Parte 2

 La Gran Invocación

Parte 1

Sábado 22 de mayo

Kiriha y las chicas estaban teniendo bastantes problemas con los robots, pero para Koutarou era una

batalla perfecta. De lo que carecían las chicas era de poder de ataque absoluto, precisamente la

especialidad de la Signaltine. Además, aunque los robots eran rápidos y tenía una cooperación

excelente, no disponían de armas que pudieran atravesar la armadura de Koutarou, una defensa que

consistía en una barrera de distorsión espacial y otra de magia. Esto era gracias a que los robots

habían sido diseñados para ser multifunción, y por tanto las armas que utilizaban eran producidas en

masa. Comparados con Koutarou, que solo utilizaba equipamiento especialmente diseñado para él,

no tenían ninguna oportunidad de ganar. Se parecían a Maya, pero no se acercaban ni por asomo a

lo que ella había sido. Se podría decir que los robots se encontraban ahora mismo en la misma

posición que Kiriha y las chicas, aunque si él hubiera sido su enemigo en vez de los robots habrían

vencido con facilidad. Era como un tipo de juego piedra-papel-tijera, cada uno con sus habilidades

especiales.

—¡Y con ese hacen cinco!

Koutarou blandió su Signaltine y cortó a un robot en dos sin esforzarse lo más mínimo. Si su

oponente hubiera sido un humano se habría contenido a la hora de atacar, pero en ese momento no

hacía falta. No tenía ningún problema en poner toda su fuerza en cada golpe si se trataba de luchar

contra máquinas, y además estaba furioso.

Y en cuanto Koutarou se fijó en el sexto robot…

—…Como esperaba, los Caballeros Mecánicos por sí solos no son rival para ti.

Pudo escuchar una voz familiar que provenía de detrás de los diez robots restantes. Entonces vio un

gigante hecho de acero que alcazaba como mínimo los cinco metros de altura.

—Por fin has venido, Elexis.

—Me recuerdas. Eso me alegra, Koutarou.

La cabeza del gigante se deslizó ligeramente hacia arriba al mismo tiempo que la armadura del

pecho. Al otro lado de esa pared de acero se encontraba la cara que Koutarou recordaba. Él era el

antiguo prometido de Ruth y el director general de DKI, Elexis Borannam. Elexis lo saludó como si se

tratase de un amigo con una sonrisa agradable y distinguida.

—Pues a mí no… Parece que has estado haciendo lo que has querido, Elexis.



Koutarou lo observaba con una mirada dura. No había forma de que pudiera mantenerse tranquilo

mientras se enfrentaba al hombre que causó que las chicas resultaran heridas. Para él las chicas

eran como el sol, la luz que le iluminaba cada día, y ahora esas chicas estaban heridas y tiradas en el

suelo. Era como si Elexis le hubiera arrebatado la luz de su mundo, algo que Koutarou no podía

perdonar.

—En realidad no deseaba hacerlo. Hacer daño a una mujer no es elegante después de todo. Sin

embargo, fue algo necesario para vencerte.

—¿A mí?

—Sí. Tú eres el mayor obstáculo en el camino para derrocar a su majestad Elfaria y a la princesa

Theiamillis. Y por encima de todo, no podré cumplir mi objetivo si no acabo contigo.

La creación de los robots y enviarlos para luchar contra las chicas se había llevado a cabo con el

único objetivo de derrotar a Koutarou. Gracias a su experiencia del pasado, Elexis consideró al chico

como su primera prioridad. Si él junto a los militares intentaban atacar a la emperatriz y a la princesa,

Koutarou se interpondría en su camino, de modo que en ese caso acabar con él desde el principio

disminuiría los riesgos. Ese era el juicio de Elexis sobre la situación.

—Tú vives bajo el antiguo y honrado código de la caballería. Aunque creo que ese espíritu tuyo

merece respeto, en lo que se refiere a atacarte, tener como primer objetivo a las chicas es lo más

efectivo. Será difícil que ganes si mientras tanto tienes que proteger a tus amigas.

—Así que ese es tu plan…

Koutarou tenía frente a él a Elexis y sus diez robots. El resto de los soldados del golpe que habían

sido derrotados en combate aguardaron hasta este momento para seguir avanzando, a la vez que

evitaban a Koutarou. Su objetivo eran las chicas para prevenir que Koutarou pudiera retirarse; el

Caballero Azul tendría que vencer a Elexis y los robots impidiendo el avance de los soldados. Para

llegar a aquella situación, Elexis había realizado un ataque a gran escala sobre las chicas del

apartamento 106. Desplegó una fuerza mayor de lo que Kiriha había predicho debido a que iba tras

Koutarou, no tras Theia o Elfaria. No le importaba si dejaba pruebas de que realmente su objetivo era

el chico, puesto que una vez lo hubiera eliminado podría dedicarse tranquilamente a perseguir a las

dos miembros de la realeza de una forma adecuada.

—Ahora, vamos a comenzar, Koutarou-kun. No te queda mucho tiempo.

—…Incluso después de 2.000 años sigues siendo mi oponente más problemático, Dextro…

Koutarou aumentó la fuerza de su agarre sobre la Signaltine y apuntó la espada hacia el gigante, en

cuyo interior se encontraba Elexis.

116

Parte 2

La batalla progresaba a favor de Elexis y el motivo era el gigante del que estaba haciendo uso.

—¡Kuh, es muy duro!

—Por supuesto. Después de todo lo fabriqué solo para vencerte.

A pesar de que la batalla acababa de empezar, la armadura de Koutarou ya había recibido una gran

cantidad de daño. Koutarou se había visto forzado a defenderse únicamente y además bajo una

capacidad de ataque feroz. Ese día era más fuerte que en su última batalla gracias a que llevaba su

armadura, pero aun así se encontraba en desventaja. Esto era una prueba clara de lo poderoso que

era Elexis.

—¡Y los movimientos de los robots ahora son completamente diferentes!

—Me llevó mucho tiempo hasta que fui capaz de conseguir que hicieran eso.

El gigante de acero que controlaba Elexis era un modelo nuevo que había sido modificado utilizando

los datos que él obtuvo sobre Koutarou durante su última batalla. Además de las mejoras en general,

este gigante que había recibido el nombre de Warlord contaba con una característica única: la

habilidad de luchar en cooperación con los Caballeros Mecánicos.

Las batallas en el Fortorthe moderno consistían mayoritariamente en conseguir atravesar la barrera

del enemigo. En su última pelea, Koutarou prácticamente había lanzado un ataque sorpresa sobre

Elexis, para lo cual no tuvo que utilizar ninguna defensa. Sin embargo, sabiendo de antemano que se

produciría una batalla, Koutarou no tendría otra opción que disponer de una barrera. Por eso se

necesitaban medios para conseguir atravesarla.

Y fue entonces cuando Elexis pensó en un ataque sincronizado. Mientras que los ataques simples no

podrían producir una brecha en las defensas de Koutarou, uno simultáneo sí tendría esa posibilidad.

Si conseguía que varios ataques golpearan en el mismo momento sería muy complicado mantener

activa la barrera, pero algo así era imposible para los humanos. Por eso fueron creados los

Caballeros Mecánicos.

Estos robots podrían cooperar entre sí a un nivel muy alto, pero su verdadero poder solo podía ser

liberado cuando se encontraban junto a Warlord. El computador avanzado de apoyo estratégico que

tenía el gigante calculaba el momento exacto al que debía ser disparada cada arma, y enviaba

instrucciones a los Caballeros Mecánicos. Con esta habilidad, los robots atacaban de forma

sincronizada con Warlord, y aunque los ataques del gigante por sí solos ya eran bastante poderosos,

un ataque simultáneo se convertiría en algo muy peligroso. Y además como los robots cambiaban sus

armas constantemente bajo las órdenes de Warlord, sus ofensivas eran variadas y difíciles de

predecir. Se trataba de un enemigo problemático para Koutarou, aún más si estaba luchando en

solitario.

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Aunque, a decir verdad, Warlord por sí solo no era tan fuerte. Si no contara con la ayuda de los robots

no tendría opciones contra Koutarou. Se podía decir lo mismo de los Caballeros Mecánicos. Sin

embargo, aunque su fuerza individual no era suficiente para dañar a Koutarou, si trabajaban juntos

como una sola unidad deberían poder ganar. Elexis ideó su estrategia para conseguir contener el

poder de Koutarou y llevar la victoria por un camino más sencillo. Este fue el plan que había

inventado para vencer a su enemigo.

—Uno para todos y todos para uno, ¿no crees que eso encaja con un caballero?

La voz de Elexis salía de los altavoces que tenía Warlord instalados en la cara. Sus ataques eran

feroces en contraste con su tono de voz calmado.

El arma de rayos de gran calibre que tenía Warlord en su mano izquierda rugió como una fuerte

explosión. Los rayos se dispersaron alrededor de una gran extensión y asaltaron a Koutarou.

—¡Tch!

Intentó evadirlos, pero era difícil esquivar el disparo de un arma de rayos diseñado para cubrir una

zona extensa. Además, con los robots entorpeciendo sus maniobras evasivas, no fue capaz de evitar

por completo el impacto, incluso con la ayuda de su armadura.

[Carga del campo de distorsión aumentada. Mensaje de alerta. Debido al daño continuo, el campo de

distorsión excederá los niveles máximos tolerables dentro de un minuto. La lucha continua es

peligrosa, se aconseja una retirada inmediata.]

—¡Lo sé! ¡Pero no puedo retroceder, así que haz algo!

[Como desee, señor.]

Tras haber sido golpeada por los rayos, la armadura de Koutarou estaba soltando mensajes de alerta.

Los daños se iban produciendo uno tras otro y solo daba predicciones fatídicas. Los gritos de

Koutarou habían cesado, pero sentía lo mismo que la inteligencia artificial.

Warlord había sido construido exclusivamente para luchar contra él. Para conseguir golpear al rápido

Koutarou, estaba equipado con láseres que se movían a la velocidad de la luz, escopetas de rayos

que cubrían una gran extensión, misiles guiados y más. Como eran armas que priorizaban la

precisión tenían menos potencia que las armas portátiles de la misma clase, sin embargo tenían el

poder suficiente para vencer a Koutarou. También había que tener en cuenta que los Caballeros

Mecánicos lo apoyaban y lanzarían un ataque sincronizado si fuera necesario.

Koutarou había luchado contra innumerables enemigos que eran poderosos en sí mismos. También

había peleado contra un grupo de oponentes débiles, pero esta era la primera vez que lo hacía contra

un grupo de enemigos fuertes. Le era muy complicado atacarlos, y cuando acalló los gritos de la

inteligencia artificial de su armadura sintió que él padecía los mismos daños. Tampoco podía

concentrarse exclusivamente en el enemigo que tenía frente a él, por lo que Koutarou entró en

pánico.

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Si sigo así todo el mundo va a… ¡¿Qué debería hacer?!

Koutarou se movió, esquivando mientras se centraba en su mano izquierda para crear una bola de

fuego con la muñequera de Kiriha. La bola salió disparada hacia los soldados del ejército. Sin

embargo, como estaba en medio de una acción evasiva no pudo apuntar adecuadamente, y como

resultado la explosión que produjo la bola de fuego no tuvo el efecto que esperaba. No fue suficiente

para detener a los soldados, ya que como solo sufrieron daños de poca importancia pudieron

continuar hacia donde se encontraban las chicas.

—¡Kuh, una más!

Koutarou intentó atacar una vez más en medio de la confusión, pero no le permitirían hacerlo tan

fácilmente.

—Tu enemigo soy yo.

Los láseres de Warlord dibujaron un surco en el suelo frente a Koutarou y crearon una gran grieta.

Sintiendo el peligro, Koutarou saltó sobre la grieta y activó sus impulsores.

—¡No te entrometas, Elexis!

—¡Me temo que tengo que hacerlo!

Los impulsores escupieron el combustible quemado y cambiaron la dirección que llevaba el cuerpo de

Koutarou. Entonces activó los propulsores de emergencia de sus piernas y aceleró hacia Warlord.

—¡No puedo malgastar el tiempo contigo! ¡Acabaré con esto ahora mismo!

Los soldados se encontraban muy cerca de las chicas. Si eran atrapadas por los enemigos, Koutarou

no tendría más remedio que rendirse, de modo que debía darse prisa en terminar la batalla.

—¡Concentra las barreras en el centro, propulsores al máximo!

[Como desee, señor.]

Koutarou cargó hacia delante todo lo rápido que pudo mientras preparaba la Signaltine. Su apariencia

era la de un meteorito con una larga estela azul.

Koutarou-kun, aunque tengas esos poderes ridículos no eres más que un humano…

A pesar de que Koutarou se dirigía hacia él a una velocidad terrorífica, Elexis se sentía aliviado. Todo

había salido como había planeado. Siempre estaba pensando en qué hacer para que Koutarou no

pudiera utilizar la máxima capacidad de sus poderes, y al final se le ocurrió la idea de utilizar su lado

humano.

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Acabaría con la serenidad de Koutarou haciendo daño a sus amigas, estableciendo un límite de

tiempo que lo presionara y poniendo en peligro a las chicas con los soldados. Como resultado,

Koutarou se vería obligado a apresurarse en terminar con la batalla y no podría utilizar toda su fuerza.

Koutarou tenía que atacar obligatoriamente sin esperar a que Elexis dejara un hueco en su defensa,

mientras que al mismo tiempo él mostraba a su enemigo una infinidad de oportunidades. Sus

movimientos también se volvieron muy simples al tener que utilizar el camino más corto posible.

Sabiendo eso no había miedo a ser derrotado. Elexis disparó con calma el lanzagranadas acoplado a

la parte inferior de su arma de rayos. El disparo se dirigió directamente a Koutarou con un sonido

grave.

—¡¡Uno de esos no va a detenerme!!

Koutarou continuó volando en la misma dirección, ignorando la granada. Si solo se trataba de una, su

armadura debería ser capaz de resistir aunque consiguiera atravesar la barrera. Pensando de ese

modo, Koutarou se dirigió hacia la granada.

—…En condiciones normales probablemente habría tratado de esquivarla.

La granada se movía despacio. Koutarou debió haberse dado cuenta de la intención que había tras

ello considerando que Warlord estaba diseñado para acabar con él. Pero como estaba en un aprieto,

ese pensamiento nunca se le pasó por la cabeza.

La granada explotó antes de alcanzarlo. No, en realidad no fue una explosión, sino que se liberó un

objeto que había en su interior.

—¡¿Pero si esto es?! ¡Oh, mierda!

La granada no contenía explosivos, sino una red tejida con fibras especiales. Como Koutarou tenía su

barrera desplegada, la red se extendió por toda su superficie y envolvió a Koutarou completamente.

Se enredó y perdió el equilibrio para acabar cayendo al suelo.

—¡¡Guh!!

El fuerte impacto contra el suelo dejó sin aliento a Koutarou durante un momento. Entonces uno de

los robots le disparó, pero por culpa de la red no pudo moverse. Los rayos fueron impactando en él

uno tras otro.

Los disparos y el calor provocaron que la tierra y las piedras del suelo se levantaran alrededor de

Koutarou, ocultándolo temporalmente.

—¿Cómo ha ido…?

Elexis se quedó mirando el lugar donde se encontraba Koutarou sin bajar la guardia. Además utilizó

los sensores para rastrear sus movimientos. Había perdido en la anterior batalla debido a que se

relajó en una situación similar, de modo que ahora no iba a caer en el mismo error.

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—…¿Ha funcionado?

A medida que el viento fue disipando el polvo, Elexis pudo ver a Koutarou tumbado sobre un cráter

creado por los disparos. Según los sensores no se trataba de un holograma, sino del de verdad.

Entonces pudo relajarse finalmente porque había conseguido derrotar a Koutarou.

¿Habría vencido si Koutarou fuera el tipo de hombre que solo piensa en sí mismo…? Me alegro de

que fuera una persona solidaria…

Como Elexis había superado la parte más peligrosa de su plan pudo sentirse profundamente aliviado.

En términos de fuerza individual se encontraba muy lejos de Koutarou, y por eso si hubiese elegido

abandonar a las chicas él habría sido el que estuviera tirado en el suelo. Este era el riesgo de su plan,

pero Elexis depositó su confianza en la personalidad del chico y por ello salió victorioso. Aunque

suene extraño, Elexis fue recompensado por esta creencia.

—U-uuh…

Entonces la mano de Koutarou se movió ligeramente.

—¡¿Sigue vivo después de todo eso?!

Elexis no podía creer lo que veían sus ojos tras el monitor. Abrió rápidamente la escotilla del asiento

del piloto y lo confirmó directamente. No se había equivocado.

—¿Cómo puede ser…?

Los rayos de los Caballeros Mecánicos habían impactado en él directamente. La barrera de Koutarou

tendría que haberse sobrecalentado en un instante y después los rayos debían haberlo calcinado

hasta la muerte. Hasta la red que lo cubría se había quemado sin dejar rastro, pero Koutarou había

sobrevivido, y lo que es más, estaba tratando de levantarse. Elexis no podía creer lo que estaba

viendo.

—N-no puedo perder… N-no cuando todos están en peligro…

La Signaltine había protegido a Koutarou. Al sentir que su vida estaba en peligro, la espada desató

sus poderes mágicos para salvarlo y a cambio su brillo se debilitó considerablemente. La fuerza de su

resplandor era inferior a la tercera parte de lo normal. Tanto la espada como Koutarou estaban

exhaustos.

—¡U-uuaaaaaah!

Koutarou exprimió las últimas fuerzas que le quedaban. Se puso en pie utilizando la Signaltine como

apoyo.

¡Tengo que proteger a todo el mundo como sea!

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No podía quedarse en el suelo y abandonar a las chicas. Quería salvarlas, aunque eso le costara la

vida. Esta fuerte emoción fue lo que le permitió ponerse de nuevo en pie.

—E-Elexis… Voy a recuperarlas a todas…

Después de levantarse dirigió su mirada hacia Elexis. Le dolía cada parte de su cuerpo, pero el fuego

de sus ojos aún seguía presente. Era tan feroz que Elexis aguantó la respiración por instinto.

—…Espléndido, Koutarou-kun. Sinceramente me gustaría tener un amigo como tú, pero tu deseo no

se cumplirá. Has perdido.

Elexis hizo un movimiento y Warlord apuntó la espada de su mano derecha hacia la garganta de

Koutarou. Él ya no podía hacer nada; lo mejor sería mantenerse de pie.

—Todavía no… todavía…

—Si no puedes asumirlo entonces mira detrás de ti.

Elexis señaló hacia la espalda de Koutarou con su mano izquierda, todavía amenazándolo con la

espada.

—Tus preciadas amigas ya están bajo nuestro control. Ya no es necesario seguir luchando. Baja el

arma, será lo mejor para todos.

Koutarou miró hacia atrás como le habían dicho. Allí vio a los soldados del ejército en la zona donde

habían caído las chicas del apartamento 106. Habían llegado hasta ellas mientras se encontraba

tirado en el suelo.

—…Chicas… Yo, no lo conseguí…

Koutarou sintió una fuerte sensación de desesperación mientras veía a las chicas en el suelo

inconscientes. Uno de los soldados se acercó a ellas y miró las caras de todas hasta que encontró a

Sanae.

—¡…! ¡…!

Se encontraba demasiado lejos de Koutarou como para poder oírlo, pero el soldado estaba insultando

a Sanae. Tiró del pelo de la inconsciente Sanae para levantarla a la fuerza y después le propinó una

patada. Su delgado y delicado cuerpo cayó al suelo como una muñeca de trapo. Ese soldado había

recibido los ataques de Sanae durante la batalla y por tanto tomó represalias.

—¡¿Sanae?!

La venganza de los soldados no terminó allí. Empezaron a utilizar la violencia contra el resto de las

chicas.

—¡Elexis! ¡Detenlos ahora mismo! ¡¿Pero qué problema tienen ellos con las chicas?!

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Koutarou se dio la vuelta rápidamente hacia Elexis y le suplicó desesperadamente que detuviera a los

soldados. Él era la persona al mando y debería tener la autoridad y la responsabilidad de parar esas

represalias.

—Qué imagen más dolorosa. Por supuesto que voy a detenerlos ahora mismo. Pero… antes de eso

quiero que me digas una cosa. ¿Dónde están la emperatriz y la princesa?

La violencia de los soldados no había sido planeada por Elexis, sin embargo, aprovechó la situación

para interrogar a Koutarou.

—¡No pienso decírtelo!

—Entonces elige, Koutarou-kun. Tus amigas terrícolas o las extraterrestres problemáticas. Ni siquiera

hace falta replanteárselo, ¿verdad?

—¡¡Al infierno con eso!!

Elexis estaba prácticamente exigiendo a Koutarou que le entregara a Elfaria y Theia por la seguridad

de sus amigas. Pero ambas opciones eran igual para él; si entregaba a Theia y sus aliados, Sanae y

las chicas se salvarían, pero entonces Theia estaría en peligro. Por eso no fue capaz de escoger una

de las dos. Fuera extraterrestre o no, ese tipo de cosas no le importaban. Todas eran igual de

imprescindibles para él.

—¡Theia no es problemática! ¡No pienso venderla para complacerte!

—Entonces supongo que no se puede hacer nada. Simplemente quédate ahí y mira cómo les dan

una paliza a tus amigas.

Puñetazos, patadas, pisotones. Incluso había uno que sacó un cuchillo. La crueldad de los soldados

fue aumentando gradualmente y ya estaba empezando a sobrepasar lo que podía considerarse como

venganza. Era posible que solo se tratara de una actuación para amedrentar a Koutarou, pero incluso

así eran acciones que harían que cualquiera tuviera que apartar la vista.

—…T-tú…

Una ira y una frustración feroces por no poder hacer nada hicieron que Koutarou apretara los dientes

con todas sus fuerzas, hasta el punto de casi destrozarlos.

—…¿Pero qué significa para ti la vida de las personas…?

Algo dentro de su mente explotó. Cada vez que las chicas recibían un golpe sentía como si una parte

de él se rompiera en mil pedazos.

—Siempre me he hecho esa pregunta. Por eso decidí acabar con el reinado de su majestad Elfaria.

—¿Y por eso vas a utilizar la vida de las personas como si fueran peones? ¡¿Y aplastarlos con tus

armas?!

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—¡Sin esos medios no se puede cambiar el mundo! ¡Este mundo no es lo suficiente amable como

para cambiarlo sin alguna clase de sacrificio!

Elexis hablaba con efusividad. Esto también era algo doloroso para él, ya que tuvo que aplastar a

aquellos que prometió salvar para cambiar el mundo. Pero si no lo hacía todo seguiría igual. Era un

dilema con el que había estado conviviendo durante varios años, pero al final decidió cambiar el

mundo, aunque no era como si no le afectara.

Koutarou observó en silencio la apariencia de Elexis. Su agitación de antes parecía fingida. Koutarou

recobró su sosiego después de haber escuchado su resolución.

—…Nunca pensé que lo haría en medio de una batalla…

Koutarou murmuró con los ojos cerrados.

—¿De qué estás hablando?

Al darse cuenta del cambio de actitud, Elexis lanzó una mirada de sospecha a Koutarou. Los

soldados también lo advirtieron y dejaron de agredir a las chicas para poder prestar mayor atención

sobre lo que estaba ocurriendo.

—…Somos amigos, por eso no quería que se viera envuelto en nuestros problemas. Pensaba hacerlo

una vez que todo hubiera acabado y hubiéramos retornado a la tranquilidad…

Koutarou cerró el puño de su mano derecha, pero no lo hizo por rabia. En ese momento sentía

lástima y al mismo tiempo se sentía hundido por su impotencia.

—…Quería ir de excursión, comer algo rico, divertirme con todas, conseguir buenos recuerdos… Eso

era lo que quería…

—¡¿Pero de qué estás hablando, Koutarou-kun?!

