La Gran Invocación
Parte 1
Sábado 22 de mayo
Kiriha y las chicas estaban teniendo bastantes problemas con los robots, pero para Koutarou era una
batalla perfecta. De lo que carecían las chicas era de poder de ataque absoluto, precisamente la
especialidad de la Signaltine. Además, aunque los robots eran rápidos y tenía una cooperación
excelente, no disponían de armas que pudieran atravesar la armadura de Koutarou, una defensa que
consistía en una barrera de distorsión espacial y otra de magia. Esto era gracias a que los robots
habían sido diseñados para ser multifunción, y por tanto las armas que utilizaban eran producidas en
masa. Comparados con Koutarou, que solo utilizaba equipamiento especialmente diseñado para él,
no tenían ninguna oportunidad de ganar. Se parecían a Maya, pero no se acercaban ni por asomo a
lo que ella había sido. Se podría decir que los robots se encontraban ahora mismo en la misma
posición que Kiriha y las chicas, aunque si él hubiera sido su enemigo en vez de los robots habrían
vencido con facilidad. Era como un tipo de juego piedra-papel-tijera, cada uno con sus habilidades
especiales.
—¡Y con ese hacen cinco!
Koutarou blandió su Signaltine y cortó a un robot en dos sin esforzarse lo más mínimo. Si su
oponente hubiera sido un humano se habría contenido a la hora de atacar, pero en ese momento no
hacía falta. No tenía ningún problema en poner toda su fuerza en cada golpe si se trataba de luchar
contra máquinas, y además estaba furioso.
Y en cuanto Koutarou se fijó en el sexto robot…
—…Como esperaba, los Caballeros Mecánicos por sí solos no son rival para ti.
Pudo escuchar una voz familiar que provenía de detrás de los diez robots restantes. Entonces vio un
gigante hecho de acero que alcazaba como mínimo los cinco metros de altura.
—Por fin has venido, Elexis.
—Me recuerdas. Eso me alegra, Koutarou.
La cabeza del gigante se deslizó ligeramente hacia arriba al mismo tiempo que la armadura del
pecho. Al otro lado de esa pared de acero se encontraba la cara que Koutarou recordaba. Él era el
antiguo prometido de Ruth y el director general de DKI, Elexis Borannam. Elexis lo saludó como si se
tratase de un amigo con una sonrisa agradable y distinguida.
—Pues a mí no… Parece que has estado haciendo lo que has querido, Elexis.

Koutarou lo observaba con una mirada dura. No había forma de que pudiera mantenerse tranquilo
mientras se enfrentaba al hombre que causó que las chicas resultaran heridas. Para él las chicas
eran como el sol, la luz que le iluminaba cada día, y ahora esas chicas estaban heridas y tiradas en el
suelo. Era como si Elexis le hubiera arrebatado la luz de su mundo, algo que Koutarou no podía
perdonar.
—En realidad no deseaba hacerlo. Hacer daño a una mujer no es elegante después de todo. Sin
embargo, fue algo necesario para vencerte.
—¿A mí?
—Sí. Tú eres el mayor obstáculo en el camino para derrocar a su majestad Elfaria y a la princesa
Theiamillis. Y por encima de todo, no podré cumplir mi objetivo si no acabo contigo.
La creación de los robots y enviarlos para luchar contra las chicas se había llevado a cabo con el
único objetivo de derrotar a Koutarou. Gracias a su experiencia del pasado, Elexis consideró al chico
como su primera prioridad. Si él junto a los militares intentaban atacar a la emperatriz y a la princesa,
Koutarou se interpondría en su camino, de modo que en ese caso acabar con él desde el principio
disminuiría los riesgos. Ese era el juicio de Elexis sobre la situación.
—Tú vives bajo el antiguo y honrado código de la caballería. Aunque creo que ese espíritu tuyo
merece respeto, en lo que se refiere a atacarte, tener como primer objetivo a las chicas es lo más
efectivo. Será difícil que ganes si mientras tanto tienes que proteger a tus amigas.
—Así que ese es tu plan…
Koutarou tenía frente a él a Elexis y sus diez robots. El resto de los soldados del golpe que habían
sido derrotados en combate aguardaron hasta este momento para seguir avanzando, a la vez que
evitaban a Koutarou. Su objetivo eran las chicas para prevenir que Koutarou pudiera retirarse; el
Caballero Azul tendría que vencer a Elexis y los robots impidiendo el avance de los soldados. Para
llegar a aquella situación, Elexis había realizado un ataque a gran escala sobre las chicas del
apartamento 106. Desplegó una fuerza mayor de lo que Kiriha había predicho debido a que iba tras
Koutarou, no tras Theia o Elfaria. No le importaba si dejaba pruebas de que realmente su objetivo era
el chico, puesto que una vez lo hubiera eliminado podría dedicarse tranquilamente a perseguir a las
dos miembros de la realeza de una forma adecuada.
—Ahora, vamos a comenzar, Koutarou-kun. No te queda mucho tiempo.
—…Incluso después de 2.000 años sigues siendo mi oponente más problemático, Dextro…
Koutarou aumentó la fuerza de su agarre sobre la Signaltine y apuntó la espada hacia el gigante, en
cuyo interior se encontraba Elexis.
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Parte 2
La batalla progresaba a favor de Elexis y el motivo era el gigante del que estaba haciendo uso.
—¡Kuh, es muy duro!
—Por supuesto. Después de todo lo fabriqué solo para vencerte.
A pesar de que la batalla acababa de empezar, la armadura de Koutarou ya había recibido una gran
cantidad de daño. Koutarou se había visto forzado a defenderse únicamente y además bajo una
capacidad de ataque feroz. Ese día era más fuerte que en su última batalla gracias a que llevaba su
armadura, pero aun así se encontraba en desventaja. Esto era una prueba clara de lo poderoso que
era Elexis.
—¡Y los movimientos de los robots ahora son completamente diferentes!
—Me llevó mucho tiempo hasta que fui capaz de conseguir que hicieran eso.
El gigante de acero que controlaba Elexis era un modelo nuevo que había sido modificado utilizando
los datos que él obtuvo sobre Koutarou durante su última batalla. Además de las mejoras en general,
este gigante que había recibido el nombre de Warlord contaba con una característica única: la
habilidad de luchar en cooperación con los Caballeros Mecánicos.
Las batallas en el Fortorthe moderno consistían mayoritariamente en conseguir atravesar la barrera
del enemigo. En su última pelea, Koutarou prácticamente había lanzado un ataque sorpresa sobre
Elexis, para lo cual no tuvo que utilizar ninguna defensa. Sin embargo, sabiendo de antemano que se
produciría una batalla, Koutarou no tendría otra opción que disponer de una barrera. Por eso se
necesitaban medios para conseguir atravesarla.
Y fue entonces cuando Elexis pensó en un ataque sincronizado. Mientras que los ataques simples no
podrían producir una brecha en las defensas de Koutarou, uno simultáneo sí tendría esa posibilidad.
Si conseguía que varios ataques golpearan en el mismo momento sería muy complicado mantener
activa la barrera, pero algo así era imposible para los humanos. Por eso fueron creados los
Caballeros Mecánicos.
Estos robots podrían cooperar entre sí a un nivel muy alto, pero su verdadero poder solo podía ser
liberado cuando se encontraban junto a Warlord. El computador avanzado de apoyo estratégico que
tenía el gigante calculaba el momento exacto al que debía ser disparada cada arma, y enviaba
instrucciones a los Caballeros Mecánicos. Con esta habilidad, los robots atacaban de forma
sincronizada con Warlord, y aunque los ataques del gigante por sí solos ya eran bastante poderosos,
un ataque simultáneo se convertiría en algo muy peligroso. Y además como los robots cambiaban sus
armas constantemente bajo las órdenes de Warlord, sus ofensivas eran variadas y difíciles de
predecir. Se trataba de un enemigo problemático para Koutarou, aún más si estaba luchando en
solitario.
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Aunque, a decir verdad, Warlord por sí solo no era tan fuerte. Si no contara con la ayuda de los robots
no tendría opciones contra Koutarou. Se podía decir lo mismo de los Caballeros Mecánicos. Sin
embargo, aunque su fuerza individual no era suficiente para dañar a Koutarou, si trabajaban juntos
como una sola unidad deberían poder ganar. Elexis ideó su estrategia para conseguir contener el
poder de Koutarou y llevar la victoria por un camino más sencillo. Este fue el plan que había
inventado para vencer a su enemigo.
—Uno para todos y todos para uno, ¿no crees que eso encaja con un caballero?
La voz de Elexis salía de los altavoces que tenía Warlord instalados en la cara. Sus ataques eran
feroces en contraste con su tono de voz calmado.
El arma de rayos de gran calibre que tenía Warlord en su mano izquierda rugió como una fuerte
explosión. Los rayos se dispersaron alrededor de una gran extensión y asaltaron a Koutarou.
—¡Tch!
Intentó evadirlos, pero era difícil esquivar el disparo de un arma de rayos diseñado para cubrir una
zona extensa. Además, con los robots entorpeciendo sus maniobras evasivas, no fue capaz de evitar
por completo el impacto, incluso con la ayuda de su armadura.
[Carga del campo de distorsión aumentada. Mensaje de alerta. Debido al daño continuo, el campo de
distorsión excederá los niveles máximos tolerables dentro de un minuto. La lucha continua es
peligrosa, se aconseja una retirada inmediata.]
—¡Lo sé! ¡Pero no puedo retroceder, así que haz algo!
[Como desee, señor.]
Tras haber sido golpeada por los rayos, la armadura de Koutarou estaba soltando mensajes de alerta.
Los daños se iban produciendo uno tras otro y solo daba predicciones fatídicas. Los gritos de
Koutarou habían cesado, pero sentía lo mismo que la inteligencia artificial.
Warlord había sido construido exclusivamente para luchar contra él. Para conseguir golpear al rápido
Koutarou, estaba equipado con láseres que se movían a la velocidad de la luz, escopetas de rayos
que cubrían una gran extensión, misiles guiados y más. Como eran armas que priorizaban la
precisión tenían menos potencia que las armas portátiles de la misma clase, sin embargo tenían el
poder suficiente para vencer a Koutarou. También había que tener en cuenta que los Caballeros
Mecánicos lo apoyaban y lanzarían un ataque sincronizado si fuera necesario.
Koutarou había luchado contra innumerables enemigos que eran poderosos en sí mismos. También
había peleado contra un grupo de oponentes débiles, pero esta era la primera vez que lo hacía contra
un grupo de enemigos fuertes. Le era muy complicado atacarlos, y cuando acalló los gritos de la
inteligencia artificial de su armadura sintió que él padecía los mismos daños. Tampoco podía
concentrarse exclusivamente en el enemigo que tenía frente a él, por lo que Koutarou entró en
pánico.
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Si sigo así todo el mundo va a… ¡¿Qué debería hacer?!
Koutarou se movió, esquivando mientras se centraba en su mano izquierda para crear una bola de
fuego con la muñequera de Kiriha. La bola salió disparada hacia los soldados del ejército. Sin
embargo, como estaba en medio de una acción evasiva no pudo apuntar adecuadamente, y como
resultado la explosión que produjo la bola de fuego no tuvo el efecto que esperaba. No fue suficiente
para detener a los soldados, ya que como solo sufrieron daños de poca importancia pudieron
continuar hacia donde se encontraban las chicas.
—¡Kuh, una más!
Koutarou intentó atacar una vez más en medio de la confusión, pero no le permitirían hacerlo tan
fácilmente.
—Tu enemigo soy yo.
Los láseres de Warlord dibujaron un surco en el suelo frente a Koutarou y crearon una gran grieta.
Sintiendo el peligro, Koutarou saltó sobre la grieta y activó sus impulsores.
—¡No te entrometas, Elexis!
—¡Me temo que tengo que hacerlo!
Los impulsores escupieron el combustible quemado y cambiaron la dirección que llevaba el cuerpo de
Koutarou. Entonces activó los propulsores de emergencia de sus piernas y aceleró hacia Warlord.
—¡No puedo malgastar el tiempo contigo! ¡Acabaré con esto ahora mismo!
Los soldados se encontraban muy cerca de las chicas. Si eran atrapadas por los enemigos, Koutarou
no tendría más remedio que rendirse, de modo que debía darse prisa en terminar la batalla.
—¡Concentra las barreras en el centro, propulsores al máximo!
[Como desee, señor.]
Koutarou cargó hacia delante todo lo rápido que pudo mientras preparaba la Signaltine. Su apariencia
era la de un meteorito con una larga estela azul.
Koutarou-kun, aunque tengas esos poderes ridículos no eres más que un humano…
A pesar de que Koutarou se dirigía hacia él a una velocidad terrorífica, Elexis se sentía aliviado. Todo
había salido como había planeado. Siempre estaba pensando en qué hacer para que Koutarou no
pudiera utilizar la máxima capacidad de sus poderes, y al final se le ocurrió la idea de utilizar su lado
humano.
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Acabaría con la serenidad de Koutarou haciendo daño a sus amigas, estableciendo un límite de
tiempo que lo presionara y poniendo en peligro a las chicas con los soldados. Como resultado,
Koutarou se vería obligado a apresurarse en terminar con la batalla y no podría utilizar toda su fuerza.
Koutarou tenía que atacar obligatoriamente sin esperar a que Elexis dejara un hueco en su defensa,
mientras que al mismo tiempo él mostraba a su enemigo una infinidad de oportunidades. Sus
movimientos también se volvieron muy simples al tener que utilizar el camino más corto posible.
Sabiendo eso no había miedo a ser derrotado. Elexis disparó con calma el lanzagranadas acoplado a
la parte inferior de su arma de rayos. El disparo se dirigió directamente a Koutarou con un sonido
grave.
—¡¡Uno de esos no va a detenerme!!
Koutarou continuó volando en la misma dirección, ignorando la granada. Si solo se trataba de una, su
armadura debería ser capaz de resistir aunque consiguiera atravesar la barrera. Pensando de ese
modo, Koutarou se dirigió hacia la granada.
—…En condiciones normales probablemente habría tratado de esquivarla.
La granada se movía despacio. Koutarou debió haberse dado cuenta de la intención que había tras
ello considerando que Warlord estaba diseñado para acabar con él. Pero como estaba en un aprieto,
ese pensamiento nunca se le pasó por la cabeza.
La granada explotó antes de alcanzarlo. No, en realidad no fue una explosión, sino que se liberó un
objeto que había en su interior.
—¡¿Pero si esto es?! ¡Oh, mierda!
La granada no contenía explosivos, sino una red tejida con fibras especiales. Como Koutarou tenía su
barrera desplegada, la red se extendió por toda su superficie y envolvió a Koutarou completamente.
Se enredó y perdió el equilibrio para acabar cayendo al suelo.
—¡¡Guh!!
El fuerte impacto contra el suelo dejó sin aliento a Koutarou durante un momento. Entonces uno de
los robots le disparó, pero por culpa de la red no pudo moverse. Los rayos fueron impactando en él
uno tras otro.
Los disparos y el calor provocaron que la tierra y las piedras del suelo se levantaran alrededor de
Koutarou, ocultándolo temporalmente.
—¿Cómo ha ido…?
Elexis se quedó mirando el lugar donde se encontraba Koutarou sin bajar la guardia. Además utilizó
los sensores para rastrear sus movimientos. Había perdido en la anterior batalla debido a que se
relajó en una situación similar, de modo que ahora no iba a caer en el mismo error.
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—…¿Ha funcionado?
A medida que el viento fue disipando el polvo, Elexis pudo ver a Koutarou tumbado sobre un cráter
creado por los disparos. Según los sensores no se trataba de un holograma, sino del de verdad.
Entonces pudo relajarse finalmente porque había conseguido derrotar a Koutarou.
¿Habría vencido si Koutarou fuera el tipo de hombre que solo piensa en sí mismo…? Me alegro de
que fuera una persona solidaria…
Como Elexis había superado la parte más peligrosa de su plan pudo sentirse profundamente aliviado.
En términos de fuerza individual se encontraba muy lejos de Koutarou, y por eso si hubiese elegido
abandonar a las chicas él habría sido el que estuviera tirado en el suelo. Este era el riesgo de su plan,
pero Elexis depositó su confianza en la personalidad del chico y por ello salió victorioso. Aunque
suene extraño, Elexis fue recompensado por esta creencia.
—U-uuh…
Entonces la mano de Koutarou se movió ligeramente.
—¡¿Sigue vivo después de todo eso?!
Elexis no podía creer lo que veían sus ojos tras el monitor. Abrió rápidamente la escotilla del asiento
del piloto y lo confirmó directamente. No se había equivocado.
—¿Cómo puede ser…?
Los rayos de los Caballeros Mecánicos habían impactado en él directamente. La barrera de Koutarou
tendría que haberse sobrecalentado en un instante y después los rayos debían haberlo calcinado
hasta la muerte. Hasta la red que lo cubría se había quemado sin dejar rastro, pero Koutarou había
sobrevivido, y lo que es más, estaba tratando de levantarse. Elexis no podía creer lo que estaba
viendo.
—N-no puedo perder… N-no cuando todos están en peligro…
La Signaltine había protegido a Koutarou. Al sentir que su vida estaba en peligro, la espada desató
sus poderes mágicos para salvarlo y a cambio su brillo se debilitó considerablemente. La fuerza de su
resplandor era inferior a la tercera parte de lo normal. Tanto la espada como Koutarou estaban
exhaustos.
—¡U-uuaaaaaah!
Koutarou exprimió las últimas fuerzas que le quedaban. Se puso en pie utilizando la Signaltine como
apoyo.
¡Tengo que proteger a todo el mundo como sea!
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No podía quedarse en el suelo y abandonar a las chicas. Quería salvarlas, aunque eso le costara la
vida. Esta fuerte emoción fue lo que le permitió ponerse de nuevo en pie.
—E-Elexis… Voy a recuperarlas a todas…
Después de levantarse dirigió su mirada hacia Elexis. Le dolía cada parte de su cuerpo, pero el fuego
de sus ojos aún seguía presente. Era tan feroz que Elexis aguantó la respiración por instinto.
—…Espléndido, Koutarou-kun. Sinceramente me gustaría tener un amigo como tú, pero tu deseo no
se cumplirá. Has perdido.
Elexis hizo un movimiento y Warlord apuntó la espada de su mano derecha hacia la garganta de
Koutarou. Él ya no podía hacer nada; lo mejor sería mantenerse de pie.
—Todavía no… todavía…
—Si no puedes asumirlo entonces mira detrás de ti.
Elexis señaló hacia la espalda de Koutarou con su mano izquierda, todavía amenazándolo con la
espada.
—Tus preciadas amigas ya están bajo nuestro control. Ya no es necesario seguir luchando. Baja el
arma, será lo mejor para todos.
Koutarou miró hacia atrás como le habían dicho. Allí vio a los soldados del ejército en la zona donde
habían caído las chicas del apartamento 106. Habían llegado hasta ellas mientras se encontraba
tirado en el suelo.
—…Chicas… Yo, no lo conseguí…
Koutarou sintió una fuerte sensación de desesperación mientras veía a las chicas en el suelo
inconscientes. Uno de los soldados se acercó a ellas y miró las caras de todas hasta que encontró a
Sanae.
—¡…! ¡…!
Se encontraba demasiado lejos de Koutarou como para poder oírlo, pero el soldado estaba insultando
a Sanae. Tiró del pelo de la inconsciente Sanae para levantarla a la fuerza y después le propinó una
patada. Su delgado y delicado cuerpo cayó al suelo como una muñeca de trapo. Ese soldado había
recibido los ataques de Sanae durante la batalla y por tanto tomó represalias.
—¡¿Sanae?!
La venganza de los soldados no terminó allí. Empezaron a utilizar la violencia contra el resto de las
chicas.
—¡Elexis! ¡Detenlos ahora mismo! ¡¿Pero qué problema tienen ellos con las chicas?!
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Koutarou se dio la vuelta rápidamente hacia Elexis y le suplicó desesperadamente que detuviera a los
soldados. Él era la persona al mando y debería tener la autoridad y la responsabilidad de parar esas
represalias.
—Qué imagen más dolorosa. Por supuesto que voy a detenerlos ahora mismo. Pero… antes de eso
quiero que me digas una cosa. ¿Dónde están la emperatriz y la princesa?
La violencia de los soldados no había sido planeada por Elexis, sin embargo, aprovechó la situación
para interrogar a Koutarou.
—¡No pienso decírtelo!
—Entonces elige, Koutarou-kun. Tus amigas terrícolas o las extraterrestres problemáticas. Ni siquiera
hace falta replanteárselo, ¿verdad?
—¡¡Al infierno con eso!!
Elexis estaba prácticamente exigiendo a Koutarou que le entregara a Elfaria y Theia por la seguridad
de sus amigas. Pero ambas opciones eran igual para él; si entregaba a Theia y sus aliados, Sanae y
las chicas se salvarían, pero entonces Theia estaría en peligro. Por eso no fue capaz de escoger una
de las dos. Fuera extraterrestre o no, ese tipo de cosas no le importaban. Todas eran igual de
imprescindibles para él.
—¡Theia no es problemática! ¡No pienso venderla para complacerte!
—Entonces supongo que no se puede hacer nada. Simplemente quédate ahí y mira cómo les dan
una paliza a tus amigas.
Puñetazos, patadas, pisotones. Incluso había uno que sacó un cuchillo. La crueldad de los soldados
fue aumentando gradualmente y ya estaba empezando a sobrepasar lo que podía considerarse como
venganza. Era posible que solo se tratara de una actuación para amedrentar a Koutarou, pero incluso
así eran acciones que harían que cualquiera tuviera que apartar la vista.
—…T-tú…
Una ira y una frustración feroces por no poder hacer nada hicieron que Koutarou apretara los dientes
con todas sus fuerzas, hasta el punto de casi destrozarlos.
—…¿Pero qué significa para ti la vida de las personas…?
Algo dentro de su mente explotó. Cada vez que las chicas recibían un golpe sentía como si una parte
de él se rompiera en mil pedazos.
—Siempre me he hecho esa pregunta. Por eso decidí acabar con el reinado de su majestad Elfaria.
—¿Y por eso vas a utilizar la vida de las personas como si fueran peones? ¡¿Y aplastarlos con tus
armas?!
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—¡Sin esos medios no se puede cambiar el mundo! ¡Este mundo no es lo suficiente amable como
para cambiarlo sin alguna clase de sacrificio!
Elexis hablaba con efusividad. Esto también era algo doloroso para él, ya que tuvo que aplastar a
aquellos que prometió salvar para cambiar el mundo. Pero si no lo hacía todo seguiría igual. Era un
dilema con el que había estado conviviendo durante varios años, pero al final decidió cambiar el
mundo, aunque no era como si no le afectara.
Koutarou observó en silencio la apariencia de Elexis. Su agitación de antes parecía fingida. Koutarou
recobró su sosiego después de haber escuchado su resolución.
—…Nunca pensé que lo haría en medio de una batalla…
Koutarou murmuró con los ojos cerrados.
—¿De qué estás hablando?
Al darse cuenta del cambio de actitud, Elexis lanzó una mirada de sospecha a Koutarou. Los
soldados también lo advirtieron y dejaron de agredir a las chicas para poder prestar mayor atención
sobre lo que estaba ocurriendo.
—…Somos amigos, por eso no quería que se viera envuelto en nuestros problemas. Pensaba hacerlo
una vez que todo hubiera acabado y hubiéramos retornado a la tranquilidad…
Koutarou cerró el puño de su mano derecha, pero no lo hizo por rabia. En ese momento sentía
lástima y al mismo tiempo se sentía hundido por su impotencia.
—…Quería ir de excursión, comer algo rico, divertirme con todas, conseguir buenos recuerdos… Eso
era lo que quería…
—¡¿Pero de qué estás hablando, Koutarou-kun?!
