a luchar más. Koutarou no podía hacer
otra cosa más que sentirse aliviado, aunque el cambio en la historia lo incomodaba. Lo mismo ocurría
con Clan; aunque dijo que no debían relajarse, estaba muy aliviada en secreto
Sin embargo, la batalla no acabó ahí.
—¡¡Veltlion, esto es terrible!!
El ambiente en el interior de la tienda se estaba volviendo más relajado a medida que vislumbraban el
final de la guerra. Pero eso cambió cuando Flair entró corriendo en la tienda con la cara pálida.
—¡¡La princesa Alaya y la princesa Charl han sido secuestradas por Maxfern!!
Flair comunicó el mensaje que hizo abrirse el telón de la batalla final.
Parte 2
Mientras que Koutarou y los otros estaban distraídos con la capital, Maxfern había emboscado a las
fuerzas de Alaya que se encontraban vigilando en la retaguardia. Con todo el ejército del golpe en
Fornorn, nadie se esperaría un movimiento como ese a esas alturas de la contienda.
Maxfern había utilizado una manada de monstruos alados para el ataque. Habían sido invocados por
Grevanas y su corte de magos, y atacaron a Alaya y a sus fuerzas bajo su mando. Al recibir un
ataque desde el aire por un ejército que no debería existir, el renacido Ejército de Fortorthe fue
desarticulado y Alaya, junto con Charl, fueron secuestradas.
Además de ellas, Mary y Fauna también habían sido raptadas, ya que se encontraban en la misma
tienda.
Después de eso, Maxfern dejó un extraño mensaje al Ejército de Fortorthe. En él se decía que
Koutarou debía ir al castillo de Nariachal sin llevar al ejército consigo.
—Oh, vale, ¿y qué tipo de lugar es el castillo de Nariachal?
Mientras montaban a caballo, Koutarou preguntó a Lidith, que se encontraba a su lado. El nombre de
Nariachal no aparecía en el guion de Theia, así que Koutarou no lo conocía.
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—Nariachal está al Norte de Fornorn. Es un viejo castillo que utilizaba la familia Maxfern para
administrar sus territorios. Cayó en desuso cuando Fornorn fue fundada, y ahora debería estar vacío.
Lidith respondió a la pregunta de Koutarou mientras controlaba a su caballo con habilidad. Era mucho
mejor jinete que Koutarou. Gracias a eso, podía seguir con destreza el ritmo de Koutarou a la vez que
hablaba.
—Sin duda es una trampa, Veltlion.
Clan estaba cabalgando junto a Flair en el mismo caballo, ya que apenas podía conseguir hacer
caminar a uno. Después de todo no era la mejor en cuanto a actividades físicas. Clan se estaba
agarrando desesperadamente a Flair tratando de no caerse. Pero a pesar de eso, seguía estando
preocupada por Koutarou.
—Van a asesinar a Alaya y a los demás de todos modos. Probablemente solo quieren deshacerse de
ti antes.
Para Maxfern y Grevanas, que fueron los que iniciaron el golpe de estado, Alaya y Charl solo eran
una molestia. Acabar con sus vidas era la forma más eficiente de conseguir que el golpe tuviera éxito.
Así que serían asesinadas tarde o temprano. Daba igual si venía Koutarou o no.
Actualmente, Koutarou estaba en mayor peligro que las princesas. Si ellas morían, Koutarou, como
jefe del ejército, podría declarar una guerra de venganza y las cosas se pondrían más difíciles para
los líderes del golpe. Era posible que el Ejército de Fortorthe ganase más ímpetu, en vez de perderlo.
Para evitarlo, sería mejor si el paradero de Koutarou, Alaya y Charl era incierto. Aunque estuviesen
muertos, haciendo creer a la gente en la posibilidad de que siguieran con vida, podrían evitar que el
odio de los ciudadanos se concentrara en un solo punto.
—¡Pero no pienso dejarles hacer eso! ¡No importa lo que pase, voy a salvar a las princesas! ¡Incluso
si muero en el intento!
La expresión de Flair se llenó de ira y espoleó a su caballo. Su rabia era muy intensa. Guardaba un
odio inmenso hacia la persona que tenía a su estimada maestra como rehén.
—Por favor cálmese, Lady Pardomshiha. Si le dejo morir, la princesa Alaya me dará una buena
bronca.
—¡Pero Veltlion, no tiene sentido ser cuidadoso si la princesa Alaya y Charl van a morir!
Flair estaba muy tensa. Pasó algo que nunca debería haber ocurrido. Así que no se podía encontrar
ni una sola huella de compostura en la normalmente decorosa Flair.
—Frene un poco a su caballo por favor, Lady Pardomshiha. Si sigue así acabará desmayando al
caballo antes de llegar.
—…Ugh, d-disculpe…
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Flair se sonrojó un poco, y siguiendo el consejo de Koutarou redujo la velocidad. Si forzaba en exceso
a su caballo, al final no podría alcanzar su destino. Y tampoco podría cumplir su misión si se forzaba
tanto a ella misma. Al darse cuenta de que estaba muy nerviosa, Flair se tranquilizó.
—Pero, ¿qué es lo que vamos a hacer, Caballero Azul?
Caris, que iba volando sobre un bastón, se acercó a Koutarou. En su caso, era mucho mejor volando
con su bastón que montando a caballo. Iba volando de espaldas mientras hablaba con Koutarou.
—Si seguimos así, acabaremos cayendo justo en su trampa. Y solo somos nosotros cinco, así que no
hay muchas cosas que podamos hacer.
En total eran cinco personas dirigiéndose hacia Nariachal: Koutarou, Lidith, Flair, Clan y Caris. Ese
número era demasiado reducido como para salvar a una princesa. Y sabiendo que se dirigían hacia
una trampa, cualquiera estaría preocupado, no solamente Caris.
—Bueno, supongo que no podemos obsesionarnos con los detalles…. Clan.
—¿A qué viene esa cara?
Clan se preocupó instintivamente cuando vio la expresión de Koutarou; siempre decía cosas
atrevidas en momentos como ese.
—¿No se te habrá ocurrido algo estúpido de nuevo, verdad?
—Puede ser. Clan, no podemos ser exigentes en esta situación. Tendremos que utilizar cualquier
método disponible para salvar a la princesa Alaya y a los demás.
—…¿Estás seguro?
Clan apuntó con sus ojos a las chicas que le rodeaban. Cualquier método significaba utilizar todo el
equipamiento a bordo de la Cuna. Eso sería lo mismo que contar a Flair y las otras quiénes eran en
realidad. Eso estaba a un nivel completamente distinto que ser vistos volando y utilizando armamento
avanzado. Si hacían eso, las probabilidades de no poder volver a su propio mundo serían bastante
altas.
—Sí. El final está cerca, y es justo como dijo Caris. Hay un límite en cuanto a lo que podemos hacer
solo nosotros cinco.
—…Entiendo.
Clan asintió. Aunque fuera arriesgado, pensaba que la decisión de Koutarou era la correcta. Podían
confiar en Flair y los otros, y además eran muy pocos. Lo mejor era asumir el riesgo de que sus
identidades pudieran ser reveladas antes que perder a Alaya y Charl.
—Y también prepara eso, podríamos necesitarlo.
—¡¿E-eso también?! Todavía estoy en proceso de calibrarlo y~
—Como dije antes, no podemos ocuparnos ahora de los detalles.
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Koutarou puso una sonrisa al decir eso. Era la sonrisa traviesa que hacía cuando le contaba a Clan
un chiste de mal gusto, pero en esta ocasión era un poco distinta. Esa visión impactó a Clan.
—…Veltlion, ¿es posible que estés increíblemente enfadado?
Parecía que Koutarou se mostraba calmado. Sin embargo, ella podía sentir un profundo odio
escondido detrás de su sonrisa. Maxfern y Grevanas habían tocado algo que no debieron.
—No, estoy tranquilo.
Koutarou tocó la insignia de rango de su pecho al decirlo.
—…Tranquilo dices… Mierda, esto no va a acabar bien…
Ahora, Clan estaba segura de que Koutarou estaba furioso; solo fingía estar calmado para no
preocupar a la gente que lo rodeaba.
Ya veo, nunca hubo posibilidades de ganar a un hombre tan disparatado…
Koutarou debió de encontrarse igual durante la batalla entre ellos dos. Al entender el motivo de su
derrota, Clan podía sentir que la batalla a la que se dirigían iba a ser feroz.
Parte 3
Cuando fueron llevadas al viejo castillo de Nariachal, Alaya y las otras chicas fueron encerradas en
las mazmorras. Después de estar unas horas allí, les llevaron hasta el jardín del castillo.
Era un jardín muy pobre. Como estaba situado entre la puerta y la parte principal del castillo, en el
pasado debió de tener muchas plantas y estatuas, alegrando a los visitantes con vivos colores. Pero
como el castillo no se había utilizado en bastante tiempo, no había nadie encargado de mantenerlo, y
el jardín estaba en ruinas. Todas las plantas se habían marchitado, las esculturas estaban rotas y la
fuente estaba llena de tierra. El jardín en ruinas de unos 100 metros de largo estaba tristemente
solitario.
Llevaron a Alaya y a las otras chicas hasta el jardín y les ataron a unas estacas de madera ancladas
al suelo. Las cuerdas estaban fuertemente atadas, y ninguna podía respirar en condiciones. Era difícil
mantenerse tranquilo en esa situación; y Charl era la que peor lo estaba pasando.
—…¿Qué nos va a pasar?
Charl, que se encontraba muy agitada, dejó salir un pequeño suspiro y arrugó la frente. Al verle,
Fauna y Mary sonrieron e intentaron animarle.
—¡Estaremos bien! ¡No hay forma de que estos villanos puedan hacernos nada!
—¡Es verdad, seguro que Layous-sama vendrá a salvarnos!
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Eso era todo lo que las chicas podían hacer en su situación.
—¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! Pero…
—Charl, tienes miedo de que venga Layous-sama, ¿no es eso?
Alaya era dolorosamente consciente de los sentimientos de Charl. Ninguna de las dos dudaba de que
Koutarou iba a venir a salvarles. Por eso tenían miedo.
—¡Hermana! ¡El Caballero Azul es idiota, así que seguro que vendrá! ¡Y será asesinado intentando
salvarnos!
—Charl…
Koutarou no podría hacer nada si usaban a Alaya y a las otras como rehenes. Se enfrentaría al
peligro por el bien de ellas, y probablemente sería asesinado. Esa era la inevitable verdad, y debido a
ello estaban aterrorizadas.
—Todo irá bien, Charl. Layous-sama seguro que ganará. Nuestro Caballero Azul no va a morir tan
fácilmente.
Alaya siguió hablando a Charl como para intentar convencerse a sí misma.
Sin embargo, Alaya creía lo contrario. Koutarou vendría, y entonces se dejaría asesinar sin entrar en
batalla. Ella sabía qué tipo de persona era Koutarou; por eso lo amaba. Así que no podía contar a su
hermana menor, que estaba temblando de miedo, que Koutarou seguramente sería asesinado.
Por favor, no vengas, Koutarou-sama… No importa si no lo haces, sea cual sea la razón…
Todo lo que Alaya podía hacer era rezar. Reprimió las ganas de llorar y trató desesperadamente de
mostrar a Charl una sonrisa.
—No hay necesidad de preocuparse, princesa Alaya, princesa Charl. Siempre y cuando el Caballero
Azul nos escuche, no habrá necesidad de que lo maten.
—¡Maxfern!
Maxfern apareció a un lado de la fila de estacas. Biorbaram Maxfern, había sido ministro de Fortorthe
durante muchos años. Sin embargo, era la persona que mató a los padres de Alaya y sumió al país
en guerra. Ni siquiera Alaya podía contener la rabia frente a una persona como esa. La sonrisa de
Alaya desapareció en un instante y miró a Maxfern con una dura expresión.
—Eres un mentiroso…
—Eso no es verdad.
Maxfern ignoró la mirada de Alaya y mostró lo que parecía ser una sonrisa compasiva a primera vista.
Pero era obvio que solo era para dar espectáculo.

—Si el Caballero Azul admite nuestras propuestas, será imposible que pueda hacernos algún mal. Un
león no tiene motivos para aplastar a una simple hormiga.
En ese momento, Maxfern rebosaba una extraña confianza. Estaba convencido de que la victoria le
pertenecía, y no parecía tener ningún interés en el destino de Koutarou. Su tono y su comportamiento
eran ciertamente confiados.
¿Por qué está tan confiado…?
Alaya sintió algo misterioso en él y se quedó sin palabras debido a esa inquietud.
—Maxfern-sama, parece que el caballero en cuestión ha llegado.
El antiguo jefe de la corte de magos, Grevanas, apuntó hacia el portón al otro lado del jardín.
—Así que has venido, Caballero Azul… jejeje, por supuesto que eres un caballero ejemplar.
Excelente…
Maxfern miró hacia la dirección que apuntaba Grevanas y rió satisfecho. Por fin llegó el momento que
había estado esperando.
—¡Caballero Azul!
—…Ah… Koutarou sama… ¿por qué…?
Había un caballero con armadura azul plantado en el portón que estaba abierto de par en par. Alaya
podía ver que se trataba de Koutarou, incluso desde tan lejos.
Koutarou había venido solo. Se bajó de su caballo y le echó un vistazo al jardín. En ese momento,
sus ojos y los de Alaya se encontraron por un instante. Koutarou mostró una sonrisa dulce antes de
volver rápidamente a su expresión seria. Sabía que ese no era el momento para estar contento.
—¡¡No lo hagas, Layous-sama!! ¡¡Es una trampa!!
Koutarou caminó directamente hacia el centro del jardín. Sus pasos eran lentos pero firmes. Al ver
eso, Alaya pudo saber qué tipo de resolución tenía Koutarou cuando llegó al castillo.
—¡¡No te preocupes por nosotras!! ¡¡Maxfern nos ejecutará de todos modos!!
Alaya gritó eso a pesar de tener al lado a su hermana. Estaba tratando desesperadamente de detener
a Koutarou.
—Por favor, no os preocupéis, os salvaré pronto a todas.
Pero Koutarou no pensaba detenerse. Continuó caminando a la misma velocidad y ahora estaba en
el centro.
—…Veo que la ha traído.
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Cuando Koutarou se acercó, Maxfern lo miró durante un momento antes de sonreír y se acarició la
barbilla.
—Eso parece. Puedo detectar su magia.
El mago Grevanas no solo veía a Koutarou con sus ojos, sino que también con su magia. Podía ver
un gran poder mágico alrededor del cuerpo de Koutarou. Toda parecía ir tal y como Maxfern y
Grevanas habían planeado.
—Confirma si es el verdadero o no, inmediatamente.
—Como desee.
Grevanas levantó su mano. Al hacerlo, apareció una criatura de aspecto absurdo.
Tenía el cuerpo de un animal carnívoro en posición erguida, la cabeza era similar a la de un reptil y
en la espalda tenía unas grandes alas. Parecía como una mezcla de varias criaturas. Era un
monstruo que Grevanas y la corte de magos habían invocado de otro mundo al que llamaban Infierno.
—¡Ve!
Grevanas apuntó con su mano hacia Koutarou. El monstruo aleteó y empezó a volar por el aire. Las
alas no eran solo de decoración.