Elexis estaba atónito por las palabras de Koutarou, pero de repente sintió una atmósfera

sobrecogedora producida por el tono sereno del chico. Esto le hizo sentirse inquieto.

—…De nada. Solo estaba pensando en lo estúpidos que fuimos. Unos estúpidos que no pudieron

detener una guerra que lleva en curso desde hace 2.000 años.

Koutarou levantó la mano y miró directamente a Elexis.

La luz volvió a los ojos de Koutarou, una luz intensa avivada por su fuerte creencia. Ahora había

fuerza en sus palabras. Ya no sentía pánico o cobardía, sino que había vuelto a ser el Koutarou fuerte

que había decidido luchar.

—Elexis, ¿no dijiste que no se puede cambiar el mundo sin sacrificios?

Koutarou se había llenado de determinación.

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Si no lo impedía, las chicas morirían. Para cambiar ese destino aceptó su propia impotencia y

estupidez y decidió salvar a las chicas utilizando cualquier método que estuviera en su mano. No se

negaría a realizar un sacrificio necesario, aunque éste consistiera en involucrar a un buen amigo en

su lucha como hizo Theia cuando regresó con él y las chicas.

—¡En efecto! ¡Así es la realidad!

—Entonces… ¿cómo fue tu decisión, Elexis?

La fría mirada de Koutarou atravesó a Elexis. Koutarou se preguntaba si tendría la misma

determinación que él.

—¡¿A qué te refieres?!

Elexis se vio presionado por la atmósfera que había alrededor de Koutarou y tuvo que esforzarse

para contener su nerviosismo. Tuvo que responder en voz alta para esconder su ansiedad.

—La decisión donde tú te convertirás en un sacrificio. ¿O eres una excepción en lo que se refiere a

sacrificios para cambiar el mundo?

—¡No sé qué es lo que pretendes, pero deja ya de resistirte inútilmente! ¡No puedes cambiar nada!

Koutarou trataba de hacer algo que Elexis no podía comprender. Para eliminar sus nervios, Elexis

tuvo que hablar aún más fuerte; ya estaba llegando al punto de no poder seguir escondiendo su

inquietud.

—Estás totalmente en lo cierto. No puedo cambiar el mundo. Yo no tengo ese tipo de poder.

Todos los poderes de Koutarou eran prestados. Su único poder era su habilidad con la espada, ya

que todo lo demás lo había obtenido gracias a otros. Había sido de esa forma hasta ahora y seguiría

siéndolo. Lo que estaba intentando hacer ahora tampoco era un poder suyo, pero Koutarou ya no

dudaría más. No le importaba si tenía que depender de los poderes de los demás o si parecía ridículo

siempre que pudiera salvar a aquellos que eran cercanos a él.

—No te lamentes, Elexis. ¡Nadie jamás podrá detenerlo!

Koutarou levantó su mano derecha y la apretó con fuerza. Al hacerlo, el dorso de su mano comenzó a

brillar y la luz dibujó una figura geométrica. Como la mano de Koutarou estaba cubierta por el

guantelete, la figura parecía como si se estuviera dibujando en la armadura.

—¡Por nuestra vieja promesa, por el encuentro que una vez juramos! ¡Responde a mi llamada y

aparece!

Koutarou habló en el idioma antiguo de Fortorthe, que se utilizaba en rituales. Por cada palabra que

pronunciaba, el brillo aumentaba y empezó a extenderse por los alrededores. Entonces el aire

comenzó a temblar.

125

—¡¿Qué es esto?! ¡¿Una distorsión espacial?! ¡¿Qué es lo que va a aparecer?!

Elexis no podía entender la situación y miró hacia su alrededor con una ansiedad creciente. Sus

subordinados hicieron lo mismo y se quedaron inmóviles, aterrorizados por la luz y el temblor.

El único que comprendía lo que estaba ocurriendo era la persona que siguió realizando la invocación,

Koutarou.

—¡Atraviesa una infinidad de distancia y tiempo y aparece, antiguo rey!

—¡¡Basta, Koutarou-kun!! ¡¿Te da igual lo que le pase a tus amigas?!

—¡Demasiado tarde!

Koutarou ignoró las peticiones de Elexis para que se detuviera y enseñó una sonrisa perturbadora

antes de gritar el último pasaje de su invocación.

—¡¡Sacude la luz y aparece!! ¡¡Gran campeador del purgatorio, Dragón Emperador del Fuego

Alnayaaa!!

En ese momento, la luz se hizo aún más intensa e iluminó todo el espacio que había a su alrededor.

Nadie podía ver; era como si hubieran sido enviados a un mundo de luz blanca.

—…Descansa, amigo. Este no es un acto estúpido, de hecho me siento honrado de que me

hayas llamado en un momento de necesidad.

Era una voz profunda y grave como el sonido de la tierra. En cuanto se escuchó aquella voz, la luz

que lo había cubierto todo empezó a concentrarse en un solo punto que se encontraba detrás de

Koutarou, en la dirección donde yacían las chicas. Koutarou se dio la vuelta para buscar al dueño de

la voz.

—¡Has venido!

La expresión de Koutarou se calmó un poco debido al alivio y a la nostalgia que sintió al ver al dueño

de esa voz. Como Alnaya tenía un aspecto inigualable debería ser fácil de encontrar. Sin embargo no

pudo verlo; mientras que Koutarou se preguntaba por qué, de repente volvió a sonar aquella voz.

—Por fin me has llamado, Caballero Azul.

La voz sonó mucho más cercana de lo que Koutarou había imaginado. Al girarse en esa dirección vio

a una de las chicas intentando levantarse.

—¡¿C-casera?!

La chica era la dueña de la Casa Corona, Kasagi Shizuka. Se levantó lentamente, puso las manos en

las caderas y sonrió con tranquilidad.

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—Ha pasado mucho tiempo. Me alegra verte bien.

La voz que Koutarou estaba buscando salía de la boca de Shizuka. Y su sonrisa en ese momento era

diferente de la habitual. Era una sonrisa poderosa y serena digna de un rey.

—¡¿Casera?! ¡¿Por qué estás…?!

Koutarou estaba confundido. Había invocado a un amigo que conoció en otro mundo hacía 2.000

años, no a Shizuka. Pero la voz provenía de ella y su sonrisa no era la suya.

—¡¿Es posible?!

Koutarou se dio cuenta de algo y utilizó su energía espiritual en su visión. Al hacerlo pudo

comprender qué era lo que le ocurría a Shizuka.

¡¡Así que era eso!! ¡¡Alnaya-dono está dentro de la Casera!!

Era el cuerpo de Shizuka, pero había otra alma superponiéndose a la suya. Koutarou pudo observar

su enorme cantidad de energía espiritual, y entonces los ojos de Shizuka se tornaron de color rojo.

Koutarou ya había visto esos ojos antes.

—¡Tú! ¡No te muevas!

—¡Deja de resistirte!

Sin embargo, los soldados no lo comprendían.

Fueron rodeados por una luz intensa y tuvieron miedo de lo que ocurriría a continuación. Pero al final

no pasó nada, y cuando esa escena de susto terminó simplemente vieron a una chica levantarse del

suelo.

Así era como ellos percibieron los acontecimientos. Por eso colocaron sus manos encima de Shizuka

para impedir que se moviera.

—¡No me toques de ese modo, escoria! ¡Solo mi amigo puede hacerlo!

La expresión de Shizuka cambió a una de enfado y rugió a los soldados.

—¡¿Uwah?!

—¡¿Qué?!

A pesar de que ella no hizo nada más, los soldados que le habían tocado salieron volando.

Los ha lanzado solo con su espíritu… ¡¡Es genial!!

Al verlo, Koutarou se convenció de que aquella poderosa existencia estaba en el interior de Shizuka.

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—¡¡Grabadlo en vuestras mentes!! ¡¡Mi nombre es Alnaya, el orgulloso rey de los dragones y

señor del fuego!! ¡¡No lo olvidéis, incluso después de haber abandonado este mundo!!

Era el dragón legendario que había respondido a la llamada de Koutarou. El Dragón Emperador del

Fuego Alnaya.

Parte 3

Cuando Shizuka pronunció el nombre del dragón legendario, de repente fue rodeada por llamas de

color carmesí. El fuego no le hacía daño, sino que más bien parecía como si estuviera protegiéndola

al cubrir la superficie de su cuerpo. Tras unos segundos, las llamas desaparecieron y la forma de

Shizuka cambió increíblemente; se había transformado en algo que estaba entre un dragón y un ser

humano.

Tenía cuernos en la cabeza y sus ojos y su pelo se habían vuelto de color rojo. De su boca

sobresalían unos colmillos afilados propios de una bestia, sus brazos y piernas se cubrieron de

escamas carmesí, como si fuera una armadura. Además, en la espalda tenía unas alas de dragón y

una larga cola que salía de la parte baja de la cadera. Parecía el fruto de una unión entre dragón y

hombre.

—¡Caballero Azul, permíteme! ¡Aunque mi poder es limitado en esta forma, no seré derrotado

por seres corrientes como ellos!

—¡Todo tuyo!

—Y yo que me preguntaba qué podría ser. ¿Solo es un mutante? ¡Qué desesperado puedes llegar a

estar, Koutarou-kun! ¡Solo por el hecho de tener características de otros seres no hará que los

humanos se vuelvan más fuertes!

Elexis se había sorprendido en un principio, pero ahora había recuperado su compostura.

No pensaba que la transformación de Shizuka fuera una amenaza a tener en cuenta. Puede que

biológicamente su fuerza hubiera aumentado, pero seguía siendo un ser vivo. No sería rival para las

armas de Fortorthe y su protección. Ahora Shizuka les obligaría a luchar un poco más debido a que

era más poderosa, pero aun así los soldados deberían seguir siendo superiores.

—Yo también lo creo. En esta pequeña forma solo puedo utilizar una fracción de mi poder.

En ese momento Shizuka abrió la boca y escupió fuego. Sin embargo era demasiado caliente como

para llamarlo fuego, y además salió disparado a toda velocidad. Por eso, mejor que decir que escupía

fuego, lo correcto sería que se trataba de un cañón de plasma. El disparo de Shizuka atravesó el aire

con facilidad.

—¡Imposible!



Unos pequeños robots fueron destruidos en pedazos y cayeron delante de los estupefactos ojos de

Elexis. Estos pequeños robots eran armas automáticas diseñadas para proporcionar apoyo a los

soldados. En comparación con la tecnología de la Tierra serían como un vehículo ligero de asalto,

pero aunque los llamaban pequeños no eran en absoluto poco resistentes. Y varios de ellos habían

sido destruidos de un solo ataque. La mayoría se quedaron fuera de combate tras el disparo de

plasma.

—No he podido acabar con todos…

Shizuka no estaba satisfecha con el resultado y bajó los hombros como símbolo de tristeza. Sin

embargo, el bando que había sufrido el ataque se había quedado sin habla; todos los soldados

comprendieron que la chica que había frente a ellos no era algo que pudiera reconocer su sentido

común.

—¡Uwah, aaaaaaaah!

—¡No te acerques aquí!

Aquellos soldados que habían visto de cerca el poder de Shizuka cayeron en un estado de caos.

Reaccionaron de muchas formas distintas, unos huyeron, otros se quedaron paralizados en el lugar y

algunos dispararon sus armas aleatoriamente, pero todos tenían una cosa en común: su coordinación

había desaparecido.

—Umf. Veo que la calidad de los soldados ha descendido en estos últimos 2.000 años. Las

tropas de Alaya-dono habrían intentado luchar contra mí… dependen tanto de su tecnología

que han perdido la fuerza de voluntad…

Shizuka se movió hacia delante sintiéndose un poco asombrada por el comportamiento de los

soldados. Poseía una presencia regia mientras caminaba, y cada vez que daba un paso el suelo se

agrietaba. Su poder abrumador aún seguía presente a pesar de su aspecto.

—…Lidith, Fauna y Caris se habían separado de ellos, pero están aquí… y supongo que la

persona que estoy poseyendo debe ser Mary… También noto otra presencia que me trae

recuerdos… ¡Ya veo, entonces supongo que era inevitable que yo también apareciese aquí!

Shizuka avanzó para proteger a las chicas, ya que si no se acercaba sería posible que recibieran

algún disparo de los soldados.

—¡Os haré pagar por hacer daño a mis amigos!

—¡Monstruo!

Elexis cerró rápidamente la escotilla de Warlord al darse cuenta de lo fuerte que era Shizuka y del

estado en que se encontraban sus subordinados. Si no hacía nada para impedirlo, sus soldados

serían aniquilados, de modo que Warlord y los Caballeros Mecánicos debían acabar con ella de

inmediato.

130

—¡Cambiad el modo de coordinación! ¡A anti-infantería~ no, a anti-armamento móvil!

[Entendido, cambiando el modo de coordinación. Objetivo fijado como arma móvil. Optimización de

tácticas, cambiando al arma prefijada F.]

Elexis retomó el control de Warlord y dio órdenes a la inteligencia artificial. Esto solo duró unos

instantes, pero como Elexis estaba viendo cómo Shizuka atacaba a los solados entró en pánico.

Debía impedir que sus hombres fueran masacrados porque para él eran compañeros que compartían

el mismo objetivo.

—¡Vamos, Warlord!

—¡Tu oponente soy yo, Elexis!

Pero cuando Elexis se disponía a acercarse a los soldados, Koutarou bloqueó su camino.

—¡Quítate de en medio, Koutarou-kun! ¡No tengo tiempo para entretenerme contigo!

—Me temo que tengo que hacerlo… Eso es lo que me dijiste hace un momento.

De algún modo Koutarou consiguió mantener en pie su cuerpo tambaleante y apuntó su espada hacia

el gigante robótico. Puede que estuviera muy herido, pero aún residía un fuego feroz en sus ojos.

—¡¿Y qué vas a hacer?! ¡¿Vas a pelear en ese estado?! ¡¡Detén esta acción absurda y sal de mi

camino!!

—Vamos, así no es como funciona, Elexis.

Koutarou sonrió. No podía permitirle ir, ya que su objetivo era evidentemente Shizuka, aunque ella

era fuerte. Si lo hacía, utilizaría a las chicas como rehenes. Debido a ese pensamiento, Koutarou

luchó desesperadamente para mantenerse consciente y se interpuso en el camino de Elexis.

—¿No estabas preparado para hacer sacrificios por tu meta? Olvida a tus subordinados y lucha

conmigo. Se supone que la información sobre el paradero de Theia y Elfaria y acabar con mi vida

eran tus objetivos.

—Así que la vida de nuestros compañeros está en riesgo, tanto para ti como para mí…

Al darse cuenta de la intención de Koutarou, Elexis cambió de idea. En esta situación Koutarou nunca

se rendiría; tendría que vencerlo antes de hacer nada.

—Muy bien, acabemos con esto, Koutarou-kun.

—No creas que las cosas van a salir igual que antes.

131

Los dos prepararon sus armas. La batalla estaba procediendo en la dirección que Koutarou deseaba

gracias a la invocación de Alnaya. Estaba decidido a hacerlo, aunque sabía que su armadura había

sido gravemente dañada y no podría luchar contra Elexis durante mucho tiempo.

—…Al menos tengo que conseguir el tiempo suficiente para que Alnaya-dono despeje ese lado…

Todas, prestadme vuestra fuerza…

Koutarou murmuró mientras aferraba fuertemente la Signaltine. Ese era el momento de utilizar todos

los poderes a su disposición, aunque no era necesario que le pertenecieran a él. Incluso un poder

prestado sería de gran ayuda. Siempre que sirviera para proteger a sus seres queridos, Koutarou

utilizaría cualquier poder.

La voz de una chica llegó hasta sus oídos como si fuera la respuesta a su petición.

—…Me gustaría que fueras el primero en decirme esas palabras.

No era una voz que percibió a través del sonido, sino que había llegado hasta él gracias al poder de

la espada que tenía en sus manos.

—¡¿Majestad?!

Nada más oír la voz, la primera persona que se pasó por su mente fue una chica de pelo plateado. En

el pasado ella había dicho esas palabras exactas. Sin embargo, se dio cuenta enseguida de que se

trataba de una persona distinta. Era imposible que la chica del pelo plateado estuviese allí, así que

pensó en alguien que sí estaba.

—¿Sakuraba-senpai?

—Fufufu, ya te has dado cuenta. Pensé que había sido una actuación muy buena…

La voz pertenecía a Harumi. Ella también tenía el poder de controlar la Signaltine y por eso lo llamó

de la forma que lo había hecho la chica de sus recuerdos.

—¿Por qué estás aquí? ¿Cómo está su majestad Elfaria?

Koutarou no abrió la boca en esta ocasión y transmitió sus pensamientos a Harumi. No quería que

Elexis oyera el resto de su conversación.

—Si los poderes de la Signaltine se debilitan lo sabré, sin importar dónde esté. Por eso he escondido

a su majestad y he venido aquí.

Harumi y Elfaria siguieron escondidas en la cabaña de la montaña incluso después de evitar a las

patrullas automáticas. Pensaban que sería más seguro quedarse en un lugar donde ya habían

investigado en vez de deambular sin cuidado. Por supuesto, no se olvidó de utilizar un conjuro para

esconder cualquier rastro, solo por si acaso.

132

Fue entonces cuando Harumi sintió que los poderes de la Signaltine habían disminuido

considerablemente. Esto era una señal de que Koutarou y las chicas se encontraban en una situación

muy peligrosa, de modo que Harumi dejó atrás a Elfaria en la cabaña y se dirigió hacia Koutarou.

—Qué imprudente…

—De todos modos no puedo proteger a su majestad yo sola. Tengo que hacer esto.

Harumi tomó un riesgo muy alto al dejar a Elfaria sola, pero era igual de absurdo pensar que podría

protegerla sin ayuda. Harumi sabía lo difícil que sería escapar de los enemigos que habían derrotado

a Koutarou y las demás y llegar hasta la seguridad de la nave de Theia o de Clan. Por eso había

decidido reducir las posibilidades de esa situación acercándose a Koutarou para ayudarlo. Elfaria

también compartía su opinión.

—Y además planeas luchar estando tan herido, ¿verdad, Satomi-kun? Entonces yo tengo que luchar

también.

—Sakuraba-senpai…

—Satomi-kun, lucharemos juntos. Siempre estaré a tu lado para protegerte.

Esa fue la confesión de amor de Harumi.

—La Princesa Plateada no pudo hacerlo debido a su posición, pero yo solo soy una chica corriente,

así que… estaré contigo hasta el final.

Harumi se sentía como si hubiera sido bendecida. La Princesa Plateada amaba al Caballero Azul,

pero tuvo que renunciar a sus sentimientos por el bien del país. En cambio, Harumi estaba en una

posición distinta. Ella era simplemente una chica normal que pertenecía a una familia normal, y por

tanto tenía el derecho de decidir qué hacer con su propia vida. Después de haber experimentado la

vida de la Princesa Plateada en la obra como si fuera la suya propia no pudo pensar en ella como una

desconocida. Por eso Harumi quería cumplir el deseo de la princesa, porque si ella, que compartía los

mismos sentimientos, vivía con Koutarou, la Princesa Plateada podría sentir la alegría y las

emociones como si estuviera con él en persona.

Y por eso Harumi había decidido luchar, no solo por ella o por la Princesa Plateada, sino para cumplir

el deseo de las dos.

—Entiendo. Por favor, préstame tu fuerza, Sakuraba-senpai. Sé que es un poco patético, pero yo solo

no puedo vencer a Elexis.

—¡Sí!

Harumi liberó todas las emociones que se habían formado dentro de ella y respondió a Koutarou. No

sabía si esos sentimientos lo habían alcanzado, pero había dicho que la necesitaba. Solamente eso

fue suficiente para alegrarla.

133

Princesa Plateada… ¡Por favor, préstame tus sentimientos! ¡¡Así podré proteger por siempre al

hombre que amamos!!

Harumi juntó las manos delante de su pecho y llamó a los poderes de la Signaltine. Ella portaba tanto

sus propios sentimientos como los de Alaya, y el poder que despertaron excedió enormemente el de

dos personas, haciendo que la espada comenzara a brillar con intensidad.

Parte 4

—¿Has terminado de rezar, Koutarou-kun?

—No me hace falta rezar. Ya tengo a alguien que lo hará por mí.

La Signaltine comenzó a brillar en el momento que Koutarou y Elexis iban a empezar la batalla. Hasta

ahora la luz de la espada estaba debilitada, pero de repente se encendió con un destello tan fuerte

que incluso se podía comparar con la luz que generó la invocación de Alnaya.

—¡¿Qué estás planeando?! ¡¡No pienso permitir que las cosas vayan como a ti te guste!!

Elexis sintió el peligro al ver la espada resplandeciente y apretó el gatillo sin dudarlo. Entonces, el

arma de rayos de la mano izquierda de Warlord comenzó a rugir. Al mismo tiempo los Caballeros

Mecánicos dispararon sus cañones; debido a su coordinación perfecta, todos los disparos se

dirigieron hacia Koutarou a la vez.

—¡Buen intento, pero es demasiad tarde, Elexis!

Los once rayos impactaron en el lugar donde se encontraba Koutarou y crearon un enorme cráter. Sin

embargo, él ya no estaba allí, y el ataque de Elexis solo sirvió para producir un agujero en el suelo.

—¡¡Deberías haberme disparado antes de que empezara a rezar!!

Koutarou se acercó con rapidez al gigante. Sus movimientos eran muy veloces y no parecía que

estuviera sufriendo tanto como hacía solo un momento. Aunque no completamente, Koutarou se

había curado y había recuperado su fuerzas cuando la Signaltine empezó a brillar.

—¡Esa luz de antes~! ¡Pero aun así no puedes moverte más rápido de para lo que está diseñada la

armadura!

Sin embargo, Warlord estaba siguiendo los movimientos de Koutarou y comenzó a disparar su cañón

láser repetidamente hacia él. Como los láseres se movían a la velocidad de la luz, en el momento que

fuesen disparados tendrían que impactar en Koutarou; no era posible esquivar este tipo de ataque

una vez disparado.

—No se trata solo de moverse deprisa. Tú deberías saberlo bien porque eres el que está usando

esas cosas.

134

Pero en el momento que el láser golpeó a Koutarou, él desapareció como si fuera humo. El Koutarou

al que Elexis había disparado era solo un espejismo muy elaborado que había creado Harumi.

Entonces dos de los Caballeros Mecánicos que se encontraban a la derecha de Warlord explotaron.

Koutarou estaba justo al lado de ellos. Su objetivo no era el gigante, sino los robots.

—¡Satomi-kun, atrás!

Koutarou siguió las instrucciones de Harumi y se echó hacia atrás rápidamente. Cerca de él había

tres robots que estaban apuntando a su posición.

—¡Reuníos, espíritus del agua! ¡Bailad, espíritus del viento! ¡Combinad vuestros poderes y apareced,

espíritus del rayo! ¡Oh, nube oscura con forma de dragón, abre tus fauces y destrúyelos! ¡¡Rugido de

Trueno!!

Pero antes de que pudieran atacar, un potente rayo cayó del cielo sobre los tres robots. Los escudos

de los Caballeros Mecánicos no pudieron hacer nada contra el poder de la naturaleza, y bañados en

un rayo de más de un millón de voltios explotaron.

—…Asombroso…

Si Koutarou no se hubiera retirado también habría sido capturado por el rayo. La advertencia de

Harumi no había sido para decirle que iba a realizar un ataque sobre los robots, sino para que no

fuera alcanzado por el rayo.

—…Y-yo también estoy sorprendida…

Esto resultó ser también una sorpresa para Harumi. Como su oponente no era una persona humana

podía lanzar sus ataques sin ningún tipo de consideración, pero el rayo fue más potente de lo que se

había imaginado. Harumi empezó a asustarse de sí misma cuando vio el suelo carbonizado y los

fragmentos de los robots esparcidos por todas partes. Si empleaba mal sus poderes podría hacer

daño a sus aliados, y por eso grabó en su mente que había ganado un poder terrorífico.