Elexis estaba atónito por las palabras de Koutarou, pero de repente sintió una atmósfera
sobrecogedora producida por el tono sereno del chico. Esto le hizo sentirse inquieto.
—…De nada. Solo estaba pensando en lo estúpidos que fuimos. Unos estúpidos que no pudieron
detener una guerra que lleva en curso desde hace 2.000 años.
Koutarou levantó la mano y miró directamente a Elexis.
La luz volvió a los ojos de Koutarou, una luz intensa avivada por su fuerte creencia. Ahora había
fuerza en sus palabras. Ya no sentía pánico o cobardía, sino que había vuelto a ser el Koutarou fuerte
que había decidido luchar.
—Elexis, ¿no dijiste que no se puede cambiar el mundo sin sacrificios?
Koutarou se había llenado de determinación.
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Si no lo impedía, las chicas morirían. Para cambiar ese destino aceptó su propia impotencia y
estupidez y decidió salvar a las chicas utilizando cualquier método que estuviera en su mano. No se
negaría a realizar un sacrificio necesario, aunque éste consistiera en involucrar a un buen amigo en
su lucha como hizo Theia cuando regresó con él y las chicas.
—¡En efecto! ¡Así es la realidad!
—Entonces… ¿cómo fue tu decisión, Elexis?
La fría mirada de Koutarou atravesó a Elexis. Koutarou se preguntaba si tendría la misma
determinación que él.
—¡¿A qué te refieres?!
Elexis se vio presionado por la atmósfera que había alrededor de Koutarou y tuvo que esforzarse
para contener su nerviosismo. Tuvo que responder en voz alta para esconder su ansiedad.
—La decisión donde tú te convertirás en un sacrificio. ¿O eres una excepción en lo que se refiere a
sacrificios para cambiar el mundo?
—¡No sé qué es lo que pretendes, pero deja ya de resistirte inútilmente! ¡No puedes cambiar nada!
Koutarou trataba de hacer algo que Elexis no podía comprender. Para eliminar sus nervios, Elexis
tuvo que hablar aún más fuerte; ya estaba llegando al punto de no poder seguir escondiendo su
inquietud.
—Estás totalmente en lo cierto. No puedo cambiar el mundo. Yo no tengo ese tipo de poder.
Todos los poderes de Koutarou eran prestados. Su único poder era su habilidad con la espada, ya
que todo lo demás lo había obtenido gracias a otros. Había sido de esa forma hasta ahora y seguiría
siéndolo. Lo que estaba intentando hacer ahora tampoco era un poder suyo, pero Koutarou ya no
dudaría más. No le importaba si tenía que depender de los poderes de los demás o si parecía ridículo
siempre que pudiera salvar a aquellos que eran cercanos a él.
—No te lamentes, Elexis. ¡Nadie jamás podrá detenerlo!
Koutarou levantó su mano derecha y la apretó con fuerza. Al hacerlo, el dorso de su mano comenzó a
brillar y la luz dibujó una figura geométrica. Como la mano de Koutarou estaba cubierta por el
guantelete, la figura parecía como si se estuviera dibujando en la armadura.
—¡Por nuestra vieja promesa, por el encuentro que una vez juramos! ¡Responde a mi llamada y
aparece!
Koutarou habló en el idioma antiguo de Fortorthe, que se utilizaba en rituales. Por cada palabra que
pronunciaba, el brillo aumentaba y empezó a extenderse por los alrededores. Entonces el aire
comenzó a temblar.
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—¡¿Qué es esto?! ¡¿Una distorsión espacial?! ¡¿Qué es lo que va a aparecer?!
Elexis no podía entender la situación y miró hacia su alrededor con una ansiedad creciente. Sus
subordinados hicieron lo mismo y se quedaron inmóviles, aterrorizados por la luz y el temblor.
El único que comprendía lo que estaba ocurriendo era la persona que siguió realizando la invocación,
Koutarou.
—¡Atraviesa una infinidad de distancia y tiempo y aparece, antiguo rey!
—¡¡Basta, Koutarou-kun!! ¡¿Te da igual lo que le pase a tus amigas?!
—¡Demasiado tarde!
Koutarou ignoró las peticiones de Elexis para que se detuviera y enseñó una sonrisa perturbadora
antes de gritar el último pasaje de su invocación.
—¡¡Sacude la luz y aparece!! ¡¡Gran campeador del purgatorio, Dragón Emperador del Fuego
Alnayaaa!!
En ese momento, la luz se hizo aún más intensa e iluminó todo el espacio que había a su alrededor.
Nadie podía ver; era como si hubieran sido enviados a un mundo de luz blanca.
—…Descansa, amigo. Este no es un acto estúpido, de hecho me siento honrado de que me
hayas llamado en un momento de necesidad.
Era una voz profunda y grave como el sonido de la tierra. En cuanto se escuchó aquella voz, la luz
que lo había cubierto todo empezó a concentrarse en un solo punto que se encontraba detrás de
Koutarou, en la dirección donde yacían las chicas. Koutarou se dio la vuelta para buscar al dueño de
la voz.
—¡Has venido!
La expresión de Koutarou se calmó un poco debido al alivio y a la nostalgia que sintió al ver al dueño
de esa voz. Como Alnaya tenía un aspecto inigualable debería ser fácil de encontrar. Sin embargo no
pudo verlo; mientras que Koutarou se preguntaba por qué, de repente volvió a sonar aquella voz.
—Por fin me has llamado, Caballero Azul.
La voz sonó mucho más cercana de lo que Koutarou había imaginado. Al girarse en esa dirección vio
a una de las chicas intentando levantarse.
—¡¿C-casera?!
La chica era la dueña de la Casa Corona, Kasagi Shizuka. Se levantó lentamente, puso las manos en
las caderas y sonrió con tranquilidad.
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—Ha pasado mucho tiempo. Me alegra verte bien.
La voz que Koutarou estaba buscando salía de la boca de Shizuka. Y su sonrisa en ese momento era
diferente de la habitual. Era una sonrisa poderosa y serena digna de un rey.
—¡¿Casera?! ¡¿Por qué estás…?!
Koutarou estaba confundido. Había invocado a un amigo que conoció en otro mundo hacía 2.000
años, no a Shizuka. Pero la voz provenía de ella y su sonrisa no era la suya.
—¡¿Es posible?!
Koutarou se dio cuenta de algo y utilizó su energía espiritual en su visión. Al hacerlo pudo
comprender qué era lo que le ocurría a Shizuka.
¡¡Así que era eso!! ¡¡Alnaya-dono está dentro de la Casera!!
Era el cuerpo de Shizuka, pero había otra alma superponiéndose a la suya. Koutarou pudo observar
su enorme cantidad de energía espiritual, y entonces los ojos de Shizuka se tornaron de color rojo.
Koutarou ya había visto esos ojos antes.
—¡Tú! ¡No te muevas!
—¡Deja de resistirte!
Sin embargo, los soldados no lo comprendían.
Fueron rodeados por una luz intensa y tuvieron miedo de lo que ocurriría a continuación. Pero al final
no pasó nada, y cuando esa escena de susto terminó simplemente vieron a una chica levantarse del
suelo.
Así era como ellos percibieron los acontecimientos. Por eso colocaron sus manos encima de Shizuka
para impedir que se moviera.
—¡No me toques de ese modo, escoria! ¡Solo mi amigo puede hacerlo!
La expresión de Shizuka cambió a una de enfado y rugió a los soldados.
—¡¿Uwah?!
—¡¿Qué?!
A pesar de que ella no hizo nada más, los soldados que le habían tocado salieron volando.
Los ha lanzado solo con su espíritu… ¡¡Es genial!!
Al verlo, Koutarou se convenció de que aquella poderosa existencia estaba en el interior de Shizuka.
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—¡¡Grabadlo en vuestras mentes!! ¡¡Mi nombre es Alnaya, el orgulloso rey de los dragones y
señor del fuego!! ¡¡No lo olvidéis, incluso después de haber abandonado este mundo!!
Era el dragón legendario que había respondido a la llamada de Koutarou. El Dragón Emperador del
Fuego Alnaya.
Parte 3
Cuando Shizuka pronunció el nombre del dragón legendario, de repente fue rodeada por llamas de
color carmesí. El fuego no le hacía daño, sino que más bien parecía como si estuviera protegiéndola
al cubrir la superficie de su cuerpo. Tras unos segundos, las llamas desaparecieron y la forma de
Shizuka cambió increíblemente; se había transformado en algo que estaba entre un dragón y un ser
humano.
Tenía cuernos en la cabeza y sus ojos y su pelo se habían vuelto de color rojo. De su boca
sobresalían unos colmillos afilados propios de una bestia, sus brazos y piernas se cubrieron de
escamas carmesí, como si fuera una armadura. Además, en la espalda tenía unas alas de dragón y
una larga cola que salía de la parte baja de la cadera. Parecía el fruto de una unión entre dragón y
hombre.
—¡Caballero Azul, permíteme! ¡Aunque mi poder es limitado en esta forma, no seré derrotado
por seres corrientes como ellos!
—¡Todo tuyo!
—Y yo que me preguntaba qué podría ser. ¿Solo es un mutante? ¡Qué desesperado puedes llegar a
estar, Koutarou-kun! ¡Solo por el hecho de tener características de otros seres no hará que los
humanos se vuelvan más fuertes!
Elexis se había sorprendido en un principio, pero ahora había recuperado su compostura.
No pensaba que la transformación de Shizuka fuera una amenaza a tener en cuenta. Puede que
biológicamente su fuerza hubiera aumentado, pero seguía siendo un ser vivo. No sería rival para las
armas de Fortorthe y su protección. Ahora Shizuka les obligaría a luchar un poco más debido a que
era más poderosa, pero aun así los soldados deberían seguir siendo superiores.
—Yo también lo creo. En esta pequeña forma solo puedo utilizar una fracción de mi poder.
En ese momento Shizuka abrió la boca y escupió fuego. Sin embargo era demasiado caliente como
para llamarlo fuego, y además salió disparado a toda velocidad. Por eso, mejor que decir que escupía
fuego, lo correcto sería que se trataba de un cañón de plasma. El disparo de Shizuka atravesó el aire
con facilidad.
—¡Imposible!

Unos pequeños robots fueron destruidos en pedazos y cayeron delante de los estupefactos ojos de
Elexis. Estos pequeños robots eran armas automáticas diseñadas para proporcionar apoyo a los
soldados. En comparación con la tecnología de la Tierra serían como un vehículo ligero de asalto,
pero aunque los llamaban pequeños no eran en absoluto poco resistentes. Y varios de ellos habían
sido destruidos de un solo ataque. La mayoría se quedaron fuera de combate tras el disparo de
plasma.
—No he podido acabar con todos…
Shizuka no estaba satisfecha con el resultado y bajó los hombros como símbolo de tristeza. Sin
embargo, el bando que había sufrido el ataque se había quedado sin habla; todos los soldados
comprendieron que la chica que había frente a ellos no era algo que pudiera reconocer su sentido
común.
—¡Uwah, aaaaaaaah!
—¡No te acerques aquí!
Aquellos soldados que habían visto de cerca el poder de Shizuka cayeron en un estado de caos.
Reaccionaron de muchas formas distintas, unos huyeron, otros se quedaron paralizados en el lugar y
algunos dispararon sus armas aleatoriamente, pero todos tenían una cosa en común: su coordinación
había desaparecido.
—Umf. Veo que la calidad de los soldados ha descendido en estos últimos 2.000 años. Las
tropas de Alaya-dono habrían intentado luchar contra mí… dependen tanto de su tecnología
que han perdido la fuerza de voluntad…
Shizuka se movió hacia delante sintiéndose un poco asombrada por el comportamiento de los
soldados. Poseía una presencia regia mientras caminaba, y cada vez que daba un paso el suelo se
agrietaba. Su poder abrumador aún seguía presente a pesar de su aspecto.
—…Lidith, Fauna y Caris se habían separado de ellos, pero están aquí… y supongo que la
persona que estoy poseyendo debe ser Mary… También noto otra presencia que me trae
recuerdos… ¡Ya veo, entonces supongo que era inevitable que yo también apareciese aquí!
Shizuka avanzó para proteger a las chicas, ya que si no se acercaba sería posible que recibieran
algún disparo de los soldados.
—¡Os haré pagar por hacer daño a mis amigos!
—¡Monstruo!
Elexis cerró rápidamente la escotilla de Warlord al darse cuenta de lo fuerte que era Shizuka y del
estado en que se encontraban sus subordinados. Si no hacía nada para impedirlo, sus soldados
serían aniquilados, de modo que Warlord y los Caballeros Mecánicos debían acabar con ella de
inmediato.
130
—¡Cambiad el modo de coordinación! ¡A anti-infantería~ no, a anti-armamento móvil!
[Entendido, cambiando el modo de coordinación. Objetivo fijado como arma móvil. Optimización de
tácticas, cambiando al arma prefijada F.]
Elexis retomó el control de Warlord y dio órdenes a la inteligencia artificial. Esto solo duró unos
instantes, pero como Elexis estaba viendo cómo Shizuka atacaba a los solados entró en pánico.
Debía impedir que sus hombres fueran masacrados porque para él eran compañeros que compartían
el mismo objetivo.
—¡Vamos, Warlord!
—¡Tu oponente soy yo, Elexis!
Pero cuando Elexis se disponía a acercarse a los soldados, Koutarou bloqueó su camino.
—¡Quítate de en medio, Koutarou-kun! ¡No tengo tiempo para entretenerme contigo!
—Me temo que tengo que hacerlo… Eso es lo que me dijiste hace un momento.
De algún modo Koutarou consiguió mantener en pie su cuerpo tambaleante y apuntó su espada hacia
el gigante robótico. Puede que estuviera muy herido, pero aún residía un fuego feroz en sus ojos.
—¡¿Y qué vas a hacer?! ¡¿Vas a pelear en ese estado?! ¡¡Detén esta acción absurda y sal de mi
camino!!
—Vamos, así no es como funciona, Elexis.
Koutarou sonrió. No podía permitirle ir, ya que su objetivo era evidentemente Shizuka, aunque ella
era fuerte. Si lo hacía, utilizaría a las chicas como rehenes. Debido a ese pensamiento, Koutarou
luchó desesperadamente para mantenerse consciente y se interpuso en el camino de Elexis.
—¿No estabas preparado para hacer sacrificios por tu meta? Olvida a tus subordinados y lucha
conmigo. Se supone que la información sobre el paradero de Theia y Elfaria y acabar con mi vida
eran tus objetivos.
—Así que la vida de nuestros compañeros está en riesgo, tanto para ti como para mí…
Al darse cuenta de la intención de Koutarou, Elexis cambió de idea. En esta situación Koutarou nunca
se rendiría; tendría que vencerlo antes de hacer nada.
—Muy bien, acabemos con esto, Koutarou-kun.
—No creas que las cosas van a salir igual que antes.
131
Los dos prepararon sus armas. La batalla estaba procediendo en la dirección que Koutarou deseaba
gracias a la invocación de Alnaya. Estaba decidido a hacerlo, aunque sabía que su armadura había
sido gravemente dañada y no podría luchar contra Elexis durante mucho tiempo.
—…Al menos tengo que conseguir el tiempo suficiente para que Alnaya-dono despeje ese lado…
Todas, prestadme vuestra fuerza…
Koutarou murmuró mientras aferraba fuertemente la Signaltine. Ese era el momento de utilizar todos
los poderes a su disposición, aunque no era necesario que le pertenecieran a él. Incluso un poder
prestado sería de gran ayuda. Siempre que sirviera para proteger a sus seres queridos, Koutarou
utilizaría cualquier poder.
La voz de una chica llegó hasta sus oídos como si fuera la respuesta a su petición.
—…Me gustaría que fueras el primero en decirme esas palabras.
No era una voz que percibió a través del sonido, sino que había llegado hasta él gracias al poder de
la espada que tenía en sus manos.
—¡¿Majestad?!
Nada más oír la voz, la primera persona que se pasó por su mente fue una chica de pelo plateado. En
el pasado ella había dicho esas palabras exactas. Sin embargo, se dio cuenta enseguida de que se
trataba de una persona distinta. Era imposible que la chica del pelo plateado estuviese allí, así que
pensó en alguien que sí estaba.
—¿Sakuraba-senpai?
—Fufufu, ya te has dado cuenta. Pensé que había sido una actuación muy buena…
La voz pertenecía a Harumi. Ella también tenía el poder de controlar la Signaltine y por eso lo llamó
de la forma que lo había hecho la chica de sus recuerdos.
—¿Por qué estás aquí? ¿Cómo está su majestad Elfaria?
Koutarou no abrió la boca en esta ocasión y transmitió sus pensamientos a Harumi. No quería que
Elexis oyera el resto de su conversación.
—Si los poderes de la Signaltine se debilitan lo sabré, sin importar dónde esté. Por eso he escondido
a su majestad y he venido aquí.
Harumi y Elfaria siguieron escondidas en la cabaña de la montaña incluso después de evitar a las
patrullas automáticas. Pensaban que sería más seguro quedarse en un lugar donde ya habían
investigado en vez de deambular sin cuidado. Por supuesto, no se olvidó de utilizar un conjuro para
esconder cualquier rastro, solo por si acaso.
132
Fue entonces cuando Harumi sintió que los poderes de la Signaltine habían disminuido
considerablemente. Esto era una señal de que Koutarou y las chicas se encontraban en una situación
muy peligrosa, de modo que Harumi dejó atrás a Elfaria en la cabaña y se dirigió hacia Koutarou.
—Qué imprudente…
—De todos modos no puedo proteger a su majestad yo sola. Tengo que hacer esto.
Harumi tomó un riesgo muy alto al dejar a Elfaria sola, pero era igual de absurdo pensar que podría
protegerla sin ayuda. Harumi sabía lo difícil que sería escapar de los enemigos que habían derrotado
a Koutarou y las demás y llegar hasta la seguridad de la nave de Theia o de Clan. Por eso había
decidido reducir las posibilidades de esa situación acercándose a Koutarou para ayudarlo. Elfaria
también compartía su opinión.
—Y además planeas luchar estando tan herido, ¿verdad, Satomi-kun? Entonces yo tengo que luchar
también.
—Sakuraba-senpai…
—Satomi-kun, lucharemos juntos. Siempre estaré a tu lado para protegerte.
Esa fue la confesión de amor de Harumi.
—La Princesa Plateada no pudo hacerlo debido a su posición, pero yo solo soy una chica corriente,
así que… estaré contigo hasta el final.
Harumi se sentía como si hubiera sido bendecida. La Princesa Plateada amaba al Caballero Azul,
pero tuvo que renunciar a sus sentimientos por el bien del país. En cambio, Harumi estaba en una
posición distinta. Ella era simplemente una chica normal que pertenecía a una familia normal, y por
tanto tenía el derecho de decidir qué hacer con su propia vida. Después de haber experimentado la
vida de la Princesa Plateada en la obra como si fuera la suya propia no pudo pensar en ella como una
desconocida. Por eso Harumi quería cumplir el deseo de la princesa, porque si ella, que compartía los
mismos sentimientos, vivía con Koutarou, la Princesa Plateada podría sentir la alegría y las
emociones como si estuviera con él en persona.
Y por eso Harumi había decidido luchar, no solo por ella o por la Princesa Plateada, sino para cumplir
el deseo de las dos.
—Entiendo. Por favor, préstame tu fuerza, Sakuraba-senpai. Sé que es un poco patético, pero yo solo
no puedo vencer a Elexis.
—¡Sí!
Harumi liberó todas las emociones que se habían formado dentro de ella y respondió a Koutarou. No
sabía si esos sentimientos lo habían alcanzado, pero había dicho que la necesitaba. Solamente eso
fue suficiente para alegrarla.
133
Princesa Plateada… ¡Por favor, préstame tus sentimientos! ¡¡Así podré proteger por siempre al
hombre que amamos!!
Harumi juntó las manos delante de su pecho y llamó a los poderes de la Signaltine. Ella portaba tanto
sus propios sentimientos como los de Alaya, y el poder que despertaron excedió enormemente el de
dos personas, haciendo que la espada comenzara a brillar con intensidad.
Parte 4
—¿Has terminado de rezar, Koutarou-kun?
—No me hace falta rezar. Ya tengo a alguien que lo hará por mí.
La Signaltine comenzó a brillar en el momento que Koutarou y Elexis iban a empezar la batalla. Hasta
ahora la luz de la espada estaba debilitada, pero de repente se encendió con un destello tan fuerte
que incluso se podía comparar con la luz que generó la invocación de Alnaya.
—¡¿Qué estás planeando?! ¡¡No pienso permitir que las cosas vayan como a ti te guste!!
Elexis sintió el peligro al ver la espada resplandeciente y apretó el gatillo sin dudarlo. Entonces, el
arma de rayos de la mano izquierda de Warlord comenzó a rugir. Al mismo tiempo los Caballeros
Mecánicos dispararon sus cañones; debido a su coordinación perfecta, todos los disparos se
dirigieron hacia Koutarou a la vez.
—¡Buen intento, pero es demasiad tarde, Elexis!
Los once rayos impactaron en el lugar donde se encontraba Koutarou y crearon un enorme cráter. Sin
embargo, él ya no estaba allí, y el ataque de Elexis solo sirvió para producir un agujero en el suelo.
—¡¡Deberías haberme disparado antes de que empezara a rezar!!
Koutarou se acercó con rapidez al gigante. Sus movimientos eran muy veloces y no parecía que
estuviera sufriendo tanto como hacía solo un momento. Aunque no completamente, Koutarou se
había curado y había recuperado su fuerzas cuando la Signaltine empezó a brillar.
—¡Esa luz de antes~! ¡Pero aun así no puedes moverte más rápido de para lo que está diseñada la
armadura!
Sin embargo, Warlord estaba siguiendo los movimientos de Koutarou y comenzó a disparar su cañón
láser repetidamente hacia él. Como los láseres se movían a la velocidad de la luz, en el momento que
fuesen disparados tendrían que impactar en Koutarou; no era posible esquivar este tipo de ataque
una vez disparado.
—No se trata solo de moverse deprisa. Tú deberías saberlo bien porque eres el que está usando
esas cosas.
134
Pero en el momento que el láser golpeó a Koutarou, él desapareció como si fuera humo. El Koutarou
al que Elexis había disparado era solo un espejismo muy elaborado que había creado Harumi.
Entonces dos de los Caballeros Mecánicos que se encontraban a la derecha de Warlord explotaron.
Koutarou estaba justo al lado de ellos. Su objetivo no era el gigante, sino los robots.
—¡Satomi-kun, atrás!
Koutarou siguió las instrucciones de Harumi y se echó hacia atrás rápidamente. Cerca de él había
tres robots que estaban apuntando a su posición.
—¡Reuníos, espíritus del agua! ¡Bailad, espíritus del viento! ¡Combinad vuestros poderes y apareced,
espíritus del rayo! ¡Oh, nube oscura con forma de dragón, abre tus fauces y destrúyelos! ¡¡Rugido de
Trueno!!
Pero antes de que pudieran atacar, un potente rayo cayó del cielo sobre los tres robots. Los escudos
de los Caballeros Mecánicos no pudieron hacer nada contra el poder de la naturaleza, y bañados en
un rayo de más de un millón de voltios explotaron.
—…Asombroso…
Si Koutarou no se hubiera retirado también habría sido capturado por el rayo. La advertencia de
Harumi no había sido para decirle que iba a realizar un ataque sobre los robots, sino para que no
fuera alcanzado por el rayo.
—…Y-yo también estoy sorprendida…
Esto resultó ser también una sorpresa para Harumi. Como su oponente no era una persona humana
podía lanzar sus ataques sin ningún tipo de consideración, pero el rayo fue más potente de lo que se
había imaginado. Harumi empezó a asustarse de sí misma cuando vio el suelo carbonizado y los
fragmentos de los robots esparcidos por todas partes. Si empleaba mal sus poderes podría hacer
daño a sus aliados, y por eso grabó en su mente que había ganado un poder terrorífico.