—¡¿Q-qué es eso?!
Koutarou se dio cuenta de la presencia de la criatura cuando ésta se echó a volar. Se quedó sin
palabras al ver su apariencia absurda. Sin embargo, él ya había visto todo tipo de criaturas desde que
llegó a Fortorthe. Los caballos tenían cuernos, y los lagartos alas. Y hacía poco tiempo había visto un
dragón. Por eso tenía algo de tolerancia frente a la visión de criaturas extrañas.
—¡Ya veo, así que ese es el demonio que secuestró a su alteza y a las demás!
Koutarou había oído sobre el extraño monstruo, el demonio, de boca de los guardias al servicio de
Alaya. Una manada de bestias que podían caminar y volar habían secuestrado a Alaya y a las otras
chicas. La descripción encajaba perfectamente con esta criatura.
—¡No es algo que no pueda vencer!
Koutarou sacó su espada sin pestañear.
¡Este demonio no es nada comparado con el dragón! ¡Además, ahora cuento con esta espada!
La espada que Koutarou había sacado era la Signaltine, su nuevo poder, concedido por Alaya.
—¡¡Hyaaaaaaaah!!
El demonio pegó un fuerte chillido, entonces batió sus alas y cargó contra Koutarou.
—¡¡Toma esto!!
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Koutarou gritó y apuntó con su espada al demonio. Al hacerlo, la espada plateada sintió la voluntad
de luchar de Koutarou y comenzó a disparar luz blanca.
Un pulso… Ya veo, esto es de la princesa Alaya…
Koutarou podía sentir un leve calor proveniente de la luz. Tuvo un recuerdo de esa sensación; era la
misma sensación cálida que tenía durante el baile, y cuando estaba herido en su habitación, en el
momento que juntaron sus manos.
—¡¡Lo siento por ti~
Koutarou tenía la confianza de que mientras la luz siguiera brillando, no podría perder. No había
forma de hacerlo, porque Alaya estaba a su lado, protegiéndolo.
—~pero hoy estoy de muy mal humor!!
Koutarou golpeó con la espada usando toda su fuerza. Su objetivo era la cabeza del demonio.
Pretendía hacer un contraataque cuando el demonio tomara impulso en su dirección mientras abría la
boca.
—¡¡Hyaaaaaah!! ¡¡Gugegegege!!
Pero los movimientos del demonio eran impredecibles. Movía sus alas y su cola habilidosamente,
esquivando los ataques de Koutarou. Como resultado, sus ataques solo consiguieron rozar la cola del
demonio.
—¡¿No ha funcionado?!
—Gegege, gegege.
El demonio, que había huido por las alturas, miró hacia abajo y se rió de Koutarou, burlándose de él,
como si dijera que sus ataques nunca darían en el blanco.
—…Bastante impresionante…
Koutarou miró hacia el demonio y sintió admiración. Pero no lo hacía por su rapidez; no, sentía
admiración por otra cosa.
—¡¿Huhyah!? ¡¿Gyaoo!?
Entonces fue cuando el demonio se dio cuenta de hacia dónde miraba Koutarou, a su propia cola.
Habían desaparecido unos cuantos centímetros de la cola del animal.
—¡¡Gugaaaa, Hyaaaaaaaah!!
Lo que era peor, continuaba desapareciendo. La sección de la cola brillaba con un color blanco, y su
resplandor iba derritiendo su cola gradualmente. Tras un rato, la luz engulló la cola del demonio y
saltó al resto del cuerpo.
—¡¡Guga, aaaaaah, gugyaaaa!! Ga~
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Los gritos del demonio pararon de repente. No podía chillar aunque quisiera. La luz había devorado el
cuerpo entero del animal y solo quedaba su cabeza. Intentó soltar un grito de pánico, pero sin
garganta, ya no podía hacerlo. Después de un tiempo, el demonio desapareció por completo. Lo
único que dejó atrás fue un puñado de cenizas que volaron con el viento.
Maxfern, que estaba viendo el espectáculo con entusiasmo, se volvió hacia Grevanas.
—Grevanas, ¿ha muerto ese demonio?
—No.
A diferencia de Maxfern, Grevanas estaba tranquilo, y le explicó lo que acababa de pasar.
—Cuando se invoca un demonio en este mundo, éste crea un cuerpo acumulando poder mágico. La
espada eliminó esa magia y lo envió obligatoriamente de vuelta al infierno.
—Lo envió de vuelta al infierno simplemente con un rasguño… qué interesante.
—Por supuesto, el cuerpo está muerto a consecuencia de ello.
—De cualquier manera, ¡vaya poder tan espléndido! Es más de lo que me esperaba.
—Sí. Parece ser la espada auténtica.
A pesar de que su demonio subordinado había sido derrotado, ni Maxfern ni Grevanas se agitaron.
Parecían contentos, como si nada.
—¿Qué hacéis enviándome algo como eso? He venido tal y como me dijisteis.
Koutarou se paró y gritó a Maxfern. Como no sabía qué era lo que tramaba, decidió proceder con
cautela.
—Siento lo de antes, Caballero Azul. No podía asegurar si eras el de verdad o no. Me gustaría
disculparme por la indigna bienvenida.
—… así que tú eres Maxfern.
Koutarou no sabía cómo era Maxfern. Lidith le había contado que era un hombre de mediana edad,
pero esa fue la primera vez que se encontraron.
—Así es. Soy Biorbaram Maxfern. El hombre que será el rey de este mundo.
Maxfern se presentó de una manera solemne. Su majestuoso comportamiento efectivamente
encajaba con el título de rey… si no estuviese consumido por la codicia.
—El rey del mundo… eso es bastante ambicioso. ¿De verdad crees que puedes convertirte en rey?
—Por supuesto. Por eso te he hecho venir.
—¿A mí…?
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Koutarou estaba sorprendido.
¿Cree que va a hacerse rey del mundo acabando conmigo? Eso es simplemente…
Maxfern había atraído a Koutarou usando a Alaya como rehén para poder asesinarlo. Eso era lo que
pensaba Koutarou. Pero si pudiera convertirse en rey solamente con matar a un estudiante de
instituto, el mundo estaría repleto de reyes. No podía entender qué era lo que pensaba Maxfern.
—¿Pudiera ser…?
Entonces la expresión de Alaya cambió. Koutarou no lo entendía, pero ella sí que lo hizo.
—Maxfern, ¡¿pudiera ser que todo fuera solo por eso?!
—¡Pues claro! ¡Cómo podía esperar de la princesa plateada, conocida por su sabiduría! ¡Parece que
la princesa Alaya lo ha comprendido todo! ¡¡Fuajajajaja!!
Alaya estaba sin palabras mientras Maxfern reía a carcajadas. Entonces señaló con su mano derecha
a Koutarou y declaró:
—¡Está bien entonces, Caballero Azul, acabemos con esto! ¡Una vez que esté hecho te devolveré a
su alteza!
La voz de Maxfern sonaba como si se estuviera burlando de Koutarou y Alaya.
—¡¡Ahora, entrégame esa espada!! ¡¡La espada sagrada que convierte a su portador en el rey del
mundo!!
Era como si tratara de agarrar el mundo con su mano extendida.
Parte 4
El objetivo de Maxfern no era tomar el control del reino de Fortorthe. Su objetivo siempre había sido la
Signaltine, o más concretamente, la espada sagrada que albergaba el poder de la Diosa del
Amanecer, de la que se decía que otorgaba a su dueño el derecho al trono. El tesoro nacional de la
familia real, la espada que cortaba el futuro y que llevaba a su poseedor a lo más alto. Si la
conseguía, Maxfern pretendería ser el rey del mundo.
Sin embargo, el sello que protegía la espada era demasiado poderoso, y ni la fuerza combinada de
todos los magos de la corte pudo romperlo.
Por lo que Maxfern, en un primer momento, amenazó con matar a Alaya y a Charl para hacer que el
rey eliminara el sello. Pero a pesar de eso el rey no lo hizo. Aunque las vidas de sus hijas estaban en
peligro, no pensaba ayudar a Maxfern a cumplir su deseo de dominar el mundo con la espada
sagrada.
98
Así que Maxfern tuvo que cambiar de planes. El sello de la espada solo podía romperse si el país se
encontraba en una verdadera crisis nacional. Por lo que asesinó al rey y reina y provocó el golpe de
estado para crear esa crisis. El golpe no era su meta, sino su método.
Después, Maxfern dejó escapar a Alaya, que no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Ella y los
demás nunca habrían sido capaces de escapar por sí mismos; Maxfern creó una ruta de escape para
ellas.
Cuando la sobrina de Maxfern, Lidith, dejó escapar a Alaya, Maxfern se sintió encantado con ella. Sus
acciones eran precisamente lo que él había estado esperando.
Desde entonces Maxfern había estado vigilando los movimientos de Alaya, y se aseguró de que en
todo momento sintiera el peligro pisándole los talones. Envió captores tras ella, e incluso envenenó
las aguas de la aldea donde se escondía. Su fin era hacer que Alaya creyera que el país estaba
atravesando una auténtica crisis.
Por eso la misión de Caris era simplemente vigilar a Alaya, y tampoco se le permitió a Dextro acabar
con ella. Toda era para que pensara que el país estaba en crisis; por eso acabaría rompiendo el sello
de la espada sagrada.
Pero había cometido un error en sus cálculos, y ese fue el Caballero Azul. La existencia de Koutarou.
Los planes de Maxfern no dejaron de fracasar desde que apareció Koutarou. Los perseguidores
fueron derrotados, los envenenamientos fueron curados y el gigante de acero fue destruido. Sus
ataques sobre la base resultaron catastróficos, y no fue posible detener el avance del Ejército de
Fortorthe. Además, la presencia de Koutarou aportaba esperanzas a Alaya, y ella empezó a pensar
que el país podría salvarse si contaba con Koutarou, aunque Maxfern tratase de hacerle creer que la
espada sagrada era necesaria.
Así que Maxfern tuvo que cambiar de plan una vez más. Decidió que la mejor forma de hacer que
Alaya experimentase una sensación grave de peligro era poner en riesgo la vida de Koutarou.
Recibió noticias de los espías que había infiltrado dentro del renacido Ejército de Fortorthe. Decían
que Alaya y Koutarou eran amantes o algo parecido. Maxfern sospechaba que si la vida de Koutarou
estaba en peligro, Alaya rompería el sello de la espada por el bien del país y de su amado. Envió a
Alnaya y a los asesinos para acabar con Koutarou con ese fin.
Como resultado, el sello fue eliminado y ahora la espada estaba al alcance de Maxfern. Aunque había
odiado a Koutarou desde el principio, ahora casi se sentía agradecido.
99
Parte 5
Alaya dejó salir un grito lleno de tristeza cuando Maxfern exigió la espada.
—¡¿Mataste a mi padre y madre por eso?! ¡¿Empezaste el golpe de estado, asesinaste a muchas
personas y me arrinconaste solo para romper el sello de la espada?!
Era una situación que le hizo desesperar. Todo había ocurrido según los esquemas de Maxfern. La
dura batalla del Ejército de Fortorthe, la gran cantidad de gente que murió e incluso su corazón.
Maxfern había manipulado todo esto solo para hacer que Alaya rompiera el sello.
—¡¡Eso es!! ¡¡Si no lo hubiera hecho, nunca podría poner mis manos sobre esa espada!! ¡¡Y nunca
podría convertirme en rey del mundo!! ¡¡He servido a la familia real durante décadas, solo para
conseguir esta oportunidad!! ¡¡Todo era para esto, princesa Alaya!!
Este era el punto culminante de la vida de Maxfern. Había esperado este momento durante décadas.
Si pudiera apoderarse de la Signaltine, todo saldría tal y como lo planeó. Podría disfrutar de la vida
eterna gracias a los poderes de la espada, o podría centrar su atención en conquistar el mundo
entero; las posibilidades eran ilimitadas. Maxfern ya no tenía nada que temer. El futuro se presentaba
ante él con infinitas posibilidades.
—…Y pensar que solo ibas tras esta espada…
Esto era una sorpresa para Koutarou. En el guion de Theia, el objetivo de Maxfern solo era gobernar
el país. En cambio, la realidad había sido distinta de lo que ponía en el guion desde el principio.
—Ahora dame esa espada, Caballero Azul. Si lo haces, te devolveré intactas a la princesa Alaya y a
las otras. No es un mal trato para ti.
Maxfern cruzó el jardín para acercarse a Koutarou. Estaba convencido de que no había forma de que
pudiera rechazar su oferta.
—Si te parece bien, puedo dejar Fortorthe en paz durante un par de cientos de años. Mientras tenga
la espada, tendré todo el tiempo del mundo.
—Kuh…
Koutarou empezó a dudar.
¿Debería ceder la espada y salvar a Alaya y a las chicas? ¿O debería vencer a Maxfern y salvar a
Fortorthe?
Solo podía elegir una de las dos.
—¡¡No lo hagas, Koutarou-sama!! ¡¡Incluso si es por nosotras, no puedes darle esa espada a
Maxfern!!
Alaya deseaba que escogiera la última opción, al igual que hizo el rey. Pero entonces, Alaya y las
otras serían ejecutadas.
100
Si elegía la primera, la paz volvería a Fortorthe durante un tiempo. Pero si la espada poseía los
poderes que había dicho Maxfern, los descendientes de Alaya y Charl serían aplastados por él.
El resultado final acabaría siendo el mismo, la única diferencia era cuánto tiempo llevaría.
—Pero, alteza~
—¡¡Si de verdad eres mi caballero, entonces cumple mi voluntad!! ¡Por favor, acaba con Maxfern y al
menos trata de salvarte!!
—¡¡Eso es, Caballero Azul!! ¡¡Debes vivir y proteger a Fortorthe!!
—¡¡Cierra la boca a esas mujeres, Grevanas!!
—Sí.
Grevanas señaló a varios de sus subordinados. Formaron un círculo alrededor de un gran cristal y
comenzaron a invocar algo. En ese momento, apareció un ser.
Una cosa enorme cayó desde el cielo a una velocidad increíble. Y justo antes de chocar contra el
suelo batió las alas, redujo su velocidad y aterrizó.
El sonido del aterrizaje fue tremendo.
Era el dragón emperador del fuego, Alnaya.
Sus más de 20 metros hicieron temblar cielo y tierra.
—¡¿Este es el dragón de la otra vez?!
—¡H-hermana!
Aunque Alaya y Charl habían permanecido valientes hasta ahora, no había nada que pudieran hacer
con el enorme Alnaya delante de ellas. Sostuvieron la respiración frente a él, que parecía haber
venido de la nada.
—Veo que has vuelto, monstruo…
Koutarou levantó la Signaltine por instinto. Al verlo, Maxfern detuvo a Koutarou.
—Ten cuidado, Caballero Azul, será mejor que no estés pensando en hacer algo estúpido. Si haces
algo extraño, Alnaya clavará sus afilados colmillos en la princesa.
—Grrrrrrr.
Alnaya gruñó como si hubiera oído lo que acababa de decir Maxfern. Abrió su gran boca, pero si
volvía a cerrarla, en un instante destrozaría a Alaya y a las otras chicas. Como Koutarou conocía muy
bien ese poder, esta amenaza tuvo un efecto muy fuerte sobre él.
—Kuh.