—He ido demasiado lejos…

—¡Es una batalla imprevista, así que no te preocupes demasiado por eso! ¡Sakuraba-senpai, lo estás

haciendo genial!

—¡S-sí, gracias, Satomi-kun!

Al escuchar que Harumi se había animado, Koutarou echó un vistazo a su siguiente objetivo.

¡¡Seguramente pienses que solo voy tras tus robots de apoyo, así que voy a darte un recordatorio!!

El siguiente objetivo era el arma que estaba controlando Elexis, Warlord. Como el resto de robots se

encontraban al otro lado de Warlord no tenía miedo a recibir un contraataque de su parte. Esta era su

oportunidad de atacar.

135

—¡¿Pero quién eres, Koutarou-kun?!

Después de perder cinco Caballeros Mecánicos en un instante, Elexis empezó a perder la

compostura. Lanzó varios misiles a la vez y disparó repetidamente el láser para obstruir el camino de

Koutarou.

—¡Ya te lo dije, solo soy una víctima!

Koutarou blandía su espada cortando el aire mientras que Harumi controlaba el poder de la

Signaltine, liberando una onda de choque. La onda destruyó los misiles que se estaban aproximando.

Aunque el fuego de la explosión llegó hasta Koutarou, también hizo que los láseres se debilitaran

considerablemente, y de este modo pudo bloquearlos por completo con su barrera mágica. Koutarou

avanzó sin dudar entre una lluvia de láseres.

—¡Solo soy un estudiante normal que podrías encontrar en cualquier sitio!

—¡¡No creo que eso sea todo!! ¡¡Tu poder está por encima de la realidad!!

Las habilidades que Koutarou tenía a su disposición eran muy variadas y todas ellas tenían un nivel

muy alto. Su destreza con la espada, la ciencia y tecnología de su armadura, la energía espiritual y la

magia que había en su interior, e incluso la capacidad de invocar seres sobrenaturales. Koutarou

hacía uso de todas esas habilidades al mismo tiempo para luchar, y como resultado sus capacidades

de combate estaban por encima del sentido común.

—Mi poder es insignificante. Todo lo que hago es gracias a los poderes que me han prestado los

demás. ¡Estoy seguro de que si tú los utilizaras serías aún más increíble!

Después de acercarse a Warlord, Koutarou atacó con su espada rápidamente. Su objetivo era el

cañón láser del hombro derecho. Se trataba de un objetivo primordial, ya que no podía esquivar los

láseres.

Hizo que se generase una corriente eléctrica en su mano izquierda al mismo tiempo que la Signaltine

impactó en el escudo de Warlord. La electricidad pasó a través de la espada y perforó el cañón láser

produciendo el sonido de una pequeña explosión. Entonces el cañón se desintegró en varios trozos.

—¡Eso no me hace gracia! ¡Yo no tengo la capacidad de pedir prestado tanto poder!

Elexis lanzó un puñetazo con su mano izquierda para quitarse de encima a Koutarou, pero él saltó

antes de que pudiera golpearlo. Al hacerlo, los cinco Caballeros Mecánicos restantes apuntaron hacia

él con sus cañones de rayos.

—¡Reuníos, espíritus del agua! ¡Bailad, espíritus del viento! ¡Combinad vuestros poderes y apareced,

espíritus del rayo! ¡Mostraos como una serpiente enroscada, como un tornado! ¡Girad! ¡Espiral de

Trueno!

136

Sin embargo, los rayos que dispararon nunca alcanzaron a Koutarou. Harumi había alterado su

dirección utilizando el campo magnético de la corriente eléctrica que había creado. Aunque solo

provocó un ligero cambio en su dirección, fue suficiente para que los rayos no acertaran en el blanco.

—¡Sakuraba-senpai, es increíble!

Koutarou atacó a los robots con la Signaltine. El potente campo magnético estaba interfiriendo con los

sistemas de los Caballeros Mecánicos y, aunque solo fue durante un corto periodo de tiempo, los

robots se quedaron paralizados hasta que pudieron reparar los errores. La elección de

encantamientos de Harumi estaba siendo idónea y éstos servían tanto para defensa como para

ataque. Koutarou aprovechó la oportunidad que le habían brindado.

Los cinco robots fueron reducidos a pedazos junto con varios sonidos de metal siendo cortado. Elexis

vio cómo los restos de los robots caían al suelo y también a Shizuka derrotando a su último soldado.

—…El verdadero poder no se puede ver con los ojos. Permite que otros te confíen sus poderes, es

sencillamente tu existencia…

Elexis prácticamente escupió esas palabras.

Había estado a un solo paso de la victoria, pero aun así Koutarou había conseguido dar la vuelta al

tablero. Su poder sobrepasaba ampliamente la imaginación de Elexis. Si había conseguido sus

poderes de los demás, ¿entonces cuánto debían confiar esas personas en él? Y es más, no era solo

una persona, sino que considerando su fuerza debía de haber obtenido sus poderes de muchos.

Elexis no se podía ver a sí mismo contando con la ayuda de tanta gente, por lo que tuvo que

reconocer que sus capacidades no se podían comparar con las de Koutarou.

—Entonces me enorgulleceré de este poder verdadero. Y nunca traicionaré la confianza depositada

en mí.

Si el verdadero poder de Koutarou era como decía Elexis, entonces significaba que Koutarou y las

chicas del apartamento 106 por sí solos no eran muy fuertes. Lo que realmente les hacía poderosos

era el lazo que habían formado entre los diez.

—…La victoria es nuestra, Elexis.

Koutarou se enorgulleció de aquel lazo, y jamás se le ocurriría traicionarlo.

Él no estaba solo.

Siempre tendría a nueve chicas a su lado.

—¡Todavía no, Koutarou-kun!

Elexis golpeó un botón rojo instalado en una esquina del panel de control de Warlord.

137

Al hacerlo, el asiento se separó del cuerpo del gigante y salió volando hacia atrás. El botón que había

pulsado era la eyección de emergencia.

—¡¿Oh, no?!

—¡Aunque no pueda vencerte ahora, todavía existen formas de hacerlo!

Para Elexis fue una decisión dolorosa dejar atrás a los soldados, sin embargo, en la situación actual

sería prácticamente imposible recuperarlos. Las probabilidades de que Warlord pudiera derrotar a

Koutarou y a Shizuka en solitario eran cercanas a cero. Por eso Elexis no tuvo más opción que

escapar.

—¡¡Es eso, vas a por Theia!!

—¡Sí! ¡Pelear directamente contigo no es la única forma de luchar!

Sin embargo, no lo hizo solo para protegerse. Si podía capturara a Theia, que estaba luchando en el

espacio, entonces tendría una buena oportunidad para negociar. De esta forma Elexis podría

recuperar más tarde a los soldados, aunque solo a aquellos que hubieran sobrevivido.

—¡¡No dejaré que escapes!!

—¡¡Demasiado tarde!!

En el momento que Koutarou estaba listo para atacar a Elexis, el asiento de control generó un

agujero espacio-temporal y entró en él.

—¡¡No permitiré que huyas!!

Koutarou activó los propulsores de emergencia de su armadura y empezó a perseguir a Elexis.

Pretendía sumergirse también en el agujero espacio-temporal.

—¡Ya te dije que es demasiado tarde!

Sin embargo, justo cuando Koutarou iba a introducirse en el portal, el robot gigante que había

quedado en la superficie explotó.

Y el agujero espacio-temporal despareció frente él. Entonces, Koutarou simplemente pasó por donde

había estado el agujero.

—¡Maldita sea! ¡En ese caso…!

Aunque había dejado escapar a Elexis, no pensaba rendirse. Rápidamente activó las comunicaciones

de la armadura y trató de contactar con Theia y Ruth, que se encontraban en medio de la batalla con

las naves enemigas.

[La conexión con la red se ha cortado. La comunicación no es posible.]

138

—¡¿Qué?!

Pero la inteligencia artificial le indicó que era imposible comunicarse con ellas.

Parte 5

El motivo por el que no podía contactar con Theia y Ruth era que Warlord había explotado. Elexis lo

había hecho con esa intención.

Las naves espaciales de Fortorthe normalmente utilizaban las ondas gravitatorias para comunicarse.

Se trataba de un método más fiable que las ondas electromagnéticas, pero aun así eran susceptibles

de tener interferencias. Al igual que alguien podría utilizar un campo electromagnético para interferir

en las ondas del mismo tipo, se podía usar un campo gravitacional para interrumpir esta clase de

comunicación. Por eso el reactor de Warlord se había sobrecargado a propósito.

—…¡Por culpa de esta interferencia no solo se han interrumpido las comunicaciones, sino que

tampoco se pueden transferir objetos! ¡Y menos seres humanos!

Como no se podían utilizar las comunicaciones a través de ondas gravitatorias, Koutarou estaba

hablando con Clan por el método tradicional del electromagnetismo. Se estaba produciendo un

retraso en los mensajes debido a que Clan se encontraba más allá de la Luna, y en ese momento

incluso el menor retraso era suficiente para irritar a Koutarou.

—¡Si no hacemos nada capturarán a Theia!

Koutarou ya se había hecho una idea de la estrategia de Elexis.

Como él mismo había dicho, el objetivo de Elexis era vencer a Koutarou. El primer paso de su plan

fue realizar un ataque en la superficie para atraer a Koutarou desde el espacio.

El segundo era llevar a la Caballero Azul hasta la cara oculta de la Luna. Había una alta probabilidad

de que Theia o Elfaria estuvieran en la nave. El objetivo de Elexis era capturarlas y asesinarlas, y si

las tres naves ignoraban a la Caballero Azul y enviaban apoyo a la superficie, la nave de Theia no

tendría otra opción que mostrarse. Y aunque Theia supiese que se trataba de una trampa, lo único

que podía hacer era dirigirse hacia donde se encontraban ocultas las naves.

El tercer y último paso consistía en que si Elexis fracasaba al intentar derrotar a Koutarou en la

superficie, entonces activaría la autodestrucción de Warlord para obligarles a que se quedaran en la

Tierra durante un tiempo. De este modo ganaría un poco de tiempo para atacar a la Caballero Azul,

que se encontraría aislada en el espacio. La primera ofensiva también tenía el propósito de reunir a

Koutarou y sus amigos y acabar con ellos en la superficie.

139

La estrategia de Elexis resultó efectiva, por lo que Koutarou y los demás no podían volver con Theia y

Ruth en el espacio. La Caballero Azul estaba en su mayoría automatizada, pero incluso así era

demasiado complicado que solo ellas dos pudieran controlarla. Si pretendían luchar contra tres

naves, con cuanta más ayuda contasen mejor. Retenidos en la Tierra, lo único que podían hacer era

mirar las imágenes de la batalla que estaba recogiendo Clan con la Hazy Moon, y Koutarou empezó a

sentirse impaciente.

—Clan-san. ¿No podemos hacer algo con tu nave?

El pelo plateado de Harumi ondulaba al viento cuando le hizo esa pregunta a Clan, cuyo holograma

se estaba reproduciendo gracias a la armadura de Koutarou. Su pelo se había teñido de un color

ligeramente plateado debido a la influencia del poder mágico de la Signaltine, el cual le daba un aire

misterioso y sorprendía a todo el que le miraba.

—…Incluso si hago que la Cuna entre en la atmósfera y os recoja no lo conseguiríamos a tiempo.

Tendrían que entrar y salir de la atmósfera, además del viaje de 380.000 kilómetros hasta la cara

oculta de la Luna. Incluso para la tecnología avanzada de Fortorthe se trataba de algo que les llevaría

bastante tiempo.

—Así que estamos estancados…

Koutarou apretó los puños con fuerza. Como la armadura amplificaba su fuerza, si algo hubiera

estado en su mano lo habría aplastado con facilidad.

—Caballero Azul, no entiendo cuáles son las circunstancias, pero en resumen, ¿te gustaría

entrar en el mundo de las estrellas?

Shizuka, que había estado observando la situación hasta ahora, presentó una solución. Tenía los

brazos cruzados y miraba directamente a Koutarou.

—Sí. Mi amiga está luchando en el espacio, en el mundo de las estrellas.

—Mmm… La parte de atrás de ese gran satélite… Ciertamente parece que llegar hasta allí es

todo un problema.

Shizuka miró a la Luna y entornó los ojos antes de asentir. No estaba utilizando ningún tipo de magia,

pero podía sentir la distorsión del espacio y la energía colisionando.

—Pero nos llevaría demasiado tiempo utilizando cualquier método que tenemos.

—Ya veo. Entonces, Caballero Azul, yo te llevaré hasta ahí ahora mismo.

Shizuka apuntó directamente hacia la Luna. Entonces hinchó el pecho, colocó las manos sobre la

cadera y mostró una expresión confiada. No era una broma ni un malentendido.

—¡¿Tú puedes hacer eso?!

140

—Pero no será fácil. Mis poderes también tienen un límite.

Para Koutarou, el dragón legendario, Alnaya, parecía un ser omnipotente en el interior de Shizuka,

pero hasta él tenía límites. De hecho, no podía poseer su forma en la Tierra. Como se podía esperar,

unos 2.000 años y 10 millones de años luz eran una gran distancia.

De modo que transmitió sus poderes mágicos y una copia de su alma a la Tierra. Había enviado a

través de la marca de la mano de Koutarou pequeñas fracciones de su poder a Shizuka, que llevaba

viviendo en la Casa Corona más de diez años. No podía simplemente aparecer porque eso le habría

llevado muchísimo tiempo para prepararse.

—Elevarme hasta el mundo de las estrellas y volar hacia la cara oculta de ese satélite implica

que gastaré mis poderes casi por completo y no podré hacer nada más hasta que me recupere.

¿Lo ves bien, incluso así?

En ese momento, Shizuka, en realidad Alnaya, solo tenía el poder de llevar a Koutarou al espacio, y

después sería incapaz de apoyarlo en la batalla. Y por tanto preguntó a Koutarou si a pesar de

saberlo quería seguir yendo a salvar a Theia.

—¡Por supuesto! ¡¡Por favor hazlo, Alnaya-dono!!

Koutarou estaba preparado.

Por supuesto que lo estaba.

Después de todo era el caballero de Theia.

141

La Segunda Llegada de la Leyenda

Parte 1

Sábado, 22 de mayo

Cuando la nave de Theia, la Caballero Azul, llegó hasta la cara oculta de la Luna, las tres naves

enemigas ya se encontraban alineadas y esperando por ella. Normalmente, las naves no serían

visibles al estar en la cara oscura de la Luna, pero gracias a las imágenes con procesamiento Cg1 del

monitor se podía ver tan claro como si fuera de día.

—Era una trampa, como esperábamos.

—Sí. Se han lanzado muchos cazas desde la nave de transporte.

—Así que todo va según como habían planeado… Activa el sistema automático de interceptación,

pásame el control del sistema de ataque y el movimiento de la nave. El resto te lo dejo a ti.

[Como desee, princesa.]

Para impedir que las tres naves siguieran dando apoyo a las fuerzas de tierra se necesitaba realizar

un ataque con la Caballero Azul e interrumpir sus comunicaciones. Esto aumentaría las posibilidades

de que los aliados de Theia venciesen.

Hasta ahora habían enviado pequeños robots de apoyo para ayudar a los soldados y alrededor de

una docena de Caballeros Mecánicos junto con Warlord. Si les permitían enviar más armas, la batalla

de la superficie acabaría definitivamente en una victoria del ejército del golpe.

—Ruth.

—Sí.

—Permíteme disculparme de antemano. Lo siento. Lo más probable es que no regresemos con vida.

Alguien tenía que atacar a la flota enemiga para proteger a Elfaria y permitir a los aliados de la

superficie que pudieran ganar la batalla. Aunque Theia y los demás contaban con dos naves a su

disposición, la Hazy Moon de Clan no participaba en la batalla debido a la posición en que se

encontraba, lo que significaba que la Caballero Azul tendría que luchar sola. Sin embargo, era

bastante complicado que una sola nave pudiera salir victoriosa.

—¿Qué está diciendo? Hice un juramento para permanecer con usted en cualquier situación.

1 (C for graphics) Lenguaje gráfico de sombreado que emplea el lenguaje de programación C.

142

—Sí que lo hiciste.

—Si alguien tiene que disculparse seríamos las dos, y frente a Satomi-sama.

—Es cierto… entonces Ruth, si llega el momento, haremos que acaben con nosotras en la Luna. Si lo

hacemos allí siempre podremos observarlo.

—Es una idea maravillosa. Tendremos que hacerlo como sea.

Theia y Ruth ya estaban preparadas para su derrota.

Con la nave de Theia no tenían ni la mitad de las posibilidades de ganar. La Caballero Azul era una

nave de clase real, la más poderosa de todas las naves espaciales de Fortorthe, pero los daños que

había recibido anteriormente no se habían reparado por completo. Además, les hacía falta más

aliados. Las posibilidades de perder eran muy altas.

—Pero no creo que sea necesario dejarles ganar fácilmente.

—Por supuesto. Ya que nos dirigimos a la batalla, lo mejor es que intentemos luchar por la victoria. Si

no me sentiré mal por los que nos siguieron.

Pero a pesar de todo, Theia y Ruth iban a por la victoria.

Theia deseaba ganar, reunirse con Koutarou y decirle algo menos egoísta. Ruth quería contar a

Koutarou su deseo.

La Caballero Azul fue la que realizó el primer movimiento. Como era de la clase de naves más

grande, también contaba con un gran generador, y haciendo uso de esa energía le permitía que sus

ataques llegaran más lejos. De todas las armas que tenía a su disposición, Theia escogió empezar

con el cañón láser.

—¡Caballero Azul! ¡Láser de alta concentración!

[Como desee, princesa. Abriendo la compuerta del láser de alta concentración “Flor Radiante”. El

disparador está a disposición del comandante.]

Theia estaba sentada en el puesto del comandante, en el puente de la nave. Desde allí manejaba la

nave y al mismo tiempo se encargaba de los ataques. Aunque estaba controlando la dirección, no

había un timón como en los barcos, sino que el sistema de control era parecido al de un avión de

caza, un yoke stick, y Theia tenía su dedo sobre el gatillo. Este sistema de control era idóneo para

manejar la nave en las tres dimensiones.

—Alteza, la nave de defensa ha tomado el frente. Estoy confirmando la presencia de un campo de

distorsión.

143

Ruth estaba en el asiento del operario, a la derecha y un poco más abajo de Theia. Estaba a cargo

del procesamiento de información y de administrar los sistemas de la nave. Dicho de forma sencilla,

Theia estaba a cargo de la ofensiva y Ruth de la defensa.

—La nave de defensa se ha movido al frente y los cazas la siguen. Detrás se encuentra la nave de

combate, y aún más lejos la de transporte.

La flota enemiga consistía en una nave de transporte, una de combate y una de defensa.

Las capacidades de combate de la nave de transporte eran débiles, sin embargo, en su interior se

encontraban varios cazas, que soltaría cuando fuese necesario. Era difícil prevenir un ataque

combinado por un grupo de cazas con mucha movilidad y además representaba un serio peligro. Sin

embargo, en la mayoría de los casos una sola nave no podía atravesar los escudos de otra, y por esa

razón, una de transporte casi nunca operaba en solitario.

La nave de combate sobresalía en el ataque. Utilizando la artillería que se alimentaba de su gran

generador, su trabajo principal era debilitar los escudos del enemigo. Si lo conseguía, entonces los

ataques de los cazas serían más efectivos. En otras palabras, la nave de combate servía para

desgastar y la de transporte, con su cazas, para destruir. De modo que este tipo de nave era

indispensable en las batallas.

En oposición a las otras dos, las capacidades de la nave defensiva se invertían únicamente en

proteger a las demás, y estaba equipada con un escudo resistente. Al mismo tiempo, su poder

ofensivo era nulo. Su papel consistía en llevar la delantera en el campo de batalla y bloquear

cualquier ataque. Una característica común en este tipo de naves era que no estaban pilotadas por

personas. Como servían de escudo no existían motivos para estacionar en ellas una tripulación, salvo

en ocasiones particulares.

El enemigo estaba haciendo un uso efectivo de sus tres naves. La defensiva se había colocado en el

frente y protegía a los cazas que salían de su transporte. La nave de combate se encontraba tras los

cazas y estaba a cargo de atacar a la Caballero Azul. Y por último, la nave de transporte se quedó en

la posición más retrasada. Pretendían debilitar los escudos de la Caballero Azul mientras que al

mismo tiempo la nave defensiva cubriría a los cazas, que se aproximarían para destruir su objetivo.

Era una estrategia de manual.

—Las naves y sus armas probablemente sean modelos nuevos de DKI, pero su estrategia es muy

ortodoxa…

Theia tenía un poco de curiosidad por la estrategia tan básica que estaba llevando a cabo el enemigo.

Cuando lucharon en el pasado, sintió que su formación era demasiado escasa para alguien tan

inteligente como Elexis.

—¿Qué deberíamos hacer?

—No hay tiempo para pensar en eso. Vamos a rodear la nave defensiva y atacar a la de combate.

144

Theia realizó unas maniobras defensivas con la Caballero Azul mientras dirigía la proa hacia la nave

de combate. Sus movimientos en el espacio eran como los de un caza. Era posible controlar la

gravedad y la masa gracias a la tecnología avanzada de Fortorthe, de modo que incluso las naves

más grandes tenían una alta movilidad. Mientras hacía virar la nave apretó el gatillo.

[¡Impacto directo en la nave enemiga! ¡La fuerza del campo de distorsión ha caído un 30%!]

—¡No conseguiremos acertar más a esta distancia! ¡Ruth, voy a hacer algo un poco arriesgado!

—¡Sí! ¡Los cazas están abandonando el campo de distorsión de la nave de defensa! ¡Parece que

solamente va a dedicarse a proteger a la nave de combate!

—¡Vamos a ignorar a los cazas y nos centraremos en el ataque! ¡Ahora mismo no son una amenaza

para nosotras!

El bombardeo de Theia había impactado de lleno en la nave de combate, pero no fue suficiente para

destruirla. Aunque los láseres poseían un gran alcance, tenían menos poder ofensivo comparado con

otras armas. Por eso Theia quería acercarse más y utilizar armas más potentes, pero sus oponentes

también pudieron ver su intención. Como la nave de combate debía desgastar sus escudos, ambos

bandos pusieron su mira en ella, y puesto que también sabían que Theia y Ruth no tenían tiempo

para entretenerse con cada caza, hicieron que la nave defensiva dejara de escoltarlas; su nuevo

objetivo era proteger a la de combate.

—¡Caballero Azul! ¡Cañón de rayos variables!

[Como desee, princesa. Abriendo la compuerta del cañón de rayos variables “Nieve en polvo”.]

—¡Esta vez no será igual que la última!

Theia cambió el arma de láser a rayos. Los rayos no tenían el mismo alcance, pero sí un poder

considerable. Desde esa distancia, los rayos eran un arma perfecta.

—¡Alteza, se ha detectado una reacción de energía en la proa de la nave de combate! ¡Están

disparando!

—¡Déjamelo a mí! ¡No pienso cometer el error de que nos alcancen!

La nave enemiga comenzó su bombardeo disparando rayos como los de la Caballero Azul.

Pretendían decidir el resultado de la batalla mediante un tiroteo con sus respectivas armas

principales.

—¡Nos persiguen tres formaciones de cazas!

—¡¿Intentan entorpecernos?!

145

Tres cazas componían una formación, por lo que tres formaciones hacían un total de nueve naves

persiguiendo a la Caballero Azul. Sin embargo, como se había mencionado antes, los cazas no

tenían la capacidad de atravesar los escudos, de modo que Theia los ignoró y prosiguió con su

ofensiva.

—¡Después del siguiente disparo del cañón de rayos pasaremos al lado de la nave defensiva! ¡En

cuanto lleguemos lánzale algunos misiles!

[Como desee.]

—¡Alteza, yo dispersaré las partículas de interferencia en cuanto hayamos disparado los misiles!