—He ido demasiado lejos…
—¡Es una batalla imprevista, así que no te preocupes demasiado por eso! ¡Sakuraba-senpai, lo estás
haciendo genial!
—¡S-sí, gracias, Satomi-kun!
Al escuchar que Harumi se había animado, Koutarou echó un vistazo a su siguiente objetivo.
¡¡Seguramente pienses que solo voy tras tus robots de apoyo, así que voy a darte un recordatorio!!
El siguiente objetivo era el arma que estaba controlando Elexis, Warlord. Como el resto de robots se
encontraban al otro lado de Warlord no tenía miedo a recibir un contraataque de su parte. Esta era su
oportunidad de atacar.
135
—¡¿Pero quién eres, Koutarou-kun?!
Después de perder cinco Caballeros Mecánicos en un instante, Elexis empezó a perder la
compostura. Lanzó varios misiles a la vez y disparó repetidamente el láser para obstruir el camino de
Koutarou.
—¡Ya te lo dije, solo soy una víctima!
Koutarou blandía su espada cortando el aire mientras que Harumi controlaba el poder de la
Signaltine, liberando una onda de choque. La onda destruyó los misiles que se estaban aproximando.
Aunque el fuego de la explosión llegó hasta Koutarou, también hizo que los láseres se debilitaran
considerablemente, y de este modo pudo bloquearlos por completo con su barrera mágica. Koutarou
avanzó sin dudar entre una lluvia de láseres.
—¡Solo soy un estudiante normal que podrías encontrar en cualquier sitio!
—¡¡No creo que eso sea todo!! ¡¡Tu poder está por encima de la realidad!!
Las habilidades que Koutarou tenía a su disposición eran muy variadas y todas ellas tenían un nivel
muy alto. Su destreza con la espada, la ciencia y tecnología de su armadura, la energía espiritual y la
magia que había en su interior, e incluso la capacidad de invocar seres sobrenaturales. Koutarou
hacía uso de todas esas habilidades al mismo tiempo para luchar, y como resultado sus capacidades
de combate estaban por encima del sentido común.
—Mi poder es insignificante. Todo lo que hago es gracias a los poderes que me han prestado los
demás. ¡Estoy seguro de que si tú los utilizaras serías aún más increíble!
Después de acercarse a Warlord, Koutarou atacó con su espada rápidamente. Su objetivo era el
cañón láser del hombro derecho. Se trataba de un objetivo primordial, ya que no podía esquivar los
láseres.
Hizo que se generase una corriente eléctrica en su mano izquierda al mismo tiempo que la Signaltine
impactó en el escudo de Warlord. La electricidad pasó a través de la espada y perforó el cañón láser
produciendo el sonido de una pequeña explosión. Entonces el cañón se desintegró en varios trozos.
—¡Eso no me hace gracia! ¡Yo no tengo la capacidad de pedir prestado tanto poder!
Elexis lanzó un puñetazo con su mano izquierda para quitarse de encima a Koutarou, pero él saltó
antes de que pudiera golpearlo. Al hacerlo, los cinco Caballeros Mecánicos restantes apuntaron hacia
él con sus cañones de rayos.
—¡Reuníos, espíritus del agua! ¡Bailad, espíritus del viento! ¡Combinad vuestros poderes y apareced,
espíritus del rayo! ¡Mostraos como una serpiente enroscada, como un tornado! ¡Girad! ¡Espiral de
Trueno!
136
Sin embargo, los rayos que dispararon nunca alcanzaron a Koutarou. Harumi había alterado su
dirección utilizando el campo magnético de la corriente eléctrica que había creado. Aunque solo
provocó un ligero cambio en su dirección, fue suficiente para que los rayos no acertaran en el blanco.
—¡Sakuraba-senpai, es increíble!
Koutarou atacó a los robots con la Signaltine. El potente campo magnético estaba interfiriendo con los
sistemas de los Caballeros Mecánicos y, aunque solo fue durante un corto periodo de tiempo, los
robots se quedaron paralizados hasta que pudieron reparar los errores. La elección de
encantamientos de Harumi estaba siendo idónea y éstos servían tanto para defensa como para
ataque. Koutarou aprovechó la oportunidad que le habían brindado.
Los cinco robots fueron reducidos a pedazos junto con varios sonidos de metal siendo cortado. Elexis
vio cómo los restos de los robots caían al suelo y también a Shizuka derrotando a su último soldado.
—…El verdadero poder no se puede ver con los ojos. Permite que otros te confíen sus poderes, es
sencillamente tu existencia…
Elexis prácticamente escupió esas palabras.
Había estado a un solo paso de la victoria, pero aun así Koutarou había conseguido dar la vuelta al
tablero. Su poder sobrepasaba ampliamente la imaginación de Elexis. Si había conseguido sus
poderes de los demás, ¿entonces cuánto debían confiar esas personas en él? Y es más, no era solo
una persona, sino que considerando su fuerza debía de haber obtenido sus poderes de muchos.
Elexis no se podía ver a sí mismo contando con la ayuda de tanta gente, por lo que tuvo que
reconocer que sus capacidades no se podían comparar con las de Koutarou.
—Entonces me enorgulleceré de este poder verdadero. Y nunca traicionaré la confianza depositada
en mí.
Si el verdadero poder de Koutarou era como decía Elexis, entonces significaba que Koutarou y las
chicas del apartamento 106 por sí solos no eran muy fuertes. Lo que realmente les hacía poderosos
era el lazo que habían formado entre los diez.
—…La victoria es nuestra, Elexis.
Koutarou se enorgulleció de aquel lazo, y jamás se le ocurriría traicionarlo.
Él no estaba solo.
Siempre tendría a nueve chicas a su lado.
—¡Todavía no, Koutarou-kun!
Elexis golpeó un botón rojo instalado en una esquina del panel de control de Warlord.
137
Al hacerlo, el asiento se separó del cuerpo del gigante y salió volando hacia atrás. El botón que había
pulsado era la eyección de emergencia.
—¡¿Oh, no?!
—¡Aunque no pueda vencerte ahora, todavía existen formas de hacerlo!
Para Elexis fue una decisión dolorosa dejar atrás a los soldados, sin embargo, en la situación actual
sería prácticamente imposible recuperarlos. Las probabilidades de que Warlord pudiera derrotar a
Koutarou y a Shizuka en solitario eran cercanas a cero. Por eso Elexis no tuvo más opción que
escapar.
—¡¡Es eso, vas a por Theia!!
—¡Sí! ¡Pelear directamente contigo no es la única forma de luchar!
Sin embargo, no lo hizo solo para protegerse. Si podía capturara a Theia, que estaba luchando en el
espacio, entonces tendría una buena oportunidad para negociar. De esta forma Elexis podría
recuperar más tarde a los soldados, aunque solo a aquellos que hubieran sobrevivido.
—¡¡No dejaré que escapes!!
—¡¡Demasiado tarde!!
En el momento que Koutarou estaba listo para atacar a Elexis, el asiento de control generó un
agujero espacio-temporal y entró en él.
—¡¡No permitiré que huyas!!
Koutarou activó los propulsores de emergencia de su armadura y empezó a perseguir a Elexis.
Pretendía sumergirse también en el agujero espacio-temporal.
—¡Ya te dije que es demasiado tarde!
Sin embargo, justo cuando Koutarou iba a introducirse en el portal, el robot gigante que había
quedado en la superficie explotó.
Y el agujero espacio-temporal despareció frente él. Entonces, Koutarou simplemente pasó por donde
había estado el agujero.
—¡Maldita sea! ¡En ese caso…!
Aunque había dejado escapar a Elexis, no pensaba rendirse. Rápidamente activó las comunicaciones
de la armadura y trató de contactar con Theia y Ruth, que se encontraban en medio de la batalla con
las naves enemigas.
[La conexión con la red se ha cortado. La comunicación no es posible.]
138
—¡¿Qué?!
Pero la inteligencia artificial le indicó que era imposible comunicarse con ellas.
Parte 5
El motivo por el que no podía contactar con Theia y Ruth era que Warlord había explotado. Elexis lo
había hecho con esa intención.
Las naves espaciales de Fortorthe normalmente utilizaban las ondas gravitatorias para comunicarse.
Se trataba de un método más fiable que las ondas electromagnéticas, pero aun así eran susceptibles
de tener interferencias. Al igual que alguien podría utilizar un campo electromagnético para interferir
en las ondas del mismo tipo, se podía usar un campo gravitacional para interrumpir esta clase de
comunicación. Por eso el reactor de Warlord se había sobrecargado a propósito.
—…¡Por culpa de esta interferencia no solo se han interrumpido las comunicaciones, sino que
tampoco se pueden transferir objetos! ¡Y menos seres humanos!
Como no se podían utilizar las comunicaciones a través de ondas gravitatorias, Koutarou estaba
hablando con Clan por el método tradicional del electromagnetismo. Se estaba produciendo un
retraso en los mensajes debido a que Clan se encontraba más allá de la Luna, y en ese momento
incluso el menor retraso era suficiente para irritar a Koutarou.
—¡Si no hacemos nada capturarán a Theia!
Koutarou ya se había hecho una idea de la estrategia de Elexis.
Como él mismo había dicho, el objetivo de Elexis era vencer a Koutarou. El primer paso de su plan
fue realizar un ataque en la superficie para atraer a Koutarou desde el espacio.
El segundo era llevar a la Caballero Azul hasta la cara oculta de la Luna. Había una alta probabilidad
de que Theia o Elfaria estuvieran en la nave. El objetivo de Elexis era capturarlas y asesinarlas, y si
las tres naves ignoraban a la Caballero Azul y enviaban apoyo a la superficie, la nave de Theia no
tendría otra opción que mostrarse. Y aunque Theia supiese que se trataba de una trampa, lo único
que podía hacer era dirigirse hacia donde se encontraban ocultas las naves.
El tercer y último paso consistía en que si Elexis fracasaba al intentar derrotar a Koutarou en la
superficie, entonces activaría la autodestrucción de Warlord para obligarles a que se quedaran en la
Tierra durante un tiempo. De este modo ganaría un poco de tiempo para atacar a la Caballero Azul,
que se encontraría aislada en el espacio. La primera ofensiva también tenía el propósito de reunir a
Koutarou y sus amigos y acabar con ellos en la superficie.
139
La estrategia de Elexis resultó efectiva, por lo que Koutarou y los demás no podían volver con Theia y
Ruth en el espacio. La Caballero Azul estaba en su mayoría automatizada, pero incluso así era
demasiado complicado que solo ellas dos pudieran controlarla. Si pretendían luchar contra tres
naves, con cuanta más ayuda contasen mejor. Retenidos en la Tierra, lo único que podían hacer era
mirar las imágenes de la batalla que estaba recogiendo Clan con la Hazy Moon, y Koutarou empezó a
sentirse impaciente.
—Clan-san. ¿No podemos hacer algo con tu nave?
El pelo plateado de Harumi ondulaba al viento cuando le hizo esa pregunta a Clan, cuyo holograma
se estaba reproduciendo gracias a la armadura de Koutarou. Su pelo se había teñido de un color
ligeramente plateado debido a la influencia del poder mágico de la Signaltine, el cual le daba un aire
misterioso y sorprendía a todo el que le miraba.
—…Incluso si hago que la Cuna entre en la atmósfera y os recoja no lo conseguiríamos a tiempo.
Tendrían que entrar y salir de la atmósfera, además del viaje de 380.000 kilómetros hasta la cara
oculta de la Luna. Incluso para la tecnología avanzada de Fortorthe se trataba de algo que les llevaría
bastante tiempo.
—Así que estamos estancados…
Koutarou apretó los puños con fuerza. Como la armadura amplificaba su fuerza, si algo hubiera
estado en su mano lo habría aplastado con facilidad.
—Caballero Azul, no entiendo cuáles son las circunstancias, pero en resumen, ¿te gustaría
entrar en el mundo de las estrellas?
Shizuka, que había estado observando la situación hasta ahora, presentó una solución. Tenía los
brazos cruzados y miraba directamente a Koutarou.
—Sí. Mi amiga está luchando en el espacio, en el mundo de las estrellas.
—Mmm… La parte de atrás de ese gran satélite… Ciertamente parece que llegar hasta allí es
todo un problema.
Shizuka miró a la Luna y entornó los ojos antes de asentir. No estaba utilizando ningún tipo de magia,
pero podía sentir la distorsión del espacio y la energía colisionando.
—Pero nos llevaría demasiado tiempo utilizando cualquier método que tenemos.
—Ya veo. Entonces, Caballero Azul, yo te llevaré hasta ahí ahora mismo.
Shizuka apuntó directamente hacia la Luna. Entonces hinchó el pecho, colocó las manos sobre la
cadera y mostró una expresión confiada. No era una broma ni un malentendido.
—¡¿Tú puedes hacer eso?!
140
—Pero no será fácil. Mis poderes también tienen un límite.
Para Koutarou, el dragón legendario, Alnaya, parecía un ser omnipotente en el interior de Shizuka,
pero hasta él tenía límites. De hecho, no podía poseer su forma en la Tierra. Como se podía esperar,
unos 2.000 años y 10 millones de años luz eran una gran distancia.
De modo que transmitió sus poderes mágicos y una copia de su alma a la Tierra. Había enviado a
través de la marca de la mano de Koutarou pequeñas fracciones de su poder a Shizuka, que llevaba
viviendo en la Casa Corona más de diez años. No podía simplemente aparecer porque eso le habría
llevado muchísimo tiempo para prepararse.
—Elevarme hasta el mundo de las estrellas y volar hacia la cara oculta de ese satélite implica
que gastaré mis poderes casi por completo y no podré hacer nada más hasta que me recupere.
¿Lo ves bien, incluso así?
En ese momento, Shizuka, en realidad Alnaya, solo tenía el poder de llevar a Koutarou al espacio, y
después sería incapaz de apoyarlo en la batalla. Y por tanto preguntó a Koutarou si a pesar de
saberlo quería seguir yendo a salvar a Theia.
—¡Por supuesto! ¡¡Por favor hazlo, Alnaya-dono!!
Koutarou estaba preparado.
Por supuesto que lo estaba.
Después de todo era el caballero de Theia.
141
La Segunda Llegada de la Leyenda
Parte 1
Sábado, 22 de mayo
Cuando la nave de Theia, la Caballero Azul, llegó hasta la cara oculta de la Luna, las tres naves
enemigas ya se encontraban alineadas y esperando por ella. Normalmente, las naves no serían
visibles al estar en la cara oscura de la Luna, pero gracias a las imágenes con procesamiento Cg1 del
monitor se podía ver tan claro como si fuera de día.
—Era una trampa, como esperábamos.
—Sí. Se han lanzado muchos cazas desde la nave de transporte.
—Así que todo va según como habían planeado… Activa el sistema automático de interceptación,
pásame el control del sistema de ataque y el movimiento de la nave. El resto te lo dejo a ti.
[Como desee, princesa.]
Para impedir que las tres naves siguieran dando apoyo a las fuerzas de tierra se necesitaba realizar
un ataque con la Caballero Azul e interrumpir sus comunicaciones. Esto aumentaría las posibilidades
de que los aliados de Theia venciesen.
Hasta ahora habían enviado pequeños robots de apoyo para ayudar a los soldados y alrededor de
una docena de Caballeros Mecánicos junto con Warlord. Si les permitían enviar más armas, la batalla
de la superficie acabaría definitivamente en una victoria del ejército del golpe.
—Ruth.
—Sí.
—Permíteme disculparme de antemano. Lo siento. Lo más probable es que no regresemos con vida.
Alguien tenía que atacar a la flota enemiga para proteger a Elfaria y permitir a los aliados de la
superficie que pudieran ganar la batalla. Aunque Theia y los demás contaban con dos naves a su
disposición, la Hazy Moon de Clan no participaba en la batalla debido a la posición en que se
encontraba, lo que significaba que la Caballero Azul tendría que luchar sola. Sin embargo, era
bastante complicado que una sola nave pudiera salir victoriosa.
—¿Qué está diciendo? Hice un juramento para permanecer con usted en cualquier situación.
1 (C for graphics) Lenguaje gráfico de sombreado que emplea el lenguaje de programación C.
142
—Sí que lo hiciste.
—Si alguien tiene que disculparse seríamos las dos, y frente a Satomi-sama.
—Es cierto… entonces Ruth, si llega el momento, haremos que acaben con nosotras en la Luna. Si lo
hacemos allí siempre podremos observarlo.
—Es una idea maravillosa. Tendremos que hacerlo como sea.
Theia y Ruth ya estaban preparadas para su derrota.
Con la nave de Theia no tenían ni la mitad de las posibilidades de ganar. La Caballero Azul era una
nave de clase real, la más poderosa de todas las naves espaciales de Fortorthe, pero los daños que
había recibido anteriormente no se habían reparado por completo. Además, les hacía falta más
aliados. Las posibilidades de perder eran muy altas.
—Pero no creo que sea necesario dejarles ganar fácilmente.
—Por supuesto. Ya que nos dirigimos a la batalla, lo mejor es que intentemos luchar por la victoria. Si
no me sentiré mal por los que nos siguieron.
Pero a pesar de todo, Theia y Ruth iban a por la victoria.
Theia deseaba ganar, reunirse con Koutarou y decirle algo menos egoísta. Ruth quería contar a
Koutarou su deseo.
La Caballero Azul fue la que realizó el primer movimiento. Como era de la clase de naves más
grande, también contaba con un gran generador, y haciendo uso de esa energía le permitía que sus
ataques llegaran más lejos. De todas las armas que tenía a su disposición, Theia escogió empezar
con el cañón láser.
—¡Caballero Azul! ¡Láser de alta concentración!
[Como desee, princesa. Abriendo la compuerta del láser de alta concentración “Flor Radiante”. El
disparador está a disposición del comandante.]
Theia estaba sentada en el puesto del comandante, en el puente de la nave. Desde allí manejaba la
nave y al mismo tiempo se encargaba de los ataques. Aunque estaba controlando la dirección, no
había un timón como en los barcos, sino que el sistema de control era parecido al de un avión de
caza, un yoke stick, y Theia tenía su dedo sobre el gatillo. Este sistema de control era idóneo para
manejar la nave en las tres dimensiones.
—Alteza, la nave de defensa ha tomado el frente. Estoy confirmando la presencia de un campo de
distorsión.
143
Ruth estaba en el asiento del operario, a la derecha y un poco más abajo de Theia. Estaba a cargo
del procesamiento de información y de administrar los sistemas de la nave. Dicho de forma sencilla,
Theia estaba a cargo de la ofensiva y Ruth de la defensa.
—La nave de defensa se ha movido al frente y los cazas la siguen. Detrás se encuentra la nave de
combate, y aún más lejos la de transporte.
La flota enemiga consistía en una nave de transporte, una de combate y una de defensa.
Las capacidades de combate de la nave de transporte eran débiles, sin embargo, en su interior se
encontraban varios cazas, que soltaría cuando fuese necesario. Era difícil prevenir un ataque
combinado por un grupo de cazas con mucha movilidad y además representaba un serio peligro. Sin
embargo, en la mayoría de los casos una sola nave no podía atravesar los escudos de otra, y por esa
razón, una de transporte casi nunca operaba en solitario.
La nave de combate sobresalía en el ataque. Utilizando la artillería que se alimentaba de su gran
generador, su trabajo principal era debilitar los escudos del enemigo. Si lo conseguía, entonces los
ataques de los cazas serían más efectivos. En otras palabras, la nave de combate servía para
desgastar y la de transporte, con su cazas, para destruir. De modo que este tipo de nave era
indispensable en las batallas.
En oposición a las otras dos, las capacidades de la nave defensiva se invertían únicamente en
proteger a las demás, y estaba equipada con un escudo resistente. Al mismo tiempo, su poder
ofensivo era nulo. Su papel consistía en llevar la delantera en el campo de batalla y bloquear
cualquier ataque. Una característica común en este tipo de naves era que no estaban pilotadas por
personas. Como servían de escudo no existían motivos para estacionar en ellas una tripulación, salvo
en ocasiones particulares.
El enemigo estaba haciendo un uso efectivo de sus tres naves. La defensiva se había colocado en el
frente y protegía a los cazas que salían de su transporte. La nave de combate se encontraba tras los
cazas y estaba a cargo de atacar a la Caballero Azul. Y por último, la nave de transporte se quedó en
la posición más retrasada. Pretendían debilitar los escudos de la Caballero Azul mientras que al
mismo tiempo la nave defensiva cubriría a los cazas, que se aproximarían para destruir su objetivo.
Era una estrategia de manual.
—Las naves y sus armas probablemente sean modelos nuevos de DKI, pero su estrategia es muy
ortodoxa…
Theia tenía un poco de curiosidad por la estrategia tan básica que estaba llevando a cabo el enemigo.
Cuando lucharon en el pasado, sintió que su formación era demasiado escasa para alguien tan
inteligente como Elexis.
—¿Qué deberíamos hacer?
—No hay tiempo para pensar en eso. Vamos a rodear la nave defensiva y atacar a la de combate.
144
Theia realizó unas maniobras defensivas con la Caballero Azul mientras dirigía la proa hacia la nave
de combate. Sus movimientos en el espacio eran como los de un caza. Era posible controlar la
gravedad y la masa gracias a la tecnología avanzada de Fortorthe, de modo que incluso las naves
más grandes tenían una alta movilidad. Mientras hacía virar la nave apretó el gatillo.
[¡Impacto directo en la nave enemiga! ¡La fuerza del campo de distorsión ha caído un 30%!]
—¡No conseguiremos acertar más a esta distancia! ¡Ruth, voy a hacer algo un poco arriesgado!
—¡Sí! ¡Los cazas están abandonando el campo de distorsión de la nave de defensa! ¡Parece que
solamente va a dedicarse a proteger a la nave de combate!
—¡Vamos a ignorar a los cazas y nos centraremos en el ataque! ¡Ahora mismo no son una amenaza
para nosotras!
El bombardeo de Theia había impactado de lleno en la nave de combate, pero no fue suficiente para
destruirla. Aunque los láseres poseían un gran alcance, tenían menos poder ofensivo comparado con
otras armas. Por eso Theia quería acercarse más y utilizar armas más potentes, pero sus oponentes
también pudieron ver su intención. Como la nave de combate debía desgastar sus escudos, ambos
bandos pusieron su mira en ella, y puesto que también sabían que Theia y Ruth no tenían tiempo
para entretenerse con cada caza, hicieron que la nave defensiva dejara de escoltarlas; su nuevo
objetivo era proteger a la de combate.
—¡Caballero Azul! ¡Cañón de rayos variables!
[Como desee, princesa. Abriendo la compuerta del cañón de rayos variables “Nieve en polvo”.]
—¡Esta vez no será igual que la última!
Theia cambió el arma de láser a rayos. Los rayos no tenían el mismo alcance, pero sí un poder
considerable. Desde esa distancia, los rayos eran un arma perfecta.
—¡Alteza, se ha detectado una reacción de energía en la proa de la nave de combate! ¡Están
disparando!
—¡Déjamelo a mí! ¡No pienso cometer el error de que nos alcancen!
La nave enemiga comenzó su bombardeo disparando rayos como los de la Caballero Azul.
Pretendían decidir el resultado de la batalla mediante un tiroteo con sus respectivas armas
principales.
—¡Nos persiguen tres formaciones de cazas!
—¡¿Intentan entorpecernos?!
145
Tres cazas componían una formación, por lo que tres formaciones hacían un total de nueve naves
persiguiendo a la Caballero Azul. Sin embargo, como se había mencionado antes, los cazas no
tenían la capacidad de atravesar los escudos, de modo que Theia los ignoró y prosiguió con su
ofensiva.
—¡Después del siguiente disparo del cañón de rayos pasaremos al lado de la nave defensiva! ¡En
cuanto lleguemos lánzale algunos misiles!
[Como desee.]
—¡Alteza, yo dispersaré las partículas de interferencia en cuanto hayamos disparado los misiles!