101
Koutarou se paró y bajó la espada.
—Bien, eso es. Si obedeces, la princesa no tendrá por qué morir.
Maxfern reanudó de nuevo la marcha. Ahora estaba justo delante de Koutarou.
—Koutarou-sama…
Alaya se mordió los labios. Como esperaba, Koutarou no podía abandonarles. Haber bajado la
espada era prueba de ello. En realidad debería partir a Maxfern en dos allí mismo, pero no podía
hacerlo. Probablemente entregaría la espada a Maxfern. Ya no había forma de evitarlo.
Maxfern se plantó delante de Koutarou y extendió su mano derecha. Tenía una sonrisa triunfal en su
cara.
—Ahora, Caballero Azul. La espada.
—…Tú ganas, Maxfern.
Koutarou hizo una expresión grosera y asintió, antes de extender su brazo derecho y enseñarle la
Signaltine a Maxfern.
—Ooooooh, así que por fin la tengo en mis manos, ¡¡la espada sagrada!!
Maxfern recibió la espada y la levantó por encima de su cabeza. Parecía un niño con un juguete
nuevo.
—¡¡Estamos en posición!! ¡¡Adelante, Veltlion!!
La voz de Clan podía oírse desde su dispositivo de comunicación.
—¡¡Llegas tarde, Clan!!
En el momento en que oyó su voz, Koutarou cerró el puño y golpeó a Maxfern. Pretendía recuperar la
Signaltine. Por fin llegó el momento del contraataque que Koutarou había estado esperando.
—¡No pude hacer otra cosa! ¡Como apareció Alnaya tuvimos que cambiar de posición!
—¡¡No quiero excusas!!
—¡¿Q-qué?!
Maxfern estaba distraído con la espada y no pudo esquivar el puñetazo.
Recibió un golpe en la cara que le hizo dar una vuelta y acabó en el suelo. Koutarou corrió
rápidamente hacia Maxfern e intentó coger la espada.
—No pienso dejar que eso ocurra.
102
Pero antes de que pudiera alcanzarla, Grevanas realizó un conjuro. Su bastón mágico tenía un poder
especial. No requería un encantamiento ni un movimiento para activarlo. Se trataba de un artefacto
que permitía a su dueño realizar un conjuro solo con pensarlo. Se creó una flecha mágica que cayó
desde el cielo y consiguió mantener a Koutarou lejos de su maestro. Entonces, Maxfern se levantó y
se alejó del peligro.
—¡¡Maldita sea, acaba con Alaya y las otras ahora mismo!!
Maxfern estaba realmente enfadado tras el ataque inesperado de Koutarou. Ordenó la ejecución de
Alaya y sus compañeras como venganza. La vida de una princesa era un precio demasiado elevado
simplemente por un puñetazo, pero ahora que Maxfern se había convertido en el señor del mundo, no
podía perdonar el ataque de Koutarou.
—¡Hazlo!
Grevanas ordenó a sus subordinados que matasen a Alaya. El anillo que se habían formado
alrededor del cristal transmitió las órdenes a Alnaya.
—ROAAAAAAAR.
Las órdenes llegaron enseguida a Alnaya y dejó salir un rugido. Su fuerte voz hizo temblar el aire. El
dragón abrió la boca y atacó a las chicas, que todavía seguían atadas.
Pero justo antes de que sus colmillos les alcanzaran, se produjo una gran explosión a los pies de
Alnaya. Como no se lo esperaba, el dragón perdió el equilibrio y cayó de lado.
El impacto del dragón contra el suelo rivalizó con la explosión, y las baldosas de piedra que quedaron
debajo fueron destruidas.
—¡¿Uwah?!
Alaya y las demás evitaron los colmillos de Alnaya gracias a la explosión. Pero no todo era positivo.
Algunos fragmentos de las losas de piedra salieron despedidos hacia Koutarou.
—Mierda, te has pasado Clan.
Koutarou aterrizó de culo después de ser golpeado por una roca de unos diez centímetros. Fue
gracias a la armadura que solo acabó cayendo al suelo. Si no fuese por la barrera de la armadura, le
habría ocurrido algo terrible.
—¡¿Y qué se supone que tenía que hacer?! ¡¡El dragón apareció de repente, así que no pude hacer
ajustes más precisos!!
La explosión se produjo por una bomba que Clan había colocado. Ella se podía volver invisible
usando una invención propia. Y mientras Koutarou estaba distrayendo a Maxfern y a sus
subordinados, se coló entre los enemigos y puso la bomba.
Aprovechando la oportunidad que les dio la explosión, Flair y las demás utilizaron el mismo
dispositivo de Clan para salvar a las prisioneras. Ese era el plan de rescate que habían planeado.
103
—¡¡Veltlion, ya hemos salvado a la princesa y al resto!!
El plan fue un éxito, y las prisioneras estaban libres de nuevo. Koutarou podía ver a todas reunidas
por el rabillo del ojo.
—¡Muy bien!
Lo único que quedaba era recuperar la Signaltine y derrotar a Maxfern. Koutarou se animó a sí mismo
y se dispuso a ponerse en pie.
—¡¡Koutarou-sama, cuidado!!
Se pudo oír el grito de Alaya por todo el jardín del castillo. En ese momento, delante de él apareció
Maxfern con la Signaltine en alto.
—¡Las cosas no van a ir como a ti te gustaría, Caballero Azul!
A diferencia de él, Maxfern no había recibido la lluvia de piedras, y al ver a Koutarou en el suelo, no
quiso perder la oportunidad.
—¡¡Maxfern!!
Koutarou aún se estaba levantando, aparentemente indefenso.
¡¡Si no hago nada moriré!!
Koutarou se dio cuenta del peligro y rápidamente le dio una orden a su armadura.
—¡Levanta la barrera! ¡A máxima potencia!
[Como desee, mi señor. Iniciando despliegue de emergencia del campo de distorsión.]
La armadura obedeció la orden de Koutarou y desplegó la barrera. Aparecieron unos hexágonos de
color blanco entre Koutarou y Maxfern que se interpusieron en la trayectoria del ataque.
En ese momento los hexágonos absorbieron el ataque de Maxfern. Sin embargo, Koutarou cayó una
vez más debido a la fuerza del impacto. Justo entonces, los sistemas de la armadura protestaron.
[Mensaje de alerta. La función del campo de distorsión se ha interrumpido. El daño es superior a los
límites de tolerancia.]
—¡¿Solo de un golpe?!
Los hexágonos desaparecieron al mismo tiempo. Maxfern había inutilizado la barrera de la armadura
con un solo golpe. Aunque la armadura se había mantenido en funcionamiento después de todo tipo
de ataques hasta ahora, era completamente inútil frente al poder de la Signaltine.
—Parece que la batalla ha acabado, Caballero Azul.
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Maxfern levantó de nuevo la espada por encima de su cabeza. Koutarou estaba en el suelo y la
barrera se había desactivado. En esa situación, si Maxfern lo atacaba acabaría fácilmente cortado por
la mitad.
—¡No, todavía no!
Koutarou se concentró en su mano izquierda. Utilizó su poder espiritual para crear una gran bola de
fuego y se la lanzó a Maxfern.
—¡¡Una cosa así no puede hacer nada contra esta espada!!
Maxfern atacó sin pestañear. La espada atravesó la bola dividiéndola en dos partes y siguió bajando
hasta Koutarou.
—¡¿Eso tampoco funciona?!
Koutarou utilizó toda la energía espiritual que pudo reunir para crear la bola de fuego. Sin embargo, la
Signaltine anuló todo el esfuerzo que había hecho con facilidad. Ni sus ataques ni sus defensas
funcionaban con Maxfern. Ya no le quedaban más ideas para vencerlo.
Lo siento alteza… a pesar de haber prometido que le protegería, parece que esto es todo lo lejos que
he podido llegar…
La hoja seguía acercándose y la muerte era ya inevitable. Koutarou estaba preparado para morir.
—¡¡Pero!!
Incluso en esa situación, Koutarou se enfrentó a Maxfern. Aunque lo partieran en dos y fuese
asesinado, quería hacerle el mayor daño posible y ganar el tiempo suficiente para que Alaya y Charl
escaparan.
Quería cumplir su promesa hasta el último momento, aunque no pudiese salvarse de la muerte. Ese
fue el instante en que Koutarou se convirtió en el verdadero Caballero Azul.
—¡¡Noooooooooooooo!!
Alaya gritó con todas sus fuerzas.
Para ella, la visión que tenía enfrente parecía que avanzaba a cámara lenta. Koutarou se había dado
cuenta de que iba a morir, pero seguía de cara a Maxfern mientras la Signaltine se aproximaba. Esa
visión fue reemplazada intermitentemente con recuerdos de cuando conoció a Koutarou y del tiempo
que habían pasado juntos.
Koutarou iba a morir. Lo que era peor, iba a ser asesinado con la Signaltine, que precisamente había
sido liberada para protegerlo. Era como si la propia Alaya fuera a matar a Koutarou. Su corazón no
podía asumir esa realidad.
No había forma de que pudiera aceptarlo.
105
La vida de Alaya se había convertido en parte de la Signaltine y siempre debía proteger a Koutarou.
Siempre estaría a su lado. Ese era el juramento de Alaya, y su único deseo, ya que no podía vivir
como a ella le gustaría.
—¡¡Koutarou-samaaaaaaa!!
No importaba cuánto gritara Alaya, había llegado el momento. La Signaltine se acercó y entró en
contacto con el pelo de Koutarou. Alaya estaba completamente desesperanzada.
—¡¡Muajajajajaja, muere, muereee, Caballero Azul!! ¡¡Acepta el castigo por desafiar al rey del
mundo!!
Maxfern bajó la espada con todas sus fuerzas. Todos pensaban que Koutarou había sido partido en
dos.
Sin embargo.
La Signaltine fue la que acabó partida en dos trozos.
Se rompió por la mitad en el momento que la espada tocó el cuerpo de Koutarou, haciendo un sonido
estridente, y dejándolo totalmente ileso. Parecía una espada hecha con papel y pegamento.
Nadie podía creer lo que había ocurrido. Y por supuesto, el más sorprendido de todos era Maxfern.
—¡¡¿Por qué tenía que pasar algo como esto?!! ¡¡Justo antes, justo hace un momento tenía tanto
poder!!
Maxfern se encontraba en shock y se quedó mirando la Signaltine destrozada. Había perdido su brillo
y se convirtió en un trozo oxidado de chatarra. A pesar de que hacía solo unos segundos estaba
brillando con un precioso fulgor plateado.
—¡¿No se suponía que debía convertirme en el rey del mundo?! ¡¿Acaso no tenía el poder de la
Diosa del Amanecer en su interior?! ¡¡Se suponía que podía destruir el mal arraigado en la gente!!
¡¿Qué está pasando, Grevanas?! ¡¡Esto solo es chatarra!!
Temblando de rabia, Maxfern lanzó los restos de la Signaltine al suelo. Cuando cayeron, la hoja
oxidada se hizo añicos, dejando solo el mango como la única cosa reconocible. Incluso la
empuñadura estaba rota, y parecía que se iba a descomponer en cualquier momento.
—¡Y-yo tampoco lo entiendo! Que haya perdido su poder de repente…
—¡¡Ahora todo esto no ha servido de nada, Grevanas!!
Maxfern gritó a Grevanas, con la cara roja de ira. Incluso el tranquilo mago parecía haber perdido la
compostura por este evento repentino.
—…Signal… tine…
Solo Koutarou permanecía tranquilo después del suceso. Recogió la empuñadura del suelo y miró a
Alaya.
106
—…
A diferencia del resto, Alaya tenía los ojos cerrados y la cabeza agachada. Tampoco quiso escuchar
nada. No quería ver el momento en que Koutarou era atravesado, y no quería oír sus últimos
lamentos. Por todo ello, aún no era consciente de que él estaba a salvo.
—… Así que es eso en realidad… esta espada, Signaltine… es eso…
La marca de la espada de la frente de Alaya estaba brillando. Era como si esa marca fuera la
verdadera Signaltine.
—Princesa Alaya.
Koutarou lo comprendió todo y llamó a Alaya. Ya que tanto enemigos como aliados estaban
desconcertados y la situación estaba en un punto muerto, eso no cambiaba el hecho de que aún se
encontraban en territorio enemigo. Su ayuda era esencial para escapar de allí.
—¿Eh…?
Alaya abrió los ojos al escuchar la voz de Koutarou. Al principio pensaba que esa voz era una ilusión,
pero cuando levantó la mirada, pudo ver a Koutarou allí.
—¿Koutarou-sama?
—Siento haberle hecho preocuparse, alteza.
—Koutarou-sama, ¿n-no acababas de ser asesinado…?
Koutarou, que se suponía que yacía muerto en el suelo, estaba vivo. Esa misteriosa e inesperada
visión hizo que Alaya parpadeara varias veces. Estaba feliz, pero al mismo tiempo tan confundida,
que no podía entender la situación. No sabía que cara debía poner.
—Parece que la Signaltine fue la que se rompió.
—La espada… ah…
Alaya miró la mano de Koutarou. En ella vio la empuñadura, y cuando vio la espada rota, recordó el
estado en que se encontraba cuando salió del pedestal en el templo.
Ya veo… Si yo formo parte de esa espada, ella también es parte de mí. Entonces mi promesa está~
Los ojos de Alaya brillaron al entender toda la situación.
—Vámonos alteza. Utilizaré mi vida y esta espada para protegerle.
—Te creo, Koutarou-sama. Y yo también protegeré tu vida.
Los dos asintieron antes de hacer un gesto. Koutarou apuntó la no existente hoja de la espada hacia
Maxfern y Alaya colocó los brazos por delante del cuerpo con las manos extendidas hacia Koutarou.
Al verlos, Maxfern se burló.
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—¿Qué vais a hacer con ese pedazo de chatarra? ¿Habéis perdido el juicio después de que esa
espada sagrada se rompiera?
Si Maxfern hubiera ordenado a Grevanas y a la corte de magos que atacaran en ese momento, el
resultado habría sido distinto. Pero, por culpa de la conmoción, Maxfern subestimó las acciones de
Koutarou y Alaya. Estaba convencido que no podían hacer nada de todas formas.
—No has podido acabar conmigo porque esta espada parecía estar rota.
—¡¿Qué?!
Koutarou sonrió al ver a Maxfern tomado por sorpresa, y empezó a cargar contra él. La visión de sí
mismo corriendo con la empuñadura parecía que de verdad estaba llevando una espada poderosa. Al
mismo tiempo, Alaya comenzó a recitar algo.
—Pasado, presente y futuro, oh madre de todas las cosas, Diosa del Amanecer.
Era el encantamiento que había recitado en el templo.
Al seguir adelante con el encantamiento, la marca de su frente empezó a brillar más y más. La luz
cubrió todo su cuerpo y entonces fluyó hacia fuera.
—Un descendiente de Fortorthe, tu fiel sirviente te reclama. Ahora es el momento de romper el sello y
entregarnos el poder para superar esta crisis.
La luz se dirigió a los fragmentos de la espada esparcidos por el suelo. Cuando la luz los cubrió
todos, empezaron a flotar en el aire y se unieron a la empuñadura que portaba Koutarou.