—¡Muy bien, tú te encargas! ¡Ahora vamos!

Gracias a un pilotaje experto, Theia hizo virar la Caballero Azul con suavidad y cargó directamente

hacia la nave de combate que estaba protegida por la defensiva. No era una buena idea involucrarse

en un tiroteo con la nave defensiva en medio, así que Theia quería retar a la nave atacante a un

combate de proximidad.

—¡Si hago esto tú tampoco podrás disparar, ¿verdad?!

Como todavía había cierta distancia entre ellas y la nave enemiga, Theia se posicionó de forma que

la nave defensiva estuviera entre las dos. Con eso, ninguna de las naves podría atacar y permitiría a

Theia avanzar de forma más sencilla. La nave defensiva no tenía apenas poder de ataque y sus

intentos de dañar a la Caballero Azul serían esporádicos y prácticamente inútiles. Theia disparó el

cañón de rayos repetidamente mientras avanzaba, por lo que la nave defensiva dejó de atacar y se

centró en protegerse con la barrera.

[¡El bombardeo ha disminuido la potencia del campo de distorsión de la nave enemiga un 56%!]

—¡Perfecto!

—Disparando misiles.

—¡Dispersando las partículas!

El cañón de rayos impactó plenamente en la nave defensiva justo como Theia había predicho y

provocó que la barrera se debilitara. Entonces la nave de Theia pasó al lado del escudo y disparó

varios misiles. En ese momento se dispersó una gran cantidad de partículas que servían para

interferir en las comunicaciones e inutilizar los láseres, lo cual bloqueó el contraataque de la nave

defensiva.

Una vez dejaron atrás el escudo, delante de ellas apareció la nave de combate. Todo había salido

según los planes de Theia. Si conseguía destruir esa nave tendrían una oportunidad de ganar.

—¡Alteza, el grupo de cazas nos está atacando!

146

—Ridículo. ¡¿Qué pretenden con eso?!

Entonces ocurrió algo inesperado. Los nueve cazas de repente empezaron a disparar. Su ataque

sería completamente inservible, ya que el escudo de la Caballero Azul se encontraba intacto; era

imposible que pudieran dañar la nave.

Sin embargo…

—¡Alteza, el campo de distorsión de la Caballero Azul ha perdido un 20% de su fuerza!

—¡¿Qué?!

En contra de sus expectativas, el escudo de la Caballero Azul había recibido un daño importante. En

un principio era imposible que un caza pudiera hacer eso. Si realizaban ataques constantes con ese

tipo de poder, su escudo no duraría mucho. Se trataba de algo completamente inimaginable.

—¡Los rayos disparados por los nueve cazas han impactado todos en el mismo punto y a la vez!

—¡Ya veo, así que esa es su nueva estrategia!

Los cazas que había diseñado DKI trabajaban con el mismo principio que los Caballeros Mecánicos

enviados a la Tierra. Llevaron a cabo un ataque sincronizado perfecto en los blancos que había

designado su nave. Sus ataques individuales no eran capaces de afectar al escudo de la Caballero

Azul, pero si se coordinaban y atacaban en el mismo lugar y al mismo tiempo, sería muy complicado

incluso para una nave de clase real que pudiera soportarlo. En vez de utilizar nuevas armas que

podrían haberlo dejado fácilmente en evidencia, Elexis optó por optimizar la tecnología convencional.

[¡Detectada una gran reacción de energía en la nave de combate!]

—¡Activa los propulsores de emergencia, evítalo a la máxima velocidad!

[Como desee, princesa.]

Una vez se dio cuenta de cuál era el plan del enemigo, Theia no forzó el ataque, sino que prefirió

retroceder. Intentó alejarse de la nave de combate a la máxima velocidad posible, ya que si no hacía

nada con los cazas y entraba en un tiroteo con la nave los resultados serían catastróficos.

Pero en su camino de retirada, la Caballero Azul se estremeció. Había recibido un impacto del

bombardeo de la nave atacante.

—¡Han dado al tercer bloque de la pierna izquierda! ¡Cerrando los mamparos de aislamiento y

disparando fuego de supresión!

—¡Nos han dado! ¡Ya sabíamos que sería complicado, así que esto es lo que tenemos!

147

El ataque de los cazas había debilitado su escudo, y con la retirada de emergencia drenando la

potencia del generador, sus defensas no fueron capaces de recuperarse tras el ataque de la nave de

combate. Con ese nivel de daños, ni la Caballero Azul podría escapar de una pieza. Gracias al

pilotaje de Theia consiguieron retirarse con solo unos pocos daños en una de las piernas. Si hubiera

estado otro piloto a los mandos se habrían visto con toda probabilidad en una situación peor.

Parte 2

Cuando Elexis regresó a la nave de transporte desde la Tierra, la flota ya había comenzado su ataque

sobre la Caballero Azul. Gracias a eso, la nave de Theia empezó a recibir daños continuos y perdía

gradualmente su capacidad de devolver el fuego.

—Parece que todo marcha de acuerdo con el plan.

—Sí, Elexis-sama. Como podía esperarse de la princesa Theiamillis.

—La princesa es una profesional de las batallas a pesar de ser hija de una emperatriz pacifista.

—Es sorprendente que aún no hayamos conseguido acabar con ella a pesar de utilizar el SMR.

SMR, o Sistema de la Mesa Redonda. El nombre fue cogido prestado de las mesas redondas que

utilizaban los caballeros de la antigüedad para discutir sus estrategias. Este dispositivo era un nuevo

tipo de sistema computarizado que había desarrollado DKI para las naves no tripuladas. Con este

sistema, las naves controladas automáticamente eran capaces de sincronizarse a la perfección entre

sí, o dicho de otro modo, se trataba de un sistema que proporcionaba a las naves no tripuladas y a

los Caballeros Mecánicos la capacidad de coordinarse en el ataque.

—Eso muestra que hay excepciones para todo. Por ejemplo, Koutarou-kun se enfrentó a ellos y

acabó con la mesa redonda.

—He oído la noticia… ¿pero es cierto? No me lo puedo creer.

—Sí. Ese chico sobrepasa a la lógica y la probabilidad. Es como una broma pesada con ropa y que

anda por ahí.

—Entonces me sorprende que haya conseguido volver a salvo después de enfrentarse a algo así…

—Puede que haya regresado, pero me fue imposible traer conmigo a mis subordinados.

Elexis mostró una expresión de desprecio. Sentía que no haber sido capaz de hacer algo por sus

subordinados caídos era un fracaso amargo. Esto le hizo darse cuenta de lo ingenuo que había sido;

incluso para él, que había esperado con ansias su enfrentamiento contra Koutarou, significaba un

final poco satisfactorio.

148

—Sin embargo, una guerra no se decide por vencer o perder en una batalla. Si conseguimos capturar

a la princesa Theiamillis podremos borrar nuestra derrota en la Tierra.

—No desperdiciaremos sus preparativos, Elexis-sama. Ganaremos. Por favor, contágiese de nuestra

calma.

—Eso haré.

El capitán dio órdenes a izquierda y derecha mientras iban estrechando poco a poco el cerco sobre la

Caballero Azul. Elexis observaba la situación en silencio.

Puede que hubiera sido derrotado en la superficie, pero se las había arreglado para dejar bloqueado

allí a su oponente más peligroso. Por eso, siempre y cuando consiguieran ganar en el espacio y

capturar a la aislada princesa Theiamillis, no solo lograrían poner sus manos sobre la emperatriz

Elfaria, sino que también salvarían a los hombres que habían dejado atrás.

—…Koutarou-kun, fuiste más fuerte que yo… pero venceré.

Elexis estaba convencido de su victoria. Una victoria que se estaba haciendo realidad frente a sus

ojos.

Parte 3

La batalla progresaba a favor del ejército del golpe de estado. Dicho de forma más exacta, el ejército

ya tenía ventaja desde el principio; las cosas parecieron estar saliendo a pedir de boca de Theia y

Ruth porque habían caído en la trampa de sus enemigos.

En un principio, la Caballero Azul no había sido reparada en su totalidad, y ahora había sufrido daños

adicionales debido a los ataques de los cazas y de la nave de combate. En este momento se

encontraba flotando en el espacio, con daños por todas partes. El casco se había quemado y tenía

diversas aberturas que dejaban ver su interior. Ya no poseía el precioso lustre azul de antes.

—…Me pregunto si la batalla en tierra ya habrá acabado.

Theia murmuró mientras observaba la Luna flotando en el centro del monitor. La figura del satélite

que se mostraba a través de imágenes procesadas brillaba de forma hermosa.

—Lo más probable es que sí. Y considerando que el ejército no nos está recomendando la rendición,

entonces Satomi-sama y las demás deben haber ganado.

Ruth dijo esto mientras miraba al monitor junto a Theia.

149

Aparte de la Luna había otros elementos de información flotando en la pantalla. El daño que había

recibido la nave, los enemigos que les rodeaban y la inteligencia artificial que les sugería una retirada

inmediata. Todos esos mensajes eran de advertencia, nada que pudiera servir de utilidad a Theia y

Ruth en ese momento.

Las dos sabían que no tenían oportunidades de ganar. Tampoco podían dejar de luchar porque no

conocían el estado de la batalla terrestre, y por eso solo miraban la Luna, donde tras ella debía de

estar la Tierra.

—Esta es nuestra forma de redimirnos.

—Elfaria-sama está en buenas manos. Dejemos que se ocupe Satomi-sama, seguro que él podrá

proteger a su majestad.

—Sí… Después de todo es el caballero de una princesa legendaria como yo. Estoy segura de que

podrá proteger a mi madre.

Theia sonrió e inclinó la palanca de mando para hacer que la Caballero Azul diera la vuelta. Al

hacerlo, las naves enemigas aparecieron donde antes se había mostrado la Luna. Los cazas

protegidos por la nave defensora, la nave de combate detrás y por último la de transporte.

Comparada con la bastante dañada Caballero Azul, la flota enemiga estaba prácticamente como al

comienzo.

—Ruth, prepara el control automático para cuando el control manual se interrumpa.

—¿Nuestro destino?

—La Luna.

—…Sí.

En el momento que Ruth contestó, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Sabía que Theia

iba a llevar a cabo su ataque final, y también cómo se sentía. Theia deseaba disfrutar de las

emociones pasadas mientras cumplía con su deber de princesa hasta el final. Ruth lo sabía y le dolía,

ya que ella sentía lo mismo.

—La configuración está completada.

—Entonces adelante. ¡Les enseñaremos cómo luchan hasta el final la princesa Theiamillis y su

guardiana Ruthkhania!

—¡Sí, vamos!

Las expresiones de ambas cambiaron a unas más apropiadas para una princesa y su ayudante.

Lucharían hasta el mismísimo final.

150

Parte 4

Después de ver lo que estaba haciendo la Caballero Azul en su monitor, Elexis se dio cuenta de que

Theia pretendía realizar un último ataque. Se podía ver una bandera formada por láseres y rayos tras

el puente de la nave real, en cuyo centro estaba dibujada una flor. Esta bandera era la señal de que

Theia se aproximaría al frente.

—Oooh… es la bandera de la princesa Theiamillis…

—Así que la princesa realmente se dispone a ello…

En cuanto se levantó la bandera de Theia, la tripulación de la nave de transporte entró en un estado

de agitación. Como había soldados que no eran partidarios del golpe, muchos de ellos aún seguían

venerando a la familia real, y como resultado, el personal del puente fue incapaz de ocultar su

inquietud. Ocurría lo mismo en la nave de combate.

—¡Cálmense! ¡No pretendemos matar a su alteza, lo único que queremos es parar cualquier

enfrentamiento inútil! ¡Asegúrense de que nuestros ataques no impactan en el puente!

Sin embargo, cuando el capitán llamó la atención de la tripulación todos se calmaron. El capitán y su

tropa formaban parte del grupo de caballeros de Melcemheim, que llevaba existiendo desde hacía

más de 2.000 años. Debido a ello su relación con los puestos de mando era muy profunda, y la

autoridad del capitán tenía mucha influencia sobre la tripulación. La agitación del puente fue sofocada

enseguida.

—Lo ha hecho de forma espléndida, capitán.

—Siento que haya tenido que presenciar una exhibición tan lamentable.

El fracaso de los subordinados era el fracaso del capitán. Poseyendo el título de caballero, el capitán

no quería mostrar el nerviosismo de sus subordinados antes de una batalla.

—No tiene de qué preocuparse. Se podía esperar algo así considerando quién es nuestro oponente.

Es normal que se pongan tan nerviosos debido a nuestras viejas costumbres, el sentido común y el

antiguo sistema de mando. En todo caso, su habilidad para sacarles de ese estado es merecedora de

alabanzas.

—…Es un honor, Elexis-sama.

La razón por la que el grupo de caballeros de Melcemheim había sido leal a Elexis era porque

confiaban en su personalidad. Si no, no habrían obedecido a un civil, aunque se lo hubiera exigido el

alto mando del ejército o fuera un pariente de la familia Melcemheim. Y en ese momento el capitán

era una prueba de ello sintiendo admiración por Elexis.

—Dejando eso a un lado, ahora que ha alzado la bandera, la princesa Theiamillis llevará a cabo su

último ataque.

151

—Estará preparada para morir honorablemente en la batalla, por lo que si bajamos la guardia puede

que nos cause problemas.

—No podría esperar menos… Capitán, le dejo al mando. Tendrá el control absoluto de las armas.

—Sí señor, me aseguraré de que se cumplan sus expectativas.

Elexis también confiaba en el grupo de caballeros. Como director general de una empresa, sabía que

si el jefe era demasiado intrusivo con sus empleados acabaría fracasando. Por eso dejó la batalla en

manos del capitán y se sentó en el puesto del comandante para mirar a la Caballero Azul, que se

estaba mostrando en el monitor.

Ciertamente, luchar esta batalla requiere una gran determinación…

Aunque la Caballero Azul se encontraba gravemente dañada, la bandera que llevaba le concedía una

presencia real.

Parte 5

Theia realizó varios giros con la Caballero Azul como medida evasiva mientras se aproximaba a la

flota enemiga. A medida que se iba acercando, los cazas que habían estado siendo protegidos por la

nave defensora abandonaron su zona de influencia para interceptarla.

—¡Alteza, se aproximan seis formaciones de cazas!

—¡Intercéptalos con láseres y misiles! ¡Activa el modo de fuego automático!

[Como desee, princesa. Entrando en modo de interceptación automática con la Gatling Láser y los

Misiles de Alta Maniobrabilidad.]

Los cazas avanzaron en tres formaciones con un total de nueve naves, lanzando ataques

sincronizados. Pero como en esta ocasión había seis formaciones, las fuerzas enemigas eran el

doble. Theia activó las armas defensivas de la Caballero Azul para corresponder a tal ofensiva. Dejó

a cargo la defensa a la IA y ella se centró en atacar.

—¡Detectada una reacción de energía en la nave de combate! ¡Se avecina un ataque!

—¡¿Tenía que ser justo en este momento?!

Theia pulsó el gatillo y disparó el cañón de rayos dos veces antes de inclinar el stick de control hacia

la derecha. Debido a que solo se estaba centrando en evitar los ataques enemigos, los rayos solo

consiguieron rozar la nave de combate y se perdieron en los confines del espacio.

—¡Concentrando el despliegue del campo de distorsión en el lateral del casco!

152

En ese momento, Ruth activó una barrera defensiva. Entonces, el rayo disparado por la nave de

combate impactó en la Caballero Azul, pero gracias a la evasión anticipada y al escudo concentrado,

el casco no sufrió daños.

—¡Ruth, una vez más!

—¡El grupo de cazas sigue acercándose!

Sin embargo, los cazas hicieron su aproximación final a la Caballero Azul por el lado contrario del

casco. La nave de Theia los interceptó con los láseres y los misiles, pero solo unos pocos fueron

derribados. La mayoría se dirigía directamente hacia ellas.

—¡Entonces tendré que hacer esto!

Theia advirtió el peligro y tomó una acción drástica. Apartó su mano del control y la cambió a otro

stick cercano.

—¡Caballero Azul! ¡Espada de Energía Anti-Naves, modo de disparo!

[Como desee, princesa. Espada de Energía Anti-Naves “Signaltine” activada en modo disparo.]

El stick que estaba sujetando Theia controlaba el brazo derecho de la Caballero Azul. Como controlar

el brazo y navegar con la nave al mismo tiempo era bastante complicado, se abstuvo de hacer lo

último por el momento.

—¡¡Tooomaaa eeeeestoo!!

El brazo derecho de la nave, de varios cientos de metros de largo, comenzó a moverse. La reacción

que causó el movimiento de aquel brazo fue contrarrestada con los impulsores. El sonido de los

mecanismos en acción y el de los impulsores activados llegó hasta el puente de mando, un sonido

que transmitía la fuerza del brazo de un gigante de más de un kilómetro de alto. En el extremo del

brazo se encontraba una espada de rayos igual de grande. Theia la utilizó como un cañón de rayos y

apuntó con ella hacia el grupo de cazas que se aproximaba.

—¡Tres cazas destruidos! ¡Se ha detectado una reacción de energía en el resto, se aproxima un

ataque sincronizado!

Gracias a que Theia había actuado en contra del sentido común y a que contaba con una nave capaz

de mover un brazo, su ataque consiguió destruir tres cazas de un solo disparo. Pero a pesar de ello,

aún quedaban más de diez cazas. El grupo atacó al mismo tiempo para acabar con la dañada

Caballero Azul.

—¡Potencia del generador al máximo! ¡Concentra el campo de distorsión! ¡Y envía el resto de la

energía a la espada!

153

Theia movió los brazos de la nave e hizo girar el casco para enfrentarse directamente a los cazas. Ya

que estos concentraban sus ataques en un solo punto, Theia colocó la espada en su trayectoria a

modo de escudo. La Caballero Azul consiguió sobrevivir a este ataque gracias a su escudo y su

espada.

—¡El generador se ha sobrecalentado y ahora mismo se encuentra en proceso de enfriamiento de

emergencia! ¡La barrera ha caído debido a una sobrecarga! ¡El sistema de la Espada de energía Anti-

Naves no responde! ¡Y los condensadores de energía están ya casi agotados! ¡Quedan 163

segundos para que los sistemas se restauren!

Pero el precio de aquella acción fue demasiado caro. El generador se desconectó, el escudo cayó y

la espada se apagó. Ya se había usado toda la energía almacenada y debido a ello la Caballero Azul

estaba simplemente flotando en el espacio.

—Así que eso ha sido todo, eh…

—Sí… desgraciadamente…

Si hubieran estado luchando en persona habrían podido seguir adelante gracias a una absoluta

fuerza de voluntad. Sin embargo, como la Caballero Azul era una máquina eso sería imposible. La

nave tardaría dos minutos y medio en recuperarse, pero sus oponentes no eran tan confiados como

para mantenerse a ralentí durante tanto tiempo. La lucha de Theia y Ruth acababa aquí.

—Dime, Ruth. ¿Crees que podemos estar orgullosas de la batalla que hemos librado?

—Sí, alteza. Ha luchado de forma espléndida, como una princesa. Se lo aseguro.

El grupo de cazas se aproximaron lentamente a la nave. Detrás de ellos se encontraban otras tres

naves, sin embargo, ninguna de las dos chicas las miraba. A lo que estaban mirando era a la Luna

flotando en la lejanía.

—Pero no he podido ser de mucha ayuda.

—Eso no es cierto. Gracias a ti hemos podido llegar tan lejos. No tienes nada de lo que avergonzarte,

Ruthkhania Pardomshiha, has luchado valientemente como una auténtica guardiana. Te lo aseguro.

—Muchas gracias, alteza. Es un honor.

Después de sonreírse mutuamente pensaron en lo que ocurriría a continuación.

Si eran capturadas por el enemigo las utilizarían como un medio para amenazar a Elfaria, y después

serían apresadas, en el mejor de los casos. El peor resultado sería que fueran ejecutadas. Si llevaban

a cabo ese plan afectaría a la toma de decisiones de Elfaria, Koutarou y las demás, y como no se

trataba de algo que Theia deseara, tomó una decisión.

—…Lo siento, Ruth.

154

—No, su reflexión es correcta, alteza. No existe otro modo.

—Gracias… me has servido bien hasta hoy. Solo puedo pensar en agradecimientos hacia ti.

—¿Qué está diciendo? Ha sido una vida plena.

Las dos se cogieron de la mano y la apretaron con fuerza. Ambas sonreían, pero al mismo tiempo

salían lágrimas de sus ojos. El tiempo que habían pasado las dos juntas no fue en absoluto breve; ser

consideradas solamente como amigas de la infancia sería una ofensa para ellas, y ahora que sus

vidas iban a llegar a su fin había muchas cosas que querían decirse. Sostuvieron la mano de la otra y

lloraron juntas.

Tras un pequeño intervalo de tiempo y antes de que la Caballero Azul cayese en manos del enemigo,

Theia dio una última orden.

—Caballero Azul, no podemos dejar que nos capturen. Haz volar el puente y a nosotras con él.

La orden final de Theia a su nave implicaba que ésta les matara.

La diferencia de riesgo entre que Theia y Ruth muriesen allí y ser capturadas por el enemigo era

demasiado grande. Este era el único método que se le había ocurrido; no quería poner en peligro a

aquellos que amaba.

[Para ejecutar esa orden se requiere una autentificación.]

—Mi nombre es Theiamillis Gre Mastir Sagrada von Fortorthe.

[Autentificación completada. Confirmado que la orden proviene de la propia princesa Theiamillis.

Orden aceptada. Como desee, princesa. El puente detonará en un minuto.]

—Fiu… eso debería bastar.

—Gracias por su esfuerzo, alteza.

Theia acabó de dar la orden y dejó caer los hombros mientras soltaba un simpático suspiro. Ruth, que

estaba mostrando su agradecimiento, de algún modo su expresión se relajó. Sus tiempos como

princesa y caballero se habían terminado, ahora regresaron a ser amigas de la infancia.

—A ti también. Solo me arrepiento de una cosa…

—¿Alteza?

—Como se podía esperar, yo también tengo remordimientos. Fufu, parece que no pude hacer el

papel de santa.

—En realidad, yo también me arrepiento de algo. No fui capaz de contar a Satomi-sama mi deseo…

155

—Ooh… ahora me ha picado la curiosidad. Cuéntame.

—Sería una larga historia, así que se la contaré más tarde. No puedo hacerlo en un lugar como este,

es un deseo de chica después de todo.

—Si has llegado hasta aquí no creo que contar de qué se trata sea tan diferente… Oh, bueno, como

dijiste, sería un desperdicio contarlo en un lugar como este.

—Se lo diré con más tranquilidad con un poco de té y unos aperitivos.

La cuenta atrás para la autodestrucción se mostraba en un borde del monitor. El contador ya había

llegado a 30 segundos, de modo que quedaba poco tiempo. Pero ni Theia o Ruth lo miraban, sino

que estaban charlando despreocupadamente. A lo que estaban mirando era a la Luna, grande y

redondeada. Una vez se hubiera agotado la cuenta atrás, la Caballero Azul se dirigiría hacia allí para

depositarlas en su superficie.

—Ah sí, alteza, cuando hablemos también le revelaré otra cosa.

—¿El qué? Suena interesante.

La cuenta proseguía y solo restaban diez segundos. Las dos lo ignoraban y seguían hablando; era

como si no fuera importante en absoluto.

Diez, nueve, ocho, siete, seis…

En cambio, se cogieron de la mano. Para apoyarse entre sí en sus últimos momentos, para mostrar la

gratitud que tenían y prometer que seguirían igual en el futuro.

—Sí. Es un secreto importante que tiene que ver con el caballero de su alteza.

—Fufufu, estoy deseando saberlo…

Cinco, cuatro, tres, dos, uno.

Pasó el último segundo. Cerraron los ojos en sus últimos momentos. No querían ver cómo se

separaban, de modo que esperaron al sonido de la explosión con las manos juntas.