—¡Muy bien, tú te encargas! ¡Ahora vamos!
Gracias a un pilotaje experto, Theia hizo virar la Caballero Azul con suavidad y cargó directamente
hacia la nave de combate que estaba protegida por la defensiva. No era una buena idea involucrarse
en un tiroteo con la nave defensiva en medio, así que Theia quería retar a la nave atacante a un
combate de proximidad.
—¡Si hago esto tú tampoco podrás disparar, ¿verdad?!
Como todavía había cierta distancia entre ellas y la nave enemiga, Theia se posicionó de forma que
la nave defensiva estuviera entre las dos. Con eso, ninguna de las naves podría atacar y permitiría a
Theia avanzar de forma más sencilla. La nave defensiva no tenía apenas poder de ataque y sus
intentos de dañar a la Caballero Azul serían esporádicos y prácticamente inútiles. Theia disparó el
cañón de rayos repetidamente mientras avanzaba, por lo que la nave defensiva dejó de atacar y se
centró en protegerse con la barrera.
[¡El bombardeo ha disminuido la potencia del campo de distorsión de la nave enemiga un 56%!]
—¡Perfecto!
—Disparando misiles.
—¡Dispersando las partículas!
El cañón de rayos impactó plenamente en la nave defensiva justo como Theia había predicho y
provocó que la barrera se debilitara. Entonces la nave de Theia pasó al lado del escudo y disparó
varios misiles. En ese momento se dispersó una gran cantidad de partículas que servían para
interferir en las comunicaciones e inutilizar los láseres, lo cual bloqueó el contraataque de la nave
defensiva.
Una vez dejaron atrás el escudo, delante de ellas apareció la nave de combate. Todo había salido
según los planes de Theia. Si conseguía destruir esa nave tendrían una oportunidad de ganar.
—¡Alteza, el grupo de cazas nos está atacando!
146
—Ridículo. ¡¿Qué pretenden con eso?!
Entonces ocurrió algo inesperado. Los nueve cazas de repente empezaron a disparar. Su ataque
sería completamente inservible, ya que el escudo de la Caballero Azul se encontraba intacto; era
imposible que pudieran dañar la nave.
Sin embargo…
—¡Alteza, el campo de distorsión de la Caballero Azul ha perdido un 20% de su fuerza!
—¡¿Qué?!
En contra de sus expectativas, el escudo de la Caballero Azul había recibido un daño importante. En
un principio era imposible que un caza pudiera hacer eso. Si realizaban ataques constantes con ese
tipo de poder, su escudo no duraría mucho. Se trataba de algo completamente inimaginable.
—¡Los rayos disparados por los nueve cazas han impactado todos en el mismo punto y a la vez!
—¡Ya veo, así que esa es su nueva estrategia!
Los cazas que había diseñado DKI trabajaban con el mismo principio que los Caballeros Mecánicos
enviados a la Tierra. Llevaron a cabo un ataque sincronizado perfecto en los blancos que había
designado su nave. Sus ataques individuales no eran capaces de afectar al escudo de la Caballero
Azul, pero si se coordinaban y atacaban en el mismo lugar y al mismo tiempo, sería muy complicado
incluso para una nave de clase real que pudiera soportarlo. En vez de utilizar nuevas armas que
podrían haberlo dejado fácilmente en evidencia, Elexis optó por optimizar la tecnología convencional.
[¡Detectada una gran reacción de energía en la nave de combate!]
—¡Activa los propulsores de emergencia, evítalo a la máxima velocidad!
[Como desee, princesa.]
Una vez se dio cuenta de cuál era el plan del enemigo, Theia no forzó el ataque, sino que prefirió
retroceder. Intentó alejarse de la nave de combate a la máxima velocidad posible, ya que si no hacía
nada con los cazas y entraba en un tiroteo con la nave los resultados serían catastróficos.
Pero en su camino de retirada, la Caballero Azul se estremeció. Había recibido un impacto del
bombardeo de la nave atacante.
—¡Han dado al tercer bloque de la pierna izquierda! ¡Cerrando los mamparos de aislamiento y
disparando fuego de supresión!
—¡Nos han dado! ¡Ya sabíamos que sería complicado, así que esto es lo que tenemos!
147
El ataque de los cazas había debilitado su escudo, y con la retirada de emergencia drenando la
potencia del generador, sus defensas no fueron capaces de recuperarse tras el ataque de la nave de
combate. Con ese nivel de daños, ni la Caballero Azul podría escapar de una pieza. Gracias al
pilotaje de Theia consiguieron retirarse con solo unos pocos daños en una de las piernas. Si hubiera
estado otro piloto a los mandos se habrían visto con toda probabilidad en una situación peor.
Parte 2
Cuando Elexis regresó a la nave de transporte desde la Tierra, la flota ya había comenzado su ataque
sobre la Caballero Azul. Gracias a eso, la nave de Theia empezó a recibir daños continuos y perdía
gradualmente su capacidad de devolver el fuego.
—Parece que todo marcha de acuerdo con el plan.
—Sí, Elexis-sama. Como podía esperarse de la princesa Theiamillis.
—La princesa es una profesional de las batallas a pesar de ser hija de una emperatriz pacifista.
—Es sorprendente que aún no hayamos conseguido acabar con ella a pesar de utilizar el SMR.
SMR, o Sistema de la Mesa Redonda. El nombre fue cogido prestado de las mesas redondas que
utilizaban los caballeros de la antigüedad para discutir sus estrategias. Este dispositivo era un nuevo
tipo de sistema computarizado que había desarrollado DKI para las naves no tripuladas. Con este
sistema, las naves controladas automáticamente eran capaces de sincronizarse a la perfección entre
sí, o dicho de otro modo, se trataba de un sistema que proporcionaba a las naves no tripuladas y a
los Caballeros Mecánicos la capacidad de coordinarse en el ataque.
—Eso muestra que hay excepciones para todo. Por ejemplo, Koutarou-kun se enfrentó a ellos y
acabó con la mesa redonda.
—He oído la noticia… ¿pero es cierto? No me lo puedo creer.
—Sí. Ese chico sobrepasa a la lógica y la probabilidad. Es como una broma pesada con ropa y que
anda por ahí.
—Entonces me sorprende que haya conseguido volver a salvo después de enfrentarse a algo así…
—Puede que haya regresado, pero me fue imposible traer conmigo a mis subordinados.
Elexis mostró una expresión de desprecio. Sentía que no haber sido capaz de hacer algo por sus
subordinados caídos era un fracaso amargo. Esto le hizo darse cuenta de lo ingenuo que había sido;
incluso para él, que había esperado con ansias su enfrentamiento contra Koutarou, significaba un
final poco satisfactorio.
148
—Sin embargo, una guerra no se decide por vencer o perder en una batalla. Si conseguimos capturar
a la princesa Theiamillis podremos borrar nuestra derrota en la Tierra.
—No desperdiciaremos sus preparativos, Elexis-sama. Ganaremos. Por favor, contágiese de nuestra
calma.
—Eso haré.
El capitán dio órdenes a izquierda y derecha mientras iban estrechando poco a poco el cerco sobre la
Caballero Azul. Elexis observaba la situación en silencio.
Puede que hubiera sido derrotado en la superficie, pero se las había arreglado para dejar bloqueado
allí a su oponente más peligroso. Por eso, siempre y cuando consiguieran ganar en el espacio y
capturar a la aislada princesa Theiamillis, no solo lograrían poner sus manos sobre la emperatriz
Elfaria, sino que también salvarían a los hombres que habían dejado atrás.
—…Koutarou-kun, fuiste más fuerte que yo… pero venceré.
Elexis estaba convencido de su victoria. Una victoria que se estaba haciendo realidad frente a sus
ojos.
Parte 3
La batalla progresaba a favor del ejército del golpe de estado. Dicho de forma más exacta, el ejército
ya tenía ventaja desde el principio; las cosas parecieron estar saliendo a pedir de boca de Theia y
Ruth porque habían caído en la trampa de sus enemigos.
En un principio, la Caballero Azul no había sido reparada en su totalidad, y ahora había sufrido daños
adicionales debido a los ataques de los cazas y de la nave de combate. En este momento se
encontraba flotando en el espacio, con daños por todas partes. El casco se había quemado y tenía
diversas aberturas que dejaban ver su interior. Ya no poseía el precioso lustre azul de antes.
—…Me pregunto si la batalla en tierra ya habrá acabado.
Theia murmuró mientras observaba la Luna flotando en el centro del monitor. La figura del satélite
que se mostraba a través de imágenes procesadas brillaba de forma hermosa.
—Lo más probable es que sí. Y considerando que el ejército no nos está recomendando la rendición,
entonces Satomi-sama y las demás deben haber ganado.
Ruth dijo esto mientras miraba al monitor junto a Theia.
149
Aparte de la Luna había otros elementos de información flotando en la pantalla. El daño que había
recibido la nave, los enemigos que les rodeaban y la inteligencia artificial que les sugería una retirada
inmediata. Todos esos mensajes eran de advertencia, nada que pudiera servir de utilidad a Theia y
Ruth en ese momento.
Las dos sabían que no tenían oportunidades de ganar. Tampoco podían dejar de luchar porque no
conocían el estado de la batalla terrestre, y por eso solo miraban la Luna, donde tras ella debía de
estar la Tierra.
—Esta es nuestra forma de redimirnos.
—Elfaria-sama está en buenas manos. Dejemos que se ocupe Satomi-sama, seguro que él podrá
proteger a su majestad.
—Sí… Después de todo es el caballero de una princesa legendaria como yo. Estoy segura de que
podrá proteger a mi madre.
Theia sonrió e inclinó la palanca de mando para hacer que la Caballero Azul diera la vuelta. Al
hacerlo, las naves enemigas aparecieron donde antes se había mostrado la Luna. Los cazas
protegidos por la nave defensora, la nave de combate detrás y por último la de transporte.
Comparada con la bastante dañada Caballero Azul, la flota enemiga estaba prácticamente como al
comienzo.
—Ruth, prepara el control automático para cuando el control manual se interrumpa.
—¿Nuestro destino?
—La Luna.
—…Sí.
En el momento que Ruth contestó, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Sabía que Theia
iba a llevar a cabo su ataque final, y también cómo se sentía. Theia deseaba disfrutar de las
emociones pasadas mientras cumplía con su deber de princesa hasta el final. Ruth lo sabía y le dolía,
ya que ella sentía lo mismo.
—La configuración está completada.
—Entonces adelante. ¡Les enseñaremos cómo luchan hasta el final la princesa Theiamillis y su
guardiana Ruthkhania!
—¡Sí, vamos!
Las expresiones de ambas cambiaron a unas más apropiadas para una princesa y su ayudante.
Lucharían hasta el mismísimo final.
150
Parte 4
Después de ver lo que estaba haciendo la Caballero Azul en su monitor, Elexis se dio cuenta de que
Theia pretendía realizar un último ataque. Se podía ver una bandera formada por láseres y rayos tras
el puente de la nave real, en cuyo centro estaba dibujada una flor. Esta bandera era la señal de que
Theia se aproximaría al frente.
—Oooh… es la bandera de la princesa Theiamillis…
—Así que la princesa realmente se dispone a ello…
En cuanto se levantó la bandera de Theia, la tripulación de la nave de transporte entró en un estado
de agitación. Como había soldados que no eran partidarios del golpe, muchos de ellos aún seguían
venerando a la familia real, y como resultado, el personal del puente fue incapaz de ocultar su
inquietud. Ocurría lo mismo en la nave de combate.
—¡Cálmense! ¡No pretendemos matar a su alteza, lo único que queremos es parar cualquier
enfrentamiento inútil! ¡Asegúrense de que nuestros ataques no impactan en el puente!
Sin embargo, cuando el capitán llamó la atención de la tripulación todos se calmaron. El capitán y su
tropa formaban parte del grupo de caballeros de Melcemheim, que llevaba existiendo desde hacía
más de 2.000 años. Debido a ello su relación con los puestos de mando era muy profunda, y la
autoridad del capitán tenía mucha influencia sobre la tripulación. La agitación del puente fue sofocada
enseguida.
—Lo ha hecho de forma espléndida, capitán.
—Siento que haya tenido que presenciar una exhibición tan lamentable.
El fracaso de los subordinados era el fracaso del capitán. Poseyendo el título de caballero, el capitán
no quería mostrar el nerviosismo de sus subordinados antes de una batalla.
—No tiene de qué preocuparse. Se podía esperar algo así considerando quién es nuestro oponente.
Es normal que se pongan tan nerviosos debido a nuestras viejas costumbres, el sentido común y el
antiguo sistema de mando. En todo caso, su habilidad para sacarles de ese estado es merecedora de
alabanzas.
—…Es un honor, Elexis-sama.
La razón por la que el grupo de caballeros de Melcemheim había sido leal a Elexis era porque
confiaban en su personalidad. Si no, no habrían obedecido a un civil, aunque se lo hubiera exigido el
alto mando del ejército o fuera un pariente de la familia Melcemheim. Y en ese momento el capitán
era una prueba de ello sintiendo admiración por Elexis.
—Dejando eso a un lado, ahora que ha alzado la bandera, la princesa Theiamillis llevará a cabo su
último ataque.
151
—Estará preparada para morir honorablemente en la batalla, por lo que si bajamos la guardia puede
que nos cause problemas.
—No podría esperar menos… Capitán, le dejo al mando. Tendrá el control absoluto de las armas.
—Sí señor, me aseguraré de que se cumplan sus expectativas.
Elexis también confiaba en el grupo de caballeros. Como director general de una empresa, sabía que
si el jefe era demasiado intrusivo con sus empleados acabaría fracasando. Por eso dejó la batalla en
manos del capitán y se sentó en el puesto del comandante para mirar a la Caballero Azul, que se
estaba mostrando en el monitor.
Ciertamente, luchar esta batalla requiere una gran determinación…
Aunque la Caballero Azul se encontraba gravemente dañada, la bandera que llevaba le concedía una
presencia real.
Parte 5
Theia realizó varios giros con la Caballero Azul como medida evasiva mientras se aproximaba a la
flota enemiga. A medida que se iba acercando, los cazas que habían estado siendo protegidos por la
nave defensora abandonaron su zona de influencia para interceptarla.
—¡Alteza, se aproximan seis formaciones de cazas!
—¡Intercéptalos con láseres y misiles! ¡Activa el modo de fuego automático!
[Como desee, princesa. Entrando en modo de interceptación automática con la Gatling Láser y los
Misiles de Alta Maniobrabilidad.]
Los cazas avanzaron en tres formaciones con un total de nueve naves, lanzando ataques
sincronizados. Pero como en esta ocasión había seis formaciones, las fuerzas enemigas eran el
doble. Theia activó las armas defensivas de la Caballero Azul para corresponder a tal ofensiva. Dejó
a cargo la defensa a la IA y ella se centró en atacar.
—¡Detectada una reacción de energía en la nave de combate! ¡Se avecina un ataque!
—¡¿Tenía que ser justo en este momento?!
Theia pulsó el gatillo y disparó el cañón de rayos dos veces antes de inclinar el stick de control hacia
la derecha. Debido a que solo se estaba centrando en evitar los ataques enemigos, los rayos solo
consiguieron rozar la nave de combate y se perdieron en los confines del espacio.
—¡Concentrando el despliegue del campo de distorsión en el lateral del casco!
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En ese momento, Ruth activó una barrera defensiva. Entonces, el rayo disparado por la nave de
combate impactó en la Caballero Azul, pero gracias a la evasión anticipada y al escudo concentrado,
el casco no sufrió daños.
—¡Ruth, una vez más!
—¡El grupo de cazas sigue acercándose!
Sin embargo, los cazas hicieron su aproximación final a la Caballero Azul por el lado contrario del
casco. La nave de Theia los interceptó con los láseres y los misiles, pero solo unos pocos fueron
derribados. La mayoría se dirigía directamente hacia ellas.
—¡Entonces tendré que hacer esto!
Theia advirtió el peligro y tomó una acción drástica. Apartó su mano del control y la cambió a otro
stick cercano.
—¡Caballero Azul! ¡Espada de Energía Anti-Naves, modo de disparo!
[Como desee, princesa. Espada de Energía Anti-Naves “Signaltine” activada en modo disparo.]
El stick que estaba sujetando Theia controlaba el brazo derecho de la Caballero Azul. Como controlar
el brazo y navegar con la nave al mismo tiempo era bastante complicado, se abstuvo de hacer lo
último por el momento.
—¡¡Tooomaaa eeeeestoo!!
El brazo derecho de la nave, de varios cientos de metros de largo, comenzó a moverse. La reacción
que causó el movimiento de aquel brazo fue contrarrestada con los impulsores. El sonido de los
mecanismos en acción y el de los impulsores activados llegó hasta el puente de mando, un sonido
que transmitía la fuerza del brazo de un gigante de más de un kilómetro de alto. En el extremo del
brazo se encontraba una espada de rayos igual de grande. Theia la utilizó como un cañón de rayos y
apuntó con ella hacia el grupo de cazas que se aproximaba.
—¡Tres cazas destruidos! ¡Se ha detectado una reacción de energía en el resto, se aproxima un
ataque sincronizado!
Gracias a que Theia había actuado en contra del sentido común y a que contaba con una nave capaz
de mover un brazo, su ataque consiguió destruir tres cazas de un solo disparo. Pero a pesar de ello,
aún quedaban más de diez cazas. El grupo atacó al mismo tiempo para acabar con la dañada
Caballero Azul.
—¡Potencia del generador al máximo! ¡Concentra el campo de distorsión! ¡Y envía el resto de la
energía a la espada!
153
Theia movió los brazos de la nave e hizo girar el casco para enfrentarse directamente a los cazas. Ya
que estos concentraban sus ataques en un solo punto, Theia colocó la espada en su trayectoria a
modo de escudo. La Caballero Azul consiguió sobrevivir a este ataque gracias a su escudo y su
espada.
—¡El generador se ha sobrecalentado y ahora mismo se encuentra en proceso de enfriamiento de
emergencia! ¡La barrera ha caído debido a una sobrecarga! ¡El sistema de la Espada de energía Anti-
Naves no responde! ¡Y los condensadores de energía están ya casi agotados! ¡Quedan 163
segundos para que los sistemas se restauren!
Pero el precio de aquella acción fue demasiado caro. El generador se desconectó, el escudo cayó y
la espada se apagó. Ya se había usado toda la energía almacenada y debido a ello la Caballero Azul
estaba simplemente flotando en el espacio.
—Así que eso ha sido todo, eh…
—Sí… desgraciadamente…
Si hubieran estado luchando en persona habrían podido seguir adelante gracias a una absoluta
fuerza de voluntad. Sin embargo, como la Caballero Azul era una máquina eso sería imposible. La
nave tardaría dos minutos y medio en recuperarse, pero sus oponentes no eran tan confiados como
para mantenerse a ralentí durante tanto tiempo. La lucha de Theia y Ruth acababa aquí.
—Dime, Ruth. ¿Crees que podemos estar orgullosas de la batalla que hemos librado?
—Sí, alteza. Ha luchado de forma espléndida, como una princesa. Se lo aseguro.
El grupo de cazas se aproximaron lentamente a la nave. Detrás de ellos se encontraban otras tres
naves, sin embargo, ninguna de las dos chicas las miraba. A lo que estaban mirando era a la Luna
flotando en la lejanía.
—Pero no he podido ser de mucha ayuda.
—Eso no es cierto. Gracias a ti hemos podido llegar tan lejos. No tienes nada de lo que avergonzarte,
Ruthkhania Pardomshiha, has luchado valientemente como una auténtica guardiana. Te lo aseguro.
—Muchas gracias, alteza. Es un honor.
Después de sonreírse mutuamente pensaron en lo que ocurriría a continuación.
Si eran capturadas por el enemigo las utilizarían como un medio para amenazar a Elfaria, y después
serían apresadas, en el mejor de los casos. El peor resultado sería que fueran ejecutadas. Si llevaban
a cabo ese plan afectaría a la toma de decisiones de Elfaria, Koutarou y las demás, y como no se
trataba de algo que Theia deseara, tomó una decisión.
—…Lo siento, Ruth.
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—No, su reflexión es correcta, alteza. No existe otro modo.
—Gracias… me has servido bien hasta hoy. Solo puedo pensar en agradecimientos hacia ti.
—¿Qué está diciendo? Ha sido una vida plena.
Las dos se cogieron de la mano y la apretaron con fuerza. Ambas sonreían, pero al mismo tiempo
salían lágrimas de sus ojos. El tiempo que habían pasado las dos juntas no fue en absoluto breve; ser
consideradas solamente como amigas de la infancia sería una ofensa para ellas, y ahora que sus
vidas iban a llegar a su fin había muchas cosas que querían decirse. Sostuvieron la mano de la otra y
lloraron juntas.
Tras un pequeño intervalo de tiempo y antes de que la Caballero Azul cayese en manos del enemigo,
Theia dio una última orden.
—Caballero Azul, no podemos dejar que nos capturen. Haz volar el puente y a nosotras con él.
La orden final de Theia a su nave implicaba que ésta les matara.
La diferencia de riesgo entre que Theia y Ruth muriesen allí y ser capturadas por el enemigo era
demasiado grande. Este era el único método que se le había ocurrido; no quería poner en peligro a
aquellos que amaba.
[Para ejecutar esa orden se requiere una autentificación.]
—Mi nombre es Theiamillis Gre Mastir Sagrada von Fortorthe.
[Autentificación completada. Confirmado que la orden proviene de la propia princesa Theiamillis.
Orden aceptada. Como desee, princesa. El puente detonará en un minuto.]
—Fiu… eso debería bastar.
—Gracias por su esfuerzo, alteza.
Theia acabó de dar la orden y dejó caer los hombros mientras soltaba un simpático suspiro. Ruth, que
estaba mostrando su agradecimiento, de algún modo su expresión se relajó. Sus tiempos como
princesa y caballero se habían terminado, ahora regresaron a ser amigas de la infancia.
—A ti también. Solo me arrepiento de una cosa…
—¿Alteza?
—Como se podía esperar, yo también tengo remordimientos. Fufu, parece que no pude hacer el
papel de santa.
—En realidad, yo también me arrepiento de algo. No fui capaz de contar a Satomi-sama mi deseo…
155
—Ooh… ahora me ha picado la curiosidad. Cuéntame.
—Sería una larga historia, así que se la contaré más tarde. No puedo hacerlo en un lugar como este,
es un deseo de chica después de todo.
—Si has llegado hasta aquí no creo que contar de qué se trata sea tan diferente… Oh, bueno, como
dijiste, sería un desperdicio contarlo en un lugar como este.
—Se lo diré con más tranquilidad con un poco de té y unos aperitivos.
La cuenta atrás para la autodestrucción se mostraba en un borde del monitor. El contador ya había
llegado a 30 segundos, de modo que quedaba poco tiempo. Pero ni Theia o Ruth lo miraban, sino
que estaban charlando despreocupadamente. A lo que estaban mirando era a la Luna, grande y
redondeada. Una vez se hubiera agotado la cuenta atrás, la Caballero Azul se dirigiría hacia allí para
depositarlas en su superficie.
—Ah sí, alteza, cuando hablemos también le revelaré otra cosa.
—¿El qué? Suena interesante.
La cuenta proseguía y solo restaban diez segundos. Las dos lo ignoraban y seguían hablando; era
como si no fuera importante en absoluto.
Diez, nueve, ocho, siete, seis…
En cambio, se cogieron de la mano. Para apoyarse entre sí en sus últimos momentos, para mostrar la
gratitud que tenían y prometer que seguirían igual en el futuro.
—Sí. Es un secreto importante que tiene que ver con el caballero de su alteza.
—Fufufu, estoy deseando saberlo…
Cinco, cuatro, tres, dos, uno.
Pasó el último segundo. Cerraron los ojos en sus últimos momentos. No querían ver cómo se
separaban, de modo que esperaron al sonido de la explosión con las manos juntas.