—Viento de los cielos. Verdor del suelo. Agua del mar. Fuego de la montaña. ¡Usando mi vida como
fuente, revela el poder que unifica todas las cosas!
Los fragmentos empezaron a reconstruir la hoja partiendo desde el mango. Y para cuando Koutarou
llegó a donde se encontraba Maxfern, la espada había recuperado su forma anterior.
—¡Mi nombre es Alaya! ¡La nieve plateada de Mastir! ¡En la sagrada espada del templo, inscribe mi
nombre y revive!
Koutarou levantó la espada, y en ese momento volvió a brillar con su color plateado y a emitir magia.
La espada rota, el trozo oxidado de chatarra de hacía unos segundos, recibió de nuevo su nombre y
recobró sus poderes.
La espada sagrada, Signaltine.
Ahora que Koutarou y Alaya se sentían como uno solo, la espada recibió mucho más poder que
nunca.
—¡Eso es imposible! ¡Una espada rota que se regenera es imposible! ¡Recuperar sus poderes
perdidos es inaudito!
108
—¡¡Como no eres caballero nunca entenderás por qué brilla esta espada, incluso si tuvieras la
respuesta delante de ti!!
Lo más importante no era la espada. No era problema si se rompía o no; lo que de verdad importaba
era lo que se depositara en ella. De hecho, ni siquiera el poder que tenía representaba un problema.
Koutarou podía sentir el calor que emanaba de la espada. Lo protegería a él y a todas las criaturas
vivientes del mundo.
—¡¡No pienso aceptar esto solo porque no haya nacido siendo caballero!!
Sin embargo, Maxfern no lo entendía. Estaba demasiado centrado en su linaje, y no se dio cuenta de
lo que era verdaderamente importante. Si lo hubiera hecho, la espada habría respondido a sus
deseos en vez de romperse y perder su poder.
—¡Este es el fin, Maxfern!
—¡¡Maldita sea! ¡Maldición!
—¡¡Maxfern-sama!!
Koutarou blandió la espada y se dispuso a atacar a Maxfern. Sin embargo, en ese momento pudo
sentir intenciones de atacar cubriendo toda el área en que se encontraba, por lo que saltó hacia atrás
instintivamente. Entonces, unas enormes garras se clavaron sobre el lugar en que había estado.
—¡¡Alnaya!!
Había sido un ataque del dragón emperador de fuego, Alnaya. Se había caído al suelo por la
explosión de Clan, pero ahora estaba recuperado y se lanzó a por Koutarou.
—¡¡Mátalos, Grevanas!! ¡¡No dejes que ninguno escape con vida!!
Maxfern, hirviendo de rabia y con los ojos inyectados en sangre, ordenó matar a Koutarou y al resto.
—¡Por favor tío, detén esto de una vez! ¡¿Qué vas a conseguir luchando?!
—¡Cállate, cállate! ¡También te mataré a ti!
—Tío…
Ni siquiera las palabras de la sobrina de Maxfern, Lidith, eran escuchadas. Tal era la intensidad del
odio que estaba dominando a Maxfern.
Maxfern no podía olvidar que la espada sagrada no lo hubiera aceptado, el hombre que debía ser el
rey del mundo. Tampoco podía olvidar a Koutarou, que estaba usando esa espada. Permitir que
viviesen era lo mismo que admitir que su propia existencia era insignificante. Todos sus esfuerzos
habían sido en vano. Eso era algo que el orgulloso Maxfern no podía reconocer.
—¡Id a por ellos!
109
En contraste con Maxfern, Grevanas ordenó calmadamente a sus subordinados que atacaran.
Una estampida de demonios salió de su escondrijo. Su número sobrepasaba fácilmente los 100. Las
apariencias de los demonios eran muy variadas, pero se podía ver en los ojos de todos ellos una
intención asesina. Se podía distinguir entre ellos a algunos gigantes de acero como el que luchó con
Koutarou.
Esas eran las tropas de Maxfern. No, no eran tropas, sino una horda de monstruos. En su búsqueda
de poder, Maxfern recurrió a utilizar seres no humanos. Estos reflejaban su interior; Maxfern ahora no
era más que un monstruo con apariencia de hombre.
La horda de monstruos atacó a Alaya y a las otras siete chicas.
—¡¡Alteza!! ¡¡Chicas!!
Koutarou se dirigió rápidamente a rescatarles.
—Oh no lo harás. ¡¡Tu oponente está justo ahí!!
—¡¡ROAAAAAAAAAAAAR!!
Pero Alnaya se interpuso en el camino de Koutarou. Rugió y enseñó sus colmillos amenazando a
Koutarou. Por ello, ya no pudo ir a rescatar a las chicas.
—¡Kuh!
—Jejeje, Caballero Azul. Aunque tú seas invencible, esas chicas solo son personas corrientes.
¿Podrán durar lo suficiente como para que puedas volver con ellas? ¡¡Muajajajaja!!
Maxfern se rió de Koutarou.
Con la Signaltine, él era muy fuerte. Incluso podría vencer al dragón, pero independientemente de si
ganaba o no, le llevaría bastante tiempo terminar la batalla. Mientras tanto Maxfern acabaría con las
chicas.
—…Eres demasiado ingenuo, Maxfern.
Sin embargo, Koutarou sonrió. No mostró signos de nerviosismo, a pesar de que se estaban riendo
de él.
—¡¿Qué?!
—Lo siento, pero las cosas no van a salir como las tenías planeadas.
Koutarou sabía que las chicas no eran unas cobardes que se vendrían abajo sin luchar.
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Parte 6
Las chicas obedecieron las instrucciones de Flair y se colocaron en formación con valentía.
Al frente estaban Clan y Flair. Como eran luchadoras expertas, las dos harían de escudo. Clan estaba
usando su rifle como de costumbre, pero el arma de Flair era diferente de la habitual.
—Sabes cómo usar esa arma, ¿verdad?
—¡Voy bien! ¡El peso es algo diferente, pero como siempre utilizo una espada pequeña la diferencia
no es muy grande!
Flair llevaba una espada hecha de luz. Una hoja brillante, que recordaba a una luz de neón, que salía
de la empuñadura metálica. Era un sable de luz que quemaba todo aquello que tocaba. El rayo se
creaba gracias a una serie de partículas metálicas contenidas en un campo electromagnético,
adquiriendo forma de espada. Clan le dio a Flair dos de esas espadas; llevaba una en cada mano, y
comenzó a atacar a los demonios que se acercaban.
—¿Algo como esto?
Flair bloqueaba los ataques de los demonios con una espada y los aniquilaba con la otra. La alta
temperatura del haz de luz atravesaba fácilmente a los demonios y calcinaba sus cuerpos.
Combinadas con la habilidad de Flair, era como un tornado pequeño y brillante que iba cortando a los
demonios.
—¡Eso está muy bien! ¡Por favor sigue así!
Clan disparaba a los demonios que Flair no podía alcanzar con sus espadas. Así, Flair podía realizar
movimientos más arriesgados. Y en caso de que Flair fuera a ser atacada, ella podría cubrirla
fácilmente acercándose a apoyarle. La barrera que protegía a Clan era muy fuerte y podía recibir los
ataques de los demonios sin inmutarse.
Tras el escudo y a cargo del ataque se encontraba la alquimista Lidith y la maga Caris.
—¡Caris, es el momento del próximo ataque!
—¡De acuerdo, estoy lista!
Ambas trabajaban en conjunto. Sus dos cometidos eran deshacerse de la mayor cantidad de
demonios posible utilizando ataques a gran escala y acabar con los gigantes de acero.
Lidith había tomado prestado el dispositivo de cálculos estratégicos y observación de Clan, y con él
marcó a un gran número de enemigos. Como las dos estaban interconectadas mágicamente, Caris
también recibió la información del objetivo. Con esa información, Caris empezó a liquidar demonios
que ni siquiera podía ver desde una larga distancia. Lidith priorizaba los blancos que entraban en el
área de Caris, y por tanto los demonios eran derribados antes de que pudieran hacer nada.
111
Esa estrategia se hizo posible gracias a Lidith. Normalmente no había nadie capaz de utilizar el
ordenador estratégico en esta época, pero como ella era la asistente de Clan, aprendió cómo hacerlo.
Gracias a eso, pudieron hacer un ataque combinado utilizando la ciencia y la magia.
—¡Caris, el gigante!
—¡Lo sé! ¡Ahora mismo estoy colocándola! …¡Vale, detónala!
—¡Detonando!
Un gigante de acero se desplomó tras el sonido de una explosión. No fue tan grande como para
hacer daño al gigante; el daño se limitaba a una pequeña perforación y marcas de quemaduras en su
pecho. Sin embargo, eso fue suficiente para derrotarlo. También se trataba de una acción combinada
de las dos chicas.
Después de su primera lucha contra un gigante de acero, Clan había preparado un tipo especial de
explosivo. Era del tipo que se adhería al blanco antes de utilizarlo, pero no provocaba una explosión
muy grande. La potencia de esta explosión se convertía en una onda de choque y destruía un objeto
específico dentro del objetivo. Clan conocía el diseño interno del gigante, de forma que su objetivo
era destruir el cristal que le aportaba la energía para moverse. Hacerlo era muy sencillo utilizando
este método.
Caris usaba su magia para colocar el explosivo en el gigante y Lidith el dispositivo para detonarlo. Ni
siquiera los gigantes más grandes tenían algo que hacer contra este ataque. A pesar de que su
primera batalla había sido muy complicada, ahora estaban venciéndolos con facilidad.
Detrás de Caris y Lidith estaban Fauna la sacerdotisa y Alaya. Fauna estaba a cargo de usar el poder
espiritual para curar y aumentar la fuerza física de todas. Así, las cuatro que peleaban en el frente
podían hacerlo sin preocuparse. Alaya daba las órdenes y les apoyaba usando magia.
—Poco a poco estoy entendiendo cómo usar la magia, Fauna.
—Lo estás haciendo genial. ¡Está muy bien para alguien que utiliza la magia por primera vez, Alaya-
sama!
Alaya no tenía los conocimientos para utilizar la magia, pero estaba recibiendo poderes mágicos
procedentes de la Signaltine a través de la marca de su frente. Entonces los controlaba con el idioma
que se usaba en los rituales y que aprendió en los seminarios para lanzar hechizos. Como
principiante no podía ayudar atacando, pero sí podía hacerlo en la defensa y fortaleciendo a los
demás. Utilizó su recién descubierto poder para apoyar al resto, en paralelo con sus órdenes.
Y en la parte más atrasada estaban Charl y Mary.
—Por favor, quédese aquí, princesa Charl.
—Lo sé, lo sé.
112
La pequeña Charl no tenía mucho trabajo; lo único que podía hacer era quedarse en su sitio. Si no lo
hacía, acabaría molestando a las demás y haciendo que se preocuparan por ella. A pesar de su
edad, entendió la situación y se quedó en la parte de atrás.
—…Umm, alteza, siento que no estoy sirviendo de mucha ayuda.
—No te preocupes, Mary. Puedo arreglármelas.
El papel de la doncella Mary era cuidar de Charl. Aunque había aprendido artes marciales de
autodefensa, no tenía la habilidad suficiente para pelear en un combate real. Por eso, le colocaron en
la parte de atrás para defender a Charl. Sin embargo, su trabajo era muy importante, ya que la
seguridad de Charl tenía un impacto directo en los pensamientos de los demás. La tarea de la que se
quejaba era la más importante de todas.
Las ocho chicas no fueron ejecutadas inmediatamente, como esperaba Koutarou. De hecho, habían
realizado una contraofensiva y estaban reduciendo el número de enemigos. Clan les había
suministrado las armas y el equipamiento, y ahora estaban manteniendo firmemente su posición
frente a las hordas de monstruos.
—¡Grevanas, ¿qué es lo que están haciendo?! ¡Solo son un puñado de chicas!
—Pero Maxfern-sama, sus armas son~
—¡Silencio! ¡No quiero oír ni una excusa!
La situación estaba enfadando a Maxfern; nada iba como él quería. Había conseguido poner sus
manos sobre la espada para luego perderla. Estaba intentado matar a sus enemigos, pero la cosa no
iba bien. Todo había salido como la seda hasta que llegaron al castillo, pero en el momento que lo
hicieron su suerte se acabó. Era una situación de pesadilla para él.
—Parece que tu plan ha fracasado, Maxfern. Supongo que solo eres un villano de tercera.
Koutarou preparó su espada mientras mantenía a raya a Alnaya y provocaba a Maxfern. Su objetivo
era que Maxfern se concentrara únicamente en él para reducir la presión sobre los demás. En
realidad le aterrorizaba que Alnaya dirigiera sus llamaradas hacia las chicas.
—¡Cállate! ¡¡En ese caso, por lo menos voy a matarte!! ¡Hazlo, Grevanas! ¡¡Acaba con el Caballero
Azul!!
Maxfern se centró en él como había planeado. En realidad no habría necesitado provocarlo desde el
principio. Maxfern lo odiaba profundamente por poder usar la espada y él no.
—Como desee.
Grevanas ordenó a sus subordinados que dividieran una parte de las fuerzas que estaban atacando a
las chicas y se dirigieran a Koutarou. Y él mismo utilizó su bastón para controlar a Alnaya y que éste
fuera a por él.
—Como predije… pero de este modo me van a matar. Debería cambiar el lugar de la batalla.
113
Al darse cuenta de que estaba en desventaja, Koutarou esquivó las llamas de Alnaya, activó sus
propulsores y se lanzó al vuelo. Había determinado que luchar en tierra con un montón de magos y
demonios a su alrededor habría sido demasiado peligroso.
—ROAAAAAAAAAAAAAR.
Alnaya persiguió a Koutarou mientras rugía.
Alnaya batió sus grandes alas y se echó a volar. Sus alas y la barrera mágica que cubría su cuerpo
creaban una gran cantidad de sustentación, permitiéndole volar como un pájaro. Alrededor de unos
diez demonios estaban siguiendo a Alnaya.
El dragón estaba siendo controlado por Grevanas y mientras sus subordinados controlaban a los
demonios. Dicho de otra forma, la corte de magos estaba utilizando todo su poder para aplastar a
Koutarou. Aunque todo esto había sido idea suya, nunca había estado en una situación más
peligrosa.
—¡Si me veo obligado a defenderme acabaré perdiendo! ¡En ese caso~!
La barrera de la armadura todavía no se había recuperado, así que recibir ataques continuos era muy
arriesgado. Koutarou reflexionó rápidamente y atacó con la Signaltine. Su objetivo era evidentemente
Alnaya. Tenía que vencer al dragón y asegurar una forma de escapar.
—¡Chicas! ¡Por favor, prestadme vuestros poderes!
Esas palabras salieron por instinto de los labios de Koutarou; todos sus poderes eran prestados. Se
había lamentado de ello en el pasado, pero ahora sentía que lo hacía por el bien de todos. Se dio
cuenta de que si se convertía en alguien como Maxfern, daría igual cuánto poder tuviese.
No importaba si no tenía poderes propios mientras pudiera conseguir su objetivo trabajando en
equipo con alguien. Y también se dio cuenta de que trabajar en equipo era lo más importante. La
única razón por la que había conseguido llegar hasta aquí era gracias a la cooperación.
—…Quiero que seas el primero en decirme esas palabras.
—¡¿Princesa Alaya?!