—Me meteré en problemas si ese secreto se descubre.

Sin embargo, lo que escucharon no fue el sonido de una explosión, sino la voz animada de un

hombre joven.

156

Parte 6

Cuando aquella cosa apareció frente a los soldados del ejército del golpe, todos sin excepción

entraron en pánico; también estaba incluido el comandante, Elexis, que miraba al monitor con

asombro.

—¡¿Qué es eso?! ¡¡Imposible, no puede existir algo así!!

La cosa que se encontraba frente a él era algo que su lógica le impedía creer.

Se trataba de un reptil. Estaba cubierto de escamas carmesí, tenía unas grandes alas a su espalda y

un cuerno que brotaba de su frente. Eso solo ya era extraño de por sí, pero lo que lo hacía aún más

surrealista era su tamaño. Las estimaciones más moderadas le darían una longitud de unos 25

metros. Comparados con este reptil, los cazas que volaban a su alrededor eran como insectos, pero

lo más extraño de todo es que se encontraba volando libremente por el espacio. El reptil batía sus

grandes alas mientras se abalanzaba sobre el centro de la flota, acercándose poco a poco a la

Caballero Azul.

—¡¡Uaaaaaaah, es un monstruo!!

—¡Es una alucinación! ¡¡Estamos alucinando debido a la privación de oxígeno!!

Los soldados habían estado viviendo en un mundo donde imperaba la lógica. El sentido común de

Fortorthe con su ciencia avanzada era muy diferente del de la Tierra. Pero a pesar de ello, jamás

habían visto una criatura volando por el espacio, por no hablar de su increíble tamaño. Incuso en el

espacio, donde todo parecía pequeño, aquella presencia abrumadora no podía pasar inadvertida.

ROOOAAAAAAAAAAAAAARR

El lagarto asestó el último golpe a los soldados abriendo su boca y rugiendo. Aunque el sonido no

podía viajar a través del espacio y además existía una gran distancia entre las naves, todos pudieron

escuchar su rugir al mismo tiempo. Empezaron poner en duda su propia cordura, ya que no sabían

que esto era debido a la magia, a excepción de aquellos que creían en las viejas supersticiones. Se

encontraban en la era espacial, pero las supersticiones de los viajeros aún tenían unas raíces

profundas.

Como resultado, el pánico de los soldados se hizo más intenso. Por el momento, casi todos habían

perdido la calma y la cadena de mando a bordo de la nave había entrado en caos, hasta el punto de

que las naves chocaron con algunos cazas.

—¡Cálmense! ¡Puede que ese enemigo no este identificado, pero tampoco es que haya intentado

atacarnos!

El único que consiguió mantenerse ligeramente calmado fue Elexis. Como ya había visto un enemigo

extraordinario en la superficie, había desarrollado una especie de consentimiento hacia la escena que

estaba tomando lugar frente a él.

157

¡¿Qué es esto?! ¡Es casi como un cuento de hadas!

Pero ni siquiera él pudo ocultar por completo su sorpresa; así de impensable era la situación. Por eso

su voz no llegó a los soldados. El tiempo que pasaron los soldados en este estado de pánico fue la

causa de que el destino de Theia y Ruth cambiase.

Parte 7

Clan se quedó con la boca abierta cuando el lagarto gigante de color rojo, Alnaya, se lanzó hacia la

flota enemiga.

—…En serio, eres un temerario…

Estaba tan sorprendida que no fue capaz de decir nada.

—…Si algo como eso de repente se aproxima a ti olvidarás todo lo que tenía que ver con la guerra…

Clan empatizó con el enemigo, ya que sabía cómo debían de sentirse. Incluso ella, que conocía las

circunstancias reales de esta situación, sintió que se trataba de algo irreal.

Koutarou aceptó la propuesta de Alnaya y decidió elevarse hasta el espacio. Antes de eso le pidió a

Harumi que curase a las magas Maki y Yurika con el objetivo de proteger a Elfaria y también poder

curar al resto. Una vez que las dos magas fueron tratadas, Alnaya se transformó desde su forma

mitad humana y mitad dragón a su ser original como dragón gigante. Entonces hizo que Koutarou y

Harumi se subieran a su espalda y se alzó al vuelo.

Pero ascender hasta el espacio no era tarea fácil, ni siquiera para el dragón legendario, el Dragón

Emperador de Fuego. Esta acción era especialmente difícil en la Tierra, donde no contaba con una

forma material y simplemente consistía en poder mágico y su alma. El poder que Alnaya era capaz de

utilizar en el interior del cuerpo de Shizuka estaba muy limitado, y por eso la acción de cargar contra

la flota era solo un farol. Aunque consiguiera llegar hasta las naves, en realidad no podría hacer nada,

y si trataban de contraatacar se encontraría en grave peligro. Se trataba de algo necesario si quería

conseguir tiempo para que Koutarou y Harumi llegasen a la Caballero Azul, pero solo se podía

describir como una acción temeraria, justo como había dicho Clan.

—Eso es a todo lo que puede llegar, incluso para un antiguo dragón legendario. El resto es trabajo

tuyo…

Clan cerró la boca y se ajustó los lentes mientras pensaba en Koutarou. En su mente aparecieron

imágenes de él, pero extrañamente no estaba peleando en ellas. En cambio, se trataba de escenas

donde dormía, donde le obligaba a salir de su laboratorio y limpiarlo, su espalda en la cocina mientras

hacía la cena para ella, sonriendo con una expresión despreocupada, y por último, maldiciendo su

falta de poder.



Consigue una victoria espléndida y trae de vuelta a Theiamillis-san y a Pardomshiha. Si lo haces,

seguramente podrás volver a esa vida…

Koutarou no era una persona que disfrutara luchando. Sin embargo, en esta ocasión no tenía más

remedio. Clan haría todo lo que pudiese para apoyarlo, y por tanto apartó de su mente las cosas que

estaba pensando y empezó a trabajar sin descanso: reunir información, analizar, etc. Había una

tonelada de cosas para hacer a pesar de encontrarse muy lejos.

—¡Ese ser de color rojo tiene que ser Alnaya!

Había otra persona en el puente tan ocupada como Clan. Se trataba del chico que destacaba entre

los adultos, observando el progreso de la batalla.

—¡¿Alguien lo ha visto?! ¡¡La princesa Plateada estaba con él!! ¡¡La espada brillaba y todo!!

El chico hacía gestos exagerados para poner énfasis en lo que estaba diciendo. En ese momento

solo se mostraban figuras y gráficos en el monitor, pero hacía solo un momento había aparecido en él

un caballero.

Era un extraño caballero que vestía una armadura azul y sostenía una espada de color plateado. A

pesar de estar enfrentándose al ejército del golpe que lo superaba grandemente en número de

unidades, no dio ni un solo paso atrás. Y junto a él se encontraba una chica con el pelo de color

plateado brillante. En realidad su pelo era negro, pero la luz que lo rodeaba le daba un tono parecido

al de la plata. La chica estaba utilizando unos poderes misteriosos para proteger al caballero y

conducirlo a la victoria. Los dos iban subidos en la espalda del dragón gigante y se dirigían hacia

donde estaba la princesa Theiamillis para rescatarla.

—¡Es el Caballero Azul! ¡Esa persona es realmente el Caballero Azul! ¡Su majestad Elfaria y la

princesa Theiamillis están en peligro, así que ha venido a salvarlas! ¡Tiene que ser eso!

La efusividad del chico estaba llegando a su máximo.

El caballero que había aparecido en el monitor era como el del cuento que había escuchado de sus

padres. Como era su historia favorita, el chico se la sabía de memoria. Una armadura azul y una

espada plateada, su mano izquierda podía controlar el fuego y el rayo y era capaz de volar. Venció y

se hizo amigo de un dragón rojo con una preciosa chica de pelo plateado junto a él.

Como el chico todavía era muy joven no podía entender los detalles del golpe de estado, pero podía

asegurar al ver la apariencia de los adultos a su alrededor que Elfaria y Theia, la emperatriz y la

princesa, estaban en peligro. Cuando una princesa estaba en peligro debía aparecer un caballero; ya

no tenía ninguna duda.

Creía que el caballero que había visto era el héroe de la leyenda, el Caballero Azul, Layous.

—Pero… ¿es posible…?

—No hay forma. El Caballero Azul vivió hace 2.000 años.

160

—¿Pero no hay demasiadas coincidencias?

—Solo es alguien que está fingiendo ser el Caballero Azul, ¿verdad? Solo es un perturbado.

—¿Se puede vencer solo fingiendo? Se enfrentó a las tropas de élite del grupo de caballeros de

Melcemheim con las armas más modernas de DKI.

—Eso…

—¿Y qué me dices de esa espada, la chica y el dragón gigante? ¿Cómo explicas eso?

—…N-no, aunque me pare a pensar… no lo sé.

Los adultos empezaron a creer poco a poco, al igual que lo hacía el chico.

Pero como se trataba de algo surrealista, los adultos aún tenían sus dudas. Sin embargo, era

imposible explicarlo a través de la ciencia. Por eso todos se pusieron de acuerdo en que el caballero

que había aparecido tenía unos poderes que estaban por encima de su entendimiento.

—¡Es el Caballero Azul! ¡Por qué no lo veis! ¡Da igual cómo lo mires, es el Caballero Azul!

—…Si ese fuera el Caballero Azul, ¿no sería algo genial?

—Sí. Si ese fuera el caso aún podríamos mantener la esperanza en esta situación…

Lo único que no podían reconocer era su identidad. Habían sido perseguidos en su país y se

encontraban en una posición comprometida, de modo que todos eran conscientes de cuál era la

realidad. Solo un caballero legendario podría dar la vuelta a este aprieto, pero alguien así no iba a

aparecer por las buenas. Era imposible. No era un cuento de hadas, sino la realidad.

—Caray, los adultos son muy desconfiados… No nos servirá de ayuda si luego el Caballero Azul se

enfada.

Por eso incluso en ese momento solo el chico creía de verdad.

161

Parte 8

—Me meteré en problemas si ese secreto se descubre.

La inteligencia artificial de la Caballero Azul comenzó a hablar cuando una voz hizo eco en el puente

de mando.

[Código de máxima prioridad aceptado. Interrumpiendo la autodestrucción. Excelencia, Caballero

Azul, esta nave está encantada de recibirlo.]

Eso fue lo que había ordenado el dueño de la voz, pero era algo extraño. La persona que tenía el

máximo rango era la princesa, Theia, pero aun así, la Caballero Azul había obedecido las órdenes de

otro.

—¡¿Koutarou?!

—¡¿Satomi-sama?!

Sin embargo, ni Theia ni Ruth estaban escuchando la voz de la inteligencia artificial. Levantaron la

cabeza y buscaron a la otra persona. Justo al hacerlo se abrió la puerta del puente.

—…Y Theia, ¿por qué demonios pretendías autodestruir la nave? No es propio de ti admitir la derrota

con tanta facilidad. ¿Y te haces llamar princesa?

Apareció por la puerta un chico con una armadura azul. Estaba mirando a las dos con una expresión

de decepción como si no fuera consciente de la situación.

—¡Pero Koutarou! ¡No había otro modo!

—Últimamente te has vuelto muy sensible. Como ya te he dicho, deberías ser un poco menos

considerada con los demás, como antes.

El chico, Satomi Koutarou, dijo aquello con una mirada severa. Corrió hacia la parte más alta del

puente, donde se encontraban Theia y Ruth. Debido a la diferencia de altura, Koutarou no pudo

verlas durante unos instantes, y durante ese tiempo dio otra orden a la inteligencia artificial mientras

miraba a un monitor.

—Caballero Azul, prioriza la restauración de las funciones. No hay más humanos en la nave a

excepción de los que hay en el puente, así que no actives el soporte vital de otras zonas hasta más

tarde.

[En ese caso se podrá acortar el tiempo requerido para la restauración en 14 segundos.]

—Bien. Continúa así y omite todo lo que puedas. No me importa si te exiges un poco, no estamos

intentando poner la nave en plena forma. Se trata de una batalla contra el tiempo.

162

[Como desee, my lord. 42 segundos hasta que las funciones se restauren, 52 hasta que los

condensadores de energía se hayan recuperado.]

Una vez terminado de dar órdenes, Koutarou llegó por fin hasta donde Theia y Ruth se encontraban,

y la conversación que se había interrumpido temporalmente se reanudó.

—¡Si soy egoísta, las personas que son importantes para mí morirán! ¡Eso también te incluye a ti!

¡¿Por qué has venido, Koutarou?! ¡Estaba tratando de morir para que nada de eso pasara!

Theia criticó el regreso de Koutarou. De algún modo había conseguido subir a bordo de la Caballero

Azul sin que ella lo supiera, pero Theia no lo había deseado. Si lo hubiera sabido de antemano lo

habría enviado de vuelta a la superficie.

—Para proseguir con tu deber de retomar nuestra madre patria… esas fueron tus órdenes.

—¡¿Qué?!

—…Satomi-kun, eso ha sonado un poco frío. Si no lo dices apropiadamente me sentiré mal por

Theiamillis-san.

Mientras que Theia estaba sin palabras debido a lo que había dicho Koutarou, Harumi apareció por

detrás de él. Estaba un poco agotada, ya que había venido corriendo como Koutarou.

—¡¿Harumi?! ¡¿Y por qué estás tú aquí?!

—Pues, bueno… Theiamillis-san y Ruth-san son muy buenas amigas.

Harumi miró a la todavía sorprendida Theia con una sonrisa llena de afecto. Para Harumi,

encontrarse en ese lugar era algo obligatorio. Ahora tenía una razón muy importante para arriesgar su

vida por Theia y Ruth.

—Pero~

—Theia, ¿esa mano solo sirve para sujetar la de Ruth?

Koutarou dijo esto mientras miraba la mano de Theia. Aún seguía sosteniendo la mano de Ruth.

—¿Qué quieres decir?

—Tu mano está conectada con muchas personas, solo que ahora no puedes verlo.

Theia planeaba morir junto a Ruth. Era porque siempre habían estado juntas, porque Ruth había

prometido que siempre vivirían en compañía de la otra, porque lo sentía de esa forma.

Pero Koutarou no pensaba que se tratara de eso. Para Theia, Ruth ya no debería ser la única por la

que sintiera eso. La única diferencia era si estaban en el mismo lugar o no, y eso no importaba en

absoluto.

163

¿No es eso lo correcto, Yurika…?

Yurika había dicho en el pasado que aunque no siempre estuviesen juntos, sus sentimientos estarían

eternamente con los residentes del apartamento 106. Por eso la mano de Theia estaba conectada

con la de todos, incluso ahora; simplemente no podía verlo. No había necesidad de pensar en vivir o

morir juntos. Ruth ya no sería la única amiga de Theia.

—…Koutarou, ¿tu mano también está conectada con la mía?

Theia entendió lo que Koutarou estaba diciendo y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas

mientras lo miraba. Estaba tan feliz que se habría desmayado en el sitio. Tenía muchos amigos

dispuestos a arriesgar sus vidas para protegerla y por los cuales ella haría lo mismo. Creía que su

persona amada sentía lo mismo.

—Por supuesto. Si no, no me habría convertido en tu siervo.

—¿Quieres decir que valgo tanto para ti?

—El valor no importa. Yo y todos los demás estamos poniendo en peligro nuestras vidas porque tus

manos llevan conectadas con las nuestras mucho tiempo.

—Koutarou…

Lo que recibió fue una clara y poderosa respuesta. Cuando lo escuchó, sintió una sensación cálida en

su pecho antes de que pronto se convirtiera en una alegría intensa y unos latidos acelerados. Sus

lágrimas no dejarían de salir y su cuerpo quemaba tanto como si estuviera ardiendo. Theia estaba

convencida de que había venido a la Tierra por este preciso momento.

—¿No es genial, alteza?

Ruth había estado observando toda la escena hasta ahora, y entonces sonrió a Theia. Aunque no lo

dijo, ella se sentía de la misma forma que su princesa. Una emoción ardiente hizo acto de presencia

en su cuerpo y empezaron a formarse lágrimas en sus ojos.

—Ruth…

Las dos apretaron con fuerza la mano de la otra sin darse cuenta, pero ahora ya sabían que esas

manos no solo estaban conectadas entre sí. Ayudada por esta convicción, Theia se limpió las

lágrimas y la determinación regresó a su mirada. Eran unos ojos con una gran fuerza de voluntad,

dignos de una princesa antes de la batalla. Pero ahora tenían una cosa distinta, un profundo amor

que los cubría por completo.

—Koutarou, Harumi.

—Sí.

—Sí.

164

—Ruth.

—Alteza…

—Y las que no están aquí-

Theia ya no volvería a tener dudas.

El camino que debía seguir estaba despejado, ahora todo aquello que había abandonado le hizo dar

el primer paso.

—por favor vivid conmigo. Caminemos por el mismo sendero, mano con mano.

—Sí.

—¡Sí, por supuesto!

—Como desee, princesa.

Theia contaba con amigos de verdad que se apoyaban mutuamente. Saber esto le dio fuerzas;

estaba a muy poco de salir del encuadre en que debería estar una princesa y ser algo más grande.

Este fue sin duda alguna el momento en que Theia realmente superó su prueba y demostró su

potencial para convertirse en emperatriz.

Parte 9

El tiempo que les había conseguido Alnaya no les serviría para mucho. Sin embargo, esa pequeña

cantidad de tiempo era suficiente para cambiar el destino de Theia y los demás. El generador de la

Caballero Azul que se había desconectado previamente, ahora había vuelto a funcionar, y los

sistemas de la nave se iban recuperando uno tras otro. Los lugares donde habían recibido daños

fueron ignorados. El condensador de energía se llenó tras diez segundos desde que el generador se

reactivara y con esto fue posible utilizar de nuevo las armas y el escudo. La Caballero Azul había

recuperado parte de su poder gracias a Alnaya.

—¡Koutarou, tú controlarás la nave! ¡Yo estaré a cargo de los ataques!

—¡¡Entendido!! ¡¿Qué debería hacer?!

—¡Ruth!

—¡Sí! ¡Satomi-sama, por favor ve hacia esa parte del suelo que está iluminada!

Koutarou siguió las instrucciones de Ruth y se dirigió hacia el círculo brillante del suelo. Era el lugar

donde se almacenaba la armadura cuando Koutarou no la llevaba puesta.

165

—¡Traje de maniobras, cambio de modo! ¡De modo de ataque a modo de control!

En cuanto Koutarou se colocó sobre el suelo brillante, Ruth utilizó el panel de su asiento. Entonces

aparecieron varios hologramas alrededor del chico; contenían información diversa que se necesitaba

para controlar la nave.

—¡Satomi-sama, vas a empezar a flotar!

Koutarou se separó del suelo unos diez centímetros. Al mismo tiempo, sus miembros se movieron por

sí solos y cambiaron de posición.

—Ruth-san, ¿qué es esto?

—¡La postura en que te encuentras ahora mismo es la de la Caballero Azul! ¡Ahora lo único que

tienes que hacer es moverte, y la Caballero Azul te imitará!

—¡Muy bien!

Koutarou intentó mover un poco sus miembros para probar. Al hacerlo, el holograma de la nave se

movió de la misma forma.

—De modo que así es como funciona… pero el movimiento es bastante lento. ¡¿No podemos algo

con eso, Ruth-san?!

Sin embargo, su cuerpo no se movió tan rápido como habría querido. Sentía como si se estuviera

moviendo dentro de una piscina. Koutarou confirmó su forma pesada de moverse y giró la cabeza

hacia la flota enemiga. Se estaban recuperando paulatinamente del pánico que les había provocado

la aparición de Alnaya. La batalla decisiva comenzaría pronto.

—No se puede hacer nada. Esta nave no se puede mover a esas velocidades.

Ruth mostró una expresión de disculpa. El motivo de este inconveniente era que la nave no podía

moverse tan rápido como Koutarou, y como sus movimientos estaban ligados con los de la nave, los

suyos propios también se ralentizaron.

Pero entonces, Ruth encontró algo anormal en su computadora.

—…Espera un momento, se está ejecutando algún tipo de código en el sistema principal de la

Caballero Azul sin permiso… ¡¿Esto es?!

[Los daños han excedido el límite. Confirmada la identidad del portador del traje de maniobras,

Layous Fatra Veltlion. Verificando datos de combate. Prueba de voz confirmada. Bienvenido, su

excelencia Caballero Azul.]

Sorprendentemente, el sistema de la Caballero Azul estaba cambiando su configuración justo delante

de Ruth.

166

¡¡Es un programa que se había instalado en la Caballero Azul desde el principio!! ¡¡El hecho de que

Satomi-sama haya entrado en contacto con la nave en el modo de control debe haberlo activado!!

Entonces, esto significa~

Justo cuando Ruth entendió lo que pasaba, Elfaria apareció en el monitor principal. Tenía una

especie de sonrisa de alegría, justo lo contrario de la expresión confundida de Ruth.

[Hace mucho que no nos vemos, Layous-sama. Este mensaje ha sido preparado para activarse en

caso de peligro si se ha entrado en el modo de control.]

—¡Todo ha sido idea de su majestad!

—¡¿Madre?! ¡¿Y Layous-sama?!

Ruth y Theia dejaron salir un grito de sorpresa. Aunque estaban confundidas por cosas diferentes, su

asombro se podía medir en los mismos términos. Al igual que ellas, Koutarou también tenía una

expresión de incredulidad.

—…Elle, no has cambiado nada incluso después de 20 años. En serio… ¿qué es lo que hiciste?

[Esta nave fue construida utilizando los datos de combate de Layous-sama que recibí de Clan-sama

hace 20 años, pero debido a que tu forma de luchar es muy peculiar, una persona normal no sería

capaz de controlarla. Esto también debería haber sido igual para ti en la época que conociste a Theia,

así que limité los verdaderos poderes de la Caballero Azul utilizando una gran cantidad de sistemas

de seguridad.]

La imagen de Elfaria estaba explicando como si estuviera hablando con Koutarou.

La forma en la que habla… ¡No hay equivocación! ¡Koutarou y mi madre deben de haberse conocido

en un pasado distante! ¡¡Probablemente fue cuando él y Clan desaparecieron!!

Theia siempre había sentido que algo estaba fuera de lugar, pero su sentido común se interponía en

su camino hacia la verdad. Ahora se encontraba muy cerca de hallar dicha verdad. Elfaria continuó

con su explicación dejando a un lado a Theia.

[Pero el que ahora controla la nave es Layous-sama. El Layous-sama que conocí hace 20 años. Y

esta es la nave que mandé construir para ti. Por eso voy a desbloquear su verdadero poder.]

En el momento que Elfaria dijo eso, el monitor se llenó de advertencias de peligro en color rojo.

[Cambiando modo de control preseleccionado. De modo normal a modo Layous Fatra Veltlion.

Advertencia. Ahora el control de la nave requiere grandes habilidades. Por favor, que cualquier

persona excepto su excelencia Caballero Azul se abstenga de controlar la nave.]

En ese momento, Koutarou pudo sentir cómo desaparecía el peso de su cuerpo. Hasta ese momento

se había sentido como si estuviera en una piscina, pero ahora podía moverse con total libertad, como

si estuviera volando por el aire.

167

—¡Así que era eso!

—¡Satomi-sama, se aproxima un bombardeo de la nave de combate enemiga!

Ruth le hizo saber que la flota enemiga se disponía a atacar. Se habían recuperado casi por completo

del pánico cuando vieron moverse a la nave de Theia. La formación de cazas se estaba acercando

poco a poco y la nave de combate tras ellos tenía su cañón apuntando hacia la Caballero Azul.

—¡Déjamelo a mí!

Koutarou movió los brazos y las piernas y utilizó el impulso para girar el casco de la Caballero Azul. Al

mismo tiempo, los propulsores de las piernas se activaron a máxima potencia. La nave demostró una

movilidad impensable para un vehículo de este tipo y cambió su trayectoria de vuelo. Como resultado,

el rayo disparado por la nave enemiga falló completamente.