—Me meteré en problemas si ese secreto se descubre.
Sin embargo, lo que escucharon no fue el sonido de una explosión, sino la voz animada de un
hombre joven.
156
Parte 6
Cuando aquella cosa apareció frente a los soldados del ejército del golpe, todos sin excepción
entraron en pánico; también estaba incluido el comandante, Elexis, que miraba al monitor con
asombro.
—¡¿Qué es eso?! ¡¡Imposible, no puede existir algo así!!
La cosa que se encontraba frente a él era algo que su lógica le impedía creer.
Se trataba de un reptil. Estaba cubierto de escamas carmesí, tenía unas grandes alas a su espalda y
un cuerno que brotaba de su frente. Eso solo ya era extraño de por sí, pero lo que lo hacía aún más
surrealista era su tamaño. Las estimaciones más moderadas le darían una longitud de unos 25
metros. Comparados con este reptil, los cazas que volaban a su alrededor eran como insectos, pero
lo más extraño de todo es que se encontraba volando libremente por el espacio. El reptil batía sus
grandes alas mientras se abalanzaba sobre el centro de la flota, acercándose poco a poco a la
Caballero Azul.
—¡¡Uaaaaaaah, es un monstruo!!
—¡Es una alucinación! ¡¡Estamos alucinando debido a la privación de oxígeno!!
Los soldados habían estado viviendo en un mundo donde imperaba la lógica. El sentido común de
Fortorthe con su ciencia avanzada era muy diferente del de la Tierra. Pero a pesar de ello, jamás
habían visto una criatura volando por el espacio, por no hablar de su increíble tamaño. Incuso en el
espacio, donde todo parecía pequeño, aquella presencia abrumadora no podía pasar inadvertida.
ROOOAAAAAAAAAAAAAARR
El lagarto asestó el último golpe a los soldados abriendo su boca y rugiendo. Aunque el sonido no
podía viajar a través del espacio y además existía una gran distancia entre las naves, todos pudieron
escuchar su rugir al mismo tiempo. Empezaron poner en duda su propia cordura, ya que no sabían
que esto era debido a la magia, a excepción de aquellos que creían en las viejas supersticiones. Se
encontraban en la era espacial, pero las supersticiones de los viajeros aún tenían unas raíces
profundas.
Como resultado, el pánico de los soldados se hizo más intenso. Por el momento, casi todos habían
perdido la calma y la cadena de mando a bordo de la nave había entrado en caos, hasta el punto de
que las naves chocaron con algunos cazas.
—¡Cálmense! ¡Puede que ese enemigo no este identificado, pero tampoco es que haya intentado
atacarnos!
El único que consiguió mantenerse ligeramente calmado fue Elexis. Como ya había visto un enemigo
extraordinario en la superficie, había desarrollado una especie de consentimiento hacia la escena que
estaba tomando lugar frente a él.
157
¡¿Qué es esto?! ¡Es casi como un cuento de hadas!
Pero ni siquiera él pudo ocultar por completo su sorpresa; así de impensable era la situación. Por eso
su voz no llegó a los soldados. El tiempo que pasaron los soldados en este estado de pánico fue la
causa de que el destino de Theia y Ruth cambiase.
Parte 7
Clan se quedó con la boca abierta cuando el lagarto gigante de color rojo, Alnaya, se lanzó hacia la
flota enemiga.
—…En serio, eres un temerario…
Estaba tan sorprendida que no fue capaz de decir nada.
—…Si algo como eso de repente se aproxima a ti olvidarás todo lo que tenía que ver con la guerra…
Clan empatizó con el enemigo, ya que sabía cómo debían de sentirse. Incluso ella, que conocía las
circunstancias reales de esta situación, sintió que se trataba de algo irreal.
Koutarou aceptó la propuesta de Alnaya y decidió elevarse hasta el espacio. Antes de eso le pidió a
Harumi que curase a las magas Maki y Yurika con el objetivo de proteger a Elfaria y también poder
curar al resto. Una vez que las dos magas fueron tratadas, Alnaya se transformó desde su forma
mitad humana y mitad dragón a su ser original como dragón gigante. Entonces hizo que Koutarou y
Harumi se subieran a su espalda y se alzó al vuelo.
Pero ascender hasta el espacio no era tarea fácil, ni siquiera para el dragón legendario, el Dragón
Emperador de Fuego. Esta acción era especialmente difícil en la Tierra, donde no contaba con una
forma material y simplemente consistía en poder mágico y su alma. El poder que Alnaya era capaz de
utilizar en el interior del cuerpo de Shizuka estaba muy limitado, y por eso la acción de cargar contra
la flota era solo un farol. Aunque consiguiera llegar hasta las naves, en realidad no podría hacer nada,
y si trataban de contraatacar se encontraría en grave peligro. Se trataba de algo necesario si quería
conseguir tiempo para que Koutarou y Harumi llegasen a la Caballero Azul, pero solo se podía
describir como una acción temeraria, justo como había dicho Clan.
—Eso es a todo lo que puede llegar, incluso para un antiguo dragón legendario. El resto es trabajo
tuyo…
Clan cerró la boca y se ajustó los lentes mientras pensaba en Koutarou. En su mente aparecieron
imágenes de él, pero extrañamente no estaba peleando en ellas. En cambio, se trataba de escenas
donde dormía, donde le obligaba a salir de su laboratorio y limpiarlo, su espalda en la cocina mientras
hacía la cena para ella, sonriendo con una expresión despreocupada, y por último, maldiciendo su
falta de poder.

Consigue una victoria espléndida y trae de vuelta a Theiamillis-san y a Pardomshiha. Si lo haces,
seguramente podrás volver a esa vida…
Koutarou no era una persona que disfrutara luchando. Sin embargo, en esta ocasión no tenía más
remedio. Clan haría todo lo que pudiese para apoyarlo, y por tanto apartó de su mente las cosas que
estaba pensando y empezó a trabajar sin descanso: reunir información, analizar, etc. Había una
tonelada de cosas para hacer a pesar de encontrarse muy lejos.
—¡Ese ser de color rojo tiene que ser Alnaya!
Había otra persona en el puente tan ocupada como Clan. Se trataba del chico que destacaba entre
los adultos, observando el progreso de la batalla.
—¡¿Alguien lo ha visto?! ¡¡La princesa Plateada estaba con él!! ¡¡La espada brillaba y todo!!
El chico hacía gestos exagerados para poner énfasis en lo que estaba diciendo. En ese momento
solo se mostraban figuras y gráficos en el monitor, pero hacía solo un momento había aparecido en él
un caballero.
Era un extraño caballero que vestía una armadura azul y sostenía una espada de color plateado. A
pesar de estar enfrentándose al ejército del golpe que lo superaba grandemente en número de
unidades, no dio ni un solo paso atrás. Y junto a él se encontraba una chica con el pelo de color
plateado brillante. En realidad su pelo era negro, pero la luz que lo rodeaba le daba un tono parecido
al de la plata. La chica estaba utilizando unos poderes misteriosos para proteger al caballero y
conducirlo a la victoria. Los dos iban subidos en la espalda del dragón gigante y se dirigían hacia
donde estaba la princesa Theiamillis para rescatarla.
—¡Es el Caballero Azul! ¡Esa persona es realmente el Caballero Azul! ¡Su majestad Elfaria y la
princesa Theiamillis están en peligro, así que ha venido a salvarlas! ¡Tiene que ser eso!
La efusividad del chico estaba llegando a su máximo.
El caballero que había aparecido en el monitor era como el del cuento que había escuchado de sus
padres. Como era su historia favorita, el chico se la sabía de memoria. Una armadura azul y una
espada plateada, su mano izquierda podía controlar el fuego y el rayo y era capaz de volar. Venció y
se hizo amigo de un dragón rojo con una preciosa chica de pelo plateado junto a él.
Como el chico todavía era muy joven no podía entender los detalles del golpe de estado, pero podía
asegurar al ver la apariencia de los adultos a su alrededor que Elfaria y Theia, la emperatriz y la
princesa, estaban en peligro. Cuando una princesa estaba en peligro debía aparecer un caballero; ya
no tenía ninguna duda.
Creía que el caballero que había visto era el héroe de la leyenda, el Caballero Azul, Layous.
—Pero… ¿es posible…?
—No hay forma. El Caballero Azul vivió hace 2.000 años.
160
—¿Pero no hay demasiadas coincidencias?
—Solo es alguien que está fingiendo ser el Caballero Azul, ¿verdad? Solo es un perturbado.
—¿Se puede vencer solo fingiendo? Se enfrentó a las tropas de élite del grupo de caballeros de
Melcemheim con las armas más modernas de DKI.
—Eso…
—¿Y qué me dices de esa espada, la chica y el dragón gigante? ¿Cómo explicas eso?
—…N-no, aunque me pare a pensar… no lo sé.
Los adultos empezaron a creer poco a poco, al igual que lo hacía el chico.
Pero como se trataba de algo surrealista, los adultos aún tenían sus dudas. Sin embargo, era
imposible explicarlo a través de la ciencia. Por eso todos se pusieron de acuerdo en que el caballero
que había aparecido tenía unos poderes que estaban por encima de su entendimiento.
—¡Es el Caballero Azul! ¡Por qué no lo veis! ¡Da igual cómo lo mires, es el Caballero Azul!
—…Si ese fuera el Caballero Azul, ¿no sería algo genial?
—Sí. Si ese fuera el caso aún podríamos mantener la esperanza en esta situación…
Lo único que no podían reconocer era su identidad. Habían sido perseguidos en su país y se
encontraban en una posición comprometida, de modo que todos eran conscientes de cuál era la
realidad. Solo un caballero legendario podría dar la vuelta a este aprieto, pero alguien así no iba a
aparecer por las buenas. Era imposible. No era un cuento de hadas, sino la realidad.
—Caray, los adultos son muy desconfiados… No nos servirá de ayuda si luego el Caballero Azul se
enfada.
Por eso incluso en ese momento solo el chico creía de verdad.
161
Parte 8
—Me meteré en problemas si ese secreto se descubre.
La inteligencia artificial de la Caballero Azul comenzó a hablar cuando una voz hizo eco en el puente
de mando.
[Código de máxima prioridad aceptado. Interrumpiendo la autodestrucción. Excelencia, Caballero
Azul, esta nave está encantada de recibirlo.]
Eso fue lo que había ordenado el dueño de la voz, pero era algo extraño. La persona que tenía el
máximo rango era la princesa, Theia, pero aun así, la Caballero Azul había obedecido las órdenes de
otro.
—¡¿Koutarou?!
—¡¿Satomi-sama?!
Sin embargo, ni Theia ni Ruth estaban escuchando la voz de la inteligencia artificial. Levantaron la
cabeza y buscaron a la otra persona. Justo al hacerlo se abrió la puerta del puente.
—…Y Theia, ¿por qué demonios pretendías autodestruir la nave? No es propio de ti admitir la derrota
con tanta facilidad. ¿Y te haces llamar princesa?
Apareció por la puerta un chico con una armadura azul. Estaba mirando a las dos con una expresión
de decepción como si no fuera consciente de la situación.
—¡Pero Koutarou! ¡No había otro modo!
—Últimamente te has vuelto muy sensible. Como ya te he dicho, deberías ser un poco menos
considerada con los demás, como antes.
El chico, Satomi Koutarou, dijo aquello con una mirada severa. Corrió hacia la parte más alta del
puente, donde se encontraban Theia y Ruth. Debido a la diferencia de altura, Koutarou no pudo
verlas durante unos instantes, y durante ese tiempo dio otra orden a la inteligencia artificial mientras
miraba a un monitor.
—Caballero Azul, prioriza la restauración de las funciones. No hay más humanos en la nave a
excepción de los que hay en el puente, así que no actives el soporte vital de otras zonas hasta más
tarde.
[En ese caso se podrá acortar el tiempo requerido para la restauración en 14 segundos.]
—Bien. Continúa así y omite todo lo que puedas. No me importa si te exiges un poco, no estamos
intentando poner la nave en plena forma. Se trata de una batalla contra el tiempo.
162
[Como desee, my lord. 42 segundos hasta que las funciones se restauren, 52 hasta que los
condensadores de energía se hayan recuperado.]
Una vez terminado de dar órdenes, Koutarou llegó por fin hasta donde Theia y Ruth se encontraban,
y la conversación que se había interrumpido temporalmente se reanudó.
—¡Si soy egoísta, las personas que son importantes para mí morirán! ¡Eso también te incluye a ti!
¡¿Por qué has venido, Koutarou?! ¡Estaba tratando de morir para que nada de eso pasara!
Theia criticó el regreso de Koutarou. De algún modo había conseguido subir a bordo de la Caballero
Azul sin que ella lo supiera, pero Theia no lo había deseado. Si lo hubiera sabido de antemano lo
habría enviado de vuelta a la superficie.
—Para proseguir con tu deber de retomar nuestra madre patria… esas fueron tus órdenes.
—¡¿Qué?!
—…Satomi-kun, eso ha sonado un poco frío. Si no lo dices apropiadamente me sentiré mal por
Theiamillis-san.
Mientras que Theia estaba sin palabras debido a lo que había dicho Koutarou, Harumi apareció por
detrás de él. Estaba un poco agotada, ya que había venido corriendo como Koutarou.
—¡¿Harumi?! ¡¿Y por qué estás tú aquí?!
—Pues, bueno… Theiamillis-san y Ruth-san son muy buenas amigas.
Harumi miró a la todavía sorprendida Theia con una sonrisa llena de afecto. Para Harumi,
encontrarse en ese lugar era algo obligatorio. Ahora tenía una razón muy importante para arriesgar su
vida por Theia y Ruth.
—Pero~
—Theia, ¿esa mano solo sirve para sujetar la de Ruth?
Koutarou dijo esto mientras miraba la mano de Theia. Aún seguía sosteniendo la mano de Ruth.
—¿Qué quieres decir?
—Tu mano está conectada con muchas personas, solo que ahora no puedes verlo.
Theia planeaba morir junto a Ruth. Era porque siempre habían estado juntas, porque Ruth había
prometido que siempre vivirían en compañía de la otra, porque lo sentía de esa forma.
Pero Koutarou no pensaba que se tratara de eso. Para Theia, Ruth ya no debería ser la única por la
que sintiera eso. La única diferencia era si estaban en el mismo lugar o no, y eso no importaba en
absoluto.
163
¿No es eso lo correcto, Yurika…?
Yurika había dicho en el pasado que aunque no siempre estuviesen juntos, sus sentimientos estarían
eternamente con los residentes del apartamento 106. Por eso la mano de Theia estaba conectada
con la de todos, incluso ahora; simplemente no podía verlo. No había necesidad de pensar en vivir o
morir juntos. Ruth ya no sería la única amiga de Theia.
—…Koutarou, ¿tu mano también está conectada con la mía?
Theia entendió lo que Koutarou estaba diciendo y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas
mientras lo miraba. Estaba tan feliz que se habría desmayado en el sitio. Tenía muchos amigos
dispuestos a arriesgar sus vidas para protegerla y por los cuales ella haría lo mismo. Creía que su
persona amada sentía lo mismo.
—Por supuesto. Si no, no me habría convertido en tu siervo.
—¿Quieres decir que valgo tanto para ti?
—El valor no importa. Yo y todos los demás estamos poniendo en peligro nuestras vidas porque tus
manos llevan conectadas con las nuestras mucho tiempo.
—Koutarou…
Lo que recibió fue una clara y poderosa respuesta. Cuando lo escuchó, sintió una sensación cálida en
su pecho antes de que pronto se convirtiera en una alegría intensa y unos latidos acelerados. Sus
lágrimas no dejarían de salir y su cuerpo quemaba tanto como si estuviera ardiendo. Theia estaba
convencida de que había venido a la Tierra por este preciso momento.
—¿No es genial, alteza?
Ruth había estado observando toda la escena hasta ahora, y entonces sonrió a Theia. Aunque no lo
dijo, ella se sentía de la misma forma que su princesa. Una emoción ardiente hizo acto de presencia
en su cuerpo y empezaron a formarse lágrimas en sus ojos.
—Ruth…
Las dos apretaron con fuerza la mano de la otra sin darse cuenta, pero ahora ya sabían que esas
manos no solo estaban conectadas entre sí. Ayudada por esta convicción, Theia se limpió las
lágrimas y la determinación regresó a su mirada. Eran unos ojos con una gran fuerza de voluntad,
dignos de una princesa antes de la batalla. Pero ahora tenían una cosa distinta, un profundo amor
que los cubría por completo.
—Koutarou, Harumi.
—Sí.
—Sí.
164
—Ruth.
—Alteza…
—Y las que no están aquí-
Theia ya no volvería a tener dudas.
El camino que debía seguir estaba despejado, ahora todo aquello que había abandonado le hizo dar
el primer paso.
—por favor vivid conmigo. Caminemos por el mismo sendero, mano con mano.
—Sí.
—¡Sí, por supuesto!
—Como desee, princesa.
Theia contaba con amigos de verdad que se apoyaban mutuamente. Saber esto le dio fuerzas;
estaba a muy poco de salir del encuadre en que debería estar una princesa y ser algo más grande.
Este fue sin duda alguna el momento en que Theia realmente superó su prueba y demostró su
potencial para convertirse en emperatriz.
Parte 9
El tiempo que les había conseguido Alnaya no les serviría para mucho. Sin embargo, esa pequeña
cantidad de tiempo era suficiente para cambiar el destino de Theia y los demás. El generador de la
Caballero Azul que se había desconectado previamente, ahora había vuelto a funcionar, y los
sistemas de la nave se iban recuperando uno tras otro. Los lugares donde habían recibido daños
fueron ignorados. El condensador de energía se llenó tras diez segundos desde que el generador se
reactivara y con esto fue posible utilizar de nuevo las armas y el escudo. La Caballero Azul había
recuperado parte de su poder gracias a Alnaya.
—¡Koutarou, tú controlarás la nave! ¡Yo estaré a cargo de los ataques!
—¡¡Entendido!! ¡¿Qué debería hacer?!
—¡Ruth!
—¡Sí! ¡Satomi-sama, por favor ve hacia esa parte del suelo que está iluminada!
Koutarou siguió las instrucciones de Ruth y se dirigió hacia el círculo brillante del suelo. Era el lugar
donde se almacenaba la armadura cuando Koutarou no la llevaba puesta.
165
—¡Traje de maniobras, cambio de modo! ¡De modo de ataque a modo de control!
En cuanto Koutarou se colocó sobre el suelo brillante, Ruth utilizó el panel de su asiento. Entonces
aparecieron varios hologramas alrededor del chico; contenían información diversa que se necesitaba
para controlar la nave.
—¡Satomi-sama, vas a empezar a flotar!
Koutarou se separó del suelo unos diez centímetros. Al mismo tiempo, sus miembros se movieron por
sí solos y cambiaron de posición.
—Ruth-san, ¿qué es esto?
—¡La postura en que te encuentras ahora mismo es la de la Caballero Azul! ¡Ahora lo único que
tienes que hacer es moverte, y la Caballero Azul te imitará!
—¡Muy bien!
Koutarou intentó mover un poco sus miembros para probar. Al hacerlo, el holograma de la nave se
movió de la misma forma.
—De modo que así es como funciona… pero el movimiento es bastante lento. ¡¿No podemos algo
con eso, Ruth-san?!
Sin embargo, su cuerpo no se movió tan rápido como habría querido. Sentía como si se estuviera
moviendo dentro de una piscina. Koutarou confirmó su forma pesada de moverse y giró la cabeza
hacia la flota enemiga. Se estaban recuperando paulatinamente del pánico que les había provocado
la aparición de Alnaya. La batalla decisiva comenzaría pronto.
—No se puede hacer nada. Esta nave no se puede mover a esas velocidades.
Ruth mostró una expresión de disculpa. El motivo de este inconveniente era que la nave no podía
moverse tan rápido como Koutarou, y como sus movimientos estaban ligados con los de la nave, los
suyos propios también se ralentizaron.
Pero entonces, Ruth encontró algo anormal en su computadora.
—…Espera un momento, se está ejecutando algún tipo de código en el sistema principal de la
Caballero Azul sin permiso… ¡¿Esto es?!
[Los daños han excedido el límite. Confirmada la identidad del portador del traje de maniobras,
Layous Fatra Veltlion. Verificando datos de combate. Prueba de voz confirmada. Bienvenido, su
excelencia Caballero Azul.]
Sorprendentemente, el sistema de la Caballero Azul estaba cambiando su configuración justo delante
de Ruth.
166
¡¡Es un programa que se había instalado en la Caballero Azul desde el principio!! ¡¡El hecho de que
Satomi-sama haya entrado en contacto con la nave en el modo de control debe haberlo activado!!
Entonces, esto significa~
Justo cuando Ruth entendió lo que pasaba, Elfaria apareció en el monitor principal. Tenía una
especie de sonrisa de alegría, justo lo contrario de la expresión confundida de Ruth.
[Hace mucho que no nos vemos, Layous-sama. Este mensaje ha sido preparado para activarse en
caso de peligro si se ha entrado en el modo de control.]
—¡Todo ha sido idea de su majestad!
—¡¿Madre?! ¡¿Y Layous-sama?!
Ruth y Theia dejaron salir un grito de sorpresa. Aunque estaban confundidas por cosas diferentes, su
asombro se podía medir en los mismos términos. Al igual que ellas, Koutarou también tenía una
expresión de incredulidad.
—…Elle, no has cambiado nada incluso después de 20 años. En serio… ¿qué es lo que hiciste?
[Esta nave fue construida utilizando los datos de combate de Layous-sama que recibí de Clan-sama
hace 20 años, pero debido a que tu forma de luchar es muy peculiar, una persona normal no sería
capaz de controlarla. Esto también debería haber sido igual para ti en la época que conociste a Theia,
así que limité los verdaderos poderes de la Caballero Azul utilizando una gran cantidad de sistemas
de seguridad.]
La imagen de Elfaria estaba explicando como si estuviera hablando con Koutarou.
La forma en la que habla… ¡No hay equivocación! ¡Koutarou y mi madre deben de haberse conocido
en un pasado distante! ¡¡Probablemente fue cuando él y Clan desaparecieron!!
Theia siempre había sentido que algo estaba fuera de lugar, pero su sentido común se interponía en
su camino hacia la verdad. Ahora se encontraba muy cerca de hallar dicha verdad. Elfaria continuó
con su explicación dejando a un lado a Theia.
[Pero el que ahora controla la nave es Layous-sama. El Layous-sama que conocí hace 20 años. Y
esta es la nave que mandé construir para ti. Por eso voy a desbloquear su verdadero poder.]
En el momento que Elfaria dijo eso, el monitor se llenó de advertencias de peligro en color rojo.
[Cambiando modo de control preseleccionado. De modo normal a modo Layous Fatra Veltlion.
Advertencia. Ahora el control de la nave requiere grandes habilidades. Por favor, que cualquier
persona excepto su excelencia Caballero Azul se abstenga de controlar la nave.]
En ese momento, Koutarou pudo sentir cómo desaparecía el peso de su cuerpo. Hasta ese momento
se había sentido como si estuviera en una piscina, pero ahora podía moverse con total libertad, como
si estuviera volando por el aire.
167
—¡Así que era eso!
—¡Satomi-sama, se aproxima un bombardeo de la nave de combate enemiga!
Ruth le hizo saber que la flota enemiga se disponía a atacar. Se habían recuperado casi por completo
del pánico cuando vieron moverse a la nave de Theia. La formación de cazas se estaba acercando
poco a poco y la nave de combate tras ellos tenía su cañón apuntando hacia la Caballero Azul.
—¡Déjamelo a mí!
Koutarou movió los brazos y las piernas y utilizó el impulso para girar el casco de la Caballero Azul. Al
mismo tiempo, los propulsores de las piernas se activaron a máxima potencia. La nave demostró una
movilidad impensable para un vehículo de este tipo y cambió su trayectoria de vuelo. Como resultado,
el rayo disparado por la nave enemiga falló completamente.