La voz de Alaya alcanzó a Koutarou cuando la batalla estaba a punto de comenzar. No era una voz
producida por un sonido, le fue transmitida a través del resplandor de la Signaltine.
Koutarou miró hacia el jardín por reflejo. Allí vio a Alaya rezando con las manos delante del cuerpo, y
mirándolo fijamente. Hacía solo un momento, eso habría sido algo increíblemente peligroso, pero con
el actual número reducido de enemigos, las probabilidades de ser atacada eran ya muy bajas.
—Koutarou-sama, lucharé a tu lado.
—¿Qué vas a~?
114
Antes de que Koutarou pudiera preguntar a Alaya, apareció un demonio delante suyo. Dejó la
pregunta a medias y atacó con la espada.
En ese momento la hoja de la Signaltine emitió un poderoso brillo. Era como si la espada hubiese
sentido las intenciones de atacar de su dueño. La luz que salió disparada partió al demonio en dos
antes de que la hoja pudiera alcanzarlo. Después la Signaltine atravesó el aire donde antes se
encontraba el demonio. No sintió ningún esfuerzo; era como si hubiera cortado un espejismo.
Entonces, el demonio se convirtió en polvo y desapareció.
—Koutarou-sama, lucha de la forma que quieras. Yo calcularé el momento desde aquí.
—¡Ya veo, así que a eso te referías! ¡Cuento contigo, princesa Alaya!
—¡Sí!
Ese fenómeno era provocado por Alaya. Controlaba la emisión de la Signaltine. Normalmente, la
espada emitía una cierta cantidad de poder mágico, pero bajo su control, podía decidir cuándo liberar
la energía. De esta forma, la cantidad de energía utilizada no variaría nunca, ya que el poder mágico
se liberaba mediante ráfagas. No era una mejora de potencia, sino más bien una forma eficiente de
utilizar el poder mágico.
—¡Allá voy, princesa Alaya!
—¡Protegeré tus espaldas! ¡Solo céntrate en lo que está delante de ti, Koutarou-sama!
—¡Entendido!
Koutarou cargó contra un demonio cercano. Como Alaya lo había acelerado momentáneamente,
cubrió la distancia que lo separaba del demonio en un instante. El monstruo debió pensar que
Koutarou se había teletransportado, así que cuando intentó esquivarlo no pudo reaccionar a tiempo.
La Signaltine empezó a emitir luz de nuevo y el demonio fue destruido antes de que pudiera moverse.
—¡Hyaaaaaaaah!
—¡Kah kah!
Dos demonios atacaron a Koutarou al mismo tiempo. Uno de ellos tenía la cabeza de un insecto y el
otro de un ganso. Se dirigieron a la espalda de Koutarou planeando desmembrarlo con sus afiladas
garras.
Sin embargo, una pequeña onda los golpeó antes de que pudieran alcanzar a Koutarou. Solo tenía
fuerza suficiente para hacerles un poco de daño, pero consiguió pararlos. Como tenían sus alas
completamente extendidas, la onda podía afectar a su vuelo con facilidad, y en cuanto se detuvieron
la Signaltine los atacó.
Los cortó por la mitad sin producir ningún sonido, y sus cuerpos se convirtieron en polvo. Fue un
espléndido ataque combinado de Koutarou y Alaya.
—¡Puedo hacerlo! ¡Con esto lo conseguiré!
115
La espada funcionaba de forma completamente distinta gracias al control preciso por parte de Alaya.
Su poder ofensivo había aumentado drásticamente, y el poder sobrante se utilizaba para darle un
impulso extra, defenderse y otras muchas cosas. Como resultado, Koutarou estaba venciendo a los
demonios de forma abrumadora. Solo necesitó diez segundos para reducir el número de demonios a
menos de la mitad.
—¡ROAAAAAAAAAAAR!
Con la mayoría de los demonios derrotados, llegó el turno de Alnaya. Los demonios que
sobrevivieron se retiraron, ya que Maxfern y la corte decidieron que ya no tenían nada que hacer.
—…Hora del plato principal.
Koutarou no iba a seguir con la misma actitud relajada de cuando estuvo luchando contra los
demonios, sino que agarró la Signaltine con ambas manos y se preparó.
—Koutarou-sama, me encargaré de vigilar tus alrededores. Tú solo ve a por Alnaya.
—Por favor, hágalo alteza.
Era posible que los demonios volvieran al ataque mientras Koutarou luchaba con Alnaya, así que con
la princesa vigilando sus espaldas, Koutarou podía centrarse solo en el dragón.
—¡Ya casi lo hemos logrado! ¡Tú puedes, Koutarou-sama!
—¡¡Como desees, princesa!!
Al gritar eso, Koutarou preparó su espada y voló a toda velocidad. Las intenciones de atacar de
Alnaya estaban aumentando. Podía ser un ataque con su cola o con su aliento de fuego. Si Koutarou
no se movía, se transformaría en un blanco fácil, pero si se ponía a la defensiva le resultaría más
difícil al dragón lanzar esos ataques.
Alnaya atacó con su cola. Venía de un costado y sonaba como un látigo gigante que hizo temblar el
aire.
—¡Puedo con eso!
Koutarou hizo una maniobra evasiva para esquivar la cola. Sin su barrera, un solo golpe sería letal, y
sin los trucos de distracción de Caris, tendría que dar más importancia a la seguridad.
—¡Por favor, déjamelo a mí!
Alaya incrementó la velocidad de Koutarou para recuperar la distancia perdida por la maniobra y
retomó su ataque contra Alnaya recuperando la velocidad inicial.
—¡¡Vengaaaaaaaa!!
Alnaya tenía una poderosa barrera que lo protegía. Como la Signaltine tenía la habilidad de utilizar la
magia, ¿podría ser capaz de atravesar la barrera? La única manera de averiguarlo era intentándolo.
116
—¡¡ROAAAAAAAAAAAAR!!
La Signaltine lo consiguió magníficamente. El ataque consiguió arrancarle una escama y el dragón
gritó de dolor.
—¡¿Ha funcionado?! ¡¡Pero ha sido demasiado superficial!!
Como Alnaya no era un ser invocado mediante magia, su cuerpo no estaba compuesto de ella. Por
eso Alnaya no se convertía en polvo como los demonios. El único daño que le provocó fue perder una
escama.
—Así que puedo hacerle daño si quiero, pero no el suficiente, eh…
Koutarou esquivó las garras mientras pensaba.
Alnaya medía más de 20 metros de largo, por lo que la espada era demasiado pequeña como para
hacer daño a algo tan grande. Los resultados serían los mismos si utilizaba las armas que llevaba en
su armadura. Era como retar a un tanque con un rifle.
—¿Tendré que confiar en esto como la otra vez?
La muñequera de Kiriha, con la habilidad añadida de la Signaltine de atravesar la barrera, debería ser
más efectiva en esta ocasión. Y si además combinaba esto con el armamento integrado en la
armadura, debería ser capaz de hacer mucho más daño.
—Si solo tuviera un punto débil…
—¿Un punto débil? Oh sí, creo que…
Gracias a Alaya, Koutarou recordó el cristal que tenía Alnaya detrás de su cuello, lo que provocó la
retirada del dragón cuando lo atacaron en ese punto.
—Sí que hay un punto débil. Alnaya tiene un cristal pegado detrás del cuello.
—Ya veo… entonces ese será el blanco perfecto para tu espada. Si utilizas su magia podremos darle
la vuelta a esta batalla.
—¡Le golpearé allí!
Koutarou preparó la Signaltine y activó los propulsores. El combustible se estaba agotando
rápidamente, por lo que sería mejor probar cosas lo más deprisa posible.
Koutarou intentó usar su movilidad para colocarse detrás del dragón, pero a diferencia de la última
vez, ahora estaba solo. No era para nada fácil rodearlo, y sin la ayuda de Caris, sencillamente estaba
perdiendo el tiempo.
—¿Qué debería…? No tengo tiempo para esperar los refuerzos de Clan…
117
En ese momento Clan y las demás estaban en el suelo luchando contra los demonios. Aunque ya no
quedaban muchos, todo lo que podían hacer las chicas era proteger a Alaya. No podía esperar
ninguna clase de ayuda por parte de Clan y las otras, y tampoco tenía tiempo para esperar a que
acabaran.
—¡¡Cuidado, Koutarou-sama!!
—¡Aaaah!
Una llamarada pasó justo por la derecha de Koutarou inmediatamente después de que Alaya gritara.
Había pasado tan cerca que le quemó algo de pelo.
—¡Por favor ten cuidado, Koutarou-sama! ¡Todo habría acabado si te hubiese dado!
—Lo siento, me había quedado pensando… ¡Espera un momento!
Al ver que el dragón había fallado el tiro, a Koutarou se le ocurrió una idea. La confirmó en seguida
con Alaya.
—Alteza, ¿puedo cortar el aliento de fuego?
Alaya sostuvo la respiración sin darse cuenta al escuchar la idea de Koutarou.
—…Podría ser posible, pero si nos equivocamos, ya no habrá vuelta atrás.
El aliento de Alnaya había sido modificado utilizando la magia. En otras palabras, la Signaltine podría
hacerlo desaparecer.
Cuando Alnaya estaba escupiendo llamas no podía cubrirse, debido a que parte de su visión estaba
tapada por el fuego. Si conseguía que Alnaya escupiera fuego y al mismo tiempo protegerse de él
con la Signaltine, Alnaya lo perdería de vista.
Pero si fallaba, si no reaccionaba a tiempo o golpeaba la llama de refilón, podría acabar envuelto en
llamas. Teniendo en cuenta este riesgo, Alaya no estaría de acuerdo con la idea.
Koutarou escuchó la respuesta de Alaya y sonrió.
—Princesa Alaya.
—¿Qué pasa?
—¿Qué crees que es más fuerte? ¿Las llamas o yo?
—…Kou…
Alaya se quedó sin palabras.
—¡¡K-k-Koutarou-sama!! ¡¡Eso es cambiar de tema!! ¡¡Es injusto!!
Alaya levantó la voz y se enfadó con él. Para ella, esa pregunta solo tenía una respuesta.
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—¡¡Koutarou-sama, estúpido!!
Alaya no respondió. En cambio, siguió insultándolo como lo haría un niño.
—Eso no son modales, alteza… Clan, ¿tienes algún consejo?
Koutarou sonrió y preguntó a Clan a través del dispositivo de comunicación. También quería escuchar
una opinión científica.
—…No, estúpido. Si tuviera algo que decir, sería que el aliento de fuego es prácticamente plasma,
así que si utilizas un campo electromagnético deberías ser capaz de protegerte un poco, estúpido.
En realidad, el consejo de Clan habría sido que se detuviera en su intento. Sin embargo, conociendo
la personalidad de Koutarou, sabía que ya había decidido seguir adelante con ello. Así que se dio por
vencida y le habló sobre el campo electromagnético. Pero este consejo no era del todo seguro, y si se
hubiera tratado de alguien distinto de Koutarou, le habría dicho que no lo hiciera.
Cuando el plasma entra en contacto con un campo electromagnético ocurre un suceso extraño. El
plasma se dispersa y el campo hace las veces de escudo. Funciona de la misma forma que el campo
magnético de la Tierra, que la protege de las radiaciones solares. Pero si el impulso de la llama es
demasiado grande no tendrá mucho efecto. Eso era lo más probable tratándose del aliento de Alnaya,
pero seguía siendo mejor que nada.
—Vale, lo intentaré.
Koutarou puso una sonrisa y apuntó la Signaltine hacia la cabeza de Alnaya.
—Koutarou-sama, por favor, reconsidéralo.
—Alteza, aún no he oído su respuesta.
—Uh.
Alaya dudaba en su respuesta. Y después de quedarse en silencio unos segundos, murmuró
tranquilamente:
—…Asegúrate de volver, Caballero Azul de Fortorthe.
—Como quiera, princesa.
Pero al final Alaya no respondió a su pregunta.
Alnaya normalmente utilizaba su aliento de fuego cuando había mucha distancia entre los dos. Eso
era porque sabía que Koutarou era más fuerte que él en las distancias cortas. Por eso abusaba de su
ataque de fuego.
Alnaya abrió su enorme boca y empezó a coger aire. Koutarou lo vio y se puso a una distancia ni
demasiado cercana ni demasiado lejana. Esto tenía en realidad un motivo; si estaba demasiado
cerca, Alnaya cambiaría de ataque, pero si estaba demasiado lejos, no podría utilizar la llamarada
para cubrir su aproximación. Koutarou tenía que encontrar el punto exacto a la distancia correcta.
119
—¡Ahora, Koutarou-sama!
Tras confirmar que Alnaya iba a utilizar sus poderes mágicos para escupir llamas, Koutarou puso sus
propulsores a máxima potencia y cargó contra el dragón. Si podía acercarse lo suficiente, el resto
sería cosa fácil, así que decidió gastar lo que quedaba de combustible en esa acción.
Entonces, Alnaya soltó su aliento. Era una llama blanca extremadamente caliente. Una llamarada
más caliente que la superficie del Sol se dirigía hacia Koutarou.
—¡¡¿Qué te parece esto?!!
Koutarou usó los propulsores para ajustar el ángulo de aproximación y apuntó la Signaltine hacia
delante, como si fuera un paraguas. En ese momento generó un campo electromagnético y se
preparó para recibir el impacto del plasma.
Se encontraba rodeado de una luz de color blanco puro. El poder mágico de la Signaltine lo protegía
mientras a su alrededor solo podía ver llamas. Aunque la espada podía desviar el plasma, no era
capaz de hacer lo mismo con el aire que se había recalentado. La temperatura se disparó y Koutarou
se sintió como si estuviera dentro de un horno.
—Kuh.
Afortunadamente, su armadura podía soportar la temperatura, gracias al poco tiempo de exposición y
a que estaba diseñada para el medio espacial. El sistema indicó varios fallos a medida que la
armadura estaba perdiendo el color debido a las altas temperaturas, pero no afectó a las funciones
principales.
Koutarou salió volando de las llamas y rodeó al dragón. Como Alnaya no podía verlo por el fuego que
estaba expulsando, no advirtió su jugada. Así que al final Alnaya acabó mostrándole su espalda
indefensa.
—¡¡Tooooomaaaaa estoooooo!!— y sin reducir la potencia de los propulsores, atacó directamente a
la parte posterior de la cabeza. Su objetivo era el cristal azulado pegado a su cuello.
La Signaltine atravesó la barrera y golpeó en el blanco. El cristal se partió en mil pedazos al perder su
poder mágico.
—¡ROAAAAAAAAAAAAAAAAAR!
En ese momento, Alnaya gritó de dolor. Su voz era tan fuerte que parecía que el mundo entero se
estaba tambaleando.
—¡¿Lo he conseguido?!
—¡¡Koutarou-sama!!
Koutarou vio como Alnaya era arrastrado por la gravedad y cayó al suelo. Cuando el cristal fue
destruido, Alnaya perdió el control de su cuerpo. Mientras caía trató de hacer batir sus alas para
recuperar el control, pero al final acabó estrellándose.

Parte 7
Maxfern tenía una expresión de completo asombro al ver cómo Alnaya caía al jardín. Pero poco
tiempo después comenzó a reír. Era una risa demoníaca que probablemente se podría escuchar en
las profundidades del infierno, una voz desolada que haría estremecerse a cualquiera.