—¡Lo conseguiremos!

[Ten cuidado, Layous-sama. Ahora la nave puede moverse como se te antoje, pero también se ha

desactivado toda la seguridad, así que no se tomará en consideración la integridad del casco. La

masa supera los dos millones de toneladas, de modo que si el casco entra en contacto consigo

mismo se destruirá. Por favor, ten cuidado cuando controles la nave.]

—¡No hagas que algo complicado suene tan fácil, Elle!

Koutarou movía el casco de la nave de forma irregular mientras se iba acercando al enemigo. La

sensación que tenía cuando maniobraba era casi la misma que con su armadura, pero como no podía

permitir que sus piernas y brazos chocaran, tenía que ser más cauteloso que cuando solo llevaba

puesta la armadura. Si no hubiera sido por Koutarou, que tenía sus sentidos agudizados gracias al

uso de la energía espiritual, habría sido prácticamente imposible controlar la nave.

Sin embargo, sus esfuerzos fueron recompensados; el enemigo fue incapaz de fijar su mira en los

movimientos increíbles de la Caballero Azul. Los cazas, que tenían también una alta movilidad,

apenas podían seguirla, así que no fueron capaces de lanzar su ataque sincronizado. Sus disparos

pudieron ser bloqueados de forma individual con el escudo de la nave. Las defensas de la Caballero

Azul habían aumentado enormemente gracias a Koutarou.

[Theia, tú céntrate en atacar. Abrirás el camino y tu caballero caminará por él. Después de todo tú

eres su dueña.]

—Madre… Koutarou… ¿Qué está pasando?

Theia aún seguía confundida.

Había muchas cosas que quería saber, como el secreto de Koutarou, su relación con Elfaria, y por

encima de todo, el motivo por el que su madre lo había llamado Layous. Al mismo tiempo se sentía

nerviosa; le preocupaba que algo oculto pudiera alterar drásticamente su relación.

168

Ruth advirtió el aspecto de Theia y le dirigió unas palabras.

—¡Alteza, entiendo cómo debe sentirse! ¡Pero por favor, ahora concéntrese en la batalla! ¡Esa

persona de ahí es sin duda Satomi-sama, se lo aseguro!

—Ruth… Tienes razón. ¡Entendido!

Sus dudas y su nerviosismo aún seguían presentes, pero Theia decidió apartarlos por el momento.

Ahora mismo tenía una batalla que requería su atención, una que debía ganar. Si no lo hacía no

podría hacer la pregunta que deseaba. Además, Ruth se lo había asegurado. Gracias a esto pudo

concentrase.

—¡Caballero Azul! ¡Dame solo el control del sistema de ataque!

[Como desee, princesa.]

Los dispositivos a su alrededor cambiaron de posición siguiendo la orden de Theia. Hasta ahora

había tenido el control del ataque y de las maniobras, por lo que su asiento se había dispuesto como

el de un caza. Pero ahora que Koutarou estaba a cargo de los controles, su única función era atacar.

La nave desplazó los paneles de control a la posición más cómoda y eficiente posible. Como

resultado, ahora podía emplear una amplia variedad de armas al mismo tiempo.

—¡Allá vamos, Koutarou! ¡Te abriré un camino! ¡Tú solo lleva la nave directamente hacia él!

—¡No falles!

Theia comenzó el bombardeo. Aunque los movimientos de Koutarou eran irregulares y difíciles de

predecir, Theia se ajustó a él y, utilizando toda su habilidad, atacó cuando pudo. Su objetivo era el

grupo de cazas que se encontraba entre la Caballero Azul y la nave de combate. Utilizaba los láseres

para enemigos lejanos, los rayos para los cercanos y los misiles para los que intentaban retirarse. De

este modo fue eliminando los cazas que se cruzaban en su camino.

—¡¿Estás insinuando que puedo fallar?! ¡¿Pero con quién crees que estás hablando?!

—Con mi princesa, que ha estado un poco pesimista últimamente.

—¡Idiota! ¡Después te voy a dar un puñetazo! ¡Por supuesto que sí!

—Asegúrate de que no duela mucho.

—¡Pues claro que va a doler!

A medida que el volumen de sus palabras aumentaba, sus movimientos se hacían más rápidos. Al

verlos de esa forma, Ruth recordó cómo se comportaban cuando jugaban juntos.

Satomi-sama… alteza… Así es como deberían ser los dos…



Ruth sintió algo cálido en su pecho. Sin embargo, tuvo que esforzarse para no dejarse llevar por esa

sensación; no era momento para llorar. Ruth tomó algunas acciones para ayudarlos, y entonces vio

que había recibido un mensaje de Elfaria.

[Ruth, por favor cubre a Layous-sama y a Theia. Si se ponen en serio esta nave podrá demostrar todo

su poder. Al fin y al cabo la construí para eso.]

—Majestad…

[Pero la producción del generador sigue siendo la misma, por lo que el control de potencia va a ser

mucho más difícil de gestionar que antes. También habrá ocasiones donde los controles de la inercia

y de la gravedad no puedan seguir el ritmo de Layous-sama. Van a necesitar tu ayuda para poder

controlar todo eso.]

—Entonces la nave fue diseñada para que la manejásemos los tres…

Ruth estaba sorprendida por las palabras de Elfaria, pero consiguió alterar los parámetros para

apoyar a los otros dos, que estaban luchando. Como había dicho Elfaria, había muchas cosas que

Ruth tenía que hacer.

No solo se trataba de la distribución de energía del generador, del condensador o de gestionar el

escudo, sino que además tenía que asistir a la nave para que pudiera adaptarse a los movimientos de

Koutarou y entregar a Theia información sobre el enemigo. Tendría que adelantarse a sus

pensamientos para operar la nave antes de que llevaran a cabo las acciones, cosa que nadie excepto

Ruth, que siempre había estado cuidando de los dos, podría hacer.

—¡Entendido, majestad, me aseguraré de que esos dos salgan victoriosos!

Cuando la asistencia de Ruth se sumó a los movimientos de Koutarou y Theia, los dos empezaron a

moverse más rápido y con más intensidad. Los tres eran como uno solo. Fueron capaces de llevar el

poder de la Caballero Azul a unas cotas nunca vistas gracias al fuerte lazo que había entre ellos.

Como resultado, la batalla de antes parecía como una farsa, y ahora estaban presionando a la flota

enemiga. Esto no era porque uno de ellos fuera especial, sino porque los tres compartían algo

especial.

[Y… ¿hay alguien más ahí? Os dejo este mensaje con la esperanza de que así sea.]

—Majestad…

Por último, Elfaria también dejó un mensaje a Harumi. Ella se sorprendió y miró la imagen de la

emperatriz en el monitor.

[Theia es una niña complicada. Estoy segura de que ha tenido que pasar por muchas cosas por ser la

hija de la emperatriz. Solo confiaba plenamente en Ruth, y ahora ha hecho muchos amigos. No hay

nada que me haga más feliz que eso.]

171

Elfaria había descubierto el destino que le esperaba a su hija gracias a su encuentro con Koutarou.

También aprendió que Theia maduraría considerablemente en la Tierra y que allí encontraría amigos

irremplazables. Por eso Elfaria pudo cumplir su deber, apoyada por sus fuertes sentimientos.

[Te voy a pedir una cosa, sabiendo que es algo bastante imprudente pedir. Por favor, ayuda a Theia.

Esa chica es muy testaruda y no podrá confiar honestamente en los demás si está sufriendo. Pero no

es así en realidad.]

Estaba cayendo una lágrima por la mejilla de Elfaria. Se trataba de algo que debería haber hecho ella

misma, pero su responsabilidad como emperatriz lo hizo muy complicado, y como su madre, esa

realidad le hacía increíblemente triste.

[Así que por favor, cuida de Theia. Por favor hazle saber que puede confiar en las personas que son

importantes para ella. Dale a esa chica una felicidad que tendría cualquier persona normal…]

Elfaria hizo una reverencia mientras decía esas palabras y se terminó el vídeo. Después de haberlo

visto, Harumi pudo sentir las fuertes emociones que afligían a Elfaria.

—Por favor, esté tranquila, su majestad. Eso es lo que Theiamillis-san hizo por mí. Me había

encerrado en mí misma, pero ella me mostró el mundo exterior. Por eso ahora es mi turno. ¡Mientras

que esté haciendo el papel de la Princesa Plateada en la Tierra, siempre seré su aliada!

Harumi mostró una expresión de determinación y empezó a realizar un conjuro en la lengua antigua

de Fortorthe. Estaba intentando añadir un cuarto tripulante a la Caballero Azul, que funcionaba

gracias a una unión de tres. Esto crearía una fuerza tan poderosa que incluso superaría

enormemente las expectativas de Elfaria.

Parte 10

El ejército golpista había sucumbido al caos debido a la aparición del reptil gigante, pero tras un rato

recuperaron la calma, ya que el lagarto se marchó sin hacer nada. Entonces la Caballero Azul

empezó a moverse de nuevo, sin embargo, solo permanecerían tranquilos durante unos instantes.

Esto se debía a que la nave de Theia se había convertido en algo que revolucionaba por completo la

lógica de las batallas espaciales.

—¡Elexis-sama, la Caballero Azul se está moviendo demasiado rápido como para que el cañón pueda

fijarla!

—¡Cálmese! ¡Deje que los cazas se encarguen de ella!

—Sobre eso… ¡Están siendo repelidos por los movimientos de la nave y no son capaces de realizar

un ataque en condiciones! ¡Y además están cayendo uno tras otro! ¡Si seguimos así dentro de poco

no podremos hacer nada!

172

El puente de la nave de transporte donde se encontraba Elexis no era una excepción, y él estaba

rodeado de un ambiente muy ajetreado. Nunca habían oído que una nave de clase real tuviera una

movilidad comparable con la de un caza, y dejando a un lado esas rápidas maniobras, también tenía

una precisión de disparo increíble. Era algo imposible. La Caballero Azul se dirigía hacia la nave de

combate, y entonces sería destruida en cuanto se acercase. Tenían que detenerla de alguna forma.

—¡Entonces utilice los misiles SMR! ¡Si empleamos misiles de alta maniobrabilidad deberían ser

capaces de seguirla a esa velocidad!

—¡Entendido! ¡Todas la naves, lanzad misiles de alta maniobrabilidad! ¡Cambiad el sistema de

seguimiento a SMR!

Los misiles SMR seguían a su objetivo de la misma forma que lo hacían los robots y los cazas. Varios

de ellos trabajarían en conjunto para arrinconar al enemigo y detonar al mismo tiempo si fuera

posible. Evadirlos era una tarea difícil, y la fuerza de varios misiles detonando a la vez era muy alta.

Se trataba de un arma bastante efectiva, pero tenía un punto débil. Controlar los misiles y los cazas al

mismo tiempo implicaba una mayor carga de trabajo en el computador que los guiaba, y por tanto, el

manejo de los cazas debía abandonarse temporalmente, disminuyendo considerablemente su poder

defensivo. No habían utilizado estos misiles antes por el problema descrito, no porque no fuesen

necesarios.

—¡La Caballero Azul ha desplegado su Espada de Energía Anti-Naves, la Signaltine!

—¡¿Y qué pueden hacer con eso?! ¡¡Es inútil, princesa Theiamillis!! El único que podría derribar esos

misiles con la espada es Koutarou-kun~ ¡¿Espera?!

En ese momento, todo lo que había ocurrido hasta ahora pasó por la mente de Elexis. La chica del

suelo que tenía escamas rojas, el dragón gigante que había aparecido de la nada, los movimientos de

la Caballero Azul que se habían mejorado justo después, y ahora la espada que estaba luchando con

los misiles. Todo ello condujo a Elexis a una conclusión.

—¡¡Estás a bordo de esa nave, ¿no es así, Koutarou-kun?!!

El dragón de escamas rojas había llevado a Koutarou hasta el espacio y después había fingido

atacarles para darle tiempo a que se subiera a la nave. Los movimientos de la nave habían mejorado

debido a que Koutarou estaba controlándola. Por último, la Caballero Azul había desplegado la

espada, la cual ahora estaba bajo su control, y con ella podría destruirlos.

—¡Desactiva el SMR de los misiles! ¡Restaura el control de los cazas inmediatamente!

—Pero si desactivamos el SMR ahora, el seguimiento se~

—¡¡Aunque consigan seguirlos no será suficiente para destruirles!! ¡¿No lo entiendes?!

La decisión de Elexis fue rápida y precisa, pero debido a las dudas del capitán no lo consiguieron a

tiempo.

173

—He estado… Debería haberme dado cuenta en el momento que lo vi utilizando el traje de

maniobras de la Caballero Azul… ¡Esa nave fue diseñada teniendo en mente a Koutarou!

Elexis golpeó con frustración el reposabrazos de su asiento.

—¡¿Pero quién es él?! ¡¿Cómo puede tener tanto poder?! ¡¿Por qué está apoyando a la familia real?!

¡¿Por qué la Caballero Azul fue diseñada teniendo en cuenta su poder?!

Elexis observaba cómo la Caballero Azul movía su espada de estilo antiguo de Fortorthe. El bello

manejo de la espada dejaba atónito a todo el que lo veía. Entonces destruyó el grupo de misiles que

se aproximaba.

Parte 11

Los misiles fueron bloqueados gracias a más personas aparte de Koutarou.

Él se había dado cuenta de que se acercaban unos misiles gracias al conjuro que realizó Harumi para

detectar metal. Si no hubiera sido por esto, Koutarou no se habría percatado desde su mala posición

de la cantidad de misiles que se aproximaban. Además, Theia había disparado con el láser a los

misiles que Koutarou no había acertado a destruir. Pero a pesar de ello, algunos todavía pudieron

impactar en la nave, aunque fueron completamente bloqueados por el escudo. La distribución de la

energía que estaba realizando Ruth había sido perfecta y no se quedaron sin ella en ningún sistema,

desde la espada hasta los escudos.

Dicho de otro modo, este resultado se debía a que los cuatro habían demostrado en común sus

poderes.

—¡Satomi-sama, sigue moviéndote hacia delante! ¡Su sistema se ha sobrecargado por culpa de los

misiles y sus naves apenas pueden funcionar en condiciones!

—¡Vamos Theia!

—¡¡Déjamelo a mí!! ¡Espera, la nave defensiva se interpondrá en tu camino!

—¡Ruth-san, ¿podrá atravesarla esta espada?!

—Es posible. ¡Pero considerando las características de esa nave, será complicado si no utilizamos

toda la potencia!

Koutarou y las chicas se disponían a atacar a la nave de combate. En ese momento, esa era la única

que tenía el potencial para derribar la Caballero Azul con un solo ataque. Si tenían la suerte de

impactar en ellos y el grupo de cazas continuaba el ataque, el escudo de la Caballero Azul no lo

resistiría.

174

Sin embargo, existía un riesgo ligado a ese plan. Como la nave defensiva estaba protegiendo a la de

combate sería difícil atacar directamente. Tendrían que hacer uso de su movilidad para rodearla o

utilizar la espada de energía para destruirla. La primera opción les daría tiempo suficiente a los cazas

para reiniciarse, mientras que la segunda dejaría indefensa a la Caballero Azul, ya que la espada

consumiría toda la energía. Ambas opciones tenían sus propios riesgos.

—Umm, Ruth-san. Esa, umm, ¿barrera? ¿La barrera que protege a la nave espacial funciona de la

misma forma que la armadura de Satomi-kun?

Entonces Harumi, que se había encargado de apoyarlos con magia, se unió a la conversación. Su

expresión era muy diferente de la tímida que habitualmente ponía. A todos les recordó a su forma de

ser sobre el escenario.

—¡Sí! ¡Aunque la generación de potencia está a un nivel completamente distinto, funcionan con el

mismo principio!

—Entonces haré algo con eso. Satomi-kun, por favor ataca con la gran Signaltine.

—¡Muy bien! ¡Vamos Theia!

—¡Sí!

Ni Koutarou ni Theia escucharon siquiera los detalles del plan de Harumi; decidieron atacar

directamente con la espada de energía. Creían en ella y además tampoco tenían el tiempo para

dudar. Koutarou fijó el rumbo hacia la nave defensiva y Theia destruiría cualquier caza que se

interpusiera.

—Harumi-sama, ¿qué pretendes hacer?

En cambio, Ruth preguntó a Harumi los detalles. Necesitaba saber lo que planeaba considerando el

papel de cada uno en la estrategia.

—Atacaremos con dos Signaltines. Utilizaré el poder mágico de la pequeña para aumentar el poder

de la grande y transformarla en un arma diferente.

—¡¿Pero algo así es posible?!

—Si solo me centro en el extremo debería ser posible.

—Ya veo, así que ese es tu plan. ¡Es una buena idea!

Tras haberse figurado lo que pretendía Harumi, Ruth comenzó a realizar unos ajustes en la Caballero

Azul. Harumi tomó aire para prepararse y juntó las manos frente a su pecho.

—Satomi-kun, usa la Signaltine.

—Vale.

175

Koutarou obedeció a Harumi y sacó la Signaltine de la funda, que estaba colgada de su cintura. Al

hacerlo, la Caballero Azul recreó la espada de energía anti-naves para que cuadrase con sus

movimientos. Tanto el grande como el pequeño Caballero Azul sostenían su Signaltine y cargaron

contra la nave defensiva.

—¡Allá voy!

Harumi cerró los ojos y se concentró. Estaba intentando liberar todo el poder de la Signaltine, tanto

como fuera posible teniendo en cuenta que pretendía afectar a algo tan grande como una nave

espacial. Adhiriéndose a la voluntad de Harumi, la Signaltine empezó a emitir una cantidad masiva de

poder mágico. La luz y el poder que fluían fueron suficientes para hacer temblar el puente donde se

encontraban.

El pelo de Sakuraba-senpai es…

Cuando Harumi había utilizado antes la magia, su pelo había brillado con un color plateado, pero

ahora que estaba liberando todo el poder de la espada, no solo se quedó ahí. Su pelo estaba

cambiando al color de la plata.

¿Su majestad Alaya…?

Koutarou se quedó mirándola por instinto. Con su pelo plateado, ahora Harumi parecía exactamente

igual a Alaya, la Princesa Plateada que conoció 2.000 años atrás. También podía sentir su misma

presencia debido al poder mágico que estaba surgiendo. Si no hubiera sabido desde el principio que

ese pelo pertenecía a Harumi no habría sido capaz de distinguirlas.

—Pasado, presente y futuro, oh madre de todas las cosas, Diosa del Amanecer.

Esas palabras formaron la plegaria que salió de la boca de Harumi. También eran las mismas que

dijo Alaya. En este punto, incluso Koutarou, que había conocido a la princesa hacía 2.000 años, tenía

problemas para distinguir una de la otra.

—Soy una descendiente de Fortorthe, tu fiel sirviente te reclama. Ahora es el momento de liberar tu

verdadera fuerza y concedernos el poder para superar esta crisis.

A medida que Harumi proseguía con su oración, la espada de energía anti-naves de la Caballero Azul

se envolvió de una luz de color blanco puro y empezó a brillar, al igual que la Signaltine en las manos

de Koutarou.

—Viento de los cielos. Verdor del suelo. Agua del mar. Fuego de la montaña. ¡Utilizando mi vida

como fuente, revelad el poder que unifica todas las cosas!

La luz que envolvía las dos espadas tenía pulso, como el de un ser viviente. Los dos pulsos se

sincronizaron a la perfección con el de Harumi.

—¡Mi nombre es Alaya! ¡La nieve plateada de Mastir! ¡Oh sagrada espada del templo, responde a mi

llamada y abre el camino de nuestro futuro!

176

Harumi terminó la oración y todo el poder de la Signaltine fluyó hacia la espada de energía. Aquella

arma gigante ahora era la Signaltine. No importaba si no tenía forma material o no; La espada de

energía anti-naves ahora brillaba como la auténtica Signaltine.

—¡Ahora, Satomi-kun!

Con la plegaria terminada, Harumi miró hacia Koutarou. Él se olvidó por un momento de dónde

estaba debido a que ella se parecía mucho a Alaya.

Esto no está bien. ¡Concéntrate! ¡Este no es el momento de distraerse!

Sin embargo, esto solo ocurrió durante un instante. Koutarou recordó rápidamente su batalla y

preparó la espada de la Caballero Azul. Ahora estaban justo encima de la nave defensiva, y no era el

momento para descuidarse. Koutarou gritó como si se estuviera regañando a sí mismo.

—¡Voy a hacerlo!

—¡Adelante!

—¡La Espada de Energía Anti-Naves, Signaltine, se ha cargado al 100%!

—¡Todo tuyo, Koutarou!

El bombardeo de Theia y el control del escudo de Ruth protegían la nave. El poder de Harumi había

hecho que la energía de la espada se desbordara en un fulgor blanco y Koutarou sostuvo la

Signaltine con ambas manos para atacar con todas sus fuerzas.

La Caballero Azul imitó los movimientos de Koutarou y su casco rugió a causa del desplazamiento de

la espada gigante. El blanco era el generador de la nave defensiva. Ésta respondió levantando el

escudo para bloquear la espada. A cambio de tener un armamento prácticamente inexistente, la nave

defensiva estaba equipada con una barrera muy potente. Por eso ni una espada de energía debería

ser capaz de atravesarla.

—¡¡Vamooooooooos!!

Pero cuando Koutarou dio un grito, la espada pasó a través del escudo. La barrera soltó un grito en

forma de parpadeo violento, se partió en pedazos como un cristal y desapareció.

Este fue el resultado del poder que Harumi le había otorgado a la espada de energía. Utilizando el

poder de la Signaltine, reemplazó el extremo de la espada de la nave por energía espiritual. Las

barreras de Fortorthe no podían bloquear este tipo de energía, y por tanto, el extremo la atravesó

fácilmente. Una vez que consiguió traspasarla, el resto fue fácil. La espada se adentró en el escudo a

través de la grieta y terminó de destruirlo.

—¡¡Abre todas las compuertas!! ¡¡Sigue disparando hasta que te quedes sin energía!!

[Como desee, princesa.]

177

Cuando desapareció el escudo, Theia utilizó casi todo el armamento anti-naves del que disponía.

Rayos, láseres, misiles… Todas las clases imaginables de armas se estaban utilizando para atacar a

la nave defensiva. Su casco se rasgó como el papel, demostrando que el poder ofensivo de una nave

de clase real no solo era de exhibición. La nave de defensa fue destruida al instante y únicamente

quedó una cápsula de escape flotando de forma solitaria en el espacio.

Parte 12

Koutarou y las chicas habían sido capaces de destruir la nave defensiva en parte gracias a que los

cazas no pudieron moverse. A pesar de saber eso no bajaron la guardia ni un momento, incluso

después de haber eliminado la nave, y siguieron avanzando para atacar a la de combate. El poder

ofensivo del enemigo aún seguía presente, por lo que tratar de defenderse solo aumentaría el riesgo.

—¡Koutarou! ¡Ahora nos centraremos en la torreta principal!

—¡Vale!

El objetivo de Theia y Koutarou era el armamento principal que se encontraba en la parte superior del

casco de la nave enemiga, capaz de girar por sí solo.

Debido a que el armamento principal era capaz de rotar, podía disparar en cualquier dirección sin

tener en cuenta el lugar donde se estaba produciendo la batalla. A cambio debía tener una integridad

más débil, sobresalir del casco de la nave, y por tanto, ser más fácil de atacar. Se trataba de un arma

poderosa cuando estaba cubierta por una defensa adecuada.

Pero ahora que la nave que estaba a cargo de la protección había sido destruida, ir a por el

armamento principal era la estrategia más efectiva. Si conseguían acabar con él, la nave de combate

no sería una amenaza a tener en cuenta.

—¡Alteza, el grupo de cazas se ha reactivado! ¡Nos están persiguiendo!

—¡Koutarou, tú te encargarás de la nave de combate! ¡Haz algo con ella!