—¡Lo conseguiremos!
[Ten cuidado, Layous-sama. Ahora la nave puede moverse como se te antoje, pero también se ha
desactivado toda la seguridad, así que no se tomará en consideración la integridad del casco. La
masa supera los dos millones de toneladas, de modo que si el casco entra en contacto consigo
mismo se destruirá. Por favor, ten cuidado cuando controles la nave.]
—¡No hagas que algo complicado suene tan fácil, Elle!
Koutarou movía el casco de la nave de forma irregular mientras se iba acercando al enemigo. La
sensación que tenía cuando maniobraba era casi la misma que con su armadura, pero como no podía
permitir que sus piernas y brazos chocaran, tenía que ser más cauteloso que cuando solo llevaba
puesta la armadura. Si no hubiera sido por Koutarou, que tenía sus sentidos agudizados gracias al
uso de la energía espiritual, habría sido prácticamente imposible controlar la nave.
Sin embargo, sus esfuerzos fueron recompensados; el enemigo fue incapaz de fijar su mira en los
movimientos increíbles de la Caballero Azul. Los cazas, que tenían también una alta movilidad,
apenas podían seguirla, así que no fueron capaces de lanzar su ataque sincronizado. Sus disparos
pudieron ser bloqueados de forma individual con el escudo de la nave. Las defensas de la Caballero
Azul habían aumentado enormemente gracias a Koutarou.
[Theia, tú céntrate en atacar. Abrirás el camino y tu caballero caminará por él. Después de todo tú
eres su dueña.]
—Madre… Koutarou… ¿Qué está pasando?
Theia aún seguía confundida.
Había muchas cosas que quería saber, como el secreto de Koutarou, su relación con Elfaria, y por
encima de todo, el motivo por el que su madre lo había llamado Layous. Al mismo tiempo se sentía
nerviosa; le preocupaba que algo oculto pudiera alterar drásticamente su relación.
168
Ruth advirtió el aspecto de Theia y le dirigió unas palabras.
—¡Alteza, entiendo cómo debe sentirse! ¡Pero por favor, ahora concéntrese en la batalla! ¡Esa
persona de ahí es sin duda Satomi-sama, se lo aseguro!
—Ruth… Tienes razón. ¡Entendido!
Sus dudas y su nerviosismo aún seguían presentes, pero Theia decidió apartarlos por el momento.
Ahora mismo tenía una batalla que requería su atención, una que debía ganar. Si no lo hacía no
podría hacer la pregunta que deseaba. Además, Ruth se lo había asegurado. Gracias a esto pudo
concentrase.
—¡Caballero Azul! ¡Dame solo el control del sistema de ataque!
[Como desee, princesa.]
Los dispositivos a su alrededor cambiaron de posición siguiendo la orden de Theia. Hasta ahora
había tenido el control del ataque y de las maniobras, por lo que su asiento se había dispuesto como
el de un caza. Pero ahora que Koutarou estaba a cargo de los controles, su única función era atacar.
La nave desplazó los paneles de control a la posición más cómoda y eficiente posible. Como
resultado, ahora podía emplear una amplia variedad de armas al mismo tiempo.
—¡Allá vamos, Koutarou! ¡Te abriré un camino! ¡Tú solo lleva la nave directamente hacia él!
—¡No falles!
Theia comenzó el bombardeo. Aunque los movimientos de Koutarou eran irregulares y difíciles de
predecir, Theia se ajustó a él y, utilizando toda su habilidad, atacó cuando pudo. Su objetivo era el
grupo de cazas que se encontraba entre la Caballero Azul y la nave de combate. Utilizaba los láseres
para enemigos lejanos, los rayos para los cercanos y los misiles para los que intentaban retirarse. De
este modo fue eliminando los cazas que se cruzaban en su camino.
—¡¿Estás insinuando que puedo fallar?! ¡¿Pero con quién crees que estás hablando?!
—Con mi princesa, que ha estado un poco pesimista últimamente.
—¡Idiota! ¡Después te voy a dar un puñetazo! ¡Por supuesto que sí!
—Asegúrate de que no duela mucho.
—¡Pues claro que va a doler!
A medida que el volumen de sus palabras aumentaba, sus movimientos se hacían más rápidos. Al
verlos de esa forma, Ruth recordó cómo se comportaban cuando jugaban juntos.
Satomi-sama… alteza… Así es como deberían ser los dos…

Ruth sintió algo cálido en su pecho. Sin embargo, tuvo que esforzarse para no dejarse llevar por esa
sensación; no era momento para llorar. Ruth tomó algunas acciones para ayudarlos, y entonces vio
que había recibido un mensaje de Elfaria.
[Ruth, por favor cubre a Layous-sama y a Theia. Si se ponen en serio esta nave podrá demostrar todo
su poder. Al fin y al cabo la construí para eso.]
—Majestad…
[Pero la producción del generador sigue siendo la misma, por lo que el control de potencia va a ser
mucho más difícil de gestionar que antes. También habrá ocasiones donde los controles de la inercia
y de la gravedad no puedan seguir el ritmo de Layous-sama. Van a necesitar tu ayuda para poder
controlar todo eso.]
—Entonces la nave fue diseñada para que la manejásemos los tres…
Ruth estaba sorprendida por las palabras de Elfaria, pero consiguió alterar los parámetros para
apoyar a los otros dos, que estaban luchando. Como había dicho Elfaria, había muchas cosas que
Ruth tenía que hacer.
No solo se trataba de la distribución de energía del generador, del condensador o de gestionar el
escudo, sino que además tenía que asistir a la nave para que pudiera adaptarse a los movimientos de
Koutarou y entregar a Theia información sobre el enemigo. Tendría que adelantarse a sus
pensamientos para operar la nave antes de que llevaran a cabo las acciones, cosa que nadie excepto
Ruth, que siempre había estado cuidando de los dos, podría hacer.
—¡Entendido, majestad, me aseguraré de que esos dos salgan victoriosos!
Cuando la asistencia de Ruth se sumó a los movimientos de Koutarou y Theia, los dos empezaron a
moverse más rápido y con más intensidad. Los tres eran como uno solo. Fueron capaces de llevar el
poder de la Caballero Azul a unas cotas nunca vistas gracias al fuerte lazo que había entre ellos.
Como resultado, la batalla de antes parecía como una farsa, y ahora estaban presionando a la flota
enemiga. Esto no era porque uno de ellos fuera especial, sino porque los tres compartían algo
especial.
[Y… ¿hay alguien más ahí? Os dejo este mensaje con la esperanza de que así sea.]
—Majestad…
Por último, Elfaria también dejó un mensaje a Harumi. Ella se sorprendió y miró la imagen de la
emperatriz en el monitor.
[Theia es una niña complicada. Estoy segura de que ha tenido que pasar por muchas cosas por ser la
hija de la emperatriz. Solo confiaba plenamente en Ruth, y ahora ha hecho muchos amigos. No hay
nada que me haga más feliz que eso.]
171
Elfaria había descubierto el destino que le esperaba a su hija gracias a su encuentro con Koutarou.
También aprendió que Theia maduraría considerablemente en la Tierra y que allí encontraría amigos
irremplazables. Por eso Elfaria pudo cumplir su deber, apoyada por sus fuertes sentimientos.
[Te voy a pedir una cosa, sabiendo que es algo bastante imprudente pedir. Por favor, ayuda a Theia.
Esa chica es muy testaruda y no podrá confiar honestamente en los demás si está sufriendo. Pero no
es así en realidad.]
Estaba cayendo una lágrima por la mejilla de Elfaria. Se trataba de algo que debería haber hecho ella
misma, pero su responsabilidad como emperatriz lo hizo muy complicado, y como su madre, esa
realidad le hacía increíblemente triste.
[Así que por favor, cuida de Theia. Por favor hazle saber que puede confiar en las personas que son
importantes para ella. Dale a esa chica una felicidad que tendría cualquier persona normal…]
Elfaria hizo una reverencia mientras decía esas palabras y se terminó el vídeo. Después de haberlo
visto, Harumi pudo sentir las fuertes emociones que afligían a Elfaria.
—Por favor, esté tranquila, su majestad. Eso es lo que Theiamillis-san hizo por mí. Me había
encerrado en mí misma, pero ella me mostró el mundo exterior. Por eso ahora es mi turno. ¡Mientras
que esté haciendo el papel de la Princesa Plateada en la Tierra, siempre seré su aliada!
Harumi mostró una expresión de determinación y empezó a realizar un conjuro en la lengua antigua
de Fortorthe. Estaba intentando añadir un cuarto tripulante a la Caballero Azul, que funcionaba
gracias a una unión de tres. Esto crearía una fuerza tan poderosa que incluso superaría
enormemente las expectativas de Elfaria.
Parte 10
El ejército golpista había sucumbido al caos debido a la aparición del reptil gigante, pero tras un rato
recuperaron la calma, ya que el lagarto se marchó sin hacer nada. Entonces la Caballero Azul
empezó a moverse de nuevo, sin embargo, solo permanecerían tranquilos durante unos instantes.
Esto se debía a que la nave de Theia se había convertido en algo que revolucionaba por completo la
lógica de las batallas espaciales.
—¡Elexis-sama, la Caballero Azul se está moviendo demasiado rápido como para que el cañón pueda
fijarla!
—¡Cálmese! ¡Deje que los cazas se encarguen de ella!
—Sobre eso… ¡Están siendo repelidos por los movimientos de la nave y no son capaces de realizar
un ataque en condiciones! ¡Y además están cayendo uno tras otro! ¡Si seguimos así dentro de poco
no podremos hacer nada!
172
El puente de la nave de transporte donde se encontraba Elexis no era una excepción, y él estaba
rodeado de un ambiente muy ajetreado. Nunca habían oído que una nave de clase real tuviera una
movilidad comparable con la de un caza, y dejando a un lado esas rápidas maniobras, también tenía
una precisión de disparo increíble. Era algo imposible. La Caballero Azul se dirigía hacia la nave de
combate, y entonces sería destruida en cuanto se acercase. Tenían que detenerla de alguna forma.
—¡Entonces utilice los misiles SMR! ¡Si empleamos misiles de alta maniobrabilidad deberían ser
capaces de seguirla a esa velocidad!
—¡Entendido! ¡Todas la naves, lanzad misiles de alta maniobrabilidad! ¡Cambiad el sistema de
seguimiento a SMR!
Los misiles SMR seguían a su objetivo de la misma forma que lo hacían los robots y los cazas. Varios
de ellos trabajarían en conjunto para arrinconar al enemigo y detonar al mismo tiempo si fuera
posible. Evadirlos era una tarea difícil, y la fuerza de varios misiles detonando a la vez era muy alta.
Se trataba de un arma bastante efectiva, pero tenía un punto débil. Controlar los misiles y los cazas al
mismo tiempo implicaba una mayor carga de trabajo en el computador que los guiaba, y por tanto, el
manejo de los cazas debía abandonarse temporalmente, disminuyendo considerablemente su poder
defensivo. No habían utilizado estos misiles antes por el problema descrito, no porque no fuesen
necesarios.
—¡La Caballero Azul ha desplegado su Espada de Energía Anti-Naves, la Signaltine!
—¡¿Y qué pueden hacer con eso?! ¡¡Es inútil, princesa Theiamillis!! El único que podría derribar esos
misiles con la espada es Koutarou-kun~ ¡¿Espera?!
En ese momento, todo lo que había ocurrido hasta ahora pasó por la mente de Elexis. La chica del
suelo que tenía escamas rojas, el dragón gigante que había aparecido de la nada, los movimientos de
la Caballero Azul que se habían mejorado justo después, y ahora la espada que estaba luchando con
los misiles. Todo ello condujo a Elexis a una conclusión.
—¡¡Estás a bordo de esa nave, ¿no es así, Koutarou-kun?!!
El dragón de escamas rojas había llevado a Koutarou hasta el espacio y después había fingido
atacarles para darle tiempo a que se subiera a la nave. Los movimientos de la nave habían mejorado
debido a que Koutarou estaba controlándola. Por último, la Caballero Azul había desplegado la
espada, la cual ahora estaba bajo su control, y con ella podría destruirlos.
—¡Desactiva el SMR de los misiles! ¡Restaura el control de los cazas inmediatamente!
—Pero si desactivamos el SMR ahora, el seguimiento se~
—¡¡Aunque consigan seguirlos no será suficiente para destruirles!! ¡¿No lo entiendes?!
La decisión de Elexis fue rápida y precisa, pero debido a las dudas del capitán no lo consiguieron a
tiempo.
173
—He estado… Debería haberme dado cuenta en el momento que lo vi utilizando el traje de
maniobras de la Caballero Azul… ¡Esa nave fue diseñada teniendo en mente a Koutarou!
Elexis golpeó con frustración el reposabrazos de su asiento.
—¡¿Pero quién es él?! ¡¿Cómo puede tener tanto poder?! ¡¿Por qué está apoyando a la familia real?!
¡¿Por qué la Caballero Azul fue diseñada teniendo en cuenta su poder?!
Elexis observaba cómo la Caballero Azul movía su espada de estilo antiguo de Fortorthe. El bello
manejo de la espada dejaba atónito a todo el que lo veía. Entonces destruyó el grupo de misiles que
se aproximaba.
Parte 11
Los misiles fueron bloqueados gracias a más personas aparte de Koutarou.
Él se había dado cuenta de que se acercaban unos misiles gracias al conjuro que realizó Harumi para
detectar metal. Si no hubiera sido por esto, Koutarou no se habría percatado desde su mala posición
de la cantidad de misiles que se aproximaban. Además, Theia había disparado con el láser a los
misiles que Koutarou no había acertado a destruir. Pero a pesar de ello, algunos todavía pudieron
impactar en la nave, aunque fueron completamente bloqueados por el escudo. La distribución de la
energía que estaba realizando Ruth había sido perfecta y no se quedaron sin ella en ningún sistema,
desde la espada hasta los escudos.
Dicho de otro modo, este resultado se debía a que los cuatro habían demostrado en común sus
poderes.
—¡Satomi-sama, sigue moviéndote hacia delante! ¡Su sistema se ha sobrecargado por culpa de los
misiles y sus naves apenas pueden funcionar en condiciones!
—¡Vamos Theia!
—¡¡Déjamelo a mí!! ¡Espera, la nave defensiva se interpondrá en tu camino!
—¡Ruth-san, ¿podrá atravesarla esta espada?!
—Es posible. ¡Pero considerando las características de esa nave, será complicado si no utilizamos
toda la potencia!
Koutarou y las chicas se disponían a atacar a la nave de combate. En ese momento, esa era la única
que tenía el potencial para derribar la Caballero Azul con un solo ataque. Si tenían la suerte de
impactar en ellos y el grupo de cazas continuaba el ataque, el escudo de la Caballero Azul no lo
resistiría.
174
Sin embargo, existía un riesgo ligado a ese plan. Como la nave defensiva estaba protegiendo a la de
combate sería difícil atacar directamente. Tendrían que hacer uso de su movilidad para rodearla o
utilizar la espada de energía para destruirla. La primera opción les daría tiempo suficiente a los cazas
para reiniciarse, mientras que la segunda dejaría indefensa a la Caballero Azul, ya que la espada
consumiría toda la energía. Ambas opciones tenían sus propios riesgos.
—Umm, Ruth-san. Esa, umm, ¿barrera? ¿La barrera que protege a la nave espacial funciona de la
misma forma que la armadura de Satomi-kun?
Entonces Harumi, que se había encargado de apoyarlos con magia, se unió a la conversación. Su
expresión era muy diferente de la tímida que habitualmente ponía. A todos les recordó a su forma de
ser sobre el escenario.
—¡Sí! ¡Aunque la generación de potencia está a un nivel completamente distinto, funcionan con el
mismo principio!
—Entonces haré algo con eso. Satomi-kun, por favor ataca con la gran Signaltine.
—¡Muy bien! ¡Vamos Theia!
—¡Sí!
Ni Koutarou ni Theia escucharon siquiera los detalles del plan de Harumi; decidieron atacar
directamente con la espada de energía. Creían en ella y además tampoco tenían el tiempo para
dudar. Koutarou fijó el rumbo hacia la nave defensiva y Theia destruiría cualquier caza que se
interpusiera.
—Harumi-sama, ¿qué pretendes hacer?
En cambio, Ruth preguntó a Harumi los detalles. Necesitaba saber lo que planeaba considerando el
papel de cada uno en la estrategia.
—Atacaremos con dos Signaltines. Utilizaré el poder mágico de la pequeña para aumentar el poder
de la grande y transformarla en un arma diferente.
—¡¿Pero algo así es posible?!
—Si solo me centro en el extremo debería ser posible.
—Ya veo, así que ese es tu plan. ¡Es una buena idea!
Tras haberse figurado lo que pretendía Harumi, Ruth comenzó a realizar unos ajustes en la Caballero
Azul. Harumi tomó aire para prepararse y juntó las manos frente a su pecho.
—Satomi-kun, usa la Signaltine.
—Vale.
175
Koutarou obedeció a Harumi y sacó la Signaltine de la funda, que estaba colgada de su cintura. Al
hacerlo, la Caballero Azul recreó la espada de energía anti-naves para que cuadrase con sus
movimientos. Tanto el grande como el pequeño Caballero Azul sostenían su Signaltine y cargaron
contra la nave defensiva.
—¡Allá voy!
Harumi cerró los ojos y se concentró. Estaba intentando liberar todo el poder de la Signaltine, tanto
como fuera posible teniendo en cuenta que pretendía afectar a algo tan grande como una nave
espacial. Adhiriéndose a la voluntad de Harumi, la Signaltine empezó a emitir una cantidad masiva de
poder mágico. La luz y el poder que fluían fueron suficientes para hacer temblar el puente donde se
encontraban.
El pelo de Sakuraba-senpai es…
Cuando Harumi había utilizado antes la magia, su pelo había brillado con un color plateado, pero
ahora que estaba liberando todo el poder de la espada, no solo se quedó ahí. Su pelo estaba
cambiando al color de la plata.
¿Su majestad Alaya…?
Koutarou se quedó mirándola por instinto. Con su pelo plateado, ahora Harumi parecía exactamente
igual a Alaya, la Princesa Plateada que conoció 2.000 años atrás. También podía sentir su misma
presencia debido al poder mágico que estaba surgiendo. Si no hubiera sabido desde el principio que
ese pelo pertenecía a Harumi no habría sido capaz de distinguirlas.
—Pasado, presente y futuro, oh madre de todas las cosas, Diosa del Amanecer.
Esas palabras formaron la plegaria que salió de la boca de Harumi. También eran las mismas que
dijo Alaya. En este punto, incluso Koutarou, que había conocido a la princesa hacía 2.000 años, tenía
problemas para distinguir una de la otra.
—Soy una descendiente de Fortorthe, tu fiel sirviente te reclama. Ahora es el momento de liberar tu
verdadera fuerza y concedernos el poder para superar esta crisis.
A medida que Harumi proseguía con su oración, la espada de energía anti-naves de la Caballero Azul
se envolvió de una luz de color blanco puro y empezó a brillar, al igual que la Signaltine en las manos
de Koutarou.
—Viento de los cielos. Verdor del suelo. Agua del mar. Fuego de la montaña. ¡Utilizando mi vida
como fuente, revelad el poder que unifica todas las cosas!
La luz que envolvía las dos espadas tenía pulso, como el de un ser viviente. Los dos pulsos se
sincronizaron a la perfección con el de Harumi.
—¡Mi nombre es Alaya! ¡La nieve plateada de Mastir! ¡Oh sagrada espada del templo, responde a mi
llamada y abre el camino de nuestro futuro!
176
Harumi terminó la oración y todo el poder de la Signaltine fluyó hacia la espada de energía. Aquella
arma gigante ahora era la Signaltine. No importaba si no tenía forma material o no; La espada de
energía anti-naves ahora brillaba como la auténtica Signaltine.
—¡Ahora, Satomi-kun!
Con la plegaria terminada, Harumi miró hacia Koutarou. Él se olvidó por un momento de dónde
estaba debido a que ella se parecía mucho a Alaya.
Esto no está bien. ¡Concéntrate! ¡Este no es el momento de distraerse!
Sin embargo, esto solo ocurrió durante un instante. Koutarou recordó rápidamente su batalla y
preparó la espada de la Caballero Azul. Ahora estaban justo encima de la nave defensiva, y no era el
momento para descuidarse. Koutarou gritó como si se estuviera regañando a sí mismo.
—¡Voy a hacerlo!
—¡Adelante!
—¡La Espada de Energía Anti-Naves, Signaltine, se ha cargado al 100%!
—¡Todo tuyo, Koutarou!
El bombardeo de Theia y el control del escudo de Ruth protegían la nave. El poder de Harumi había
hecho que la energía de la espada se desbordara en un fulgor blanco y Koutarou sostuvo la
Signaltine con ambas manos para atacar con todas sus fuerzas.
La Caballero Azul imitó los movimientos de Koutarou y su casco rugió a causa del desplazamiento de
la espada gigante. El blanco era el generador de la nave defensiva. Ésta respondió levantando el
escudo para bloquear la espada. A cambio de tener un armamento prácticamente inexistente, la nave
defensiva estaba equipada con una barrera muy potente. Por eso ni una espada de energía debería
ser capaz de atravesarla.
—¡¡Vamooooooooos!!
Pero cuando Koutarou dio un grito, la espada pasó a través del escudo. La barrera soltó un grito en
forma de parpadeo violento, se partió en pedazos como un cristal y desapareció.
Este fue el resultado del poder que Harumi le había otorgado a la espada de energía. Utilizando el
poder de la Signaltine, reemplazó el extremo de la espada de la nave por energía espiritual. Las
barreras de Fortorthe no podían bloquear este tipo de energía, y por tanto, el extremo la atravesó
fácilmente. Una vez que consiguió traspasarla, el resto fue fácil. La espada se adentró en el escudo a
través de la grieta y terminó de destruirlo.
—¡¡Abre todas las compuertas!! ¡¡Sigue disparando hasta que te quedes sin energía!!
[Como desee, princesa.]
177
Cuando desapareció el escudo, Theia utilizó casi todo el armamento anti-naves del que disponía.
Rayos, láseres, misiles… Todas las clases imaginables de armas se estaban utilizando para atacar a
la nave defensiva. Su casco se rasgó como el papel, demostrando que el poder ofensivo de una nave
de clase real no solo era de exhibición. La nave de defensa fue destruida al instante y únicamente
quedó una cápsula de escape flotando de forma solitaria en el espacio.
Parte 12
Koutarou y las chicas habían sido capaces de destruir la nave defensiva en parte gracias a que los
cazas no pudieron moverse. A pesar de saber eso no bajaron la guardia ni un momento, incluso
después de haber eliminado la nave, y siguieron avanzando para atacar a la de combate. El poder
ofensivo del enemigo aún seguía presente, por lo que tratar de defenderse solo aumentaría el riesgo.
—¡Koutarou! ¡Ahora nos centraremos en la torreta principal!
—¡Vale!
El objetivo de Theia y Koutarou era el armamento principal que se encontraba en la parte superior del
casco de la nave enemiga, capaz de girar por sí solo.
Debido a que el armamento principal era capaz de rotar, podía disparar en cualquier dirección sin
tener en cuenta el lugar donde se estaba produciendo la batalla. A cambio debía tener una integridad
más débil, sobresalir del casco de la nave, y por tanto, ser más fácil de atacar. Se trataba de un arma
poderosa cuando estaba cubierta por una defensa adecuada.
Pero ahora que la nave que estaba a cargo de la protección había sido destruida, ir a por el
armamento principal era la estrategia más efectiva. Si conseguían acabar con él, la nave de combate
no sería una amenaza a tener en cuenta.
—¡Alteza, el grupo de cazas se ha reactivado! ¡Nos están persiguiendo!
—¡Koutarou, tú te encargarás de la nave de combate! ¡Haz algo con ella!