—Ku, kuku, kukukuku, bravo… realmente espléndido… y pensar que podrías vencer a Alnaya,
aunque tuvieras la espada sagrada…
Mientras su risa se propagaba por todo el jardín, los demonios que confinaban al grupo de Alaya se
juntaron y rodearon a Maxfern para protegerlo. A su lado estaban sus leales súbditos, los alquimistas,
Grevanas y la corte de magos. Todos ellos lo seguirían hasta el final.
—Ríndete de una vez, Maxfern.
Koutarou aterrizó y se acercó a unos pocos metros de Maxfern, pero el destacamento que rodeaba a
Maxfern no mostraba signos de hostilidad. O temían a Koutarou o no se les había ordenado atacar.
De cualquier forma, ninguno se entrometió en la conversación entre Maxfern y Koutarou. Las ocho
chicas que ya estaban fuera de todo peligro observaban cómo se iba desarrollando la situación desde
detrás de Koutarou.
—Has perdido.
—…Eso es cierto. Lo admito. La victoria es tuya, Caballero Azul.
Sorprendentemente, Maxfern parecía aceptar la derrota.
No consiguió la espada que tanto había estado buscando y su principal fuerza, Alnaya, había sido
derrotado. Todos sus planes habían fracasado, y ahora todo lo que le quedaba eran un par de
docenas de subordinados y una horda de monstruos. Incluso el país de Fortorthe se le había
escapado de las manos. Ya no tenía más medios para revertir la situación.
—¡¡Sin embargo no pienso aceptar que este país sea tuyo, ni tampoco este mundo, Caballero Azul!!
¡¡Este mundo es mío!! ¡¡Y no pienso dejárselo a nadie!!
Sin que nadie lo supiera, los demonios portaban unas botellas con un líquido negro en su interior.
Pero no planeaban atacar a Koutarou ni a los demás, sino que se disponían a salir volando.
—¡Hazlo, Grevanas!
—Maxfern-sama, ¿de verdad tenemos que llegar tan lejos?
—¡¡Calla!! ¡¿Acaso vas a aceptar que todo lo que hemos hecho hasta ahora no sirva para nada?!
—N-no he dicho eso, pero…
Grevanas, que hasta ahora había permanecido en calma y obedecido las órdenes de Maxfern, se
mostraba dubitativo. Al verlo, Koutarou sintió que algo no iba bien.
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—¡¡Entonces hazlo como te he ordenado!!
—Entendido…
—¡¿Qué piensas hacer, Maxfern?!
Koutarou preguntó a Maxfern con un tono serio. Ese sentimiento atenazador empezó a hacerse más
fuerte. No sabía el qué, pero sintió que iba a ocurrir algo verdaderamente malo. No podía quedarse
de brazos cruzados.
—¡Como acabo de decir, Caballero Azul, no pienso permitir que te quedes con este país, o el mundo!
—¡¡Así que es eso Maxfern!!
Alaya levantó la cabeza en ese momento. Su cara expresaba miedo e incredulidad. Sabía lo que
Maxfern estaba planeando, lo que pensaba ordenar a los demonios que hicieran.
—¡Ese líquido negro es el veneno de aquel entonces, ¿no?!
—¡¡Eso es!! ¡¡Bien visto, como podía esperar de la princesa Alaya!!
Las botellas que llevaban los demonios contenían el mismo virus mortal que había utilizado Dextro en
la aldea. Era un virus infernal que habían obtenido, desarrollado y estudiado los alquimistas. Maxfern
planeaba hacer que los demonios esparcieran el virus por el aire y de esta forma contaminaran toda
Fortorthe.
—¡¿Pretendes destruir Fortorthe?!
Un escalofrío recorrió la espada de Koutarou al entenderlo todo.
La contaminación no se limitaría solo a Fortorthe, también era posible que se expandiera por todo el
continente o incluso el mundo entero.
—¡Jajaja, ¿no es así como se conquista un país?!
Maxfern se rió de Koutarou. Podía verse la locura en sus ojos. Tras un rato su sonrisa desapareció,
sus ojos se pusieron del color de la sangre y toda su expresión indicaba la locura que padecía.
—¡¡Este país y el mundo entero son míos!! ¡¡Puede que esa espada te pertenezca, pero nunca te
permitiré reinar!! ¡¡Prefiero dar el poder a los que viven en el infierno antes de dártelo a ti!!
Maxfern estaba repleto de un odio profundo y envidia hacia la espada sagrada por no haberlo elegido,
y también hacia Koutarou, que había sido el preferido.
Si la espada elegía a Koutarou como rey del mundo, entonces él arruinaría ese mundo, y haría que el
hecho de haber sido el elegido fuera inútil. Cualquier cosa con tal de desestimar la decisión de la
espada.
—¡¡Kukuku, jajajajaja!! ¡Ya nadie puede pararlo! ¡¡El mundo llegará a su fin, y tú Caballero Azul, tú
reinarás sobre un trono de cadáveres!!
123
—¡¡Maxfern, bastardo!!
Mientras la risa perturbada de Maxfern retumbaba en el jardín, los demonios se alzaron al vuelo
llevando las botellas llenas del virus. En total había unos 50 demonios, y Koutarou no tenía manera
de derrotarlos a todos y al mismo tiempo mantener las botellas intactas.
—¡¿Clan, puedes hacer algo?!
—¡No se me puede ocurrir nada en tan poco tiempo! Si una sola de las botellas se rompiera ocurriría
algo terrible, no hay forma de mantenerlas todas a salvo…
No existía ninguna forma. Si se rompiese una de las botellas, el virus contaminaría toda la zona, y
poco después, probablemente se extendería hasta Fornorn. La capital sería invadida por la muerte, y
encontrándose en el centro del país, el virus se propagaría por todas partes.
—¡Tío, detén esto por favor!
—¡Cállate Lidith! ¡No quiero volver a oírte llamarme tío después de haber elegido al Caballero Azul!
—¡¡Maxfern, esto no tiene sentido!!
—¡¡Como esperaba de la princesa Alaya, estás en lo cierto!! ¡¡Es que esto es una locura!!
No existía otra manera que hacer que Maxfern llamara de vuelta a los demonios. Pero había perdido
la cordura, así que no les haría caso. Su único deseo era vengarse de la diosa que se había
equivocado en su decisión.
—¡No sirve de nada, Veltlion! ¡Fortorthe va a ser arrasado!
Clan podía fabricar una cura para el virus, pero el país quedaría devastado antes de que pudiera
administrársela a todo el mundo. Había muy poco tiempo; era algo muy diferente de salvar una sola
aldea.
—¡Caballero Azul, por favor haz algo! ¡¿Debe haber algo que puedas hacer, verdad?! ¡Por favor dime
que sí!
—Princesa Charl…
Koutarou apretó los dientes.
¡Maldita sea, ¿lo único que puedo hacer es quedarme mirando?!
En realidad, Koutarou quería decirle a Charl que podía hacer algo al respecto, pero no podía porque
no tenía ninguna idea.
—Caris-chan, ¿no puedes utilizar tu magia para hacer algo?
—Imposible. Están tan separados entre sí que no hay nada que pueda hacer,
—Flair-sama, ¿qué deberíamos hacer?
124
—Lo siento Mary, no lo sé.
Los demonios salieron volando uno detrás de otro delante de Koutarou y los demás. Era literalmente
la imagen del fin del mundo.
Esta es la primera vez que veo algo tan aterrador… no, espera, ¿lo es de verdad?
En ese momento apareció una pequeña duda en la cabeza de Koutarou. Sentía que ya había visto
esa escena antes.
¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo vi esto? ¿De dónde viene ese recuerdo?
Koutarou buscó desesperadamente entre sus recuerdos. Ese recuerdo podría ser la clave para
resolver el problema. Quería intentar cualquier cosa que pudiese.
—Ah…
Poco tiempo después, Koutarou recuperó el recuerdo que estaba buscando. Era de cuando luchó
contra Clan. Cuando estaba a punto de lanzar su ataque final, oyó una voz que venía de alguna
parte. Y el dueño de aquella voz le mostró unos monstruos de aspecto sobrenatural, volando por los
cielos y llevando botellas negras. Y~
—¡Clan!
Los ojos de Koutarou brillaron y corrió hacia Clan, le agarró de sus hombros y le sacudió. Parecía que
estaba loco por la emoción tras haber encontrado la respuesta.
—¡¿Q-qué pasa?!
Al ser zarandeada, los ojos de Clan giraron salvajemente.
—¡Podemos usar eso! ¡Ya sabes, eso!
—¡Por favor, tranquilízate, ¿de qué estás hablando?!
—¡¡Obviamente me refiero a la bomba que nos envió hasta aquí!! ¡¡Podemos utilizarla para hacer
desaparecer a los demonios, con botellas incluidas!!
La bomba, el misil de repulsión espacio-temporal era la última arma que había desarrollado Clan.
Cuando se activaba lanzaba fuera del universo a todo lo que estuviera dentro de su radio de acción.
Koutarou quería que Clan la utilizara para expulsar a los demonios y a sus botellas fuera del mundo.
—¡¡V-vale, me parece bien!! Pero aún necesita calibrarse, no sabemos a dónde~
—¡¡Tonta, ahora no es el momento para eso!! ¡¡Date prisa y hazlo antes de que sea demasiado
tarde!!
—¡¡Entendido!! ¡¡Cuna, prepara el lanzamiento del misil de repulsión espacio-temporal!!
[A sus órdenes, princesa.]
125
Justo a la derecha de Clan apareció un agujero negro mucho mayor de lo que solía ser cuando pedía
algún arma. De él salió un cono redondeado; era la cabeza del misil. Clan había fabricado dos de
esos misiles. El primero fue destruido por Koutarou, y ahora estaba dispuesta a utilizar el segundo.
En realidad quería utilizar este misil para regresar a su propio mundo, pero ahora mismo no tenía otra
opción.
—¡Dispara en cuanto esté listo, Clan!
—¡Al menos déjame hacer una última comprobación!
—¡No!
—¡Vale, vale, ya está! ¡¡Dios!!
El misil de repulsión estaba completamente cargado. Como Koutarou dijo que tendrían que utilizar
todos los medios a su disposición, Clan lo cargó de antemano.
—¡Es demasiado tarde, da igual lo que pretendáis hacer ahora! ¡¡Tan solo tomad asiento y relajaos!!
Maxfern se jactó al decir eso. No sabía que era lo que Koutarou tenía planeado ni qué era lo que Clan
iba a lanzar. Pero como estaba convencido de que ya era muy tarde para que pudieran hacer algo,
les dejó hacer lo que quisieran.
—¿Qué vas a hacer, Koutarou-sama? ¿Y qué deberíamos hacer nosotras?
Sin embargo, Alaya pensó que estaba ocurriendo algo muy serio al ver el comportamiento de Clan y
Koutarou. Les pidió instrucciones.
—¡Al suelo! ¡Va a haber una gran explosión!
—¡¡He terminado de introducir las coordenadas y los parámetros del blanco!! ¡El blanco ha sido fijado!
¡¡Allá vamos, Veltlion!!
—¡¡Fuego!!
—¡¡Todo el mundo, al suelo!!
—¡¡Fuegooooo!!
Las chicas oyeron a Alaya y se tiraron al suelo.
Entonces, un misil tan alto como ella salió volando del agujero negro. El motor del cohete escupía
llamas mientras se dirigía directo a los enemigos que estaban sobre ellos.
Eso es, eso era lo que recordaba…
La imagen del cohete volando sobresalió de entre sus recuerdos.
Esto dejó sorprendido a Maxfern y a sus secuaces
—¡¿Qué?! ¡¿Grevanas, qué es eso?!
126
Maxfern preguntó al ver el objeto desconocido que volaba sobre ellos. Creía que era alguna especie
de artilugio mágico.
—¡No lo sé! Parece algún tipo de arma, pero algo así no puede destruir a todos los~
Grevanas empezó enseguida a dar una explicación, pero no fue capaz de terminarla. El misil viajaba
más rápido de lo que él era capaz de hablar. En ese instante llegó a su objetivo y activó el campo de
repulsión espacio-temporal.
Se produjo un gran resplandor y la horda de demonios fue envuelta por un cubo gigante. El cubo no
solo abarcaba el grupo de demonios, sino que además a Maxfern, a su séquito y el castillo entero.
El cubo solo existió durante un momento. De repente desapareció, llevándose con él a todo lo que
había en su interior. Los demonios, las botellas que llevaban, Maxfern, sus subordinados y todo el
castillo. Tras la desaparición del cubo solo quedó un boquete enorme y un terremoto acompañado de
una onda de choque que sacudió todo el suelo.
—¡¡Uwaaaaaaaaaa!!
—¡¡Kiaaaaaaaaaa!!
Koutarou y las chicas gritaron. La barrera podía bloquear la onda, pero no el intenso terremoto. Todos
se pegaron desesperadamente al suelo, ya que si no lo hacían acabarían cayendo y haciéndose daño
por el fortísimo temblor.
—…¿H-ha parado ya?
No se trataba de un terremoto natural, por lo que el temblor se calmó pronto. Koutarou se levantó
enseguida y vio un boquete cuadrado dibujado en el suelo. Los ángulos rectos del agujero eran la
muestra de lo potente que había sido el campo de repulsión espacio-temporal.
—¿Lo hemos logrado…?
—¡¡Así es, Veltlion!! ¡¡Han sido completamente borrados!!
No se podía ver por ninguna parte a los demonios, y tampoco las botellas que llevaban. Todo había
sido expulsado del universo, y Fortorthe se había salvado de la crisis.
—¡No, todavía no, Veltlion! ¡Mira eso!
Sin embargo, en ese momento Flair apuntó hacia el cielo con una expresión seria en su cara.
—¡¡Eso no es bueno!! ¡¡Parece que uno consiguió escapar!!
Se podía ver a un solo demonio en el lugar al que Flair estaba apuntando. Seguía volando después
de haber recibido el impacto de la onda, aunque con muchos problemas. Y todavía llevaba una
botella en la mano. Afortunadamente, parecía que el demonio había absorbido la mayor parte del
impacto, ya que la botella estaba intacta.
—¡¡No podemos dejar que escape!! Date prisa y~
127
Cuando Koutarou se disponía a lanzarse al aire e ir tras él:
—¡¡Koutarou-sama, está cayendo!!
—¡¿Qué?!
El demonio, que estaba volando a duras penas, de repente empezó a caer. El daño provocado por la
onda había sido demasiado grande, y acabó quedándose sin fuerzas.
—¡¡Oh no, la botella se va a romper!!
Por supuesto, la botella caía junto al demonio. Si se rompía, el virus que portaba se extendería, y
sería el comienzo de una nueva pesadilla.
Esto no es bueno, ¡no lo conseguiré!
A pesar de saber que iba a ocurrir algo terrible si la botella se rompía, nadie podía llegar hasta ella. El
demonio se encontraba demasiado lejos y Koutarou no podría llegar. Ya no había nada que pudieran
hacer.
—No hay necesidad de preocuparse.
En ese momento, una cosa enorme bloqueó la luz del sol y dibujó una gran sombra sobre el suelo
que envolvió a Koutarou y al resto. Al mirar hacia arriba, Koutarou se echó hacia atrás del asombro.