—¡¿Qué quieres decir con algo?!

Theia comenzó el bombardeo para mantener lejos a los cazas que se habían activado, dejando el

asalto de la nave de combate a Koutarou. Él había pensado en dejar esta tarea a Theia, ya que no

tenía ningún método de ataque planeado.

—¡Maldita sea, en ese caso…! ¡Ruth-san, cambia la espada a modo de disparo!

—¡Como desee, señor!

178

Koutarou preparó la espada de energía anti-naves. Al hacerlo, se disparó un rayo desde el extremo.

Como las espadas de rayos y los cañones funcionaban de manera similar, la espada de la Caballero

Azul podía hacer ambas cosas.

—¡¡Uooooooooo!!

Disparó varios rayos de forma continuada a medida que se iba acercando a la nave del ejército

enemigo. Evidentemente, ellos no se quedaron sentados viendo la escena; el armamento principal fijó

su mira en la Caballero Azul y disparó.

—¡¡No pienso dejar que me alcancen!!

Koutarou viró la nave y la hizo girar sobre su propio eje para intentar esquivarlo. Al ver que la

maniobra por sí sola no sería suficiente, Ruth tomó acciones adicionales.

—¡¡Soltando una sección del control de gravedad y de inercia!!

—¡¿Uoooooooo?! ¡¿Q-qué es esto?!

En el momento que Ruth introdujo un comando en el panel, la rotación de la Caballero Azul se

aceleró. Como resultado, esto le permitió evitar el rayo, pero el aumento repentino de la velocidad

sorprendió a Koutarou.

—¡Por favor, hágase a ello, Maestro! ¡Estoy segura de que puede conseguirlo!

—¡¡¿Estás de broma?!!

Aunque Koutarou estaba en pánico, Ruth no mostró ni un ápice de piedad. Incluso ahora estaba

aumentando la velocidad para que los movimientos de la nave coincidieran con los de él. Koutarou

apuntó el extremo de la espada hacia la nave enemiga mientras luchaba desesperadamente para

mantener el control de la Caballero Azul.

—…Incluso después de tantos años todavía seguís siendo un grupo divertido…

Después de haber utilizado casi todo su poder, Alnaya, con su forma de dragón-humano, miraba

moverse la Caballero Azul a la velocidad del rayo. Su forma de luchar estaba fuera de la lógica de los

dragones, por lo que Alnaya observaba a Koutarou y las demás con una expresión divertida.

—¡Bueno, si vas a jugar así! ¡Ruth-san, en cinco segundos concentra la barrera en la pierna derecha!

—¡¡Kyaaaa, espera, esperaaaa!!

—¡¡No voy a esperar!!

Koutarou disparó varios rayos consecutivos. El escudo de la nave de combate había recibido varios

impactos y ya estaba a poco de caer, de modo que Koutarou giró de nuevo y le dio un golpe con su

pierna derecha.

179

—¡Demasiado rápido! ¡¡Es demasiado rápido, Maestro!!

—¡¡Estoy seguro de que puedes conseguirlo, Ruth-san!!

—¡¡¿Estás de broma?!!

Ahora era el turno de Ruth para entrar en pánico mientras que realizaba rápidamente unos ajustes en

el escudo. Sin dejarle acabar, Koutarou lanzó una patada giratoria. La fuerza de la patada de una

máquina de un kilómetro de altura y un peso de 2.000 toneladas fue terrorífica. Combinado con el

escudo que había levantado momentos antes del impacto, la patada atravesó fácilmente la barrera de

la nave enemiga y envió volando la torreta del armamento principal.

Parte 13

En cuanto Koutarou lanzó su patada, Theia disparó a la nave con todo lo que tenía, y como resultado

acabó con todo el potencial ofensivo de los enemigos. Una vez eliminado el peligro, dejaron flotar a la

nave de combate y se dirigieron hacia la última que quedaba, la nave de transporte. Lo único que aún

podía ser una amenaza eran los cazas que estaban siendo controlados por ella.

—¡Quedan nueve cazas, un total de tres formaciones! ¡Hasta ahora hemos destruido 27!

—Aunque son no tripuladas, los están utilizando como si fueran desechables.

—Probablemente ya no vuelvan a usarlos más… Ruth-san, por favor abre un canal con esa nave.

—Es una flota ilegal. No creo que contesten…

—Contestará. Ese individuo es así. Por favor, Ruth-san.

—Sí.

Antes de atacar, Koutarou quería que el enemigo se rindiera. Ruth entendió sus intenciones y envió

una petición de comunicación al transporte. Poco tiempo después, Elexis apareció en el monitor de la

Caballero Azul.

—Estoy sorprendido por tu forma de luchar, Koutarou-kun.

—Solo he tomado algunos riesgos y de algún modo lo he conseguido. Ahora estoy tratando de evitar

tomar más.

—¿Eso es una petición de rendición?

—No me importa si te rindes o te retiras. Ninguno de nosotros puede ganar algo en esta batalla. ¿Me

equivoco?

180

—Sí. Eso es lo que piensan mis subordinados. Por eso he hecho que abandonen esta nave. Puedes

verlos, ¿verdad?

Elexis había evacuado a todos sus subordinados mediante cápsulas de emergencia. Se dirigían hacia

la nave inutilizada dejándolo solo.

—No es necesario conseguir más tiempo.

Koutarou supuso que Elexis planeaba conseguir tiempo a sus subordinados para que escaparan; ya

había ocurrido algo parecido en otras ocasiones.

—No pretendo hacer eso. Esto es porque yo no quiero rendirme, quiero luchar hasta el final.

—No quieres rendirte, ¿eh? Entonces me abstendré de hacer más preguntas.

Al ver la sonrisa de Elexis a través del monitor, Koutarou se dio cuenta de que hablaba en serio.

Pensaba proseguir con su ataque porque sabía que no había forma de convencer a Elexis de que

desistiera. Koutarou comprendía muy bien esa situación.

—Gracias, Koutarou-kun. Me gusta esa parte de ti. Debe ser por eso que…

Elexis quería demostrar de lo que era capaz. Había encontrado por primera vez en su vida una

competencia en forma de rival, Koutarou. Por eso todavía no quería terminar allí su batalla, aún no lo

había dado todo, quería demostrar su poder hasta el final. Era como un niño que se negaba a volver

a casa. Desde esa perspectiva uno podría decir que quería jugar con Koutarou para siempre.

—¿Puedo preguntarte algo a cambio?

—¿Qué puede ser?

—Cuando haya terminado esta batalla, ¿qué va a hacer el ejército del golpe?

—Bueno… probablemente se retiren por un tiempo. Anunciarán oficialmente que el estado de su

majestad Elfaria ha empeorado, y durante ese tiempo inventarán alguna prueba para inculparle un

crimen. Después, cuando hayan conseguido las pruebas, anunciarán que habían declarado la

enfermedad de Elfaria solo porque no podían tratarla como a una criminal hasta que hubiesen

conseguido las evidencias necesarias… o algo parecido.

—Y entonces atacarán con todo su arsenal.

—Probablemente. Bueno, hasta entonces enviarán a unos cuantos asesinos.

—Ya veo. Gracias, Elexis.

—A cambio, ¿puedo pedirte que te tomes esto en serio?

—Entendido, lo haré.

181

—Estoy deseándolo.

Elexis cortó la comunicación con esas palabras. Su imagen despareció del monitor de la Caballero

Azul y en su lugar apareció la nave de transporte, que había comenzado a moverse.

Empezaste a preocuparte por tus aliados… pero sigues viviendo solo el presente, ¿verdad, Dextro…?

Koutarou recordó a su antiguo enemigo e hizo una postura con la Caballero Azul. Puede que solo

restara una nave, pero no podía bajar la guardia contra este enemigo.

—Theia, va a ir con todo desde el principio.

—Lo sé. Tengo algo de experiencia en batallas.

—Las compuertas de los misiles de su nave se están abriendo, creo que son esos misiles guiados. La

nave de combate ya no se mueve y parece que no se va unir a la batalla.

—…Puede que no esté hecho para la lucha, igual que yo…

La nave de combate todavía disponía de cañones de misiles sin dañar, sin embargo, Elexis no los

estaba utilizando. Esto se debía a que odiaría el resultado si lo hiciera.

—¿Qué ha sido eso?

—No, nada… ¡Theia, tú te encargas de los misiles! ¡Terminemos con esto lo antes posible!

—¡Sí!

—Como desee, señor.

Elexis los estaba retando a una batalla sabiendo perfectamente que se encontraba en una desventaja

importante. Koutarou sabía que tenía que tomárselo en serio en varios sentidos, así que activó los

propulsores de su nave y se lanzó hacia el transporte donde estaba Elexis. Pero para detenerlo debía

ocuparse de los nueve cazas que aún seguían en sus inmediaciones, y mientras, Elexis dispararía

sus misiles. Era posible lidiar con los proyectiles y con los cazas al mismo tiempo, ya que estos

últimos tenían un número muy reducido.

—¡Ya lo veo, es un ataque difícil de bloquear!

Koutarou vio los misiles lanzarse y utilizó la posición de los propulsores de la Caballero Azul para

realizar una amplia maniobra evasiva. Aunque sus enemigos eran pocos, debido a que las

características de sus armas eran distintas sería muy complicado bloquear un ataque sincronizado de

ambos.

—¡Probablemente está intentando reducir nuestra velocidad con los cazas y destruirnos con los

misiles! ¡Déjame los misiles y tú quítanos de encima los cazas! ¡Puedes olvidarte de los disparos de

la nave de transporte!

182

[¡Como desee, princesa!]

Koutarou y Theia iban a enfrentarse juntos en la batalla después de haber dividido sus tareas.

Koutarou haría uso de su movilidad para evitar que los cazas se aproximasen demasiado, mientras

que Theia se encargaría de los misiles desde una perspectiva distinta. Deberían ser capaces de

vencer con la poca cantidad de enemigos.

—¡Alteza, el transporte aún sigue lanzando misiles! ¡Es extraño que haya más que antes!

—¡Es una cortina de humo! ¡Ya tenías esto pensado, Elexis!

Como respuesta, Elexis disparó varios misiles que empleaban el sistema estándar de guiado. Como

Koutarou no podía distinguir de qué tipo era cada uno tendrían que ser igual de cautelosos con todos

ellos. Theia disparaba frenéticamente en un intento de derribar todos los misiles.

—Reuníos, espíritus de la tierra. Arrodillaos ante mí y mostrad el poder que alberga vuestro nombre.

¡Alza tu voz, linaje de la tierra!

Harumi realizó un conjuro sobre Theia. Entonces ella fue capaz de sentir todos los misiles y los cazas

que estaban volando por el espacio. Era el conjuro para detectar metal.

—¡Gracias, Harumi!

—¡Buena suerte!

Incluso la magia, que podía ser de utilidad en cualquier situación, era inservible contra objetos que

volaban a velocidades extremas. Por eso esto era todo lo que Harumi podía hacer; solo observar el

transcurso de la batalla le frustraba.

—¡El número de cazas está bajando! ¡Cuidado con la nave de transporte!

Con tantos misiles volando alrededor y ni una sola forma de poder distinguirlos, Koutarou y las chicas

se vieron presionados a destruir el transporte. Koutarou esquivó los ataques de los cazas y apuntó la

proa de la Caballero Azul hacia la nave de Elexis. Mientras tanto, Theia derribaría los misiles que se

aproximaran en la dirección que estaban viajando. Gracias a esto, Koutarou fue capaz de centrarse

solamente en los cazas y en la nave.

—¡¡Vamos, yo abriré un camino!!

—¡¡Uoooooooo!!

Cuando Theia consiguió crear un paso, Koutarou maniobró la nave para viajar por él con la agilidad

de un acróbata. Se produjeron varias explosiones a su alrededor, haciendo que pareciese un festival

de fuegos artificiales. Sin embargo, esto no era algo tan espectacular; se trataba de un asunto de vida

o muerte.

—¡La nave ha colocado su generador a máxima potencia!

183

—¡No dejes que escape, Koutarou! ¡Acaba esta batalla ahora mismo! ¡Nosotros no duraremos tanto!

—¡Yo me encargo!

Mientras que Koutarou se acercaba, Elexis utilizaba toda la energía que podía del generador del

transporte. Theia no podría mantener una puntería precisa durante tanto tiempo, así que se

imaginaba que Elexis se disponía a reforzar su escudo y distanciarse de la Caballero Azul.

—¡Oh no, ¿qué hace?!

Pero la situación se desarrolló de una manera inesperada.

—¡Elexis va a cargar directamente contra nosotros! ¡No está intentando conseguir tiempo!

—¡¿Pretende chocar con nosotros?!

—¡Así que era eso, Elexis!

La distancia entre la nave de transporte y la Caballero Azul, que había acelerado para evitar la huida

de Elexis, disminuyó rápidamente. El enemigo había elegido dirigirse hacia ellos directamente en vez

de escapar, y aunque intentaran evadirlo, sus posibilidades de retirada estaban impedidas por los

misiles y los cazas. El objetivo de Elexis había sido colisionar con ellos desde el principio.

—¡Por eso evacuó a todos los soldados! ¡Ha utilizado los misiles y los cazas para encubrir su

verdadero plan y cortarnos las vías de escape! ¡¿Cómo has podido ir tan lejos, Elexis?!

Koutarou mostró una expresión amarga y abrió los brazos de la Caballero Azul. Los ataques de Theia

habían atravesado el escudo de la nave, pero ésta no cesaba su avance hacia ellos.

—Ruth-san, concentra el~

—¡¡Concentrando el campo de distorsión en los brazos!! ¡¡Poniendo el generador a máxima potencia

y enviando toda la energía disponible al campo de distorsión!!

Ruth adivinó las intenciones de Koutarou y concentró el escudo alrededor de los brazos de la nave

antes de que pudiera decir nada. La nave de transporte era bastante pesada, por lo que sería

complicado saber si la Caballero Azul podría cazarla adecuadamente.

La nave atrapó al transporte y el impacto que se transmitió a todo el casco hizo que el puente se

pusiera a temblar. Incluso superó la tolerancia máxima del control de gravedad e inercia que lo

protegía.

—¡¿Kiaaa?!

Las chicas gritaron por instinto cuando la nave se estremeció de repente. Al mismo tiempo se pudo

oír numerosas señales de advertencia. El monitor se llenó de avisos de daños y unas luces

intermitentes de color rojo y amarillo iluminaban toda la cabina.

184

—¡¡Nuuuuuooooooo!!

Koutarou prestó atención y utilizó toda su fuerza para empujar hacia atrás la nave de transporte. Si

cometía un pequeño fallo, aunque solo fuera uno, la nave se estrellaría contra la Caballero Azul y

ocurriría algo irremediable. Atrapar la nave por la parte frontal, y en el peor de los casos, caer hacia

atrás, era la única forma de sobrevivir en esta situación.

Los trozos de la nave de Elexis que habían salido disparados por el bombardeo chocaron contra la

Caballero Azul, y aunque no fue suficiente para destruirla, ciertamente no parecía nada bueno.

Koutarou eliminó de su mente esos ruidos de impactos y se enfocó en controlar la nave. Eso era más

importante que cualquier otra cosa en ese momento.

Entonces el monitor principal del puente se cayó al suelo rompiéndose en varios pedazos. En su lugar

apareció un enorme agujero de varios metros, dejando ver la oscuridad del espacio tras él. Instantes

después, el aire del puente empezó a escaparse rápidamente por la abertura.

Aunque los sistemas de protección de los tripulantes impidieron que Koutarou y las chicas fueran

absorbidos al exterior o que no pudieran respirar, el aire fue aspirado en un momento. Una vez se

detuvo el flujo de aire, apareció una silueta gigante al otro lado del agujero.

—¡Veo que no puedes moverte en una situación como esta! ¡He ganado, Koutarou-kun!

Elexis apareció controlando su arma gigante, Warlord. Pretendía dar el último golpe utilizando el

Warlord de reserva almacenado en el transporte.

Elexis había planeado todo para provocar esta situación. Evacuó a sus tropas y colisionó contra la

Caballero Azul con su nave. Cuando la Caballero Azul atrapase al transporte ya no podría moverse,

lo que evidentemente significaba que, como Koutarou estaba controlando la nave, él tampoco podría

moverse. Lo único que tenía que hacer era ocultarse entre los restos de su nave y asaltar el puente

de mando con Warlord. Esta era la única oportunidad de ganar que había encontrado, y apostó todo a

este momento.

—¡Adiós, Koutarou-kun! ¡Has sido muy duro!

Elexis se regodeó porque su apuesta había salido bien y apuntó su arma de rayos hacia Koutarou.

—Kuh.

Mientras, Koutarou no podía moverse. Si dejaba de controlar la Caballero Azul en ese momento, las

naves chocarían y sufrirían serios daños. Por supuesto, todos los que iban a bordo también estarían

en problemas. Dicho esto, si no se movía recibiría un disparo. Koutarou no podía hacer nada de

cualquier modo.

—¡¡No te lo permitiré!!

Entonces una pequeña silueta se colocó delante de Koutarou. Era la chica pequeña y delicada, Theia,

con su pelo dorado y ojos azules.

185

—¡¡No voy a dejar que mates a mi caballero!!

—¡¿Qué?!

Theia se había colocado frente a Koutarou con los brazos abiertos, cubriéndolo del arma de rayos. No

se trataba de ningún plan, simplemente estaba utilizando su pequeño cuerpo para proteger a

Koutarou.

—¡Idiota! ¡¿Sabes lo que estás haciendo?!

Koutarou le lanzó sus reproches a la espalda. Una princesa se estaba poniendo en peligro para

salvar a un caballero. Se trataba de un acto imperdonable para un miembro de la realeza que tenía

un deber con su país y sus ciudadanos.

—¡No! ¡Pero tengo que hacerlo! ¡Aunque me convierta en un fracaso de princesa, tú eres especial!

¡Te protegeré aunque tenga que poner mi vida en peligro!

Theia estaba llorando. Sabía en su interior que no debería estar haciendo esto, sin embargo, a pesar

de ello no podía quedarse cruzada de brazos. Su cuerpo se movió solo; su mente y su cuerpo sabían

que necesitaba a Koutarou tanto como respirar.

—…Koutarou, así que su alteza te ama…

Las acciones de Theia también fueron inesperadas para Elexis. Dudó por un momento, pensando qué

hacer. ¿Debería disparar a los dos o capturar a Theia? Invirtió varios segundos considerando sus

opciones, y esos pocos instantes cambiaron el desenlace.

—¡Reuníos, espíritus del agua! ¡Bailad, espíritus del viento! ¡Combinad estos poderes y apareced,

espíritus del hielo! ¡Oh altísimo iceberg, enciérralo con tu glaciar que se expande eternamente! ¡Ataúd

de Hielo!

De repente, el brazo izquierdo de Warlord se cubrió con un bloque de hielo y perdió sus funciones.

Esto incluía el arma de rayos que había acoplado en él. Era un conjuro de ataque que había realizado

Harumi sin perder la ocasión.

—¡¿Qué?!

—¡Caballero Azul! ¡Cañón Ametralladora de Antimateria!

Mientras que Elexis se encontraba sorprendido por la repentina situación, Ruth ordenó directamente

un comando a la Caballero Azul desde su asiento de operario y apareció un arma en el puente de

mando. Ya que un arma de energía tardaría bastante tiempo en cargarse, eligió una de gran calibre

capaz de disparar con mucha cadencia.

—¡Dispara directamente con seguimiento automático!

186

Como se encontraban en el vacío, el sonido del cañón ametralladora no se pudo escuchar. Solo el

sonido débil de los casquillos cayendo al suelo pudo transmitirse hasta los que estaban a su

alrededor. Sin embargo, el poder del cañón estaba lejos de ser débil.

—¡¡Uoooooooo!!

Con su barrera destruida y habiendo recibido varios disparos, Warlord fue incapaz de seguir sujeto al

borde de la abertura que había creado él mismo y fue empujado al espacio.

—…Tú… has intentado matar a nuestro preciado Koutarou…

La última frase pertenecía a Theia. Estaba murmurando mientras miraba a través del agujero a

Warlord volando hacia atrás. Sus ojos ardían de rabia.

—No te lo perdonaré… ¡Aunque Dios sea piadoso, yo jamás podré hacerlo! ¡¡Elexis, has intentado

hacer algo que no debías, te arrepentirás el resto de tu vida!!

Una línea de luz estaba persiguiendo a Warlord, el cual estaba utilizando sus impulsores para corregir

su rumbo. La luz atravesó al gigante mecánico y acabó con la larga batalla.

Parte 14

Una vez fue destruido el transporte, la nave de combate, que había perdido su arma principal, se

teletransportó. Clan vio cómo se marcharon y dejo escapar un fuerte suspiro mientras se reclinaba

sobre su asiento. El silencio regresó al puente de la Hazy Moon, y su suspiro se pudo escuchar por

todas partes.

—…Vaya, qué riesgo más terrible han tomado…

Aunque al final el resultado fue favorable, la batalla no había sido más que un desastre de principio a

fin. Habían exigido a Clan varias veces que fuera a ayudar a los otros, pero afortunadamente las

cosas no se habían puesto tan serias. No fue necesario que los ayudara, pero Clan no pudo evitar

sentir presión mientras observaba la batalla. Según su opinión, se habría sentido mucho mejor si

hubiese estado con los demás y luchado en unión.

—…Como en algún momento te convertirás en mi vasallo tendrás que ganar de forma más elegante y

aplastante…

Clan criticó la forma de luchar de Koutarou porque le culpaba de haber hecho que se preocupara

tanto. Así que contactó con él a través de una línea directa.

—¿Mm? ¿Clan? ¿Qué pasa?

Koutarou apareció en el monitor que tenía delante.

187

—¡No quiero escuchar esa pregunta!

Al ver a Koutarou a salvo, Clan se vio abordada por una sensación aún más intensa de alivio. Se veía

cansado y tenía la cara completamente sucia, pero no parecía tener heridas graves, y además su voz

poseía fuerza. La sensación de alivio por haber visto otra vez a Koutarou no era pequeña en

absoluto. Era muy difícil incluso para la propia Clan adivinar si solo quería confirmar que estaba bien

o si quería quejarse de la batalla.

—Por favor, la próxima vez vence de una forma más elegante. Siento como si hubiese sido la única

que se moría mientras te veía.

—Lo siento. Intentaré hacerlo la próxima vez.

—Veo que entiendes. Fufu, buen trabajo, Veltlion.

—¿Qué, estás siendo extrañamente amable con~

Veltlion.

En el momento que Clan dijo ese nombre, unos gritos de alegría llenaron el puente que anteriormente

permanecía en silencio.

—¡¿Q-qué?!

Clan casi se cae de su asiento debido a los gritos repentinos. Se sujetó rápidamente al reposabrazos

de su silla y se dio la vuelta en la dirección de las voces. Vio mujeres y hombres de todas las edades

reunidos en el puente. Hasta que Clan los vio no recordó que había permitido a los civiles estar en el

puente con ella, porque se preocupaban por Theia y Elfaria.

—¡Veis! ¡Incluso la princesa Clan ha dicho Veltlion! ¡Realmente él es el auténtico!

—¡Sí! ¡Después de ver cómo ha luchado no hay duda de ello!

—¡Si no, no habría sido posible!

—¡Y pensar que ha podido dar la vuelta a la batalla en esa situación!

—¡¿Entonces esa espada es realmente la Signaltine?!

—¡El escudo de Alaya está grabado en ella! ¡Tiene que serlo!

—¡Parece que hasta Alaya-sama se encuentra con él!