—¡¿Qué quieres decir con algo?!
Theia comenzó el bombardeo para mantener lejos a los cazas que se habían activado, dejando el
asalto de la nave de combate a Koutarou. Él había pensado en dejar esta tarea a Theia, ya que no
tenía ningún método de ataque planeado.
—¡Maldita sea, en ese caso…! ¡Ruth-san, cambia la espada a modo de disparo!
—¡Como desee, señor!
178
Koutarou preparó la espada de energía anti-naves. Al hacerlo, se disparó un rayo desde el extremo.
Como las espadas de rayos y los cañones funcionaban de manera similar, la espada de la Caballero
Azul podía hacer ambas cosas.
—¡¡Uooooooooo!!
Disparó varios rayos de forma continuada a medida que se iba acercando a la nave del ejército
enemigo. Evidentemente, ellos no se quedaron sentados viendo la escena; el armamento principal fijó
su mira en la Caballero Azul y disparó.
—¡¡No pienso dejar que me alcancen!!
Koutarou viró la nave y la hizo girar sobre su propio eje para intentar esquivarlo. Al ver que la
maniobra por sí sola no sería suficiente, Ruth tomó acciones adicionales.
—¡¡Soltando una sección del control de gravedad y de inercia!!
—¡¿Uoooooooo?! ¡¿Q-qué es esto?!
En el momento que Ruth introdujo un comando en el panel, la rotación de la Caballero Azul se
aceleró. Como resultado, esto le permitió evitar el rayo, pero el aumento repentino de la velocidad
sorprendió a Koutarou.
—¡Por favor, hágase a ello, Maestro! ¡Estoy segura de que puede conseguirlo!
—¡¡¿Estás de broma?!!
Aunque Koutarou estaba en pánico, Ruth no mostró ni un ápice de piedad. Incluso ahora estaba
aumentando la velocidad para que los movimientos de la nave coincidieran con los de él. Koutarou
apuntó el extremo de la espada hacia la nave enemiga mientras luchaba desesperadamente para
mantener el control de la Caballero Azul.
—…Incluso después de tantos años todavía seguís siendo un grupo divertido…
Después de haber utilizado casi todo su poder, Alnaya, con su forma de dragón-humano, miraba
moverse la Caballero Azul a la velocidad del rayo. Su forma de luchar estaba fuera de la lógica de los
dragones, por lo que Alnaya observaba a Koutarou y las demás con una expresión divertida.
—¡Bueno, si vas a jugar así! ¡Ruth-san, en cinco segundos concentra la barrera en la pierna derecha!
—¡¡Kyaaaa, espera, esperaaaa!!
—¡¡No voy a esperar!!
Koutarou disparó varios rayos consecutivos. El escudo de la nave de combate había recibido varios
impactos y ya estaba a poco de caer, de modo que Koutarou giró de nuevo y le dio un golpe con su
pierna derecha.
179
—¡Demasiado rápido! ¡¡Es demasiado rápido, Maestro!!
—¡¡Estoy seguro de que puedes conseguirlo, Ruth-san!!
—¡¡¿Estás de broma?!!
Ahora era el turno de Ruth para entrar en pánico mientras que realizaba rápidamente unos ajustes en
el escudo. Sin dejarle acabar, Koutarou lanzó una patada giratoria. La fuerza de la patada de una
máquina de un kilómetro de altura y un peso de 2.000 toneladas fue terrorífica. Combinado con el
escudo que había levantado momentos antes del impacto, la patada atravesó fácilmente la barrera de
la nave enemiga y envió volando la torreta del armamento principal.
Parte 13
En cuanto Koutarou lanzó su patada, Theia disparó a la nave con todo lo que tenía, y como resultado
acabó con todo el potencial ofensivo de los enemigos. Una vez eliminado el peligro, dejaron flotar a la
nave de combate y se dirigieron hacia la última que quedaba, la nave de transporte. Lo único que aún
podía ser una amenaza eran los cazas que estaban siendo controlados por ella.
—¡Quedan nueve cazas, un total de tres formaciones! ¡Hasta ahora hemos destruido 27!
—Aunque son no tripuladas, los están utilizando como si fueran desechables.
—Probablemente ya no vuelvan a usarlos más… Ruth-san, por favor abre un canal con esa nave.
—Es una flota ilegal. No creo que contesten…
—Contestará. Ese individuo es así. Por favor, Ruth-san.
—Sí.
Antes de atacar, Koutarou quería que el enemigo se rindiera. Ruth entendió sus intenciones y envió
una petición de comunicación al transporte. Poco tiempo después, Elexis apareció en el monitor de la
Caballero Azul.
—Estoy sorprendido por tu forma de luchar, Koutarou-kun.
—Solo he tomado algunos riesgos y de algún modo lo he conseguido. Ahora estoy tratando de evitar
tomar más.
—¿Eso es una petición de rendición?
—No me importa si te rindes o te retiras. Ninguno de nosotros puede ganar algo en esta batalla. ¿Me
equivoco?
180
—Sí. Eso es lo que piensan mis subordinados. Por eso he hecho que abandonen esta nave. Puedes
verlos, ¿verdad?
Elexis había evacuado a todos sus subordinados mediante cápsulas de emergencia. Se dirigían hacia
la nave inutilizada dejándolo solo.
—No es necesario conseguir más tiempo.
Koutarou supuso que Elexis planeaba conseguir tiempo a sus subordinados para que escaparan; ya
había ocurrido algo parecido en otras ocasiones.
—No pretendo hacer eso. Esto es porque yo no quiero rendirme, quiero luchar hasta el final.
—No quieres rendirte, ¿eh? Entonces me abstendré de hacer más preguntas.
Al ver la sonrisa de Elexis a través del monitor, Koutarou se dio cuenta de que hablaba en serio.
Pensaba proseguir con su ataque porque sabía que no había forma de convencer a Elexis de que
desistiera. Koutarou comprendía muy bien esa situación.
—Gracias, Koutarou-kun. Me gusta esa parte de ti. Debe ser por eso que…
Elexis quería demostrar de lo que era capaz. Había encontrado por primera vez en su vida una
competencia en forma de rival, Koutarou. Por eso todavía no quería terminar allí su batalla, aún no lo
había dado todo, quería demostrar su poder hasta el final. Era como un niño que se negaba a volver
a casa. Desde esa perspectiva uno podría decir que quería jugar con Koutarou para siempre.
—¿Puedo preguntarte algo a cambio?
—¿Qué puede ser?
—Cuando haya terminado esta batalla, ¿qué va a hacer el ejército del golpe?
—Bueno… probablemente se retiren por un tiempo. Anunciarán oficialmente que el estado de su
majestad Elfaria ha empeorado, y durante ese tiempo inventarán alguna prueba para inculparle un
crimen. Después, cuando hayan conseguido las pruebas, anunciarán que habían declarado la
enfermedad de Elfaria solo porque no podían tratarla como a una criminal hasta que hubiesen
conseguido las evidencias necesarias… o algo parecido.
—Y entonces atacarán con todo su arsenal.
—Probablemente. Bueno, hasta entonces enviarán a unos cuantos asesinos.
—Ya veo. Gracias, Elexis.
—A cambio, ¿puedo pedirte que te tomes esto en serio?
—Entendido, lo haré.
181
—Estoy deseándolo.
Elexis cortó la comunicación con esas palabras. Su imagen despareció del monitor de la Caballero
Azul y en su lugar apareció la nave de transporte, que había comenzado a moverse.
Empezaste a preocuparte por tus aliados… pero sigues viviendo solo el presente, ¿verdad, Dextro…?
Koutarou recordó a su antiguo enemigo e hizo una postura con la Caballero Azul. Puede que solo
restara una nave, pero no podía bajar la guardia contra este enemigo.
—Theia, va a ir con todo desde el principio.
—Lo sé. Tengo algo de experiencia en batallas.
—Las compuertas de los misiles de su nave se están abriendo, creo que son esos misiles guiados. La
nave de combate ya no se mueve y parece que no se va unir a la batalla.
—…Puede que no esté hecho para la lucha, igual que yo…
La nave de combate todavía disponía de cañones de misiles sin dañar, sin embargo, Elexis no los
estaba utilizando. Esto se debía a que odiaría el resultado si lo hiciera.
—¿Qué ha sido eso?
—No, nada… ¡Theia, tú te encargas de los misiles! ¡Terminemos con esto lo antes posible!
—¡Sí!
—Como desee, señor.
Elexis los estaba retando a una batalla sabiendo perfectamente que se encontraba en una desventaja
importante. Koutarou sabía que tenía que tomárselo en serio en varios sentidos, así que activó los
propulsores de su nave y se lanzó hacia el transporte donde estaba Elexis. Pero para detenerlo debía
ocuparse de los nueve cazas que aún seguían en sus inmediaciones, y mientras, Elexis dispararía
sus misiles. Era posible lidiar con los proyectiles y con los cazas al mismo tiempo, ya que estos
últimos tenían un número muy reducido.
—¡Ya lo veo, es un ataque difícil de bloquear!
Koutarou vio los misiles lanzarse y utilizó la posición de los propulsores de la Caballero Azul para
realizar una amplia maniobra evasiva. Aunque sus enemigos eran pocos, debido a que las
características de sus armas eran distintas sería muy complicado bloquear un ataque sincronizado de
ambos.
—¡Probablemente está intentando reducir nuestra velocidad con los cazas y destruirnos con los
misiles! ¡Déjame los misiles y tú quítanos de encima los cazas! ¡Puedes olvidarte de los disparos de
la nave de transporte!
182
[¡Como desee, princesa!]
Koutarou y Theia iban a enfrentarse juntos en la batalla después de haber dividido sus tareas.
Koutarou haría uso de su movilidad para evitar que los cazas se aproximasen demasiado, mientras
que Theia se encargaría de los misiles desde una perspectiva distinta. Deberían ser capaces de
vencer con la poca cantidad de enemigos.
—¡Alteza, el transporte aún sigue lanzando misiles! ¡Es extraño que haya más que antes!
—¡Es una cortina de humo! ¡Ya tenías esto pensado, Elexis!
Como respuesta, Elexis disparó varios misiles que empleaban el sistema estándar de guiado. Como
Koutarou no podía distinguir de qué tipo era cada uno tendrían que ser igual de cautelosos con todos
ellos. Theia disparaba frenéticamente en un intento de derribar todos los misiles.
—Reuníos, espíritus de la tierra. Arrodillaos ante mí y mostrad el poder que alberga vuestro nombre.
¡Alza tu voz, linaje de la tierra!
Harumi realizó un conjuro sobre Theia. Entonces ella fue capaz de sentir todos los misiles y los cazas
que estaban volando por el espacio. Era el conjuro para detectar metal.
—¡Gracias, Harumi!
—¡Buena suerte!
Incluso la magia, que podía ser de utilidad en cualquier situación, era inservible contra objetos que
volaban a velocidades extremas. Por eso esto era todo lo que Harumi podía hacer; solo observar el
transcurso de la batalla le frustraba.
—¡El número de cazas está bajando! ¡Cuidado con la nave de transporte!
Con tantos misiles volando alrededor y ni una sola forma de poder distinguirlos, Koutarou y las chicas
se vieron presionados a destruir el transporte. Koutarou esquivó los ataques de los cazas y apuntó la
proa de la Caballero Azul hacia la nave de Elexis. Mientras tanto, Theia derribaría los misiles que se
aproximaran en la dirección que estaban viajando. Gracias a esto, Koutarou fue capaz de centrarse
solamente en los cazas y en la nave.
—¡¡Vamos, yo abriré un camino!!
—¡¡Uoooooooo!!
Cuando Theia consiguió crear un paso, Koutarou maniobró la nave para viajar por él con la agilidad
de un acróbata. Se produjeron varias explosiones a su alrededor, haciendo que pareciese un festival
de fuegos artificiales. Sin embargo, esto no era algo tan espectacular; se trataba de un asunto de vida
o muerte.
—¡La nave ha colocado su generador a máxima potencia!
183
—¡No dejes que escape, Koutarou! ¡Acaba esta batalla ahora mismo! ¡Nosotros no duraremos tanto!
—¡Yo me encargo!
Mientras que Koutarou se acercaba, Elexis utilizaba toda la energía que podía del generador del
transporte. Theia no podría mantener una puntería precisa durante tanto tiempo, así que se
imaginaba que Elexis se disponía a reforzar su escudo y distanciarse de la Caballero Azul.
—¡Oh no, ¿qué hace?!
Pero la situación se desarrolló de una manera inesperada.
—¡Elexis va a cargar directamente contra nosotros! ¡No está intentando conseguir tiempo!
—¡¿Pretende chocar con nosotros?!
—¡Así que era eso, Elexis!
La distancia entre la nave de transporte y la Caballero Azul, que había acelerado para evitar la huida
de Elexis, disminuyó rápidamente. El enemigo había elegido dirigirse hacia ellos directamente en vez
de escapar, y aunque intentaran evadirlo, sus posibilidades de retirada estaban impedidas por los
misiles y los cazas. El objetivo de Elexis había sido colisionar con ellos desde el principio.
—¡Por eso evacuó a todos los soldados! ¡Ha utilizado los misiles y los cazas para encubrir su
verdadero plan y cortarnos las vías de escape! ¡¿Cómo has podido ir tan lejos, Elexis?!
Koutarou mostró una expresión amarga y abrió los brazos de la Caballero Azul. Los ataques de Theia
habían atravesado el escudo de la nave, pero ésta no cesaba su avance hacia ellos.
—Ruth-san, concentra el~
—¡¡Concentrando el campo de distorsión en los brazos!! ¡¡Poniendo el generador a máxima potencia
y enviando toda la energía disponible al campo de distorsión!!
Ruth adivinó las intenciones de Koutarou y concentró el escudo alrededor de los brazos de la nave
antes de que pudiera decir nada. La nave de transporte era bastante pesada, por lo que sería
complicado saber si la Caballero Azul podría cazarla adecuadamente.
La nave atrapó al transporte y el impacto que se transmitió a todo el casco hizo que el puente se
pusiera a temblar. Incluso superó la tolerancia máxima del control de gravedad e inercia que lo
protegía.
—¡¿Kiaaa?!
Las chicas gritaron por instinto cuando la nave se estremeció de repente. Al mismo tiempo se pudo
oír numerosas señales de advertencia. El monitor se llenó de avisos de daños y unas luces
intermitentes de color rojo y amarillo iluminaban toda la cabina.
184
—¡¡Nuuuuuooooooo!!
Koutarou prestó atención y utilizó toda su fuerza para empujar hacia atrás la nave de transporte. Si
cometía un pequeño fallo, aunque solo fuera uno, la nave se estrellaría contra la Caballero Azul y
ocurriría algo irremediable. Atrapar la nave por la parte frontal, y en el peor de los casos, caer hacia
atrás, era la única forma de sobrevivir en esta situación.
Los trozos de la nave de Elexis que habían salido disparados por el bombardeo chocaron contra la
Caballero Azul, y aunque no fue suficiente para destruirla, ciertamente no parecía nada bueno.
Koutarou eliminó de su mente esos ruidos de impactos y se enfocó en controlar la nave. Eso era más
importante que cualquier otra cosa en ese momento.
Entonces el monitor principal del puente se cayó al suelo rompiéndose en varios pedazos. En su lugar
apareció un enorme agujero de varios metros, dejando ver la oscuridad del espacio tras él. Instantes
después, el aire del puente empezó a escaparse rápidamente por la abertura.
Aunque los sistemas de protección de los tripulantes impidieron que Koutarou y las chicas fueran
absorbidos al exterior o que no pudieran respirar, el aire fue aspirado en un momento. Una vez se
detuvo el flujo de aire, apareció una silueta gigante al otro lado del agujero.
—¡Veo que no puedes moverte en una situación como esta! ¡He ganado, Koutarou-kun!
Elexis apareció controlando su arma gigante, Warlord. Pretendía dar el último golpe utilizando el
Warlord de reserva almacenado en el transporte.
Elexis había planeado todo para provocar esta situación. Evacuó a sus tropas y colisionó contra la
Caballero Azul con su nave. Cuando la Caballero Azul atrapase al transporte ya no podría moverse,
lo que evidentemente significaba que, como Koutarou estaba controlando la nave, él tampoco podría
moverse. Lo único que tenía que hacer era ocultarse entre los restos de su nave y asaltar el puente
de mando con Warlord. Esta era la única oportunidad de ganar que había encontrado, y apostó todo a
este momento.
—¡Adiós, Koutarou-kun! ¡Has sido muy duro!
Elexis se regodeó porque su apuesta había salido bien y apuntó su arma de rayos hacia Koutarou.
—Kuh.
Mientras, Koutarou no podía moverse. Si dejaba de controlar la Caballero Azul en ese momento, las
naves chocarían y sufrirían serios daños. Por supuesto, todos los que iban a bordo también estarían
en problemas. Dicho esto, si no se movía recibiría un disparo. Koutarou no podía hacer nada de
cualquier modo.
—¡¡No te lo permitiré!!
Entonces una pequeña silueta se colocó delante de Koutarou. Era la chica pequeña y delicada, Theia,
con su pelo dorado y ojos azules.
185
—¡¡No voy a dejar que mates a mi caballero!!
—¡¿Qué?!
Theia se había colocado frente a Koutarou con los brazos abiertos, cubriéndolo del arma de rayos. No
se trataba de ningún plan, simplemente estaba utilizando su pequeño cuerpo para proteger a
Koutarou.
—¡Idiota! ¡¿Sabes lo que estás haciendo?!
Koutarou le lanzó sus reproches a la espalda. Una princesa se estaba poniendo en peligro para
salvar a un caballero. Se trataba de un acto imperdonable para un miembro de la realeza que tenía
un deber con su país y sus ciudadanos.
—¡No! ¡Pero tengo que hacerlo! ¡Aunque me convierta en un fracaso de princesa, tú eres especial!
¡Te protegeré aunque tenga que poner mi vida en peligro!
Theia estaba llorando. Sabía en su interior que no debería estar haciendo esto, sin embargo, a pesar
de ello no podía quedarse cruzada de brazos. Su cuerpo se movió solo; su mente y su cuerpo sabían
que necesitaba a Koutarou tanto como respirar.
—…Koutarou, así que su alteza te ama…
Las acciones de Theia también fueron inesperadas para Elexis. Dudó por un momento, pensando qué
hacer. ¿Debería disparar a los dos o capturar a Theia? Invirtió varios segundos considerando sus
opciones, y esos pocos instantes cambiaron el desenlace.
—¡Reuníos, espíritus del agua! ¡Bailad, espíritus del viento! ¡Combinad estos poderes y apareced,
espíritus del hielo! ¡Oh altísimo iceberg, enciérralo con tu glaciar que se expande eternamente! ¡Ataúd
de Hielo!
De repente, el brazo izquierdo de Warlord se cubrió con un bloque de hielo y perdió sus funciones.
Esto incluía el arma de rayos que había acoplado en él. Era un conjuro de ataque que había realizado
Harumi sin perder la ocasión.
—¡¿Qué?!
—¡Caballero Azul! ¡Cañón Ametralladora de Antimateria!
Mientras que Elexis se encontraba sorprendido por la repentina situación, Ruth ordenó directamente
un comando a la Caballero Azul desde su asiento de operario y apareció un arma en el puente de
mando. Ya que un arma de energía tardaría bastante tiempo en cargarse, eligió una de gran calibre
capaz de disparar con mucha cadencia.
—¡Dispara directamente con seguimiento automático!
186
Como se encontraban en el vacío, el sonido del cañón ametralladora no se pudo escuchar. Solo el
sonido débil de los casquillos cayendo al suelo pudo transmitirse hasta los que estaban a su
alrededor. Sin embargo, el poder del cañón estaba lejos de ser débil.
—¡¡Uoooooooo!!
Con su barrera destruida y habiendo recibido varios disparos, Warlord fue incapaz de seguir sujeto al
borde de la abertura que había creado él mismo y fue empujado al espacio.
—…Tú… has intentado matar a nuestro preciado Koutarou…
La última frase pertenecía a Theia. Estaba murmurando mientras miraba a través del agujero a
Warlord volando hacia atrás. Sus ojos ardían de rabia.
—No te lo perdonaré… ¡Aunque Dios sea piadoso, yo jamás podré hacerlo! ¡¡Elexis, has intentado
hacer algo que no debías, te arrepentirás el resto de tu vida!!
Una línea de luz estaba persiguiendo a Warlord, el cual estaba utilizando sus impulsores para corregir
su rumbo. La luz atravesó al gigante mecánico y acabó con la larga batalla.
Parte 14
Una vez fue destruido el transporte, la nave de combate, que había perdido su arma principal, se
teletransportó. Clan vio cómo se marcharon y dejo escapar un fuerte suspiro mientras se reclinaba
sobre su asiento. El silencio regresó al puente de la Hazy Moon, y su suspiro se pudo escuchar por
todas partes.
—…Vaya, qué riesgo más terrible han tomado…
Aunque al final el resultado fue favorable, la batalla no había sido más que un desastre de principio a
fin. Habían exigido a Clan varias veces que fuera a ayudar a los otros, pero afortunadamente las
cosas no se habían puesto tan serias. No fue necesario que los ayudara, pero Clan no pudo evitar
sentir presión mientras observaba la batalla. Según su opinión, se habría sentido mucho mejor si
hubiese estado con los demás y luchado en unión.
—…Como en algún momento te convertirás en mi vasallo tendrás que ganar de forma más elegante y
aplastante…
Clan criticó la forma de luchar de Koutarou porque le culpaba de haber hecho que se preocupara
tanto. Así que contactó con él a través de una línea directa.
—¿Mm? ¿Clan? ¿Qué pasa?
Koutarou apareció en el monitor que tenía delante.
187
—¡No quiero escuchar esa pregunta!
Al ver a Koutarou a salvo, Clan se vio abordada por una sensación aún más intensa de alivio. Se veía
cansado y tenía la cara completamente sucia, pero no parecía tener heridas graves, y además su voz
poseía fuerza. La sensación de alivio por haber visto otra vez a Koutarou no era pequeña en
absoluto. Era muy difícil incluso para la propia Clan adivinar si solo quería confirmar que estaba bien
o si quería quejarse de la batalla.
—Por favor, la próxima vez vence de una forma más elegante. Siento como si hubiese sido la única
que se moría mientras te veía.
—Lo siento. Intentaré hacerlo la próxima vez.
—Veo que entiendes. Fufu, buen trabajo, Veltlion.
—¿Qué, estás siendo extrañamente amable con~
Veltlion.
En el momento que Clan dijo ese nombre, unos gritos de alegría llenaron el puente que anteriormente
permanecía en silencio.
—¡¿Q-qué?!
Clan casi se cae de su asiento debido a los gritos repentinos. Se sujetó rápidamente al reposabrazos
de su silla y se dio la vuelta en la dirección de las voces. Vio mujeres y hombres de todas las edades
reunidos en el puente. Hasta que Clan los vio no recordó que había permitido a los civiles estar en el
puente con ella, porque se preocupaban por Theia y Elfaria.
—¡Veis! ¡Incluso la princesa Clan ha dicho Veltlion! ¡Realmente él es el auténtico!
—¡Sí! ¡Después de ver cómo ha luchado no hay duda de ello!
—¡Si no, no habría sido posible!
—¡Y pensar que ha podido dar la vuelta a la batalla en esa situación!
—¡¿Entonces esa espada es realmente la Signaltine?!
—¡El escudo de Alaya está grabado en ella! ¡Tiene que serlo!
—¡Parece que hasta Alaya-sama se encuentra con él!