—¡¿Alnaya?! ¡¿A-aún sigues vivo?!
—Deberías estar agradecidos por el hecho de que aún siga con vida.
Entonces una columna de luz blanca fue disparada.
Era el aliento de fuego de Alnaya.
La llama, que estaba a una temperatura extremadamente alta, quemó al demonio, la botella y su
contenido, todo al mismo tiempo.
128
El Mar Dorado y la Nieve Plateada
Parte 1
Alaya fue coronada como reina en una ceremonia que tuvo lugar un día de invierno, días después de
Año Nuevo.
Con Maxfern y Grevanas fuera de los confines del universo, el golpe de estado finalizó.
Ellos dos provocaron el incidente desde las sombras, y ahora que se había resuelto todo, ya no
quedaba nadie que quisiera sublevarse contra la familia real. El ejército rebelde se rindió, y Alaya por
fin pudo regresar al palacio real.
El mes siguiente fue increíblemente ajetreado. El colapsado sistema político debía restaurarse y las
fuerzas nacionales tenían que recuperarse de la guerra civil para evitar que a los países vecinos les
diera por intentar cosas raras. Aunque el golpe había llegado a su fin, Fortorthe seguía siendo un
país, por lo que había muchas cosas que hacer. Alaya fue liberándose de todas las tareas con la
ayuda de sus amigos.
Un mes después del final de la guerra el país estaba empezando a reconstruirse. Por entonces, la
mayoría de los disturbios se habían atajado, y las industrias que fueron devastadas por la guerra se
estaban recuperando. Al ver la oportunidad, Alaya anunció su gran ceremonia de coronación a todos
los ciudadanos con el objetivo de darles esperanza. Por eso, toda Fortorthe estaba celebrando las
mejores fiestas desde la fundación del país.
—…Las cicatrices dejadas por la guerra aún no se han sanado. Tras un mes, el país por fin está
empezando a renacer. Sin embargo, no estoy siendo pesimista. Mi regreso solo ha sido posible
gracias a la ayuda de todos. Así que si todos cooperamos, no habrá forma de que esas cicatrices no
puedan curarse. Creo en ello firmemente.
Alaya estaba dando un discurso. Una gran multitud se había reunido en el patio del palacio real para
ser testigo de su ceremonia de coronación. Sobre su cabeza se encontraba una preciosa corona
hecha de platino y decorada con piedras preciosas. Ese era el símbolo de la reina de Fortorthe.
Ese día Alaya se convirtió en reina y se escribió una nueva página en la historia del Sagrado Imperio
de Fortorthe. Dentro de mil años, Fortorthe alcanzaría la era espacial y se convertiría en un imperio
galáctico. Y otros mil años después, una chica solitaria partiría de la capital hacia los confines del
espacio con una nave de color azul. Este día era el primer paso para llegar hasta eso. Pero al mismo
tiempo, se acercaba un final.
Alaya bajó de la plataforma después de acabar su discurso y dejó salir un pequeño suspiro.
—Fiuu…
Luego respiró profundamente. El día de la coronación había resultado verdaderamente agotador
debido a su delicado estado.
129
—Buen trabajo, alteza.
Fauna se acercó a ella al verle respirar con problemas. Colocó una mano en su pecho y puso una
expresión dolorosa.
—Fauna, me alegro mucho de que estés aquí.
—Por favor, cuídese. Alteza, no, majestad, su vida ya no es solo suya.
—Gracias, Fauna. Por favor, quiero que sigas ayudándome de ahora en adelante.
La salud de Alaya se había degradado a cambio de despertar a la Signaltine. Por eso, Fauna tenía
que utilizar su energía espiritual de vez en cuando para ayudarle. Se trataba de un secreto entre las
dos; ni su propia hermana, Charl, tenía constancia de ello.
—¡Hermana!
Y ahora Charl se puso a correr hacia Alaya, con Mary justo detrás suyo.
—¡Alteza, ¿no puede ir más despacio?! ¡Su vestido se va a caer!
—¡Está bien! Eres una pesada, Mary.
Al igual que Alaya, Charl llevaba puesto un vestido formal para la ceremonia. Pero a ella no le
importaba, ya que se puso a correr como si nada. Mary estaba preocupada de que el vestido se
estropeara o se le cayera.
—¡Hermana!
Charl se lanzó sobre su hermana. La pequeña había crecido mucho en muy poco tiempo debido a
que había dado un estirón. Por ello, Alaya casi se cayó cuando le cogió en brazos. Flair estaba allí
para sujetarle antes de caer.
—Gracias Flair.
—De nada, majestad. Después de todo ese es mi trabajo.
Flair enseñó una sonrisa amable a las dos hermanas.
Se había vuelto algo más femenina; sobre todo era porque la guerra había terminado. Como tenía un
gran sentido de la responsabilidad siempre permaneció en alerta desde que comenzó el golpe de
estado. Pero como eso era historia, empezó a mostrar su verdadera personalidad.
—¿Por qué ibas corriendo tan deprisa, Charl?
—¡El Caballero Azul no está aquí! Hermana, ¿tú lo has visto?
Charl estaba muy agitada porque iba buscando a Koutarou. Se aburrió de la ceremonia y fue en
busca de Koutarou para jugar con él, sin embargo, no podía encontrarlo por ninguna parte, así que
decidió preguntar a Alaya.
130
—Lidith, ¿qué trabajo se le asignó a Layous-sama?
—Lord Veltlion no tenía ninguna tarea para hoy.
Lidith negó con la cabeza cuando Alaya le preguntó. Vestía una larga túnica como indicativo de que
era una funcionaria. Lidith servía como dama de la corte de la nueva reina. En términos modernos,
era algo así como una secretaria. Y pretendía ser ministra, al igual que lo fue su tío. Él había ido por
el mal camino, pero su sobrina pensaba remendarlo.
—Qué raro, estaba aquí hace solo un momento…
Alaya recordaba haber visto a Koutarou cuando el sacerdote supremo le colocó la corona. Deseaba
en secreto que Koutarou le viera con ella puesta, así que no se equivocaba.
—Hmm… ¿Lo sabes tú, Caris?
Charl pidió ayuda a Caris. Ella le caía casi tan bien como Koutarou, así que no tuvo ningún reparo en
dirigirse a ella.
—No lo he visto por el comedor.
Caris movió la cabeza de un lado a otro mientras comía algo de pan.
Ahora era uno de los pocos magos que quedaba en Fortorthe. La corte desapareció junto con
Grevanas, así que como resultado, solo quedaban los magos que fueron enviados fuera en alguna
misión. En ese momento Caris hacía de líder; se había convertido en la jefa de la corte.
Las políticas de Alaya no permitían que se pudiera reclutar a nuevos magos. Decidió reducir su
número tras la violenta actuación de Grevanas. Pretendía crear un país que no dependiera de
poderes ni personas especiales, por lo que la corte desaparecería en algún momento. Sin embargo,
Caris creía que eso era lo mejor; para ella, si el uso de la magia no era necesario significaba que
había paz. Caris solo quería que su vida de glotona continuase sin problemas, y para conseguirlo,
necesitaba un periodo largo de paz.
—Hmm… ¿A dónde habrá ido el Caballero Azul?... ¿No quiere llevarme a montar en caballo de
nuevo…?
Dónde.
Cuando Alaya oyó a Charl pronunciar esa palabra, automáticamente recordó una cosa.
—De un tiempo y una distancia muy lejana.
Entonces Alaya empezó a correr.
—¡¿Hermana?!
Charl fue tras ella inmediatamente. Sabía que Koutarou estaría en el lugar hacia donde se dirigía su
hermana.
131
—¡¡Koutarou-sama!!
No tenía lógica, solo era un presentimiento. Pero debía ir, porque si no lo hacía, sentía que no iba a
volver a verlo. Siguió sus fuertes sentimientos y empezó a mover las piernas todo lo rápido que pudo.
Se había olvidado completamente de la ceremonia.
Mientras tanto, Koutarou se encontraba en una pequeña colina a las afueras de Fornorn. Junto a él
estaba Clan y un dragón de color carmesí de unos 20 metros.
—Ya veo, así que los dos también os vais a casa.
—Sí. Ya hemos visto todo lo que se podía ver en este país.
El emperador de fuego Alnaya fue recibido en Fortorthe como un invitado del gobierno.
Alnaya estuvo poseído por el encantamiento de Grevanas y fue obligado a luchar. Para eso servía el
cristal azul, y Alnaya fue liberado del control cuando Koutarou lo destruyó. Por ese motivo salvó a
todo el mundo con su aliento de fuego. No era un dragón agresivo, sino uno pacífico.
Cuando Alaya se enteró de los hechos, se sintió profundamente agradecida e invitó al dragón a la
ceremonia. Pudo disfrutar de toda la comida fresca y alcohol que quiso. Incluso las bandas de música
y las compañías de teatro vinieron para entretenerlo. Esa era la forma que tenía de agradecer su
ayuda, y al mismo tiempo disculparse por lo que le habían hecho Maxfern y Rebanas. Alnaya aceptó
sus disculpas y se convirtió en un aliado de Fortorthe.
Pero, tras la ceremonia de coronación, Alnaya decidió marcharse. Los humanos y los dragones
tenían sus propios estilos de vida. Además tenía cosas que hacer, así que no podía quedarse
eternamente.
—¿A dónde iras ahora, Alnaya-san?
—A un nuevo hogar. Este mundo se ha vuelto más frío, y se hace muy difícil para nosotros
vivir aquí. Por eso hemos decidido viajar a otro mundo. Los demás están esperando mi
regreso.
—Un mundo distinto… Ya veo.
Esa era la razón por la que los dragones habían ido desapareciendo de Fortorthe. No se estaban
extinguiendo, sino que se mudaban a un lugar más confortable. Los únicos que se quedaban eran los
que tenían menos intelecto, los que se negaban a escuchar y a marcharse.
Era algo impactante, pero Koutarou y Clan sabían lo poderoso que era Alnaya. Ellos también habían
venido de otro mundo, así que pudieron entender fácilmente lo que dijo Alnaya.
—¿A dónde iréis vosotros dos?
—Iremos de vuelta al futuro.

—¡¿El futuro?! Fuajaja, ya decía yo que teníais un olor extraño. Ya veo, ya veo, así que este es
el olor del futuro.
Ocurría lo mismo pero en sentido contrario; Alnaya no tuvo problemas en creer que Koutarou y Clan
venían del futuro. Los tres eran extranjeros en este mundo unidos por la casualidad.
—Pero esperad, si no pertenecéis a esta época también debería daros las gracias.
Alnaya demostró su gratitud al pueblo de Fortorthe destruyendo las botellas con el virus. Sin
embargo, eso no se podía aplicar a Koutarou, porque no era de ese mundo. Y como Alnaya tenía un
fuerte sentido del deber, sentía que debía darle las gracias de alguna manera.
—No hace falta. Si no hubieses salvado a Fortorthe no podríamos volver a nuestro mundo.
—Jujuju… Entonces tómatelo como una muestra de amistad.
Alnaya rió en voz baja y sus ojos empezaron a brillar con un color verde.
Entonces, una marca con forma de cabeza de dragón apareció en el dorso de la mano de Koutarou.
No sintió ningún dolor, era una marca especial que dibujó Alnaya mágicamente. Era parecida a la
marca que tenía Alaya en la frente.
—Esto es…
—Esta marca está conectada conmigo. Si alguna vez necesitas mi ayuda, entonces pide un
deseo al dibujo. Apareceré allí, sin importar lo lejos que estés o cuánto tiempo haya pasado.
—De verdad, no tienes por qué hacer esto.
—Eso es cierto. Pero por si acaso, llámame para jugar antes de que mueras.
—¿Te parece bien que te llame por una razón como esa?
—Como ya he dicho, es una muestra de nuestra amistad. Jujuju… ¡Y ahora!
Alnaya desplegó sus grandes alas mientras se reía y las movió ligeramente un par de veces. Fue
suficiente como para crear una fuerte corriente de aire que agitó el pelo de Koutarou y de Clan.
—Creo que ha llegado el momento de que me vaya. Ha sido divertido, Caballero Azul.
—Lo mismo digo. Cuídate, emperador de fuego Alnaya.
—Ayudante, cuídate tú también.
—Creo que lo has entendido mal; Veltlion es el ayudante.
—Jujuju, divertida hasta el final.
134
Alnaya batió sus alas y se elevó al cielo en un instante. La luz del atardecer se reflejaba sobre el
cuerpo carmesí del dragón, y su color rojo hacía parecer que estaba envuelto en llamas. Siguió
volando y desapareció por el horizonte sin mirar atrás ni una sola vez. Alnaya se puso a la altura de
su nombre y mostró una apariencia digna y poderosa mientras se alejaba.
—…Supongo también ha llegado la hora para nosotros, Clan.
—Sí. Nos hemos quedado aquí durante mucho tiempo.
Una vez que ya no pudieron ver a Alnaya, se dirigieron a la nave espacial de Clan, la Cuna, que se
encontraba en lo alto de la colina.
—Al final el verdadero Caballero Azul nunca apareció…
—Sin embargo, más o menos hemos conseguido arreglar esta historia. Ahora deberíamos poder
volver a nuestro lugar y tiempo.
—Eso espero…
Caminaban hombro con hombro, sus pasos no eran rápidos en absoluto. Al principio querían escapar
de este mundo, pero ahora le tenían bastante apego. Ese sentimiento los ralentizaba; solo querían
contemplar este escenario durante un rato más, sentir el viento unos segundos más.
—Por cierto, ¿cómo vamos a volver a casa? Me pareció oír que encontraste una forma.
—Ahora mismo, la nave espacial no es capaz de llegar hasta el espacio. Así que pensé que
podríamos utilizar la nave como una cuna, literalmente hablando, y dormir hasta que se fabriquen las
piezas necesarias para repararla.
—Pero aunque durmiésemos, moriríamos antes de que eso ocurra. Esas piezas no las fabricarán
hasta dentro de 2.000 años, ¿no?
—No pasa nada. Si congelamos el tiempo en el interior de la Cuna, el tiempo seguirá su curso en el
exterior pero no dentro. Por supuesto, necesitaré hacer algunos ajustes previamente.
—…La verdad es que no lo entiendo, así que mejor te lo dejo a ti.
—Sí, sí, yo siempre soy la que tiene que hacer todo el trabajo.
La vez que llegaron a este mundo intentaron matarse entre ellos. Pero ahora se comportaban como si
fuesen amigos de toda la vida. Su relación había cambiado radicalmente desde que llegaron aquí.
Había pasado mucho tiempo.
Y eso no solo se aplicaba a ellos dos, también habían establecido nuevos lazos con la gente de la
época. Por eso se sentían solos en ese momento. Aminoraron aún más su marcha; los dos querían a
la gente de este mundo.
—Una cosa… ¿crees que estuvo bien no despedirse de Alaya-san y los demás?
—Sí, si lo hubiese hecho no habría sido capaz de decidirme.
135
—Entiendo cómo te sientes. Yo habría estado retrasando la fecha de regreso día tras día, y al final
nunca me iría…
—Así que también tienes un lado delicado y lindo…
—¡¿Q-qué se supone que significa eso?! Aaah… dios…
La hora de irse finalmente había llegado. El momento que se suponía que tanto estaban esperando.