188

Los civiles habían empezado a pensar en Koutarou como el Caballero Azul. Era evidente que

deseaban pensar eso; una princesa y la emperatriz estaban siendo perseguidas en su país por un

golpe de estado, y un caballero con armadura azul las había salvado. No solo era eso, sino que había

superado las desventajas y conseguido una victoria brillante. También, los objetos de la leyenda iban

apareciendo uno detrás de otro. Entre ellos estaba por supuesto la armadura azul, y luego la espada

de caballero que contenía poderes misteriosos, por no hablar del dragón rojo. Al ver esas pruebas y

la victoria de Koutarou, los civiles comenzaron a preguntarse si realmente era él. Entonces fue

cuando su altamente estimada princesa, Clan, se dirigió al caballero en cuestión como Veltlion.

Si la princesa Clan lo llamaba de esa forma, entonces no había más dudas sobre el tema. Se

convencieron de que ese caballero, el legendario Caballero Azul, Layous Fatra Veltlion, había

aparecido en la historia de Fortorthe una vez más.

El puente se colmó de saludos dirigidos a él. Sus voces eran tan fuertes que incluso Koutarou, que se

encontraba al otro lado del dispositivo de comunicación, saltó hacia atrás del susto.

—¿Q-qué? ¿Qué ha pasado?

Clan no podía entender por qué los civiles de repente habían saltado de alegría. Sus gritos eran tan

fuertes que ya no era posible distinguir nada de lo que estaban diciendo.

—¡Clan! ¡¿Qué es ese jaleo?!

—¡Yo tampoco lo sé! ¡Parece que se alegran de algo!

Obviamente la conversación entre Koutarou y Clan tuvo que subir de intensidad para que pudiesen

oírse entre ellos.

—¡No podemos hablar con este ruido! ¡Hablaremos más tarde!

Koutarou se dio cuenta de que sería difícil continuar conversando de ese modo y decidió aplazarlo

para más tarde. Como habían salido de la batalla de una pieza no era necesario seguir intentando

hablar en ese momento.

—¡Tienes razón! ¡Hablemos más tarde!

Clan no puso objeciones. Sin embargo, segundos más tarde se arrepentiría de haber terminado la

comunicación.

Los civiles gritaron aún más fuerte.

—¿E-eh? ¡¿Qué está pasando?!

Esto se debió a que cuando terminó la conversación con Koutarou, los civiles se abalanzaron sobre

ella buscando respuestas.

189

Parte 15

Unas horas más tarde del final de la batalla, Elexis se encontraba mirando el cielo de la Tierra en

solitario desde una costa cercana a la ciudad de Kitsushouharukaze. El cielo nocturno se iba

aclarando a medida que el sol empezaba a aparecer por el horizonte.

—Fiu, he perdido totalmente… Y pensar que no he sido capaz de ganar después de haber llegado

tan lejos. En realidad es estimulante…

Cuando Warlord había sido destruido con los ataques de Theia, Elexis había conseguido de algún

modo escapar utilizando el asiento eyectable y regresar a la Tierra. Había sufrido una derrota

desastrosa, perdido el contacto con sus aliados y ahora estaba solo en otro planeta. Otros lo habrían

visto como una situación preocupante, pero Elexis estaba satisfecho. Esto era porque se había dado

cuenta de que aunque se esforzara al máximo no tendría ni una sola oportunidad.

—No perdí porque Koutarou-kun sea fuerte. Perdí porque estoy solo. En la última batalla dejé ir a mis

aliados. Esa es la razón.

El pasado no podía cambiarse, pero si Elexis hubiese luchado junto a sus aliados se habría hecho

con la victoria. Sin embargo, eligió no hacerlo. De hecho, había menospreciado su fuerza en su

intención de protegerlos. La arrogancia y la desconfianza habían sido la razón de su derrota.

A pesar de haber luchado para conseguir una sociedad ideal, había caído esforzándose todo lo que

pudo. El motivo estaba claro, y aun así no protestó ni un poco. Ya no le quedaba más por hacer.

Estaba satisfecho con ese resultado.

—..¿Entonces qué te parece si vienes conmigo?

En ese momento alguien llamó a Elexis por detrás. Era la voz de una mujer joven. Se podía decir que

era una chica, pero su voz sonaba calmada y daba la impresión de ser de una mujer madura.

—¿Y quién eres tú?

Elexis preguntó el nombre de la chica que había detrás de él mientras continuaba mirando al océano.

La vista del sol elevándose frente a Elexis era hermosa.

—Me llamo Maya. Y al igual que tú, luché contra ese chico en solitario y perdí.

Entonces Elexis y Maya se conocieron.

190

Como Desees

Parte 1

Despues de algunos días desde la batalla, Koutarou y las chicas regresaron a sus vidas normales.

Theia y Elfaria habían escapado de su país y ahora se encontraban en la Tierra. La situación en

Fortorthe progresaba exactamente como Elexis había predicho, por lo que se había producido una

tregua temporal del golpe de estado. Theia y Elfaria se mantuvieron en contacto con la facción que

apoyaba a la realeza y ahora estaban en la fase de reunir información y realizar los preparativos

necesarios para retomar el país. Debido a ello no podían hacer ninguna otra acción por el momento.

Cuando la conmoción empezó a apaciguarse, Koutarou citó a Theia en la azotea del instituto

Harukaze. El propósito era desvelar lo que le había estado ocultando hasta ahora.

La batalla había terminado, pero Theia no le hizo ninguna pregunta, sino que esperó pacientemente a

que él se lo contara. Koutarou no podía traicionar la confianza que había depositado Theia en él, y

además ella había arriesgado su vida para protegerlo. Sintió la necesidad de pagarle por aquello, y

con eso en mente, Koutarou decidió contar toda la verdad.

—Hoy hace un tiempo genial…

El verano se estaba aproximando y el cielo tenía un color azul vivo. Las nubes que flotaban en él eran

densas y poseían una forma claramente definida. Koutarou se apoyó sobre la valla del tejado y se

quedó mirando pensativamente el cielo. Podía escuchar el sonido de los pájaros y de los coches

circulando en la distancia. Era una tranquila tarde de verano, y Koutarou empezó a perder la

percepción del paso del tiempo.

—Aah, aah, aah…

Koutarou oyó el sonido de la respiración jadeante de alguien. Parecía como si hubiera subido

corriendo hasta el punto de que el tono de su respiración se había vuelto más grave de lo normal. Así

es, Koutarou podía saber a quién pertenecía esa respiración simplemente con oírla. Era una persona

con la que tenía una profunda relación.

—Fiu…

Cuando esa persona recuperó el aliento se puso frente a Koutarou, y de la misma forma que él, se

inclinó sobre la valla y miró hacia el cielo. Esta persona era de poca estatura, y su pelo, que

comenzaba a la altura del hombro de Koutarou, se removía por el viento. Su cabello tenía un precioso

color dorado, como si fuera la misma luz del sol.

—…

—…

191

Los dos se quedaron sin habla mientras el viento les golpeaba. Como era verano, el viento se sentía

agradable y refrescante. El pelo dorado se desordenó y brillaba de forma intensa por los reflejos del

sol. Parecía la escena de una película, y Koutarou se quedó mirando a esa persona mientras el viento

se iba calmando lentamente.

—Hey, Theia.

El hermoso pelo dorado pertenecía a Theiamillis Gre Fortorthe, la chica a quien Koutarou había

llamado al tejado para que pudiera hablar con ella. Respondió a su llamada y giró la cabeza para

mirarlo. Parecía un ángel que había descendido del cielo, con sus rasgos faciales, sus ojos de color

azul claro y su pelo dorado.

—¿Creerás todo lo que te voy a contar?

—¿Por qué me preguntas eso?

—Porque quiero contarte algo que nadie creería en situaciones normales.

—¿Acaso nuestra relación es normal?

—Yo diría que no.

—Entonces puedes decirme lo que quieras sin problemas. Si te pusieras serio y me dijeras que

mañana el sol saldrá por el Oeste te creería.

—Gracias, Theia.

Cuando Koutarou agradeció la confianza de Theia se separó de la valla y se giró hacia ella. Theia

respondió haciendo lo mismo. De esa forma, los dos se encontraban de cara el uno al otro, a una

distancia tan pequeña que casi se estaban tocando.

—Entonces, ¿por dónde debería empezar…?

—Empieza por el principio. No hay prisa.

—Ya veo. Tienes razón.

Había muchas cosas de las que quería hablar, de modo que la mejor forma de contárselo a Theia sin

causarle demasiada confusión era comenzar por el principio. Koutarou pensó en lo que había

provocado aquella situación compleja en que se encontraba ahora. Fue algo que ocurrió hace un año

y medio.

—Theia, ¿recuerdas cuando Clan y yo desaparecimos?

—Sí. Es imposible que lo hubiera olvidado. Fue cuando me di cuenta de que te amaba.

192

Theia se sonrojó ligeramente y entornó los ojos. Viendo su linda expresión, Koutarou casi se olvida de

lo que estaba diciendo. Sin embargo, este era el momento de dar una explicación, por lo que refrenó

su corazón y prosiguió.

—El problema fue nuestro destino.

—Dijiste que viajasteis a un mundo distinto.

—Sí. Dije que fue un destino un poco problemático, pero lo dejé así.

—¿Entonces a dónde fuisteis?

La expresión de Theia se volvió turbia. La espada de Koutarou, su extraño comportamiento con

Elfaria, los distintos programas instalados en la Caballero Azul de antemano… Con todas esas cosas

en la mente, Theia sintió una sensación de ansiedad.

—…Al Fortorthe de 2.000 años en el pasado. Y allí… conocí a la Princesa Plateada.

—¿C-cómo…?

Theia abrió los ojos todo lo que pudo.

Lo que había dicho Koutarou superaba con creces su imaginación. Simplemente había sospechado

que Koutarou viajó al pasado, pero 2.000 años atrás y haber conocido a la Princesa Plateada estaba

completamente fuera de su abanico de posibilidades.

Al escuchar la historia, Theia llegó a una conclusión. Sin embargo, se trataba de algo que había

deseado en el pasado, y se sentiría inquieta si Koutarou lo mencionaba ahora.

—Me interpuse en el encuentro entre la Princesa Plateada y el Caballero Azul. Por eso tuve que

ocupar su lugar.

La explicación de Koutarou confirmó la conclusión de Theia.

—¡¡Koutarou, espera!!

Theia lo interrumpió con la cara pálida. Entonces se lanzó sobre Koutarou a tanta velocidad que casi

se muerde la lengua. Para ella, estaba a punto de pasar algo que nunca debería ocurrir.

—¡Entonces si lo que has dicho es cierto, ¿la leyenda del Caballero Azul de Fortorthe se refiere a ti?!

—Sí. Al final no pudimos encontrar al verdadero Caballero Azul, así que tuve que hacer su papel

durante todo el tiempo. Si no, la historia habría cambiado y no habríamos podido regresar.

—¡¿Sabes lo que significa eso?!

193

Theia tiró de la ropa de Koutarou con los ojos llenos de lágrimas, haciendo que su camisa blanca se

arrugara entre sus dedos. La tristeza de Theia era muy profunda.

—¡¡Eso significa que tú eres el verdadero Caballero Azul!!

—Solo soy un sustituto.

—¡No! ¡No entiendes nada!

Theia negó con la cabeza mientras seguía derramando lágrimas. Éstas salieron volando y su pelo se

despeinó. Los dos reflejaban la luz del sol y brillaron.

—¡¿Cómo habría podido un sustituto acercarse tanto a la Princesa Plateada?! ¡¿Por qué habría

confiado a un sustituto la Signaltine, una espada que controlaría el destino del país?! ¡Nunca hubo

otro Caballero Azul!

Koutarou se había llamado a sí mismo sustituto, pero Theia, que conocía mejor la leyenda que él,

sabía que no hubo nadie más desde el principio. La misteriosa aparición del Caballero Azul, el motivo

por el que tuvo que marcharse, su armadura y armas mágicas y muchas otras cosas. Todo adquiría

sentido si se asumía que el Caballero Azul había venido de una época distinta.

—¡¡Piensa en ello!! ¡¿Salvaste a la Princesa Plateada solo porque eras un sustituto?! ¡No fue así,

¿verdad?! ¡¡Ella lo sabía y por eso te amaba!! ¡¡No era tan ingenua para dejarse engañar por tu

actuación!!

Y la mejor prueba de todas eran los sentimientos hacia él de la Princesa Plateada, Alaya. Era

imposible que una princesa legendaria se hubiera enamorado de un actor. Alaya se había enamorado

del Caballero Azul, de Koutarou, porque los había protegido desesperadamente a ella y a los demás

hasta el final.

—¡Ella es igual que yo! ¡Se enamoró de ti por quién eres! ¡Por eso te confió la Signaltine! ¡¡Eres sin

duda el Caballero Azul!!

Theia también amaba a Koutarou. Además le había confiado una espada, como Alaya. Sabía

perfectamente el dolor que ella habría debido sentir; no existía ningún sustituto para Koutarou en todo

el universo.

—¿Yo soy… el de verdad…?

—¡Sí! ¡Lo eres! Tú eres el Caballero… el Caballero Azul…

Las palabras de Theia comenzaron a convertirse en sollozos. Incapaz de continuar hablando, se cayó

al suelo y puso sus manos sobre el tejado, llorando.

—¡¡Uuaaaaaaaah, uaaaah, aaaaaaaaah!!

Sus lloros estaban llenos de una fuerte tristeza.

194

—Theia… ¿por qué estás llorando?

La reacción de Theia fue una sorpresa para Koutarou. Pensaba que se habría decepcionado o

enfadado, pero no esperaba que llorase de esa forma.

—¡Porque… porque, eres el Caballero Azul!

Theia cerró las manos, arañando el suelo de cemento. Las lágrimas caían por sus mejillas y su voz

denotaba una gran tristeza.

—¡El Caballero Azul es el caballero de la Princesa Plateada! ¡Alguien como yo no tiene ninguna

oportunidad contra ella! ¡No me querrás! ¡Solo te convertiste en mi siervo debido a tu lealtad hacia la

Princesa Plateada, ¿verdad?!

Para ella, Koutarou ya no era un caballero normal que podría encontrarse en cualquier parte. Quería

que su relación con él fuera sencilla, provocada por un encuentro casual, y que poco a poco su

relación se viera reforzada.

Pero ahora entendió que Koutarou era el Caballero Azul. El caballero que manifestaba lealtad hacia la

Princesa Plateada y que seguía protegiendo a la familia real. Eso significaba que lo que había entre

Theia y él no era lo mismo que lo que hubo entre la Princesa Plateada y el Caballero Azul.

Theia no creía que fuera alguien que pudiera sobrepasar a la princesa legendaria y por eso pensaba

que Koutarou solo la estaba protegiendo debido a su lealtad por la princesa, no por su lealtad hacia

ella. Admitir que Koutarou era el Caballero Azul era lo mismo que reconocer que era una persona

fuera del alcance de Theia.

—Theia…

—¡¿Por qué, por qué eres el Caballero Azul?! ¡Nunca podré competir contra la Princesa Plateada! No

una chica egoísta e inmadura como yo… ¡¡Uuaaaaaaaaah!!

Theia rompió a llorar de nuevo y su pequeño cuerpo se puso a temblar. Sus gritos eran muy fuertes,

sus lágrimas caían al suelo y unos fuertes sollozos sacudían su cuerpo.

—Theia.

Koutarou se agachó a su lado y le tocó el hombro con dulzura.

—¡No necesito tu compasión! Yo… ¡yo te quería! ¡No al Caballero Azul, sino a ti! Y ahora… ahora…

Theia se quitó de encima la mano de Koutarou y continuó llorando. En el pasado había deseado tener

al Caballero Azul a su servicio, pero ahora había aparecido justo cuando menos lo necesitaba. Lo que

ella deseaba en ese momento no era al caballero legendario; quería a Koutarou, con quien siempre

había estado. Se trataba de un giro horrible del destino para ella.

—Theia, escucha. No lo has comprendido.

195

Koutarou entendió el malestar de Theia y se dirigió a ella en un intento de aclarar el malentendido.

Tenía que conseguirlo como fuera.

—¡No quiero escuchar! ¡No necesito que me tranquilices! ¡Da igual cuánto te esfuerces por

disimularlo, sigues siendo el Caballero Azul!

Sin embargo, Theia no quería escuchar. Su rival era la Princesa Plateada. Cuando se enteró de eso

fue arrastrada por una conmoción enorme y su corazón se cerró. Pero eso preocupaba a Koutarou,

que trataba de contarle desesperadamente cómo se sentía.

—Piénsalo, Theia. Volví a esta época, donde tú estás. Si todo fuese como dices, ¿por qué estaría

aquí? ¿No me habría quedado junto a su majestad Alaya?

En el momento que escuchó esas palabras, el cuerpo de Theia se congeló y dejó de llorar al mismo

tiempo. Era exactamente como él había dicho; si realmente amaba a Alaya no habrían existido

motivos para regresar a la Tierra. Sencillamente podría haber ocultado el lugar de donde provenía y

quedarse allí, pero aun así, Koutarou regresó.

—Su majestad me pidió que me quedara en Fortorthe y que sirviera a la familia real, pero rechacé su

oferta.

Theia apoyó las manos sobre el suelo y se levantó. Entonces inclinó lentamente hacia arriba la

cabeza y se quedó mirado a Koutarou. Su cara era un desastre, empapada por las lágrimas.

—…¿Por qué? ¿Por qué volviste?

Theia preguntó. Se podía ver en sus ojos una débil esperanza y la ansiedad que le dominaba.

Koutarou alargó el brazo para limpiar las lágrimas de Theia y sonrió.

—Porque os hice una promesa.

—Promesa… ¿De qué estás hablando?

Theia intentó recordar la promesa a la que se refería y parpadeó varias veces. Al hacerlo, las

lágrimas que aún no se había quitado empezaron a caer de nuevo por sus mejillas.

—Fue en Navidad. Todos hicimos una promesa entonces, ¿no te acuerdas?

Koutarou mostró una sonrisa de vergüenza mientras le explicaba en qué consistía la promesa.

—Todos prometimos hacer que la función fuese un éxito.

—Eso… ¿así que te comprometiste a cumplir algo como eso…?

196

La promesa que hicieron en Navidad y los lazos que forjaron en ese entonces fueron el motivo del

regreso de Koutarou a la Tierra. En efecto, la Princesa Plateada era una persona maravillosa, alguien

a quien Koutarou quería ser de ayuda, a quien no dudaría en servir. Sin embargo, a pesar de ello,

Koutarou no había olvidado la promesa y los lazos que había dejado atrás en la Tierra. Por eso

rechazó la oferta de la princesa y volvió.

Esta podía haber sido la primera vez que él, que se distanciaba siempre de los demás, había

deseado estar con otras personas.

—Oh, y además, has dicho que soy el caballero de su majestad Alaya, pero te equivocas.

—¡¡¿Cómo puede ser?!! ¡Eres el Caballero Azul, ¿no?!

—Estaba actuando como un caballero, aunque no tenía el título. Por eso oficialmente nunca fui su

caballero.

—Entonces…

—Sí. Solo existe una persona en este mundo que me haya hecho su caballero.

Koutarou miraba directamente a Theia y dijo el nombre de su dueña.

—Theia, tú eres mi única princesa.

—K-koutarou…

Las lágrimas empezaron a salir de nuevo, pero ya no eran de tristeza, sino de alegría.

—No llores.

—¡No estoy llorando! ¡Estoy riendo! ¡Por tu estupidez, por supuesto!

—¿Estupidez?

—¡¡Eso es, estupidez!! ¡Era la Princesa Plateada, ¿sabes?! ¡¡La legendaria princesa y emperatriz!!

¡¡Rechazaste su oferta y volviste aquí!! ¡¿Cómo se te puede considerar de otra forma que no sea

estúpido?!

Aun llorando, Theia empezó a golpear el pecho de Koutarou. La fuerza de sus puños era muy débil,

pero no así sus emociones. Koutarou sintió la sinceridad y las cálidas emociones de Theia que le

transmitía cada vez que lo golpeaba.

—No me llames estúpido todo el tiempo. Voy a empezar a creer que realmente lo soy.

—¡¡Eres estúpido!! ¡¡Nos elegiste a nosotras en vez de a una persona legendaria!! ¡¡Y además

elegiste jurar lealtad a una mujer de pecho plano y egoísta!!

197

Koutarou había escogido su propia vida por encima de la del Caballero Azul. Por eso regresó y juró

lealtad a Theia. Ella misma estaba increíblemente feliz por aquel hecho, como si se hubiese

confirmado el sentido de su vida.

—Un caballero tradicional de Fortorthe siempre cumple sus juramentos y promesas. ¿No es lo que se

merece una princesa como tú?

—¡¡Estúpido, idiota, eres un gran idiota!!

Incapaz de contener sus emociones, Theia abrazó a Koutarou y empezó a llorar con más fuerza.

Rodeó el cuello de Koutarou con sus brazos y se presionó contra él.

Theia me necesita…

Koutarou también abrazó a Theia con delicadeza. Quería que supiera que él también la necesitaba.

—Puede que pienses que fue estúpido, pero me alegro de haber vuelto.

El pequeño cuerpo de Theia cabía perfectamente entre los brazos de Koutarou.

—Porque así podré protegerte con mis propias manos… Es mejor mantener cerca a aquellas

personas que aprecias y protegerlas.

Cuando la abrazó, sintió como si la estuviera protegiendo. Protegiendo a una persona que había

arriesgado su vida por él. Esa sensación llenó a Koutarou de una gran alegría.

—Entonces protégeme… Toma esa responsabilidad y hazlo hasta el final…

Theia murmuró y cerró los ojos. Había encontrado a alguien a quien no solo podía confiar su cuerpo,

sino también su mente. Estaba feliz por haber sido capaz de conectar con él emocionalmente.

—Y… solo cuando nos hayas visto tener una vida feliz y plena, entonces podrás descansar en paz…

Siendo abrazada por Koutarou, pudo sentir claramente que el lugar donde pertenecía se encontraba

aquí. Al igual que ella y las otras chicas necesitaban a Koutarou, él las necesitaba a ellas. Aquellos

lazos y sentimientos eran ciertamente más fuertes que el propio destino.

—…Como desee, princesa.

—Mm… muy bien…

Por eso Theia pudo creer que, aunque en el futuro le esperasen más adversidades, Koutarou y las

chicas del apartamento 106 tendrían una vida feliz.

198

Parte 2

Para una adolescente como Shizuka no sería una exageración decir que mantenerse bella era su

máxima prioridad. Gracias a la práctica de las artes marciales, su figura no consistía un problema. Sin

embargo, ella era consciente de que había bajado la guardia y que comió demasiado desde la batalla

de hacía unos días. La razón por la que pensaba eso era que cuando caminaba por el suelo de su

apartamento, éste crujía de vez en cuando. Por eso empezó a preocuparse de que estuviera

engordando en algunas partes de su cuerpo, aunque su figura no se viera afectada.

De modo que inmediatamente después de salir de la ducha sacó una báscula de su armario. El único

momento que tenía para pesarse era cuando su compañera de piso, Maki, se estaba dando una

ducha.

—…Muy bien.

Después de prepararse, Shizuka colocó tímidamente un pie encima de la báscula.

El aparato que había estado utilizando desde hacía más de diez años tenía un medidor analógico,

algo poco común en estos días. Su mejor peso había sido 46 kilos. Comparándose con sus

compañeras de la misma estatura era un peso ligeramente mayor, pero se debía a que ella tenía más

musculatura de la normal, gracias a sus artes marciales. Ahora que había comido demasiado,

Shizuka estaba preparada para ver un total de unos 48 kilos.

—¿Eh?

Pero en cuanto puso los dos pies sobre la báscula, la aguja despegó acompañada por un ruido sordo.

La escala llegaba hasta 200 kilos, pero la aguja apuntaba por encima de esa cantidad.

—Oh, está estropeada… Voy a tener que conseguir una nueva… Aah~, una extra cara…

Shizuka supuso que la báscula debía de estar rota y dejó caer los hombros. Después de todo, estar

por encima de los 200 kilos era imposible.

Pero Shizuka no sabía una cosa.

En su interior vivía un dragón de 25 metros de altura, y su peso ni se acercaba a los 200 kilos.


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