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Los civiles habían empezado a pensar en Koutarou como el Caballero Azul. Era evidente que
deseaban pensar eso; una princesa y la emperatriz estaban siendo perseguidas en su país por un
golpe de estado, y un caballero con armadura azul las había salvado. No solo era eso, sino que había
superado las desventajas y conseguido una victoria brillante. También, los objetos de la leyenda iban
apareciendo uno detrás de otro. Entre ellos estaba por supuesto la armadura azul, y luego la espada
de caballero que contenía poderes misteriosos, por no hablar del dragón rojo. Al ver esas pruebas y
la victoria de Koutarou, los civiles comenzaron a preguntarse si realmente era él. Entonces fue
cuando su altamente estimada princesa, Clan, se dirigió al caballero en cuestión como Veltlion.
Si la princesa Clan lo llamaba de esa forma, entonces no había más dudas sobre el tema. Se
convencieron de que ese caballero, el legendario Caballero Azul, Layous Fatra Veltlion, había
aparecido en la historia de Fortorthe una vez más.
El puente se colmó de saludos dirigidos a él. Sus voces eran tan fuertes que incluso Koutarou, que se
encontraba al otro lado del dispositivo de comunicación, saltó hacia atrás del susto.
—¿Q-qué? ¿Qué ha pasado?
Clan no podía entender por qué los civiles de repente habían saltado de alegría. Sus gritos eran tan
fuertes que ya no era posible distinguir nada de lo que estaban diciendo.
—¡Clan! ¡¿Qué es ese jaleo?!
—¡Yo tampoco lo sé! ¡Parece que se alegran de algo!
Obviamente la conversación entre Koutarou y Clan tuvo que subir de intensidad para que pudiesen
oírse entre ellos.
—¡No podemos hablar con este ruido! ¡Hablaremos más tarde!
Koutarou se dio cuenta de que sería difícil continuar conversando de ese modo y decidió aplazarlo
para más tarde. Como habían salido de la batalla de una pieza no era necesario seguir intentando
hablar en ese momento.
—¡Tienes razón! ¡Hablemos más tarde!
Clan no puso objeciones. Sin embargo, segundos más tarde se arrepentiría de haber terminado la
comunicación.
Los civiles gritaron aún más fuerte.
—¿E-eh? ¡¿Qué está pasando?!
Esto se debió a que cuando terminó la conversación con Koutarou, los civiles se abalanzaron sobre
ella buscando respuestas.
189
Parte 15
Unas horas más tarde del final de la batalla, Elexis se encontraba mirando el cielo de la Tierra en
solitario desde una costa cercana a la ciudad de Kitsushouharukaze. El cielo nocturno se iba
aclarando a medida que el sol empezaba a aparecer por el horizonte.
—Fiu, he perdido totalmente… Y pensar que no he sido capaz de ganar después de haber llegado
tan lejos. En realidad es estimulante…
Cuando Warlord había sido destruido con los ataques de Theia, Elexis había conseguido de algún
modo escapar utilizando el asiento eyectable y regresar a la Tierra. Había sufrido una derrota
desastrosa, perdido el contacto con sus aliados y ahora estaba solo en otro planeta. Otros lo habrían
visto como una situación preocupante, pero Elexis estaba satisfecho. Esto era porque se había dado
cuenta de que aunque se esforzara al máximo no tendría ni una sola oportunidad.
—No perdí porque Koutarou-kun sea fuerte. Perdí porque estoy solo. En la última batalla dejé ir a mis
aliados. Esa es la razón.
El pasado no podía cambiarse, pero si Elexis hubiese luchado junto a sus aliados se habría hecho
con la victoria. Sin embargo, eligió no hacerlo. De hecho, había menospreciado su fuerza en su
intención de protegerlos. La arrogancia y la desconfianza habían sido la razón de su derrota.
A pesar de haber luchado para conseguir una sociedad ideal, había caído esforzándose todo lo que
pudo. El motivo estaba claro, y aun así no protestó ni un poco. Ya no le quedaba más por hacer.
Estaba satisfecho con ese resultado.
—..¿Entonces qué te parece si vienes conmigo?
En ese momento alguien llamó a Elexis por detrás. Era la voz de una mujer joven. Se podía decir que
era una chica, pero su voz sonaba calmada y daba la impresión de ser de una mujer madura.
—¿Y quién eres tú?
Elexis preguntó el nombre de la chica que había detrás de él mientras continuaba mirando al océano.
La vista del sol elevándose frente a Elexis era hermosa.
—Me llamo Maya. Y al igual que tú, luché contra ese chico en solitario y perdí.
Entonces Elexis y Maya se conocieron.
190
Como Desees
Parte 1
Despues de algunos días desde la batalla, Koutarou y las chicas regresaron a sus vidas normales.
Theia y Elfaria habían escapado de su país y ahora se encontraban en la Tierra. La situación en
Fortorthe progresaba exactamente como Elexis había predicho, por lo que se había producido una
tregua temporal del golpe de estado. Theia y Elfaria se mantuvieron en contacto con la facción que
apoyaba a la realeza y ahora estaban en la fase de reunir información y realizar los preparativos
necesarios para retomar el país. Debido a ello no podían hacer ninguna otra acción por el momento.
Cuando la conmoción empezó a apaciguarse, Koutarou citó a Theia en la azotea del instituto
Harukaze. El propósito era desvelar lo que le había estado ocultando hasta ahora.
La batalla había terminado, pero Theia no le hizo ninguna pregunta, sino que esperó pacientemente a
que él se lo contara. Koutarou no podía traicionar la confianza que había depositado Theia en él, y
además ella había arriesgado su vida para protegerlo. Sintió la necesidad de pagarle por aquello, y
con eso en mente, Koutarou decidió contar toda la verdad.
—Hoy hace un tiempo genial…
El verano se estaba aproximando y el cielo tenía un color azul vivo. Las nubes que flotaban en él eran
densas y poseían una forma claramente definida. Koutarou se apoyó sobre la valla del tejado y se
quedó mirando pensativamente el cielo. Podía escuchar el sonido de los pájaros y de los coches
circulando en la distancia. Era una tranquila tarde de verano, y Koutarou empezó a perder la
percepción del paso del tiempo.
—Aah, aah, aah…
Koutarou oyó el sonido de la respiración jadeante de alguien. Parecía como si hubiera subido
corriendo hasta el punto de que el tono de su respiración se había vuelto más grave de lo normal. Así
es, Koutarou podía saber a quién pertenecía esa respiración simplemente con oírla. Era una persona
con la que tenía una profunda relación.
—Fiu…
Cuando esa persona recuperó el aliento se puso frente a Koutarou, y de la misma forma que él, se
inclinó sobre la valla y miró hacia el cielo. Esta persona era de poca estatura, y su pelo, que
comenzaba a la altura del hombro de Koutarou, se removía por el viento. Su cabello tenía un precioso
color dorado, como si fuera la misma luz del sol.
—…
—…
191
Los dos se quedaron sin habla mientras el viento les golpeaba. Como era verano, el viento se sentía
agradable y refrescante. El pelo dorado se desordenó y brillaba de forma intensa por los reflejos del
sol. Parecía la escena de una película, y Koutarou se quedó mirando a esa persona mientras el viento
se iba calmando lentamente.
—Hey, Theia.
El hermoso pelo dorado pertenecía a Theiamillis Gre Fortorthe, la chica a quien Koutarou había
llamado al tejado para que pudiera hablar con ella. Respondió a su llamada y giró la cabeza para
mirarlo. Parecía un ángel que había descendido del cielo, con sus rasgos faciales, sus ojos de color
azul claro y su pelo dorado.
—¿Creerás todo lo que te voy a contar?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Porque quiero contarte algo que nadie creería en situaciones normales.
—¿Acaso nuestra relación es normal?
—Yo diría que no.
—Entonces puedes decirme lo que quieras sin problemas. Si te pusieras serio y me dijeras que
mañana el sol saldrá por el Oeste te creería.
—Gracias, Theia.
Cuando Koutarou agradeció la confianza de Theia se separó de la valla y se giró hacia ella. Theia
respondió haciendo lo mismo. De esa forma, los dos se encontraban de cara el uno al otro, a una
distancia tan pequeña que casi se estaban tocando.
—Entonces, ¿por dónde debería empezar…?
—Empieza por el principio. No hay prisa.
—Ya veo. Tienes razón.
Había muchas cosas de las que quería hablar, de modo que la mejor forma de contárselo a Theia sin
causarle demasiada confusión era comenzar por el principio. Koutarou pensó en lo que había
provocado aquella situación compleja en que se encontraba ahora. Fue algo que ocurrió hace un año
y medio.
—Theia, ¿recuerdas cuando Clan y yo desaparecimos?
—Sí. Es imposible que lo hubiera olvidado. Fue cuando me di cuenta de que te amaba.
192
Theia se sonrojó ligeramente y entornó los ojos. Viendo su linda expresión, Koutarou casi se olvida de
lo que estaba diciendo. Sin embargo, este era el momento de dar una explicación, por lo que refrenó
su corazón y prosiguió.
—El problema fue nuestro destino.
—Dijiste que viajasteis a un mundo distinto.
—Sí. Dije que fue un destino un poco problemático, pero lo dejé así.
—¿Entonces a dónde fuisteis?
La expresión de Theia se volvió turbia. La espada de Koutarou, su extraño comportamiento con
Elfaria, los distintos programas instalados en la Caballero Azul de antemano… Con todas esas cosas
en la mente, Theia sintió una sensación de ansiedad.
—…Al Fortorthe de 2.000 años en el pasado. Y allí… conocí a la Princesa Plateada.
—¿C-cómo…?
Theia abrió los ojos todo lo que pudo.
Lo que había dicho Koutarou superaba con creces su imaginación. Simplemente había sospechado
que Koutarou viajó al pasado, pero 2.000 años atrás y haber conocido a la Princesa Plateada estaba
completamente fuera de su abanico de posibilidades.
Al escuchar la historia, Theia llegó a una conclusión. Sin embargo, se trataba de algo que había
deseado en el pasado, y se sentiría inquieta si Koutarou lo mencionaba ahora.
—Me interpuse en el encuentro entre la Princesa Plateada y el Caballero Azul. Por eso tuve que
ocupar su lugar.
La explicación de Koutarou confirmó la conclusión de Theia.
—¡¡Koutarou, espera!!
Theia lo interrumpió con la cara pálida. Entonces se lanzó sobre Koutarou a tanta velocidad que casi
se muerde la lengua. Para ella, estaba a punto de pasar algo que nunca debería ocurrir.
—¡Entonces si lo que has dicho es cierto, ¿la leyenda del Caballero Azul de Fortorthe se refiere a ti?!
—Sí. Al final no pudimos encontrar al verdadero Caballero Azul, así que tuve que hacer su papel
durante todo el tiempo. Si no, la historia habría cambiado y no habríamos podido regresar.
—¡¿Sabes lo que significa eso?!
193
Theia tiró de la ropa de Koutarou con los ojos llenos de lágrimas, haciendo que su camisa blanca se
arrugara entre sus dedos. La tristeza de Theia era muy profunda.
—¡¡Eso significa que tú eres el verdadero Caballero Azul!!
—Solo soy un sustituto.
—¡No! ¡No entiendes nada!
Theia negó con la cabeza mientras seguía derramando lágrimas. Éstas salieron volando y su pelo se
despeinó. Los dos reflejaban la luz del sol y brillaron.
—¡¿Cómo habría podido un sustituto acercarse tanto a la Princesa Plateada?! ¡¿Por qué habría
confiado a un sustituto la Signaltine, una espada que controlaría el destino del país?! ¡Nunca hubo
otro Caballero Azul!
Koutarou se había llamado a sí mismo sustituto, pero Theia, que conocía mejor la leyenda que él,
sabía que no hubo nadie más desde el principio. La misteriosa aparición del Caballero Azul, el motivo
por el que tuvo que marcharse, su armadura y armas mágicas y muchas otras cosas. Todo adquiría
sentido si se asumía que el Caballero Azul había venido de una época distinta.
—¡¡Piensa en ello!! ¡¿Salvaste a la Princesa Plateada solo porque eras un sustituto?! ¡No fue así,
¿verdad?! ¡¡Ella lo sabía y por eso te amaba!! ¡¡No era tan ingenua para dejarse engañar por tu
actuación!!
Y la mejor prueba de todas eran los sentimientos hacia él de la Princesa Plateada, Alaya. Era
imposible que una princesa legendaria se hubiera enamorado de un actor. Alaya se había enamorado
del Caballero Azul, de Koutarou, porque los había protegido desesperadamente a ella y a los demás
hasta el final.
—¡Ella es igual que yo! ¡Se enamoró de ti por quién eres! ¡Por eso te confió la Signaltine! ¡¡Eres sin
duda el Caballero Azul!!
Theia también amaba a Koutarou. Además le había confiado una espada, como Alaya. Sabía
perfectamente el dolor que ella habría debido sentir; no existía ningún sustituto para Koutarou en todo
el universo.
—¿Yo soy… el de verdad…?
—¡Sí! ¡Lo eres! Tú eres el Caballero… el Caballero Azul…
Las palabras de Theia comenzaron a convertirse en sollozos. Incapaz de continuar hablando, se cayó
al suelo y puso sus manos sobre el tejado, llorando.
—¡¡Uuaaaaaaaah, uaaaah, aaaaaaaaah!!
Sus lloros estaban llenos de una fuerte tristeza.
194
—Theia… ¿por qué estás llorando?
La reacción de Theia fue una sorpresa para Koutarou. Pensaba que se habría decepcionado o
enfadado, pero no esperaba que llorase de esa forma.
—¡Porque… porque, eres el Caballero Azul!
Theia cerró las manos, arañando el suelo de cemento. Las lágrimas caían por sus mejillas y su voz
denotaba una gran tristeza.
—¡El Caballero Azul es el caballero de la Princesa Plateada! ¡Alguien como yo no tiene ninguna
oportunidad contra ella! ¡No me querrás! ¡Solo te convertiste en mi siervo debido a tu lealtad hacia la
Princesa Plateada, ¿verdad?!
Para ella, Koutarou ya no era un caballero normal que podría encontrarse en cualquier parte. Quería
que su relación con él fuera sencilla, provocada por un encuentro casual, y que poco a poco su
relación se viera reforzada.
Pero ahora entendió que Koutarou era el Caballero Azul. El caballero que manifestaba lealtad hacia la
Princesa Plateada y que seguía protegiendo a la familia real. Eso significaba que lo que había entre
Theia y él no era lo mismo que lo que hubo entre la Princesa Plateada y el Caballero Azul.
Theia no creía que fuera alguien que pudiera sobrepasar a la princesa legendaria y por eso pensaba
que Koutarou solo la estaba protegiendo debido a su lealtad por la princesa, no por su lealtad hacia
ella. Admitir que Koutarou era el Caballero Azul era lo mismo que reconocer que era una persona
fuera del alcance de Theia.
—Theia…
—¡¿Por qué, por qué eres el Caballero Azul?! ¡Nunca podré competir contra la Princesa Plateada! No
una chica egoísta e inmadura como yo… ¡¡Uuaaaaaaaaah!!
Theia rompió a llorar de nuevo y su pequeño cuerpo se puso a temblar. Sus gritos eran muy fuertes,
sus lágrimas caían al suelo y unos fuertes sollozos sacudían su cuerpo.
—Theia.
Koutarou se agachó a su lado y le tocó el hombro con dulzura.
—¡No necesito tu compasión! Yo… ¡yo te quería! ¡No al Caballero Azul, sino a ti! Y ahora… ahora…
Theia se quitó de encima la mano de Koutarou y continuó llorando. En el pasado había deseado tener
al Caballero Azul a su servicio, pero ahora había aparecido justo cuando menos lo necesitaba. Lo que
ella deseaba en ese momento no era al caballero legendario; quería a Koutarou, con quien siempre
había estado. Se trataba de un giro horrible del destino para ella.
—Theia, escucha. No lo has comprendido.
195
Koutarou entendió el malestar de Theia y se dirigió a ella en un intento de aclarar el malentendido.
Tenía que conseguirlo como fuera.
—¡No quiero escuchar! ¡No necesito que me tranquilices! ¡Da igual cuánto te esfuerces por
disimularlo, sigues siendo el Caballero Azul!
Sin embargo, Theia no quería escuchar. Su rival era la Princesa Plateada. Cuando se enteró de eso
fue arrastrada por una conmoción enorme y su corazón se cerró. Pero eso preocupaba a Koutarou,
que trataba de contarle desesperadamente cómo se sentía.
—Piénsalo, Theia. Volví a esta época, donde tú estás. Si todo fuese como dices, ¿por qué estaría
aquí? ¿No me habría quedado junto a su majestad Alaya?
En el momento que escuchó esas palabras, el cuerpo de Theia se congeló y dejó de llorar al mismo
tiempo. Era exactamente como él había dicho; si realmente amaba a Alaya no habrían existido
motivos para regresar a la Tierra. Sencillamente podría haber ocultado el lugar de donde provenía y
quedarse allí, pero aun así, Koutarou regresó.
—Su majestad me pidió que me quedara en Fortorthe y que sirviera a la familia real, pero rechacé su
oferta.
Theia apoyó las manos sobre el suelo y se levantó. Entonces inclinó lentamente hacia arriba la
cabeza y se quedó mirado a Koutarou. Su cara era un desastre, empapada por las lágrimas.
—…¿Por qué? ¿Por qué volviste?
Theia preguntó. Se podía ver en sus ojos una débil esperanza y la ansiedad que le dominaba.
Koutarou alargó el brazo para limpiar las lágrimas de Theia y sonrió.
—Porque os hice una promesa.
—Promesa… ¿De qué estás hablando?
Theia intentó recordar la promesa a la que se refería y parpadeó varias veces. Al hacerlo, las
lágrimas que aún no se había quitado empezaron a caer de nuevo por sus mejillas.
—Fue en Navidad. Todos hicimos una promesa entonces, ¿no te acuerdas?
Koutarou mostró una sonrisa de vergüenza mientras le explicaba en qué consistía la promesa.
—Todos prometimos hacer que la función fuese un éxito.
—Eso… ¿así que te comprometiste a cumplir algo como eso…?
196
La promesa que hicieron en Navidad y los lazos que forjaron en ese entonces fueron el motivo del
regreso de Koutarou a la Tierra. En efecto, la Princesa Plateada era una persona maravillosa, alguien
a quien Koutarou quería ser de ayuda, a quien no dudaría en servir. Sin embargo, a pesar de ello,
Koutarou no había olvidado la promesa y los lazos que había dejado atrás en la Tierra. Por eso
rechazó la oferta de la princesa y volvió.
Esta podía haber sido la primera vez que él, que se distanciaba siempre de los demás, había
deseado estar con otras personas.
—Oh, y además, has dicho que soy el caballero de su majestad Alaya, pero te equivocas.
—¡¡¿Cómo puede ser?!! ¡Eres el Caballero Azul, ¿no?!
—Estaba actuando como un caballero, aunque no tenía el título. Por eso oficialmente nunca fui su
caballero.
—Entonces…
—Sí. Solo existe una persona en este mundo que me haya hecho su caballero.
Koutarou miraba directamente a Theia y dijo el nombre de su dueña.
—Theia, tú eres mi única princesa.
—K-koutarou…
Las lágrimas empezaron a salir de nuevo, pero ya no eran de tristeza, sino de alegría.
—No llores.
—¡No estoy llorando! ¡Estoy riendo! ¡Por tu estupidez, por supuesto!
—¿Estupidez?
—¡¡Eso es, estupidez!! ¡Era la Princesa Plateada, ¿sabes?! ¡¡La legendaria princesa y emperatriz!!
¡¡Rechazaste su oferta y volviste aquí!! ¡¿Cómo se te puede considerar de otra forma que no sea
estúpido?!
Aun llorando, Theia empezó a golpear el pecho de Koutarou. La fuerza de sus puños era muy débil,
pero no así sus emociones. Koutarou sintió la sinceridad y las cálidas emociones de Theia que le
transmitía cada vez que lo golpeaba.
—No me llames estúpido todo el tiempo. Voy a empezar a creer que realmente lo soy.
—¡¡Eres estúpido!! ¡¡Nos elegiste a nosotras en vez de a una persona legendaria!! ¡¡Y además
elegiste jurar lealtad a una mujer de pecho plano y egoísta!!
197
Koutarou había escogido su propia vida por encima de la del Caballero Azul. Por eso regresó y juró
lealtad a Theia. Ella misma estaba increíblemente feliz por aquel hecho, como si se hubiese
confirmado el sentido de su vida.
—Un caballero tradicional de Fortorthe siempre cumple sus juramentos y promesas. ¿No es lo que se
merece una princesa como tú?
—¡¡Estúpido, idiota, eres un gran idiota!!
Incapaz de contener sus emociones, Theia abrazó a Koutarou y empezó a llorar con más fuerza.
Rodeó el cuello de Koutarou con sus brazos y se presionó contra él.
Theia me necesita…
Koutarou también abrazó a Theia con delicadeza. Quería que supiera que él también la necesitaba.
—Puede que pienses que fue estúpido, pero me alegro de haber vuelto.
El pequeño cuerpo de Theia cabía perfectamente entre los brazos de Koutarou.
—Porque así podré protegerte con mis propias manos… Es mejor mantener cerca a aquellas
personas que aprecias y protegerlas.
Cuando la abrazó, sintió como si la estuviera protegiendo. Protegiendo a una persona que había
arriesgado su vida por él. Esa sensación llenó a Koutarou de una gran alegría.
—Entonces protégeme… Toma esa responsabilidad y hazlo hasta el final…
Theia murmuró y cerró los ojos. Había encontrado a alguien a quien no solo podía confiar su cuerpo,
sino también su mente. Estaba feliz por haber sido capaz de conectar con él emocionalmente.
—Y… solo cuando nos hayas visto tener una vida feliz y plena, entonces podrás descansar en paz…
Siendo abrazada por Koutarou, pudo sentir claramente que el lugar donde pertenecía se encontraba
aquí. Al igual que ella y las otras chicas necesitaban a Koutarou, él las necesitaba a ellas. Aquellos
lazos y sentimientos eran ciertamente más fuertes que el propio destino.
—…Como desee, princesa.
—Mm… muy bien…
Por eso Theia pudo creer que, aunque en el futuro le esperasen más adversidades, Koutarou y las
chicas del apartamento 106 tendrían una vida feliz.
198
Parte 2
Para una adolescente como Shizuka no sería una exageración decir que mantenerse bella era su
máxima prioridad. Gracias a la práctica de las artes marciales, su figura no consistía un problema. Sin
embargo, ella era consciente de que había bajado la guardia y que comió demasiado desde la batalla
de hacía unos días. La razón por la que pensaba eso era que cuando caminaba por el suelo de su
apartamento, éste crujía de vez en cuando. Por eso empezó a preocuparse de que estuviera
engordando en algunas partes de su cuerpo, aunque su figura no se viera afectada.
De modo que inmediatamente después de salir de la ducha sacó una báscula de su armario. El único
momento que tenía para pesarse era cuando su compañera de piso, Maki, se estaba dando una
ducha.
—…Muy bien.
Después de prepararse, Shizuka colocó tímidamente un pie encima de la báscula.
El aparato que había estado utilizando desde hacía más de diez años tenía un medidor analógico,
algo poco común en estos días. Su mejor peso había sido 46 kilos. Comparándose con sus
compañeras de la misma estatura era un peso ligeramente mayor, pero se debía a que ella tenía más
musculatura de la normal, gracias a sus artes marciales. Ahora que había comido demasiado,
Shizuka estaba preparada para ver un total de unos 48 kilos.
—¿Eh?
Pero en cuanto puso los dos pies sobre la báscula, la aguja despegó acompañada por un ruido sordo.
La escala llegaba hasta 200 kilos, pero la aguja apuntaba por encima de esa cantidad.
—Oh, está estropeada… Voy a tener que conseguir una nueva… Aah~, una extra cara…
Shizuka supuso que la báscula debía de estar rota y dejó caer los hombros. Después de todo, estar
por encima de los 200 kilos era imposible.
Pero Shizuka no sabía una cosa.
En su interior vivía un dragón de 25 metros de altura, y su peso ni se acercaba a los 200 kilos.
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