Dejar atrás todos los lazos que habían formado con la gente de Fortorthe era algo ciertamente triste
para los dos.
Parte 2
Para que los dos pudieran dormir durante 2.000 años necesitaban encontrar un lugar en el que no
fuesen molestados durante ese tiempo. No había muchos sitios como ese, pero afortunadamente
Clan tenía una pista de dónde encontrar uno.
Al principio, Alaya reunió a sus tropas cerca de un pequeño fuerte en el territorio de Pardomshiha. Y
2.000 mil años en adelante ese lugar será conocido como “El territorio especial de Veltlion” y estará
fuertemente vigilado. Alaya entregó ese territorio al Caballero Azul al terminar la guerra, y fue
designado como un lugar especial que ni la realeza podría tocar.
Allí Koutarou y Clan podrían dormir durante 2.000 años sin problemas. Tampoco se llevarían a cabo
excavaciones ni ningún tipo de investigación; aunque se hablara sobre examinar el lugar en el 2.000º
aniversario de la coronación de Alaya, al final no se haría nada de ello.
Ahora los dos se disponían a ir hacia ese territorio con la Cuna. No podía llegar hasta el espacio, pero
sí que podía volar por el aire gracias a unas reparaciones improvisadas. Llegarían al lugar antes de
que el sol se pusiera por completo.
—Veltlion, sube a la cabina cuando te hayas quitado la armadura.
—Entendido. Estaré ahí en cuanto termine.
Koutarou entró en la nave, se separó de Clan, que se dirigía a la cabina, y llegó al hangar. Su trabajo
como sustituto del Caballero Azul había terminado y ya no necesitaría volver a llevar esa armadura,
por lo que pensaba quitársela para estar más cómodo.
Koutarou caminó hasta el área que se utilizaba para el mantenimiento de los trajes. Unos
mecanismos se empezaron a mover automáticamente y tras determinar el tipo de armadura que
estaba utilizando Koutarou, salió un brazo de la máquina y lo conectó a un puesto de mantenimiento.
Entonces la armadura se abrió y Koutarou salió de ella.
—Qué cómodo.
136
Koutarou se volvió hacia el puesto de control. La armadura azul había recibido muchos daños:
abolladuras, arañazos, marcas de quemaduras y mucho más. Cada una de esas marcas le recordó
sus intensas batallas.
—Lo hiciste bien… gracias por el trabajo duro.
Koutarou habló para sí mismo y dio unos golpecitos en la pechera como muestra de agradecimiento.
Le había cogido cariño después de pasar medio año llevándola casi todo el tiempo.
[Es un honor, mi señor.]
—De verdad, estás muy bien hecha.
Koutarou sonrió al escuchar la respuesta de la armadura y después quitó la insignia de madera y las
dos espadas de la cintura. No quería dejar esas cosas en el hangar.
—Muy bien.
Koutarou se colocó la insignia y las espadas y se fue a la salida. En ese momento pudo sentir cómo
retumbó el suelo y después oyó un ruido muy fuerte.
—Así que ya hemos partido…
Eso era la vibración de la nave al elevarse sobre el suelo. Después de un rato, la vibración se detuvo
y el sonido se apagó en el interior del hangar. Una vez que la nave empezó a flotar dejó de agitarse.
Ahora solo faltaba volar tranquilamente hasta el territorio especial de Veltlion.
Pero cuando se disponía a abandonar el hangar, algo hizo un ruido. Era el sonido de una llamada que
venía de un panel justo al lado de la puerta, y en él apareció la imagen de Clan.
—Veltlion, ha llegado el comité de despedida.
Cuando dijo eso, se abrió una escotilla en la parte de popa del hangar.
—… ¿Comité de despedida?
Lo primero que vio por el hueco de la escotilla fue la nieve cayendo. Luego vio una pradera
meciéndose por el viento, iluminada por el sol del atardecer.
Y cuando la escotilla se abrió por completo, vio unos reflejos de color plateado y dorado.
—¡¡Koutarou-sama!!
—Caballero Azul.
Eran Alaya y Charl, que seguían llevando sus vestidos de fiesta de la ceremonia. El viento que corría
por la pradera hacía que su cabello se revolviese, y la luz del sol los hacía brillar. La Cuna había
alcanzado una altura considerable, pero Koutarou nunca habría podido confundirles, ya que no podía
olvidarles.
137
—¡Majestad Alaya! ¡Princesa Charl!
Koutarou se sujetó a la agarradera de la escotilla y gritó el nombre de las chicas que estaban debajo
de él. Sus expresiones se animaron y se pusieron mover los brazos.
Ya veo… han venido a despedirse…
Koutarou estaba emocionado y no podía pronunciar ninguna palabra; siguió mirando a las dos chicas.
Al hacerlo su visión se volvió borrosa y empezaron a formarse lágrimas en sus ojos. Se limpió las
lágrimas para poder verles mejor, pero enseguida su visión volvió a emborronarse. Se rindió y dijo en
voz alta:
—¡Hasta siempre! ¡Majestad Alaya, princesa Charl!
¿Por qué no pudo elegir unas palabras mejores? Koutarou estaba frustrado consigo mismo. Lo único
que podía decir eran palabras sueltas, pero en realidad quería expresar toda la gratitud, amistad y
soledad que sentía.
—¡¡No llores, Caballero Azul!! ¡¡Que eres un hombre!!
Al final pudo transmitir sus sentimientos sin darse cuenta. Ellas también se limpiaron las lágrimas y
vieron con tristeza cómo Koutarou se iba alejando cada vez más.
—¡¡Caballero Azul!! ¡¡Si volvemos a encontrarnos, por favor juega conmigo!! ¡¡Cuídate!!
Charl se puso a llorar cuando comprendió que Koutarou se marchaba a casa. A pesar de ello, intentó
sonreír con todas sus fuerzas y ver cómo se iba.
Le caía una gran cantidad de lágrimas por las mejillas, pero a ella no le importaba. Continuó
moviendo sus pequeños brazos para despedirse de Koutarou. Cada vez que movía el brazo, las
lágrimas caían al suelo brillando como diamantes.
—¡¡Koutarou-samaaaa!!
El siguiente fue el turno de Alaya. Levantó los brazos hacia él, como si pretendiera abrazarlo mientras
se iba alejando poco a poco. Cogió aire para que sus últimas palabras pudiesen llegar hasta
Koutarou.
Justo en ese instante, los impulsores de la Cuna se activaron y se oyó un fuerte rugido provocado por
los motores al dar empuje.
—........., ........., .........
Debido a ello, las palabras de Alaya no llegaron hasta los oídos de Koutarou. Pero aunque no
pudiese oír su voz, sabía que eran palabras de despedida.
—........., ........., ........
Alaya seguía moviendo la boca con lágrimas cayéndole por la cara, con los brazos levantados. Sus
sentimientos pudieron alcanzarlo al final.
138
Lo agradecida que estaba.
Lo triste que se encontraba porque el día de su regreso había llegado.
—Majestad Alaya… Princesa Charl…
Por eso Koutarou agitaba sus brazos desesperadamente hacia las dos chicas que iban haciéndose
más pequeñas por momentos. Era la única forma de hacer que sus sentimientos pudieran llegar
hasta ellas.
El cohete creó una corriente muy fuerte que discurría por la pradera, y con el sol poniéndose detrás,
parecía que la pradera se había convertido en un mar dorado. Y entonces la nieve plateada comenzó
a caer más fuerte. El contraste entre el oro y la plata produjo un espectáculo precioso y fantástico.
Alaya y Charl se quedaron allí, agitando los brazos todo el tiempo mientras sus manos se movían en
el aire. Ahora ni las palabras ni la imagen de sus caras podían llegar hasta él. Lo único que podía
hacer ahora era despedirse con la mano.
Koutarou les veía desde la escotilla. Incluso cuando ya no podía distinguirles del resto del paisaje,
siguió y siguió moviendo la mano.
No podría olvidar fácilmente los lazos que había formado durante esos meses. Sabía que sus
sentimientos seguían conectados, sabía que las chicas aún seguían en el prado, y por ello siguió
agitando su mano.
Podía ver frente a él un mar dorado y un mar de nieve plateada.
Y así, envuelto en una apacible y cálida luz, la leyenda del Caballero Azul llegó a su fin.
139
La Última Escena
La Princesa Plateada y el Caballero Azul, Capítulo 2.
La obra que se estaba representando en el gimnasio del instituto Kitsushouharukaze llegó a la última
escena; quedaba poco para el final. Los voluntarios del escenario, que habían estado trabajando duro
todo ese tiempo, ahora estaban dándolo todo en los preparativos para hacer que esta última escena
fuera lo mejor posible.
—¡¿Dónde está Harumi-chan?!
—¡Está en posición y preparada para salir!
—¡¿Se ha cambiado la iluminación al color del atardecer?! ¡¡No cometáis un error con eso!!
—¡Sí!
—¿Dónde está Satomi-kun?
—¡Ya se ha ido!
Todos se estaban esforzando para conseguir un final perfecto.
El telón de la última escena estaba a punto de abrirse. Harumi, que hacía de Princesa Plateada,
estaba esperando a un lado del escenario.
—Qué raro… ¿Qué me está pasando…?
Con la última escena a punto de comenzar, no podía ocultar los nervios. Se puso la mano en el pecho
y cogió aire varias veces, pero eso no fue suficiente para calmarse. Se estaba dejando llevar por sus
emociones y luchaba para mantenerlas bajo control.
—Solo tengo que hacerlo como siempre…
Nunca había estado así antes. No tuvo ningún problema durante los ensayos para poner en práctica
esta escena. Estar junto a Koutarou tenía un efecto tranquilizador.
—¿Por qué de repente estoy tan nerviosa por encontrarme con Satomi-kun…? No me encontraba así
hace solo un momento…
Pero ahora, de pronto, Harumi empezó a estar nerviosa por salir con Koutarou al escenario. Cuando
pensaba en ello, su respiración se aceleraba. No se había peleado ni tampoco quería dejar de hacer
su papel, pero a pesar de que las cosas parecían seguir igual, no podía mantener la misma actitud
que antes.
—¿Qué debería hacer…? E-está empezando…
Hacía solo un momento se sentía segura con Koutarou al lado, pero ahora era lo contrario. Era como
si sus sentimientos se hubiesen vuelto del revés, y ahora se sentía muy insegura.
140
—¡Perdona, llego un poco tarde!
En ese momento llegó Theia, que hacía el papel de la Princesa Dorada. En la escena final, las dos
princesas verían cómo se alejaba el Caballero Azul. En la escena participaban Koutarou, Harumi y
Theia.
Theiamillis-san… ella ya se ha metido en el papel…
Harumi sintió admiración por ella al ver lágrimas cayendo de sus ojos. Theia había conseguido igualar
sus emociones con las de su personaje incluso antes de entrar en escena. Harumi pensaba que eso
era increíble.
Si utilizo estas emociones, podré…
Harumi se dio cuenta de que si se dejaba llevar por sus sentimientos podría actuar correctamente.
—Vale…
Harumi empezó a sentirse un poco mejor. Aún seguía nerviosa, pero sentía que podría actuar sin
problemas.
—¡Harumi-chan, Theia-chan, por favor salid! ¡Estamos abriendo el telón!
La presidenta del club de teatro dio a todo el mundo la señal.
El telón comenzó a abrirse y una luz roja iluminaba el decorado de la pradera. Y en el lado opuesto
del escenario había una plataforma, donde Koutarou estaba subido. Era la escena en que el
Caballero Azul miraba a las dos princesas desde la cima de una colina.
—Ah…
Cuando Harumi levantó la cabeza para mirar a Koutarou, todos los nervios que oprimían su pecho
desaparecieron. Al igual que Alaya en aquel día.
Harumi y Theia aparecieron en el escenario, y Koutarou sintió como si fueran las verdaderas Charl y
Alaya.
Harumi no tenía el cabello blanco y Theia no era tan bajita como Charl. También había una gran
diferencia en los vestidos que llevaban. Sin embargo, al mirarles desde un sitio elevado como ese,
Koutarou recordó aquel día. Era un sentimiento tan fuerte que pensó que si se dejaba llevar por él
sería capaz de regresar a ese día.
—¡¡Layous-sama!!
—¡¡Caballero Azul!!
Y ese sentimiento se intensificó al escuchar sus voces.
“¡¡Koutarou-sama!!”
141
“¡¡Caballero Azul!!”
Empezó a confundir a Harumi y a Theia con Alaya y Charl. Incluso el nombre de Layous parecía
sonar como si lo hubiesen dicho las verdaderas princesas cuando llegó a sus oídos.
¿Pero qué es lo que estoy viendo…?
Se trataba de una ilusión creada por sus recuerdos. O quizás fuera la Signaltine, que colgando de su
cintura, respondió a sus sentimientos. Nadie podía saber la verdad.
—¡Majestad Alaya! ¡Princesa Charl!
Lo único que sabía Koutarou era que las palabras que había dicho y la mano que estaba agitando no
aparecían en el guion, sino que salieron de él.
Ya veo… De verdad, de verdad que les quería…
Y al reconocer sus emociones, la vista que tenía delante de él cambió de repente.
Antes de que se diese cuenta, el escenario se convirtió en una pradera real. La hierba reflejaba el
color rojo del sol y tenía un brillo dorado. Soplaba un fuerte viento. No solo era la imagen, también
podía sentir el viento y oler la hierba. Todo era igual que aquel día.
Caía la nieve de color blanco. Estaba bañada por la luz del atardecer y ésta le concedió un tono
plateado, creando un bonito contraste con la pradera dorada.
—¡Hasta siempre, Majestad Alaya, princesa Charl!
Koutarou no estaba seguro de dónde se encontraba. ¿Estaba en el escenario? ¿En un sueño? ¿O
había vuelto de verdad? Conoció a unas personas que jamás pensó que lo haría.
—¡No llores, Caballero Azul!! ¡¡Que eres un hombre!!
Sin darse cuenta, las lágrimas empezaron a caer de los ojos de Koutarou. Charl le había dicho que no
llorase, pero él no podía hacer nada para evitarlo.
—¡¡Caballero Azul!! ¡¡Si volvemos a encontrarnos, por favor juega conmigo!! ¡¡Cuídate!!
Charl lloró y movió el brazo, al igual que lo había hecho aquel día.
Así fue, Koutarou se marchó viendo así a Charl.
—¡¡Koutarou-samaaaa!!
Alaya gritó el nombre de Koutarou con un tono nostálgico, igual que su sonrisa. Levantó los brazos
hacia él como si pretendiera abrazarlo mientras se iba alejando y siguió hablando.
—¡Aunque estemos separados por una distancia y un tiempo infinitos~
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Esas eran las palabras que el cohete de la Cuna había borrado, y que nunca llegaron hasta Koutarou.
Ahora sí que lo hicieron. Koutarou estaba increíblemente sorprendido, y siguió escuchando lo que
decía Alaya. Grabó esas palabras en su corazón.
—~estos sentimientos siempre estarán contigo!
Era un mensaje del pasado que había conseguido viajar a través de muchísimo tiempo y distancia.
Y con Koutarou y las chicas en el escenario, la función acabó en una ola de aplausos.
Y después de 2.000 años, Koutarou por fin supo lo que Alaya le había dicho aquel día.
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